A ver si no me olvido de nada:
1) Leed mis notas de autora al final del capítulo. Son importantes.
2) Este capítulo tiene una dedicatoria muy especial que divido en partes
A- Para mi montoncito: Nott, Sweet, Angelix, Lore, Elea, Amy, Naty y Ear -aunque ahora no esté-.
B- Para la gente de PLAP, aunque dudo que vea esto, por su inestimable y constante apoyo. Lamento daros tanto trabajo. Unirme al grupo ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado este año.
C- Para todas las que me han apoyado en el caso de la usurpadora de personalidad de la Web de Harry. En especial a Larita Tonks, gracias a la cual descubrí todo. Aquí nombro a todas las que me apoyaron y que no he mencionado con anterioridad: Gi, Valeeh, Emily Dumbledore, Roma, eva luna weasley, Lna, Crisis y Minerva.
D- A las chicas del foro Dramione: Soe, Arilyn (¡feliz cumpleaños!), Amber, Sombra, y Little Pandora.
3) Este será el último capítulo hasta finales de Agosto. El domingo me marcho a Irlanda.
Capítulo 36: La Orden del Fénix (Editado)
La puerta de Grimmauld Place número 12 se cerró y dos figuras se adentraron en el vestíbulo. Una de ellas apoyó su peso en la puerta, mientras la segunda caía sobre sus rodillas acompañada de un sonido metálico amortiguado por la polvorienta alfombra que cubría el suelo.
—Harry —murmuró Ron, haciendo un esfuerzo por no dejarse resbalar por hasta el suelo —¿Estás...
—No lo sé —respondió el otro. Afirmado sobre sus rodillas y las manos temblorosas, Harry concentró todas sus energías en ponerse en pie, pero estaba tan débil, tan cansado, que tenía la sensación de que si se movía se desmayaría. Observó cómo bajo su mano izquierda se formaba una pequeña mancha de sangre que era absorbida por la alfombra y sintió que todo comenzaba a dar vueltas a su alrededor.
Por detrás de él, Ron se rindió y su espalda resbaló por la puerta hasta acabar sentado a sus pies, con las rodillas flexionadas, increíblemente pálido. Se llevó una débil mano al cuello cubierto de sangre, notando su humedad casi pegajosa en la yema de los dedos. Sin embargo, esa no era su mayor preocupación, sentía un profundo y punzante dolor bajo el pulmón izquierdo debido a, sospechaba, un par de costillas rotas.
—Hermione —llamó sin fuerzas.
En ese momento, los brazos temblorosos de Harry dejaron de sostenerle y cayó de bruces sobre la alfombra. Usando sus últimas fuerzas, atrajo el reloj de sol hacia su cuerpo, antes de sumirse en la inconsciencia.
Hermione creía haber oído algo en el vestíbulo pero no estaba segura de si sería una nueva mala jugada de su imaginación. Habían pasado dos días desde que había hablado –o discutido –con Harry y Ron por la Red Flu y desde entonces no había vuelto a tener noticias de ellos. No había sido capaz de dormir esa noche –aunque Draco tenía parte de culpa en eso –atenazada por la preocupación.
Se suponía que ya conocían la localización aproximada del Horrocrux, ¿cuánto tiempo les llevaría conseguirlo? Y si aún estaban en casa de Timoleo, ¿por qué no habían intentado comunicarse con ella? Cada vez que lo pensaba se sentía más culpable por no estar allí con ellos intentado ayudarles y porque la última conversación que habían tenido había acabado con ella dándoles figuradamente con la puerta en las narices. No soportaba no saber dónde estaban y pensar que lo último que les había dicho era que se fueran al infierno –con otras palabras –la llenaba de culpabilidad.
Lo más probable era que el ruido en el vestíbulo lo hubiera hecho Kreacher que se había decidido a salir del ático a por algo de comida. Aunque Hermione le había dejado una bandeja a la puerta durante esos dos días, siempre que regresaba a comprobarlo, la comida que le había preparado continuaba intacta. No obstante, pasados unos segundos, y al no oír suaves pasos acercándose a la puerta de la cocina, decidió abandonar la despensa e ir a echar un vistazo.
Recogió su varita de la mesa de la cocina y no exenta de cierta tensión, subió los escalones de piedra y giró el pomo de la puerta de la cocina. No había muchas posibilidades, si Draco seguía durmiendo y Kreacher no había bajado del ático, sólo podían ser Harry y Ron o un intruso.
Con el corazón latiéndole a toda velocidad, empujó la puerta y se preparó para atacar. Se quedó paralizada, con la varita en alto, al ver a Harry tirado sobre la alfombra y a Ron, apoyado contra la puerta y lleno de sangre.
—¡Harry! ¡Ron! —exclamó corriendo hacia ellos.
Harry no se movió pero el pelirrojo esbozó algo parecido a una sonrisa al verla. Hermione miró a Harry con horror y miedo, y después guió sus ojos hasta Ron en una pregunta silenciosa, como si no se atreviera a comprobar por si misma sus sospechas.
—¿Está... —murmuró con un hilo de voz.
—No, se ha desmayado —logró decir Ron, mientras Hermione se arrodillaba junto a Harry y le acariciaba el pelo con afecto. Trató de despertarle agitándole con suavidad un hombro, pero algo dorado bajo su mano derecha le llamó la atención. Era un reloj de sol revestido de oro macizo y salpicado de zafiros.
