Suelo contestar personalmente a los comentarios o PM que me mandáis, pero si no tenéis cuenta en la página no puedo. En ningún momento he pretendido que todas las historias gusten a todo el mundo, ¡hasta ahí podríamos llegar! Pero una cosa sí quiero dejar claro, todas las historias están marcadas con su rating correspondiente, y creo que somos adultas para diferenciar perfectamente entre ficción y realidad. Yo puedo leer una novela o una historia en que pueda haber una relación de abuso pero no por eso voy a "copiar" o "imitar" ese ejemplo, todo lo contrario, lo pondría como modelo de lo que no se debe hacer. Esta historia muestra a dos mujeres con sus pasados, sus personalidades, y sus cambios, tanto Regina como Emma han cambiado y seguirán cambiando para mejor, pero todo es un camino, de la noche a la mañana no se puede una persona transformar. Malo sería si durante todo el fic la relación fuera violenta o posesiva, y no lo es ni lo será. Emma es una persona celosa, impulsiva, ya lo hemos visto, y en algunos momentos volveremos a ver esos ramalazos, pero en ningún momento hay violencia física o psicológica para con Regina. En el sexo sí pueden aparecer escenas algo del estilo BDSM, pero siempre que sean correspondidas entre los dos miembros de la pareja, no hay nada que objetar, o por lo menos yo no lo tengo.
En fin todo esto para decir que todos, lectores y escritores, tenemos un bagaje cultural y personal diferente al de otra persona, y simplemente si no nos gusta una historia estamos en nuestro derecho de dejar de leer, y ya está. Es lo que se llama "horizonte de expectativas" dentro de la Teoría de la recepción (cualquier lector se acerca a un texto con sus propias ideas sobre lo que espera encontrar en éste; dichas ideas dependerán del marco social y cultural en que se encuentre el lector...De esta forma, el interés o la aprobación de un lector hacia un texto dependen de qué tan cercanos son sus horizontes individuales con los propuestos por el texto; mientras más se asemejen, mejor será la comprensión y la identificación con el texto. Mientras más se alejen, hay más probabilidades de que el lector rechace el texto, por plantear ideas demasiado diferentes a las suyas, o por hablar de temas completamente desconocidos para él), es decir, nadie tenemos los mismos horizontes de expectativas frente a un mismo texto. Nadie se va a sentir ofendido por eso. Son cuatro años traduciendo, y yo solo traduzco lo que a mí me llega y me emociona. Y este fic tiene muchos capítulos que lo hicieron, por supuesto puedo estar más o menos de acuerdo con ciertas actitudes de sus personajes, pero al igual que lo estoy con personajes de obras de escritores de la talla de Clarín, García Márquez, Laura Esquivel o Matilde Asensi, entre otros miles. Los personajes evolucionan y a veces nos gustan más o nos gustan menos, como la vida misma con las personas que nos rodean.
Así que quiero dejar zanjado el tema aquí, no soy de las de escribir largas parrafadas, cuando lo hago es porque he sentido la necesidad de hacerlo, porque veo en los RW opiniones y ataques de unas a otras a los que solo puedo replicar de esta manera, no tengo otro medio.
En fin, para quien siga leyendo la historia, aquí viene otro capítulo intenso, para quien no desea seguir leyendo, gracias de todas maneras por haberlo intentado, y gracias por leer mis otras historias. Espero que con la siguiente que traduzca, acierte con vuestros gustos.
Despedida de soltera. Segunda parte
Regina no era de bailar, pero el efecto del alcohol en su cuerpo ya se notaba. En pocos minutos, una mujer se puso a su lado a bailar, a Regina no le importó, se puso a bailar con la desconocida. Se sentía bastante mareada, probablemente había bebido más de la cuenta, buscó a Zelena por el pub, la desconocida estaba agarrada a la cintura de la morena.
