Disclaimer:Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 35
Bella
—¿Qué coño haces?
El grito de Tanya a mis espaldas me sobresaltó y decenas de pastillas de colores rodaron por la mesa.
—¿Qué haces tú aquí?
—La niñera de tu hermana estaba saliendo y me dejó entrar —explicó mi amiga parándose frente a mí —¿Se puede saber qué estás haciendo?
—Nada —respondí nerviosa a la vez que juntaba las grageas amontonándolas para volverlas a guardar en su envase original.
Con Leah en el colegio y sin pedidos que preparar, las constantes guardias de Edward me ponían muy ansiosa.
Había logrado mantener a raya mi necesidad de llamarle a todas horas o de saber dónde o con quién estaba, pero para ello había acabado recurriendo a algunas de mis obsesiones adquiridas en la clínica.
Me había sentido una idiota, el día que Leah había entrado a mi habitación y me había encontrado rompiendo papeles en pequeños cuadraditos. En ese momento no había tenido una explicación racional para darle por lo que simplemente la había echado de mi habitación conminándola a no volver a entrar en ella sin llamar.
No había tardado más de dos minutos en sentirme completamente culpable por el trato que le había dado a la niña, pero no había forma de que reconociera frente a una pequeña de ocho años que no sabía qué hacer para soportar el hecho de no ver a mi novio durante unas cuantas horas.
Para la niña había sido mucho más fácil aceptar que me gustara separar las pastillas de M&Ms por colores, así que eso era lo que hacía cuando me veía desbordada por la ansiedad.
Reconocía que era algo triste y casi vergonzoso pero nadie tenía porqué saberlo.
Hasta que Tanya llegó y todo se desmoronó.
—¿Acaso has vuelto a organizar tus chocolates por colores? —inquirió haciéndome sentir una idiota.
—No es tu problema —la corté mostrándome indignada.
Tanya se sentó frente a mí y me dedicó una mirada tan preocupada que me hizo sentir peor aún.
—¿Por qué, Bella? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que has vuelto a esto?
Su gesto preocupado me derrumbó. Acongojada y avergonzada crucé mis brazos sobre la mesa y escondí mi rostro en ellos.
—No sé qué me pasa, Tanya, pero no sé sobrellevar las ausencias de Edward.
—¿Qué quieres decir?
—Tiene guardias muy a menudo, y yo no sé qué hacer o cómo soportar no verlo durante un par de días.
—¿Cuánto duran estas ausencias?
—¿Qué sé yo? Lo máximo han sido dos días sin vernos.
—¿No puedes estar dos días sin verle? —inquirió Tanya mirándome con los ojos desorbitados.
—No —reconocí intentando ocultar mi mirada de la suya —Y cuando eso sucede me siento igual que cuando estaba en la clínica.
—¿Qué quieres decir? ¿Necesitas drogas?
—Sí, no, no sé —reconocí —Por momentos creo que lo solucionaría fumando algo de hierba o con una raya de coca, pero sé que no quiero ni puedo caer en eso otra vez.
—¿Le has explicado a Edward cómo te sientes?
—No —negué con rotundidad —Desde luego que no. ¿Quieres que piense que sale con una loca? No puedo decírselo.
—Creo que te equivocas. Creo que es tu obligación decírselo. Al fin y al cabo es tu novio. Tiene que saber cómo te sientes.
—No puedo hacerlo, Tanya —discutí —Edward acaba de romper una relación con una chica maravillosa, guapa, inteligente, profesional, toda una mujer. No puedo permitir que vea que la ha cambiado por una mujer que es un desastre.
—Eso es una estupidez, Bella, y lo sabes. Él te eligió a ti. Él sabía y siempre supo todo por lo que tú has pasado, todo lo que has vivido. Él mismo fue quien te llevó a la clínica y quien te recogió allí cuando la dejaste…
—Justamente por eso. Él piensa que estoy completamente recuperada, que ya no soy una adicta dependiente y completamente desquiciada.
—¡Y lo eres! —gritó Tanya vehemente —Te has recuperado. Has dejado las drogas por completo. No has vuelto a consumir absolutamente ningún tipo de sustancia. Estás limpia. Tu único problema ahora es ser demasiado dependiente de tu novio. Y no sabes bien cómo manejarlo. Es solo eso.
