Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Nota de Autora: Lo sé, lo sé… ha pasado un mes desde la última actualización. ¡Ahora disfruten y nos leemos en la real nota de autora!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo XXXVI

Presionar a Orion Black no era exactamente una buena idea, y Sirius como hijo mayor lo sabía a la perfección desde que era un niño.

Había esperado pacientemente una semana antes de acercarse a su padre para preguntarle sobre el bendito libro con las cartas, él estaba al tanto de todo y por respeto a Hermione había decidido mantenerse al margen inicialmente, sin embargo en gran medida era responsable de lo que ocurría, aun cuando su otro él se hubiese comportado como idiota a su forma de ver, él no era un idiota y debía actuar. Así que la segunda semana de enero partió lleno de determinación a hablar con Orion que para su sorpresa no estaba en Gringotts un viernes. Repitió su actuar la semana siguiente y tampoco estaba. Hizo guardia fuera del Banco y descubrió para su no sorpresa que su padre lo estaba evitando, consciente del carácter de su hijo.

Sirius decidió entonces dar una semana más y fue así como llegó principios de febrero. Su padre no respondió sus lechuzas, no los fue a visitar y se negó a recibirlo en Gringotts.

Toda la seguidilla de acontecimientos llevó a Sirius Orion Black a una revelación que sería la solución a sus preguntas no respondidas por parte de su padre.

Tendría que entrar por la fuerza al número 12 de Grimmauld Place.

Se despidió de Hermione como cada mañana y esperó a Dobby, su cómplice, en el parque de enfrente. El elfo se apareció a los segundos y ambos se escondieron entre los arbustos.

–Nos aparecemos justo al inicio de la escalera, la idea es ser vistos.

El elfo asintió sonriente ante tal nivel de propuesta de irrumpir en un hogar ajeno y tomó a Sirius con quien se apareció en el punto exacto que el chico pidió.

Grimmauld Place seguía tan lúgubre como siempre, eso fue lo primero que notaron Sirius y Dobby. Lo segundo fue el grito de Walburga Black quien salía con unos bizcochos de la cocina, los cuales quedaron regados en la alfombra.

–¡Buenos días para ti también, Walburga!

El saludo amable y genuino de Sirius no fue bien recibido por su madre, quien tras unos breves segundos en los que se quedó sin habla, recobró su habitual postura rígida e inquebrantable, además de la mirada de desprecio hacia su hijo mayor.

–¡Tú, asqueroso traidor! ¡Fuera de mi casa! ¡Kreacher!

Walburga gritaba histérica con sus ojos coléricos sobre Sirius que recargaba su cuerpo totalmente relajado en el descanso de la escalera, y por supuesto junto a una divertida sonrisa bailando en sus labios del placer que le provocaba hacer enojar a la dulce mujer.

Kreacher apareció en cuando se percató de los gritos descomunales de su ama y miró con el mismo odio a los recién llegados. Dobby por su parte no se alejaba de Sirius, atento a lo que podía pasar.

–¡Sácalos de aquí, Kreacher! ¡Los quiero fuera de mi vista!

El elfo se apresuró en obedecer la orden de su ama, aunque se vio interrumpido por la presencia de Regulus, quien bajaba las escaleras luego de escuchar el alboroto.

–¡Pero qué demonios pasa! ¡No me puedo concentrar con tanto…! –Regulus se interrumpió al ver a Sirius en casa y su mirada voló hasta su madre que lucía descontrolada y ya desenfundaba su varita. –Sirius… –Susurró el chico desconcertado.

–¡Buen día, hermanito! –Continuó con jovialidad Sirius guiñándole un ojo.

Regulus pasó de su hermano negando con gesto frustrado y rápidamente guardó en su bolsillo unos pergaminos. Se acercó hasta su madre y la obligó a bajar la varita.

–Querida madre, debes calmarte. –Pidió con una sonrisa dulce.

Walburga negó con lágrimas en los ojos.

–Lo quiero fuera, Regulus. Ese asqueroso y maldito traidor se apareció aquí sin ser invitado, sabiendo que fue expulsado de la familia. –La mujer susurraba muy rápido a su hijo favorito con súplica en su voz –Por favor, sácalo.

Regulus se giró y miró a Sirius con una mueca, fue hasta él y lo tomó por el brazo para arrastrarlo hasta la puerta.

–Te vas, Sirius. –Ordenó con falsa molestia y asco en la voz.

Sirius se zafó de su agarre y lo enfrentó.

–No, he venido por un motivo y no me voy hasta cumplirlo.

Regulus volvió a negar y lo tomó una vez más de los hombros.

–Sirius, no lo empeores. –Siseó a su hermano para que solo él lo escuchara.

Walburga miraba atenta y feliz al ver que su hijo favorito sacaba al traidor. Y estaba a punto de intervenir y ponerse a gritar cuando se escuchó la fría voz de Orion desde el segundo piso, acercándose cada vez más a medida que bajaba los escalones.

–¿A qué has venido, Sirius? –Preguntó calmado.

El chico se soltó de su hermano y se giró a su padre para enfrentarlo.

–He venido a hablar contigo. –Respondió –Me debes una explicación.

–¡Cómo osas hablarnos así en nuestra casa! –Walburga lucía furiosa nuevamente, miró a su esposo en busca de ayuda –¡Sáquenlo de aquí, no lo quiero ver! ¡Ni a ti ni a tu asquerosa sangre sucia! ¡Y tampoco a esa rata que traes contigo!

Sirius no respondió solamente porque Orion habló antes.

–Te espero en el escritorio y por favor Regulus, calma a tu madre.

Dicho eso subió con su habitual calma. Walburga miraba sin poder creer lo que estaba pasando en sus propias narices, así que dejó que Regulus la guiara hasta la sala, mientras su hermano seguía los pasos de su padre.

Sirius le ordenó a Dobby que se quedara haciendo guardia en la puerta de la biblioteca de su padre. Tomó un hondo suspiro y miró a su alrededor con melancolía antes de entrar. Nada había cambiado y tampoco lo haría. También se dio cuenta de que el tiempo fuera de ese lugar pasaba más rápido, feliz y espontáneo en su vida, era normal, no como si estuviese esperando que pasara algo malo a cada segundo. De hecho no hacía mucho que había decidido dejar todo eso atrás, sin embargo parecían años repletos de alegría. Miró una última vez hacia el final del pasillo en donde se encontraba su antigua habitación y giró el pomo de la puerta en donde su padre lo esperaba.

–Eres un inconsciente, Sirius Orion Black.

Esa frase salida de los labios de Orion fue lo primero que recibió a Sirius en cuanto cerró la puerta tras él. Se recargó en una de las estanterías y se cruzó de brazos, evitando rodar los ojos o hacer cualquier tipo de mueca. Se merecía el regaño y lo sabía.

Su padre bajó la copia de El Profeta que estaba leyendo y lo miró con el entrecejo fruncido.

–¿Cómo van las acciones? –Preguntó Sirius interesado al ver que su padre había estado marcando algunas partes del periódico.

Orion bufó y le hizo una señal para que se sentara frente a él en su escritorio.

–En alza. –Contestó evitando sonreír ante la altanería de su hijo mayor que le causaba gracia aunque odiara reconocerlo –Pero no es por eso que has entrado como un delincuente a la casa, por supuesto que no, ya he asumido que el negocio familiar no te interesa en lo más mínimo.