—El horrocrux —murmuró, y Ron asintió con cansancio. Estaba tan pálido que Hermione se preguntó si no iba a desfallecer o a vomitar de un momento a otro. Se acercó a él, aterrada por la gran cantidad de sangre que parecía manar de su cuello y que había tintado la pechera de su jersey —¿Y tú? —inquirió con ansiedad —¿Cómo estás?
—Creo que tengo un par de costillas rotas —dijo y cerró los ojos unos instantes, como si apenas le quedaran fuerzas para volver a abrirlos. Cuando lo hizo, frunció el ceño —Un momento, ¿esa camisa que llevas no es de Malfoy?
Pero antes de que Hermione pudiera responderle, Ron se desmayó.
Hermione caminó con sigilo hasta la puerta de la habitación, pero se detuvo bajo el marco para mirar atrás. Harry y Ron descansaban después de que ella les hubiera dado un par de sus pociones para dormir sin sueños. Afortunadamente, aparte de un par de huesos rotos y varias magulladuras y heridas poco profundas, ninguno de los dos tenía nada grave. Hermione le. Los había curado como había podido, agradeciendo que la cosa no hubiera sido más seria. Si alguno de los hubiera estado herido de gravedad, no hubiese sabido que hacer. San Mungo ya no le parecía un lugar seguro después de haber visto a Bellatrix allí.
Agarró la manilla de la puerta y echó un último vistazo a sus amigos, llena de ternura. No podía describir la sensación de alivio y alegría que había experimentado al verlos en el vestíbulo. Estaban de nuevo en casa y habían logrado traer un horrocrux. Hasta ese momento, Hermione no se había dado cuenta de que había pasado los días tensa y conteniendo la respiración. Pero ahora estaba más esperanzada. Destruirían el horrocrux y ya sólo les quedaría Nagini antes de ir por Voldemort.
En silencio, salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado, sobresaltándose al encontrar a Draco al fondo del pasillo. Había algo extraño en su mirada gris cuando se acercó a Hermione, inundando su olfato con la mezcla del olor a jabón y el aroma de su perfume. Ella sintió que las piernas le temblaban un poco ante su proximidad y se reprendió por reaccionar así.
Aunque sintió el deseo de refugiarse en sus brazos y cerrar los ojos, no se atrevió, todavía no. Había tratado de ponerle mil nombres a lo que habían tenido desde que él le confesó sus sentimientos en el puente, apenas dos días atrás. Después de que la besara en la cocina, Hermione le había dado docenas de razones sensatas y lógicas por las que no podían estar juntos cada vez que él se apartaba de su boca. Pero entonces Draco volvía a besarla y todos esos motivos se le antojaban ridículos y quedaban olvidados en algún rincón de su mente para volver a flote en cuanto le quitaba las manos de encima.
Se hallaban en un territorio nuevo y desconocido para los dos, frágil. Ambos temían dar un paso en falso. Hermione aún se sentía culpable por quererle y tenía muchas dudas. Tal vez, si Draco la hubiera presionado demasiado, hubiera acabado alejándola. Pero no lo hizo.
Oh, sí, la besó hasta hacerla perder el sentido pero no le exigió nada.
—Quédate —le había susurrado a las puertas de su habitación. Había sido más una súplica que una invitación. Hermione había titubeado y se había puesto rígida entre sus manos, intuyendo todo lo que implicaba esa simple palabra. Y no estaba segura de querer aceptar lo que eso conllevaba.
Pero él la había besado y antes de darse cuenta, la puerta se había cerrado tras ella, sellando sonoramente su destino. Hermione se había tensado cuando ambos cayeron sobre la cama y apenas había respondido a sus besos, nerviosa. Pero al contrario de lo que había esperado, él no parecía tener intención de ir más allá. Simplemente la había abrazado, estrechándola contra él como si fuera un cojín, y había cerrado los ojos. Hermione había tardado cerca de una hora en dormirse, esperando que en cualquier momento comenzara a besarla o acariciarla, pero el sueño la había derrotado al final. Cuando volvió a despertar, aún no había amanecido y estaba en una esquina de la cama, manteniéndose precariamente sobre el borde. Todo estaba oscuro y por un segundo creyó estar en su habitación, pero entonces escuchó un murmullo y el sonido de sábanas removiéndose y recordó que estaba con Draco. Trató de vislumbrarle en la casi completa oscuridad, pero sólo alcanzó a distinguir el contorno de su figura, retorciéndose y murmurando cosas. Hermione creyó escuchar su nombre y el de Bellatrix escapando de su boca en forma de sonidos estrangulados y tuvo una ligera idea de qué era lo que estaba soñando. Enternecida, se acercó al cálido bulto que era su cuerpo y le acarició el rostro con una mano. El resultado fue casi inmediato. Él paró de removerse y se quedó quieto, muy quieto, como la calma superficie de un lago después de haber absorbido las últimas ondas de una gota.
Hermione casi soltó un gemido de sorpresa cuando sintió las manos de Draco atrayéndola hacia él y aferrándola contra su cuerpo como si necesitara sentirla. La sujetaba con tanta fuerza, apretándola contra él, que apenas podía respirar. Pensó en despertarle, pero decidió no hacerlo y se removió entre sus firmes brazos, buscando una posición más cómoda. Su oído quedaba directamente sobre el pectoral izquierdo de Draco, que recubría su corazón. Y con su rítmico latido, volvió a quedarse dormida.
