Capítulo 36 - Festival- Segunda Parte: Lo recordé todo...
Annie y Patty miraban a su rubia amiga y Luisa cuando pasaron con el desfile. Estaban tan contentas por ellas. Annie sonreía feliz, cuando el desfile se acabara, tendría que peinar de nuevo a su rubia amiga.
-Sera una reina muy bonita.-decía Annie, con una sonrisa.
-Ese vestido es precioso. Y en Candy lucirá hermoso .Creo que si la van a secuestrar.-decía Patty, con algo de preocupación.
-Ni lo digas, Patty.-decía Annie, llevándose las manos a la boca. Negó con la cabeza.-Si eso fuera así seria mi culpa, pues yo le elegí ese disfraz para ella.
-No creo que nadie se atreva a hacer algo como eso. Espero que no, en verdad.-decía Patty.-Creo que mejor debiste elegirle un traje mas sencillo.
-¡Ni hablar, Patty! Mi hermana lucirá bonita. Y para mayor seguridad estaré siempre a su lado, Patty.-decía la pelinegra, con seguridad.
-Si, estaremos a su lado.-decía Patty.
En eso aparecieron Stear y Archie. Las chicas los veían alegres. Pues se veían lindos.
-¿Saben si ya viene Anthony?-pregunto Annie.
-Esta ayudando a un profesor con Terry.-decía Stear.
-¿Se metieron en problemas, Stear?-pregunto Patty.
-No, Patty. Ya vendrán.-decía Stear.-Te ves muy linda, Patty.
-Gracias, Stear. Tu también te ves muy guapo.-decía Patty, se sonrojo por lo que dijo.
La pelinegra solo se rio por que observo. Veía a algunos alumnos que habían empezado a bailar con la suave música de inicio. Recordó algo de golpe. El desfile ya estaría terminando.
-¡Candy! Debo ir a ayudarla a alistarse para el baile.-decía Annie, alejándose.-Vuelvo luego. No tardo, chicos.
-Si.-decía Patty. Quien estaba bailando con Stear en ese momento. Aunque por ratos alternaba con Archie. Quien estaba algo impaciente esperando a Luisa.
Annie siguió caminando, pero como iba tan aprisa por los pasillos tropezó en una esquina con un muchacho de ojos color avellana, quien caminaba por ahí en ese rato. La pelinegra iba caer al suelo, pero el joven fue más rápido y le sostuvo con fuerza de la mano.
-Lo lamento, señorita.-decía el joven, de ojos avellana. –No era mi intención casi derribarla. Este colegio es muy grande que uno se pierde.
-Le entiendo. Me pasaba algo parecido a mí también.-decía Annie.-Descuide. No paso nada.-decía la chica, soltando su mano.
-Soy Renato Donwell-Santignie, señorita…-se presento el joven.-Soy estudiante de derecho.
-¡Vaya! Suena algo difícil. Espere, ¿Dijo que se llama Renato Donwell-Santignie?
-Si, ese es mi nombre, señorita…
-Britter. Soy Annabeth Britter. Encontré algo que le pertenece a usted.-decía Annie, mirando al joven. Quien la miraba algo extrañado.
-¿En serio?-pregunto Renato.-¿Qué es?
-Un pañuelo con las iniciales "R. D-S". Debe ser de usted.-dijo la pelinegra.
-Si, es mío. ¿Cómo lo encontró? Llevó días buscándolo en toda la casa.
-Lo encontré tirado por el bosque del colegio. Ahora debo irme a ver a mi amiga. Pero cuando vuelva te lo traeré y te lo regresare.-decía Annie.
-En verdad es muy amable. Ese pañuelo me lo regalo mi padre. En verdad es muy significativo para mí que usted lo haya conservado consigo. ¡Gracias, señorita Britter!.-decía Renato, con una sonrisa de gratitud.
Tomo la mano de la joven y la beso. No tenia ninguna intención romántica, solo le quería agradecer por el gesto de cuidar su preciado pañuelo. Lastima que no todos vieran la cara de gratitud del joven de ojos color avellana.
-¡Aléjate de la novia de mi cuñado!-decía Terry, mirando algo irritado a Renato .Quien caminaba por ahí también en ese momento.
-¿Terry?-decía Annie. Se dio cuenta de que esa situación podría verse comprometedora.-Negó con la cabeza.-No es lo que parece.-decía la pelinegra, con tranquilidad, pero con precaución.-Solo me agradeció porque encontré un pañuelo que para el es valioso. Le dije que luego se lo devolvería. Por eso se puso feliz el joven.
-Es verdad, joven. Además vine porque fui invitado por…-iba diciendo Renato, mirando al castaño.
-¡Me vale si fueras invitado por la reina!-decía desafiante el castaño.-Ella ya tiene novio. No es para que andes todo coqueto.
Renato quien había sido tratado con desprecio antes no se inmuto. Aun estaba calmado. Sabía pelear también. Había peleado antes con Samuel, quien tenía experiencia en peleas callejeras. Pero estaba como invitado, sabia que no debía hacer un escandalo.
-No sabes nada. Ella ya te dijo lo que paso. Además no tengo nada que probarte, señorito. Solo vine a ver a la señorita "Ojos de esmeralda". ¡Con permiso! Solo vine a verla a ella.-decía Renato, antes de seguir su camino, pero antes agrego.
-Nuevamente le agradezco que encontrara mi pañuelo, señorita Britter. Era un regalo de una persona preciada para mí. Que ya no esta, porque murió. Por eso me puse demasiado contento. Lamento si le cause problemas, señorita. En verdad lo lamento…-decía Renato, con toda humildad.-Y como le decía, señorito, yo solo vine a ver una señorita. Y ella no es la señorita Britter. Vine a ver a la señorita Ca…-iba decir Renato. Cuando en eso apareció el doctor.
-¡Ren! Aquí estabas. No debes deambular así como así. Este colegio es muy grande. Te podrías haber perdido.-decía Eduard, luego observo al castaño y a la pelinegra.-¡Buen día, joven Grandchester! ¡Buen día, señorita!-saludo el medico.
El castaño lo veía algo extrañado, no esperaba verlo ahí ese día. Observo que tenía un traje elegante. No era un disfraz. Se veía algo jovial, sus ojos verdes tenían un brillo de alegría. Algo que también veía en Candy cuando esta se veía feliz. Tenía esa misma expresión cuando ella se emocionaba, pero reprimía su emoción. Se extraño un poco por ello.