Sirius sonrió contenido y asintió.

–Llevas la razón, Orion. –Aceptó acomodándose en la elegante silla –He venido porque me has estado evitando descaradamente hace un par de semanas, y eso no es muy educado de tu parte.

–No lo voy a negar, –reconoció el patriarca de los Black mientras se acomodaba al igual que su hijo mayor –sin embargo, y en mi defensa, he tenido razones suficientes para no querer hablar contigo.

Sirius trató de mantener la compostura y sonrió. Su padre era hueso duro de roer, sobre todo cuando adoptaba la posición de yo sé algo que tú no, y no pienses que te lo voy a decir… tengo el poder.

Se inclinó sobre el escritorio y apoyó sus brazos entre los pergaminos.

–Quiero que me entregues el libro y las cartas, Hermione ya me puso al corriente de todo. –Sirius habló pausado y sin exigencias de por medio.

Orion sonrió.

–No.

–¿Por qué no? –Preguntó Sirius entrecerrando los ojos. No esperaba que su padre le entregara lo que él quería envuelto en papel de regalo con un enorme moño encima, sin embargo tampoco esperaba esa respuesta seca y autoritaria.

–Porque no es tiempo, te lo entregaré, solo que no ahora. –Dijo su padre pacientemente y decidido.

–¡Oh, vamos! –Explotó Sirius rodando los ojos. Orion sonrió al ver que la postura de estoy muy calmado y vengo a hablar civilizadamente se había caído finalmente –Ese libro es mío, me lo regalaste cuando era un niño y solo lo olvidé cuando me fui de este lugar, así que me pertenece, al igual que todo lo que tenga dentro.

Orion se acercó hasta su hijo y se recargó contra el escritorio, quedando muy cerca y en silencio.

Ambos se sostuvieron la mirada un par de segundos, hasta que Sirius cedió.

–Lamento haber entrado así en tu casa y también haber puesto histérica a Walburga. –La disculpa de Sirius era totalmente sincera.

–¡Oh, Sirius! Tu madre, –contestó su padre haciendo énfasis en el título de la mujer –siempre está histérica, no es nada nuevo verla así. –Ambos rieron y Orion continuó hablando con cariño –Por otro lado, Grimmauld Place siempre será tu hogar, aunque tú no lo quieras. Pero lo que realmente me preocupa es que no te detuviste a pensar en qué hubiese ocurrido si estaba por aquí Bellatrix o Lucius… e incluso el propio Innombrable. –Finalizó rodando los ojos por tener que llamarlo de esa forma.

Efectivamente Sirius no había pensado en eso, solo había actuado, sin medir las consecuencias de lo que pudo haber pasado. No solo él estaría en riesgo, su padre y hermano también, por defenderlo y encubrirlo en una farsa de odio que en realidad no existía.

–Aunque también fue mi culpa el haberte evitado cuando conozco tu carácter impulsivo. –Reconoció Orion para sorpresa de su hijo.

Sirius se paró y le dio un abrazo a su padre.

–Lo siento.

Orion abrazó de vuelta a su hijo y lo entendió. Sabía lo que sentía y por qué había actuado de esa forma.

–Ella estará bien, a Hermione no le pasará nada y a ustedes tampoco, te lo prometo por mi vida, hijo. –Orion tomó el rostro de su Sirius entre sus manos y le sonrió con una mezcla de felicidad y melancolía –Confía en mí, y a su debido momento te entregaré tu libro y las cartas, te pertenecen.

–¿No se las entregarás primero a Hermione? –Preguntó extrañado.

–Ya te lo he dicho, son tuyas.

Sirius iba a preguntar algo más, sin embargo se vio interrumpido por un leve forcejeo fuera de la biblioteca y luego Regulus entrando.

–Dobby no me quería dejar entrar. –Se quejó el recién llegado.

–Yo le ordené que nadie podía entrar. –Se disculpó riendo Sirius.

–¡Vamos, Sirius! Soy yo, Regulus.

El menor de los Black se lanzó en el sillón que estaba al lado de la ventana y acomodó su túnica, luego sacó un pergamino muy elegante que estaba envuelto en una cinta dorada. Se la tendió a Sirius sin mirarlo.

–No creas que te perdonaré tan fácil que hayas entrado sin avisarme. Si querías hablar con papá te hubiese ayudado, estoy al tanto de todo, tampoco estuve de acuerdo con que te evitara por semanas. –Dijo muy sentido –Y lo peor, tener que calmar la histeria de mamá.

–¿Walburga gritó mucho contra los impuros? –Preguntó Sirius riendo mientras desdoblaba el pergamino.

Se quedó de piedra cuando lo terminó de leer y su mirada viajó de su padre a su hermano.

–¿Es una broma?

–Lo mismo le dije. –Replicó Orion mirando con los ojos entrecerrados a Regulus.

–¡Muchas gracias, no se molesten con tantas felicitaciones, por favor deténganse, me voy a sonrojar! –Regulus respondió lleno de sarcasmo y se cruzó de brazos.

Sirius reaccionó y corrió hasta su hermano, se lanzó sobre él y lo besó estrepitosamente en la mejilla mientras lo felicitaba.

–Estoy muy feliz por ti, Reg. Tu primera Obra de Teatro, por supuesto que estaremos acompañándote con Hermione. –Dijo lleno de orgullo a su hermano pequeño –Es solo que… la temática es un poco arriesgada para la época que estamos viviendo. ¿Ya lo sabe tu jefe?

Regulus rodó los ojos y ambos se pararon para acercarse a Orion.

–Sí lo sabe, no le provocó una inmensa alegría, pero le dije que él me había obligado a mezclarme con el resto del Mundo Mágico. –El chico se encogió de hombros y miró a su padre –Mamá no vendrá, dijo que es una vergüenza.

–¿Walburga se enteró que estudias en la A.M.A.D.? –Sirius estaba emocionado de enterarse de los últimos chismes.

–Sí, le tuve que explicar que todo era una fachada, pero aun así lo considera una deshonra para el apellido Black.

–Yo estaré allí, en primera fila aplaudiendo junto a Narcissa. –Dijo Orion abrazando a Regulus –Además me causa curiosidad esa historia muggle, Romeo y Julieta, jamás la escuché.

Sirius sonrió ante lo que seguramente sería un éxito y también un desafío dirigido a Lord Voldemort.

–La Directora apoya a los nacidos muggles, así que imagina, encontró que era la idea perfecta. –Comentó Regulus riendo –Yo quería Hamlet, pero ella insistió.

–¿Y tú quién eres? –Preguntó más curioso de lo que ya estaba Sirius.

–¡Oh, ya lo verás!

Después de reír un poco más, todos se pusieron serios cuando Regulus dijo que tenía un anuncio importante.

–Me casaré con Dorcas, aunque ella no lo sabe todavía.

Sirius abrió muchas veces la boca y miró a su padre, quien por la expresión de felicidad que tenía, ya lo sabía desde antes.

–Pero… –Sirius no sabía muy bien qué decir –¡Te felicito! –Dijo abrazando a su hermano y luego lo soltó –¿Estás seguro, justo ahora? Es peligroso y…

Regulus lo interrumpió.