-¿Quiere decir que eres la novia? Debo darte la enhorabuena…o mejor, felicitar a la que te tendrá como esposa…- la mujer hablaba al oído de Regina -¿Cómo se llama la afortunada?- preguntó moviendo a la morena al ritmo de la música.
-¡Emma!- respondió Regina gritando, la música estaba alta.
-¡Bonito nombre! Por cierto…Soy Milah- se presentó la morena de ojos azules
-¡Regina!- Mills se presentó a su vez y siguieron bailando. Antes de que la morena de ojos azules girara a la latina de espaldas para un baile sensual, Regina divisó a Zelena siendo arrastrada hacia el pasillo del baño.
-Mills…¿Sois siempre tan calientes y provocativas?- Kathryn jadeaba mordiendo la nuca de la pelirroja
-¡Tenemos sangre latina, rubia!- la pelirroja no sabía el nombre de la comisaria. Ni le importaba, la rubia se mostraba ardiente y a Zelena le gustaba aquello, soltó un gemido cuando sintió a la comisaria meter su muslo entre los de ella -¡Ahnn!
-¡Voy a apagar ese fuego, Mills!- Kathryn agarró a Zelena por la nuca y le dio un violento beso y la condujo hasta el último aseo del establecimiento.
La camisa de Emma ya estaba completamente abierta, silbidos y palmas resonaban entre el público. La morena bailaba sobre el cuerpo de Emma, sus manos apretaban firme la cintura de la bailarina, ella bailaba moviendo los largos cabellos sobre el rostro de Swan, se giró de espalda para abrir parte del ceñido vestido, el liguero quedó a la vista, la mujer agarró las manos de la rubia para que le pudiera quitar parte de la lencería. Emma se mordió los labios, su expresión era pícara, la bailarina le guiñó un ojo exhibiéndose aún más, balanceó los pechos al ritmo de la música a la altura de los ojos esmeralda, la morena clavó las uñas en el maxilar de la rubia y la lamió dejando una gran marca de labial rojo, el corazón de Emma disparó, sus manos descendieron hacia las caderas de la bailarina que sonreía con mirada lasciva, se mordía los labios con constancia, cada cierto tiempo miraba a las mujeres más allá del escenario, ellas ansiaban por la mejor parte, a cualquier mujer de las presentes le gustaría estar en lugar de Swan.
La música cambió a una aún más sensual, las luces centelleaban sobre la bailarina, pero el humo llenó el escenario y ella comenzó a quitarse el sujetador de forma lenta y provocativa. Emma estaba adorando aquello, pero le golpeó un sentimiento diferente, ¿sería culpa? Quizás lo fuera, la rubia se quedó pensando un momento, la streaper se quitó el sujetador por completo, Emma parecía hipnotizada mirando a la mujer, pero no prestaba atención, sus pensamientos vagaron hacia cierta morena. ¿Acaso ella estaría viendo un show como este? A Swan no le gustó imaginar tal escena, Regina era de ella, solo de ella, no quería que su futura esposa estuviera deseando a otra persona.
La bailarina se mostraba a las otras mujeres que gritaban y aplaudían su exuberante belleza, de hecho, tenía bellos pechos, silicona seguramente, aún así, eran extremadamente atrayentes, ella se giró hacia Swan bailando animadamente, moviendo las caderas, se deshizo el nudo de la corbata negra que llevaba al cuello y enlazó a la rubia, exhibiéndose aún más, agarró los rizos rubios y comenzó a acercarse a los finos labios, sus hálitos se mezclaban, el alborozo y los gritos de las mujeres que asistían el show era ensordecedor.
Cuando sus labios rozaron ligeramente los de Emma, esta se levantó abruptamente de la silla, desviándose del beso, un silencio repentino se hizo en el aire, las mujeres que asistían esperaban la reacción de la rubia con expectación.
-Tengo que irme…- Emma susurró dando un paso hacia atrás.