"Podría decirse que es su hija. ¿Pero que digo? El padre de Candy perdió todo contacto con los Andrey, luego después de que salió de prisión. Para colmo ni Anthony sabe cual es su nombre del padre de Pecas. Pero no se…Me parece algo extraño su ligero parecido de Candy con el doctor…¿Podría ser? No puedo hacer ese tipo de afirmaciones sin estar seguro…Solo ilusionaría falsamente a Candy, si no tengo pruebas suficientes. Sin esos lentes de lectura se ven mejor sus ojos…Ese tono me es conocido. ¡Ya se! Cuando Pecas venga con nosotros los compararé y así veré si tiene o no parecido. Aunque no me puedo fiar solo de eso…" pensó el castaño, mirando al medico.
-Doctor Eduard, me alegra verlo.-decía Renato.-Pensé yo que me había adelantado.
-Tu siempre tan impaciente como de costumbre, Ren. Debía recoger a mi invitada antes.-dijo Eduard.
-Si, la señorita Ele,. Quiero decir Eli. La señorita Eli.-decía Renato. Sabía que Eleanor no podía ser reconocida en ese sitio. Causaría una conmoción tremenda. "¿Para que arriesgarnos? En este colegio hay muchos varones jóvenes…No podríamos controlarlo si se sabe que esta aquí. Es muy famosa, aun aquí en Londres. Seria peligroso para ella. Debo ser cuidadoso con lo que digo." pensó Renato.
-Si, la deje en la mesa. Pensé que debía descansar para lo que le espera.
-¿Qué le espera a la señorita?
-Bailara bastante. Lo decía por eso, Ren.-decía el medico.
-¡Ah! Entendí…Jajaja…Si se vera esplendida. Es muy bonita. Me imagino que hoy aun más.-decía Renato.-El hombre que tenga su corazón será muy afortunado.
-Ya, Renato. Es mayor que tu. Vamos, debemos volver con ella.-decía el doctor. Antes de irse agrego.
-Se que les sorprende verme aquí. En realidad fuimos invitados por la señorita Candy. Fui invitado por ella, pero me dijo que podía venir acompañado.-decía Eduard, después de ver los rostros sorprendidos del castaño y la pelinegra.
-¡Ah! Ya entiendo.-decía Annie, mirando al joven, ojos color avellana.-Si, lo recuerdo. Candy dijo que lo había invitado, doctor Donwell.-decía la pelinegra.
-Se pondrá feliz de ver que si usted si pudo venir. De seguro su padre adoptivo no podrá venir, pero al verlo a usted aquí le alegrara bastante. Se ve que le tiene estima, doctor.-dijo Annie.
-Es una muchacha muy valiente. De eso no hay duda.-decía Eduard.-Me alegra ver que se empieza a recuperar…Tomara tiempo, pero lo hará.-decía convencido el medico. El castaño sonrió por lo que dijo.
-Eso es bueno, doctor.-decía Renato, con una sonrisa satisfecha.
-Si, hasta ahora todo va bien. No es fácil para ella, pero es persistente. Lo lograra. Se recuperara en su totalidad. Y no, no lo digo por jactarme ni exagerar. Su caso no es tan difícil. Necesitara apoyo familiar. Bastante apoyo, pero se le v animada. Lo cual facilita mucho su recuperación. Ella estará curada cuando pueda subir a un caballo, sin tener miedo.-decía el medico.
-¿De verdad?-pregunto el castaño, con alivio. Lo último que quería era perder a su novia.
-Si, pero por ahora dejaremos lo del caballo para mas adelante.-decía el medico.
-Ella lo lograra. Lo se. Tiene voluntad firme en su mirada.-decía Renato.-Ese el tipo de pacientes que se recuperan, con menos secuelas.
-Debemos volver con Eli.-decía Eduard, alejándose con Renato.-Los veremos luego, chicos. ¡Diviértanse! Solo se es jovencito una vez. Solo una vez se es joven.-decía Eduard, recordando cuando el tenia su misma edad que el castaño.
"Para eso aun tenia pecas en mi cara." Pensó el medico. "¿Mi hija también tendrá pecas en su cara? Podría ser, ene se caso se vería algo parecida a mi madre. Ella me heredo, por así decirlo sus pecas. Aunque en prisión las perdí una a una. La falta de sol, supongo. Eso debió ser. Aunque aun se pueden ver una que otra que se conservo en mi rostro. Pero ya no son tan notorias como cuando tenía la edad de Terrence. ¿Terrence? Ese el nombre del hijo de Eleanor. ¿Sera el? ¿El es el hijo de Eleanor Baker? " Se dijo a así mismo Eduard en su mente.
Observo al castaño. "Es castaño, tiene ojos color zafiro y su nombre es Terrence. Así que debe ser el. Creó que lo encontré. Eleanor estará feliz. "se decía el medico.
-Se ve feliz, doctor.-decía Renato.
-Si, estoy feliz. Eli estará feliz. En verdad.-decía el medico. Luego se alejaron. Después. El medico estaba feliz por su amiga.
-Ella estará feliz…Si así será…-decía Eduard.
Renato solo lo miro con una sonrisa.
