#Aspros y Asmita#

- ¿Qué? ¿Te piensas venir conmigo o no? No hay tiempo que perder...- Inconscientemente Aspros intentaba encontrarse con la mirada de Asmita, y tuvo que hacer grandes esfuerzos para recordarse que ese muchacho que nervioso se debatía en silencio frente a él, era ciego.

- Bueno...sí...pero...yo...es que...

Asmita se había quedado congelado, balbuceando palabras sin sentido, intentando entender la repentina aparición de alguien que no conocía, aunque la manera de hablar y la voz le resultaban demasiado familiares, instándole a perpetrar una locura que ansiaba y temía a partes iguales. Simplemente no se sentía capaz de decidir qué hacer, y Aspros se estaba consumiendo en sus propios nervios. Ésos mismos que le hicieron tomar la iniciativa otra vez.

- ¡Vamos! Agarra lo que necesites y ven conmigo.

Asmita obedeció las órdenes de Aspros y fue en busca de la pequeña mochila, imprescindible en todas sus salidas a la calle, guardando en ella la medicación necesaria por lo que pudiera pasar, revisando el pequeño estuche que contenía las dosis y las jeringuillas, sin poder observar el atisbo de tristeza que surcaba el rostro de Aspros al reparar en sus simples y estudiados gestos, observando esos objetos y recordando cómo uno de ellos había desencadenado la última batalla librada contra Defteros. Asmita cerró la mochila, se enfundó su chaqueta y se la colgó de la espalda, pero antes de dar el paso definitivo para seguir los dictados de esa grave voz que le traía a Defteros a la mente, una duda agudizó sus miedos, no pudiendo evitar plantearla en voz alta.

- Yo...yo no tengo entrada...- Dijo, justificando su dilación.

- Yo tampoco.

- ¿Y entonces? ¿Cómo quieres entrar?

- No tengo ni la más remota idea.- Respondió Aspros, sorprendiendo aún más a Asmita.- Sólo sé que lo haremos.

Asmita se aproximó a Aspros con pasos aún seguros, y antes de salir se hizo con el bastón que le ayudaba en los desplazamientos, sintiendo como era arrebatado de sus manos con rapidez.

- No te hará falta.- Aspros lo había agarrado, y después de estudiarlo unos segundos, dedujo cómo se doblaba para reducir su tamaño, haciendo voltear a Asmita con gestos enérgicos y abriendo la mochila colgada pegada a su espalda para introducirlo dentro.- Confía en mí.- Añadió, esbozando una queda sonrisa.

Asmita también se permitió imitar una sonrisa que no vio, despertando la curiosidad de Aspros ante tan simple gesto.

- ¿Qué ocurre?

- Nada...sólo que ya había vivido una escena idéntica a ésta con Defteros...

Aspros suspiró con agradable resignación.

- Bueno, somos gemelos al fin...supongo que nos parecemos aún más de lo que los dos estamos dispuestos a admitir...¡Pero vámonos ya, que el tiempo apremia! Tengo el coche justo en frente.

Asmita cerró la puerta con llave, y acto seguido, Aspros le tomó del brazo para guiarle hacia el vehículo, abriéndole la puerta y dirigiéndose con celeridad al lado del conductor. Una vez dentro, observó cómo Asmita tanteaba el cinturón de seguridad y se lo pasaba por encima del pecho, buscando con los dedos de su mano izquierda la rendija dónde introducirlo, viéndose rescatado por Aspros, que lo tomó de sus manos y lo abrochó él mismo.

Una vez todo estuvo correcto, Aspros arrancó el coche con cierta brusquedad debido a la urgencia de la situación, y tomó el camino que les llevaría directos a realizar la insensatez más remota que ambos hubieran imaginado perpetrar nunca, y mucho menos, juntos. Asmita no podía evitar sentir cierta incomodidad...él no era una persona que otorgara su confianza a las primeras de cambio y tan a la ligera, pero algo desprendía Aspros que le ofrecía la necesidad de confiar en él sin miedo ni reparos. El momento también se presentaba extraño para Aspros, y volvió a ser él el que rompió el silencio de nuevo.

- No sé si deberías confiar en mí en el fondo...

