Hola queridos ratones de campo :D
No tengo mucho tiempo, así que lamento hacer una introducción tan rápida :(
Debido a la escuela, las tareas y todo eso, me temo que tendré que dejar de actualizar tan seguido como antes, que era cada dos semanas. Apenas y me da tiempo de escribir, así que actualizaré ahora aproximadamente cada mes o mes y medio. Lamento que tenga que ser así, pero la verdad es que casi no tengo tiempo :/
Una disculpa, y espero no se molesten :(
Por cierto, pronto subiré igual capitulo en el otro fic, mas tardar este fin de semana o principios de la próxima semana. Así que no desesperen :D
Los quiero muchísimo. Gracias por sus magnificos reviews y sus buenos deseos :3
Por cierto, esta vez hubo algunas peticiones por PM;
Alguien me pidió permiso para publicar este fic en un foro. No recuerdo quien :( lo siento. La verdad es que yo no tengo problema con esto, siempre y cuando pongan el autor, y el link del fic original, para que no haya problemas y si pueden, pásenme a mi el link del foro donde publicaron para que yo sepa y no me lo encuentre un día y entre en crisis D: jajaja.
La segunda petición –tampoco recuerdo quien fue :( -es si podía hacer un one-shot en esta página usando al personaje de Elisse. Tampoco tengo problemas con eso, solo pongan disclaimer, a quien pertenece el o los OC que usaran. De preferencia solo aquí en fanfiction por favor :)
Sin mas que decir, al fic!
o.o.o
Capitulo XXXVI: Ese mayordomo, recordando
La curiosidad es una eficaz asesina…
o.o.o
No sé cómo diablos le hice. No me pregunten, porque no hay una respuesta para eso. Lo desconozco. Lo que sí sé, es que en el segundo en el que escuché la puerta ceder, aquel primer sonido de pisada, creo un eco en mi cerebro, creando un efecto dominó masivo en mis impulsos. Fue como si ya supiera lo que tenía que hacer, como si yo fuera una pila de dinamita y alguien hubiese encendido la mecha.
Guardé el libro en la mochila, y luego tomé los demás, con ambas manos, achocándolos en el especio apretado y corrí el cierre tan rápido que creo que se desgarró. En ese momento, no me importaba en lo absoluto. Mis rodillas se estiraron como si hubieran tenido resortes, brincando hacía el casillero, y lo cerré, rápida y silenciosamente, puse llave y con el mismo impulso, tomé a Sylvette de la muñeca, haciéndola ponerse de pie inmediatamente. Ella estaba paralizada, tan sorprendida que, mientras yo hacía todo eso, ella no pudo ni moverse. Los ruidos de las pisadas venían por la derecha, así que corrí hacía la izquierda, pensando que podríamos rodear el casillero y no nos verían al salir. Pero la idiota chica pareció jalarme con la fuerza de un toro, y en vez de correr hacía donde yo le indicaba, corrió hacía la parte trasera del segundo casillero, alejándose de la puerta, de nuestra única forma de salir. Mientras ella seguía jalándome, yo alcancé a ver, por la orilla del casillero, la silueta pálida de Sarin, de pie entre los dos casilleros, mirando la mochila de Mark, con desinterés.
¡Maldición, pudimos haber salido sin problemas!
Me giré hacía Sylvette, mientras nos movíamos en silencio, escurriéndonos como ratones, y entonces vi porque la chica había podido jalarme con tanta fuerza –la enana esa era mucho más bajita que yo, debía pesar unos cincuenta kilos o un poco más-. No era ella quien tiraba de mi brazo, es más, ella solo estaba sosteniéndome, porque quien era jalada por alguien más, era ella.
En cuanto fijé mis ojos en Brad, este me hizo un gesto, poniendo el dedo sobre su boca, pidiéndome que me quedase callada, al tiempo que Sylvette me observaba, mirando por encima de su hombro, como si no pudiese entender que era lo que sucedía. Algo en su mirada me hacía entender que comenzaba a razonar que todo esto no era para saber si Mark era un buen chico.
Aunque me sentía furiosa con el pecoso chico rubio, no me quedó más remedio que seguirle, totalmente callada. Pensé que nos estaba llevando a la boca del lobo, hacía la parte trasera de los vestidores. Pero lejos de eso, nos metió por una pequeña puertecilla, camuflajeada por los colores de las paredes azules. Parecía ser que él tenía la llave también, porque quito el seguro, y nos hizo pasar hacía dentro.