"Seria bueno si el se casara algún día. Ha estado solo por mucho tiempo. Y los trabajadores del hogar no son buena compañía, pues siempre deben irse. Espero que logre superar a su ex esposa. A su difunta ex esposa. Ella no merecía a alguien tan bueno y gentil como el doctor. No lo merecía. Espero que Eleanor sea una mujer mejor que Rosemary Andrey. Doctor, debe dejar ir a su esposa. Quien ya no era ni su esposa cuando esta falleció. Pero el le llevo luto. Creo que aun le guarda luto. Por eso cuando lo encontré. El doctor vestía con trajes oscuros. No es su ropa quien esta de luto ahora. Sino su corazón… ¿Por qué? ¿Tanto fue su amor por ella? Aun la ama, aunque diga lo contrario. Esta venganza que esta orquestando es por eso. Le duele lo que le hizo, porque aun la ama. El doctor aun ama a Rosemary Andrey. Aun la ama. Espero la pueda superar un día. Maldita Rosemary, dañaste a dos personas inocentes. A tu esposo, y a tu hija. Claro ya no era tu esposo, pero para el aun lo eras, y lo fuiste hasta el día de tu muerte. El jamás toco a una mujer en el tiempo que estuvo alejado de ti. Te fue fiel… ¿Y tu como se lo pagas, miserable? Abandonando a su hija, la hija de ambos. La única prueba viva del amor que el sintió por usted, Rosemary. Nunca mereció al doctor Eduard… ¡Nunca! El merecía a una mujer más valiente, más amorosa. No correspondiste bien su amor…Lo traicionaste al abandonar a la hija del doctor. ¡Que bueno que no esta viva! No podría mirar con ninguna pisca de respeto a una mujer así. No podría…No podría…El doctor te superara… ¡Ya veras, señora Browell! Si, ese era tu apellido cuando te casaste con el doctor. A el no le importo eso, te quiso igual. Aunque no eras virgen, para cuando eso paso. Te acepto, a pesar de que eres divorciada y encima con un hijo. Un hijo al cual el siempre respeto, por ser tuyo. Siempre fue comprensivo con tu niño. Con Anthony. Nunca lo desprecio. A veces hasta le decía hijo. Lo decía de cariño, se llevaba bien con el padre de tu hijo. Ambos se conocían de niños, por eso se tenían confianza. Por eso jamás te hizo una estúpida escena de celos cuando Vincent venia a ver a su hijo. Siempre confió plenamente en ti. Siempre, jamás escucho las cizañas de Sara. Siempre rechazo a esa arpía, disfrazada de dama respetable. Te tomaba en cuenta, fue bueno contigo. Hasta te contrato a Anna, la esposa de su amigo, para que te ayudara con los deberes de la cas, pues sabia que eras débil y te enfermabas con facilidad. Fuiste privilegiada de tener contigo a un hombre muy bueno y bondadoso. Cuando te enfermabas, el dejaba todo para cuidarte. Dejaba hasta sus negocios. Siempre te puso en primer lugar. A pesar que Marie, la madre del doctor, jamás te acepto porque tú eras de una familia rica. Marie creo que presintió todo desde un principio. Marie fue muy sabia al pedirle a su hijo que sea alejara de ti. ¡Lastima que no escucho! De haberlo echo se abría ahorrado tanto sufrimiento. Marie fue la que mas sufrió al ver llevarse preso, como si fuera un criminal peligroso a su hijo. Su única familia, su único hijo. Pues tras el nacimiento del doctor, sus padres despreciaron a Marie. Incluso la golpearon para que perdiera a su bebe, por poco y pierde a su hijo. La abuela paterna del doctor la cuido esa vez. Pues le tenía aprecio por haber cuidado siempre a su hijo Eduard, quien siempre se metía en problemas, porque le daban mucha libertad sus padres. Hasta la abuela paterna del doctor la quería a Marie, por su bondad. Pero ella se puso firme y no abandono a su hijo. Ella si fue una mujer de verdad. Fue ejemplar… ¡Nada que ver con la despreciable mujer que le toco como esposa al doctor! Marie Bennett fue una mujer ejemplar. Así era la madre del doctor" Pensó Renato.
Noto que ya habían llegado a una mesa. Observo a Eleanor, quien estaba sentada en una mesa, mirando bailar a los jóvenes. El sonrió al ver la cara emocionada de la actriz. "Me alegraría bastante que ella fuera algún día la esposa del doctor." Pensó Renato, tomando asiento junto al doctor. Quien se sentó en la silla, que daba frente a la actriz. Quien estaba vestida con un vestido elegante, pero a la vez sencillo. Se veía muy bonita.
Su cabello lo recogió en una media cola. Dándole un aspecto más juvenil. Tenía puesto un antifaz, color verde oscuro. El cual hacía juego con su vestido, que era de un tomo verde, pero más claro. Se puso un collar, que tenia una esmeralda en el centro.
Era un regalo de su padre, cuando ella le dijo que esperaba un hijo. Sonrió con algo de nostalgia. Ya no estaba. Murió antes de conocer a Terry. Por eso ella en gratitud a su apoyo siempre hacia ella le puso a su hijo el nombre de su padre.
Terrence, ese había sido nombre de su padre. Por eso le encantaba el nombre que ella había escogido para su hijo. Donde sea que estuviera ahora su padre, sabia que sonreiría al saber que su único nieto llevaba su nombre.
-Mi padre habría sido un abuelo cariñoso con el…Y jamás habría permitido que me lo arrebaten de mi lado.-decía Eleanor en voz baja, conteniendo una lagrimas.-Jamás lo abría aceptado…
-No debes estar triste, Eleanor. ¿Sabes? Creo que vi a tu hijo por aquí cerca.-decía el medico, logrando que su amiga sonriera.
-¿En verdad, Eduard?-preguntó la mujer rubia.
-Si, vio a un jovencito castaño, de ojos color zafiro, y se llamaba Terrence Grandchester. ¿Es el?
-Si, el es mi hijo.-decía Eleanor feliz.-Es Terry. Iré a verlo.-decía la mujer, levantándose y dispuesta a irse.
-Debes esperar que el venga primero. Si no seria algo sospechoso, Eleanor.-decía Eduard en voz baja.
-Tienes razón, Eduard. Seria sospechoso.-decía Eleanor, volviendo a su asiento,
-¡Animo, amiga mía! Este es el festival de mayo…Así que en teoría todos los deseos deberían cumplirse realidad.-decía Eduadr, tratando de animar a la actriz.
-Es el festival, no una fuente de los deseos, doctor.-decía Renato, con algo de suspicacia.
-No seas aguafiestas, niño. —decía Eduard.
-Buscare a la señorita Candice. Ella nos invito. Creo que como mínimo debería darle las gracias, doctor.-decía Renato, levantándose de la mesa.-¡Con permios! Vuelvo luego, diviértanse.
-¡Espera ahí, Ren! Ella tiene novio.-decía Eduard, al ver que el joven se alejaba, pero este se había ido tan rápido que no le pudo escuchar.-Renato…Me sacare mas canas de las que ya puedo vislumbrar…-decía el medico.
-No sea muy duro con el, Eduard. Usted también fue joven.-decía la actriz, al ver la cara animada de Renato.
-Si, lo se, Eleanor. Pero el es terco. Bueno lo que no se hereda, se aprende..-decía Eduard, riéndose por ese comentario.-Yo y mi madre éramos, quiero decir siempre fuimos muy tercos. Apostaría todo el dinero que poseo a que mi hija también lo debe ser.
-Seguro que si, Eduard.-decía Eleanor.-Se que encontraras a tu hija. Lo se.-decía la mujer rubia, con mirada comprensiva.
-Tu y Ren me dan ánimos. Y se los agradezco. ¿Quieres bailar, Elí?-decía Eduard. Observo la cara algo asombrada de su amiga.-Así nos confundiremos con el resto. Hasta podrías buscar con la mirada a tu hijo.-decía el medico.