–Habrá una reunión en donde se establecerá la fecha en que los traidores a la sangre serán eliminados y quién los matará. –Dijo apenas susurrando –Bellatrix desconfía de mí y Narcissa, se ha encargado de envenenar a Quién Tú Sabes en nuestra contra. Nos mira con sospecha, pero como nos necesita no ha actuado, y realmente Sirius, no sé cuánto tiempo más pueda sostener esta mentira y doble vida. –Hizo una pausa y suspiró –Memoricé todos los nombres de la lista, Dorcas y mi hijo están en ella.

Sirius cerró los ojos y asintió.

Sus instintos caninos le decían que una tormenta se desataría cuando menos se lo esperaran.

Hermione abrió los ojos y suspiró profundamente mientras admiraba la exquisita decoración de la casa de Grindelwald. Habían llegado hace al menos una hora y se sentía tan cómoda y segura que se había tomado la libertad de recostarse en el sofá de la sala principal.

Se sentó rápido cuando vio a Grindelwald de regreso de alguna parte de la casa. Tras él levitaba una bandeja con dos tazas y algo de comer.

–Por favor, si está cómoda no se moleste por mí. Puede quedarse como estaba.

Hermione sonriente aceptó una taza de humeante café y posó su mirada curiosa sobre el hombre frente a ella.

–Dumbledore es más de té para estas ocasiones. –Explicó mientras tomaba asiendo en el sillón libre y arreglaba su túnica con elegancia –Lo mío en cambio, siempre ha sido el café.

Grindelwald terminó de hablar y también miró curioso a Hermione que todo lo observaba como si estuviese analizando y tomando nota para un examen muy importante.

–Jamás pensé que se vendría a vivir al Valle de Godric. –Finalmente la chica pudo materializar en una oración lo que rondaba en su mente –Digo, cerca de Dumbledore y donde se supone usted guarda más recuerdos.

–Por eso mismo nadie me buscará aquí, sería estúpido pensar que Grindelwald se ocultaría en el lugar donde está en clara desventaja. –Le guiñó a Hermione con complicidad y tomó un sorbo de su taza de café con tranquilidad, saboreando el momento.

–¿Dumbledore ha venido por aquí? –Preguntó curiosa.

Justo en ese momento Fawkes atravesó la sala y se instaló firme en el respaldo del sillón donde estaba el mago. Se giró con cuidado de no derramar el contenido de su taza en la alfombra y acaricio al ave con cariño, luego respondió a Hermione.

–Por supuesto que no, señora Black. Y tampoco lo hará.

Con un breve gesto le pidió a Hermione que lo acompañara al jardín trasero.

–¿Es seguro salir de día? –Hermione no ocultaba su preocupación por la situación, una cosa era estar en la casa y la otra pretender que todo era normal –Sentí los hechizos, pero aun así…

–Deje de preocuparse por un momento. –Respondió el aludido retando importancia.

Se sentaron en una banca que estaba rodeada de maleza, se notaba que había estado ordenando el lugar, dándole forma de hogar, aunque no estaba terminado.

Ambos se miraron y fue cuando Hermione notó algo extraño en Grindelwald. Tenía las manos cruzadas sobre su regazo, una de ellas se comenzaba a colorar de negro, como pequeñas venas que avanzaban sin detenerse. Con atrevimiento tomó la mano del hombre y se acercó para examinarla. Con asombro notó el anillo de los Gaunt reluciendo flamante en uno de sus dedos.

–¡Debe quitarse eso, enseguida!

Hermione saltó de la banca y quedó frente a Grindelwald que sonreía con total soltura.

–¡No es gracioso! –La castaña comenzaba a irritarse, ella le había entregado en el anillo con la expresa condición de que no debía usarlo por ningún motivo –Lo matará.

–Lo mismo le he dicho, pero es testarudo.

La chica se sobresaltó al escuchar la conocida e inesperada voz a sus espaldas. Se giró sacando su varita que quedó pegada al cuello de Severus Snape.

–Buenas tardes, señora Black. –Severus apenas susurró sin expresión alguna y elevó sus manos.

Hermione aun consternada por todo decidió bajar su varita y se giró de vuelta a Grindelwald.

–Exijo una explicación, señor Grindelwald.

–En cuanto tome mi poción. –Respondió el mago.

Snape pasó por el lado de Hermione y le tendió un pequeño frasco al anciano hombre, quien lo bebió enseguida y sonrió en agradecimiento. El chico examinó la mano y frunció el entrecejo.

–No quiero tus consejos de sabelotodo, Severus. –Pidió amablemente Grindelwald –Ahora ve dentro muchacho, hay unos papeles que necesito organices.

Hermione que seguía sin creer ni entender lo que veía, volvió a la banca y se dejó caer pesado. Miró enarcando una ceja a Grindelwald y abrió la boca. Fue detenida de lo que seguramente sería un excelente monólogo, por la mano del mago.

–Tampoco he pedido tus consejos, sabelotodo. –Dijo muy claro y de excelente humor –Sé que me pasaste el Horrocrux con la condición de no usarlo, pero fue mi decisión y no afecta a nadie más que a mí, sin contar que destruimos una parte del alma de ese horrible Mago Tenebroso que no tiene ética.

La castaña se rio de lo absurdo que eso se escuchaba. Magos Tenebrosos con ética profesional. Se calmó y cambió el comentario inicial que iba a realizar.

–Eso no explica qué demonios hace Severus Snape con usted. –Espetó Hermione frunciendo levemente los labios en gesto enojado –Hasta donde sé los Magos Tenebrosos no se prestan a sus vasallos.

Grindelwald rio de buena gana y miró en dirección a la casa, podía ver a Severus revoloteando en la pequeña biblioteca.

–Dumbledore lo envió conmigo cuando fue a solicitar entrar en la Orden del Fénix y servir como espía en las filas de los Mortífagos. –Comenzó a explicar el hombre –Es un chico muy inteligente, no hace preguntas con respuestas obvias, y tampoco es indiscreto. Sabe cuál es su posición y lo acepta.

–Lo hace por Lily. –Susurró Hermione.

–Lo hace porque se arrepiente de lo que hizo, no de sus convicciones, sí del daño que le causó a su mejor amiga. –Intervino Grindelwald con calma.

–Pretende recuperarla. –Comentó la castaña apenada –Lily está comprometida con James, no sé si sea muy sano que guarde esperanzas.

Grindelwald se cruzó de brazos y encogió sus hombros.

–No guarda esperanzas del tipo amorosas, si es lo que insinúa, señora Black. –Dijo el hombre con voz melancólica –Simplemente entendió a tiempo que sus errores destruirían a quién más ama, a su amiga. Él está a tiempo de expiar sus culpas y ayudar, está a tiempo de recuperar lo que perdió, aun cuando sepa su lugar y que no será de la forma en que hubiese deseado.

Hermione guardó silencio y asintió.

Grindelwald y Dumbledore no habían estado a tiempo, e indirectamente a través de Severus Snape veían una redención.

–Además, –siguió hablando más alegre Grindelwald –el chico estudia en San Mungo, y es excelente en pociones. ¡Es como si Dumbledore supiera lo que tenía planeado! –Comentó riendo mientras le enseñaba la mano amoratada a la castaña. –¡Cómo si no bastara con Fawkes de espía!

La chica rio de buena gana e inmediatamente se puso seria.

–¿Tiene claro que no hay vuelta atrás? –Preguntó Hermione señalando la mano donde residía el anillo. –Si lo está haciendo por el perdón de Dumbledore, hay otras formas, no es necesario que tome el camino sin salida.

