Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Edades:
Emmett:18
Edward&Alice&Rosalie&Bella: 17
Jasper: 16
Capitulo 35: Los Diarios.
—Muero por salir de aquí —resopló Alice con impaciencia. Peinaba su cabello rápidamente. Se miró en el espejo de bolsillo y lo guardó en su bolso. Pasó sus pulgares por debajo de sus ojos, limpiando el excedente de maquillaje.
—No exageres, Al—rió Bella —. No puede ser tan malo.
—Bella, tú mejor que nadie sabe lo asquerosa que es la comida de hospital —reprendió, — ¿por qué tarda tanto el doctor Gerandy? Quiero irme ya.
—Sólo unos minutos, Alice—tranquilizó Rosalie.
—No puedo creer que tendré que regresar a las benditas terapias, ¡me siento bien!
—Quiero verte intentar correr, apuesto que lo harás peor que Bella…
—¡Oye! —se quejaron al unísono.
—Alice no te has movido en doce semanas. Tienes que venir.
—Lo sé —suspiró —. Estoy harta de estar aquí, ¡quiero mi casa!
Bella y Rosalie doblaron la ropa que no iba a usar y la guardaron en la bolsa que Esme había llevado unas horas atrás. Alice estaba más que lista para irse. Golpearon la puerta un par de veces y, sin esperar respuesta, Carlisle asomó su cabeza por el umbral y sonrió. Estaba usando pantalones de vestir y una camisa azul, lo que indicaba que estaba ahí por Alice y no por trabajo.
—Buenos días —saludó —. Chicas, sé que están muy atareadas ayudando a Alice y se los agradezco pero, ¿les molestaría dejarme a solas con ella un segundo?
—¿Otra prueba fallida, papá? —bromeó Alice. Bella y Rosalie rieron por lo bajo, pero evitaron ver a Carlisle. Él se sonrojó.
—No, no en realidad.
Bella salió de la habitación seguida por Rosalie. Ambas besaron la mejilla de Carlisle antes de dejarlos de verdad solos.
—¿Por qué no entras? —preguntó con educación. Se sentó en la camilla, se sacó las sandalias y cruzó las piernas. Su espalda estaba increíblemente recta.
—Alguien quiere verte —murmuró, esbozando una sonrisa orgullosa.
—¿Ah, sí? ¿Quién?
Carlisle entró a la habitación. Lo siguió una niña de escaso uno cuarenta de estatura, delgada y cabello corto. Sus ojos azules brillaban felices.
—Buenos días, señorita Cullen —musitó en voz baja.
—¡Bree! —exclamó. Se levantó de la cama hábilmente, se agachó para quedar a su altura y acarició con sus pequeñas manos las mejillas pálidas de Bree.
—El doctor Cullen me dijo que estuvo enferma, señorita—habló con respeto. —Lo siento, pero me alegro que se encuentre bien.
—Bree vino a verte cuando estuviste inconsciente —explicó Carlisle con ternura.
—¿Hiciste eso, cielo?
Bree asintió, mirando hacia el suelo. Sus mejillas se habían puesto rosas. Carlisle salió de la habitación sigilosamente, haciéndole saber a Alice de forma silenciosa, que las dejaría solas para que estuvieran más cómodas. Alice se puso de pie y se sentó junto a Bree en el sofá.
—Nadie había hecho algo tan tierno por mí como eso, Bree. Gracias.
—Sí, sí lo han hecho —asintió y frunció el ceño —. Una vez que vine, a su lado, estaba un joven, no sé cómo se llama, pero era rubio. Él le decía que la extrañaba y había llorado. Usted estaba dormida.
—Tutéame, ¿sí? Nada de señorita Cullen, sólo Alice. Ya te lo he dicho muchas veces.
Bree asintió energéticamente.
—Debe haber sido Jasper, ¿recuerdas que te hablé de él? —Bree asintió con la cabeza.
—Jasper Hale, es el mejor amigo de tus hermanos, ¿cierto?
—Tienes buena memoria —rió —. Jasper es mi novio —declaró—. ¿Cómo te sientes? —preguntó Alice, preocupada por su enfermedad queriendo cambiar de tema.
Antes de su accidente, Alice había visitado a Bree en varias ocasiones, le llevaba uno que otro presente, a veces le pedía a Bella que hiciera galletas, lo que no le decía es que eran para Bree. Nunca se lo había mencionado a nadie porque no quería que pensaran que Bree era su obra de caridad, Bree no lo necesitaba, de verdad había llegado a encariñarse con esa niña. Tal vez era hora de que lo comentara con Jasper, o con Esme.
