Esas dos semanas habían sido las dos semanas más felices de su vida. No se comparaban con nada. A pesar de todo lo que estaba pasando en su vieja vida, había decido permanecer en su burbuja de felicidad con Maura. No podía deshacerse de sus preocupaciones, pero definitivamente estaba mucho más tranquila. Maura parecía estarlo también; sonreía mucho más y su felicidad era contagiosa.
—Buenos días —saludó la rubia en voz baja, aún adormilada.
Jane sonrió, cerrando los ojos al sentir aquellos brazos rodear su cintura. No la había escuchado bajar las escaleras y tampoco se había percatado de su presencia hasta sentir sus brazos. Jane colocó las dos últimas rebanadas de pan en la tostadora y se apoyó ligeramente en aquel cuerpo que la envolvía en su calor.
—Buenos días, Maur —Se giró lentamente, besándola en los labios.
—Ummm, dulce… ¿Qué es?
—Té.
—¿Té? —frunció el ceño, mirándola divertida— ¿Qué pasó con el café?
—Tengo el estómago un poco sensible —suspiró, volviendo al sofá para sentarse. Afuera estaba nevando y era hipnotizante ver la nieve caer.
—¿Todavía?
—Ujum.
—Podríamos pedirle a James que nos compre algo de medicina. Creo que la comida de ayer no me sentó bien.
—Perdona… sí pensé que me había pasado un poco con el puré de tomate.
—Estuvo igual de delicioso. —Le sonrió desde la cocina y Jane le devolvió la sonrisa antes de hundirse en el sofá, sosteniendo la taza con el líquido. El té no estaba tan malo, en sí, pensaba que podría acostumbrarse a tomarlo de vez en cuando aunque seguía dependiendo del café para poder terminar el día a día.
—Solo lo dices porque estás enamorada.
Maura negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
—¿Quieres una tostada?
—No, puedes comértelas, apenas puedo con el té.
La sonrisa de la doctora flaqueó por un instante, preocupada por Jane. No había estado comiendo mucho y aunque estuviera en forma y delgada, su perdida de peso comenzaba a ser notable. Ella también había perdido peso. Tal vez era el estrés y la ansiedad por la que han pasado esas semanas.
—Ese debe ser James. Voy yo. ¿Dónde está la lista?
—Aquí. —Se dio la vuelta y arrancó la hoja del bloque de sticky notes pegada al refrigerador—. Me siento un poco mal al hacer que vaya a la tienda en estas condiciones.
—El auto no podría salir del garaje con toda la nieve que ha caído, Maur. Es más seguro que vaya él.
—Lo sé… —Suspiró mientras se servía una copa de café.
Jane se levantó y se puso un gorro antes de salir de la casa, cerrando la puerta detrás de ella antes de que el hombre siquiera pudiera asomarse para saludar a la doctora. No estaba tan frío como había imaginado, a pesar de la nieve mojada y pesada que había estado cayendo desde la noche anterior.
El hombre la miró en silencio con una expresión neutral. Esa expresión la sacaba de quicio; no sabía qué estaba pensando.
—¿Tienes la lista?
—¿Tienes algo para escribir?
El hombre asintió y se sacó el guante de invierno antes de meter la mano en el bolsillo de su pantalón, sacando un lapicero.
—Ven conmigo —le dijo y e hizo una seña para que lo siguiera al auto que había dejado encendido—. Pensé que aquí sería mejor para hablar o lo que quieras.
—Por lo menos está frío —dijo mientras sacaba la lista que le había dado Maura y comenzó a escribir algo.
James esperó pacientemente en silencio hasta que la detective le entregó la lista. La leyó y suspiró antes de volver a mirarla.
—¿Estás embarazada? —preguntó directamente.
—¡No! —negó al instante.
—Rizzoli… es la segunda prueba que pides que compre. ¿La doctora está al tanto de esto? ¿Por eso saliste? ¿Para que no viera lo que añadiste?
—Te digo que no estoy embarazada, así que no hay nada de que estar al tanto. No metas a Maura en esto.
—Entonces explícate.
—¿Dio negativo, vale?
—¿Entonces para qué necesitas otro?
