DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 36
Edward sostenía sobre su cuerpo, el cuerpo desnudo de Bella, mientras sus manos recorrían la espalda estrecha, dejando electrizantes caricias.
Volvía a tener a esa mujer en sus brazos, y esta vez quería creer que realmente era para siempre.
La chica llevaba en su dedo un símbolo de amor y compromiso que, aunque no fuese más que una gruesa hilacha, para él tenía el mismo significado que un diamante de treinta quilates.
Bella quería decir algo, pero se sentía exhausta, después de haber hecho el amor con su hombre, de una forma tierna y salvaje a la vez.
—¿Qué piensas? —susurró Edward sin dejar de acariciarla.
—Tal vez hayas sido demasiado cruel —musitó ella en respuesta.
—¿Cruel? ¿Con quién? ¿Contigo?
—Sabes que no. Con Jessica.
—¿Con Jessica? ¿Jessica, la zorra de mi ex? ¿La que me engañó en mi propia cara con mis propios empleados?
—Fue humillante que explicaras a la mitad del pueblo tus razones para divorciarte.
—Le di tres años, Bella. Estuve tres años ocultándolo y dándole la posibilidad de que se largara y me dejara en paz. Pero no, ella no. Ella no podía simplemente dejarme en paz sino que tenía que atosigarme día sí y día también. Mi paciencia tiene un límite.
—¿Crees que ahora lo hará, que te dejará en paz?
—Dudo que vuelva a salir de su casa, si no es para huir de este maldito pueblo.
—¿Qué sientes por ella? —indagó curiosa
—¿Qué siento por Jessica? —le respondió sorprendido —Absolutamente nada. ¿A qué te refieres?
—Sí, ya sabes. Le odias, le desprecias, sientes rencor… no sé…
Edward se quedó pensativo enredando sus dedos en los cabellos castaños que caían por la espalda de Bella.
—Nada —dijo después de pensárselo —En realidad, nada. Ésa es la verdad. La odié, la desprecié, sentí rencor alguna vez, sentí asco, pero ahora mismo no siento absolutamente nada.
—¿De verdad? —preguntó apoyando su mentón sobre el pecho de él para mirar su rostro.
—De verdad. No le deseo nada. No le deseo que sea infeliz o desgraciada, aunque me da igual si lo es. Pero no permitiré que me haga daño. Ni a mí ni a las personas que quiero. No haré nada contra ella, pero que no me toque las narices porque no voy a permitirle que intente humillarme o herirme más de lo que ya lo ha hecho. Y por Dios, que no se acerque a ti, porque entonces va a conocerme realmente.
Bella sonrió enternecida.
—Soy más fuerte de lo que crees…
—Lo sé —reconoció mirándola con todo el amor que sentía y le desbordaba —Sé que lo eres. Me lo has demostrado cientos de veces en todos estos meses. Sé que eres fuerte, pero no quiero que tengas que serlo, Bella. Quiero que me dejes ser fuerte por ti. Quiero que me permitas apoyarte, ayudarte y sostenerte.
Se aferró a él con fuerzas.
—He pasado tanto tiempo sola, que me resulta difícil apoyarme en alguien.
—Apóyate en mí, Bella. Apóyate en mí. Te prometo que nunca te dejaré caer.
—Lo sé, sé que no lo harás. Tendré que aprender a compartir mi vida.
—Compártela conmigo —suplicó levantando su rostro entre sus manos para mirarla fijamente.
Bella sonrió mirándolo enamorada. Levantó su mano y le enseñó el hilo que aún rodeaba su dedo.
—Estoy atada a ti. Y no pienso permitir que olvides tu compromiso conmigo. Te he hecho mucho daño —se lamentó —Sé que lo he hecho y me siento muy mal por ello. Haré todo lo que esté en mi mano para compensarte y lograr que me perdones.
Edward sonrió con ternura y bajó sus manos a los firmes glúteos de la chica para estrujarlos entre sus dedos.
