Sentimientos confusos

[Levi. A]

La calidez del departamento en donde vivía Mikasa me dio la bienvenida cuando puse el primer pie en él, estábamos a inicios de Octubre y el frío ya comenzaba a hacer de las suyas, por lo que fue un gran alivio para mí que adentro fuera cálido. La primer impresión que tuve de él fue que para ser un departamento "modesto", era bastante grande, quizá el doble al lugar en donde vivía con mi madre, había muchas lámparas costosas por todos lados, floreros con flores de muchos colores por todas partes y el piso era cubierto por una alfombra color caqui, por lo que supuse que sería todo un reto limpiarla.

El ama de llaves me había recibido con una amable sonrisa, diciendo antes que nada que Mikasa no tardaría mucho en llegar y que Annie estaba en la habitación de huéspedes. En el hospital le habían dado el alta el día anterior con la condición de que se mantuviera en total reposo durante algunos días. Mikasa se había negado a que Annie regresara a su casa, no cuando el padre de Annie era temperamental y violento, durante el par de días que la rubia estuvo internada él nunca se dignó a aparecer aunque había sido avisado. Los padres de Ackerman nunca estaban en casa, la señora Ackerman trabajaba en la industria de la moda, por lo que era normal que siempre estuviera fuera por las distintas pasarelas y desfiles que se organizaban en París, Milán y Tokio. Por su parte, el señor Ackerman era un hombre de negocios, por lo que constantemente viajaba a Estados Unidos y Canadá.

Mikasa pensaba que en realidad los viajes eran una excusa para no tener que convivir por demasiado tiempo, según ella, sus padres ya no se soportaban y ella sospechaba que se engañaban mutuamente. Pero a Mikasa parecía no importarle, decía que desde niña estaba acostumbrada a ver sus padres un par de días al mes, además, no estaba sola, en el departamento de a lado vivía su abuela materna, quien era la figura materna de Mikasa. Era por eso que Annie se estaba alojando aquí por lo mientras, era bueno para ambas, se harían compañía y Mikasa estaba fascinada con la idea de organizar "noches de chicas" con Leonhardt.

Pensaba en que personas como Mikasa, Annie y Eren tenían todo y al mismo tiempo no tenían lo único que importa de verdad en la vida de cualquier persona: sus padres. Los señores Ackerman nunca convivían con su única hija, siempre viajando y siempre teniendo otras prioridades. La madre de Annie había muerto al dar a luz y el señor Leonhardt era un hombre bastante violento que tampoco le prestaba atención a su hija, siempre preocupado por cuidar su imagen frente a la sociedad. Eren había sido más afortunado en ese sentido, Erwin y Mike habían hecho un extraordinario trabajo como padres, sin embargo, yo sabía que muy dentro de Eren, existía esta parte herida que se cuestionaba constantemente el por qué sus verdaderos padres le habían abandonado sin más.

Llegué a la última habitación del angosto pasillo, mis nudillos se apresuraron para tocar la puerta de madera y enseguida la suave voz de Annie se hizo escuchar. Estaba recostada en la cama mirando una serie en Netflix, en cuanto me adentré en la habitación ella se apuró en apagar la enorme televisión de pantalla plana y acomodarse mejor sobre el colchón de la cama.

Por primera vez, desde que conocía a Annie, tenía el rubio y corto cabello suelto y completamente despeinado, su piel lucía más pálida de lo usual y dos enormes ojeras moradas se ceñían bajo sus azules ojos de pestañas doradas pero a pesar de verse tan mal, mantenía su dignidad intacta, la fortaleza que la caracterizaba estaba ahí. Me acerqué hasta ella y tomé asiento en la orilla de la cama.

—¿Cómo estás?, ¿cómo te sientes?, ¿te duele algo?— Le cuestioné con suavidad, deseando que Annie no malinterpretara mi preocupación con lastima.

—Bien— Su voz salió queda e instintivamente se llevó las manos a su vientre.— No me duele nada. Físicamente siento que podría levantarme en éste momento y patear el trasero de Mikasa en un mano a mano, mentalmente... estoy exhausta.

—Es bueno saber que al menos físicamente estás bien.

Annie asintió pero no dijo nada más, por largos minutos permanecimos en silencio, ella mirando hacia algún punto muerto en la pared y yo la pintura de un bailarina de ballet que estaba colgada en la pared contraria a la que miraba Annie. Nunca había sido especialmente bueno con las palabras y sí, me ponía bastante incomodo querer decir algo y no saber qué; mis ojos fueron a dar hacia la rubia nuevamente y me encontré con que sus manos aún descansaban sobre su vientre, entonces las palabras salieron con tanta facilidad y sin ningún tacto que me odié profundamente por eso.

—Lamento lo que sucedió con tu bebé— Me mordí la lengua cuando los ojos desorbitados de Annie me miraron, sin embargo, estos mismos me urgían en que continuara y lo hice.— Sé que te habías decidido a tenerlo.

