Magic Kingdom I

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Maletas, listas.

Boletos de avión, listos.

Entretenimiento infantil para el vuelo, listo.

Teléfonos, listos.

Bocadillos, listos.

Niños… no listos.

Miré a mi alrededor y me encontré con Mark, bastante presentable para tener un vuelo de casi diez horas. Muy bien, el niño mayor estaba completamente listo, de hecho estaba sentado de manera paciente en el sillón de la sala. Los únicos que faltaban eran los mellizos que estaban escondidos en cualquier parte de la casa. Era la tercera vez en la mañana en la que se escondían y me estaba cansando de esto.

Mi teléfono me sacó por un momento de mi enojo y deslicé la flecha para contestar la llamada.

-Isabella Swan – dije secamente. No estaba de humor para aguantar a nadie en estos momentos.

-Alguien no está lo suficientemente contenta esta mañana – la voz de Jasper hizo que sonriera casi de inmediato.

-¡Jasper! – dije con una enorme sonrisa. Mi exclamación hacia llamado la atención de Mark, él me miró y me frunció el ceño. De media vuelta y me alejé de allí – Hola, ¿Cómo te ha ido?

Mi relación con Jasper había resultado (después de un año) bastante afectiva. Ni siquiera recordaba porque era que le tenía cierto odio o rencor. Lo que sabía es que él era una gran persona y cuando hablaba de ayudarme lo decía enserio. Él, al igual que Aidan, me había ayudado bastante con los niños, aun sabiendo que no era del agrado de Mark. Él ignoraba las caras malas que le hacia el niño, él solamente iba e intentaba ayudarnos. El motivo lo desconocía, tal vez él era una buena persona después de todo.

La última vez que le había visto había sido más de cinco meses. En realidad había perdido contacto absoluto cuando supe que volvería a américa. Su trabajo ya no le permitía estar en el extranjero, eso le exigía volver hacia allí. Él y Aidan se llevaban bien, no creí que eso sucedería alguna vez pero muchas cosas me habían sorprendido con anterioridad. Más de un par de veces me enteré de que ellos dos se quedaban de ver en un partido de futbol o algo como eso.

-Bien, la vida en América nunca para – contestó con gesto casual - ¿Qué tal tú? ¿Con Mark y los mellizos?

Él probablemente esperaba tener una gran charla conmigo en cómo me había ido estos últimos meses. Y yo tenía toda intención de conversar con él hasta que recordé que me quedaba poco tiempo para verme con Edward en el aeropuerto y alistar a los más pequeños para eso. Tomé una gran respiración y me quedé en medio del pasillo.

-Toda ha ido bastante bien, Jasper, los niños han crecido bastante y Mark te envía aludos – él bufó – Pero lamentablemente estoy de salida, el vuelo sale en hora y media y se suponía que tengo que estar en camino al aeropuerto – mordí mi labio.

-Oh, ¿enserio? Lamento haber interrumpido entonces, ¿puedo saber a dónde te diriges?

-No hay problema, estoy a punto de volverme loca con estos tres niños bastantes traviesos, he pensado muchas veces en rendirme – dije con ironía – iremos a Magic Kingdom, creo que ya va siendo hora de que mis hijos conozcan más allá del límite de Moscú.

-¡Eso está bien! Creo que lo niños se van a divertir mucho en ese lugar – me apresuré a tomar a Elizabeth que estaba pasando corriendo por allí soltando varias risas. La cargué y me dirigí a su habitación para terminar de arreglarla – Aunque tengas que volver unos años después para que los mellizos disfruten de las atracciones más grandes.

-Ni me lo digas – contesté y dejé a la niña en el suelo – No sé si es una buena idea llevarlos ahora mismo. Estoy bastante nerviosa – miré a Anthony de manera severa y eso fue lo que necesito para venir hasta a mí y dejar que le colocara los tenis.

-Debes tranquilizarte, esto lo haces por ellos, díselos, nunca está de más hacerlo – escuché un suspiro de parte de mi amigo – Tal vez nos veamos por aquí cuando vengas. No tengo intenciones de entrar al parque pero podemos vernos en otro lugar, ¿Qué dices?

Solté todo el aire una vez que terminé con el niño y bajé de nuevo. Tenía una hora y quince minutos. Uff.

-Es una buena idea, y creo que sí nos veremos, tengo que ver algunas sucursales de allí. Estoy pensando en abrir una tienda en ese lugar – miré de nuevo el reloj – Jasper, tengo que irme, el tiempo lo tengo encima.

-Bien, bien. Suerte en tu viaje, espero que te diviertas – me dijo y yo sonreí levemente.

-Gracias, hasta luego – colgué el teléfono y lo metí a mi bolso.