—Porque necesito estar completamente segura… no me he estado sintiendo muy bien últimamente y no siento que las vitaminas estén ayudando del todo. Y no, "la doctora" no sabe.
—Si no te sientes bien puedo pedirte una cita. Nadie tiene que saber, incluyendo a la Dra. Isles.
Jane se mordió el labio inferior, pensativa. No le gustaba ocultarle cosas a Maura, pero esto era algo que necesitaba solucionar sola. Necesitaba estar segura. Aquel resultado negativo le había proporcionado una tranquilidad inmensa, pero seguir con los malestares la preocupaban.
—Solo tráeme otra prueba y ya decidiré.
—Está bien, detective.
El hombre suspiró, esperando a que la mujer entrara a la casa antes de dar marcha atrás y dirigirse a la tienda.
Aquella tarde Maura se había quedado dormida sobre sus piernas, con el libro aún abierto sobre su pecho. Los dedos de Jane no habían dejado de acariciar su cabello suavemente; la razón por la cual no se pudo resistir al sueño.
La mirada de Jane estaba enfocada en el cielo gris que comenzaba a oscurecerse rápidamente. Había tenido la mirada perdida por un largo rato, tanto que ni siquiera se había dado cuenta cuando Maura se había quedado dormida. James no había demorado en regresar de la tienda y nada más llegar fue al baño a hacerse la prueba. Otra negativa. Comenzaba a preocuparse. Su periodo seguía como siempre, manchaba de vez en cuando, nada fuera de lo regular para ella. Pero el cansancio estaba presente, también los malestares y algunos mareos. Había dejado de beber y temía que Maura lo comenzara a notar sino es que ya lo había hecho.
—Podría tener la hemoglobina baja —pensó para sí misma, suspirando—. Eso explicaría algunas cosas.
Maura se quejó en su sueño antes de abrir los ojos lentamente, encontrándose con los ojos de Jane que la miraban con una leve sonrisa.
—Me quedé dormida…
—Me di cuenta —rio, doblándose para dejar un suave beso sobre su frente.
—Lo siento. —Comenzó a incorporarse un poco, peinándose el cabello con los dedos.
—¿Por qué te disculpas?
—Estaba hablando contigo y me quedé dormida…
—No me quejo. Necesitabas descansar…no te estoy dejando dormir mucho…
—¡Jane!
La morena rio divertida antes de ponerse de pie, deteniéndose por un instante al sentir un mareo súbito. Esperó varios segundos hasta sentirse segura de poder tomar otro paso y fue hasta la cocina para servirse un vaso de agua. Maura la observó en silencio, estudiando sus movimientos.
—Jane.
—¿Umm?
—¿Te sientes bien?
Jane tragó en seco antes de tomar otro sorbo de agua.
—Solo estoy un poco cansada, Maura. No tienes por qué preocuparte. En serio —aseguró cuando su respuesta fue un ceño arrugado. No quería mentirle. Sí estaba cansada, eso era cierto. No estaba lista aún para decirle el resto de sus preocupaciones.
—Soy una doctora, Jane. Trabajaré en una morgue, pero sigo siendo una doctora. He notado cambios en ti; estás perdiendo peso a pesar de que estás comiendo igual que siempre.
—Ha de ser todo el estrés que tenemos encima. En serio, no es nada. Siempre pasa cuando tengo un caso así. Supongo que es parte del trabajo.
Maura suspiró no muy convencida, pero decidió dejarlo ahí por ahora.
—Prepararé algo para cenar, ¿te apetece algo en específico?
—James trajo las cosas para la lasagna, podría ser eso.
—Perfecto. Menos mal que tengo la receta de mi madre memorizada.
—Me lavo las manos y te ayudo.
—Está bien —dijo y cerró los ojos cuando sintió la puerta del baño cerrarse. No se sentía bien ocultarle sus preocupaciones. En ese momento sentía que era la única opción que tenía ¿para qué preocupar a Maura con algo que ya la está enloqueciendo a ella, preocuparla no serviría de nada. A veces se sentía que estaba entre la espada y la pared…
Frost movía la pierna impacientemente, esperando a que el gerente de la gasolinera le entregara el video de seguridad.