-Si, creo que tiene razón. Esta bien, Eduard.-decía la actriz, mientras se levantaba y aceptaba el brazo de su amigo.
Si, solo eran eso. Ninguno de los dos se sentía lo suficientemente preparado para iniciar a esas alturas de sus vidas una nueva relación. NO por que se creyeran viejos, sino porque como ambos decían "no superaban sus amores contrariados del pasado.".
La mujer rubia, se dejo guiar por su acompañante. Quien sonreía animado. Esa era a la segunda fiesta que había sido invitado en toda su vida a Eduard.
Era normal su emoción, sonreía a todos como si hubiera ganado un premio. Y no lo decía por su rubia amiga, sino porque se sentía como un niño. Como cuando fue a la fiesta a la que Rosemary le había invitado cuando eran niños.
Sonrió al recordar lo mucho que se había divertido ese día. "Incluso lance a la estúpida de Sara a la fuente. Creo que podría volver a hacerlo…Si se me presenta la oportunidad." Pensó Eduard.
"Ese día casi bese a Rosemary. La estúpida de Sara tenía que arruinarlo todo. La odio, siempre se metió en mi vida. Al menos la muñeca que le regale a Rosemary la animo. Me reclamo que no fuera rubia, como ella. Y yo le dije que mi madre era muy supersticiosa. Nunca hacia muñecos iguales a los dueños. Por eso la muñequita era pelirroja. Aunque ahora que lo pienso creo que parecía como una hija mía. Por las pecas. Al demonio con esa ingrata. Hoy me divertiré, sin ninguna culpa. ¿Me escuchaste, ingrata? Dije que me divertiría, y tú no podrás hacer nada al respecto. Mira todo esto celosa. Si, así eras tú. Una tremenda celosa. Y eso que yo nunca te encele con nadie. Creo que hasta de mi madre tenias celos…Jajajaja…Mi madrecita también te tenía celos, celos de madre. Nunca se llevaron bien ustedes dos. Pero creo que ella ya lo empezaba aceptar, al verme tan feliz con mi matrimonio. No llego a saber que yo esperaba una hija. De lo contrario eso la habría animado, le había dado ánimo para seguir adelante con su vida, con su salud. ¿Por que, madre? Tú sabrías mejor que yo lo que debería hacer en estos casos. Siempre fuiste mi confidente. Tu me consolaste el día que Rosemary se caso, viniste a verme y lloraste conmigo. Sabias que la había dejado ir por mi lealtad con Vincent, por ser mi amigo de mi infancia. Por eso te opusiste a que me casara con ella. Si te habría obedecido como lo hacia de niño y hasta de adolescente…Otra habría sido mi historia….Pero no…De haberte obedecido en eso. Mi hija no existiría…¡Que importa todo lo que sufrí! Ella esta viva gracias a todo lo que pase. Ella vale todo mi sufrimiento. Vale cada lágrima que derrame por su madre, por Rosemary. Cada noche que desperté soñando que ella era de otro, de Vincent. Las veces que me odie por pensar en Rosemary, a pesar de saber que no tenía oportunidad, pues estaba casada. La vez que me alegre de veras al ver a Anthony, cuando este había nacido. Tenía unos días de vida. Me sonrió cuando lo cargue. Lo quise porque era hijo de ella. Así que…No me sentiré culpable por sentirme feliz en esta fiesta. No más. Ya no te guardo luto, pero tampoco busco desesperadamente una relación de momento." Pensó el medico.
Observo a su amiga, quien bailaba alegremente a su lado. La hizo girar. Sonreía de verla feliz.
-Soy tan feliz, Eleanor.-decia el medico.
-¿Si?¿Por que?-pregunto Eleanor.
-Entendí por fin que mi tiempo de guardarle luto a mi ex-esposa pasó.-decía el medico.
-Me alegra por ti, Eduard. En verdad…-decía la actriz. Quien coordinaba sus movimientos.
-Mi madre me enseño a bailar. Ella quería que yo me luciera en una fiesta, a la cual me invitaron de niño. Tendría doce o trece años. Aun lo recuerdo.-decía Eduard, de manera divertida.
-¡Claro que si! Ni que fueras viejo, Eduard.-decía la mujer rubia.-Debiste bailar muy bien en esa fiesta. Así como ahora. Eres bueno bailando.
-¿Usted cree? ¡Bah! No le creo. Eres demasiado amable, amiga.-decía el medico, con naturalidad.
Mientras que Annie estaba con la rubia, después de no dejarse convencer por el castaño de decirle de que iría disfrazada Candy. Le ayudaba a arreglarse con sus detalles finales. Sonrieron al ver a la rubia en el espejo.
-Seré irreconocible.-decía Candy, con una sonrisa.
-Terry me trato de convencer de decirle de que irías disfrazada, Candy. Pero no le dije. Solo le dije "Ni siquiera a Candy se lo dije hasta hoy….No te lo diré. Solo sabrás que ira hermosa. Solo espero que no sea verdad lo que Patty dijo, de que estaba tan linda con ese vestido que podrían secuestrarla.".
-¿Le dijiste eso a Terry, Annie?-dijo la rubia. Pensando en su posible reacción.
-Si, debiste ver la cara que puso. Para eso ya me había alejado.-decía Annie.
-Hiciste mal, Annie. Ahora estará sobreprotector todo el día. Estará tan sobreprotector como si fuera mi padre, si es que lo tuviera. Bueno, debemos irnos. Los muchachos nos deben estar esperando.-decía la rubia.
-Si, nos vamos.-decía Annie. Quien tomo los dos antifaces. Estaban decorados con unas diamantinas. Una era plateada y la otra dorada. Ambas ya iban por un buen techo, pero la pelinegra se detuvo en seco, recordando algo.
-¡Olvide ponerte tu corona, Candy!-decía Annie, algo impaciente.-Además le prometí a Luisa ayudarla con su peinado para su otro traje, con el que bailara. Me estaba olvidando de eso. Se lo prometí…
-Esta bien, Annie. Yo me adelanto. ¿De acuerdo?-decía su rubia amiga.
-Vendré con Luisa y con tu corona. Pero. Espera no te olvides. Nadie debe reconocerte..-decía Annie. Quien le entrego un antifaz dorado brillante a la rubia. Quien se lo coloco en el rostro rápidamente.
-¿Cómo me veo, Annie?-decía Candy.
-Como una autentica reina. Solo te falta tu corona.-decía la pelinegra.