—Cosas así pasan— Se encogió en el enorme colchón lleno de almohadas y su mirada cayó a donde sus manos aún acunaban algo que ya no existía.— Cuando me di cuenta que estaba embarazada, pensé: no lo quiero tener. Pero entonces, comienzas a preguntarte, ¿se parecerá a mí?, ¿cómo será?, ¿qué nombre sería el apropiado?, te encariñas con la idea de que haya un pequeño niño llamándote "mamá", supongo. Pero ya ves... a veces se tiene que ser muy cuidadoso con lo que se desea.

Un apretado nudo apareció en mi garganta y tragar saliva fue una tarea difícil de llevar a cabo. Me sorprendía bastante con que ternura había hablado Annie, y al mismo tiempo me rompía el corazón pensar en lo culpable que debía de estar sintiéndose, pero aún así, a pesar de que estaba cargando con mucha culpa y mucho dolor, se mantenía firme y fuerte. Pensé que no existía mayor valentía que esa. Annie era asombrosa.

—Armin estaba destrozado, me dolía verlo así— Exclamó de pronto, interrumpiendo el silencio que se había formado otra vez.— Por eso le dije que el niño no era suyo de cualquier manera.

—Pero dijiste que no estabas segura, ¿por qué..?

—Era lo mejor, así quizá... no sufriría tanto, aunque puede que haya hecho justo lo contrario— Apretó los labios por unos segundos antes de suspirar.— Tenía que enterarse de la verdad.

—Entonces... ¿eso significa que ustedes... terminaron?— Arrugué la frente, pensando en que no podía y no debía existir una Annie sin un Armin y viceversa. Eran el uno para el otro.

—Cuando le conté... debiste verlo, estaba totalmente dolido y decepcionado, no dijo una sola palabra, simplemente se levantó, dio media y se fue. Supongo que sí— Desvió la mirada y apretó la mandíbula, tratando por todos los medios de no llorar.— Estoy... fue un golpe duro, pero lo superaré. Siempre lo hago.

Arrugó la nariz y apenas una fina y solitaria lágrima recorrió su mejilla, pero enseguida la limpió con el dorso de su manga, suspiró pesadamente. Sin pensarlo dos veces, mis manos fueron a buscar las suyas, le di un pequeño apretón en un intento de transmitirle todo mi apoyo y comprensión. Ella pareció entender el gesto y asintió suavemente con la cabeza. Después de todo, Eren había compartido a su familia conmigo y era nuestra, de los dos, y claro que sí, entre familia se cuidan los unos a los otros. Ahora entendía un poco porqué Annie siempre había defendido a Eren con uñas y dientes, me gustó ser parte de eso.

Entonces la puerta se abrió de golpe, sobresaltándonos a ambos y revelando a un sonriente Eren, de castaños cabellos mojados y con la sudadera de su equipo de fútbol puesta. Su fragancia inundó la habitación y Annie pareció haber recuperado el color de su piel en cuanto él se adentró a la habitación con esa sonrisa suya, iluminando todo como un rayo de sol, más o menos.

—¡Ya llegó por quien lloraban!

Exclamó mientras se acercaba hacia Annie, pasó de largo de mí sin ni siquiera dirigirme una sola mirada, pareciendo demasiado obvio en querer evitarme a toda costa, me sentí ligeramente dolido ante ese gesto, pero Eren había estado actuando raro de una fecha para acá, quise pasarlo por alto. Detrás de él apareció Mikasa con una diminuta sonrisa dirigida también a Annie.

—Y tuvo la decencia de traer helado para todos— Alzó las bolsas de plástico en donde estaban empacados los potes de helado y luego sacó unas cucharitas desechables de las mismas para darle una a cada quien.— Yo compré galletas con chispas de chocolate, así que por hoy podremos atascarnos como gordos en bufete.

Y tras decir eso comenzó a repartir un pote de helado para cada quien junto con su respectiva cuchara, a Annie le dio uno de crema de mango, yo escogí el de vainilla, Mikasa se quedó con el de frutos rojos y Eren se terminó quedando con el de trufa de chocolate. Miré el pote con todo ese helado que era sólo para mí y enarqué una ceja, creyendo que sería incapaz de siquiera comer la mitad de lo que había ahí. Mi mirada fue a dar enseguida con Eren.

—¿No crees que exageraste un poco con la cantidad de helado, Jaeger?

—Ya escuchaste a Mikasa— Respondió rápidamente, sin embargo, su mirada de nueva cuenta evitó a la mía.— Por hoy está bien ser gordos mórbidos.

—¡Ah!, eso me recuerda, Eren... ¿no crees que te estás poniendo un poco gordito?— Cuestionó Ackerman con un ligero brillo de maldad y diversión en sus ojos.

La cuchara atascada con helado que iba directamente a la boca de Eren, se detuvo a medio camino. Él volteó a ver a Mikasa con el ceño fruncido y las mejillas infladas, cual niño chiquito que esta a punto de hacer berrinche.

—¡No estoy gordo!— Contraatacó, su ceño fruncido se acentuó más y en el proceso arrugó la nariz.— Éste último mes me he estado matando en los entrenamientos, yo diría que estoy ganando masa muscular y es completamente distinto, como la masa y el peso.