—Está demorando mucho —se quejó Korsak, frotándose las manos y maldiciendo por tercera vez el que se le haya olvidado los guantes.
—Ahí viene.
—Perdonen la demora detectives, tengo un muchacho nuevo y tenía unas preguntas.
—No se preocupe, gracias por la ayuda.
—Cualquier cosa por ayudarles, detectives.
Los dos detectives regresaron a su auto y Frost no demoró un segundo en abrir la portátil y meter el disco.
—Es él…
—Entonces sabe que estamos al tanto. No habría otra explicación para que estuviera huyendo.
—Eso o sabe que sangró y que tenemos su ADN.
—También. Es lo más probable.
—Pondremos una orden de detención. Tenemos que notificar al estado de Connecticut y Nueva York. Según el video siguió la 95.
—La 95 recorre toda la costa este. ¿Tiene algún familiar fuera del estado?
—No. Nada en su archivo. Revisaré por familiares del lado de la esposa. ¿No crees que su destino sea Nueva York, cierto?
—Jane y Maura están seguras. No hay forma de que sepa dónde están, solo siete personas saben de su paradero.
—¿Deberíamos advertir a Jane? —Cerró la portátil a la vez que Korsak ponía el auto en marcha.
—Mejor no. No podrá hacer nada y solo se preocupará por gusto. Esto lo solucionaremos nosotros.
El joven detective asintió, también pensaba que sería lo mejor.
Jane cayó al lado del cuerpo de Maura, exhausta y con la respiración jadeante.
—Joder, no pensé que podrías hacer eso en esa posición.
Maura se relamió los labios, aun degustando el sabor de la morena.
—Tienes una resistencia impresionante.
—¿En serio? Porque me acabas de matar. ¿Es el yoga, verdad?
Maura soltó una carcajada y Jane se puso de lado, apoyando la cabeza sobre su mano, mirando a la mujer reírse. Era increíblemente hermosa con ese brillo en los ojos, aquel rubor en sus mejillas y que permanecía en su cuerpo minutos después del sexo.
—El yoga ayuda, sí.
—Me olvido que corriste desde tu apartamento hasta el mío. Pensé que era una locura.
—Mmm, como te dije aquel día "Tenía muchas ganas de verte".
—Lo recuerdo —susurró con un tono suave que hizo que la mirara—. Tendré que correr más contigo. —Sintió la mano acariciar su mejilla hasta el cuello, atrayéndola a aquellos labios que la enloquecían y la dejaban con ganas de más.
—¿Y eso? —susurró la morena con los ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior.
—Te besaría todo el día si pudiera.
—No te estoy deteniendo.
—¿Crees que podrás seguirme el ritmo? —preguntó, divertida, cubriendo el cuerpo moreno con el suyo, tomando las manos de Jane, sosteniéndolas por encima de su cabeza.
—Sí, tómame —susurró, intentando atrapar los labios rosados que la habían estado provocando durante todo ese tiempo. Maura no pudo contenerse un segundo más al escuchar aquellas palabras. Jane se entregaba a ella por completo y eso la excitaba más de lo que nunca pudo haber imaginado.
Jane terminó de colocarse la bufanda alrededor del cuello, seguido por las botas. Se estaba apresurando lo más que podía porque James estaba esperando por ella, aunque Maura lo estaba entreteniendo ofreciéndole algo de comer en la cocina.
—Esté me gusta más. Guau —tomó otro sorbo del té, sorprendido.
Maura sonrió complacida; era la primera vez que veía tanta expresión en el rostro del hombre.
—Te puedo dar unas bolsas si deseas.
—Estaría muy agradecido.
Jane sonrió desde el sofá, terminando de atarse las botas de nieve. Para tener dificultades relacionándose socialmente, según Maura, se le daba muy bien con él. Comparado con ella, James era mucho más amable con la doctora.
—Estoy lista —avisó y James la miró con la misma expresión inexpresiva de siempre. Jane arrugó el ceño, preguntándose si era algo personal que tenía con ella o si simplemente no le agradaba.