Ninguna de las dos dijo nada; Sylvette creo que estaba muy nerviosa, y yo porque pensaba en las cosas que sabría ahora con esa información. A nuestro alrededor se alzaban una enorme cantidad de tuberías, de diversos tamaños y grosores, y seguían la dirección alargada de aquella sala. Supuse que era el cuarto de calderas, no solo por las tuberías, sino porque estaba terriblemente oscuro, únicamente iluminado por una escasa luz roja, que parecía venir de abajo, colándose por entre el piso de rejas. Sentía como la caliente humedad del aire se me adhería al rostro y tuve que arremangarme las mangas de la camisa para no sofocarme.
-Síganme –Brad pasó en medio de nosotras, una vez que hubo cerrado la puerta. Me adelanté un poco, y estuve a punto de tocar el hombro cuando se volvió hacía mí, con el ceño fruncido y hablando entre dientes-, ¡Y no hablen!
Apreté las manos hasta convertirlas en puños. El rechazo lo sentí como una patada al hígado, y tuve realmente deseos de golpear y hacerle un escándalo allí. Pero no era lo correcto. Nuevamente, Brad había corrido un riesgo para sacarme de un apuro… ¡demonios! Lo más que podía hacer, era quedarme calladita y hacerle caso al pie de la letra.
Y eso fue lo que hice el resto de la caminata.
Brad parecía conocer a la perfección aquel cuarto de calderas. Se movía fluidamente en el medio de la oscuridad, mientras yo iba tropezándome con todo lo que se me cruzaba en el camino. Al final de larguísimo pasillo, había una escalera, y desde abajo podía verse una pequeña escotilla dando hacía el techo. Brad subió, trepando como una araña, solo para quitarle el candado a la puertecilla, y luego bajó rápidamente para dejarnos subir. Sylvette tomó la delantera, subiendo tan lenta como un caracol en un muro cubierto de jabón resbaladizo. Finalmente fue mi turno, y alcancé el techo sin problemas, aunque debo admitir que me invadió la sensación de vértigo cuando miraba hacia abajo.
Arriba era nada más y nada menos que la azotea del estadio. Más bien, la azotea de los camerinos y las saunas. Tal vez por eso había gran cantidad de calderas allí abajo. Como fuera, allí arriba no había más que algunas hojas secas, un poco de polvo, y un cuarto de tamaño mediano, de cemento, con una puerta de aluminio que impedía el paso.
-Vaya, que linda vista… -musitó Sylvette, pasando a mi lado, observando a nuestro alrededor. Me sorprendía lo rápido que se le pasó el susto a esa mocosa, aunque tengo que admitir que tenía mucha razón.
Desde allí, se alcanzaba a ver, a lo lejos, las luces de la ciudad, brillando y resplandeciendo como estrellas incandescentes en el horizonte, iluminando, creando una aurora rojiza y ambarina sobre las miles de estructuras que rodeaban a Londres, y arriba, alejada de la tierra, como ángeles plateados, algunos astros rodeando unas cuantas nubes azuladas, rodeando el centro donde se alcazaba a distinguir, apenas, el contorno de la luna nueva. Creo que nunca antes había visto Londres a través de otros ojos. Para mí, era lo más normal del mundo, no tenía nada especial en realidad. Pero Sylvette, al observarla a ella, tan deleitada por la belleza de la ciudad nocturna, me hacía querer apreciar la belleza de mi tierra natal. Ella estaba embelesada, tan sorprendida y cautivada, que me impresionaba. No piensen mal, aun la consideraba una chiquilla odiosa y molesta, demasiado frágil para mi gusto en cuanto amigas. Esto fue solo un momento de debilidad…
Debido a que, por un instante… me recordó a Michelle…
Ambas tenían la misma capacidad de asombro, aun cuando mi amiga era dura y un tanto estricta –rasgos que, ahora que lo pienso, he adoptado para mí misma… supongo que como una forma de no dejarla ir-, cuando algo le gustaba o le impresionaba, no dudaba en mostrarlo a los demás. No dudaba en abrir mucho sus ojos azules y dejar que la gente viera como estos se llenaban de asombro y sorpresa. Ta vez esa era una de las razones por las que me gustaba tanto estar con ella. Yo siempre fui muy dada a ser indiferente a muchas cosas, no me fijaba en los pequeños detalles, ni nada por el estilo. No podría decir si un par de zapatos de la protagonista de una película eran bonitos, o si me agradaba tal color de cabello, o lo graciosa que lucía una ardilla comiendo un trozo de nuez. Recuerdo mucho una vez, hace ya algún tiempo, estábamos en una feria que viene cada año, y nos paseábamos por los puestos de baratijas, viendo a ver que comprábamos para nosotras, una vendedora nos preguntó si éramos gemelas. Yo decía que no, mientras Michelle me observaba a mí, y hacía un esfuerzo por recordar su propio rostro, y me decía que si, que éramos muy parecidas, que podríamos ser hermanas. Recuerdo que me dio mucha gracia su reacción; hacía mucho tiempo atrás, antes, yo ya me había dado cuenta de aquel detalle, es solo que nunca se lo dije. Lo pasé por alto. Pero ella estaba terriblemente sorprendida, y se reía cada vez que lo recordaba y lo contó a todos nuestros amigos, aunque nadie se sintió tan sorprendido como ella. Todos lo notaban. Además, éramos ya, aun en caso de que no fuéramos tan parecidas, como hermanas.