—Vaya, esto sí es nuevo— Irrumpió esta vez Annie, antes de que Mikasa hablara de nuevo; parecía bastante divertida con el alboroto que estaban armando Eren y Mikasa.— Eren Jaeger diferenciando peso de masa, es aterrador.

Enseguida se dibujó una mueca de indignación en el rostro de Eren, ante eso, Annie sonrió burlona y por ese efímero momento fue como si nada malo hubiera ocurrido días antes, volvía todo a la normalidad y agradecí a Eren por ello. Entonces, el castaño puso aquella expresión en su rostro, de cuando esta a punto de alardear de lo bien que juega al fútbol, o cuando presume los niveles que pasó sin problema alguno en uno de sus tantos video juegos.

—Para tu información— Comenzó, poniendo un dedo en el aire como si estuviera a punto de explicar algo de suma importancia, casi podía ver los destellos apareciendo alrededor de él.— Puedo saber muchas cosas que no tengan que ver con el fútbol, puedo ser un tipo culto que lee libros. Yo también puedo ser tan interesante como Farlan Church.

De un momento a otro la sonrisa burlona que adornaba los delgados labios de Annie desapareció, convirtiéndose en una mueca de total confusión. Incluso Mikasa frunció el ceño, pareciendo demasiado extrañada de que Farlan Church fuera mencionado de la nada, en un asunto que no tenía nada que ver. Yo también estaba bastante sorprendido de que Eren sacara a colación a Farlan Church, pero eso no había sido todo, era la primera vez que Eren hablaba de alguien con tanto desdén desde que Jean había quedado en el pasado, casi escupiendo el nombre de Farlan.

Hubo un prolongado silencio, Mikasa y Annie se dieron miradas entre ellas, para luego dirigir esas miradas hacia mí, preguntando en silencio si yo tenía idea de por qué Church había salido en el tema de conversación; supuse que Eren no les había contado que ahora Farlan se hacía llamar así mismo amigo de Eren, sólo por compartir clases y facultad. Eren pareció notar el repentino sentimiento de confusión, fue por eso que carraspeó incomodo y se hundió más en su lugar.

—¿Y ese idiota qué tiene que ver?— Preguntó la única rubia en la habitación, una ceja alzada haciendo énfasis a su interrogante.

Eren se metió la cuchara con helado a la boca y encogió los hombros.

—Sí, Jaeger— Exclamé sintiendo una repentina curiosidad de que Eren mencionara a Farlan.— ¿Cuándo es que Church se volvió importante para ti?

Entonces, por segunda vez en toda la noche, aquellos ojos verdes fueron a dar conmigo, irritados, llenos de otras emociones que no supe identificar. Pero fue tan breve que por un momento pensé que sólo lo había imaginado, Eren bufó con hastío y su fastidiada mirada se encontró con el piso alfombrado de la lujosa habitación.

—Sólo lo mencioné porque algunos— Su mirada acusatoria se posó sobre mí brevemente, luego otra vez huyó de la mía.—Y eso incluye a Farlan Pollo Church, piensan que todo mi universo gira entorno al fútbol.

—¿Y no es así?— Le cuestionó Annie, una ceja rubia alzada enfatizando su pregunta.

Eren de inmediato frunció su ceño y negó enérgicamente.

—¡Diablos, Annie! ¡no!

Esto pintaba para una nueva discusión, alguien debió advertirle a Annie que Jaeger simplemente no había estado de humor y que de hecho, no estaba de humor para soportar su humor ácido. Mikasa pareció darse cuenta casi enseguida porque entonces suspiró cansada y se apresuro en detener otra posible ruptura entre nosotros debido al mal humor que envolvía fieramente a Eren.

—Y... hablando de fútbol— Dijo, atrayendo la atención de Annie y Eren.— No nos haz contado contado como te va con tu nuevo equipo, y por favor, no me digas que lograste ser capitán.

Un poco de la irritabilidad de Eren se fue, relajó sus facciones y pareció más cómodo hablando de éste asunto. Se hundió más en el pequeño sofá que había en la alcoba y comenzó hablando maravillas de su nuevo equipo, lo populares que eran y lo difícil que era poder siquiera entrar. Mikasa le dio una mirada severa a Annie, que parecía una silenciosa advertencia de que por hoy dejara de ser tan... bueno, tan Annie con Eren.

Habló sobre el equipo de porristas y Mikasa pareció más entusiasmada cuando se tocó el tema, de los uniformes rojo escarlata con franjas doradas que resplandecían cuando las animadoras se movían, de Nanaba como la estricta capitana que jamás permitía que su escuadra se viera opacada cuando los jugadores salían a enfrentarse contra otro equipo. Y Mikasa se sintió ligeramente celosa de que la escuadra de animadoras tuviera demasiada relevancia entre los equipos de deporte. Algo así como una escuadra de animadoras de élite.

Y dentro de todo eso, también salió con mayor énfasis el tema del capitán del equipo de fútbol. Un tal Zeke, que curiosamente compartía apellido con Eren y quizá, algo más. Había tanto parecido entre él y Eren, su amor y pasión por el fútbol, su equipo y la playera, lo quisquilloso que ambos eran cuando se trataba de estrategias de juego, su obsesión insana por los duros entrenamientos e incluso, un poco de narcisismo; por momentos creía que Eren hablaba de sí mismo a lo hora de describir a su molesto capitán de equipo.