El taxi ya tenía en el maletero todas las maletas que necesitaríamos. Por suerte supe organizarme y tan solo llevaba dos enormes. Creo que debería comprar más cosas para los niños una vez que estemos allá, pensé.

-¡Papi! – el grito de Elizabeth hizo sobresaltar a algunas personas que estaban a nuestro alrededor, pero al ver que se trataba de una niña sonrieron con simpatía a como corría hacia su padre.

Edward estaba de pie, esperando pacientemente nuestra llegada justo frente al mostrador, como habíamos quedado hoy, muy temprano por la mañana. Él estaba vistiendo unos pantalones de mezclilla y una camisa blanca. Vestido de esa manera parecía un hombre de vida cotidiana cualquiera, y sexi. Pero yo sabía que él no era precisamente un hombre de una vida cotidiana que todo el tiempo se veía. Las apariencias engañaban bastante.

Al ver que la pequeña niña corría hacia a él la atrapó en cuanto llegó a dos pies de distancia, lanzándola sobre su cabeza. En cuanto vi eso mi corazón se detuvo y volvió a palpitar cuando cayó de nuevo en sus brazos. Joder.

-Hola papi – lo saludó y besó torpemente la mejilla de Edward - ¿Etás listo pada id de viaje con nosotos?

-¿Alguna vez has volado en un avión? – Preguntó Edward de manera capciosa y ella negó con la cabeza – Entonces no sé qué esperar – se dirigió hacia a mí – Hola.

-Hola – contesté en tono cansado - ¿Llevas mucho tiempo esperando por nosotros? – le di a Mark un caramelo y tomé a Anthony en mis brazos. El niño era bastante envidioso como para dejar que solo su hermana fuera abrazada.

-No en realidad – chocó las palmas con Mark – no más de quince o veinte minutos. Creí que siempre eras puntual.

Lo fulminé con la mirada y él me regaló una breve sonrisa irónica.

-Soy puntual, pero siempre existen las excepciones. Además… aún no han llamado para el vuelo. No tienes por qué juzgarme – le guiñé un ojo, logrando que negara con la cabeza con una brillante sonrisa.

Una vez que llamaron nuestro vuelo acudimos hacia allí, dejando ya las maletas lejos de nosotros. Ahora tan solo podía preocuparme de los tres niños… dos, contando que Edward no se podía quitar de encima a su hija. Ella hizo un puchero cuando le hicieron separarse de su papá en el detector de metales. En cuanto ella lo cruzó volvió a colgarse de su cuello ante la atenta mirada de las personas a su alrededor. Esa niña era todo un show. Anthony se mantenía sumamente callado mientras pasaba por todo eso y Mark simplemente seguía lo que ya sabía que debía hacer.

No hubo ningún problema con nosotros sino con las personas que estaba detrás. Mis hijos eran uno viles cotillas. Con Edward tuvimos que caminar lo suficiente rápido para que ellos se distrajeran. Una vez que atravesamos todo el pasillo hacia la sala de espera fuera del avión tenía a unos niños inquietos. Mark se estaba realmente paciente. Edward había intentado conversar con él un par de veces pero solo obtenía monosílabas de respuesta. Él no lograría que el niño hablara. Sin embargo se mantenía ocupado con el videojuego en sus manos; su ceño estaba levemente fruncido haciendo saber que lo que hacía era bastante importante como para interrumpirlo.

Y finalmente, cuando todos nos encontramos en nuestros lugares pude respirar tranquila. Elizabeth casi se pone a llorar allí mismo cuando supo que no podría viajar al lado de su padre; así que como venganza ella pidió estar en la ventanilla, sin importarle lo que su hermano le dijera. Anthony no puso mucha resistencia, él se encontraba entre su hermana y yo, y mientras yo estuviera junto a él estaba más que perfecto. Al otro lado de nuestro pasillo estaba Edward, y a su lado derecho Mark, que estaba teniendo una agradable conversación con él. Parecían realmente entretenidos con lo que sea que estuvieran hablando.

No fue el mejor vuelo que pude haber tenido.

El despegue, como siempre, había sido espantoso; odiaba con todo mí ser el hecho de tener que despegar y aterrizar. Estúpidos aviones. Los mellizos comenzaron a impacientarse cuando habían pasado tres horas de vuelo. Por suerte este era un vuelo directo hacia Florida. Cuando Mark estuvo completamente dormido, recargado en el hombro de Edward Elizabeth aprovechó para irse a situar sobre sus piernas. Ella no tenía intenciones de dormir muy pronto, sin embargo tenía que hacerlo. Y yo me había rendido de nuevo ante las peticiones de Anthony con tal de que no hiciera algún escándalo. Así que durante casi dos horas más tuve a Anthony pegado a mi pecho.

Me dejé caer finalmente en la primera silla que encontré al momento de bajar del avión y tomé una gran respiración con los ojos cerrados. Necesitaba algo que apretar con todas mis fuerzas para calmar mis nervios. Uno, dos… respira. Uno… dos… respira. Uff.