Cuando había vuelto a despertarse ya estaba entrada la mañana, Draco seguía durmiendo. Con dificultad, había salido de la cama, logrando no despertarle ni estamparse contra la alfombra pues, como parecía su costumbre, él había vuelto a arrinconarla en el borde. Después se había duchado y preparado algo para que ambos comieran. Cuando Draco bajó a la cocina la besó, haciéndola olvidarse de todos sus nervios y dudas y después ambos comieron juntos y mantuvieron algo parecido a una conversación civilizada. Para el postre ya estaban discutiendo.
Hermione quería que Draco fuera a hablar con Kreacher y se disculpara por todas las cosas que le había dicho el día anterior bajo los efectos del alcohol para que el elfo le dejara salir. Draco se negó en redondo, se chillaron un rato y finalmente Hermione abandonó la cocina y subió a ver a Kreacher sola, llevándole algo de comer.
El elfo no le había dirigido la palabra, oculto en su maloliente madriguera formada por trastos y harapos, y se había negado a probar la sopa humeante que ella le había llevado. Para cuando Draco irrumpió el trastero, bastante malhumorado, la chica tenía el conocido brillo en los ojos que precedía a las lágrimas, y él se sintió desarmado por completo.
—¿Qué te pasa? —le había preguntado con brusquedad.
—¿Qué más te da? —había respondido ella disgustada, frotándose los ojos —Estoy preocupada porque Kreacher no quiere comer y está famélico, pero ya sé que a ti te trae sin cuidado lo que le pase a cualquiera que no seas tú.
Draco se había sentido herido por ese comentario, sobre todo después de lo que había sucedido el día anterior en el puente, pero no fue capaz de abandonar la estancia por muy justo que fuese su enfado. Simplemente verla triste era algo superior a sus fuerzas.
Podía soportar que estuviera enojada con él, incluso que le gritara, pero no ver el asomo de tristeza en sus ojos marrones. Contra su voluntad, irritado, sintiéndose vapuleado, Draco se había acercado al elfo doméstico.
—Siento lo que te dije ayer, Kreacher —masculló entre dientes. Después miró a la sorprendida Hermione con rencor y añadió —¿Contenta?
Ella se había quedado boquiabierta durante unos segundos mientras una resplandeciente calidez se instalaba en sus ojos, expulsando la tristeza. Aunque molesto, Draco se había sentido mejor al verlo.
—Gracias —había murmurado ella con una suave sonrisa agradecida. Después, se había girado hacia Kreacher y había empujado hacia él la bandeja con la sopa y un poco de pan —Ya le has oído, se ha disculpado, Kreacher. Eres un elfo bueno, ¿por qué no comes un poco?
Él la había mirado fugazmente con sus ojos verdosos por encima de los huesudos bracitos y después le había echado un vistazo receloso a la bandeja. Draco se había dado cuenta de que el elfo estaba muerto de hambre, pero se resistía a aceptar la comida que Hermione le ofrecía.
Le recordaba a alguien y sabía muy bien a quien.
—¿Y tú te consideras un buen elfo doméstico? —le había espetado de malas maneras—¿Crees que una familia tan refinada como los Black tendría un elfo desnutrido y enclenque como tú?
—Draco...
—¿Crees que encerrándote aquí y negándote a comer estás cuidando el hogar y la memoria de aquellos que fueron tus amos? ¿Qué clase de elfo doméstico eres?
Kreacher había temblado un poco al escuchar a Draco pero finalmente había asomado su nariz aplastada por encima de sus brazos, como si olisqueara el aroma que despedía la sopa de Hermione. Se acercó la bandeja y alargó una mano hacia la cuchara que pacía en medio del plato, pero se detuvo en seco y echó una mirada desconfiada a ambos jóvenes. Draco había comprendido que podía haber capitulado respecto a la comida, pero no iba a hacerlo delante de ellos.
Le había hecho una seña a Hermione y los dos habían salido del trastero. Antes de cerrar la puerta, Hermione pudo ver a Kreacher tomando con una mano temblorosa la cuchara y se sintió mucho mejor. Miró a Draco enternecida, pero él parecía algo molesto aún.
—Draco.
—Qué —había murmurado él entre dientes, evidenciando su enfado.
—Siento haberte gritado antes —Hermione se había plantado frente a él para mirarle a los ojos y en consecuencia, Draco había intentado sin éxito aferrarse a su enfado. Odiaba que con una mirada, un gesto o una simple palabra le debilitara. Odiaba no poder estar molesto con ella por mucho que lo intentara.
—Vale —había mascullado y se había dado media vuelta dispuesto a huir. Si lograba escapar tal vez podría salvar un poco de su orgullo, pero supo que era tarde cuando Hermione le tomó la mano y le obligó a volverse hacia ella, y poniéndose de puntillas le besó.