Grindelwald se giró hacia la castaña y le sonrió con sus ojos cansados y melancólicos.

–Nunca hemos tenido salida de esto, señora Black, usted lo sabe. –Soltó una pequeña risita –No espero que haya vuelta atrás.

Esa confesión golpeó el espíritu luchador de Hermione como cien bofetadas continuas, ardía y dolía.

–¿Qué pretende entonces? –Preguntó.

–Luchar incluso cuando no exista motivo por qué hacerlo.

La castaña le sonrió y asintió.

–¿Levantará un nuevo ejército de Inferis? ¿O esta vez será algo más al estilo de los Mortífagos? –Insistió la castaña.

–En eso me diferencio del nuevo Mago Tenebroso, señora Black, –apuntó el hombre con perspicacia –yo sé diferenciar la calidad de la cantidad. Mientras más seguidores tengas a tu alrededor, más débil te vuelves, más vulnerable te haces.

–Eso quiere decir que no me dirá nada. –Asumió frustrada Hermione.

–Exacto.

Grindelwald se paró y guio a Hermione hasta la salida. Dieron la vuelta por el jardín y no entraron a la casa.

–¿Por qué no debo acercarme a mis padres? –Preguntó antes de irse.

–Ya conoce la respuesta. –Respondió Grindelwald y suspiró al ver que la chica no se daba por vencida –Señora Black, si cambia cualquier cosa en esta época, eso será lo real en el futuro porque todo lo que usted vivió antes ya no existe, desapareció en cuanto hizo el viaje.

–Los cambios son permanentes.

–Así es, por eso es fundamental que sea cuidadosa. –Le advirtió Grindelwald –Todo lo que cambie ahora será permanente mañana. Sin embargo… ¿por qué cree usted que su viaje funcionó, por qué continúa aquí y no desapareció después de un tiempo?

Hermione ni siquiera lo pensó, cerró los ojos y respondió muy a su pesar.

–Porque existo.

–Existe, o eso hará. –Asintió el mago mientras arreglaba la túnica de la castaña.

Hermione se despidió con la mano de Severus que observaba por la ventana y acordó seguirse viendo con Grindelwald.

Se apareció directo en su departamento, no tenía ganas de ir al Callejón Diagon o al Ministerio.

En cuanto llegó se encontró con Sirius saliendo de la cocina con un trozo de pan entre sus manos.

–¿De dónde vienes? –Preguntó sospechoso Sirius al ver la cara de pocos amigos que llevaba su esposa.

–De paseo con Grindelwald. –Respondió la castaña sonriente a la vez que se sacaba la túnica y la arrojaba lejos –¿Y tú, Sirius? Deberías estar con los Aurores.

Sirius ni siquiera se asombró, estaban envueltos en tantos líos, que cualquier día Voldemort los invitaría a su cumpleaños y todos celebrarían juntos como una enorme familia.

–Entré por la fuerza a Grimmauld Place y casi fui atacado por Walburga, fue interesante a decir verdad.

Ambos sostuvieron sus miradas unos segundos para ver si estaban mintiendo en algo. No aguantaron mucho y comenzaron a reír. Hermione se lanzó a sus brazos y revisó que no tuviese ninguna herida.

–¿Qué fuiste a hacer con mi hermosa suegra, querido Sirius? –Preguntó Hermione divertida.

Se contaron sus respectivas aventuras mientras comían encima de la amplia cama de su habitación. Hermione no podía creer lo impulsivo que era Sirius y estaba más intrigada que antes con las malditas cartas. Sirius por su parte había agendado en su memoria ir a hacerle una visita a Grindelwald, además no había pasado por alto el que a su esposa se le hubiese escapado que Severus Snape sería parte de la Orden.

–¡No es justo!

–Sirius, debes prometer que no le dirás a nadie, es secreto. –Pidió histérica la castaña mientras se daba vueltas por la habitación.

Debía medir lo que decía.

–No lo puedo creer. –Repetía indignado el pelinegro arrastrándose por la cama.

–¡Y yo no puedo creer que Regulus se vaya a casar! –Intentó Hermione cambiar de tema.

Eso funcionó.

Se enfocaron en seguir desmenuzando tanta información y finalmente Sirius acompañó a Hermione al Callejón Diagon a comprar los pergaminos y hasta la ayudó a mandar las invitaciones para la reunión de la Orden del Fénix.

–No estarán contentos. –Canturreaba Sirius divertido ante la mirada fulminante de su esposa.

Los días comenzaron a pasar y lo primero en llegar fue la Obra de Regulus.

Sirius y Hermione fueron de los primeros asistentes en llegar. Se sentaron junto a Dorcas y Charlotte, quienes habían dejado al pequeño Orion Clark con Dobby. El Teatro estaba lleno, la mitad eran amantes del teatro, otra parte curiosos y el resto familiares de los actores.

Orion y Narcissa tenían un palco con vista privilegiada, al igual que Dumbledore y Alastor quienes les hicieron compañía.

Si los Merodeadores y el resto de sus amigos habían asistido, la verdad es que no lo supieron hasta que finalizó la Obra, ya que el lugar era enorme y encontrarse era imposible. Con mucha suerte vieron a los Prewett llegar y sentarse unas filas más atrás.

La Obra en sí era una adaptación libre de Romeo y Julieta de William Shakespeare, en donde Romeo, interpretado por Regulus, era un mago proveniente de una familia de muggles, y se enamoraba de Julieta, una bruja de familia sangre pura que además era excelente en pociones.

Al inicio la Directora de la A.M.A.D., tuvo unas palabras para dedicar la primera de las presentaciones a Clark Meadowes, tal como había prometido Regulus.

El tiempo prácticamente voló y todos quedaron fascinados con la representación que para los tiempos que se vivían era una afrenta directa a Lord Voldemort y su devoción por la pureza. Hasta Dorcas quedó encantada con cada parte y ni siquiera se puso celosa cuando Regulus tuvo que besar muchas veces a la otra actriz.

–Son cosas del Teatro, confío en él. –Susurró muy cerca de Hermione.

Regulus por su parte por primera vez se sentía totalmente libre y confiado. Además de emocionado por el orgullo que todos a quienes amaba expresaban por él.

La Obra fue un éxito en el Mundo Mágico y agendaron muchas fechas más, y esa pequeña fracción de segundos en que el tiempo parecía haberse detenido siguió avanzando y llegó la segunda fecha importante.

La Reunión de la Orden del Fénix.

–Te dije que no estarían de acuerdo. –Susurró Sirius muy cerca de Hermione cuando se encontraban reunidos en el despacho de McGonagall en Hogwarts.

La mayoría mostró su desconfianza hacia Severus Snape que se veía totalmente relajado y dispuesto a responder cualquier tipo de pregunta que tuviesen. Sus intenciones eran sinceras.

–Votemos. –Pidió Dumbledore.

Y a pesar de las abstenciones que la mayoría tenía, al ver que los Prewett, McGonagall, Moody y Dumbledore depositaban su confianza en el chico, comenzaron a votar a favor.

Albus siempre había tenido la razón, solo necesitaban que los indicados lo apoyaran desde un comienzo y luego la historia se contaría sola.

El Ministro se acercó hasta Severus y ambos estrecharon sus manos.

–Bienvenido a la Orden del Fénix, Severus.

–No lo defraudaré, señor. –Prometió el chico.