Mientras Eren seguía hablando hasta por los codos, me di cuenta de que jamás pregunté y que tampoco se dio la oportunidad de que él me hablara de todo esto. Me asusté al darme cuenta de como las cosas poco a poco estaban cambiando, me asustaba oír a Eren decir que cada día tenía que esforzarse un poco más, siendo que meses atrás, eso hubiera sido impensable. Eren era demasiado petulante para admitir que tenía que esforzarse sólo un poco más, porque él ya era demasiado bueno en lo que hacía.

De sus visitas a la que parecía ser la mejor biblioteca escolar en la historia de las bibliotecas escolares y su repentino acercamiento a los libros de la sección de recreación. De lo mucho que tenía que estudiar para poder seguir dentro del equipo de fútbol y eso, sonaba demasiado raro saliendo de los labios de Eren. De alguna forma sentía que se me estaba yendo de las manos, no quise aceptar que sólo estaba creciendo y que el cambio era parte de eso.

Cuando dieron las diez en punto de la noche, Mikasa por fin se desperezó, pareciendo un poco triste de que por hoy, las aventuras de Eren en su nueva escuela debieran quedar allí.

—Bueno, mis niños— Su voz saliendo de sus labios con un tono parecido al de una madre que esta a punto de mandar a sus hijos a dormir.— Me gustaría quedarme a escuchar más de ese espectacular grupo de animadoras, pero ayudaré a Annie a darse una ducha, así que... no es que los corra, pero ya es tarde.

Se dirigió a Eren y a mí, mientras que al mismo tiempo ayudaba a Annie a ponerse de pie, según parecía, por nada del mundo debía hacer mucho esfuerzo. Tuve ese extraño pensamiento que Mikasa podía postularse para ser nuestra madre postiza. Después de que nos despedimos del par de chicas y salimos del ostentoso departamento, el ambiente entre Eren y yo se volvió tenso de nuevo, con él evitando hacer cualquier clase de contacto visual conmigo. Fue esa misma razón la que me hizo detener mi camino al estacionamiento, crucé los brazos sobre mi pecho y ese gesto fue suficiente para que él también se detuviera y por fin volteara a verme.

—¿Tienes un segundo?

Le pregunté con voz suave, intentando no parecer molesto por su extraña actitud conmigo y así, evitar que todo terminara con un Eren enfurecido. Él pareció pensarlo por demasiado tiempo, pero al final asintió, se acercó un poco, lo suficiente para poder escucharme; cuidando su espacio personal de mí, como si yo tuviera alguna clase de enfermedad contagiosa de la que él pudiera contagiarse también.

—Seguro.— Encogió los hombros, su mirada fija en sus converse perfectamente blancos, sin ninguna mancha.

—¿Pasa algo?

Me atreví a cuestionar sin rodeo alguno, sabía que las indirectas tampoco funcionaban con él. Eren por fin levantó la mirada, pero sólo para enfocarla en las puertas de cristal de la recepción del edificio en donde vivía Mikasa, torció los labios en una mueca y volvió a encoger los hombros.

—Una de mis mejores amigas tuvo un aborto espontaneo— Arrugó la nariz y apartó un mechón de cabellos de su campo de visión.— ¿Qué otra cosa se supone que está pasando?

—No lo sé, dímelo tú— Arqueé una ceja, me acerqué un paso más a Eren logrando que se tensara aún más. Suspiré.— ¿Estás molesto conmigo por... algo? Me estuviste evitando todo el tiempo, incluso ahora.

Temí que se tratara del asunto de Annie, después pensé que tal vez me echaría en cara que aparentemente, lo estaba haciendo a un lado por Farlan, a diferencia de él, podía captar perfectamente bien las indirectas. Entonces él rápidamente se apresuró en negar con la cabeza, parecía desesperado por algún motivo.

—No sucede nada, aparte de que sigo en shock por lo que pasó con Annie.

Sus verdes ojos por fin miraron a los míos, verde contra gris. Mentiroso, pensé.

"No pasa nada", claro, y los dragones existen.— Puse los ojos en blanco, diciendo aquello con total sarcasmo. Nuevamente mi mirada fue a confrontar a la de Eren.

—Yo quiero un dragón— Murmuró suavemente, parecía que cada vez se hundía más en su lugar.— De preferencia un... ya sabes, Colacuerno, si come pollos fastidiosos mejor.

Me quede viéndolo por extensos segundos, sabiendo que trataba de cambiar el tema con cosas que yo consideraba tontas. Lo conocía mejor que eso y sabía que algo grave debía estar sucediendo para que él no quisiera tocar el tema.

—Basta con las referencias a la cultura pop— Dije, Eren volvió a mirarme por breves segundos.— Ahora, ¿qué es lo pasa? ¿no confías en mí, Jaeger? ¿no somos amigos?

—¡Sí!, claro que sí, tú eres mi amigo... mi amigo...— Se preocupó por hacer énfasis en el último "mi amigo", nuevamente estaba varado en la conocida friendzone.— Mi mejor amigo de hecho... es sólo que últimamente no entiendo qué me pasa.