Desde entonces no se habían separado. Por supuesto, habían vuelto a pelearse y se habían sumido en un silencio ofendido mientras escuchaban la radio mágica. La manifestación contra los hombres lobo en la aldea cercana a Dunalastair había sido bastante numerosa, de hecho habían asistido más habitantes de los censados, incluidos muggles. Por supuesto ellos no conocían las verdaderas razones de la manifestación ni del ataque a los niños de la aldea. La versión que les había dado a la población muggle era que un tigre se había escapado de un circo cercano.
Y cuando alguien había corrido el rumor de que la manifestación era para pedir el primer ministro reforzara la seguridad, muchos muggles se habían unido, exigiendo junto a los demás que el Ministerio tomara medidas e hiciera cambios. La prensa mágica esperaba disimuladamente junto al Ministerio para tratar de entrevistar a cada trabajador que entraba o salía acerca de la posición Scrimgeour al respecto, obteniendo silencio absoluto. No obstante se rumoreaba que los altos cargos se habían reunido en el Parlamento Mágico para discutir la elaboración de un Decreto contra los Licántropos.
La otra noticia de ese día había sido el descarrilamiento de un tren muggle sin razón aparente. Por suerte sólo había habido heridos y Scrimgeour había enviado un comunicado a la prensa alegando problemas técnicos muggles y asegurando que no había magia de por medio. El comentarista dudaba de la veracidad de esa información pero nunca llegaron a conocer los motivos por los que lo hacía porque la emisión se cortó. Hermione aporreó la radio con su varita, pero no logró volver a sintonizar la emisora a pesar de que las demás funcionaban perfectamente, y al final ella y Draco llegaron a la conclusión de que la cadena había sido censurada por el Ministerio.
—Libertad de expresión —había farfullado Hermione —y un cuerno.
—Scrimgeour quiere mantener la situación bajo control y darle sensación de seguridad a la gente.
—Pero, ¿qué pretende Volde... —se interrumpió al ver como Draco palidecía y se tensaba —¿Qué pretende Quién-tú-ya-sabes con estos pequeños ataques? ¿Qué está tramando? ¿Por qué apenas da señales de vida? Da la sensación de que sólo aparece de vez en cuando para que recordemos que ha vuelto y nada más. No parece propio de él. Estoy segura de que trama algo, ¿tú no...
—¿Si sé algo? No —Draco había resoplado, a medias irritado, a medias aliviado –A mí nadie me contaba nada, ni contaban conmigo para ninguna cosa. Él no me necesitaba, sólo me convirtió para castigar a mi familia por el error de mi padre. Sólo lo vi dos veces en persona, no tuve más contacto con mortífagos que con Bellatrix y Snape.
—Entiendo —había murmurado Hermione. Después de esa conversación, ambos se habían olvidado de su enfado, pero Draco se había sumido en un silencio pensativo y serio.
Por la noche, había vuelto a pedirle que se quedara y esa vez, Hermione había accedido en lugar de simplemente dejarse llevar dentro de la habitación. Habían hecho el amor mucho más despacio, más tiernamente que la vez anterior, y después se habían quedado dormidos, abrazados.
Esa mañana, Hermione se había despertado sepultada por el cuerpo de Draco en la orilla de la cama. Empezando a acostumbrarse, había logrado arrastrarse fuera y se había puesto una sus camisas al no encontrar la parte de arriba del pijama.
Había bajado a desayunar y había sido entonces cuando había escuchado sonidos en el vestíbulo.
Y ahora estaba ahí, en el pasillo de la habitación de Harry y Ron, con Draco, mirándola fijamente. Había temido ese momento, el momento en el que los cuatro volvieran a estar juntos en la casa. Y por la gravedad, y algo parecido a miedo, que se leía con dificultad en los ojos grises de Draco, Hermione comprendió que él lo sabía.
—¿Potter y Weasley han vuelto? —preguntó él con su tono habitual de aburrimiento.
—Sí —murmuró ella, lanzando una mirada a la puerta cerrada de su habitación —Están durmiendo. Llegaron un poco... magullados, pero se pondrán bien.
—¿Qué vas a hacer?
—¿Con qué? —preguntó, aunque sabía perfectamente a qué se refería él. O más bien, a quienes.
—Con nosotros –replicó Draco con una nota de exasperación en la voz —¿Qué pasará ahora que tus adorados amigos han vuelto? ¿Me aparcarás y renegarás de lo que has hecho? ¿Les dirás que te violé o te hechicé con una poción? ¿Les pedirás perdón por haberme tocado?
Draco no quería ser tan agresivo, pero no podía evitarlo. Había notado un cambio en ella a pesar de que apenas se habían visto ese día. Lo miraba de un modo diferente, como si hubiera dado un paso atrás en lo que quiera que tuviera con él. Ahora que sus amigos habían vuelto, posiblemente se sentiría tan culpable que lo enviaría a tomar viento para contentarles. Le repetiría lo mal que estaba cualquier cosa que pudiera haber entre ellos y le diría que lo mejor sería que mantuvieran las distancias. Casi podía oír sus palabras exactas en la mente. Porque, por supuesto, al lado de San Potter y la Comadreja pobretona él no era nada. Sólo un gilipollas, demasiado cobarde para ser mortífago pero demasiado malo para merecerla.
—Yo no... —titubeó ella —No sé qué voy a hacer. Esto... no es fácil para mí, Draco.
—Para mí ha sido un camino de rosas —se mofó él —aún puedo olerlas.