Tal vez, por eso, aun dolía cuando la recordaba. Aunque sentía que se me encogía el corazón. Ya había pasado casi un año de su muerte, y a veces daba la impresión de que hacía solo un par de días había estado charlando con ella.
Comenzaba a sentir que jamás podría superar por completo esa pérdida.
-Vengan conmigo –Brad pasó a mi lado, rozándome el hombro. Aquel contacto bastó para sacarme del hoyo negro y deprimente en el que me estaban sumiendo mis pensamientos. Sacudí la cabeza, caminando con él, aun sin decir una sola palabra.
El rubio se acercó al cuarto, y abrió la puerta rápidamente, haciéndonos un gesto para que pasáramos, y luego cerró, no sin antes mirar a ambos lados y comprobar que no había nadie a nuestro alrededor.
-Vaya, ¿Cómo tienes todas esas llaves? –preguntó la pelirroja, mirando los dos generadores, rodeados por rejas con candados, que estaban colocados en los extremos más lejanos del cuarto. Había un espacio donde no había nada más que unos bloques y un par de cajas de herramientas.
-Uno de los conserjes es un buen amigo mío –comentó, caminando hacia el centro, sentándose en el suelo, y ambos lo imitamos. No me había fijado que tenía puesta la camisa azul oficial de los participantes de Saint Bassil y unos pants negros-. Le pedí las llaves para un favor y me las dio. Obviamente no le dije que iba a sacar de apuros a un par de chicas tercas.
Bueno, esa frase fue directamente para mí. Suspiré, mordiéndome la lengua para no insultarlo, y él continuó hablando.
-¿Qué estaban buscando? Podrían haberse metido en serios problemas, si los hubiera visto Sarin, o Hiroki –comentó, encogiéndose de hombros, exasperado como una madre que regaña a su hijo que comete una imprudencia-. Es por Mark, ¿cierto?
-Sí, es por Mark –espeté, sentándome de mala gana, frunciendo el ceño y la boca-, ¿Por qué quieres saber? De cualquier modo, yo te pedí ayuda y te negaste. No quisiste hablar, ¿Por qué ahora te molesta que buscara por mis medios?
-¡No me molesta que busques! Si lo que piensas es que estoy celoso estas muy equivocada –respondió, sacudiendo las manos por la impotencia, y abrió tanto los ojos que podía ver las venas oculares-. ¡Lo que me molesta es que arrastres a esta pobre chica a la perdición, sin saber claramente los terrenos que estas pisando! ¡Eso sin mencionar la—!
-¡Wow, espera! –exclamé, sacudiendo los brazos, haciéndolo callarse. Brad, súbitamente, palideció, mirando a los lados, como si se diera cuenta de que acababa de cometer un error fatal-. ¿"Los terrenos que estoy pisando"? ¿A qué te refieres con eso?
Ladeó la cabeza, se rascó la nuca, y maldijo entre dientes. Algo en esa frase no me quedaba claro y él sabía que lo había cazado al vuelo. Era más que obvio.
-Tú sabes algo que no estás diciendo, ¿verdad? –Sylvette me miró, un tanto perturbada, y Brad me miró, pidiendo que no siguiera indagando en sus palabras. Dejé caer los brazos sobre mis rodillas, derrotada, pensando en mi siguiente movimiento. Creo que, a este punto, había quedado claro que sería imposible sacarle una palabra a ese chico, a menos que yo hiciera lo mismo. Así que no me quedaba otra opción-. ¿Recuerdas lo que me dijiste de Claude? –sus ojos azules me miraron de reojo, y vi que Sylvette parecía tener la intención de preguntar de que estábamos hablando-. Creo que ese chico tiene que ver con eso, aunque no estoy segura. Eso es lo que estoy investigando.
Esperé a que dijera algo, pero no lo hizo. Lucía indeciso, incapaz de tomar una decisión, así que continué.
-Si no te dije esto, fue porque no deseaba hundirte más en esos asuntos. Creo que ya corres suficientes peligros –comenté. Ahora era yo quien no estaba segura de si eso era mentira o verdad-. Y si confío en ti, y quisiera que me ayudases. Pero si no vas a hacerlo, entonces, déjame que corra los peligros necesarios, para averiguarlo.