-¿Ir a dónde rubia? El show está comenzando…- la bailarina acarició el abdomen definido, dejando marcas de uña en él
-Regina…- Emma dijo en voz baja, medio confusa, estaba pensando qué hacer, la bailarina puso una expresión de duda, pero pensó, si la novia quería que ella se llamara Regina, aquel sería el nombre, a fin de cuentas, se le pagaba para eso.
-Soy quien quieras…- empujó a la rubia de vuelta a la silla, deslizó su mano hasta el botón de los pantalones. Swan se levantó de nuevo.
-Disculpa…No puedo…Es con ella con quien quiero estar….- Emma bajó del escenario abotonándose la camisa y los pantalones, había tomado una decisión.
-¿Emma? ¿Qué ocurre? ¡El show era para ti!- Ruby agarró, confusa, el brazo de la amiga
-No es esto lo que quiero, Ruby…Yo…¡Voy atrás de Regina!- caminaba a paso largo, las mujeres del club y las bailarinas se quedaron confusas, decidieron dar continuidad al show, el local estaba lleno.
-¿Qué dices, rubia? ¡Es tu despedida! ¡Has soñado con esto toda la vida!- la morena de mechas rojas agarró a su amiga, no entendía.
De hecho, Swan siempre había huido del tema boda, pero la despedida era su tema preferido. Siempre bromeaba, "¡la gracia de casarse está en la despedida!", esa era la frase que Emma más usaba, pero ya no se veía en esa realidad.
-Lo soñé, sí, Rubs…Pero, mis sueños han cambiado…¡Todo cambió cuando golpeé el coche de aquella morena! No quiero esto…Gracias…Todo está maravilloso, mejor de lo que soñé…Pero…- desvió su mirada hacia la salida
-Ve, rubia…-Ruby sonrió tocando el hombro de su mejor amiga –He entendido…Ella es la mujer de tu vida…No necesitas a otra…o esto…- extendió la mano señalando el club.
Emma le devolvió la sonrisa a la mejor amiga, Ruby siempre la entendía. La abrazó fuertemente y le dio de nuevo las gracias. Salió del local y cogió un taxi, sabía en qué club estaba Regina, a fin de cuentas, Swan había escogido el sitio y se lo había dicho a Tinker, y después Ruby y Lily la habían ayudado en los detalles finales de la despedida de Regina.
-¿Dónde está Emma?- preguntó Lily al ver que su novia volvía al palco sin la rubia
-Se fue…- respondió Ruby con una sonrisa tonta, encontró hermoso la actitud de la amiga, aquello era una prueba de amor
-¿Cómo? ¿Se fue a dónde?- Lily no se lo creía
-A buscar a Regina…¿No es hermoso?- Ruby suspiró apasionadamente
-¿Emma abandonó su despedida?- Lily desorbitó los ojos asombrada. Si existía cualquier resquicio de duda en Lily, había acabado de desvanecerse, conocía a Swan casi tan bien como Ruby, acababa de constatar que el amor que Emma sentía por Regina era verdadero.
-Pues sí…- Ruby se encogió de hombros tomando un sorbo de su copa que estaba sobre la barra.
-¡Qué lindo, amor!- Lily abrazó a la novia -¡Vamos tras ella! Quiero ver lo que va a hacer- Lily se entusiasmó
-¿Cómo?- Ruby quedó confusa, había creído que ellas disfrutarían de la noche en el club, incluso sin Emma
-¡No me voy a perder eso por nada! ¡Vamos!- Lily arrastró a la novia hacia fuera y llamó a un taxi. Se olvidaron completamente de Elsa y Ariel que estaban sentadas en el palco.