—Harry y Ron no van a tomárselo bien —murmuró Hermione tratando de que le entendiera. Tenía miedo y toda la situación la sobrepasaba. En un corto lapso de tiempo se había acostado con Draco Malfoy, se había dado cuenta de que le quería, había rechazado a Viktor y Harry y Ron habían regresado a Grimmauld Place. Tres días no eran suficientes para asimilarlo, procesarlo y poner orden en su mente. Ella necesitaba hacer las cosas con calma, pensar bien antes de actuar, pero no tenía tiempo de hacerlo.
—Tenía la impresión de que con quien me acosté anoche eras tú y no ellos —repuso él con frialdad —Me importa un bledo como se lo tomen.
—Pero a mí no —admitió ella.
—Vaya, Granger, debo reconocer que me sorprendes —dijo él con sarcasmo y amargura mezclados en su voz, en la dureza de su expresión, en el brillo de sus ojos —¿Así que sólo he sido un par de polvos mientras Potter y Weasley no estaban?
Hermione apretó los labios, dolida, al oírlo hablar de esa manera.
—Sabes que eso no es así.
—Lo que sé es que en cuanto tus amiguitos aparecen te echas atrás. Valiente Gryffindor —espetó con acidez.
—No soy una cobarde, sólo necesito un poco de tiempo para...
—¿Asustarte y esconderte tras las faldas de esos dos necios? —completó él, sin darle cuartel.
—¡No me presiones! —exclamó Hermione, dolida. Sabía que no obtendría ninguna compresión de Harry y Ron en cuanto se enteraran de lo que sentía por Draco y lo que habían hecho, pero al menos esperaba que él la apoyara. Estaba claro que se había equivocado —Creí que lo entenderías. Si esto hubiera sucedido en Hogwarts dudo mucho que hubieras ido corriendo a contárselo a Crabbe, Goyle y el resto.
—Nunca lo sabremos —replicó él sin dejarse ablandar por sus palabras. Tal vez más adelante, cuando pudiera pensar con frialdad, sería capaz de reconocer que Hermione tenía algo de razón, pero en ese momento su furia, su miedo y su orgullo herido le cegaban.
—Se lo diré a Harry y Ron cuando esté preparada —anunció Hermione, sin ceder.
—¿Y cuándo será eso? ¿Dentro de un mes? ¿Dos años, quizás? ¿Qué piensas hacer mientras tanto conmigo? ¿Esconderme debajo de tu cama y sacarme cuando te apetezca disponer de mí?
—No te estoy utilizando —replicó Hermione con frialdad —Creo que no te he dado ningún motivo para pensarlo.
—¿Ah, no? —Draco soltó una carcajada cruel —¿No es suficiente motivo para pensarlo que en cuanto Potter y Weasley aparezcan decidas volver a poner distancias y no pienses mencionarles nada de lo que ha pasado? Nada de lo que hemos hecho. Dime la verdad, Granger, ¿por qué has estado conmigo? ¿Por pena? —estaba furioso, aunque su ira era sólo la consecuencia de algo mucho más grande y amargo. ¿Era posible que ella hubiera accedido a estar con él por lastima después de que le confesara lo que sentía? —¿O es que te aburrías? ¿Te cansaste de Krum y pensaste que yo estaría bien para pasar un rato? Por qué, Granger, dímelo.
—No entiendes nada —le chilló ella —Te quiero, grandísimo estúpido.
Draco abrió mucho los ojos, casi tan sorprendido como Hermione por lo que acababa de oír. Ella no parecía muy contenta de haberse declarado, en cambio él sentía algo indescriptible. Como si una energía poderosa le hubiera llenado el cuerpo y necesitara descargarla de algún modo. Se sentía...extasiado. Retorcidamente feliz y satisfecho.
—¿Crees que si no lo hiciera hubiera... —Hermione se interrumpió, pudorosa, pero las palabras no dichas eran evidentes para Draco. Como también lo era su molestia —Y ahora, ¿podrías confiar un poco en mí y apoyarme?
—Como quieras —cedió él, aunque no era muy consciente de lo que decía y le costaba seguir el hilo de la conversación. Posiblemente tenía pinta de retrasado, pero era demasiado feliz para que eso le importara. Se hubiera echado a Hermione al hombro y la hubiera llevado hasta su cama de no haber estado seguro de que ella le enviaría al cuerno —Pero retrasar las cosas no hará que ninguna solución mágica aparezca. Lo digo por experiencia.
Hermione pareció ablandarse por sus palabras y dejó caer los hombros, desanimada. Él tenía razón. Cuanto más tardara en decírselo a Harry y Ron, en todo caso sería peor, nunca mejor. Ello implicaría ocultarles la verdad y mentirles, lo cual sólo agravaría el hecho de que se había enamorado de alguien a quienes odiaban y que se había acostado con ese alguien mientras ellos se jugaban la vida en Albania. Derrotada, se acercó a Draco y apoyó la frente en su pecho. Se sintió reconfortada cuando él la aferró con fuerza, demasiado para ser delicado, pero a ella no le importaba.
Pronto les llegaría la hora de poner su relación a prueba.
Viktor se levantó de la cama al oír los suaves golpes en la puerta de su habitación. Había dejado claras instrucciones al personal del hotel de que no le molestaran y la única persona que sabía donde estaba era Hermione. ¿Sería ella? ¿Habría tomado ya una decisión?