—Sabes que no tienes que compensarme por nada, ni disculparte por nada. No tengo nada que perdonarte. Nunca podré llegar a comprender la magnitud del daño que has sufrido todos estos años. Pero quiero que de ahora en más nuestras vidas sean más felices. Quiero que tú y yo nos olvidemos de todo el pasado y empecemos de cero desde aquí —propuso antes de girarse sobre la cama para dejarla tumbada sobre el colchón y recostarse sobre ella.
La besó con ternura y deseo hasta hacerla olvidar todas las penas del pasado.
El sol de la mañana se coló entre las pesadas cortinas, pero no fue lo que la despertó.
La mano de Edward dibujando círculos perezosos sobre su vientre más la respiración tibia en el hueco formado entre su cuello y su hombro, lo hicieron.
Llevó su mano a la de él para detener el delicado movimiento.
—Buenos días —susurró adormecida sin abrir los ojos.
—Buenos días —le respondió él abrazado a sus espaldas.
—¿Qué hora es?
—Las siete —respondió echándole un vistazo al reloj que había sobre la mesita de noche.
—¿No deberías levantarte?
—Estoy levantado —respondió con descaro pegando su erección a los firmes glúteos femeninos.
—Eres un pervertido —rió divertida girándose de frente a él —No era a lo que me refería.
—¿A qué te referías?
—A que deberías ir a trabajar.
—Los chicos se encargarán. No creo que nadie me espere tan temprano hoy.
—Entonces ¿por qué me despiertas? —inquirió rodeándole el cuello con sus brazos y pegándose a su cuerpo desnudo.
—Porque dormir está sobrevalorado.
—Es tu culpa tener esta cama tan cómoda.
—Se me ocurren otras utilidades para darle a esta cama tan cómoda, en lugar de dormir.
—¿Ah, sí? —dijo seductora —¿Cuáles, por ejemplo?
—Es bueno que lo preguntes. —respondió sonriente mientras la estrechaba contra su cuerpo —Voy a enseñártelo. —murmuró antes de abocarse sobre su cuerpo.
Hicieron el amor de forma suave y tranquila.
Compartieron la ducha, amándose bajo el tibio chorro de agua, una vez más.
Cuando bajaron a desayunar, ya todos los trabajadores estaban allí.
Compartieron un desayuno relajado y ameno, como hacía días que no tenían en el rancho.
Después de que cada uno se retirara para atender sus respectivas tareas, volvieron a reunirse a la hora de la comida.
Esa tarde Edward había concertado una visita con una de las principales joyerías de Borger, donde pensaba llevar a Bella a elegir juntos su anillo de compromiso.
Bella aún llevaba en su dedo el fino cordel que Edward le había dado y que había tenido que cuidar especialmente de no perder.
Estaban terminando el postre cuando la puerta trasera se abrió con estrépito.
Todos dirigieron la vista a la puerta, pero fue Sue quien se levantó con prisas a recibir al visitante.
Alice se recostaba en el marco de la puerta con el pequeño Peter en brazos, mientras clavaba una mirada fulminante en su hermano.
—¡Alice, cariño! —saludó Sue acercándose a ella, para besar su mejilla y tomar al pequeño niño dormido entre sus brazos —Entra, cielo. ¿Has comido ya?
—Sí, gracias, Sue.
—Siéntate, querida. Hay pie de limón, te serviré un trozo.
—Gracias, Sue. Pero necesito hablar con mi hermano. —explicó con rudeza
—Hola, Alice —la saludó Edward recostado indolente en su silla. Su mano, enredada con la de Bella, descansaba sobre su fuerte muslo oculta bajo la mesa. —Siéntate un momento con nosotros y tómate un café —invitó señalándole una silla frente a él.
—Estoy demasiado cabreada contigo, Edward Anthony —rugió la joven
—¿Conmigo? —inquirió su hermano extrañado —¿Por qué? ¿Qué he hecho ahora?