-No te preocupes. Ve con Luisa. Debe estar nerviosa. Yo iré con los muchachos. –decía la rubia.
-Si, pero no olvides…La tradición manda que debes bailar tu primer baile de este día con la primera persona que logre reconocerte.
-¿Si es una chica?-preguntó Candy.
-Sabrás que hacer…-decía Annie, alejándose.-¡Suerte, Reina!
-¡Oh! Me preguntó quien será el primero en darse cuenta que soy yo.-decía Candy. Mientras caminaba por el bosque, por su atajo. Iba a pie. Pues el vestido no le permitía trepar muy bien. "Debí pensar en eso…" se decía la rubia.
Ella estaba ataviada con un vestido largo color rojo. (No es el vestido de Julieta, que todos vimos en el anime.) Tenía puesta una peluca color rubio rojizo corta, que ocultaba su cabello rubio claro. Dicha peluca estaba recogida en un como un peinado lacio y corto. (Algo así como el peinado de la madre de Elisa). Su vestido era con una caída en medio. Color perla .En la parte de la caída, que iba en medio de la falda. Estaba maquillada. Se veía algo pálida por el maquillaje, tenia rubor en las mejillas.
-Sigo pensando que estaría mas cómoda como una princesa japonesa, y no como una inglesa.-decía la rubia.-Pero tampoco puedo quejarme. Este vestido es precioso. Me preguntó como se le habrá ocurrido a Annie elegirlo. La rubia iba silbando por el camino. Vio a un niño vestido de pirata a un lado del camino. "Es el Chiquitín….¿Que estará buscando?" se preguntó Candy. Este sonrió al verla.
-Se ve bonita como reina. Lastima que el tío no venga aun. Seguro el tendría ánimos y te sacaría a bailar.-decía Jasón, el niño. Con voz algo apagada.
-No estés triste. Seguro que este donde este tu amigo desearía verte alegre, Chiq.., digo , pequeño.-decía la rubia. Tratando de animarlo.-Sonríe, este es el festival. Se supone que es divertido.
-Gracias, reina…-decía el pequeño pirata, alejándose haciéndose una seña con la mano de despedida.
-De nada…-decía la rubia, retomando su camino. "Charlie no es real…No puede volver…No puede…Solo es alguien que yo invente…" pensó la rubia, al ver alejarse al niño. Quién antes se detuvo y se volteo a verla con una sonrisa grande.
-Serias una buena novia para Charlie….Lastima que no este aquí. Los habría presentado.-decía Jasón.-Eres muy amable… ¿Bailarías conmigo después? Primero debo ver a unos amigos, pero después volveré y te sacare a bailar. Me alegraste con esas palabras…Quiero bailar contigo, para darte las gracias…
-Claro que si. Cuando regreses al lugar principal bailamos. ¿Cuál es tu nombre, pequeño?-pregunto la rubia.
-Jasón.-decía el niño, con tranquilidad.-Nos vemos, reina.-decía alejándose el niño.
-Nos vemos, pequeño pirata.-decía la rubia. Quien por el momento era rubia rojiza. (Es algo así como rojizo, pero es un rubio algo acaramelado. No se considera pelirrojo. Es un tono rojizo claro, como rubio normal, pero mas rojizo).-Se veía muy tierno con ese disfraz de pirata.
La rubia continúo su camino. Pero antes de acercarse al centro del baile, deseaba encontrar primero a sus amigos y ver quien la descubría primero. Decidió modificar un poco su voz. No se dejaría reconocer fácil. Aquello le parecía un tipo de juego divertido.
Los muchachos la veían con admiración, cuando ella pasaba por su lado. Nadie le reconoció. Además estaba con su antifaz.
-Por ahora no soy Candice, sino la reina Isabel I. La reina de Inglaterra de hace mucho tiempo atrás.-decía Candy, sacando la lengua un poco. Su voz la había cambiado un poco, tratando de imitar el acento ingles. Creyó ver a su primo Stear, en el grupo de jóvenes.-Creo que ya pude ver a Stear, me parece que si. Esa chica castaña se parece a Patty. Deben ser ellos…-decía la rubia, quien pensaba acercarse a donde estaban ellos.
Cuando en eso. Observo que alguien le hizo una pequeña reverencia, impidiendo que siguiera su camino. Alzo la vista y observo a un joven de ojos color avellana. Quien le sonreía con amabilidad.
-¡Buen día, respetable reina Isabel I de Francia!-decía el joven, de ojos avellanas. Quien se toco la cabeza y cerro los ojos con fuerza.-Quiero decir de Inglaterra. Vera estoy nervioso…Busco a una señorita su nombre es Candice. ¿De casualidad no la has visto, señorita reina?-preguntó con cortesía el joven.
"No me reconoce Renato. Seguiré con mi acento ingles." Pensó la rubia.
muchas personas aquí en el festival como vera usted, Re…-iba decir la rubia, se cayo. No quería que la reconociera. Quería sorprender a sus amigos y al castaño, por supuesto.
-Bueno, ya vendrá entonces. ¡Lo bueno es que el bochorno de la mañana se fue!-decía alegre Renato. Quien veía por todos lados, luego volvió a mirar a la "reina Isabel I".
-Si, es verdad. El clima no ayudaba mucho. Ahora se siente mucho más fresco-decía Candy.
-No quiero ni imaginar lo incomoda que se hubiera sentido con el clima así. Usted es original al venir vestida como reina, señorita…-decía Renato, viendo de pies a cabeza a la rubia.
-Gracias, supongo.-decía la rubia, divertida de que aun no la descubriera. "Creo que se me da bien esto de actuar…" peso con algo de alegría la rubia.
-La invito a bailar, señorita. ¿Sabe? Es la primera vez que vengo a un baile, así que no soy muy bueno bailando. Pero recuerdo algo de unas lecciones que me enseño una amiga italiana. A quien estimo mucho….-iba diciendo Renato, hasta que miro mejor los ojos verdes de la joven. Negó con la cabeza, y se rio.
-¿Me concede este baile, reina Candice?-preguntó Renato, descubriendo a la rubia, quien lo miro sorprendida.
-¿Cómo supo que era yo, Renato? Modifique mi acento…-decía la rubia.
-Pero no puede modificar sus hermosos ojos, señorita Candy.-decía Renato, con una sonrisa.
-Ya veo…Debí venir con gafas oscuras…-decía Candy.-Creo que aun puedo volver por ellas..
-Nada de eso. Sus ojos le dan ese efecto hermoso en su rostro. Seria un crimen cubrirlos con unas vulgares gafas oscuras.-decía Renato.- ¿Bailamos, señorita reina de Inglaterra?
