-Sois unas lentas.- Se quejó David que estaba sentado en el sillón ya con su pijama, su manta y su peluche de elefante en las manos.

-Ya estamos aquí.- Afirmó Regina cogiendo el tazón de palomitas que le habían preparado ya.- ¿Dónde quieres ponerte?

-En medio.- Pidió él.

-Eres un consentido.- Le dijo su madre tirando de la manta destapándolo un poco haciendo que se enfadase.

-Es mi mata.- Gritó tirando también.

-No os peleéis.- Les regañó Regina que había mandado encender la chimenea.

Regina apagó la luz, la sala quedó iluminada por el fuego además de por la luz que salía de la televisión. Una vez que había hecho eso se metió debajo de la manta y puso las palomitas en el regazo de David que metió al elefante en un lado para que no le estorbase.

-¿Listos?- Preguntó Regina cogiendo el mando.

-¡Sí!- Gritaron los dos a la vez como siempre hacían.

-Venga.- Regina le dio al botón y la película comenzó.

Los tres se quedaron embobados mirando las imágenes. David acaparaba el tarro de palomitas junto con Emma mientras que Regina prefería disfrutar de las dos personas que se habían convertido en el sentido de su vida.

Una hora y media después la película terminaba y los créditos aparecían en la televisión. David se levantó corriendo asustando a Emma y a Regina que se levantaron con él.

-¿Qué tienes?- Preguntaron las dos a la vez al verlo dar saltitos delante del sillón.

-Tengo pis.- Dijo en voz baja mientras seguía moviéndose.

-Vamos, corre.- Soltó Emma cogiéndolo en brazos y saliendo corriendo del salón en dirección al baño mientras que Regina solo sonreía.

Regina aprovechó que se habían ido para ir a ver si la cena estaba servida. Nada más llegar a la cocina vio que todo estaba listo y les pidió a todos los empleados que allí había que se fuesen a descansar, ella deseaba hacerse cargo de todo a partir de ese momento.

-¿Te ayudo?- Preguntó Emma apareciendo en la cocina.

-Claro. Vamos a poner la mesa, la cena esta lista.- Dijo Regina revisando el horno para bajarle un poco de fuego.

-Perfecto, además tengo algo que preguntarte.- Soltó Emma saliendo de la cocina con los platos en la mano dejando a Regina con la intriga.

-¿Y qué es eso?- Preguntó Regina que la siguió de cerca con los vasos.

-Cuando venga David.- Aseguró Emma dejándolo todo colocado y girándose para mirar a Regina.

-¿Dónde está?- Pregunto la morena mirando alrededor.

-Ha subido a traerte un regalo.- Explicó Emma con una gran sonrisa en su cara.

-¿Un regalo?- Preguntó mientras volvían a la cocina a por el resto de cosas.

-Así es, te ha traído una cosa que ha hecho en el colegio.- Le explicó sin darle más detalles de ello.- No te puedo decir más…

-Vale, llevemos esto y esperemos a que baje.- Dijo Regina que a pesar de todo estaba nerviosa por el regalo que le iba a dar David.

Las dos se acomodaron en la mesa y esperaron unos minutos a que apareciese David corriendo con una pequeña caja en una mano y un papel en la otra. Las dos sonrieron y sirvieron la comida además de los zumos para empezar a cenar, Regina estaba nerviosa por saber que le iba a dar y el niño estaba deseoso de entregárselo.

-Gina…- Murmuró él bajando de su silla y acercándose a la mujer que echo su silla hacía atrás subiendo a David a sus piernas.

-Dime, guapo.- Contestó ella apartando un mechón de pelo de su cara.

-Tengo un regalo.- Le dijo él mostrándole sus manos cargadas de cosas.

-¿A sí?- Preguntó entonces Regina haciéndose la sorprendida pero cruzando una mirada cómplice con Emma.- ¿Qué es eso?

-¡Mira!- David gritó y abrió el dibujo que tenía en sus manos.

En el dibujo aparecían los tres en un gran bosque verde. Regina cogió el dibujo y se quedó mirándolo con una gran sonrisa en su cara, Emma aparecía con su cabellera rubia y su chaqueta roja, Regina por su parte con el cabello negro y uno de los pañuelos que solía llevar cuando quedaba con él en el parque. David aparecía más pequeño con su pelo corto y oscuro.

Emma esbozó una gran sonrisa y le guiñó un ojo a Regina que se acercó y le dio las gracias más un fuerte beso en la mejilla. David se rió porque le hacía cosquillas.

-¿Dónde estamos?- Preguntó mirando el fondo verde que allí había.

-En Storybrooke.- Explicó él con una gran sonrisa.