—Gracias por el té, Maura.
—Puedes llevártelo. Jane puede traer la taza de vuelta cuando regresen.
—Está bien.
Jane se acercó a ellos.
—¿Estás segura que no quieres que te compre algo?
—Solo no olvides las otras vitaminas —advirtió y antes de que Jane pudiera reaccionar, la besó en los labios dejándola paralizada por unos segundos.
—Umm… Claro… no lo olvidaré —rio nerviosa y se dio media vuelta con las mejillas sonrojadas, siguiendo a James.
No era la primera vez que se besaban en publico, pero sí la primera enfrente de James.
El camino a la tienda era corto, pero ese no era su destino ese día. Los primeros minutos fue en total silencio. Jane no sabía qué le podría decir a James para entablar una conversación. Quería preguntarle cosas sobre el caso, pero sabía que no obtendría ninguna información de él. Así que se mantuvo en silencio hasta que el hombre habló.
—Así que tú y la doc…
—Sí…
—Creo que gané una apuesta.
—Muy maduro —protestó, consciente de que ella habría hecho lo mismo en su posición.
—No fue idea mía, pero se me da muy bien leer a las personas.
—Es algo nuevo…
El hombre asintió en silencio y no volvió a hablar hasta minutos después.
—¿Ella sabe?
El silencio fue su respuesta.
—Aprendí a las malas que la honestidad es lo mejor que una relación puede tener…
—¿Acaso engañaste a tu esposa? —preguntó, notando el anillo en su mano.
—Ex. Creo que aún no lo he procesado. —La miró por un instante antes de volver a mirar hacia la calle—. Quitármelo sería como aceptar la realidad. No estoy listo para eso. Y no, no la engañé. Fue el trabajo… las largas noches, las horas interminables. Eres detective, has de saber de qué hablo.
—Sí… —Imaginaba que conocía a Dean y su historia. Dean había necesitado poner a muchas personas en el programa de protección, la mayoría criminales, pero estaba segura que conocía a muchos de los Marshalls en Washington. Era muy probable que James conociera o supiera quién era Dean.
—Es un trabajo difícil el que hacemos… —dijo en voz baja como si estuviera hablando consigo mismo. Jane asintió en silencio.
Solo podía hablar con James. No podía llamar a su madre o hermanos para preguntarles qué hacer en esta situación. Estaba perdida.
—Los dos dieron negativos —dijo, dejando que aquellas palabras flotaran en el aire.
—Y aún así vamos camino a una clínica y no le has dicho nada a la doctora.
—Maura.
—Maura —repitió—. ¿Crees que no lo aceptaría? Después de verlas hoy entiendo un poco más tu decisión.
Los ojos oscuros de Jane brillaron con las lágrimas que comenzaban a acumularse. Eso era uno de los primeros cambios que había notado; estaba muy sensible. Lo ha estado antes cuando se ha estresado mucho, pero ha estado teniendo los días más felices de su vida junto a Maura pero sus emociones estaban volviéndose locas. Un minuto estaba en las nubes y al otro no podía controlar sus lágrimas.
—Creo que yo no me aceptaría… —fue honesta consigo mismo, tragando en seco, limpiándose las lágrimas.
James la miró de reojo.
El auto se detuvo en seco y el hombre aclaró la garganta, anunciando la llegada. Jane se limpió las lágrimas otra vez y se bajó, siguiéndolo hacia la entrada.
La doctora fue amable con ella y era muy clara con sus explicaciones. Habían hecho una prueba de embarazo que dio negativo, otra vez.
—Haremos un scan. Muchas veces hay mujeres embarazadas que no se dan cuenta. Siguen teniendo sus periodos normalmente y otras pueden manchar durante el embarazo, pero lo descartan como un periodo irregular. Hay mujeres que no saben que están embarazada hasta que están en parto.
—¿Por qué daría negativo entonces?
—Podrías estar teniendo un desequilibrio hormonal. Me dijiste que has tenido menstruaciones irregulares. Tus niveles de la hormona hCG podrían estar lo suficientemente bajos para que la prueba de sangre y orina den negativos.
—¿El scan sería definitivo entonces?