La reunión fue más corta de lo habitual y cada uno se retiró a su casa, con excepción de Lily y James que se quedaron hablando con Severus que lucía tranquilo, mucho más que James.

–Te dije que la invitación era muy linda, Remus. Pero no me haces caso cuando te hablo. –Se quejaba Marlene mientras esperaba su turno para cruzar la Red Flu.

–Pelean como matrimonio, ¿ya tienen fecha, rubia? –Preguntó con maldad Sirius.

Hermione le dio un golpe en el costado y Marlene lo miró como una asesina en serie.

–Serás el primero en saberlo, Black. Te escogeremos de padrino. –Escupió Marlene molesta.

Al parecer y todos lo pudieron notar, era un tema sensible para la chica.

–No la molestes, Padfoot. –Rogó Remus afligido.

Hermione lo empujó hasta la Red Flu y llegaron a su hogar, en donde el siempre fiel Dobby los esperaba.

–¿Y ahora para qué nos preparamos? –Preguntó Hermione sintiéndose optimista después de una reunión no tan tensa.

–Los matrimonios. –Respondió Sirius riendo.

Y así fue que con la llegada de marzo tuvieron que enfrentarse a dos matrimonios. Uno que llevaba meses siendo planificado y otro que había llegado de sorpresa.

Durante la quincena de marzo Sirius y Hermione se trasladaron hasta su casa en Escocia, en donde se celebraría el matrimonio de Regulus y Dorcas. Tenía que ser un lugar seguro y privado, es por eso mismo que a pesar de la sospecha de sus amigos y del secreto a voces, solo asistieron aquellos que sabían a ciencia cierta que ambos chicos tenían una relación y un hijo. Fue así como Alastor, los hermanos Prewett, Narcissa, Alastor, Charlotte, Orion y Dumbledore llegaron para la ceremonia.

Dumbledore como Ministro de Magia sería el encargado de oficiar la ceremonia, mientras que Sirius y Hermione serían los padrinos y testigos.

Adornaron todo el jardín y a un costado del lago instalaron un altar lleno de rosas rojas, tal como le gustaban a Dorcas.

Hermione la ayudó a arreglarse junto con Charlotte. Era una boda muy sencilla e íntima, aunque fiel a los gustos de la novia. Llevaba un vestido muy a su estilo; las mangas eran tres cuartos y el escote redondo, todo de encaje negro y tul del mismo color, que se ajustaba en un cinturón con detalles hasta sus caderas en negro y luego el tul blanco caía en una vaporosa falda. Arreglaron su cabello en una trenza algo despeinada y relajada, todo acompañado de maquillaje sutil.

–¿Algo más negro? –Preguntó Hermione bromeando.

–No había rosas en ese color. –Respondió en el mismo tono Dorcas enseñándole su ramo de rosas rojas.

–Dorcas nunca entendió que la gama de colores es bastante amplia. –Acotó Charlotte riendo mientras terminaba de acomodar la falda.

Estaban muy entretenidas cuando tocaron la puerta. Charlotte fue a ver y era Orion, quien al igual que como hizo con Hermione, llevaba entre sus manos dos cajas de terciopelo que presumían eran regalos para Dorcas.

Ambas salieron y los dejaron solos en la habitación.

Orion se acercó a su sonriente nuera y no pudo evitar sonreír por lo optimista que podía llegar a ser esa chica.

–Sé que eres Gryffindor, –dijo Orion muy divertido –pero también sé que adoras las reliquias familiares, y esto se verá realmente hermoso en ti, Dorcas.

La chica esperó expectante para ver la primera caja y su boca formó un círculo perfecto cuando vio una diadema de oro blanco adornada completamente con diamantes y esmeraldas. La segunda caja tenía un collar de esmeraldas.

Orion la ayudó con las joyas mientras Dorcas le agradecía.

–Combinan con mi anillo de compromiso. –Comentó la chica emocionada.

–Han estado en la familia Black por generaciones, y seguirá siendo así.

Orion le dio un abrazo y luego la guio hasta el jardín, donde sería la ceremonia. En distancia era un camino bastante corto, de hecho Dorcas ya veía a Regulus enfundado en su traje negro, sin embargo su corazón latía como loco y quería guardar por siempre ese exacto momento que se hizo eterno.

La ceremonia presidida por Dumbledore fue perfecta para ambos, todo lo que deseaban y podían esperar.

Intercambiaron sortijas y sus votos matrimoniales en compañía de sus padrinos y finalmente estaban casados, y eran una familia también ante la Ley Mágica, aunque fuese en secreto.

–En la luz y en la oscuridad te voy a amar, Dorcas Black. –Prometió Regulus besando a su esposa.

–Hasta mi último aliento, Reg. –Suspiró Dorcas más feliz que nunca.

Tuvieron una pequeña recepción y luego todos volvieron a sus hogares. Por precaución no podían tener una luna de miel normal, al menos no hasta que todo terminara. Ellos lo sabían y si ese pequeño momento de felicidad y unión era todo lo que podían tener de momento, estaban agradecidos.

Para finales de marzo todos acompañaron a Alice y Frank en su propio matrimonio en donde estuvo lleno de Aurores y ex compañeros de Hogwarts.

Hermione miraba a lo lejos mientras bailaba con Sirius y pensaba en el tiempo y todo lo que venía. Lo besó fugazmente y sonrió contra su mejilla, rogando porque pasara más lento, porque el tiempo fuera eterno a su lado.

Regulus llegó corriendo y apenas miró a Narcissa que preparaba unas clases para la semana en la sala de la mansión Lestrange. Iba tarde y lo sabía.

–Regulus, te echábamos de menos. –Comentó preocupado Lord Voldemort que a pesar de todo lo que Bellatrix le decía, se negaba a desconfiar totalmente del menor de los Black.

Narcissa era harina de otro costal, por él estuviese encerrada en un calabozo, sin embargo, había castigos peores.

–Había Aurores fuera de Grimmauld Place, mi señor. –Mintió Regulus sin vergüenza alguna.

–Ya nos encargaremos de ellos, mi querido joven Black. –Prometió Voldemort feliz.

Se veía más joven y hasta con fuerzas renovadas. Se paró de la enorme mesa llena de sus Mortífagos más cercanos y comenzó con la reunión.

–Como bien sabrán, –empezó en tono jovial –hoy nos hemos reunido para definir la estrategia, fecha y encargados del enorme honor de acabar con los traidores a la sangre más insignes, aquellos que nos han enfrentado en diversas ocasiones y nos subestiman.

Hubo un coro de silbidos y proclamaciones efusivas.

Regulus le sostuvo en todo momento la mirada a Bellatrix que movía un pergamino con expresión burlesca.

–Bellatrix, por favor… –Dijo Voldemort haciendo un gesto a su Mortífaga favorita.

La bruja desenrolló el pergamino que tenía entre sus manos y comenzó a leer en voz alta.

–Alastor Moody.

Voldemort soltó una enorme risa y señaló a Regulus.

–Nuestro querido Alastor Moody. –Dijo en voz más alta y excitada de lo normal –Sufrirá una emboscada a comienzos de Mayo. Ya tenemos la ubicación de su hogar, y tú mi querido Regulus serás el encargado de acabar con él.

Regulus se mostró relajado y asintió, conocía la lista de memoria y ahora solo le faltaba terminar de memorizar los detalles.

–Como usted lo desee, mi señor.