-Yo no he estado nunca en Storybrooke.- Le dijo Regina que seguía mirando el dibujo.

-Esto… creó que ahora debo intervenir yo…- Dijo Emma acercando su silla a donde estaban ellos dos.- ¿Te gustaría pasar la navidad con nosotros en Storybrooke?- Preguntó con la voz algo entrecortada.

-¡Di que sí!- Gritó David golpeando cariñosamente las mejillas de la morena.

-¿Hablas en serio? –Preguntó Regina mirando a Emma y sujetando a David que se movía mucho en sus piernas.

-Claro que hablo en serio.- Dijo Emma.- Mi casa en Storybrooke tuve que venderla para poder venir aquí pero seguro que consigo alquilar alguna. Granny estaría encantada de vernos por allí de vuelta.- Explicó la rubia mirándola fijamente.

-Me encantaría ir pero tengo una condición para ello.- Soltó Regina sonriendo aunque mostrando su lado formal y sensato a la vez.

-¿Qué condición?- Preguntó entonces David rápidamente sorprendiendo a ambas que estaban perdidas en los ojos de la otra.

-Que tu madre aproveche también el tiempo para estudiar.- Dijo Regina mirando a David pero refiriéndose a la mujer.

-¿Esa es tu condición?- Preguntó Emma pensando que era una broma.

-No te rías, es totalmente en serio. Yo me voy con vosotros pero primero quiero que me prometas que estudiaras y que sacaras el curso con nota.- Explicó entonces Regina mirando a la rubia con más calma.

-Te lo prometo. Te prometo que estudiaré, que sacaré la carrera y que aprovechare el resto del tiempo para estar con vosotros.- Dijo entonces Emma levantándose cogiendo las manos de Regina para que se levantase también.

Regina se levantó con David entre sus brazos y los tres se abrazaron fuertemente con una gran carcajada. Los tres mostraban una imagen idílica, se abrazaban, se besaban y se sonreían.

-Toma.- Dijo David cuando se despegaron un poco tendiéndole la cajita que llevaba en sus manos.

-¿Qué es esto?- Preguntó Regina.

-Es un regalo, ábrelo.- Dijo entonces David emocionado.

- Ve con mama, yo voy a abrir esto.- Emma abrió los brazos y cogió a su hijo mientras que Regina abría despacio el paquete ante las expectantes miradas de los dos.

-¡Qué bonita!- Dijo Regina sacando una pulsera de color negro que estaba hecha con pequeñas bolitas.

-¿En serio? ¿Te gusta?- Preguntó David muy nervioso.

-Claro que sí.- Dijo ella dándole un beso en la mejilla para después abrazarlo.

-¿Para mí no hay beso?- Preguntó Emma en tono gracioso.

-No.- Gritó David lanzándose a los brazos de la morena y dejando a Emma cruzando los brazos. – Yo le hice el regalo, el beso es mío.- David le sacó la lengua y le dio un beso a la morena.

-Tiene razón. Los besos son para David.- Le bromeó Regina dejando al niño en su silla sentándose ella en la suya.- Voy a ponérmela.

Regina se sentó y le tendió la mano derecha a Emma y esta ató la pulsera en su muñeca. La rubia se arrodilló y esperó a que la morena le diese un beso.

-¿Mi beso?- Preguntó de nuevo.

Regina sonrió y dejo sus labios castamente sobre los de la rubia que mordió el labio inferior de la morena en un intento de volver ese beso mucho más apasionado pero sin ningún éxito pues la morena se separó de ella y la regañó con la mirada.

-Mama también tiene una.- Dijo David que había empezado a comer al ver las muestras de afecto de las dos mujeres.

-Es cierto, la mía es roja.- Explicó entonces Emma enseñándole la muñeca donde la llevaba.

-¡Son muy bonitas!- Sentenció Regina mirando como Emma se volvía a sentar en su lado de la mesa.

-A mi abuela también le hice una se la daré mañana porque hoy se ha ido con James.- Le contó David muy contento.

-No comas mientras hablas.- Soltó Emma regañándole.

-Perdón.- Contestó ahora con la boca vacía.

Los tres comieron entre conversaciones banales y con risas. David era el protagonista principal de la charla mientras que Emma y Regina sólo se reían y contestaban ante las palabras ingenuas e inocentes del niño.

Tras tomar el postre de chocolate que Regina había mandado preparar las dos mujeres no veían la hora de que David se fuese a la cama para ellas poder quedarse a solas, Emma era la que estaba más ansiosa de las dos, o al menos era la que peor sabía ocultarlo. Regina también lo estaba, pero sabía disimularlo muy bien.

