DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 35

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Diciembre 23, 1992

Garrett Pace.

Mamá lo ama. Dice que él se encargará de hacerme grande en el mundo del ballet.

No sé si sus métodos me gustan tanto como a ella.

Garrett me exige demasiado. Insiste en que deje el instituto y si no fuera por Charlie, mamá se lo hubiera permitido.

Ni hablar de que no aprueba que tenga novio.

¿Quién coño se cree que es?

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Respirando con una calma que hacía días no sentía volvió a su departamento.

El teléfono repicaba en el salón en cuanto entró.

- ¿Diga?

- Isabella – la voz de Garrett sonaba cortante

- Garrett

- Te he llamado al móvil

- Me lo había olvidado

- ¿Dónde estabas?

Le indignó el tono tajante y posesivo de Garrett pero contestó adiestrada con diez años de sumisión.

- Me acabo de reunir con Quil.

- ¿Por qué?

- Ayer tuve consulta con mi médico

- ¿Qué te han dicho? ¿Cuándo podrás viajar?

- De momento no puedo reintegrarme ya que tengo que comenzar a ejercitarme poco a poco

- ¿Qué coño significa eso? – gruñó molesto

- Eso. Que no me incorporaré a la gira

- ¿No te incorporarás a la gira? ¿Nunca?

- En principio tengo un par de meses, así que parece que no. Nunca.

- Por Dios, cómo se puede ser tan inútil – bufó – ¿Y qué ha dicho Quil?

- Que me cuide y me mejore.

- ¿Eres consciente de que probablemente quedes fuera de la compañía?

- No es lo que ha dicho el director, pero sí, soy consciente.

- Quil no dudará un instante en echarte de la compañía, sin importar lo increíblemente buena que creas ser.

- Pues que lo haga, Garrett – rezongó harta al fin – Que lo haga. Que me eche. ¿Crees que no podré sobrevivir? Lo creas o no, he ahorrado dinero suficiente como para vivir sin trabajar durante una temporada. Después ya se me ocurrirá cómo ganarme la vida.

- Años de trabajo para tirarlos por la borda – comentó él despectivo.

- Son MIS años de trabajo, así que no creo que te importe. Tú y yo ya no somos nada así que no te preocupes por mí. De ahora en más sólo eres el coreógrafo de la compañía de ballet de la cual yo sigo siendo la primera bailarina.

- De momento

- Pues sí, de momento. Tal vez tengas razón, pero ese es mi problema, no el tuyo, por Dios.

- Tus días como primera bailarina están contados, Isabella – dijo amenazante

- Vete al infierno. ¿Quién va a sustituirme? ¿Kate LaBow?

- Tal vez sí

- Pues que lo haga – bufó hastiada – Y métela en tu cama así de nuevo te estarás tirando a una primera bailarina.

- Pues quién te dice no la haya metido ya – anunció despectivo

Bella rió con una risa nerviosa.

- Lo imaginaba. Siempre supe que ella te quería en su coño, así que por qué va a extrañarme que al fin hayas cedido.

- ¿Te molesta, Isabella?

- En absoluto. Puedes hacer lo que quieras, y meter tu polla donde prefieras. Tú y yo ya no somos nada.

- Lo nuestro no ha terminado, Isabella

- Oh, no. Claro que lo ha hecho. No imaginas hasta qué punto. Ahora mismo haré que se lleven tus cosas. Te conseguiré un depósito donde dejarlas hasta que vuelvas y te pasaré las señas.

- Ni se te ocurra...

- Disfruta tu estadía en California, Garrett – sentenció antes de cortar la llamada.

El teléfono volvió a sonar de inmediato una y otra vez hasta que finalmente lo desconectó.

A fin de evitar a Garrett, a Renée y sus insistentes llamadas, Edward le ofreció instalarse con él hasta tanto decidiera su siguiente paso.

No dudó un instante y tres días más tarde ya estaba completamente instalada en el pequeño departamento de Morningside Park.