—Así es. La enfermera te llevará a hacerte las pruebas.
—Gracias, Doctora —agradeció intentando procesar toda la información que había recibido. No tenía nada claro y solo seguía las instrucciones que le daban la doctora y las enfermeras. El proceso fue rápido en sí, pero tendría que esperar unos días para los resultados. Apenas había podido esperar dos minutos sin desesperarse para la prueba casera, ¿cómo iba a esperar días?
Jane permaneció mirando el océano durante todo el camino de regreso. La costa estaba congelada y no podía dejar de mirarla. James había permanecido en silencio desde que ella había salió de la clínica con una expresión seria.
—¿No te caigo bien, verdad? —dijo, tomando por sorpresa al hombre.
—¿Por qué preguntas eso?
—Un presentimiento.
—Después de hacer este trabajo por varios años, aprendes que es mejor mantener la distancia. No es nada personal. Sé que no tienes con quién hablar, eso siempre es difícil. Puedo escucharte si así lo deseas. Si no quieres que diga nada, pues también puedo hacer eso. Sé cómo es el estar en este programa.
—Le diré la verdad sobre hoy. Lo que hicimos en realidad —dijo sin dejar de mirar hacia afuera del auto.
El hombre asintió en silencio.
—Se lo merece —dijo en voz baja, instantes después— ¿Tienes hijos, James?
—Un niño. Cumplirá seis años. Al principio fue difícil… no podía verlo mucho, aún no lo veo mucho. Es mayor y entiende un poco mejor… aunque el divorcio fue muy fuerte para él.
—Mi ex siempre quiso tener hijos. A pesar de que estaría en tu situación.
—¿Y tú?
—No era una de mis prioridades por mi línea de trabajo. —Recordó las palabras que un día dijo en voz alta durante una sesión con Patricia—. Creo que era más que eso.
—Talvez no estabas con la persona indicada. —Se sacudió de los hombros y Jane lo miró de reojo.
—¿A qué te refieres?
—En el fondo sabías que él no estaría presente, no mucho por lo menos. No como te hubiera gustado. Ey, mi ex-esposa me ha dicho en la cara que no he sido un buen padre por esa misma razón. Yo mismo me reprocho el no poder ser el padre que me gustaría ser. Además de eso, nosotros vemos lo peor de este mundo cada día, ¿Quién quiere traer un niño al mundo cuando vemos lo peor de él?
Jane lo sorprendió con una risa ahogada que terminó en lágrimas.
—Perdona… dije que no hablaría y digo eso…
—No te preocupes… son las malditas hormonas —rio, limpiándose las lágrimas—. Creo que ni mi propia madre me ha visto llorar tanto como tú.
James sonrió levemente, reduciendo la velocidad para aparcar enfrente de la casa.
—¿Necesitas un momento antes de entrar?
—No. Gracias. Tengo que esperar por los resultados del scan… Estoy un poco más tranquila después de haber hablado con la doctora…y gracias por tus palabras, James. —Se bajó del auto, agarrando las bolsas de compras y agradeció al hombre con una sonrisa antes de entrar en la casa.
Cuando entró en la casa, las luces estaban a media con excepción de la luz al lado del sofá que Maura usaba para leer, y el televisor estaba encendido de fondo. Dejó las bolsas de las compras sobre la isla en la cocina y se quitó la chaqueta seguido por los guantes, gorro y bufanda.
Maura había levantado la mirada del libro que cerró sobre su pecho.
—Bienvenida de regreso. —Aceptó el beso y esperó a que se sentara a su lado. Jane se dejó caer en el sofá, apoyando la cabeza sobre su hombro, sonriendo al sentir un cálido brazo rodearla.
—Estás fría.
—Ya se me está pasando —susurró, disfrutando del calor del cuerpo a su lado.
Maura podía esperar, ella podía esperar un poco más para decirle… quería tener los resultados primero…
A/N: Gracias a todos por los reviews :) feels good to be back!. Estoy trabajando en editar/re-escribir otros trabajos (también caps del SwanQueen se vienen en estos días :)
Como siempre, cualquier cosa me pueden encontrar por Twitter TMisles