–Sigue Bellatrix. –Pidió el Señor Tenebroso.

–¡Fabian y Gideon Prewett! –Gritó mientras reía.

Una ola de risas retumbaba en las paredes.

–Ustedes se preguntarán… ¿Cómo haremos para llegar a los hermanos más queridos entre los Aurores? –Preguntó Lord Voldemort con inocencia y luego miró a Lucius –Es simple, será a través de Narcissa.

–Mi señor… –Lucius fue interrumpido por la mano de Voldemort.

–El destino de los Prewett está sellado para la noche del 31 de Octubre. –Anunció sin piedad alguna –Sacarás con cualquier excusa a tu mujer de Hogwarts, Lucius, la torturarás si es necesario y enviará una nota a Gideon diciendo que está en San Mungo. Será cuestión de minutos para que Fabian también corra tras su hermano y será allí donde los acorralarán. –Miró la mesa y los fue señalando –Malfoy, Dolohov, Karkarov, Bellatrix y será momento de probar a una de nuestras últimas incorporaciones… Peter Pettigrew.

Pettigrew apenas le dirigió una mirada y al igual que el resto asintió solemne.

Bellatrix que estaba feliz como hace mucho no podía, continuó con la lista.

–Charlotte Meadowes junto a su hija Dorcas y el bastardo de la muchacha.

Regulus no pudo evitar tensarse y su prima sonrió ladinamente.

–Que hermoso anillo, primo. –Comentó para que solo ellos pudiesen escuchar.

–A los Black nunca nos falta. –Respondió sin expresión Regulus. –¿Pueden decir lo mismo los Lestrange?

La bruja frunció el entrecejo y esperó las órdenes de Lord Voldemort, quien reía.

–¿Meadowes? Ella es tuya, Bellatrix. –Anunció –Lleva a Regulus y Travers contigo. –Miró a ambos Mortífagos y prosiguió –Acaben con ella y su familia a principios de Mayo, junto con Moody.

–¿Y el bastardo? –Preguntó Travers maliciosamente.

–Madre traidora, hijo traidor.

Una salva de aplausos hizo retumbar la sala en donde estaban y Lord Voldemort pidió silencio.

–Serán solo ellos de momento, los que más problemas nos han causado. Pero descuiden, seguiremos con los Longbottom, Sirius y Hermione Black y por supuesto, la querida Directora McGonagall. –Proclamó solemne –Debemos guardar diversión, imagínense si acabamos con todos al mismo tiempo.

Regulus aguantó las ganas de vomitar y en cuanto terminó la reunión se fue prácticamente corriendo.

Bellatrix lo siguió y atajó a medio camino.

–Irás primero por Moody, luego vamos por Meadowes. –Ordenó sonriendo.

Regulus pasó de ella y en la sala volvió a ser demorado por Narcissa que se lanzó a sus brazos con una dulce sonrisa.

–¿Por qué ya no me vienes a ver ni me escribes, Regulus? Eres un ingrato, primo.

Narcissa lo abrazó muy fuerte sin que el chico entendiera a qué venía tanta demostración de amor repentino, hasta que sintió la mano de su prima deslizándose por uno de los bolsillos interiores de su túnica para depositar un pequeño pergamino muy doblado.

–No te olvides de mí, ven de vez en cuando. –Pidió la rubia con una sonrisa y lo soltó.

–Como pidas, Cissy. –Contestó sonriente Regulus.

Salió hasta el jardín y se apareció directamente en Grimmauld Place, lugar donde ni se molestó en saludar a sus padres y corrió directamente hasta su habitación. Se sentó en su cama y sacó el pergamino que había ocultado hábilmente Narcissa.

Era lo que se temía, lo que sospechaba desde que había puesto un pie en la mansión Lestrange.

Bellatrix lo descubrió todo y se lo contó a él. No lo quiere creer, es por eso que irán primero tras Dorcas, es lo que alcancé a escuchar.

Eso significa que también desconfían de mí, aunque no sé qué más traman.

Es una trampa, ten cuidado.

Regulus guardó el papel nuevamente en su túnica y bajó corriendo las escaleras. Ese día en particular no andaba de muy buen humor.

–¡Regulus, qué demonios te sucede hoy! –Preguntó Walburga que lo esperaba al pie de la escalera.

–¡Déjame en paz! –Respondió el chico y desapareció una vez más.

Apareció en el Ministerio, específicamente en el despacho de Hermione. Ella no estaba, seguramente andaba haciendo algún trámite o en otro Departamento como de costumbre, así que tomó la Red Flu y llegó hasta el despacho de Dumbledore, donde estaba él y Alastor Moody.

–¿Estás loco, chico? –Preguntó Moody sobresaltado –¿Tus padres no te enseñaron que te anuncias antes de aparecer en un sitio? ¡Merlín, encima en el Ministerio, podría verte alguien!

–O escuchar si sigues gritando, Alastor. –Intervino Dumbledore mientras lanzaba hechizos al aire.

Regulus se acercó hasta el escritorio y les lanzó el pergamino.

–Ya lo hicieron, Moody.

Ambos hombres se inclinaron y leyeron la nota redactada por la pulcra letra de Narcissa. Posterior a eso Regulus les contó todo lo que había pasado en la reunión, teniendo cuidado en cada detalle, sin olvidar ninguno.

–¿Has pensado qué hacer? –Preguntó Albus a Regulus.

El chico dejó de moverse como león enjaulado y se sentó frente a ellos.

–Sabía que desconfiaban de mí, Bellatrix no es estúpida y se encargó de hacer su trabajo. –Comentó sonriendo de mala gana –Si van tras Dorcas me enfrentaré a ellos.

–La chica es la carnada, –escupió Alastor molesto –van tras ella primero porque así descubren que Regulus es nuestro informante y luego cambian todos los planes, nos dejan en Jaque.

Dumbledore negó.

–Te olvidas de Severus, no quedaremos totalmente ciegos, Alastor. –Se giró hasta Regulus y sonrió –Hablaré con él y nos encargaremos de que lo comiencen a ver como alguien fundamental dentro de las filas de los Mortífagos. Sin ti, quedará un gran vacío que debe ser llenado.

El chico asintió y tras ultimar unos detalles más se fue.

–No deberíamos avisar, a nadie. –Comentó Moody muy serio, planificando sus siguientes pasos.

–Pienso igual que tú, querido amigo. –Contestó Albus calmado –Dejaremos que todo fluya con normalidad y estaremos preparados.

Ambos hombres asintieron y se miraron en completo y absoluto silencio.

Los niños corrían por el parque riendo y persiguiendo a los otros, mientras una hermosa chica rubia con grandes anteojos negros de sol intentaba abrirse paso entre ellos.

La mujer arregló su chaqueta negra y se sentó en una banca mirando en dirección a los árboles. Por su postura bien se podía presumir que era una estrella de cine o alguien importante.

Se removió incómoda y ajustó sus anteojos cuando una pareja se sentó en una banca del lado de enfrente. Reían felices y se abrazaban, estaban muy enamorados. A la mujer se le notaba un pequeño vientre de embarazada que sostenía intentando escapar de las cosquillas de su marido.

La rubia contemplaba absorta la imagen y suspiraba de vez en cuando mientras pensaba, simplemente pensaba. Hasta que algo filoso apenas presionó su pierna.