-¿Y las chicas?- preguntó Elsa preocupada
-No sé…Ya hace un rato que no las veo…- comentó Ariel bebiendo un generoso trago de la copa
-¿Mi prima rechazó a la bailarina y desapareció? ¿Ha sido eso o me estoy equivocando?- Elsa bebió un pequeño sorbo de una colorida bebida
-Pues mira…Pensé que había bebido más de la cuenta…Pero si tú viste lo mismo que yo…Creo que Emma se ha marchado- Ariel confirmó lo que había visto minutos atrás
-Pero, ¿y las chicas? ¿Nos han dejado aquí?- Elsa se refería a Lily y Ruby
-Parece que sí…- Ariel sonrió tímida, quería acercarse a la rubia, pero no sabía cómo
-Bueno…Pues creo que será mejor que continuemos apreciando el show…Ya que nos hemos quedado aquí- sugirió Elsa a la pelirroja, quería aprovechar –Le ha mandado un mensaje a mi prima, esperaré su respuesta…¿Vamos a por otra bebida?- Elsa se levantó del sofá tirando de la pelirroja que se desequilibró y cayó en los brazos de la rubia, Elsa agarró a Ariel con firmeza, sus bocas estaban próximas, sus miradas se clavaron la una en la otra, al segundo siguiente, Ariel tomó los sonrojados labios en un tímido beso.
-¿Puedo?- Mérida había acabado de bailar con Mulan, pero no iba a perder la oportunidad de bailar con la jefa
-¡Claro! Toda suya…- Milah cedió Regina a la pelirroja que rápidamente descendió las manos hacia las caderas de la morena.
-Sabía que no ibas a perder la oportunidad…- dijo Regina en su oído, ella olía tan bien.
-No desisto de lo que quiero, Regina…- Mérida besó la nuca de Mills, quien soltó un involuntario gemido, el alcohol corriendo por sus venas entorpecía cualquier pensamiento coherente.
-¡Oh, oh! ¡Caramba, rubia! ¡Ahnn! ¡Eso, eso!- Zelena agarraba la nuca de Kathryn mientras gemía sin parar, la comisaria se encontraba entre las piernas de la pelirroja que apoyaba una de las manos en la pared del baño.
-¿Esos…?- Tinkerbell miró a Belle asombrada, escuchaba los gemidos desde el pasillo, incluso antes de entrar en el baño
-¿Zelena?- Belle se llevó una mano a la boca para aguantar la risa
-Parece que sí…No voy a entrar ahí, de eso nada…Tinker se echó a reír.
-¡Ay, Tink! Pero tengo ganas…¡He bebido demasiado! ¿Vamos?- agarró la mano de la rubia tirando de ella hacia donde ganaban fuerza los gritos
-Pero, ¿qué es eso?- preguntó Mulan a las dos mujeres, refiriéndose a los gemidos de Zelena. Tinker y Belle reían sin parar mientras se retocaban el maquillaje, la oriental entró en una de las cabinas rápidamente.
-¡Es una de las Mills!- gritó Belle desde el lado de fuera del baño para que Mulan la escuchara, Tinker reía sin parar de la hermana de su mejor amiga.
-He escuchado decir que estas hermanas son calientes…Pero escandalosas…esto es novedad…- la oriental salió del baño, cogió el pintalabios de manos de Belle para retocarse los labios.
-¡Shhh! ¡Escucha!- Tinker hizo señas para que las dos prestaran atención.
-¡La madre que me parió, rubia! Voy a….¡Ahhhh!- los gritos se intensificaron y de repente el silencio invadió el ambiente, Zelena había llegado al clímax.
Las tres mujeres se aguantaron la risa y salieron en dirección a la pista de baile.
-Vaya. No sabía que Regina bailaba- Tinker miró a la mejor amiga bailando de forma sensual en brazos de Mérida, las pasadas de manos eran intensas, estaban pegadas.