Al abrir los ojos me encontré con cuatro pares de ojos mirándome, tres de ellos me miraban con cierta curiosidad y el otro par me miraba con preocupación y diversión a la vez. Estúpido Edward Cullen que sabe acerca de mi fobia a los vuelos. Era lo que más odiaba en todo el mundo. ¿No podía haber otra forma de viajas más rápido? Tal vez debí haberle hecho caso con eso del Jet, me estaría ahorrando bastantes humillaciones públicas. Además de que allí, los mellizos podían estar corriendo en todo el lugar sin molestar a nadie y yo podría dormirme en aquella cómoda cama. Tendría que decirle que ese sería el plan de regreso.

-Espero que ya hayan dejado de apreciarme – les dije con cierta ironía y los cuatro me regalaron una brillante sonrisa de dentadura perfecta. ¿Por qué tenían que ser tan hermosos todos? Joder, estaba perdida – Necesitamos avanzar. Ustedes – señalé a los tres niños que me seguían mirando con interés - ¿Qué es lo que quieres comer?

Y varias peticiones se soltaron de pronto. Lo que pude descifrar fue: salchicha, pizza, pollo, espagueti, lasaña, Mc Donald's, carne, helado, waffles, tiras de pescado… Y algo más que ni siquiera sabía que era lo que querían decir. Suspiré por millonésima vez en el día.

-Solo una cosa, niños, pidan solo una cosa – les pedí de manera paciente. En cuanto ellos miraron mi expresión dejaron de brincotear y me miraron con la expresión más seria que pudieron – Hablen.

-Pizza

-Lasaña

-Espagueti

Miré en dirección hacia el hombre que, hasta ahora, se había mantenido en silencio.

-Nos dirigimos a un restaurante italiano – le dije.

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Lo más divertido de la noche fue cuando Edward intentó callar a Elizabeth cada vez que ella gritaba algún objeto que veía. Eso fue lo más gracioso, eso fue lo que verdad hizo que no me molestara por completo. Él, tan dominante y tan recto intentando hacer que se comporte a una niña de dos años con bastante energías… era un poco extraño, él no podría hacer eso ni siquiera aunque tuviera el tiempo que yo tenía con ellos. Era inútil su intento pero yo no se lo diría.

Tuvimos que reservar una villa llamada Wilderness Lodge para nosotros cinco. Todavía tenía que saber cómo iba a lidiar con eso de que Edward estuviera con nosotros las veinticuatro horas del día, durmiendo y comiendo durante una semana conmigo y mis hijos. Tenía bastante claro que probablemente su vínculo se haría más y más grande conforme pasaban los días. No tenía problemas con los niños, en realidad me preocupaba nuestra relación. ¿Qué es lo que somos Edward y yo en estos momentos? Tal vez solo éramos los padres de los niños… y tal vez estábamos unidos por un papel y durante unos cuantos años pero… bueno, nos dejó igual que hacía tres años atrás. Juntos por solo un pedazo de papel, sin sentimientos de por medio. Argh. ¿De qué me sirvió ir a Rusia, entonces? Igual. Al mirar a mis hijos no me arrepentía de nada, no sabía cómo sería su vida si hubiera estado todo el tiempo allá en Chicago, me gustaba la vida que llevaban en Rusia.

Las habitaciones que las villas nos proporcionaban eran tres. Claro que yo solo ocuparía una para cuatro personas. Anthony, Elizabeth, Mark y yo dormiríamos en la habitación principal mientras que Edward dormía en la adicional. Cuando Mark le hizo la broma a Edward de que dormiría en el cuarto de huéspedes éste hizo una mueca. Él jamás dormiría en un cuarto de huéspedes.

-De acuerdo, ¿Cuál es el plan para el día de mañana? – alcé la mirada cuando escuché la voz de Edward entrar a la cocina. Él se había encargado de acostar a los niños y no estaba muy segura de que lo hubiera hecho.

-En realidad tengo una pequeña idea de lo que ellos quieren, pero este lugar es bastante grande así que nos tomaremos mucho tiempo. Estoy segura que ellos querrán subirse al mismo juego al menos dos veces – la expresión que el hizo logró que sonriera con ganas – Ya veremos quien los acompañará en los juegos.

-Deberías saber que Mark está pensando subir en juegos grandes – dijo con tono sugerente, casi con malicia – te deseo la mejor suerte del mundo al subir allí.

No pude evitar soltar una carcajada.

-¿Acaso nunca has subido a alguna atracción mecánica?

-No – se apresuró a negar – Nunca he acudido a ninguna, ni siquiera a la que iba todos los años en primavera a Forks, nunca me subiría a un juego que probablemente se destrozaría con una patada.