Sobresaltada miró hacia abajo y vio un enorme perro negro con un collar rojo en el cuello que la seguía mordiendo muy suavemente y la miraba con sus penetrantes ojos grises.

–¿Qué haces acá, Padfoot? –Preguntó entre dientes la chica.

El perro que no lucía muy normal para ser un perro, hizo un leve encogimiento de su lomo y soltó un ladrido parecido a una carcajada.

–¿Me seguiste? –Preguntó la chica bajando sus anteojos y dejando ver su mirada castaña –Eso es horrible, yo no te persigo cuando sales de casa. Hablaremos de esto. –Continuó susurrando.

Padfoot inclinó su cabeza y rodó los ojos.

La chica volvió a colocar en su lugar los anteojos y miró en todas direcciones. Si alguien veía al perro pensaría que estaba loco.

–Vete. –Pidió la chica.

El perro comenzó a darle golpes con el hocico en la pierna para hacer que se levantara y luego miró en la dirección que la chica lo hacía. La pareja se iba.

–¡Está bien, nos vamos!

La chica se paró de un salto y se escondió tras unos árboles, hasta donde el perro la siguió y enseguida se transformó en humano nuevamente.

–Sirius, no debías seguirme. –Lo apuntó la rubia guardando los lentes.

Sirius rodó los ojos de vuelta y la apuntó con su varita, sacando el color rubio de su cabello y regresándolo a la normalidad.

–Me gustan morenas, Hermione. Ese rubio se veía fatal. –Se burló mirando a su esposa –Y eres una mentirosa, te seguí desde el Ministerio.

Hermione se cruzó de brazos y lo miró con los ojos entrecerrados.

–Te comportas muy rara desde que fuiste a hablar con el ex presidiario, así que decidí seguirte y vi cuando modificabas tu apariencia, así que… ¿por qué no convertirme en Padfoot? –Preguntó Sirius sonriente –Hasta me puse collar. –Indicó quitándoselo.

Hermione sonrió de lado y asintió.

–Conozco las leyes muggles, no quería ser llevado por el Control de Perros, menos por ser callejero. –Comentó divertido el chico.

Finalmente salieron y se encaminaron de vuelta a su hogar por una concurrida avenida.

–Creí que no podías acercarte a tus padres. Tu mamá ya tiene pancita. –Sirius seguía hablando, esperando alguna explicación.

Hermione se encogió de hombros.

–Tengo curiosidad. –Reconoció mirando en todas direcciones –Necesito encontrar alguna forma para quedarme a tu lado.

Sirius la abrazó atrayéndola a su cuerpo por los hombros y soltó una risa.

–Podría perder el bebé. –Susurró cerca del oído de Hermione.

–¿Quieres matarme? –Preguntó Hermione riendo incrédula.

–Era solo una idea. –Se defendió el chico –También puede ser que nazca hombre en vez de mujer y tengas un hermano.

–Cualquier idea es tan descabellada, Sirius. –Contestó Hermione agarrándose la cabeza.

–Tranquila, encontraremos una solución a todo. –Pidió Sirius aparentando tranquilidad.

Hermione lo miró justo cuando llegaban a su edificio y subió un escalón para quedar a su altura. Pasó sus brazos por el cuello de su esposo y sonrió.

–¿Lo prometes, Sirius?

–Lo prometo, Hermione. –Respondió besando a su amada esposa.

Estimado Orion,

Sé que esto puede ser para no creer y hasta confuso, sin embargo eres un hombre inteligente y si Hermione se acercó a ti, quiere decir que todo va de acuerdo al plan, que ella logró su misión y está acompañada por las personas adecuadas.

Sé también que resolverás los enigmas primero que cualquier otra persona.

Y te preguntarás cómo lo sé… bueno, eso es porque soy tu hijo, Sirius Orion Black, y a pesar de nuestras diferencias siempre vi al real hombre que existía tras tu apariencia de dureza y maldad.

Te escribo esta carta siendo ya un hombre de treinta y seis años, entendiendo de forma responsable los errores que cometiste y los propios también. Recuerdo que siempre dije que los odiaba a todos, pero no es cierto, por ti y Regulus sentía decepción solamente, esperaba de cierta forma que fueran tras de mí y no me hicieran a un lado.

Es por eso que recurro a ti, Orion.

En este libro que me regalaste cuando solo era un niño hay dos cartas más, una es para mí, solo que para el imprudente Sirius que aún no cumple los veinte años, y la otra para Hermione, la mujer que más amo en el mundo y que si soy inteligente en tu época, seguro ya hice mi esposa.

Te pido que la ayudes, lee las cartas y entrégalas en el momento justo, tú sabrás cuando. Y por favor, haz que Hermione vuelva a mí sana y salva.

Me despido con la esperanza de que eres un gran hombre, justo y de buenos sentimientos que hará lo correcto, y por sobre todo esperando que las decisiones que tomes en ese oscuro pasado que se torna en un nuevo futuro en cuanto esta pluma deje de rasgar el pergamino, harán que te vuelva a llamar papá y seremos una familia otra vez.

Con todo el cariño que sé te profesaré en la nueva historia que se forja, se despide,

Sirius Orion Black.

Orion cerró la carta que había memorizado y la guardó dentro del libro, junto a las otras dos que custodiaba furiosamente en el primer cajón de su escritorio, bajo un sinfín de hechizos.

Salió por la puerta de enfrente con los gritos de Walburga tras él y caminó hasta el lugar habitual donde tenía por costumbre desaparecer.

Como la mayoría de las mañanas le sonrió al pequeño hijo de sus vecinos muggles.

–¡Buen día, muggie!

–¡Buen día, señor Black! –Gritó el pequeño de vuelta y se maravilló al ver al súper hombre desapareciendo tras los árboles.

Orion caminó por las calles del Callejón Diagon con una sonrisa de real felicidad, era una mañana hermosa, y a decir verdad, la más linda que veía hace mucho. Estaba cálido y una suave brisa revoloteaba por todos lados. No se podía negar que Abril comenzaba.

Se dirigió hasta un pequeño estudio ubicado entre el banco y unas tiendas de libros e ingresó con total familiaridad. Le sonrió a la recepcionista que le devolvió el gesto de forma amigable y se apoyó en el pequeño escritorio no sin antes leer la placa que se mostraba orgullosa tras la chica.

MACMILLAN Estudio&Asociados

–Buenos días, señor Black. –Saludó la chica –¿Pido que traigan su café?

Orion mantuvo la sonrisa y negó.

–Te agradezco mucho, Lara, sin embargo necesito hablar con Henry de forma urgente.

–El señor Macmillan fue por unas firmas al Ministerio, dijo que estaría alrededor del medio día de vuelta. –Informó la chica.

El hombre lo meditó un poco, miró su reloj de bolsillo y finalmente asintió.

–¿Podrías decirle a Henry que en cuanto llegue se dirija a mi oficina, por favor? Estaré revisando unos papeles mientras lo espero.

La chica asintió y dejó una nota.

Orion se encaminó rumbo a Gringotts y en cuanto llegó se encerró en su oficina para firmar documentos y revisar otros que no habían tenido toda su atención.

Casi al medio día un duende llamó a la puerta y le informó que Henry Macmillan lo esperaba en recepción. Orion le pidió que lo dejaran pasar y se apresuró en servir unos tragos.

–¡Orion, tanto tiempo! Y eso que trabajamos uno al lado del otro.

