36- Entrelazado
No recuerda muy bien lo que ha pasado esta noche ni sabe siquiera qué hora es, solo que tiene hambre pero que se ha despertado con el estómago revuelto por la angustia, que hay algo caliente a su lado y que no quiere recordar la cara de aquella chica, su voz o su nombre o simplemente acordarse de ella. Fox toca las sábanas suaves y ahora arrugadas y sabe que no es su cuarto. Lo único que se oye es el suavísimo ruido del motor cambiando la ruta y el aire acondicionado purificando el ambiente. El zorro, con los ojos hinchados que le piden que los cierre para dormir otra vez, mira el reloj que se ha olvidado de quitarse de la muñeca al dormirse y la mínima luz que se ve cuando pulsa el botón es suficiente para molestarlo. Son las cuatro de la mañana y afortunadamente hoy no van a entrenar para parar a repostar a la tarde. Vuele a cerrar los ojos, sabe que no va a poder dormir de todas maneras. Tiene gana de hundirse en sus lágrimas.
Cuando va a mover su mano para dejarla bajo la almohada nota algo caliente y muy ligero desde su hombro a casi la cadera y es cuando algo hace conexión en su cabeza y se da cuenta de que es él quien está allí. Por segunda vez estos días se ha quedado dormido a su lado luego de contarle sus problemas. Lejos de retirar su ala la mente nublada de Fox se deja llevar y mueve lentamente su mano a la de Falco, entrelazando sus dedos con él. Sus plumas calientes reaccionan como si estuviera consciente y le devuelve el gesto, presionando ligeramente su mano que es minúscula al lado de aquellas largas plumas.
Moviendo un poco la cabeza se acomoda y siente una pluma acariciando sus nudillos casi imperceptiblemente.
-¿No puedes dormir? -Susurra a sus espaldas.
Fox gira el tronco hacia él sin saber bien qué hacer o decir; a pesar de eso no siente que nada esté mal. La cara oscura de Falco se perfila con la escasa luz que viene de la ventana desde el espacio. Se gira completamente hacia él y sus manos entrelazadas quedan en el medio de ambos, separándolos. Ninguno articula la palabra, saben la verdad desde hace mucho tiempo. El zorro se acurruca con los ojos cerrados un poco más a él. Ya no sabe qué hacer, solo sabe que no quiere que este día quede en nada como pasó hace tantos años. Falco sigue acariciándolo sus nudillos con una sola pluma y se siente agradable no tener que hablarle siquiera ni explicarse por todo lo que hace.
A pesar de querer cambiar las cosas nada lo llama a hablar. Quiere que Falco le lea la mente como ella lo hacía. Quiere que sienta lo que él siente para que no haga falta utilizar las palabras para hacerle saber el alcance de lo que lleva dentro.
-¿Qué tal estás? ¿Mejor?
-Sí, mejor.
-Pues no lo parece. Te ves triste, Foxie. Y no soporto verte así.
El zorro abre de nuevo sus cansados ojos verdes y mira al faisán. La preocupación tiñe su cara con sinceridad y agradece que sea alguien sencillo y que no guarde en su corazón deseos oscuros ni segundas intenciones. Si Falco está preocupado y lo dice significa solo que está preocupado. Ya está. Nada más. No quiere nada más que animarlo.
Sin tantear el terreno suelta su mano ocupada y lo abraza, atrayéndolo hacia él. Su cuerpo caliente y cómodo se siente bien ahora y el calor anestesia la angustia en la que está hundido y deja de pensar. Sus ojos vuelven a cerrarse, soñolientos, ya no sabe distinguir ahora entre la realidad y el sueño en el que estaba mecido hace escasos minutos.
-Fox.
-¿Mm?
-Sé que no es buen momento, pero quiero decirte algo.
Fox no responde y deja sus brazos en la espalda emplumada del faisán. Dentro de él pide que lo quiera, aunque quererlo sea difícil porque él solo tiene problemas.
-Te amo, Fox. Te amo más que a nada. No sé qué haría sin ti y sin vosotros en este mundo. Llevo mucho tiempo queriendo decírtelo pero no me atreví por todo lo que pasó. Solo quiero que lo sepas. No quiero que te sigan haciendo daño.
La respiración de Fox se entrecorta y Falco espera nervioso por lo que acaba de decir. Ya no merecía la pena callarse por no querer quedar mal en un momento y luego ver a Fox de mano de otra persona deseando con toda el alma ser él.
El faisán se gira para mirarlo en su hombro cuando lo oye lloriquear otra vez y lo abraza más fuerte sin contestarle.
-¡Falco!
El susodicho se sienta y Fox con él, y aunque lo ha soltado vuelve a abrazarlo.
-Falco... Falco, gracias. Gracias...
Él respira aliviado y se ríe con esa risa que reverbera por todo su cuerpo.
-Venga, no llores más. Sé que soy una persona horrorosa y lo que quieras, pero no es para tanto.
Fox se ríe también emocionado y deja su cabeza en el hombro del faisán que lo abraza con cariño sin saber todo lo que aquello significaría. A partir de ese día todo volvió a cambiar en sus vidas y Fox volvió a sonreír otra vez como cuando su padre seguía allí.