Nervioso, corrió hacia la puerta y la abrió de un brusco tirón. Pero no era Hermione la que estaba al otro lado sino una anciana de pelo corto y oscuro salpicado de canas que vestía de pies a cabeza de negro. Viktor no la había visto en su vida.
—¿Quién es usted? —preguntó malhumorado, apoyando un brazo en el quicio de la puerta para bloquearle el paso. Ella no se movió y lo contempló con sus ojos negros como la brea, inundados por un brillo malicioso.
—¿Viktor Krum? —preguntó con una voz herrumbrosa y ronca.
—Sí —contestó él, hoscamente.
—Bien —murmuró la anciana, después se pasó la lengua sobre los dientes amarillentos en una cruel sonrisa.
Harry abrió los ojos y parpadeó un par de veces. Estaba en un sitio a primera vista desconocido, oscuro y borroso. Buscó sus gafas a tientas mientras trataba de incorporarse. Le dolía el pecho y la mano izquierda le escocía horriblemente. Sentía la sangre espesa en sus sienes y en general tenía la sensación de que alguien le había dado una paliza. Tardó unos segundos en recordar los esqueletos vivientes que en la aldea mágica de Albania habían intentado matarlos a él y a Ron. Se llevó una mano al cuello, palpándoselo con suavidad. Le dolía, no en vano unos huesos apenas revestidos de unos cuantos jirones de carne putrefacta habían tratado de estrangularle.
Le llevó un par de segundos más darse cuenta de que él y Ron habían llegado a Grimmauld Place y allí debía de estar. Sus heridas habían sido curadas como podía comprobar en las vendas de su mano izquierda. Ahora sólo tenía que encontrar sus gafas...
—Harry —susurró una voz cercana —¿Cómo te encuentras?
Harry reconoció la voz de Hermione y sintió sus manos cálidas rodear su diestra, depositando sus gafas en la palma vacía. Se colocó las gafas, parpadeó un par de veces y la imagen de su amiga se materializó a su lado. Sentada en la cama, observándole con una sonrisa vacilante.
—Como si hubieran intentado matarme —respondió él y su voz sonó muy áspera. Se dio cuenta de que le dolía hablar. Se llevó la mano vendada al cuello y sintió unos pinchazos de dolor cuando trató de flexionar los dedos.
—Será mejor que no la muevas —le aconsejó Hermione sujetándole por la muñeca con suavidad para apartar la mano —He curado las heridas pero no puedo hacer que cicatricen. Supuran cada poco. Creo que lo que quiera que te hirió tenía algún veneno mágico. No parece muy grave pero no puedo hacer más y no me pareció buena idea llevarte a San Mungo —explicó con gravedad.
—No importa —Harry sonrió débilmente —No tengo ganas de ir a San Mungo.
—No es sólo eso, Harry, no es un lugar seguro. Vi a Bellatrix allí cuando fui a ver a la madre de Draco.
Harry guardó silencio unos segundos no sabiendo por qué preguntar primero.
—¿Qué hacía Bellatrix allí? ¿Fuiste a ver a Narcissa Black? ¿Y desde cuando le llamas Draco?
—Fue Bellatrix la que atacó a Narcissa hasta hacerla enloquecer, sospecho que estaba allí por si Draco aparecía —respondió ella, tratando de mantener una apariencia serena —Tonks consiguió una poción multijugos para su primo, él se convirtió en ella y fuimos a visitar a Narcissa. Fue entonces cuando la vimos —decidió que no tenía por qué contarle la parte en la que Bellatrix intentaba matarla porque su sobrino no lo había hecho, siguiendo las ordenes de Voldemort. Y la razón por la que llamaba a Draco por su nombre, podía esperar. Quería decírsela a él y a Ron a la vez. No creía tener la fuerza de repetirlo más de una vez —Y ahora, cuéntame todo sobre el horrocrux.
—¿Dónde está? —preguntó Harry mirando por la habitación.
—Ya me encargué destruirlo —Hermione señaló un bulto dorado en la alfombra. El reloj estaba intacto a excepción del gnomon que se había partido y caía sobre los zafiros que indicaban los números romanos —Guárdalo con la copa y el guardapelo. Ahora sólo falta Nagini.
—Sí, sobre eso quería hablaros —dijo Harry subiéndose con torpeza las gafas que se le habían escurrido por el puente de la nariz —Pero antes, ¿cómo está Ron?
Hermione señaló con la cabeza la cama que había en paralelo a la de Harry. Ron dormía en ella. Sería más justo decir que roncaba a pierna suelta. Harry y Hermione intercambiaron una mirada y sonrieron, mientras el pelirrojo soltaba un ronquido especialmente sonoro. Fue tan intenso que se despertó a sí mismo sobresaltado, como si alguien hubiera hecho estallar una bomba a su lado. Parpadeó unos instantes y boqueó un par de veces antes de ver a sus amigos y tranquilizarse.
—Hey —dijo con voz espesa por el sueño —¿Cómo estáis?
—Bien, ¿y tú? —preguntó Hermione mientras se sentaba en su cama para examinarle. Las heridas del cuello ya estaban cerradas y le había reparado las costillas rotas.