—Bien —asintió —. El doctor Woods dice que pronto estaré bien, que casi ha desaparecido —sonrió. Como siempre, evadía nombrar su enfermedad, Alice no estaba segura si lo hacía a propósito o simplemente no entendía del todo lo que significaba —. Dice que mi cabello crecerá otra vez —musitó emocionada.
—Ha crecido desde la última vez que te vi —aceptó Alice —. Te ves hermosa.
—Señorita… Perdón, Alice, ¿puedo pedirte algo?
—Lo que quieras, somos amigas, ¿recuerdas?
—¿Puedo abrazarte? Si no quieres está bien, yo sólo…
Su gesto hizo que el corazón de Alice se ablandara. Ella, una niña inocente que sufría una terrible enfermedad, pedía humildemente un abrazo. No dejó que terminara de hablar y la estrechó entre sus brazos con fuerza.
—De verdad, gracias, Bree. Te agradezco muchísimo que te hayas preocupado por mí.
—Es que, bueno yo… te quiero.
—Yo también, corazón —susurró acariciando sus cabellos, del mismo color que los de ella —. Verás que tu cabello crecerá de nuevo, seguro que ya estás sana. El doctor Woods y mi papá son grandes doctor.
—Sí —afirmó —. El doctor Cullen siempre me dice cosas bonitas, como que me voy a curar pronto.
—Bree, ¿por qué no querría abrazarte? —preguntó con curiosidad. Haló a la menuda niña hasta un sofá y la sentó en sus piernas. Era mucho más ligera de lo que parecía.
—Bueno, es que en el colegio, mamá le dijo a la profesora que estaba enferma y una chica de mi grupo escuchó y se lo dijo a todos y ellos creen que si se me acercan se enfermaran también. El doctor Cullen dice que es una tontería.
—Lo es —musitó enojada —. No te preocupes, ellos no tienen idea de lo linda que eres y si tienen miedo de contagiarse o algo es porque son unos tontos.
—Hay dos chicas que no creen que les pase algo si están cerca de mí, son muy buenas conmigo.
—¿Lo ves? Esas son las verdaderas amigas. Un día te presentaré a mis amigas, a mis hermanos y a mi novio.
—¿En serio? —en sus ojos relució la ilusión.
—Ajá, ellos querrán ser tus amigos.
—Alice, es hora de irnos… Lo siento, ¿interrumpí? —dijo Bella al entrar a la habitación. Le sorprendió ver a Alice y a aquella niña en semejante situación, nunca había visto que Alice tuviera un lado maternal.
—Para nada, pasa —sonrió —.Mira, ella es mi mejor amiga.
—Huum, hola—dijo Bree, incómoda.
—¿Cuál es tu nombre, pequeña? —inquirió cariñosamente.
—Bree Tanner —susurró.
Bella escudriñó el rostro de Bree cuidadosamente. A primera vista era muy parecida a Alice pero si la observabas meticulosamente Bree tenía la cara más redonda, probablemente debido a su edad, y su nariz no era tan respingada como la de Alice. Sin embargo, no podías evitar relacionarlas.
—Si hubiera dicho «Bree Cullen» no habría dudado ni un segundo que fuera tu hija, son parecidísimas —bromeó —. Hola, Bree. Soy Bella.
—Bree, Bella es la chica que hace las galletas con chispas de chocolate que tanto te gustan —informó.
—¿De verdad?
—Oh, ¿tú eras quien las comía? Yo sabía que Alice no podía comer tantas galletas…
—¡Amo esas galletas! Eres una cocinera increíble —alabó emocionada por conocer a la persona que cocinaba las mejores galletas que había probado en su vida.
—Gracias —sonrió —. Cuando tenía tu edad, tal vez un poco menos, mi abuela me enseñó a prepararlas. A ella le quedaban mejor, ¿las recuerdas, Alice? Cuando venía siempre las cocinaba.
—Claro, Bella, recuerdo lo que pasó cuando tenía ocho años —dijo con sarcasmo —. Ni siquiera recuerdo qué fue lo que me sucedió.
Y no fue hasta entonces que Bella relacionó ambos hechos. No había visto la analogía hasta que Alice los mencionó en la misma frase.