-Si, esta bien, Renato.-decía la rubia. Primero porque era considerado de mala educación rechazar así lo quisieras una invitación a bailar con alguien. Segundo por el recuerdo lo que dijo Annie.
"Bailaras con el primero que te descubra. Es la tradición…" había dicho Annie.
Renato le cogió de la mano a la rubia. La llevo a un lugarcito donde le pareció tranquilo, sin tanta bulla. Bailaban cogidos de la mano. Pues no se conocían tanto como para que el joven le tocara la cintura a la rubia. Quien bailaba tranquilamente.
-Debía advertirle algo antes, señorita Candy.-decía Renato. La rubia lo miro algo extrañada, pero le dejo hablar.-Le pisaba los pies sin querer a mi amiga italiana.
-Yo le pise el pie a mi primo Archie una vez bailando. No se preocupe por eso.-decía la rubia.-Si te parece bien yo dirijo el baile.-decía la rubia, tratando de guiar mejor al joven. Quien seguía los movimientos sincronizados de la rubia.-Así no están difícil bailar.-decía ella, tranquilamente.
-Es buena maestra, señorita...-decía Renato, justo en ese momento pasaba Elisa.
Quien estaba algo molesta de ver a esa chica rubia rojiza, siendo el centro de atención de los chicos que por ahí pasaban. No sabía que era Candy, pero aun así se enfado bastante. Como pasaba cerca de la rubia disfrazada, quien trataba de guiar a su inexperto compañero de baile.
Solo atino a meter su pie rápidamente entre los pies de los dos jóvenes que bailaban tranquilamente. Como fue tan rápido, logro desestabilizar al joven, de ojos color de avellana. Quien se trato de estabilizar, pero no pudo y cayo encima de la rubia. Quien se sorprendió por ello. "¿Soy imán de chicos o que rayos?" pensó rápido la rubia, debajo del joven. Estaba algo aturdida, por esa caída. La cabeza le daba vueltas. Algunos los veían sorprendidos, pero era claro que era un accidente, sin malicia. Pues el joven había tratado de estabilizarse, pero no pudo.
-En verdad lo lamento, señorita. No era mi intención esa. Por favor perdóneme.-decía Renato, muy avergonzado.
Quien se levanto rápido y levanto también a la rubia. Quien aun estaba aturdida, Miro al joven, y al ver su cara de arrepentimiento sincero. Negó con la cabeza.
-Descubrí algo…Usted tiene dos pies izquierdos, Renato.-decía la rubia, de manera divertida.-Descuide, fue un accidente.-decía de manera seria.-No parece ser un tipo aprovechado.
El joven sonrió aliviado, pensó que le diría una reprimenda exagerada y con algunos insultos incluidos. "Están compresiva. En verdad esa NO fue mi intención…" pensó Renato.
-Gracias por creerme, pues es la verdad. Creo que me tropecé con algo, pero no se que era. ¿Usted miro algo extraño, señorita?-preguntó Renato, mirando en todos lados. Pero no miro nada extraño en el suelo.
-No mire nada extraño. Solo a Elisa que pasaba por ahí….-decía la rubia.-De seguro fue ella..
-Bien, suficiente. ¿Dónde esta esa tal Elisa?-pregunto Renato, serio.
-¿Para que, Renato?-preguntó la rubia, algo extrañada, sin entender al joven
-¿Cómo que para que? Su reputación se pudo ver afectada por este ridículo accidente.-decía Renato, tratando de recordar a la chica.-Ya la recuerdo es pelirroja, con sonrisa burlona. Logre verla… ¿Qué se habrá creído esa niña?-decía el joven, ojos color de avellana. Yendo hacia donde estaba la pelirroja en una esquina sola.
La rubia observo su mirada seria, algo sombría. Se veía muy indignado. Lo siguió rápido. No entendía que haría el joven, pues no conocía cuales eran sus reacciones, ante casos así.
-¿Es usted Elisa?-pregunto Renato a la pelirroja, quien lo veía como si nada hubiera pasado. Pero se puso nerviosa por el tomo de voz sombrío que uso. El joven se veía claramente enfadado.
-Si, soy yo. ¿Por qué?-preguntó con cinismo Elisa.
-Porque le debe una disculpa a la señorita que esta a mí atrás. Por ponerme cabe y , porque después me caí en su encima sin quererlo yo así. Bailábamos tranquilos hasta que usted metió literalmente su pie en medio de nosotros.-decía Renato en tono serio, pero aun estaba calmado.
No tenía diecinueve años en vano. Había aprendido a controlar bien su carácter, pues se conocía y era impulsivo. Terriblemente impulsivo.
"Tal vez se me pego de todas las veces que Samuel se burlo de mi. O tal vez, es un tipo de respuesta ante las palabras hirientes de la señorita Camila. Fuera como fuera, el caso es ese. Soy demasiado impulsivo. Es mí mas terrible defecto…Debo controlarme. Es una chica, no puedo retarla a pelear. Con un regaño fuerte bastara." Pensó Renato.
-¿Y bien, Elisa? No la oigo disculpándose con mi acompañante.-decía Renato, hizo con si mirara su reloj de bolsillo, que traía en su saco. -¿O se lo bebo repetir todo desde el principio, Elisa? Soy paciente, pero tiene límites. Pequeños limites…
-¿Me esta amenazando o me parece? Jamás me disculpare con nadie. ¡Escuchaste, estúpido! Con nadie.-dijo Elisa, irritada.
-Ya serian dos faltas…Ahora insulta…-decía Renato, sin inmutarse.
Candy los veía en silencio, no entendía a lo que quería llagar el joven.
-Tu no escuchaste ¿O estas sordo, tipito? ¿Qué parte de jamás me disculpe ni me disculpare con nadie no entendió?-decía Elisa, incomoda, pero no daría su brazo a torcer.
-Lo que hizo es grave…Podría ser considerado acoso. ¿Sabes? Pues ahora lo sabes. Hay leyes de los seres humanos. Leyes que prohíben el acoso, Elisa. Conozco muchos abogados, que estarían dispuestos a hacerle entender que tan grave es lo que se atrevió a hacer usted. Créame una disculpa seria pequeña en comparación por todo el inmenso proceso al que se vería sometida. Esta en su manos, mejor dicho en su boca ahorrarse todo eso. ¿Que me dice, Elisa? No seré abogado en vano. Conozco mis derechos, niña. Los conozco bien.-decía con toda seriedad Renato.