—Bien, creo. ¿Qué nos hemos perdido? —preguntó acomodándose sobre los almohadones de la cama. Hermione les contó las noticias mágicas que habían tenido lugar últimamente: avistamiento de gigantes, ataques de licántropos, descarrilamiento de trenes, censura del ministerio...
Harry se quedó bastante preocupado por el Decreto que podría estar preparando el ministro contra los hombres lobos y durante un rato hablaron sobre el tema. Después Ron le contó a Hermione con lujo de detalles todo lo que habían tenido que hacer para conseguir el horrocrux, ilustrando su relato con las cicatrices y marcas de heridas que tenían él y Harry por todo el cuerpo.
—Pero bueno, lo importante es que ya sólo queda Nagini —finalizó Ron recostándose contra los almohadones con aire satisfecho.
—He estado pensado en eso —dijo Harry con seriedad —Creo que es hora de reunir a la Orden del Fénix. Cuando estabas en San Mungo, Tonks me dijo que Ojoloco quería que volviéramos a reunirnos y creo que ha llegado el momento.
—¿Vas a contarle lo de los Horrocruxes? —preguntó Hermione.
—No, pero sí puedo decirles que es vital que eliminemos a Nagini para poder acabar con Voldemort. Además, tal vez sea hora de que nos enteremos de qué es lo que está tramando.
—Hablaré con la señora Weasley —repuso Hermione —¿Cuándo quieres que nos reunamos?
—Cuanto antes. ¿Cuánto tiempo hemos pasado inconscientes?
—Un día.
—Pues yo aún tengo sueño —aseguró Ron bostezando.
Harry echó un vistazo a su reloj, ya atardecía.
—Mañana al mediodía sería un buen momento.
—Le diré a Molly que habéis regresado —murmuró Hermione poniéndose en pie. No podía negar que se aferraba a esa excusa para desaparecer antes de que Ron le preguntara por qué el día anterior llevaba la camisa de Malfoy y Harry la interrogara acerca de las razones por las que ahora le llamaba Draco. Sí, había decidido contarles todo, pero no podía evitar tratar de ganar tiempo para decidir cómo enfocarlo. Si les soltaba algo como "por aquí todo bien, me he estado acostando con Draco Malfoy y resulta que le quiero" posiblemente ambos volverían a desmayarse. Y cuando despertaran querrían estrangular a Draco y después a ella.
—Timoleo te manda recuerdos —dijo Ron con una risilla burlona cuando Hermione ya había tomado el pomo de la puerta. Ella giró en redondo para mirar a su amigo severamente.
—No me interesa. Y espero por su bien que no dijera algo como "dadle recuerdos a esa potranca" o algo por el estilo porque... —se interrumpió cuando Ron y Harry se echaron a reír, sin duda, creyendo que lo hacían con disimulo.
—Dinos la verdad, Hermione, ¿has estado hablando con él? —bromeó Ron.
Ella les giró el rostro malhumorada y abrió la puerta murmurando algo que sonaba como "estúpidos tíos", pero la voz de Harry la detuvo esta vez.
—Hablando de estúpidos, ¿cómo se ha portado Malfoy?
Hermione se tensó bajo el marco de la puerta y su corazón empezó a latir a demasiada velocidad. Se sentía repentinamente mareada cuando se volvió para enfrentarse a sus amigos.
—Bien —murmuró con cobardía. No pensaba relatarles que se había pasado la mitad de los días borracho, la otra mitad con ella y de paso que también había hecho una pequeña escapada al Londres muggle que casi acababa con ambos muertos. Miró los rostros inocentemente confiados de sus amigos y decidió que no podía seguir retrasándolo más –Escuchad, tengo algo que contaros sobre Draco.
—¿Draco? —Ron alzó una ceja receloso.
—Sí. Es una larga historia —se tomó unos segundos para tratar de poner en orden sus ideas y decidió que por el bien de todos no iba a ser una historia tan larga de contar a fin de cuentas —sobre Draco y sobre mí en realidad.
—¿Draco y tú? —repitió Ron desconcertado.
Hermione asintió enérgicamente. Esas tres palabras eran suficiente información sobre el tema.
—¿Cómo que Draco y tú? —volvió a decir tontamente el pelirrojo y miró a Harry, esperando encontrar en el la misma confusión y tal vez su expresión "Hermione se ha vuelto loca, pobrecilla" pero Harry estaba muy serio. Tan serio como si... —Eh, espera un momento —Ron empezaba a enfadarse a pesar de que la idea sólo estaba empezando a formarse en su cabeza —¿Estás diciendo que Draco, que Draco Malfoy, y tú estáis –o habéis estado— juntos?
Hermione miró a Ron, miró a Harry, deseó morirse, se replanteó nuevamente lo de mudarse a Groenlandia y suspiró, nerviosa, antes de responder.
—Pues... sí.
—¿QUÉ?
—No es una broma, ¿verdad? —preguntó Harry con frialdad. Hermione negó con la cabeza —¿Y cuándo ibas a decírnoslo? —prosiguió. Ron parecía haber perdido la capacidad de hablar y se limitaba a boquear como un pez fuera del agua —Lo de ir a convocar a la Orden del Fénix era sólo una excusa para no tocar el tema, ¿verdad?
—Harry, entiende que...