«—¡Tenías que haber visto la cara de Bella! ¡Estaba aterrorizada! —recriminaba Renee a Charlie, hace ya mucho tiempo. Era un recuerdo lejano, muy lejano, borroso e incierto —. Nos mudamos por una razón. Mejor dicho huimos por una razón y esa razón es tu estúpido trabajo —gritaba fuera de sí. — ¡Tenías meterte en con toda esa escoria! Si no fuera por ti, tal vez seguiría viva…»
—¿Pasa algo, Bella?—Alice la sacó de sus cavilaciones. Bree la observaba con curiosidad.
—Eh… no. Esme te está esperando, el doctor Gerandy se disculpó por no poder venir, está en cirugía. Debo irme, gusto en conocerte, Bree. Te haré galletas, lo prometo.
Su voz monótona hizo que Alice frunciera el entrecejo. Se levantó lenta y sin gracia alguna.
—Te veo en tú casa —se despidió.
—¿Estarás ahí? —preguntó dudosa.
—Iré con Edward más tarde, supongo. Adiós.
Salió apresuradamente del cuarto de hospital, nerviosa. Llegó a la planta baja donde Esme la recibió con una sonrisa cálida.
—¿Dónde está Alice?
—Arriba, Esme, tengo que irme, lo lamento, bajará en un momento.
—Yo iré… —comenzó Edward.
—No —lo cortó Bella —. Tú vienes conmigo. Lo siento, Esme. Te quiero —besó su mejilla y arrastró a Edward hacia afuera. Esperaba no tener que volver pronto a aquel lugar, aunque sospechaba que alguien deseaba verla ahí lo más pronto posible, y tal vez, que no saliera jamás. Al menos no por su propio pie.
—¿Qué sucede? —preguntó Edward cuando subió a su Volvo —. ¿Desde cuándo conduces mi auto?
—Tú conduces el mío —se defendió —. Ahora, cierra la boca, tengo que pensar.
—Pensar, ¿qué? Bella, me confundes. ¿Adónde vamos?
—A mi casa.
—¿Por qué tienes prisa? —preguntó desorientado.
—Hay mucho que leer —afirmó —. Escucha, sabemos que alguien quiere asesinarme, ¿cierto?
—Huum, prefiero no pensarlo, pero creo que sí, lo sabemos.
—¿Por qué quieren matarme?
—Por venganza, creemos. No es contra ti, es contra tus padres —repitió lo que había estado analizando días atrás.
—Hay algo que no se me había ocurrido añadir —comentó —. Por eso vinimos a Forks, mis padres trataban de esconderse, o mejor dicho, esconderme. No querían que me encontraran. Y luego, cuando Renee intentó sacarme de Washington fue porque ellos tuvieron que ver con la muerte de mi abuela. Y ellos le hicieron esto a Alice. No creí que el hecho de que nos hubiéramos mudado estuviera relacionado.
—¿Qué es lo que hay que leer?
—Lo que sea que haya pasado, pasó en Phoenix —lo ignoró —. Ahí está la clave. Pero hay un pequeño detalle: no recuerdo nada. Vamos, tenía seis, es imposible que lo recuerde.
—¿Cómo se supone que lo sabremos? Renee y Charlie no te lo dirán.
—Investigaremos. Por eso hay que leer.
Esperaba que pudieran encontrar algo, la incertidumbre no era muy agradable. La desesperaba. Claro, cualquiera estaría desesperado si alguien quisiera matarlo y no supiera por qué. No dijo nada. Se esforzó por recordar algo pero era inútil. Lo único que recordaba de Phoenix era un enorme árbol de navidad en casa de su abuela y la sonrisa comprensiva de ésta. Se recordaba a sí misma abrazándola en su cumpleaños y luego dándole un regalo a ella y otro a su madre en el día de las madres.
—¿Crees que hayan sido ellos? —preguntó con la voz quebrada.
—¿Sobre qué?
—¿Crees que de verdad haya sido culpa de ellos que mi abuela haya muerto?
—No lo sé, Bella.
No había nadie en casa. Dejaron sus impermeables en la entrada y subieron las escaleras. No hablaban, ella pensaba ensimismada en las posibilidades de que sus pensamientos fueran ciertos, trataba de recordar algo pero era como si jamás hubiera vivido en Phoenix, había pasado demasiado tiempo.
—¿Qué es lo que vamos a leer?
Bella abrió la puerta de su armario y se puso de puntillas para alcanzar una caja. Era mediana, de cartón, tenia escrito algo en el frente pero no alcanzó a descifrar lo que era. Cuando por fin pudo sostenerla sin desequilibrarse lo miró seria.