—Podrías intentar sólo decirlo.— Insistí, aunque algo me decía que no era buena idea presionar a Eren.

Él no pareció muy convencido de querer hablar al respecto a pesar de que yo estaba hablando con voz suave y tratando de sonar comprensivo. Sabía que todo esto tenía que ver conmigo, ¿o por qué había estado evitándome a mí?, me desesperaba no saberlo, quería saber todo lo que involucraba a Eren, ahora más que nunca que me había dado cuenta que estos meses habían sido complicados para él y nunca tuve la cortesía de preguntar, ni siquiera cuando su comportamiento extraño comenzó a revelar que algo no andaba bien.

—Es que... yo he tenido ciertos pensamientos, sobre cierta persona y no debería pensar así sobre esa persona.— Confesó, de repente, sacando todo el aire que parecía haber estado conteniendo.

—¿Una chica?— Pregunté, intentado que la amargura en mi voz no fuera tan obvia.

Eren me miró detenidamente por un largo momento, sus verdes ojos examinándome completamente, me sentí desnudo ante esa mirada tan contemplativa. Boqueó varias veces y entrecerró los ojos, pareciendo demasiado cauteloso ante cualquier cosa que fuera a decir:

—Algo así.

—Oh.

Terminé suspirando, sintiendo que era la criatura más tonta del universo. Claro que todo esto debía ser por una chica, ¿qué otra cosa más? Parecía que cuando se trataba de Eren nunca aprendía. Pensé en que Hanji tenía razón, debía simplemente rendirme, Eren no era para mí y yo ya tenía que empezar a hacerme a la idea de que así sería siempre. Lo vería casarse con una chica linda, teniendo a sus hijos y conmigo yendo con él a verlos jugar fútbol. Así serían las cosas.

—No es correcto, Levi— Exclamó de pronto, interrumpiendo mis pensamientos depresivos.— Hemos sido amigos durante un largo tiempo, somos amigos. No está bien que piense así, yo no soy así, ¿entiendes?

No, no entendía de qué rayos hablaba, por un segundo tuve esa fea sensación de que el mensaje iba implícitamente para mí. Pero tan pronto como esa idea surgió, la eliminé de mi cabeza; podía ver la desesperación de Eren, la total confusión por no entender lo que sentía. Como si estuviera mal estar enamorado. Pensar en la palabra enamorado dolía, pero él presentaba todos los síntomas de alguien que esta al borde de la locura amorosa, yo había cruzado ese puente después de todo.

El pensamiento fue duro, pero quizá era hora de que dejara ir a Eren. Mi cuerpo se estremeció ante tal pensamiento, negándose a dejar que alguien más tocara a Eren, que yo fuera tocado por alguien más que no fuera él. Mis manos repentinamente comenzaron a picar también, sólo una vez más, la última... y cuando menos cuenta me di, ya había invadido el espacio personal de Eren y mi mano derecha se encontraba acunando la mitad de su rostro.

—No sé que está pasando por esa cabecita tuya— Hablé con toda la sinceridad que cabía en mi cuerpo, los labios de Eren se abrieron tentativamente para mí.— Pero quiero que sepas que cualquier mierda que estés pensando que esta mal contigo, no lo está, en serio. Tienes que saberlo.

Mi mano se deslizó de su rostro a su cuello y se quedó ahí más tiempo del que era correcto. Podía sentir el pulso acelerado de Eren entre mis dedos y como poco a poco ese lugar se ponía más y más caliente, entonces él se apartó bruscamente.

—N-no intentes eso de nuevo— Exclamó con voz temblorosa, tenía los ojos bien abiertos y estaba totalmente rojo del cuello hasta las orejas. De inmediato se llevó una mano al lugar en donde antes había estado la mía y agregó más calmado:— Quiero decir... no soy un perrito, ¿sabes?

Parpadeé un par de veces y aún con aquel sentimiento de confusión, asentí lentamente dándole la razón sin discutir por primera vez. Por primera vez sintiendo que algo había cambiado entre nosotros sin que yo me diera cuenta.


[Eren. J]

Había logrado escabullirme de Farlan mientras él estaba demasiado ocupado "coqueteando" con una chica de tercero. Sentía una paz extraña cuando él no estaba cerca, y ahora podía seguir leyendo el segundo libro que había tomado prestado justamente del lugar a donde me había venido a esconder: la biblioteca. Sabía que él no vendría a buscarme aquí, sentí un enorme placer al pensar que estaría dando vueltas por toda la escuela para poder encontrarme, mientras yo disfrutaba de mi momento de paz y tranquilidad.

Sentí que una mano se posaba sobre mi hombro, me tensé al pensar que se trataba de Farlan, pero cuando aparté el libro y levanté la mirada, me encontré con la amable sonrisa de la bibliotecaria que antes me había recomendado libros.

—Bonjour, beau mec,* veo que sí estás leyendo los libros que te recomendé— Asentí con la cabeza y le devolví la sonrisa, ella rápidamente tomó asiento en el lugar frente a mí.— ¿Y? ¿qué te han parecido?