Él pareció dudar por un momento, moviendo frenéticamente el pie derecho. Observó la puerta, como si esta pudiese darle una respuesta y, finalmente, clavó sus ojos en Sylvette, quien se sonrojo profundamente. Fue un largo momento de silencio, pero finalmente, fue él mismo quien decidió romperlo.
-¿Qué hay de esta chica? –preguntó, señalándola con el pulgar.
-No te preocupes –me apresuré a decir, sintiéndome un tanto triunfal, aunque no dejé que eso se colase por mi expresión-; sabe de esas cosas.
Brad se frotó el rostro con las manos, demostrando un intenso y profundo fastidio e impotencia. Al final, nos miró a ambas, y se puso de pie, caminando alrededor de la habitación.
-Por Dios, mujer, vas a matarme –refunfuñó, y ahora si, no pude evitar sonreir ligeramente por el triunfo adquirido. Brad me miró de repente, y enseguida compuse mi cara, de modo que no pareciera que me agradaba lo que sucedía-. Deben jurar que esto nunca saldrá de esta habitación, ¿de acuerdo?
Asentí rápidamente, y ninguno de los dos esperó a que Sylvette dijese algo. Creo que a ninguno de los dos nos importaba. Como fuera, Brad se quedó callado un momento, pensando cómo debía comenzar a narrarlo.
-Mark no es la persona buena y amable que todos conocen –empezó a decir, con una voz tan profunda que sonaba tenebrosa. Sylvette me miró, casi temblando-. En realidad, empezó a ser campeón hace cinco años, pero su reputación casi cae al caño hace cerca de un año… algo así…
-Yo sabía que tuvo un cambio súbito hace unos dos años…
-No… Bueno, en realidad, si… -corrigió Brad, pensando-. Pero ya llegaré a eso. Déjame contarte las cosas en orden. Mark siempre fue tranquilo… aunque nunca fue exactamente un chico amable. Solía ser muy déspota y orgulloso, aunque nunca fue grosero con nadie, o al menos yo nunca lo supe. Se limitaba a ser sarcástico, sin embargo, a veces decía cosas que sorprendían a los demás. Como fuera, el cambio más notable que tuvo fue… mmm cerca de dos años atrás, en un viaje al que nos invitaron al finalizar las competencias, a todos los participantes de los juegos.
"Fue en ese viaje, en el autobús, donde conocí a los titanes, por no mencionar a chicos de otras escuelas. Eran agradables, bastante, aunque también eran un tanto excéntricos, pero nada fuera de lo común. Para mí era normal, después de todo, eran unos verdaderos campeones. En aquel entonces, Sarin acababa de reemplazar al campeón de artes marciales, y enseguida se ganó el respeto de la escuela, sobre todo el de las chicas.
De cualquier modo, ellos eran inseparables. Aunque convivían con los demás, era por cortos periodos de tiempos, y si uno de ellos decidía ir al bufet, todos los acompañaban. Planeaban sus actividades en grupo y siempre lo hacían tratando de que nadie más estuviera cerca. Todos ya estábamos acostumbrados a eso, así que nadie trataba de interferir con ellos. Y si tratabas, bueno, terminarían diciendo que si te aceptaban y al final te dejarían plantado.
Una mañana, un amigo y yo, Dane, escuchamos que los titanes se irían a la playa. Obviamente nos llamó la atención, es decir, en aquel entonces éramos solo un par de chicos queriendo espiar a quienes considerábamos casi inalcanzables, como Khimaira. Así que planeamos una estrategia para que no nos descubrieran, y los seguimos hasta que llegaron a una zona de la playa rodeada por rocas, donde nadie podía verlos. Se metieron al agua, y Dane y yo, aunque estábamos emocionados, ya comenzábamos a aburrirnos.
Eran casi las diez de la mañana, cuando las cosas cambiaron repentinamente. Dane y yo estábamos a punto de quedarnos dormidos, cuando escuchamos un escándalo horrendo en la playa. Inmediatamente nos despertamos, y la primera impresión que tuve del ruido fue el de un cerdo en el matadero. Yo los había visto en la granja de uno de mis tíos, en Francia. Pero ese sonido era horrible, imposible de sacar de tus oídos sin que te pusiera los cabellos de puntas. Entonces ambos nos dimos cuenta de que no era un animal; eran gritos humanos.
Me puse de pie, seguido por Dane, y buscamos con los ojos a los titanes en la playa, pero estaban cerca de uno de los riscos, mar adentro, y Khimaira, Diana y Wynona estaban consternadas, de pie en la arena. Sarin y Hiroki luchaban mar adentro en el agua, y Mark gritaba y se retorcía en medio de ellos, y toda el agua a su alrededor estaba teñida de un grotesco color rojo..."