La rubia solo lo miraba con algo de asombro. "¿Eso era acoso? Nadie nunca me lo dijo. Ni sabía que había leyes contra eso. Renato será un excelente abogado algún día." Pensó la rubia, mirando al joven con admiración.
Elisa temblaba ligeramente. Era la primera vez que alguien le dejaba entre la espada y la pared. "Ni loca iré a juicio, por meter cabe e insultar a ese estúpido." Odiaba a ese joven. Lo miro con desprecio.
-No lo hare…-decía Elisa en voz baja.
-¿Así serán las cosas entonces? De acuerdo, Elisa. Pero recuerda que tú pudiste haberlo detenido.-decía Renato con voz seria.
-¿Qué me hará usted?-decía Elisa, con algo de preocupación.
-Yo nada. Las leyes dirán su mejor castigo al parecer.-decía serio Renato.
"Mi madre siempre me aconsejo estudiar Derecho. Entiendo a lo que se refería ahora… ¡Gracias, querida madre! ¡Que en paz descanses, madre!" pensó Renato. Sonrió satisfecho, pues Elisa se veía desencajada. Lo había logrado, pronto esa odiosa chica se disculparía. No tenia de otra. Ambos lo sabían, tanto el joven, como la pelirroja.
-Discúlpeme por haber molestado su "agradable" baile.-decía la pelirroja, en voz baja. Estaba maldiciendo en su mente. –Y discúlpeme por haberlo insultado, joven…
-Así esta mejor. No fue tan difícil, Elisa.-decía el joven. –Le sienta bien ser más educada. ¡Creo que a todos en general!
Ante la discusión con la joven se habían acercado más muchachos curiosos. Que presenciaron aquello. Estaban sorprendidos. Stear y Archie habían presenciado ello a un lado. Patty estaba con ellos, no habían reconocido a su rubia amiga disfrazada. Pero si habían reconocido a la pelirroja. Quien se alejo corriendo. Estaba avergonzada, se había disculpado con unos extraños. Pero aun así eso le amargo mucho.
-Me contentare con molestarle su festival a las huerfanitas de Pony.-decía ella, con una sonrisa maliciosa. Mientras se alejaba.
-Gracias, aunque creo que no era necesario que usted…-iba a decir Candy.
-¿No lo creyó necesario? Esa niña se veía acostumbrada a hacer eso siempre. Solo le mostré las consecuencias de sus actos. A lo mejor lo note y cambie, o por lo menos ya no será tan odiosa para el resto.-decía Renato. Mirando a Candy.
-Dudo que cambie...-decía la rubia.
-No me digas que te dio pena ella. Se poroto muy grosero con los dos, Sobretodo con usted.
-Lo se, pero pudo ser menos…
-¿Menos sincero? Tal vez… , pero ella se merecía esa reprimenda. Créame que si hubiera sido un chico ella, yo le habría dado un golpe por idiota.
-¿En verdad? Pero eso no estaría bien tampoco.-decía la rubia.
-¿Qué seria bueno según usted?-pregunto Renato.
-Pues no sabría decirle ahora…
-Ahí lo tiene. Se habría dejado pisotear. No me gusta ver como las personas como ella se quieren aprovechar de personas inocentes como usted.-decía Renato.-Se que es ser tratado de esa forma, es horrible… ¡Horrible! Discúlpeme si la importune o la puse incomoda con mis palabras, pero es verdad. Lo digo porque viví, vivo algo parecido casi siempre en casa.
-No tenia idea. En tal caso discúlpeme usted a mí.-decía la rubia.
-¡Bah! No lo sabias. No eres culpable de nada, reina.-decía Renato, con tranquilidad.
-¿Candy?-preguntó Patty, acercándose a ellos.-¿Eres tu ,amiga?
-Si, Patty.-decía la rubia. Observo que sus primos se habían cercado. Se acercaron a ella Stear y Archie.
-Aquí estabas, Candy.-decía Archie, mirando a su prima.
-¿Qué paso ahora, Candy?-pregunto Stear, a su prima.
-Una niña pelirroja maleducada nos puso cabe y por poco y causa algo peor.-decía Renato, mirando a los jóvenes.
-¿Tu ayudaste a nuestra prima?-preguntó Archie.
-No hice gran cosa en realidad. -decía Renato, con humildad. Odiaba ser el centro de atención.
-¿No hiciste gran cosa? Te equivocas ayudaste a nuestra prima Candy. Eso es elogiable. Elisa le hace la vida imposible, en verdad gracias, joven.-decía Archie, dándole la mano. Renato la tomo algo extrañado.
-Si, es cierto.-apoyaba Stear.
-Gracias por ayudar a nuestra amiga, joven.-decía Patty, sonriendo. Ese joven, que había defendido a su amiga le agradaba.
-Renato…Renato Donwell-Santignie, ese es mi nombre.-se presento Renato.
-¡Muchas gracias, Renato Donwell !-decían los tres jóvenes sonriendo. "Deben quererla mucho para que estén así de alegres…Lo sabia…Ella es especial…Nadie quiere a un ser odioso. Ella es en verdad un ángel. Con algo de suerte será MI ángel." Pensó Renato.
-¿Quieres acompañarnos a nuestra mesa, Renato?-pregunto Archie, con amabilidad.
-Claro, si le parece bien a la señorita Candy…Pues estaría encantado.-decía Renato, mirando a la rubia. Noto que ella asintió. Sonrió alegre. Se fueron todos a la mesa donde estaban ellos. La rubia no veía al castaño por ningún lado. Se preocupo.
"No habrá podido venir…Iré a buscarlo…" pensó la rubia, al no ver a su novio por ahí cerca. Se levanto de su asiento y se dirigía a buscarlo. En eso observo a dos chicas.
-Ya vengo.-decía la rubia. Luego miro como Annie venia junto a Luisa.
-Tengo tu corona.-decía la Annie, mientras le colocaba la corona a Candy. Quien sonrió.
-Ahora si se ve como una autentica reina, señorita Candy.-decía Renato.
-También tengo su pañuelo, Renato.-dijo Annie, mostrándole dicha tela. Se la entrego. El joven estaba feliz por ese gesto.
-Gracias, en verdad. Es valioso para mi.-decía Renato.-¿Bailamos, señorita Britter?-preguntó el joven.
-¿Ah? Pues a decir verdad yo…-iba decir Annie.
-Lo lamento, joven. Pero quiero bailar con mi novia.-decía Anthony, quien había llegado recién. Se veía atractivo.