—Interesantes, muy buenos en realidad— Exclamé con entusiasmo, la mujer de bonitos ojos dorados ensanchó la sonrisa.— Me gusta toda esa cosa de los viajes en el tiempo y las cosas futuristas.

Ella miró la portada del libro que leía, en su rostro aún se divisaba la sonrisa amable y resplandeciente de momentos atrás. Negó suavemente y sus cabellos quebrados se balancearon al compás de ese movimiento.

—Si bien el tiempo es de relevancia, el tema que se toca es el de los viajes a dimensiones alternas— Uno de sus dedos señaló un párrafo en el que explicaban lo que ella acababa de asegurar.— ¿Ves?

Preguntó con paciencia, su voz con aquel acento afrancesado que lograba relajarme. Me tomé mi tiempo para volver a leer ese párrafo en exclusivo, dándome cuenta de que mi comprensión lectora no parecía ser la mejor, me sentí un tanto avergonzado ante aquella hermosa mujer que parecía ser tan culta como Levi, o Erwin.

—Es verdad, ¡aún mejor!— Dije, una vez que terminé de leer. Le dediqué una sonrisa tímida y ésta enseguida me fue devuelta.— Ahora tendré temas en común con Levi, incluso con Hanji.

Ella sonrió aún más amplio al ver la emoción reflejada en cada palabra que salía de mi boca, soltó una carcajada y me pareció haber escuchado a un ángel reír. Todo en ella me parecía hermoso en un sentido totalmente tierno, pensé en que si hubiera tenido una figura materna, me hubiera gustado que fuera justamente así.

—¿Ves lo que pasa cuando le das media oportunidad a un libro?— Me cuestionó con dulzura, tratándome como si fuera un niño pequeño que ha descubierto un tesoro enterrado en su jardín trasero.

Asentí enérgicamente, ahora podía entender mejor porqué a Levi le emocionaba comenzar a leer un libro nuevo. Nunca se sabía qué podía pasar a continuación y el sentimiento de saber que estaba un paso más cerca de Levi me llenó de emoción, en ese momento no pensé en que había estado evitando esos pensamientos y esos sentimientos por mucho tiempo.

Estaba a punto de decirle que me recomendara más libros que tal vez, en un futuro yo pudiera recomendarle a Levi, así podríamos hablar de ellos como lo hacía con Farlan, y ese cabeza de pollo ya no sería necesario en la vida de Levi, porque entonces, yo estaría ahí para entender de libros e historias llenas de fantasía. Pero de alguna forma, eso se vio interrumpido cuando Farlan logró hallarme, pensé con fastidio que debía buscar otro escondite.

—¡Vaya, primor! No pensé encontrarte aquí— Me sonrió con aparente burla y luego, su mirada fue a dar con la mujer que ya se había puesto de pie.— Bonjour, mademoiselle.*

—Bonjour— Exclamó la mujer, con un asentimiento de cabeza ante el saludo. La sonrisa amable aún seguía en su rostro.— Tengo que dejarlos, tengo muchos libros que ordenar. Hasta luego, chicos.

Y diciendo esto, empujó el pequeño carrito en donde llevaba pilas de libros, se alejó hasta el siguiente pasillo y al doblar la esquina, la perdí de vista. Suspiré con pesadez cuando Farlan se sentó en el lugar en donde había estado sentada ella minutos atrás.

—Qué curioso, no sabía que hablaras con mademoiselle— Empezó Farlan, refiriéndose a la bibliotecaria. Intenté concentrarme otra vez en mi libro, aunque sabía que sería imposible.— El otro día escuché a las señoras de intendencia decir que aunque parecía una persona muy fina y elegante, en realidad el director la había sacado del bajo mundo, ¿lo sabías?

Puse los ojos en blanco, Farlan era la persona más chismosa que había conocido en toda mi vida, supuse que era así como Jean se enteraba de todos los chismes de la escuela. A veces me preguntaba cómo es que la cabeza de Farlan tenía esa capacidad para guardar tantas cosas innecesarias como chismes tontos, pero sobre todo, me preguntaba a menudo cómo era que una persona así podía parecerle fascinante a alguien tan educado y reservado como Levi.

Está enamorado, el amor es ciego, dijo una voz dentro de mi cabeza, totalmente burlona y fastidiosa. De pronto me sentí más irritado, me negaba a la idea de que Levi pudiera estarse enamorando de alguien más, sobre todo si ese alguien era tan molesto como Farlan Church. Miré la hora en mi celular, agradeciendo que dentro de quince minutos tenía entrenamiento con mi equipo; prefería mil veces tener que soportar a Zeke que a Farlan.

—Me voy, tengo entrenamiento— Mencioné por toda respuesta a cualquier pregunta tonta de Farlan.— Bye, pollo.

—¡Espera!— Entonces, de alguna forma, ya tenía a Farlan frente a mí, en medio de mi camino, sujetándome de los hombros con firmeza para evitar que me fuera.— Es que quería pedirte un gran favor.

—¿Qué favor, Church?— Le cuestioné exasperado.