—Tampoco creo que haya que exagerar — comenté displicente —Al fin y al cabo solo estoy organizando mis golosinas, tampoco es para tanto.
Tanya enarcó una ceja con socarronería.
—Venga ya, Bella. Sabes que no es eso. Te has vuelto Edward—dependiente. Antes dependías de las drogas y ahora dependes de Edward. No puedes tener una crisis solo porque no lo ves un día o porque piensas que podría volver con su ex.
—No puedo evitar pensarlo desde que vi a esa chica de regreso en la ciudad.
—¿Pero sabes tan siquiera si se han visto?
—No. No me he atrevido a preguntárselo. No quiero ser la novia celosa e insegura que no hace más que dramas por tonterías.
—Piénsalo, Bella. Puede que no le estés montando una escena a él o haciéndole un drama por una tontería, pero tú no lo estás viviendo con naturalidad y eso no es sano. No es sano para una relación de pareja.
—¡Qué sabrás tú! —espeté desdeñosa —Tu única relación seria fue con Eleazar Camargo y no quiero recordarte el tipo de relación que teníais.
—Tal vez por eso mismo deberías escucharme —me retrucó molesta —Porque sé de lo que hablo, sé lo que es tener una relación enfermiza.
—¡No te atrevas! —grité poniéndome en pie para encarar a mi amiga —No te atrevas a decir que mi relación con Edward es enfermiza —exigí —No te atrevas a comparar mi relación con Edward con tu relación con Eleazar. Edward es un buen hombre y desea lo mejor para mí. Él nunca me haría daño.
—No hace falta. Tú solita te lo haces. Nunca compararía a Edward con Eleazar, porque sé que tu poli es un buen tipo, pero eres tú la que está enferma. Eres tú la que arruinará esa relación solo por no ser capaz de decirle cómo te sientes. Porque lo creas o no, sentarse obsesivamente a agrupar pastillitas de colores no es sano. Pasarte una noche entera cocinando sin control porque necesitas calmar la ansiedad que te provoca que tu novio esté trabajando, no es sano. No importa lo que digas o lo que pienses, no poder manejar que tu novio trabaje, no es sano. Y algo que no es sano, es enfermizo. Y tú puedes llamarlo como quieras —sentenció mi amiga poniéndose en pie para marchar del departamento y dejarme rodeada de chocolates mientras mi cabeza daba vueltas y vueltas a sus palabras.
Los días siguientes mis obsesiones fueron a peor, hasta que finalmente y, siguiendo los consejos de Tanya, decidí asistir a un grupo de apoyo, aunque nunca se lo dije a Edward.
En esos días Leah, Senna y yo nos mudamos a la casa que compramos en Los Feliz.
La casa, una espectacular vivienda de quinientos metros cuadrados, cuatro habitaciones y cinco baños, contaba con piscina, un espectacular parque y una pequeña casa de invitados de dos dormitorios en la que Senna se instaló.
La primera noche que pasamos allí, Edward cenó con nosotras.
Después de que Leah y Senna se retiraran a dormir, Edward y yo nos fuimos a mi habitación.
—Me gusta tu habitación —dijo acostado entre mis piernas mientras sus labios subían por mi cuerpo dejando pequeños besos y lametones —Y me encanta tu cama —murmuró mordisqueando mi pubis a través de la tela de mis pantalones cortos.
—Me gusta que te guste —gemí alzando mis caderas hacia su boca.
—Podría pasar mucho tiempo aquí contigo.
—Quiero que lo hagas —rogué desabotonando mis pantalones y arrancando una carcajada de mi novio.
—¿Un poco ansiosa, cariño?
—Bastante —confesé.
Edward me desnudó con premura mientras mis manos ansiosas lo despojaban de su ropa.
Cuando ambos estuvimos desnudos, nos hicimos el amor, con entrega y voracidad.
Enredada sobre su cuerpo, Edward me mantenía entre sus brazos recorriendo con sus dedos las curvas de mi espalda relajándome después del clímax en el que me había sumergido.
Nuestra conversación post orgásmica se mantenía ligera y relajada.
—¿Le ha gustado a Leah su nueva habitación?