—Escucha —advirtió —permitiré que los leas solo porque no puedo yo sola pero no tienes derecho a divulgar, criticar, opinar, ni siquiera a recordar lo que leas, ¿de acuerdo?
—¿Qué es? —insistió.
Dejó caer la caja en el suelo y ésta desprendió una nube de polvo que se expandió por la alfombra. Abrió la caja y lo dejó ver su contenido.
—Mis diarios.
—No sabía que tuvieras un diario.
—Lo tengo. De hecho, tengo muchos —observó —. No es raro que no lo sepas, nunca lo menciono, ni Alice lo sabe. Así que te prohíbo que se lo digas —pidió tratando de usar un tono amable. Era vergonzoso tener que mostrárselos a Edward.
—¿De qué servirá esto?
—Escribo en mi diario casi todos los días desde que tenía cinco años. Creo que podemos obtener algo de aquí. Especialmente de los primeros, cuando vivía en Phoenix.
—Es una buena idea —felicitó —. No podemos tardar demasiado —sonrió seguro de sí mismo.
Ella sonrió burlonamente.
—Seguro, lee catorce diarios, claro, una tarea muy sencilla.
— ¿catorce? ¿Cómo has acumulado tantos?
—Te lo he dicho, he escrito casi todos los días por los últimos doce años.
—Lo entiendo pero, ¿catorce? Es monstruoso, Bella.
—De hecho, son quince —abrió un cajón y le mostró un cuaderno color guinda grabado con letras doradas y decorado con sutiles mariposas.
El grabado señalaba su nombre en letras estilizadas: «Isabella Swan». Al lado, estaba marcado el año presente.
—Es… bonito —sonrió Edward.
—Me lo regaló mi mamá, todos son parecidos; tienen mi nombre y el año. Por supuesto, leer éste sería inútil, pues es muy reciente.
—¿Qué quieres decir?
—Que bajo ningún concepto leerás éste, sería vergonzoso. Hay que comenzar ahora. Empiezan en 1990.
Edward la miró como si le hubiera crecido otra cabeza. Se sentaron juntos, cada uno en una silla frente al escritorio de Bella. Pasaron dos horas antes de que Bella decidiera que estaba cansada de estar sentada y se acostará en la cama. Cambió de posición por lo menos tres veces hasta que por fin se rindió y terminó sentada en el suelo, al lado de Edward, recargados en la pared… y aún no llegaban al 2000.
—Lamento esto —susurró Edward —. No quería hacerte daño.
—¿De qué hablas? —Bella cerró el diario para ver el año: 1996.
—«Cuatro de noviembre de 1998»—leyó Edward con claridad. —« Hoy fue un día extraño. Asqueroso. Iluso. Emocionante. Decepcionante. Innovador. Todo al mismo tiempo. Alice me ha obligado a tomar clases de ballet, la idea me pareció ridícula, pero hoy tomé mi primera clase y no fue tan malo. Supongo que me gusta. Durante el descanso, Mike Newton me buscó.
»Me pidió que habláramos a solas. Estaba nervioso y avergonzado. Hacía mucho frío afuera. Él me preguntó si quería ser su novia y no supe qué contestar. Estaba abrumada. De pronto, de la nada, él intentó besarme. Su olor era repugnante. Lo único que pude recordar era cuán distinto era a Edward.
»Se acercó a mí decididamente. No esperaba que se detuviera. No lo hizo. Fue Edward quien lo detuvo. Se lo agradeceré eternamente. Quise evitar las preguntas de Alice así que escapé de ella, aunque claro, siempre tuve claro que me abordaría poco después.
»Pero todo tiene sus consecuencias, ¿no? Quise huir de Alice pero obtuve una confesión de Edward. Me di cuenta de que él está enamorado de alguien. Alguien perfecto. Alguien linda y amigable; comprensiva, lindos ojos; adorable. Sentí una opresión tan fuerte en el pecho cuando me lo dijo que creía que me tiraría a llorar ahí mismo. Hería. Hiere.
»Supongo que siempre lo supe. Lo que no suponía es que me iba a doler. Alice dice que debería darme cuenta de la verdad pero me pregunto, ¿qué verdad? Ella insiste pero creo que es una verdad que, dentro de mí, no quiero conocer…»
—Te dije que no tenías derecho a opinar —reprendió —. Es vergonzoso.
—No quería hacerte daño. Yo me sentía igual —informó —.No sabía que te iba a lastimar lo que decía.