-Hum, Mérida…- Regina jadeó con los toques cada vez más osados de la pelirroja
-Eres hermosa, Regina…Bailas tan bien…- la morena se echó a reír ante el elogio
-No sé bailar, srta. Dunbroch…Creo que tu pasión ciega por mí te ha hechizado…- agarró los rizos rojos provocativamente
-No hagas eso, Mills…O no respondo de mis actos…- Mérida tenía plena consciencia de que la morena no estaba en pleno control de sí misma
-No pienses…Regina susurró, sus ojos almendrados se clavaron en los labios de la pelirroja. ¡Cómo lo deseaba Mérida! Lo llevaba esperando tantos meses.
-¿Qué pasa Mulan? ¿Vas a dejar que eso pase?- Belle sacudió los hombros de la amiga que estaba estática viendo aquella escena casi haciéndose realidad
-¿Y qué puedo hacer, Belle?- suspiró triste
-¡Ir allí! ¡Y besar a aquella pelirroja descarada!-para Belle la solución era sencilla
-¡Si yo fuera tú, corría! A Regina no le va a gustar saber que besó a alguien estando bebida ¡Créeme!- Tinker avisó, sabía que si su mejor amiga hacía eso, se arrepentiría el resto de su vida, peor, acabaría por culparla a ella.
Mulan caminó a paso largo, decidida, aquel era el momento, besaría a Mérida, le gustara o no, pero necesitaba tomar una actitud, mostrar que estaba dispuesta, que haría lo imposible por tener a la pelirroja en sus brazos. Caminaba firme como si marchase a una batalla, pasó entre las mujeres que bailaban en medio de la pista, vio a la pelirroja acercar su boca a la de la morena, sus labios estaban a un leve roce.
Mulan agarró el brazo izquierdo de la jefa, tirando de la pelirroja hacia ella, pero lo que sintió fue el choque del cuerpo de Mérida siendo empujado bruscamente sobre el suyo, quedó confusa, las dos casi se fueron al suelo, solo no lo hicieron porque Mulan, en un ágil movimiento agarró firmemente la fina cintura de la pelirroja.
-¡Tú eres mía!- Emma agarró a Regina con fuerza y la tomó en un beso abrupto, cargado de deseo y posesividad.
Swan había llegado en el momento oportuno, si hubiera tardado un segundo más, Mérida estaría besando a su esposa. La oriental no perdió tiempo, la pelirroja estaba sin entender qué había pasado, había sido todo muy rápido, Emma tenía demasiada fuerza, se masajeaba el brazo que la rubia le había apretado para empujarla. Miró a un lado y entendió, Swan estaba ahí. Mulan aún agarraba a la jefa en sus brazos, su corazón se disparó y su respiración se aceleró, necesitaba tomar valor, o nunca tendría a su jefa como deseaba, respiró hondo.
-¡Hace tiempo que sueño con esto!- enlazó a la pelirroja agarrando con firmeza los rizos rojos, invadió el espacio personal de la jefa y le robó un beso lleno de sentimiento, quería mostrarle lo que sentía, lo que llevaba guardando hacía años. Mérida desorbitó los ojos en un primer momento, no se esperaba aquello, pensó en apartarse, pero los labios de la oriental en los suyos eran alto tan surreal que no tuvo fuerzas para evitarlo, le concedió paso a la persistente lengua, la pelirroja la agarró fuertemente y profundizó el beso.
¿Aquello era un sueño? Mulan no tenía certeza, pero si lo era, no quería despertar nunca más. Mérida estaba amando explorar aquella boca suave, sin duda el mejor beso que había experimentado. Después de haber besado innumerables bocas, la pelirroja creía no poder sorprenderse, pero existía algo diferente en Mulan, no quería parar, sintió todo su cuerpo encenderse como en un incendio, hacía mucho que no sentía tal deseo, por eso Mills era un desafío, porque conseguía despertar aquellas sensaciones, pero ante Mulan, su mundo pareció derrumbarse, nunca había tenido sensación mejor que esa, Mérida quería más.