- ¿Por qué?- Prenguntó Asmita, con un hilillo de voz, temiendo que su confianza fuera traicionada.

- Nunca me saqué la licencia de conducir...- Aspros no pudo evitar reírse por lo bajo al ver de refilón la expresión de susto que apareció en el rostro de su inautido acompañante.

- ¿Y ésto que quiere decir? ¿Que vamos a cometer una infracción?- El miedo que siempre se despertaba en Asmita cuando se hallaba frente a la posibilidad de romper alguna norma establecida acabó de intensificar la risa de Aspros.

- ¿No te lo ha contado ésto Defteros?

- ¿El qué?

- Se la sacó él haciéndose pasar por mí. Yo no podía acudir, me encontraba sufriendo un horrible catarro el día del examen, y se presentó él en mi lugar. Así es que cometeremos una infracción a medias. La licencia va en mi nombre, pero yo no la conseguí.

- ¿Tanto os parecéis...?- La timidez de Asmita se negaba a abandonarle por completo, y se notaba en el tono con el que pronunciaba sus palabras.- Tu voz...por un momento he pensado que eras él...es casi igual...

- La verdad es que sí...aunque hay algunas diferencias que nos delatan...- Asmita no quiso preguntar nada más, temiendo parecer demasiado curioso con alguien que, al fin y al cabo, acababa de irrumpir de sopetón a romper su rutina, pero ésto no detuvo a Aspros en sus explicaciones.- Por ejemplo, algo que es muy diferente es la sonrisa...cuando Defteros se ríe ampliamente, se le ven unos colmillos que nunca se han querido poner bien en su lugar, cosa que de muy jovencitos despertaba burlas a su alrededor y le hacía enfadar sin medida.

Al escuchar ésto, Asmita sonrió por lo bajo.

- Ya los he notado...- Dijo en espontánea respuesta, ardiendo al instante en vergüenza al darse cuenta de cómo sus propias palabras le habían traicionado vilmente, odiándose por haberlas pronunciado cuando ya no podía hacer nada al respecto, sólo rezar que Aspros no las hubiera escuchado. Sucumbiendo aún más a su rubor cuando Aspros soltó una leve carcajada.

- Vaya...veo que ya os conocéis mejor de lo que pensaba...- Asmita no se podía encoger más en su asiento, sabiendo que su rostro debía estar más rojo que un tomate, viéndose incapaz de huir de la divertida mirada que Aspros le regalaba de refilón y que sentía pesada sobre él más que una losa.- Otra cosa que quizás ya le has descubierto y que yo no tengo es una cicatriz en la barriga...- Asmita ya no podía agachar más su sonrojado rostro, y los dedos se liaban nerviosos con los cordeles de la mochila que ahora descansaba entre sus piernas.

- No...no sé...- Mintió como respuesta, recordando como se había deleitado con ella cuando la visión que le otorgaban sus dedos se había topado con ese suave relieve.

- Éramos pequeños...- continuó Aspros, intentado hacer caso omiso del intenso bochorno que sufría Asmita, pero divirtiéndose en secreto con su infundada vergüenza.- Defteros sufrió un ataque de apendicitis, y se la extirparon...y yo estuve tiempo rabioso porqué a él le habían hecho algo que a mí no. Siempre habíamos estado muy unidos...y ahora hace demasiado tiempo que esa unión se ha ido al garete, como si nos hubiéramos olvidado de lo que éramos... - Concluyó Aspros, dejándose invadir, muy a su pesar, por un deje de tristeza antiguo y persistente, el cuál no fue obviado por Asmita.

- Defteros...no lo ha olvidado...

Una profunda respiración acudió a refrescar los ánimos de Aspros, que no deseaba que sus malos recuerdos llegaran para enturbiar un momento que debía ser otro paso importante para acortar las distancias y sanar los silencios que durante años los habían envenedado a ambos.

- Y yo tampoco...

Por suerte, el tráfico no parecía ser tan deso como Aspros se había imaginado, y pronto llegarían a destino. El silencio había acudido a contaminar la atmósfera del coche, y Aspros sintió la imperiosa necesidad de volver a romperlo.