-Un tiburón… -comenté, casi sin aliento. Yo no tenía conocimiento de ese suceso, y no es que sintiera mucha simpatía hacía Mark, pero los tiburones me aterraban… les tenía fobia.
-Sí, un enorme tiburón lo había mordido mientras nadaba… -admitió el rubio, mirándome de lado, golpeando el interruptor de la luz con el puño, muy suavemente, y el cuarto quedó lleno de una tenue luz blanca-. Fue la primera vez que presencie uno… Le dije a Dane, quien estaba paralizado, que fuera a pedir ayuda, mientras yo salía corriendo hacía ellos. No sabía si alguno de los titanes sabía primeros auxilios, pero yo sí. Cuando llegué a la orilla, ya habían logrado ahuyentar al tiburón, pero estaban en shock, y las chicas no dejaban de gritar… -Brad parecía recordar cada segundo de aquello, no como si lo hubiera traumatizado el suceso, sino como una experiencia abrumadora-. Fue algo impresionante, porque, aunque nunca antes había visto esa cantidad tan… masiva de sangre… no me hizo entrar en pánico. Creo que una parte de mí, estaba demasiado concentrada en salvarle la vida como para preocuparme por la sangre. Al principio, me sentí mareado, pero solo eso, aunque no era para menos; allí donde antes había estado el brazo derecho de Mark, había solo un pequeño muñón a la altura del hombro, y el resto del brazo colgaba de un delgadísimo trozo de piel, hecho pedazos, tan destruido que solo parecía una masa de carne molida…
Di un respingo, y Sylvette me apretó la mano con sus dedos delgados. Las dudas se amontonaron en mi cabeza… ¿entonces… si tenía el brazo completamente destrozado…?
Pero Brad no esperó mi pregunta. Quizás ya sabía que yo iba a hacerla, y tenía una explicación al final de la historia. Así que solo me quedé callada, y el siguió.
-Como pude, luchando contra mi mareo, le hice un torniquete y le apliqué primeros auxilios, tratando de parar la hemorragia. Pero Mark no dejaba de gritar, más que de dolor, gemía y lloraba por su brazo perdido. Creo que todos sabíamos que eso significaba el fin de su carrera como esgrimista. Yo solo rogaba que Dane hubiera hecho lo que le pedí y no se hubiera desmayado en el camino.
"Sin embargo, la ambulancia llegó, y aunque Mark llegó inconsciente al hospital, lograron reanimarlo, aunque inmediatamente entró a cirugía y me quedé con los titanes afuera, en la sala de emergencias, esperando un resultado. Todos estábamos tan impactados que no pudieron hacer hablar a ninguno sobre de donde éramos. Creo que en parte, nos moríamos de miedo. Aun así, pese a todo, cinco horas más tarde, salió un medico a avisarnos de Mark. Había salido bien, y ya podríamos verlo en postoperatorios. Desgraciadamente, para su brazo, fue demasiado tarde. Lo perdió por completo, y quedaría con un muñón por el resto de su vida. Todo eso pasó en menos de seis horas, y la escuela aun no lo sabía.
Luego de que supiéramos que Mark estaba bien, todos nos calmamos, y finalmente pudimos entregar nuestros datos. Esa noche avisaron a los directores de la escuela, y los primeros que llegaron fueron Angelina y Earl, director de Saint Joseph. Insistieron en ver a Mark, aun cuando ya estaban fuera del horario de visitas. Costó mucho convencer a las enfermeras, pero lo lograron.
Sin embargo, como si todo el desastre de la tarde no hubiera sido suficiente, enseguida regresaron ambos directores, histéricos, diciendo que Mark no estaba en la habitación que les habían dicho. Se armó un caos en el hospital: Slender había desaparecido. No estaba en ningún sitio. Pusieron el hospital de cabeza, y aun así no había ni rastro del chico. Se organizó una búsqueda en la policía y los directores movilizaron a todos los concursantes para que ayudasen. Era una ciudad costera, no había muchos sitios donde pudiera meterse.
Pero no pudieron dar con él. Fue todo un caos, y nadie estaba tranquilo. Estuvimos en vela toda la noche, toda la mañana, toda la tarde…
Entonces, esa noche, cuando cayó la oscuridad, y ya casi habíamos perdido la esperanza, un hombre pálido y blanco, llegó con Mark en brazos…"
-Marius Gelan… -susurré, casi temblando. Miré a Brad, interrogante y él me devolvió la mirada, con el mismo nivel de incredulidad.