—Corre por el pueblo un rumor sobre mi hermano del que yo no tengo conocimiento —explicó mirándolo con dureza
—¿Qué rumor? —preguntó aunque sabía con certeza a qué se debía el malestar de su hermana
—Dicen que anunciaste en el Twilight tu compromiso en matrimonio con quien hasta ahora había sido la entrenadora del rancho.
—Eso dicen, ¿eh? —comentó sintiendo a Bella encogerse a su lado.
—Sí. Eso dicen. Desde luego yo no lo he creído porque estoy segura que, de ser así, antes de anunciarlo a voces en el pub del pueblo, tú lo habrías contado a tu familia, ¿o no?
—Lo siento, Alice. No era mi intención decirlo a voces en el Twilight, pero estaba Jessica allí fastidiándome, y realmente colmó mi paciencia.
—¿Me estás diciendo que realmente vais a casaros y no me lo has dicho, Edward? —gruñó su hermana con indignación
—Lo siento, Alice
—¿Y tú, Bella, le has permitido que lo hiciera? —dijo mirando a su futura cuñada
—Lo siento, Alice. Nunca pensé que Edward acabara dando la noticia en el pub a todo el que quisiera escucharla, pero creo que se le fue un poco de las manos —le excusó Bella a su novio —De cualquier forma, sólo fue algo que decidimos ayer, y aún no hemos pensado siquiera en una fecha o nada que se le parezca.
—De todos modos me hubiera gustado saber que estabais juntos, y que por fin mi hermano dejará de ser un ermitaño amargado para ocuparse de ser feliz —sonrió levantándose de su lugar para acercarse a ellos y besarles y abrazarles. —Estoy muy feliz por ti, Edward.
—Gracias, Ali. Sé que lo estás.
—Bienvenida a la familia, Bella —dijo la chica volteándose hacia ella y dedicándole una más que luminosa sonrisa —Te deseo toda la felicidad del mundo y no dudes en avisarnos si este tonto hace cualquier cosa que te disguste.
—Gracias, Alice.
—Y, si no es mucho entrometerme, me encantará ayudarte en la organización de la boda. Y sé que Rose estará también encantada de poder ayudar, así que cuenta con nosotras para lo que sea.
—Gracias, Alice. Todavía tenemos muchas cosas que decidir, pero me vendrá muy bien vuestra ayuda. Ya sabes, —dijo sonrojándose —yo no tengo familia…
—Tonterías —le cortó Sue tajante —Nosotros somos tu familia. —aseguró haciéndola estremecer con placer.
—Desde luego que sí —aseguró Sam —Colin y Brady son algo así como tus primos salidos —agregó arrancando risas de todos los ocupantes de la mesa
—Ya te considero mi hermana, Bella, y estoy segura de que todos los Cullen sentimos lo mismo —le contradijo Alice llenando sus ojos de lágrimas
—Gracias, Alice. Esto es muy importante para mí.
Esa tarde, Edward llevó a Bella a Borger y juntos eligieron un anillo de compromiso exquisito. Una fina banda de oro blanco, coronada por un pequeño diamante rosa, rodeado por diminutos diamantes blancos que reflejaban la luz en todas direcciones.
Esa noche, cuando Bella se metió bajo las mantas, rodeada por los brazos fuertes y bronceados de Edward, no sólo había un nuevo anillo en su dedo, sino que había también un prometido entre sus brazos y una nueva y numerosa familia en su vida.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Adelanto del próximo capítulo:
Bella y Jacob estaban abrazados sonriendo felices a la cámara.
—Llevaba varios años sin verle cuando murió —comentó con tristeza
—No venía mucho por aquí.
—No, no lo hacía —reconoció estirando la mano para coger la pequeña cajita que Bella había tenido en sus manos antes de que él entrara —¿Es el anillo que él te entregó? —preguntó al ver el contenido de la caja
—Sí —musitó
—¿Aún sientes que le estás traicionando?
En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
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Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