-¡Anthony! ¡Me alegra verte!-decía Annie, yendo rápido cerca del rubio.
-Te ves como todo un marinero, Anthony.-decía la rubia. Estaba feliz por sus dos hermanos.
-Si, es verdad, Anthony. Te ves muy guapo.-decía Annie, viendo al rubio con una sonrisa sincera.
-¿Ah? ¿La reina de Isabel I? ¿Candy? ¿Pecosa, eres tu?-decía el castaño, quien se había acercado a ellos en ese momento. Se acerco a su novia, quien lo abrazo con fuerza.
-Te extrañe, Terry.-decía la rubia.-No te pude ver en todo el día.
-¿Cómo que no? Te vi en el carro del desfile.-decía el castaño.
-¿En verdad? ¡Que raro! No te vi.-decía la rubia, extrañada.
-¿No me digas que te esta fallando la memoria, Tarzan Pecosa?-decía el castaño. Que se gano un pisotón de parte de la rubia, quien se irrito un poco.
-No me falla nada. En verdad no te vi.-decía la rubia.
-¿Y quien pensaste que te lanzo esa rosa?-decía el joven castaño.
-¿Fuiste tu, Terry?-decía la rubia.
-No, mi hermano gemelo…Claro que fui yo, Pecosa despistada.-decía el castaño, tocando su naricita.-¿Lo recuerdas? Incluso me saludaste con la mano.
-Si, lo recuerdo, pero no te había reconocido .Estaba lejos.-decía la rubia, recordando aquello.
-¿Así que recibes flores de chicos que ni reconoces?-decía el castaño, fingiendo estar enojado.-Debería estar molesto, pero te extrañe mucho como para hacer un lio de algo así. Además quiero bailar con la reina Isabel I.-decía tomando su mano, y guiándola a bailar. La rubia solo se dejaba guiar.
-¿En verdad estas molesto por eso, Terry?-decía la rubia, mirando al castaño. Quien le tomo del mentón y acarició su mejilla.
-Ibas de hada. Parecías buscar a alguien. Además en ese momento yo tenía puesto mi antifaz. Te veías contenta, aunque algo ansiosa. No me habrías reconocido bien por la distancia, Pecas.-decía el castaño.
-Es que. Es que. Yo te había estado buscando con la mirada. Pero al no verte, pues asumí que seguías ayudando a tu profesor con Anthony. Luego vi como un chico lanzaba una rosa. Yo solo quería alcanzarla, porque de lo contrario habría caído al suelo. Era una rosa muy bonita. Como esas que cultiva Anthony. Por eso me sorprendí de verla ahí. La atrape porque de alguna forma me hacia recordar el día que ayudamos a Anthony a cultivar en su jardín, y al final acabamos cubiertos de tierra. ¿Lo recuerdas? También estuviste ahí con los chicos ese día. No me dejaste ayudar hasta que me puse un pantalón para estar ahí. Me puse un pantalón tuyo, que me prestaste. Lo tenía que asegurar por que era grande para mí. Tú no dejabas de ver mis piernas. Y eso que tenía puesto pantalón. Por eso la quise atrapar, cosa que logre. La deje en mi cuarto en un jarrón con agua.-decía la rubia.-Esa rosa, representaba nuestro esfuerzo ese día.
-Si, se que a veces sueles ser muy despistada, Candy.-dijo el castaño.-Te veías bien con ese pantalón, Pecas. Aunque eras el hada mas lindo que vi.-decía el castaño, mientras acercaba su cabeza a la de la rubia. Quien pensó que la quería besar ahí
.-Descuida, se que hay muchas personas viendo. Aun así te daré tu regalo, Pecas. Según tus primos cumples quince hoy.-decía el joven.-Lo cual quiere decir que ya eres un año mayor. Cierra los ojos, Pecas.-decía el castaño. Quien los cerró.
-¿Terry?-decía la rubia. Al sentir algo un poco frio en su cuello.
-Ya puedes abrirlos, mi reina.-decía el castaño. Observo a la rubia. Quien intrigaba veía lo que tenia en cuello. Era un collar. Era sencillo, pero se veía bonito. La cadenita era plateada. Tenía en medio un corazón color zafiro. Era una pequeña joya. Era sencilla, pero bonita.
-Gracias, Terry. Es precioso. Lo usare siempre.-decía la rubia contenta por ese lindo detalle. Le importaba más que el castaño lo hubiera elegido para ella. No le impostaba el valor económico de dicho collar. Si no mas bien el cariño que le había puesto su novio, al tomarse el tiempo de buscarlo el mismo.
-Dale vuelta al corazón.-decía el castaño. Así lo hizo la rubia. Leyó en voz alta la inscripción que parecía en la parte de atrás en la joya. Estaba grabado algo. Un mensaje corto, pero preciso.
"Para mi señorita Pecas:
¿Te casarías conmigo, Candy?"
La rubia alzo la vista y vio la mirada profunda del castaño. Quien la veía con amor sola ella.
-¿Pecas, te casarías conmigo?-preguntaba el castaño. La rubia solo sentía que se le iba el aire a ella. Eso la había sorprendido. Sabia que el castaño le había dicho que deseaba casarse con ella de manera indirecta, pero aquello no dejaba de asombrarle.
Trato de decir algo, pero no podía salir ninguna palabra de su boca. Esto la impaciento. Asintió con la cabeza, con mirada decidida. Su novio la miraba feliz. Quería besarla en ese momento, pero fue su sorpresa para el. Pues la joven se alzo de puntitas y lo beso. Fue un beso corto, pero estaba cargado de mucho amor.
-Te amo, Terry. Me casare contigo.-decía la rubia, con determinación. El joven la abrazo con fuerza. Se sentía muy feliz.
-Pecas, no tienes ni idea de lo feliz que me haces en este momento.-decía el castaño.
-Si tengo idea de lo sientes. Pues desee siempre en un principio casarme contigo. Esa vez que fui a verte a Nueva York cuando actuaste de Romeo…En ese momento imagine un futuro juntos para los dos…-iba diciendo la rubia.
El castaño la miro asombrado. Ella también había deseado algo. No sabia que en realidad. "¿Acaso deseaste un futuro para nosotros dos, Candy?" pensaba el castaño.
La rubia lo tomo de la mano y lo guio al bosque.
-Te lo diré todo, Terry. Todo.-decía la rubia.-Recordé algo. Lo que soñaba. Anthony si murió originalmente. Pero recordé mas cosas…Debes saberlo…No quiero que halla secretos entre nosotros….
Continuará ...