—Se trata de Levi— Y entonces mi mal humor bulló de alguna parte, estaba a punto de decirle que no, pero él fue más rápido.— Tú tienes mucha influencia en él, tal vez... si tú le hablaras bien de mí, él querría salir conmigo.

Aparté de un movimiento brusco sus manos de mi cuerpo, no entendía por qué de repente me sentía más enfadado que antes.

—Levi es una persona inteligente— Hablé entre dientes.— Es perfectamente capaz de tomar decisiones por sí mismo. Yo no influyo en eso de ninguna forma.

Intenté retomar mi camino e irme, pensé que le había dejado muy en claro que no tenía intención alguna de ayudarlo en ningún sentido con Levi, ni con otra cosa. Pero él volvió a detenerme, siempre testarudo.

—Pero si tú...

—¡Cristo santo, Farlan!, sólo dile que te gusta y ya. Deja de ser cobarde y cerrado, ve por todo o nada.

Declaré con la poca paciencia que me quedaba, sin embargo, sabía que esas palabras no habían sido dirigidas a Farlan, sino a alguien más. Me asustó en demasía cuando ese alguien, se convirtió en mí mismo; de nuevo estaban esos pensamientos incorrectos, de nuevo volvía a sentirme así.

Church pestañeó, pero luego la claridad vino a su rostro y sonrió pareciendo más decidido a hacer lo que tenía en mente.

—Tienes razón, Eren. Lo invitaré al baile de Noche de brujas que va a organizar la universidad y se lo diré, ¿crees que eso esté bien?

Por primera vez vi a Farlan nervioso, frotando sus manos contra su ropa. Ese genuino brillo de anhelo e interés en sus ojos que nunca antes había mostrado, ni siquiera cuando leía sus libros, sólo pude encoger los hombros con pesadez.

—Sí, ¿por qué no?

Él sonrió, primera vez que lo hacía honestamente. Eso es lo que Eren Jaeger hubiera respondido, ¿cierto?, él se hubiera sentido feliz de que su mejor amigo por fin encontrara a alguien que cuidara de él, pero no. Éste Eren pensaba que lo que acababa de responder se sentía tan incorrecto, que no tenía deseos de que Levi se enamorara de alguien más. Odié pensar en que este Eren no era yo.


Después de los duros entrenamientos, el equipo entero y yo nos marchamos hacia las regaderas, todos ansiosos de quitarnos el sudor de nuestro cuerpo y también el mal humor. Como siempre, fui el último en agarrar regadera, pero era mejor así, porque no estaba bajo la presión de que alguien estuviera esperando su turno, más a mi favor, porque sólo quedaba yo siempre y de nueva cuenta, era mejor así.

Mientras secaba perezosamente mi cuerpo, pensé otra vez en Farlan y su decisión de pedirle a Levi que salieran en una cita, para el treinta y uno de octubre no faltaba mucho, me desesperé al pensar en ello. Era demasiado egoísta, pero no tenía deseos de que ese día llegara, ¿y si hablaba con Levi?, ¿y si le decía que Farlan no me agradaba? Probablemente me mandaría a la goma, a él sí le agradaba y era todo lo que debía importar, no yo. Ese pensamiento me llenó de rabia, siempre pensé que pasaría un largo tiempo antes de que dejáramos de ser sólo él y yo.

—¡Hey, mini Jaeger!, como siempre al último, ¿eh?

Me sobresalté cuando la potente voz de Zeke hizo eco por todo el baño, acababa de salir de las duchas por lo que podía notar de su cabello y el agua que escurría por él. Llevaba la blanca toalla enroscada alrededor de su cintura y cuando la fue desenrollando, intenté no voltear bajo ninguna circunstancia. Ley entre los hombres, no mirar de más en éste tipo de situaciones.

—Eso parece.

Y tras decir eso, yo también me quite la toalla que me había estado cubriendo, ambos nos tomamos nuestro tiempo en vestirnos y secarnos adecuadamente, siempre respetando la regla de oro de no fisgonear de más. Habíamos permanecido en un silencio sepulcral mientras nos vestíamos, pero no me parecía incomodo como los primeros días, parecía que me estaba acostumbrando a todo esto. Entonces, ese silencio tan cómodo fue interrumpido por Zeke, nuevamente.

—¿Ya tienes pareja para el baile de Noche de brujas?

Preguntó mientras amarraba las agujetas de sus blancos tennis, parecía que otra regla de oro era que después de los entrenamientos y duchas, todos teníamos que usar el uniforme de nuestra facultad, que consistía en un pants blanco con franjas rojas, la playera blanca con el orgulloso escudo de la universidad y la chaqueta roja con mangas blancas.

—Sobre eso... no me entusiasma mucho asistir, decidí entonces no venir.— Confesé, terminando de colocarme la dichosa sudadera que a mí me parecía espantosa.

—Tienes que estar de joda— Exclamó Zeke, ahora poniéndose su propia chaqueta de colores que no combinaban en lo absoluto.— El baile de Noche de brujas que organiza ésta escuela es el mejor, los mejores disfraces lo verás aquí. El año pasado un sujeto se disfrazó de Iron Man, algo excéntrico si me preguntas, la armadura era completamente estorbosa, pero fue el mejor disfraz de la noche. Ni mencionar la casita de los sustos que ponen en el edificio abandonado de ésta facultad.