-¿Estás diciendo que tú no vas a subir a los juegos mecánicos porque tienes miedo a caer pero sí dejarás que tus hijos suban sin importar que caigan o no? – entrecerré mis ojos en su dirección pero eso no pareció afectare para nada, seguía con su rostro inexpresivo.

-Nunca dije eso. Lo dije fue que nunca subiría a algún juego de Forks, ni siquiera dejaría que ellos se acercaran a dos metros de ese lugar – rodé los ojos.

-¡Era divertido! Claro que nunca lo supiste porque nunca fuiste, pero es tu decisión – me encogí de hombros y sin pensarlo solté un largo bostezo. Edward me miraba con diversión.

-Creo que será mejor ir a dormir, probablemente mañana no tendremos tiempo de sentarnos a descansar con los niños con el cien por ciento de sus pilas – él arrugó la nariz al saber lo que eso significaba.

-Creo que escuché a Mark decirle a Elizabeth que harán ponerte un gorro de Mickey… buena suerte con eso – le dediqué una sonrisa y desaparecí dentro de la habitación.

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Abrí los ojos de golpe, despertando por completo, preguntándome dónde diablos estaba; al hacer memoria de todo lo sucedido supe que estaba en la habitación de Wilderness Lodge, en Disneyland. A mi lado se encontraba Anthony, siendo abrazado hacia a mí y a su lado estaba Mark… comencé a asustarme cuando no vi a Elizabeth casi encima de Mark dormida.

Me levanté con sumo cuidado para no despertar a Anthony, y coloqué una almohada enorme en mi lugar; él de inmediato se abrazó a ella. Después de echarles un vistazo salí de la habitación y comencé a buscar por el lugar. Estaba a punto de darme un ataque de pánico al no encontrar a mi hija. ¿En qué momento había salido de la cama? Cocina, baños, balcón, pasillo, cuarto de huéspedes… y la habitación de Edward. ¿Por qué no se me ocurrió antes?

Al abrir la puerta y mirar hacia la cama me encontré con una imagen que me tocó el corazón. ¿Por qué mierda tenía una hija tan preciosa? Y su padre por su puesto no se quedaba atrás.

Edward estaba acostado en la cama, en forma diagonal, su brazo estaba extendido de modo que podía sostener al pequeño cuerpecito que estaba pegado a él. Y mi pequeña estaba atravesando su brazo por el cuello de su padre, acercándolo más a ella de manera inconsciente. Su pie estaba también por encima del abdomen de Edward, asegurándose muy bien de que no se separara de ella. Yo sabía que Edward no podía dormir si no estaba abrazando a algo contra él, siempre había sido de esa manera, pero que abrazara a su hija mientras duerme era algo estúpidamente tierno.

Ellos dos eran perfectos. Y yo me sentía tonta parada en la puerta, mirando como ellos dos dormían. Después de mirarlos un poquito más me alejé de allí. Eran las seis de la mañana y ya debía estar preparando todo lo que necesitaría para peste día. No podía imaginar que solo llegaría hasta tarde hoy. Sería un día bastante pesado.

Me vestí con unos pantalones de mezclilla ajustados y una blusa color blanco, acompañado de unas sandalias. Así estaba más que bien. No era como si me gustara usar todo el tiempo tacones, no estaría loca para estar todo el día con unos tacones, y no podía usar tenis, debía guardar mi imagen como madre. Amarré mi cabello en una cola de caballo y me dispuse a hacer la maleta para el día de hoy.

Estaba bastante nerviosa. Era la primera vez que los niños venían a un parque de diversiones, y no se me pudo ocurrir un mejor parque que Magic Kingdom, uno de los parques de diversiones más grandes en el mundo. Pensar que mis hijos podrían perderse entre toda esa multitud me estaba causando nerviosismo. Era por eso que a los mellizos los vestiría casi iguales. Para Anthony escogí una bermuda color caqui y una camiseta polo color azul marino junto con sus pequeños Vans del mismo color que la camiseta. Elizabeth iría con una pieza completa, de tirantes, color azul y con detalles cafés, iría acompañada de unas sandalias.

El problema siempre era con Mark, nunca sabía que era lo que él escogería para llevarse a cada salida que fuésemos. Era un niño bastante especial. Cada vez que escogía un conjunto para él lo negaba… hasta que le mostraba casi cinco conjuntos. Pero esta vez tan solo había traído una maleta para él, debía decirme que era lo que él escogería en un breve tiempo.

Cuando me di la vuelta me encontré con mi hijo mayor, frotando sus ojos con sus manos. Lucía adorable de esa manera. Me acerqué a él y lo abracé con un de mis brazos y con mi mano libre intenté acomodar su cabello.