-¿Em?- preguntó Regina medio confusa en cuanto pararon el beso. ¿Estaba soñando? "Creo que bebí más de la cuenta", pensó, entrecerró los ojos y miró el rostro más hermoso de todos, la mirada que tanto amaba, eran ellos, los hermosos ojos esmeralda que brillaban mirando los castaños.
-No me atreveré a preguntar qué estaba a punto de suceder aquí, sra. Mills…- Emma sonrió, no había rabia en sus palabras, existía amor y un toque de preocupación, Swan se había dado cuenta de que la novia estaba más alterada de lo normal.
-¿Tú…viste aquello? ¡Oh, Dios! Emma…Perdo…- intentó disculparse
-¡Shhh!- Emma selló con un dedo los labios de la novia cariñosamente, pasó el pulgar por la cicatriz, sus ojos se humedecieron de alegría, ¡cómo amaba contemplar aquel hermoso rostro! –He venido a buscarte…estar contigo, Regina…- dijo con una hermosa sonrisa en sus labios, parecía emocionada
-Em…Pero…Yo…- la morena estaba confusa, Emma más que nadie quería esa despedida –Pero…¿No…no deberías estar en un club asistiendo a un show de bailarinas con poca ropa?- sorbió dándole una breve y tímida sonrisa
-No existe otro lugar en donde quiera estar, Regina…No existe despedida, no quiero despedirme de esa manera, solo te quiero a ti…Te quiero a ti hoy, mañana y siempre…quiero despedirme de esta vida, sí, pero quiero que sea contigo…Mi mujer, antes y después de casada…- Tinker miraba a la pareja sonriendo, la rubia, más que nadie, había presenciado el crecimiento de la amiga en el amor, Regina estaba completa. A Belle poco le faltó para aplaudir, Mulan estaba agarrada a Mérida todavía, sintió orgullo de la oriental.
-¿Por qué esto ahora, Em?- la morena sentía el suelo moverse bajo sus pies, nada de aquello parecía real, era demasiado bueno para ser verdad, ¿Emma había rechazado una despedida de soltera por ella? Regina sonrió de lado al procesarlo y constatar que no era un sueño.
-Porque eres la única para mí…Para siempre y por toda la vida, desde el momento en que me lanzaste aquella primera mirada en el aparcamiento, yo…¡estoy enganchada a ti, Regina Mills! Nadie me interesa…No tengo ojos para nadie más…A no ser tú…- agarró el rostro de la morena con las dos manos, y besó los carnosos labios, dejando a Regina aún más mareada.
-Yo dije que no quería despedida…- la morena puso morritos cuando concluyeron el beso
-Pensé que sabías cuándo parar, sra. Swan Mills…- la rubia acarició aquel rostro perfecto, se dio cuenta de que la morena se ablandó en sus brazos
-¡Yo…no…no estoy borracha!- se tropezó en las palabras, Emma se echó a reír.
-Ya lo veo…- Swan rió, rápidamente cogió a su novia en brazos y subió al escenario, pidiendo un micrófono.
La atención del club se centró en la rubia atrevida en el escenario.
-Solo quería decir unas cositas…- Emma sonrió traviesa golpeando el micrófono con dos dedos. Regina se agarró a la barra de la poll dance para equilibrase, estaba más mareada de lo normal.
-Hoy…tendría que ser un día de despedidas de soltera, borracheras y disfrute…Pero…¿Qué es disfrutar sin la persona amada? Soñé toda mi vida con este momento, con una despedida de soltera como esta, como la que mis mejores amigas me han preparado…Pero, estaba yo allí…mirando aquella streaper bailando sobre mí…¿Y sabéis lo que pensé?- Emma sonrió a la morena -¡En esta mujer!- señaló a Regina que ahora tenía un hermosa sonrisa en el rostro –En la mujer de mi vida…Y no necesito más que esto…porque todo lo que más deseo es ser tu esposa, Regina Mills…- Emma se acercó tímidamente a la mareada novia, agarrada a la barra de hierro, se mordía el labio inferior, su expresión era tímida y apasionada, sus ojos brillaban, ¿era posible que el corazón latiera tan rápido? Emma soltó el micrófono y atrajo a Regina con delicadeza, acercando sus cabezas, la morena solo sonreía, no había nada que decir, transpiraba alegría, aquello era una prueba de amor más que inesperada.