Después de comprar la casa, Leah y yo habíamos pasado un divertido tiempo juntas redecorando. Su habitación se había convertido en una extraña combinación entre un castillo de princesa y un concierto de One Direction.
La prueba fehaciente de que mi hermanita estaba dejando de ser una niña para convertirse en una pre adolescente, se veía en la casa de las Bratz recostada en la pared decorada por posters de Harry Styles y Louis Tomlinson.
Edward se había visto fulminado por la indignada mirada de mi hermana cuando había preguntado quiénes eran esos chicos, para acabar preguntándose dónde habían quedado los posters de Queen, Kiss o AC/DC.
—Le ha encantado, aunque su lugar favorito desde luego, es la piscina.
—Y el mío —sonrió Edward —Creo que me tendrás aquí a menudo dispuesto a nadar en esa espectacular piscina.
—Estaré encantada de tenerte aquí —sonreí.
—Eres esclava de tus palabras —dijo burlón —No podrás deshacerte de mí.
Fue en ese momento que, la que creí una fantástica idea, se formó en mi cabeza.
Sería perfecto si Edward se mudase con nosotras. Tenerlo en mi casa, durmiendo en mi cama cada noche, desayunando juntos cada mañana, mantendría a raya mi obsesión por él.
La casa era suficientemente grande y espaciosa como para albergar perfectamente una persona más y, más aún, si esa persona era Edward, mi novio.
Convencida de que era la mejor idea que había tenido jamás se lo planteé.
—No querré deshacerme de ti, puedes estar seguro de eso, pero tal vez tenga incluso una idea mejor.
—¿Qué idea?
—Podrías venirte a vivir aquí. Con nosotras.
Edward dio un respingo sorprendido.
—¿Venirme a vivir contigo?
—Sí —respondí con ímpetu —Sería genial. Podríamos estar juntos todo el tiempo, pasaríamos cada noche juntos, nos levantaríamos juntos —expliqué sintiéndome más entusiasmada cada vez —Tendrías la piscina para ti siempre que quisieras. Sería genial.
—Bella, cariño, ¿no te parece un poco pronto? ¿Precipitado?
—¿Por qué? Yo estoy enamorada de ti y tú de mí. Me gusta estar contigo, quiero estar contigo cada minuto. No veo por qué no podrías vivir aquí conmigo.
—Bells, cielo, apenas llevamos unos meses saliendo juntos…
—¿Y qué? ¿Qué importa el tiempo? Lo importante es que estamos bien juntos.
—Claro que sí, cariño. Estamos bien juntos y seguiremos estándolo, pero tú acabas de recibir la custodia de tu hermana, cielo. Creo que en este momento lo más importante es que te ocupes de aprender a convivir nuevamente con ella, a vivir juntas, a organizaros vuestra vida juntas. Son muchas cosas, en poco tiempo, cielo. No creo que tengamos que precipitarnos, cielo.
—¿No te gustaría vivir conmigo? —inquirí sintiéndome repentinamente ansiosa e insegura.
—Claro que sí, cielo, pero no tenemos prisa. Creo que aún es pronto. No estoy diciendo que no vayamos a estar juntos y que no continuaré viniendo casi a diario a verte y a estar contigo, pero no creo que sea momento aún de que traiga todas mis cosas aquí —mi rostro se ensombreció inevitablemente —Pero traeré mi cepillo de dientes y seguramente unos cuantos bóxer —dijo burlón intentando calmarme.
Sonreí intentando mostrarme tranquila, pero algo dentro mío se removía yendo del dolor a la ansiedad y la furia.
Intentaba calmarme pero me resultó imposible conciliar el sueño. Para cuando la respiración de Edward se volvió cadenciosa, me levanté de la cama y me dirigí a la cocina.
Fue algo difícil explicarle a Edward, cuando me encontró en la cocina, a las tres de la mañana agrupando por colores las pastillas de chocolate.
Aquí nueva actu. Disculpas por la demora.
Sólo me queda daros dos noticias. La mala es que a esta historia le quedan solo tres capítulos y el epílogo, la buena es que están todos escritos y listos para publicar, por lo que se acabarán los retrasos. (Eso espero)
Espero que lo disfrutéis.
Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.
Ya sabéis que les espero en Las Sex Tensas de Kiki, y también en mis otras historias.
Besitos y gracias por leerme!