- Buenas tardes, preciosa – susurró abrazándola por la espalda al encontrarla cocinando

- Hola – murmuró cariñosa dejándose abrazar

- ¿Qué haces?

- La cena

- Lo supuse. – dijo burlón – ¿Espaguetis?

- Receta nueva. Espero que te guste.

- Oh, cariño ¿sabes cuánto hace que no tomaba una buena cena casera? Seguro que me encantará.

- Espero que sí. Ya voy a servir, si deseas cambiarte antes.

- Eso haré – aceptó alejándose para cambiarse de ropa.

Cenaron con una amena charla sobre el día de Edward y la conversación de Bella con su madre donde le informaba que se estaba tomando unos días, aunque no le especificaba ni dónde ni con quién.

- Me encanta tenerte aquí – le dijo recostándose en su silla estirando su mano para entrelazarla con la de ella

- Y a mí me encanta estar aquí

- Creo que he estado esperando este momento durante quince años

- ¿Qué momento?

- Éste – dijo señalando el espacio entre ellos – Yo, llegando del hospital después de un día de trabajo y tú aquí, esperándome con la cena. – Bella sonrió complacida – Desde luego que en mis pensamientos siempre estábamos en algo un poco más grande que un departamento de 35 metros cuadrados – la sonrisa de Bella se acentuó

- Hay mucha gente que vive en lugares más pequeños en Nueva York

- Es cierto. Aunque yo no necesito más. Lo bueno de vivir en un monoambiente es que no puedes escapar de mí – rió burlón tirando de ella para obligarla a acercarse a él y sentarse en su regazo.

- Y lo malo del monoambiente lo verás en cuanto llegue mi período y me vuelva completa e insoportablemente pre-menstrual – se burló rodeando su cuello con los brazos

- No te preocupes. Buscaré estar de guardia ese día – rió bajando sus labios para recorrer el cuello de ella haciéndola erizar

- Tramposo

- Simple instinto de supervivencia – rió poniéndose de pie con la chica en sus brazos

Caminó hasta la cama y la tumbó en ella antes de recostarse sobre su cuerpo.

- Dios, Bella – gimió besando su cuello y bajando por el escote de su camiseta – Te he amado durante tanto tiempo...

- Y yo a ti, Edward – aseguró levantando la camiseta de él para sacársela por la cabeza

- Ahora voy a hacerte el amor – comunicó con una solemnidad que la hizo reír

Se desnudaron con rapidez y jadearon cuando Edward se recostó entre sus piernas con el cuerpo desnudo.

Llevó sus manos a los pequeños pechos cuyos rosados pezones se irguieron con su atención.

Hizo rodar contra sus palmas las duras protuberancias mientras la chica jadeaba contra él.

Bella separó las piernas y rodeó su cintura con ellas mientras sentía la punta de su miembro golpeando contra su mojada hendidura.

Edward se puso de rodillas entre sus piernas, y la penetró sin preámbulos haciéndola gemir.

La tomó por la cintura a la vez que la embestía con un zarandeo necesitado y alocado.

- Dios, Edward, más fuerte... – rogó moviendo sus caderas de forma circular

Edward respondió a sus demandas arremetiendo con mayor fuerza.

Estaba muy cerca pero el orgasmo se le resistía.

- Bells, voy a correrme... – le informó entre dientes

- No, por favor, espérame... – suplicó necesitada

Incapaz de seguir conteniéndose, Edward se retiró de su interior haciéndola gemir en una queja.

- Gírate – ordenó instándola a acostarse sobre su estómago

La ayudó a ponerse de rodillas y desde atrás la penetró lentamente.

Retomó entonces el ritmo de su asedio. Los jugos de Bella mojaban su falo pero el torrente que invadía el vientre de ella se resistía a estallar.

Llevó su mano a los pliegues húmedos y empapó sus dedos para guiarlos a la entrada trasera de la chica.