- Asmita...- Dijo, callando un instante sin estar muy seguro de seguir.

- ¿Sí...?

- Gracias.

La sorpresa tomó el control de las facciones de Asmita, consiguiendo borrar parte del rubor que parecía haberse instalado perpétuo en sus mejillas.

- ¿Por qué?

- Por cuidar de mi hermano. Por estar a su lado cuando yo no he sabido hacer otra cosa que herirle absurdamente.

Aspros había aprovechado el parón en un semáforo en rojo para ladear su rostro y observar el perfil de Asmita, que lentamente se volvíó hacia su lado e intentó esbozar una tímida sonrisa.

- Yo no he hecho nada de especial...es él que ha cuidado de mí...en asuntos que no le concernían y que no tenía ninguna obligación de atender...

- Lo sé.- Aspros se encogió de hombros un instante, mientras sus dedos pulgares acariciaban con voluntad propia el volante, a la espera de poder arrancar de nuevo.- Defteros es así...es entregado a quién lo necesita...siempre ha hecho lo que ha podido por ayudar a los demás...olvidándose de él mismo. En cambio...yo...- El semáforo se había puesto en verde, pero Aspros estaba tan absorto en su pesar, que no se dio cuenta de ello.- Yo siempre le he fallado...

- Pues él opina lo mismo...cree que te ha fallado a tí...

El coche seguía sin emprender de nuevo su marcha, y los conductores de los vehículos, ansiosos de seguir con su camino que tenían parados detrás, empezaron a dar muestras de su impaciencia, accionando los cláxon repetidamente, arrancando a Aspros de sus inoportunos pensamientos y haciendo que pusiera el coche en movimiento con bastante rudeza, consiguiendo que Asmita casi fuera engullido por su asiento.

- Somos unos idiotas...los dos...- Continuó Aspros, una vez había vuelto a recuperar cierta suavidad en su conducción.- Y ¿sabes que te digo?- De refilón observó cómo Asmita negaba con la cabeza.- Que estoy cansado de ser tan imbécil. Por éso entraremos en el concierto, nos cueste lo que nos cueste.

Aspros tumbó una calle a la derecha, y allí estaba. La Razz se presentaba con letras luminosas frente a sus narices, y cerca de la puerta de acceso se podía divisar la poca gente que quedaba aún para acceder a la sala. La mayoría del público debía estar dentro, y sólo quedaban los cuatro rezagados de siempre. Aspros aparcó un poco apartado del acceso, para evitar levantar sospechas que dificultaran llevar a cabo su plan. Con ansias y el corazón bombeándole la sangre a gran presión, se bajó del coche, y fue hacia el lado de Asmita para agarrarle del brazo y tirar de él cuando éste también hubo bajado, recordándole otra vez a Defteros y su manía de agarrarle de esa manera cuando iban por la calle y algo se interponía en su camino. Aspros apresuró sus pasos, y cerró el coche desde la distancia, sin dar más aire a un tiempo que agonizaba. Asmita intentaba seguir su ritmo con toda la dignidad que podía encontrar, sintiéndose el cuerpo entero temblando, preso de la ansiedad y de la incógnita frente a lo que Aspros pretendía hacer.

- Tú ponte derecho y haz como si estuvieras más que convencido de todo lo que voy a decir...- Le ordenó Aspros, susurrándole al oído al tiempo que casi alcanzaban el umbral de la locura a conseguir.

- ¿Pero qué pretendes hacer?- Preguntó Asmita con una voz casi imperceptible, sintiendo que el corazón casi le salía por la boca.

- Si una vez Defteros pudo ser yo...hoy es el momento que yo pueda ser él...

- ¿Pero qué...?

- Shhhh...Allá vamos. Sobretodo, créete lo que yo diga y asiente con seguridad.

Cuando llegaron a las cercanías de la puerta, algunas curiosas miradas se posaron sobre ellos dos, pero Aspros hizo gala de su altivez y cruzó entre las personas que cuchicheaban a su alrededor, arrasntrando a Asmita con él. Allí había dos gorilas controlando el acceso y revisando las entradas, pero Aspros no mostró la intención de pararse ni un instante, andando decidido a traspasar ese limbo costase lo que costase, pero inevitablemente topándose con el brazo de uno de esos armarios cortándoles el paso.