-Hola, cariño. ¿Cómo te encuentras? – susurré y él me rodeó la cintura con los brazos, enterrando su rostro en mi pecho. Sentí casi todo su peso sobre mi – Deberías entrar a la ducha, se hará tarde y aun debemos ir a desayunar, ¿sí? – pregunté de la manera más paciente que pude. Los nervios comenzaban a hacer de las suyas en mí.

-¿Estaremos todo el día en el parque? – murmuró contra mi piel y volví a peinar sus desordenados cabellos.

-Ese es el plan. ¿Quieres ir a otra parte? – él comenzó a negar con la cabeza y finalmente se separó de mí, poniendo un paso de distancia.

-No, está bien, ya quiero que subas conmigo a los juegos – me dijo con una enorme sonrisa y al ver mi cara de horror comenzó a mostrar un inicio de risa para después correr hacia el baño.

Iba a morir en uno de esos juegos. Debía conseguir que Edward subiera con él. Odiaba esos malditos juegos mecánicos. Le había mencionado a Edward que era bastante divertido para no darle más miedo del que ya tenía. Él debía subir con sus hijos, él era el papá, debería tener algo de aventura allí. Yo, como buena madre, espero abajo, en la tierra firme.

Miré el reloj: 7:31 am.

-¿Bella? – me voltee hacia la voz de Edward detrás de mí. Él estaba parado en el umbral de la puerta, con un pantalón de pijama y una camiseta blanca cubriéndolo, su cabello estaba completamente despeinado, "cabello de sueño", así era como lo llamaba Mark. En sus brazos estaba una pequeña niña con una bella sonrisa en el rostro, al menos estaba sonriendo y no haciendo un berrinche porque aún era muy temprano. El cabello de Elizabeth tenía el efecto almohada, ella vestía su pijama de la dama y el vagabundo muy orgullosamente – Alguien me acaba de despertar muy temprano el día de hoy – ella rio al escuchar a su padre.

-No es nada temprano, deberías ya estar arreglándote para el día de hoy – me acerqué a ellos y tomé a Elizabeth en mis brazo, ella me dio un beso en la mejilla y recargó su cabeza en mi hombro – Hola, cariño, ¿Cómo estás?

-Bien, papá me acetó en su cama – pude escuchar la sonrisa mientras hablaba - ¿Cieto, papi? – Edward se sonrojó levemente.

-Sí, así fue. A mitad de la noche tenia a la pequeña mujercita sobre mí en la cama. Intenté no saber cómo es que camino ella sola hasta allí – hizo una mueca y se encogió de hombros – Supongo que iré a alistarme – desordenó aún más el cabello de Elizabeth y caminó fuera de allí.

-Papá es estaño – murmuró Elizabeth y yo reí.

-Él solo tiene sueño, mi amor – besé su mejilla - ¿Lista para ir mirar a Mimi Mouse?

-¡Sí! – su exclamación fue con tanto entusiasmo que me hizo sonreír en grande.

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Miré a los tres niños con una sonrisa. Finalmente nos encontrábamos en aquel parque de atracciones de Disney. Ellos también sonreían en grande mientras en sus manos tenían su "tarjeta mágica". Se habían dejado fotografiar varias veces y en ningún momento su sonrisa de apagaba. Eso era lo que más me encantaba de mis hijos. Su felicidad ante todo.

A partir de las once de la mañana comenzamos con el recorrido hacia el parque, al principio fuimos a Buzz Lightyear's Space RangerSpin, en donde teníamos que apuntar objetivos para marcar puntos y deshacernos del "malvado Zurg". Subimos a una extraño paseo en It's a small world donde escuchamos varias melodías y vimos muñecas de casi todo el mundo. Edward bajó de ese lugar realmente malhumorado.

-No puedo creer que me hayan hacho subir a esa cosa – repetía una y otra vez al momento en el que caminaba a nuestro lado. Elizabeth estaba tomada de su mano izquierda, que iba comiendo un algodón de azúcar de color rosa. Ella terminaría en un desastre – Eran demasiados colores.

-Fue divertido – le dije para que guardara silencio. Me recordaba a cualquier niño pequeño haciendo un berrinche.

Antes de que Edward pudiera responder algo para volver a molestarme, Mark llamó la atención.

-¡Mamá! Yo quiero subir a Space Mountain – miré aquel juego mecánico que Mark había mencionado e hice una mueca. Se miraba bastante rápido. Estaba claro que los mellizos no podían subir allí.

Hora de poner a prueba a Edward.

-Muy bien, llevaré a los niños a el Dumbo volador – miré a los mellizos y ellos sonrieron en grande, con la boca llena de algodón de azúcar, azul y rosa – Edward – me volví hacia a él con una enorme sonrisa maliciosa.