-Sí, es su guardaespaldas actualmente –contestó, fríamente-. Al parecer, encontró a Mark perdido y solo en la bahía, allí donde había sido el ataque. Era demasiado sospechoso, aunque aun así, en ese momento, nadie dudó de sus palabras. Todos estábamos temerosos por Mark. Los titanes llegaron minutos después; todos ellos habían salido a ayudar con la búsqueda, y parecían terriblemente exhaustos cuando aparecieron. Yo no vi a Mark hasta el día siguiente. Aquel sujeto lo llevó envuelto en una manta, alegando que estaba hirviendo de fiebre y que no respiraba cuando llegó.
"Pasó el resto de la noche en observación, y aunque se estabilizó en la madrugada, nadie estuvo tranquilo hasta que, al amanecer, él seguía con vida. Los médicos nos dijeron que estaba muy bien, que pronto le darían de alta. Eso me sorprendió un poco, sobre todo porque había tenido cirugías, incluso se lo comenté a Dane, quien dijo que quizás ya no necesitaba más tiempo en cama.
Fuera como fuera, yo quería hablar con él. Luego de que estuve ayudándole en un momento decisivo, sentía deseos de platicar y convivir un poco con él. No era fácil perder un brazo, sobre todo cuando es algo indispensable para practicar el deporte que amas. Yo no imagino aun como sería mi vida si no pudiera jugar futbol de nuevo…
Pero, cuando entre a esa habitación… Yo… realmente me… me sentí como un loco..."
-¿Por qué? –quise saber, y nuevamente Brad me dedicó esa mirada de antes, de aquella noche. Sus ojos rogaban por confianza, por entendimiento, como si gritase desesperadamente que no estaba loco…
Dios… Brad tenía una pésima suerte…
-Tenía ambos brazos… -soltó finalmente, y Sylvette dio un respingo, confundida, asustada. Vi que tenía los ojos húmedos, y se frotó el rostro con las manos-. No parecía que hubiese tenido una cicatriz ni nada… no había costuras. Su brazo estaba allí, al igual que ese sujeto blanco…
"Le pregunté cómo pasó eso. Y Mark no pareció entender bien, y solo me dijo que ya estaba mejor, que los médicos le había dado varios antibióticos y antídotos para el veneno de la serpiente marina, y que pronto saldría de nuevo. Yo no entendí a qué se refería… y de no ser porque Dane tampoco podía creer nada y no entendía como tenía el brazo de vuelta, me hubiera sentido como un loco. En ese momento, fingí seguirle la corriente al mundo… ¡era como si incluso los médicos no pudieran recordar nada! ¡Ni siquiera los titanes!
Pero así quedaron las cosas, y yo no me atreví a inmiscuirme en sus asuntos nunca más. Luego de eso, Mark siguió practicando esgrima, como si nada hubiese sucedido, y se volvió aún mejor de lo que era antes, al igual que todos los demás titanes…
En cuanto a aquel hombre blanco; se hicieron inseparables. Los he visto juntos en cada torneo al que van, incluso es su guardaespaldas personal de ahora en adelante. Escuché algunos rumores de que hay algo más entre ellos, pero no ha sido confirmado nada aun. Lo único que sé, es que su nombre es Marius Gelan, pero nadie sabe de dónde vino, si tenía algún trabajo o si tiene familia. Es un completo extraño…"
La voz de Brad se apagó súbitamente, como si el aire se le hubiera gastado de los pulmones. Miró fijamente un punto perdido entre los generadores, al tiempo que yo, solamente, me dedicaba a pensar. Tengo que admitir que confiaba demasiado en Brad como para pensar que lo que decía era mentira. El chico se había arriesgado a confiarme que Claude era un demonio, y aun cuando yo ya lo sabía, había que darle mérito.
Era por eso, que no podía, no me sentía con la libertad de desconfiar en sus palabras, pero aun así, no podía creérmelas de todo; necesitaba más evidencia, aunque, en parte, tenía sentido lo que decía.
El brazo de Mark que reapareció súbitamente… la desaparición de Mark y que fuese encontrado por Marius, incluso la repentina mejora de todos ellos… Todas las pistas comenzaban a indicarme que mis sospechas sobre Marius –que era un ente sobrenatural-, eran ciertas.
¿Sería un demonio…? En todo caso, hubo algo más que Mark le pidió a cambio de su alma; si hubiera pedido únicamente su brazo por el contrato, ya estaría muerto. Tampoco podía ser el enorme talento que tenían todos, porque cumpliría con el mismo principio que con él brazo.
Entonces… ¿Qué era?