—Tú no tenías la culpa. Quiero decir, no es tu culpa que yo estuviera enamorada de ti y yo no te gustara —se encogió de hombros.
—Ay, Bella tonta —suspiro —. Me refería a ti. Esa niña linda, amigable y comprensiva eras tú. Siempre fuiste tú.
—¿En serio?
Él rió.
—Claro que sí —rió más fuerte —. No puedo creer que nunca te hayas dado cuenta.
—¿Cómo iba a saberlo? Ni siquiera lo recordaba —se quejó, aunque internamente estaba muy complacida de saberlo. —. ¿Has encontrado algo?
—En 1991 —asintió. Buscó la hoja que había marcado con un separador y leyó en voz alta: —«Voy a mudarme. Mamá dice que Forks me va a gustar. No me convence mucho la idea de que no salga el sol muy seguido, pero mamá prometió que haría muchos amigos. Mis padres crecieron ahí, y están convencidos que «será lo mejor para mí y mi seguridad». No entiendo cómo podré estar segura en un lugar donde el suelo siempre está mojado, ¡caeré más de lo que ya caigo! No quiero dejar a mi abuelita, la voy a extrañar mucho. Seguro conseguirán una de esas niñeras horribles, como Kebi. Papá dice que cuando sea mayor entenderé porque nos mudamos. Siempre le da vueltas al asunto y nunca me dice la verdad. Tendré que esperar a ser mayor, pronto cumpliré seis, pronto seré mayor, supongo…»
—Mi seguridad —repitió.
—Bella, ¿cómo podías escribir esto? ¡Tenías cinco años! Yo a los cinco años ni siquiera podía escribir mi nombre completo.
—Mi abuela siempre insistía en que escribiera lo que sentía en un diario, decía que era bueno para sí misma. Yo también encontré algo en 1994, déjame encontrarlo…
—Mira esto, en 1995. Dice que estabas asustada por la forma en que había reaccionado tu mamá, no esperabas que se deprimiera de esa manera. Ella había asegurado que tu padre tenía la culpa por…
—… meterse con semejante escoria. Eso lo recuerdo.
—Pero aún no sabemos quién —murmuró preocupado.
—No. No tiene caso seguir leyendo, después de que mi abuela murió no ha pasado gran cosa.
—¿Crees que Alice pueda recordar algo?
—No —frunció los labios —. Hoy hablé con ella. Dijo que no recordaba nada de lo que había pasado. ¿Por qué mis padres se niegan a decírmelo?
—Ellos tienen sus razones, Bella. No pretenden lastimarte.
—Carlisle y Esme tal vez podrían hablarnos un poco de eso —sugirió.
—No, ellos consideran que no les corresponde decírnoslo, conozco a mis padres, nunca harían algo que creyeran que traicionaría a los tuyos.
Escuchó varios ruidos anómalos en el exterior. Bella miró el reloj. Marcaba más de las cuatro. Se levantó y fue a la otra habitación a investigar. Volvió a su propia alcoba a paso lento, cansado.
—Debemos ir abajo —avisó —.Charlie está afuera y si te encuentra en mi habitación, te matará.
Se hincó en la alfombra y acomodó sus cuadernos dentro de la caja y la volvió a poner en su sitio. Ordenó a Edward sentarse en la sala y fue a abrir la puerta.
—¿Qué haces aquí? —Charlie enarcó una ceja cuando Bella le abrió la puerta.
—Oh, no lo sé, tal vez vine aquí porque aquí vivo —dijo con sarcasmo.
—Creí que estarías con Alice —se disculpó.
Bella no respondió.
—¿Y tú, qué haces aquí? Es muy temprano para que estés en casa.
Charlie había dejado en el suelo su maletín y caminaba a la cocina, dónde se sirvió un vaso de agua.
—Olvidé unas cosas que necesito. No deberías estar aquí sola —observó preocupado.
—¿Por qué no?
—Bueno, Forks es más inseguro ahora de lo que era años atrás —su nerviosismo era palpable, ella solo simuló no darse cuenta.
—¿Ah, sí? A mí me parece que es igual de seguro que siempre.
—Bella, sólo hazme caso, no me gusta que estés aquí sola —farfulló con rapidez.
—No estoy sola. Estaba con Edward —le dio la espalda, acomodando varios platos en su lugar. En realidad deseaba evitar su mirada en ese momento.
—¿Está aquí? —su cara ahora tenía mucho más color de lo normal. Bella se mordió el labio, con nerviosismo. Charlie tenía ciertos problemas para aceptar su nueva relación.