Él sabía lo que iba a pasar ahora. Me miró con cierto pánico, horror y suplica. Él tenía que pasar un poco más de tiempo con Mark. Además, sería una buena oportunidad para que él probara subir a uno de esos juegos. Supongo que por los gritos y las risas que se escuchaban era bastante divertido así que no tenía por qué preocuparme por ninguno de los dos. Él miró hacia el juego mecánico frente a nosotros e hizo una mueca al ver lo rápido que iba.

-No tienes miedo, ¿o sí? – le di una mirada retadora a la que él entrecerró los ojos, devolviéndomela.

-No tengo miedo – me dijo con la voz baja y después se dirigió al niño pelirrojo que seguía mirando el juego a los lejos – Mark, vamos a ese juego tan ridículamente rápido, pero la próxima vez… escoge otra cosa, no creo que las montañas con esos carritos que van muy veloces sean los únicos aquí.

-De acuerdo, entonces, muy buena suerte con eso – le di una pequeña palmada en el brazo y después besé la mejilla de Mark – te quiero, cariño, intenta no matar a Edward de un infarto allí arriba – él comenzó a reír pero negó con la cabeza.

-No prometo nada

Edward POV.

Miré como Bella se alejaba de nosotros dos, dejándonos lucir como unos completos idiotas. Anthony se volteó hacia nuestra dirección y nos dirigió una inocente sonrisa mientras caminaba con su madre lejos de allí. Me volví hacia a Mark.

-¿Podrías explicarme porque me arrastras contigo a esto? – él estaba con una enorme sonrisa en el rostro y simplemente se encogió de hombros.

-¿Nunca has subido a uno de estos juegos?

-No, en realidad no y eso que tengo casi tres veces tu edad – fruncí el ceño.

-También es mi primera vez en un parque como estos. Pero no tengo miedo

-Ya estoy viendo que tú no tienes nada de miedo – bufé y coloqué mi mano en su hombro – Andando.

Cuando nos acercamos a pocos metros del maldito juego pude ver que verdaderamente algo iba a pasar allí arriba. Y de pensar que esto era tan solo el primer día. ¿Bella en realidad estaba pensando pasar toda la semana aquí en Disney? Miré hacia arriba, ¿Cuántos metros podía medir esta cosa? Eran muchas cosas de metal juntas al mismo tiempo. Un carrito con al menos diez o quince personas estaban encima de ellas, paseando por allí, divirtiéndose, de alguna manera. Tenía que recordar que estaba frente a esta cosa debido a que Mark necesitaba más atención de la que obtenía. Y también debía ganarme a los niños, a los tres, y la confianza de Bella. Oh Dios, como quería que Bella confiara en mi de nuevo. La extrañaba bastante, quería que me volviera a pertenecer como antes. Estaba dispuesto a cambiarlo todo. Ellos ahora lo eran todo.

Jalé un poco a Mark hacia aquel juego y esperamos paciente nuestro turno. Una vez que nos tocó a nosotros volví a sentirme nervioso. ¿En qué mierda me estaba metiendo? Suspiré y miré que el niño estuviera lo suficientemente asegurado en su lugar, fui detrás de él y me senté a su lado. Los cinturones y toda esa mierda que te ponen para seguridad se ajustaron y después… comenzó la diversión. Vaya ironía.

Dos minutos más tarde una voz de un dibujo animado (del cual no recordaba su nombre) comenzó a sonar alrededor de nosotros. Todo estaba semi oscuro a nuestro alrededor y pequeñas luces se encendían. El primer movimiento brusco que sentí fue cuando el cochecito comenzó a avanzar. A mí alrededor escuchaba los gritos de algunos niños de no más de la edad de Mark. Escuchaba el grito de Mark. Escuchaba el grito de los adolescentes. Escuchaba el grito de las madres allí montadas. Tenía que aguantar las ganas de ordenar que se callaran porque estábamos en un parque de diversiones donde lo primero que se escucha aún más que la música eran los malditos gritos de la gente por todo el lugar debido a la adrenalina que sentían en esos momentos.

Subimos bastantes metros, no tenía ni una puta idea de cuantos metros habíamos subido hasta ahora, de lo único que era consiente era de mi ruido alrededor, bastante frustrante, y finalmente… llegó la no esperada bajada. Quería sentir la caída ya para poder terminar con todo esto. Cuando finalmente caímos me sentí… bien. O casi bien. Podía sentir ese estúpido cosquilleo en el estómago al caer con muchas personas más de ese estúpido juego.

Miré a mi lado y me encontré con un risueño Mark que estaba gritando y levantando los brazos tanto como podía, sintiendo la estúpida adrenalina que estaba sintiendo yo también. Esta era una sensación que no me gustaba aceptar, era agradable. Tal vez podría aceptar subir a otro.