—Todo eso suena... genial.— Admití, sintiendo repentina curiosidad de asistir sólo para ver si alguien había sido lo suficientemente irreverente para disfrazarse de otro personaje de Marvel.

—Lo es, absolutamente, ¡vamos, mini Jaeger! anímate a venir— Se acercó a mí, abrazándome con fuerza por los hombros.— Además, un pajarito me dijo que Riko espera que la invites tú.

Riko Brzenska era de las otras amigas muy allegadas a Zeke, habíamos hablado un par de veces, la mujer era tan seria que me causaba un poco de miedo. Por eso me pareció extraordinario verla en la escuadra de porristas junto con Nanaba y Pieck, otras amigas de Zeke. De inmediato supe que el otro Jaeger estaba intentando embaucarme con una de sus amigas, y eso sólo logró que mis ganas por asistir fueran nulas, un menos cero totalmente.

Sin embargo, asentí y me preparé para mentir.

—Seguro, lo pensaré.

Zeke pareció complacido ante aquella respuesta mía y sonrió de lado.

—¡Ese es mi muchacho!— Palmeó mi hombro con algo de rudeza y luego agregó:— Cambiando de tema, hay algo que ha estado dándome vueltas en la cabeza. Pensé que quizá tu padre podía ser pariente lejano del mío. Tú y yo somos Jaeger, después de todo.

Ante aquella conclusión apresurada de Zeke reí y negué con la cabeza. Él siempre parecía bastante curioso conmigo, no lo preguntaba directamente pero yo sabía que esa curiosidad estaba ahí. Sin embargo, era imposible que él y yo tuviéramos algún tipo de parentesco.

—Lo dudo, creo que no te he contado que en realidad soy adoptado, ¿verdad?— La expresión de emoción en el rostro de Zeke fue desapareciendo, para poner una más seria.— Papá número uno se llama Erwin Smith, papá número dos se llama Mike Zacharius. Sí, fui adoptado por una pareja del mismo sexo, puedo entender si eso te resulta incomodo.

—No, desde luego que no, madre tiene un primo gay— Se apresuró a negar, su semblante igual de serio pero ahora reflexivo.— Pero, no entiendo, ¿entonces de dónde viene tu apellido Jaeger?

—Ah, eso... pues cuando mi madre biológica me abandonó en casa de mi padre biológico, yo ya estaba registrado con el apellido de mi padre— Me rasqué la nuca, sintiendo una incomodidad repentina.— Mi progenitor es un Jaeger, pero no lo conocí, es decir, a la primer oportunidad que tuvo me abandonó en casa de los padres de Erwin y bueno... lo demás es historia. Ya sé, es algo revuelto.

Y triste, ninguno de mis padres me quiso, ni siquiera me dieron una oportunidad, pensé para mí mismo, sintiéndome tan miserable de pronto, parecía que entre más noción tenía de ciertas cosas, más me dolían. Nunca había importado ese tema, pero ahora calaba dolorosamente en mis entrañas al pensarlo; nunca me había molestado hablar de ello con quien tuviera curiosidad de preguntar por qué no me parecía a Erwin, y ahora aquí estaba, compadeciéndome a mí mismo. Zeke puso una expresión de tristeza en su rostro y de verdad deseé que dejara de verme así.

—Entonces, ¿no conoces ni a tu verdadero padre, ni a tu verdadera madre?— Preguntó y ante mi negativa él volvió a hablar.— Pero sí sabes el nombre de tu verdadero padre, ¿cierto?

—Es lo único que sé de él, de Grisha Jaeger.

Dije dando media vuelta y encaminándome hacia la salida, pero cuando noté que Zeke no me había seguido, volteé a verlo. Estaba completamente rígido en su lugar, sus ojos se había oscurecido a un azul marino peligroso, ahora no había expresión alguna en su rostro. Su comportamiento me pareció de lo más inusual pero no me extrañó para nada, Zeke siempre actuaba raro alrededor de todos, supuse que mi trágica historia había causado ese efecto en él. Suspiré y encogí los hombros con sencillez y dije:

—En serio, Zeke. No tiene importancia alguna.

Entonces, él por fin reaccionó, se acercó lentamente a mí y pronto su mano derecha fue a dar a mi hombro derecho para apretar ahí con fuerza, más de la necesaria, estuve a punto de quejarme pero él habló.

—Al contrario, mi querido Eren— De pronto sus ojos habían adquirido un brillo casi desquiciado, como si yo acabara de decirle cuales eran las verdaderas coordenadas del reino perdido de Atlantis.— Toda ésta historia a mí me ha parecido bastante interesante.


¡Hola a todas/os!, pasaba por acá para dejarles actualización de este fanfic. Espero que el capitulo haya sido de su agrado y también espero que estén teniendo un excelente fin de semana. Muchas gracias a las personitas que toman la molestia de leer y dejar reviews, eso siempre me anima muchísimo. En fin, creo que por ahora sería todo, sin nada más que agregar, nos andamos leyendo próximamente, ¡saluditos!✨

All the love, Dragón. 🐉🌹