-Supongo que ese fue el cambio que tuvo… -comenté, al tiempo que Brad asentía, aun perdido en el espacio-. El talento súbito…
-Y se volvió muchísimo más amable y callado –añadió, mirándome súbitamente, luego de un leve parpadeó-. Pero fue lo único… Ahora, luego del incidente del brazo, Mark… podría decirse que, además de volverse más callado, todos los titanes empezaron a ser más recelosos en cuanto a su círculo social. Creo que decir que se volvieron antisociales, es lo correcto. Únicamente hablaban entre ellos, con nadie más, aun cuando esto significase que, a veces, tuvieran que estar solos.
"Ganaban todos los campeonatos, internos, externos y, claro, los Juegos de las Siete Disciplinas. No había quien los pudiera superar, aunque muchas personas les tenían envidia, y hasta cierto punto, ellos mismos se consideraban incomparables e insuperables. Esto, en sí, no fue un problema… Hasta que pasó algo muy extraño en las juegos de hace un año.
Los juegos fueron en Saint Louis aquella vez, y nuevamente los favoritos a campeones eran los titanes. Había algunos otros que destacaban, pero nadie les prestaba mucha atención… excepto a una sola persona: una chica de Saint Anne…"
Sylvette tembló de repente, encogiéndose en sí misma. Bajó la mirada, sorprendida, pero no habló. Tanto Brad como yo, notamos aquello, pero supuse que solamente estaba pasmada por lo que escuchaba. Sin embargo, luego de esperar una reacción, por parte de ella, que nunca llegó, el rubio siguió hablando.
-Como decía –musitó, sentándose finalmente en el suelo, mirándome de frente-, se trataba de una chica. Era, sin exagerar, una digna y dura rival para Mark. El chico ni siquiera podía vencerla, y en un entrenamiento, de diez combates, ella ganó ocho. Era increíble verla mover la espada, observarla girar, esquivar el toque de Mark, y estaba más que claro el resultado de los juegos. Todos hablaban de la chica que descoronaría a Mark Slender, y así como la leyenda se propagó rápidamente, también lo hizo la furia.
"No era ningún secreto que los titanes estaban molestos con ella, y recuerdo que cada vez que pasaba cerca, la miraban de una forma muy sospechosa. Daba escalofríos fijarse en sus ojos; era como si planeasen un asesinato, pero nunca pasó a más, y todos pensábamos que se trataba de una simple rivalidad, una competencia sana, y que solo era cuestión de tiempo para que ellos se dieran cuenta de que de eso se trataban los deportes; a veces se gana y, a veces, se pierde.
Pues, resultó que estábamos equivocados, o, al menos, eso creo yo. Un par de días antes de las semifinales –a las que ambos, la chica y Mark, había llegado-, ella desapareció sin dejar rastro.
Empezaron una búsqueda frenética, entre la policía y la escuela. La última vez que se le vio, fue la noche que salió del estadio, camino a su hotel, y nadie más sabía nada. Pensaban que había sido secuestrada, y se añadió a las listas de desaparecidos.
Tal y como se esperaba, todos sospecharon de los titanes, especialmente de Mark Slender. El chico se escudó, diciendo que no tenía nada que ver, y de hecho, todos los titanes pidieron que se cancelaran los juegos hasta que ella apareciera. Obviamente, no se cancelaron, y todos los titanes ganaros, como siempre, todos los títulos. Claro, eso solo logró que lo vieran aún más como el principal sospechoso, y aun cuando la policía lo investigó y declaró inocente, nadie se lo creyó mucho.
Y las cosas empeoraron para ellos cuando empezó a circular un rumor por entre los competidores –que más tarde, se supo que se trataba de unos chicos de Saint Louis-, que afirmaba claramente, con toda seguridad que un grupo de chicos había escuchado a los titanes hablar sobre alguien, y que dijeron claramente algo sobre "llevarse", "borrarla del mapa", y "eso es lo que necesitamos para el plan". Fueron cosas muy vagas, pero lo suficientemente fuertes como para levantar revuelo y crear rumores aún más fuertes, como que ellos la habían asesinado. Algunos decían que la habían vendido al mercado de órganos y esas cosas. Puede que suene algo excesivo, pero esos chicos realmente eran extraños; podría asegurar que, la mayoría de la gente, los consideraba capaces de eso y más. Había personas, que en algún momento fueron cercanos a ellos, que aseguraban que practicaban brujería, y que gracias a eso, ganaban los concursos.