Cuando finalmente nos detuvimos frente a la cabina pude respirar tranquilo y supe que pronto podría analizar todo lo que pase esos dos minutos allí montado. Ayudé a Mark a bajar y él de inmediato comenzó a saltar, contento por haber subido a esa cosa. Le miré con una mueca divertida y me dediqué a salir de allí, con un niño revoloteando alrededor.

-¡Fue genial, papá! ¡Cuando estábamos en la cima y, y, y, después! ¡Caímos! ¡Fue sensacional! – Jaló la manga de mi camiseta una y otra vez - ¿Podemos subir a un juego igual a ese más tarde? ¿Sí? – me miró con una extraña mirada suplicante a la cual, estaba seguro, no se le podía negar algo.

-Seguro, pero ahora, vamos a buscar a tu madre. Intento saber qué tal le fue en esos Dumbos gigantes – sonreí levemente y nos dirigimos hacia allí.

Al llegar a esos elefantes gigantes de colores con extraños gorros en movimientos nos quedamos parados. No sabíamos en donde estaban ellos por lo que nos dedicamos a mirar hacia arriba e intentar encontrar a alguno.

-¡Allí! – el gritó de Mark se escuchó bastante bajo por todos los gritos a nuestro alrededor. Alcé la vista hacia donde él estaba señalando y en un elefante gris logré ver tres cabezas. ¿No se suponía que solo debían subir dos? Bella y sus disparates. Mark comenzó a saludar a su madre y pude ver como Elizabeth se entusiasmaba y nos devolvía el saludo.

-Parece que se divierten – comenté y él asintió.

-No más que yo.

Después de comer estaba aquel teatro Walt Disney's Carousel of Progress, que mostraba la evolución de la tecnología en el siglo veinte. Podría resultar interesante y probablemente hubiera puesto mucha atención a eso, pero Elizabeth a mi lado estaba intentando obtener mi atención porque, claramente, a ella eso no le parecía tan interesante como a su madre y hermanos. Oh Elizabeth.

-Quiedo haced pipi – me susurró y yo rodé los ojos. Bella les había llevado antes de entrar a este lugar y si algo ocurría para eso tenían aquellos "calzones de entrenamiento" ¿Cómo podían los padres estar al tanto de muchas cosas? Estaba a punto de volverme loco – Papi

-Princesa, ya fuiste al baño antes de venir aquí – la tomé en mis brazos y la senté sobre mis rodillas – Ya va a terminar, espera un poco ¿sí?, después iremos a donde tú quieras.

-Quiedo id a domid – se volteó hacia a mí y se acomodó de manera horizontal en mis brazos, cerrando los ojos y probablemente esperando a que se terminara aquel espectáculo que a ella le había resultado aburrido.

Cuando finalmente eso terminó nos dedicamos a salir de ese lugar tan rápido como la gente nos lo permitían. Me encontré con Bella a la salida y me miró con diversión al ver a Elizabeth pegada a mí, con los ojos muy abiertos.

-Edward, ¿Qué te parece si entras a saludar a las princesas con Elizabeth? Estoy segura de que ella quiere hacer eso. Llevaré a los niños a alguna otra parte. No creo que las princesas vayan a arrancarte la cabeza, así que no hay nada de qué preocuparse – se acercó a nosotros dos sin darme oportunidad de decir cualquier cosa y besó sonoramente la mejilla de Elizabeth – te amo princesa, ahora ve a conocer a Cenicienta y a las demás.

-¡Sí! – ella sonrió en grande y volvió a rodearme el cuello con sus delgados brazos.

Varios minutos después me encontraba encerrado en una habitación con paredes de terciopelo color lila. A mi alrededor había muchas madres cuidando a sus niñas y haciendo mimos. Elizabeth, que tenía unas orejas de Mimi Mouse en la cabeza, yacía en mis brazos, mirando a su alrededor.

-Saca la mano de la boca, Elizabeth – ella me frunció el ceño pero término retirándola para después limpiarse de mi camiseta. Evité rodar los ojos, la regla era no rodar los ojos frente a los niños - ¿con quién vas a tomarte una foto?

-¡Con todas! – me dijo sonriente.

-Todas las princesas – asentí – esto va a ser muy largo.

Cuando finalmente nos tocó entrar respiré aliviado. Tan solo había tres princesas disponibles, una de vestido azul, otra de amarillo y finalmente estaba una de color rosado. Elizabeth pidió tomarse foto con las tres. Gracias a alguien allá arriba en el cielo no me hizo acompañarla, yo solo la estaba vigilando. No estaba permitido tomarse foto con las tres princesas al mismo tiempo pero… vamos, ella era Elizabeth Cullen, por lo que fue a la única niña que le concedieron eso. Finalmente salí de ese lugar siendo odiado por algunas mamás y con una niña bastante contenta caminando a mi lado.