Hermione sintió una mano apretando con suavidad su cintura y de inmediato percibió la presencia, el olor, todo aquello que manaba de él. Una vibración en el aire, la reacción de su cuerpo, el reconocimiento en los latidos de su corazón. Draco dio un paso más y Hermione sintió el pecho de él contra su espalda mientras su pálida mano se deslizaba hasta su cadera en un gesto posesivo que decía a las claras que ella estaba con él.
Miró a sus amigos, estupefactos, incapaz de saber cómo se sentía. Todo parecía menos difícil teniéndole cerca, prácticamente sosteniéndola, pero más complicado observando el enfado y el sentimiento de traición en los ojos verdes y azules de sus amigos.
—Cierra la boca, Weasel o te entrarán moscas —dijo la voz de Draco junto al oído de Hermione, arrastrando las palabras con el desdén de siempre —y antes de que os desmayéis de la impresión, me soltéis un discurso moralista, o me acuséis de haberla hechizado, hay algo más que debéis saber. Quiero unirme a la Orden del Fénix.
Hola a todo/as!
Primero, el capítulo. No tengo una opinión muy definida sobre él, puede que haya sido algo aburrido, pero es un paso clave para lo que vendrá. Harry y Ron han regresado salvos pero poco sanos con el horrocruxes, Hermione les ha curado y ha destruido el reloj de sol. Hemos visto como van las cosas entre Draco y ella, se han peleado unas cuantas veces, al final ella le ha dicho lo que siente y ha decidido contarselo a sus amigos. Lo ha hecho, veremos como reaccionan en el siguiente. Y un punto especial para la ancianita que visitó a Viktor. Creo que ya sabéis quien es mujajaja.
Segundo, he leído HP7. Voy a opinar sobre él sin spoilear, pero quienes lo hayan leído pueden comentarlo conmigo en los reviews. Me han encantado los primeros y los últimos capítulos. Lo del medio me ha parecido bastante regulero. Demasiados cabos sueltos, demasiadas cosas excesivamente sencillas y obvias, demasiadas muertes sin sentido. Tiene cosas geniales, como el capítulo 33 que ha sido mi favorito y descubrimos más sobre muchos personajes. El epílogo, horrible.
Con mis gafas de Dramionera, he visto un momento Dramione importante en el libro, pero así soy yo. Después de este libro mi opinión sobre Draco no ha cambiado, aunque soy consciente que la de muchas sí. Yo ya sabía que era así aunque en el fandom lo idealicemos. De hecho me ha sorprendido gratamente pero no digo más.
Respecto a como influirá en el fic, pues he decidido seguir con lo que tenía pensado a pesar de todo. Primero porque no sabría como cambiarlo y segundo porque esa era la idea. Veréis que varias cosas coinciden con el libro, pero juro que ya las había pensado así, no obstante esencialmente las tramas son diferentes y la resolución también lo será. Y la oreja de cierto personaje permanecerá en su sitio en mi fic, no digo más. Al contrario de lo que pensaba en lugar de quitarme las ganas de escribir Dormiens, me ha dado más y me ha dado miles de ideas para otros fics.
Las alertas de fanfiction iban mal cuando lo publiqué así que de cualquier modo aviso para quien le interese que subí una especie de drabble -fic muy corto- llamado "Ella" sobre el triángulo Draco, Pansy y Hermione.
Muchas gracias por vuestro apoyo. Ya sea por reviews, pms, mensajes en foros o simplemente leyéndome aunque no déjeis constancia. Gracias de verdad.
Ahora, me despedido antes de que las notas de autor sean tan largas como el capítulo. Como siempre, mis agradecimientos especiales a todas las que me dejaron review en el capítulo anterior:
Chepita1990, kastillito, , Soe, .Uchiha, Amber, Umiko, Jules Richards, Andita, Sonylee, lauriska malfoy, fransheska, Rosario, pekelittrell, brujiskatty18, Hermi -SsS, kMi, anassie, Andrux, Pandora, Rominitap Moon, Lyann Jade, selegna, PauMalfoy, Itsa, Lara evans, TinaPotter, Lunnaris, Cris Granger, dayis, , Little Pandora, Dysis, galletaa, Katurix, Merian Li, Kris Hart, Mcflygirl89, Emily Dumbledore, Sweet, Gala Zoel, Edoras, tifanny, naru, Haruka, Angelix, maferdarg, Sami -Marauder girl, consue, Amarissima, Veroli, Conny-hp, PigMy, lprmacm, waterflai, danymeriqui, darkruki008, marceps, Nara, pau, Baddy, sakurita555, mariapotter2002, SombraGris, melaniablack, oromalfoy, Luzbe, JapaneseHeart, Erica, PsicodelycCorpse, Factium, Mónica, Irethi, Loree, Kathyta Black, irianna07, dajha, Codara, maria, vicky, mandy, Dai -vampire, .o0, Vic, lalitamalfoy, Thea, alesiiita, Gillian Wood, Dani, africa desiree, dauphinita, Nimue-Tarrazo, annkora, , Larita Tonks, mi, ZhirruUrie, Rainei, Lunasel, lolo, Nasirid, Lyssandra Dumbledore, paulina tanimachi malfoy y Arsami.
MUCHAS GRACIAS POR TODO!
Con mucho cariño, se despide por un tiempo, Dry!
PD: Click a "Go" para que Draco (o X) te susurré que te quedes con él esta noche.