—Sí —lo encaró poniendo su mejor cara de confusión —. Creí que no querías que estuviera sola.
Él no le contestó. La vio fijamente. No quería que lo enredara con sus palabras de nuevo.
—Papá, ¿te encuentras bien?
—Muy bien —mintió.
—Estás paranoico. Forks es tan seguro como lo ha sido siempre.
—Tal vez tengas razón —aceptó un momento después.
—Papá, ¿por qué venimos a Forks? —soltó repentinamente.
—¿Perdón? —musitó sorprendido.
—¿Por qué nos mudamos? En Phoenix vivíamos bien, ¿por qué el cambio?
—Bueno, Bella, es complicado. Eran muchas cosas: trabajo, familia…
—Tenías un buen trabajo allá y en Phoenix estaba mi abuela, pude haber pasado más tiempo con ella. ¿Por qué?
—Creí que eras feliz aquí —intentó distraerla —. Tienes buenos amigos e incluso un novio…
—Soy feliz —afirmó —. Pero no entiendo por qué. Phoenix era mejor opción en todos los sentidos, tanto para ti como para mamá. Allá podían ser grandes profesionistas y yo pude haber obtenido fácilmente una beca para la Universidad del Estado de Arizona. ¿Por qué?
—Es complicado —repitió.
—Solías decir que lo entendería cuando fuera mayor, ¿aún no soy lo suficientemente mayor?
—No, no lo eres —murmuró hostil.
—Tengo diecisiete, papá.
—Y aunque tuvieras treinta, Bella, no lo entenderías —gritó con desesperación.
—Inténtalo —desafió.
—Te quiero, hija, debo irme.
Se dio media vuelta y se dirigió a la salida, sin siquiera recordar la presencia de Edward. Éste se había puesto de pie y observaba de lejos a su novia y el padre de ésta interactuar. Ella estaba hastiada. Enfadada por no encontrar respuestas, frustrada por la falta de confianza de su padre, intranquila por su vida y la de las personas que amaba. Por Alice. Por Rosalie. Por Emmett. Por Jasper. Por Edward. La decisión fue tan súbita que nadie hubiera podido haberla predicho. Ni siquiera ella misma
—Quieren asesinarme, ¿cierto?
Charlie paró en seco. No se giró, los músculos de su espalda estaban tensos y había cerrado los ojos con fuerza tratando de ignorar las palabras de Bella.
—¿Por qué? ¿Por qué quieren matarme? ¿Por qué atacaron a Alice? ¿Por qué te niegas a decírmelo? ¿Qué fue lo que hice?
—¿Quién te lo ha dicho?
—Entonces es cierto. Alguien quiere asesinarme.
—No, Bella, nadie te va hacer daño, yo no lo voy a permitir —se acercó a ella la abrazó. Él nunca expresaba sus sentimientos de esa forma. Bella se sorprendió cuando sintió a Charlie sollozar contra su cabello. No quería herir sus sentimientos —.Nadie te va a tocar, cariño.
Bella miró por encima del hombre de Charlie y se encontró con los ojos de Edward. Le sonreía comprensivamente, conmovido por Charlie. Quería decirle muchas cosas, como que él le iba a proteger tanto como pudiera, o lo mucho que la quería, pero no era el momento. No ahora.
Ella le devolvió una media sonrisa, deseando que nada de eso fuera verdad…
Nota original,
¿Hola?
Sí lo sé, ya era hora. Bueno, ¿les gustó? Bella por lo menos sabe lo qe se le viene encima, o sabrá... Pobre Charlie me dio lástima.. jajaja
Quise hacer como un recuento pequeño para qe recordaran esos detalles. Bree.. reaparecio :D de verdad soy mala pobre niña, me cae bien Bree. Creo que no queda mucho de esto, no sé cuanto pero cinco capitulos se me hacen muchos :(
Chicas, mis chicas, 986 reviews? whoaaa gracias son geniales de verdad
Para explicar mi ausencia estuve de viaje en Texas unos días, fue genial, viaje con mis amigas por la graduacion y todo eso. ¡Ya me gradué! Gracias a todas las qe me desearon suerte para mi examen, me fue muy bien solo hay qe esperar que me den resultados, el 2 de agosto.
Chicas, espero que les guste. Subí un One Shot y un Drabble, si tienen tiempo me encantaría qe los leyeran,
Gracias por todo
besos
LizBrandon
Editado. 23.07.11
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LizBrandon