-¡Mami! – gritó Elizabeth y corrió hacia a su madre que la abrazó con fuerza pero no la levantó – Estuve con tes pincesas, pincesa Audoda, pincesa Bella, ¡como tú! – Sonrió aún más – y la pincesa Cenicienta.

El atardecer pasó a ser historia ese día. Finalmente todas las luces del parque se encendieron. Muchas familias estaba al fin aliviada de mirar las luces de ese lugar. El día de hoy no era un día bastante concurrido por lo cual eran más fáciles las entradas a los juegos. Pero Bella había decidido que no veríamos el espectáculo de las princesas el día de hoy porque era bastante tarde y los niños estaba a punto de quedarse dormidos.

-Papá – escuché la voz de Anthony bajé la mirada. Él estaba caminando hacia a mí, frotando sus ojos con sus pequeños puños y una vez que terminó alzó los brazos hacia a mí, con una clara petición – Abazame – ordenó.

Lo levanté en mis brazos frente la atenta mirada de Bella. Ella estaba sonriendo, lo sabía. Mark y Elizabeth estaba mirado a su alrededor, analizando las cosas que podían comer ahora. Yo estaba a punto de vomitar de tantas cosas con azúcar. Miré a Anthony, él también me estaba mirando con bastante sueño.

-¿Vamos a dormir? – pregunté y él rápidamente asintió. Después frotó su rostro en mi cuello y se acomodó sobre mi hombro – Creo que deberíamos irnos ya – le dije a Bella. Su sonrisa no podía ser más grande.

Odiaba las coas inesperadas.

Enserio las odiaba.

Pero lo que hizo Bella a continuación me agradó. Ella se acercó aun con la sonrisa plantada en sus labios rosados y me rodeó con sus brazos tanto como el cuerpo de Anthony se lo permitía. Me quedé en piedra al sentir su contacto y tal vez varios segundos después fui capaz de rodearle el cuerpo con mi brazo disponible. Ella no dijo nada, tan solo se dedicó a enterrar su rostro en mi pecho, sin querer apartarse. Sentía como su mano, que estaba en mi espalda, apuñaba mi camiseta con fuerza. La abracé también contra mi tanto como pude, olvidando que los niños y varias familias estaban mirándonos por el hecho de estar detenidos en la mitad de la calle, siendo rodeados por niños.

Después de dos minutos finalmente me soltó. Ella dio un gran suspiró y alzó la mirada hacia a mí. Yo ni siquiera sabía cómo responder a todo lo que había hecho. Sabía que ese abrazo había significado tanto para los dos pero mi cabeza no era paz de procesar muchas cosas y todos los sentimientos que intentó transmitirme al rodearme con sus brazos.

-Gracias – me dijo con total sinceridad.

Ni siquiera sé que pudo pasar conmigo. Hasta ahora me estaba desconociendo a mí mismo. No podía seguir de esta manera. Tenía que mantener en claro todos mis pensamientos y sentimientos hacia esas personas, pero sobre todo a Bella. Sabía lo que ellos cuatro significaban para mí a pesar de solo tener unos meses con ellos. Ellos eran mi familia, un verdadera y hermosa familia que ahora mismo estaba confiando en mí. ¿Por qué no darles esa confianza que tanto me pedían? Yo podía ser una maldito cabrán con las personas, podía gritarle a los trabajadores, podía hacer muchas cosas. Y de hecho, hice tantas cosas malas con Bella en el pasado. Este era mi momento. Mi oportunidad para que ella finalmente me perdonara y me diera otra oportunidad.

La volví a apretar contra mí, pasando mi brazo por su cintura y le susurré a su oído.

-Ustedes son mi vida ahora.


¡Hola, Hola! Al fin, aquí está el capítulo del viaje. Me gustó bastante este capítulo. Ya estamos comenzando de nuevo con el contacto "Edward-Bella" ¿Qué les parece? Anthony se va a volver otra persona cuando mamá y papá tengan contacto, tomen eso como un adelanto ;) ¿Cómo creen que Edward intente llevar la relación? ¿Y Bella?

Gracias a: anaprinces25, Fle-ARG, tere2597, Vicky B. Jonas, whit cullen, yolabertay, Manligrez, felicytas, Abigail Vazquez de Pattinson, Saha Denali, soles, tamipanxi, Laura Katherine, kimjim, CAMILA, La enana del mal, beakis, Maya Cullen Masen, marah2221, Lucero Mendozaa, Yumel22, sifueratuya, Berta, eliza82, carlita16, Magui de Cullen, Lulu, Estelaa, flexer, PattyMirandaGarcia1983, Mafe D. Rojas

Marcela Zuniga, este capítulo es un regalo para ti (: Muchas felicidades.

A todos los que me agregaron a favoritos y alertas tambien, gracias, a los que publican en sus páginas y a todos los anónimos :)

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Intentaré no tardar tanto la proxima vez, no es nada seguro.

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