La morena se había quedado con ganas de más esa mañana, pues había saciado la necesidad de Emma pero no la suya y eso sólo provocaba que su excitación fuese en aumento. Emma que ya conocía a la morena sabía estaba deseando que se quedasen a solas, por ellos comenzó a jugar con ella.

Emma se descalzó y comenzó a acariciar las piernas de Regina por debajo de la mesa mientras esta intentaba mantener una conversación de David sobre la película que acaban de ver. Regina al notar las caricias de Emma giró la cabeza y la miró en tono desaprobatorio. La rubia seguía con sus movimientos y con su cara pícara mientras jugaba con la necesidad y la excitación de la morena.

-Otro día podemos ver Cars.- Dijo David con una gran sonrisa en su cara.

-Lo apuntaré…- Aseguró entonces Regina.- Prometo que te compraré ese DVD para la próxi…- Antes de poder terminar esa frase notó como el píe de la rubia se colocó en su entrepierna. Emma le regañó con la mirada por dejar la frase a medias.- próxima visita, además tengo pensado un gran plan para la navidad, pero ahora nos vamos a la cama.- Sentenció Regina que ya no aguantaba más la tortura.

-Vale…- Contestó él con resignación fingida.- ¿Puedo dormir contigo?- Preguntó mirando a Regina.

Emma se quedó quieta en ese momento, no esperaba que su hijo le pidiese eso a la morena. Regina casi no podía negarle nada a su hijo y sabía que por muy excitada que estuviese no sería capaz de negárselo.

-David, ya eres mayor… ¿Verdad?- Preguntó Emma jugando sus cartas.

-¡Si!- Gritó él entusiasmado.

-Los niños grandes duerme solos en sus camas, además en ese cuarto tan chulo que te ha preparado Regina seguro que duermes genial.- Añadió y vio que Regina le agradecía con la mirada.

-Vale, pero si no puedo dormir….- Por un momento dudó, ser un niño tan independiente causaba esos sentimientos contradictorios en él.

-Si no puedes dormir me llamas y voy a por ti.- Aseguró Regina adelantándose a lo que iba a contestar la rubia.

Las dos llevaron a David al dormitorio y lo acostaron rodeándolo de todos los peluches y muñecos que había llevado a la casa de Regina además de todos los que la morena le había ido comprando en esas semanas que llevaban juntas.

Emma era la que estaba más ansiosa de las dos y tras darle dos besos de buenas noches a su hijo cogió la mano de la morena y la sacó casi a tirones para guiarla entre besos y caricias hacía el dormitorio principal.

Regina se separó de ella y colocó sus manos sobre los labios de la rubia para que dejase de besarla por unos segundos y poder así concentrarse. Emma seguía moviéndose inquieta y quitó las manos de la morena y las colocó a su espalda sujetándola sin demasiada fuerza.

-Emma…- Suplicaba Regina echando su cabeza hacia atrás para poder hablar.- Sorpresa…- Soltó después haciendo que ahora sí Emma parase con sus movimientos y se quedase fijamente mirándola.

-Lo había olvidado.- Espetó soltando a la morena para quedarse mirándola fijamente.

-Eres como un bebe.- La picó Regina dándole un beso sobre su nariz y caminando en sentido contrario hacía donde estaba su dormitorio.

Emma la seguía de cerca sin decir nada, estaba ansiosa por saber de qué se trataba esa sorpresa que la morena le tenía. Regina se detuvo en la puerta que le había mostrado hacía ya unas semanas. Emma se acercó a ella y la cogió de la mano para volver a entrar juntas como lo había hecho la primera vez.

-¿Qué hacemos aquí?- Preguntó Emma que no podía aguantar la impaciencia.

-Relájate, sólo voy a mostrarte algo…- Dijo Regina girándose para quedar en frente de ella y ponerle un pañuelo que había preparado para taparle los ojos.

-¿En serio? ¿Vamos a hacer el amor en tu estudio?- Ronroneó pícaramente la rubia.

Regina soltó una fuerte carcajada, Emma era ese soplo de aire fresco que nunca había tenido en su vida. La morena dejó un efusivo beso en sus labios pero se separó antes de que sus fuerzas flaqueasen y no pudiese separarse de ella.

-Dame la mano.- Regina la cogió fuertemente y la dirigió hacía donde quería.

-¿Puedo quitarme esto?- Preguntó una vez que dejo de moverse.

-Yo te lo quito.- Susurró Regina que se había colocado a su espalda.

Aquí lo dejo por hoy… no me matéis. Como vengo diciendo si no actualizo más seguido es porque de verdad no tengo tiempo para escribir así que tenedme un poco de paciencia.

Espero vuestros comentarios y opiniones.