El alegre saludo de Henry, un hombre que rondaba los cincuenta años y poseía un brillante cabello rubio, hizo reír a Orion. Era cierto, trabajaban en el mismo lugar prácticamente y apenas se veían cuando se trataba de temas legales.

–Dicen que la amistad no conoce distancia ni tiempo, Henry.

Se dieron un fraternal abrazo y tomaron asiento en la pequeña sala dentro del despacho.

–Lara dijo que habías ido en tono urgente a buscarme, me diste un gran susto. ¿Ocurre algo malo?

La curiosidad de Henry podía interpretarse infantil y hasta chismosa, sin embargo era auténtica preocupación por su viejo amigo, socio y cliente de toda una vida prácticamente.

–En realidad he exagerado. –Reconoció Orion restándole importancia –Pero es que ya me conoces, –se disculpó –me gusta tener todo en orden y que nada se me escape.

–¡Jamás dejar las cosas para último minuto! –Bromeó Henry tomando un trago de su vaso –Entonces dime, ¿en qué te soy útil esta vez?

Orion dejó su vaso sobre la mesa que estaba en el centro y cruzó sus manos sobre su regazo antes de responder.

–Henry, en tus manos tienes todos mis asuntos legales, así ha sido desde siempre. –Comenzó con tono agradecido –Y nunca te he pedido modificar algo, y creo que esta vez será la primera vez que lo hagamos.

–¿Nos equivocamos en algún archivo o documento del Banco? –Preguntó extrañado.

Orion negó.

–Es personal, no tiene que ver con Gringotts.

Henry asintió comenzando a entender hacia dónde se dirigía la conversación.

–A menos que quieras vender o cambiar las escrituras de Grimmauld Place y la Mansión de Irlanda, solo tengo un documento personal más en mis manos. –Dijo preocupado –¿Pasa algo malo? ¿Te puedo ayudar?

–Es solo que quiero dejar todo en orden, Henry, y la verdad es que muchas cosas han cambiado últimamente. –Respondió Orion –Necesito que modifiquemos mi Testamento.

Henry soltó todo el aire que estaba acumulando.

–Eres un hombre joven, mi querido amigo, sin mencionar que estás a la cabeza de una de las familias más importantes y respetadas del Mundo Mágico. Tienes negocios fructíferos.

–Todo eso no me hace intocable, Henry.

El hombre de negocios asintió y sacó un elegante pergamino que hechizó junto a una pluma con la ayuda de su varita.

–Cuando quieras, Orion. –Anunció Henry en cuanto la pluma comenzó a rasgar sobre el pergamino las primeras líneas que eran plenamente legales –Tomo nota y testifico tu voluntad.

Orion estuvo cerca de media hora redactando el nuevo documento que Henry se llevó firmado de puño y letra del mago. Acordaron destruir el otro, en cuanto el nuevo estuviese con la firma del Ministerio.

Se despidieron cuando pasaban las tres de la tarde.

Orion regresó a su escritorio y continuó trabajando como cada viernes, solo que ese día su sonrisa era más amplia y había decidido convertirlo en un hábito desde ese día en adelante.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Hola chicas hermosas! ¿Cómo han estado? Se siente como mucho tiempo, y les pido disculpas por la tardanza. Este capítulo lo tuve que escribir de a poco y luego ir revisando y corrigiendo a medida que podía para que tuviese coherencia. Lo cierto es que he estado con mucho trabajo (lo que es muy bueno), y cubriendo las vacaciones de una compañera, además de otras responsabilidades, así que por eso fue la demora. Febrero fue intenso. Para marzo ya estoy ordenada y más relajada.

No les prometo que actualice cada semana, lo intentaré con todas mis fuerzas, pero tampoco pasará un mes.

Y ahora sí… ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué se les viene a esas cabecitas locas? Ya queda poquito *grito histérico*.

¡Espero que me digan lo que les pareció en sus comentarios!

Como siempre, muchas gracias por el apoyo y cariño, cada comentario y por supuesto dar la bienvenida a cada chica nueva que comienza a acompañarnos en la historia. ¡Mil gracias!

Ahora, les respondo sus Reviews… *guiño*

Adhara Cassiopea Black (No sé si te pasó que cuando estabas en primaria decías "quiero ser grande y hacer lo que quiera", bueno, yo sí. Y la vida adulta realmente es de mucha responsabilidad. ¡Me tarde un mes! *llora y se revuelca* Ahora sí jajajaja La paradoja acá se dará mitad destino y mitad decisión de una persona fuera de Hermione, solo eso diré. ¡Comienzan los nacimientos! Y me encanta que me pongas en la situación jajaja Mil gracias bella por comentar como siempre, espero a ver en qué situación me pones ahora con los comentarios jajaja ¡Te mando un beso enorme por todo el apoyo de siempre y abrazos! ¡Excelente semana!).

Florfleur (¡Hola preciosa! Ay, descuida… te comprendo totalmente, yo también trabajo y estudio en la facultad, así que estamos igual jajaja Y obvio, soy tan fangirl como todas las que estamos acá *grito histérico* Y yo no sé cómo haces tú para hacerme sonrojar cada vez que me dejas un comentario, muchas gracias en serio. Bueno, ahora se vienen más detalles y si tienes el tiempo, obvio que lo puedes leer todo de nuevo y quizá descubras más pistas por ahí muajajaja ¡Hermosa semana para ti y nos estamos leyendo, besote!).

EuniceRc (Amor platónico, esa es la palabra. Y me pones en la situación incómoda, muy incómoda jajaja. La Profecía ya viene y bueno, en este cap ya se develó que efectivamente Orion está al tanto de todo y es quien lo está manejando de cierta forma. Esa historia no la he leído, la verdad que desde Diciembre he estado muy a full con todo y no he tenido mucho tiempo libre, pero me la agendo si me la recomiendas. ¡Yo te doy las gracias por el apoyo y tus palabras, nos leemos en los comentarios, besotes! ¡Linda semana!).

Cora (Mi Cora no necesita presentación, ¡hola bella! ¿Entraste a trabajar? ¿Viste cómo son las responsabilidades y nos pasa por ser adultas? ¡Síndrome Peter Pan, ven a todas nosotras lectoras y fangirls! Bueno, cuando quieras acorrálame con preguntas, no hay drama jajaja. Tranqui, este capi calmó las aguas o quizá las dejo peor sobre todo con la última parte *grita* pero ya se van a ir atando cabos. ¡Mil, mil gracias por leerme y que tengas hermosa semana preciosa! ¡Besos y abrazos!).

ItzeelJs (¡Bienvenida cariño! ¡Ay no! Por favor dime que no te dormiste para algo importante por mi culpa jajaja Muchas gracias por tu comentario, realmente me halagas y me fascina que te haya gustado la historia, cada vez que la escribo me gusta y espero que a ustedes también o al menos les cierre la idea. Regulus es uno de mis amores platónicos jajaja ciento que es de esos personajes que merecía más dentro de la historia. ¿Me stalkeaste? Jajajajajaja *sonrojo* Tranqui, tengo mis redes sociales en el perfil, lo que más uso es Facebook en todo caso. Muchas gracias a ti por leerme, el apoyo y comentarios y espero te siga gustando la historia. ¡Te mando mil besos y abrazos y que tengas hermosa semana!).

Bueno chicas, que tengas todas una hermosa semana y nos leemos en el siguiente.

¡Besos!