Bella jadeó tensándose al adivinar sus intenciones.

- Shh – le tranquilizó – Relájate, cielo...

- ¿Qué vas a hacer?

- Tú sólo relájate...

- Edward...

- Shh, te prometo que va a gustarte... – prometió introduciendo su pulgar en el oscuro canal de su recto

Bella jadeó ante la extraña invasión.

- Relájate – ordenó – No te haré daño – aseguró y sintió como poco a poco sus músculos se aflojaban

Movió su dedo buscando estirar su rosada entrada.

Retiró el dedo con suavidad para reemplazarlo por su índice. Los músculos se contraían intentando expulsar el intruso pero lentamente Edward lo iba introduciendo más profundamente.

La respiración de Bella se aceleró cuando estuvo completamente llena por sus dos entradas.

- ¿Te gusta, cielo? – preguntó en un susurro

- No lo sé – reconoció confusa haciéndole soltar una risita

- Va a gustarte – prometió cuando volvió a embestir contra ella con su dolorosa erección

- Oh, Dios, sí, Edward, así – pidió sorprendida a la vez que complacida

Edward comenzó nuevamente a arremeter contra ella. Los músculos de su ano se relajaron brevemente y él aprovechó la oportunidad de colar un segundo dedo que obligó a su vagina a ceñirse sobre él.

El volcán se encendió nuevamente en el vientre de Bella y sólo fueron necesarias unas pocas embestidas para hacerlo estallar.

No pudo evitar el grito que surgió de lo más profundo de su vientre, mientras se arqueaba profundizando la penetración.

Su vagina se cerró sobre el pene de Edward y lo exprimió ordeñándolo cuando lo hizo caer en el abismo del orgasmo.

Los chorros calientes de Edward golpearon contra su útero mientras él se vaciaba con un gruñido desesperado.

Las piernas de Bella no fueron capaces de sostenerla y se dejó caer sobre la cama, llevando consigo el cuerpo del hombre que se recostó sobre ella buscando recuperar la normal cadencia de su respiración.

Edward se salió de su interior para acostarse a su lado y tirar de ella para tumbarla sobre sí.

- ¿Estás bien? – susurró

- Creo que si después de esto aún puedo respirar, es que mis pulmones están perfectamente recuperados – replicó burlona

- Creo que estás más que recuperada pero una sesión diaria de este tipo de ejercicio te vendría bien

- ¿Prescripción médica? – inquirió apoyando el mentón sobre el pecho de él para mirarle a la cara

- Completamente

- Entonces tendré que seguir su tratamiento, doctor – aceptó

Y eso hizo. Y cuando al cabo de un mes, tuvo su siguiente ronda de análisis médicos, llevaba un mes prácticamente conviviendo con Edward y haciendo el amor de formas que nunca había experimentado.


Capi nuevo! Y qué me dicen de Garrett y Kate?

Gracias a todos por seguirme, gracias por los reviews, alertas y favoritos.

Adelanto:

- ¿Diga? – respondió agitada por haber corrido hasta el teléfono

- Isabella – la voz de Renée resonó estridente al otro lado de la línea

- Renée.

- Al fin te dignas contestarle a tu madre. ¿Dónde diablos te has metido? Llevo semanas buscándote.

- Te lo dije, Renée. Te dije que me tomaría unos días y es lo que estoy haciendo. Te he dejado mensajes diciéndote que estaba bien, que no tenías que preocuparte.

- Sí, claro. ¿Cómo quieres que no me preocupe? No sé nada de ti. No sé dónde estás ni con quién, aunque puedo imaginármelo. He estado a punto de ir al hospital a buscar a ese chico para que me dijera dónde estabas.

- No tienes derecho, así que espero que no lo hagas.

Recomendación: No se pierdan el próximo capítulo (jeje, qué intrigante soy)

Les espero también en mi nuevo fic: ¿DIFERENTES?

Besitos y nos seguimos leyendo!