Fuera como fuera, luego de aquel escándalo, Mark se volvió vegano, y comenzó a participar como cabecilla y presidente de un grupo a favor de la conservación de edificios antiguos y restauración de los mismos. Supongo que fue un intento de limpiar su reputación tan dañada. Por tu cara supongo que quieres saber qué pasó con la chica; en realidad, nunca se encontró su cuerpo, ni su cadáver, ni nada que diera con ella. Se le declaró desaparecida, y creo que aun la buscan. El problema con ella, era que se había escapado de casa, vivía aquí en Londres. Sus padres también la dieron por desaparecida, así que en muchos de los registros del país no le prestaron mucha atención, porque llevaba ya casi un año como perdido cuando realmente desapareció. Tal vez si no hubiera pasado de casa, si hubiese sido más cuidadosa, no hubiera pasado nada de eso. Vivía con su novio: un ricachón que le pagaba la escuela… así que supongo que no tenía mucha seguridad que se diga, ya que tenía mucha libertad..."
Él se quedó en silencio de repente, mirando vagamente la habitación. Sylvette lo observó, y me observó a mí de vuelta, sin decir nada. Cuando se dio cuenta que nadie le estaba prestando atención, se quedó quieta.
La verdad es que no podría siquiera pensar en algo más, que lo que salía de la boca de Brad. Entonces, aquel cambio que Mark tuvo, fue por lo de esa chica… pero, entonces, ¿Por qué tanto interés por la 112? Es decir, él chico vivía en Cheshire, muy lejos de Londres; debía haber muchos otros edificios antiguos que podría restaurar allí. ¿Por qué, entonces, fijar su atención en una vieja casa embrujada de Londres?
Levanté la vista, un tanto curiosa, y me sorprendí un poco al ver que Brad me estaba mirando discretamente. Se sonrojó al verse descubierto, y giró rápidamente el rostro hacía otro lado, cerrando sus azules ojos.
Por Dios… odiaba a todas las malditas hormonas adolescentes…
-Oye, Brad –murmuré, llamando su atención. El pretendió mirar el suelo por un rato, antes de atreverse a enfrentar mis ojos. Toda su pecosa nariz estaba cubierta por un rubor rojizo. Se me revolvieron las tripas… -. A todo esto, ¿Cuál era el nombre de esa chica?
-Ah, ¿no sabes quién es? –preguntó, abriendo mucho sus ojos, sorprendido, como si fuera algo muy obvio-. Fue algo muy sonado en la escuela entre el equipo de futbol.
-La verdad nunca lo supe –admití, encogiéndome de hombros-; además, era una antisocial en aquel entonces.
-Me sorprende que no lo sepas –volvió a decir, girándose hacía mí, con toda la calma del mundo-. Fue una de las ex novias de Edward…
Entonces abrí los ojos, totalmente desorientada, asustada…
El estómago se me apretujó contra la columna…
El recuerdo de un aura morada y naranja, unos ojos furiosos, un odio latente… se hizo presente en mi mente…
El alma se me fue a los pies al escuchar, nuevamente, la mención de su nombre…
-Rachel Collins…
La Poltergeist…
o.o.o
Muchísimas gracias por leer :) espero que les haya gustado. Amo a Sylvette en estos capítulos XD no puedo evitar ponerla ¡es tan linda!
*publicidad por todos lados*
Cada vez nos acercamos mas al punto central de la historia, espero que la historia de los titanes y de Mark Slender no haya salido muy thrillada o ridícula XD en todo caso, lo siento :(
Gracias a todos por sus reviews :) me animan a seguir, aun ahora cuando casi no tengo tiempo. Son una verdadera inspiración *llora*
Rápidamente, dejo los adelantos del siguiente capitulo:
Capitulo XXXVII: Ese mayordomo, histeria
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De pronto, toda la cocina fue invadida por un suave temblor, tan ligero, tan leve, que solamente se sintió en esa particular habitación, pero fue lo suficientemente fuerte como para que todos se quedaran pálidos, sorprendidos, incapaces de hablar o moverse. Todos ellos estaban mirando a Sebastian, quien tenía los ojos clavados en Alejandro.
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El demonio parpadeó, respirando profundamente, y cuando volvió a abrirlos, estos estaban sobre Sylvette. Nunca había visto antes ese tipo de miradas en él. Creo que Sebastian estaba en verdad deseoso de matar a aquella chica; era fácil de leer en su expresión. Pero lo deseaba; quería matarla, hacerla pedazos.
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-¿Tu… me protegerás de la Muerte? –pregunté, y no pude terminar la frase, porque estallé en carcajadas. Reía y lloraba al mismo tiempo. Reía y gritaba, porque no podía seguir evitando aquello- ¡Pero… si tú eres la Muerte, Sebastian…!
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¿Merezco un review? :)
Sin más que decir, me despido de una vez :)
Les mando un beso, deseándoles una hermosa semana.
Atentamente, Slinky-Pink-Bitch.