- ¿Dónde váis? ¿Las entradas?

Asmita había palidecido desde el mismo momento de apearse del coche, y tragó saliva con dificultad, oliendo el fracaso de la maquinación de Aspros sin tener mucha fe en ella. Pero Aspros no estaba dispuesto a fracasar.

- ¿Qué entradas dices, tío?- Espetó al de seguridad, deseando parecer lo suficiente descarado cómo podría serlo su hermano.

- Las entradas. No estamos aquí para cachondeos.

- ¡Joder tío! ¡Déjanos pasar, que vamos tarde!

- Mirad chavales, sin entrada no accedéis, y punto.

- ¡Joder! ¡¿Es que no nos ves?!

- ¿Qué tengo que ver? No te pongas chulo u os echo de aquí a la fuerza.

Asmita estaba temblando de miedo, y Aspros lo notó, permitiéndose intensificar un poco más el agarre de su brazo con la intención de tranquilizarle.

- ¡Mira el poster que tienes colgado a tu espalda!

El segurata se giró, y después de observar la imagen del poster que publicitaba al grupo se volvió de nuevo para encarar a Aspros otra vez.

- ¡Soy el bajista, imbécil! ¡Mírame! ¡Y éste es nuestro técnico de sonido! Hemos salido por un momento a tomar el aire antes de empezar, pero veo que el concierto irá tarde gracias a tu estupidez.- Soltó Aspros sin pensar siquiera en lo que decía, observando con una estudiada mirada de furia al armatoste que les prohibía el paso.

El hombre volvió a ojear la fotografía del grupo que había adornando cada una de las paredes que delimitaban la entrada, y volvió a posar la mirada sobre Aspros, que seguía firme en su inventada furia, no dejando entrever que en realidad las piernas también le temblaban más que un flan.

- Perdón...- Dijo el hombre al fin, reconociéndole sin ninguna duda más como uno de los integrantes del grupo.- Es la costumbre del estricto control que debemos tener del acceso. La próxima vez, usad la puerta de artistas y no os encontraréis con estas dificultades.- Continuó, rebajando el tono y los humos al tiempo que se hacía a un lado y dejaba el paso libre.

- Gracias...- Respondió Aspros con sorna, empujaba levemente a Asmita para que emprendiera el paso de nuevo.

Aspros no varió un ápice su altivez y descaro, y con ellos a cuestas se internó dentro de un espacio que descubrió repleto de gente, ilusionada y expectante por el espectáculo que estaba a punto de empezar.

- ¿Ha funcionado...?- Preguntó Asmita, incapaz de creerse lo que acababa de suceder.- ¿Así que técnico de sonido soy?

- Sí. Ha funcionado, ¡y algo tenía que decir para justificarte a tí!- Exclamó Aspros encogiéndose de hombros en una divertida actitud infantil impropia en él.- Las locuras a veces salen bien, Asmita...

Aspros caminó entre la oscuridad que envolvía a todas las personas que se movían por allí, sin dejar de lado a Asmita, el cuál daba evidentes muestras de sentirse nervioso en un lugar repleto de humanidad y completamente desconocido, alarmando un poco a Aspros, que intentó sobreponerse a su propia emoción y tranquizarle un poco.

- Escucha...iremos a un costado de la sala, justo al lado de la barra, y allí te podrás apoyar en ella y estar resguardado de todo el montón de gente...¿te parece?

Asmita asintió y se dejó guiar por unas manos y una voz que le conferían la tranquilidad necesaria, pero ansiando de una vez por todas poder escuchar la voz del bajo que Defteros arrancaría con sus dedos.

Sintiéndose nervioso y emocionado.

Sabiéndose acompañado en su silenciosa emoción por otra alma que vibraba al mismo son.

Y que ya no podía esperar más el inicio de esa ilusión.

La ilusión que llenaría el corazón de su hermano, y que quizás podría empezar a sanar el suyo.

Deseando que las luces se apagaran del todo.

Necesitando descubrir a Defteros en el escenario.

Y por fin, verle triumfar.

#Continuará#