"¡Beso, beso!", las mujeres comenzaron a aplaudir gritando hacia ellas en el escenario. Swan sonrió a la morena acercándose a los labios carnosos, pidiendo permiso. Regina sonrió de lado, pues claro que se lo permitía. Sus labios se rozaron lentamente, Emma agarró la nuca de la prometida para conducir el beso, fue de cine, las mujeres suspiraban asistiendo aquello, algunas lloraban ante tal prueba de amor, nunca hubo un espectáculo tan hermoso como el que estaban haciendo ellas, de repente la música cambió a una melodía lenta y el ambiento se volvió romántico e íntimo.
Ruby y Lily entraron en el club con prisa, pero se habían perdido la mejor parte, aún así aplaudieron y silbaron.
-Te amo, Em…- susurró Regina contra los finos labios cuando el aire se hizo necesario.
-Gracias, gente…¡Gracias!- Emma hizo una reverencia a la "platea", guasona, sin embargo divisó a cierta pelirroja que aún se estaba besando con Mulan, por lo visto el beso estaba siendo bueno, pues ambas mujeres no habían prestado atención al "show de Swan -¡Eh! ¡Eh tú! ¡Tú, cabello de fuego!- Emma llamó la atención de Mérida que cesó el beso algo desconcertada, estaba perdida en millones de pensamientos nada católicos con la oriental. Miró a la rubia que sonreía sarcástica –¡Tienes suerte de que no quiera ser llevada a la cárcel la víspera de mi boda, pues el deseo que tengo es de romperte la cara!- avisó
Emma agarró a Regina en sus brazos una vez más y bajó del escenario para dirigirse a la salida.
-¿Eso fue una amenaza?- preguntó Mérida más para ella misma que para Mulan, estaba procesando lo que acababa de suceder, ¿había besado a Mulan? ¿Y le había gustado? No, no solo le había gustado, había sido el mejor beso que había tenido oportunidad de degustar.
-¡No importa! ¡Nada te sucederá, pelirroja!- Mérida dejó de pensar cuando Mulan atrapó sus labios una vez más.
Emma pasó por delante de Ruby y Lily llevando a Regina en sus brazos, la morena escondía su rostro en la curva del cuello de la rubia, se estaba muriendo de vergüenza, aquella declaración sobre el escenario había sido demasiado para que Regina lo procesara tan rápidamente.
-¡Disfrutad la noche por mí, chicas!- Emma sonrió victoriosa hacia las mujeres
-¿A dónde vamos, Em?- preguntó Regina en cuanto fue puesta en el suelo, Swan le hacía señas a un taxi
-A casa, mi amor…A casa…- sonrió tirando de su futura esposa hacia dentro del taxi.
-Entonces...Creo que no tenemos nada más que hacer aquí, Belle- Tinker le sonrió a Belle, ese no era el ambiente favorito de ellas, además, Mérida y Mulan parecían tragarse la una a la otra, la rubia miró hacia un lado y divisó a Lily y Ruby entrelazadas en la misma pasión que la pelirroja y la oriental.
Zelena no había vuelto a dar señales de vida, la pelirroja había salido por la puerta de atrás mucho antes de que Emma llegara para llevarse a su hermana pequeña. Después del polvo en el baño, Kathryn invitó a la Mills a otro sitio, no pretendía parar ahí, así que, decidieron ir a un sitio más apropiado.
-Pues sí, Tinker….¡Definitivamente, prefiero a los hombres!- Belle barrió la pista de baile con la mirada, varias mujeres bailaban y se besaban sin parar, no había nada interesante para ninguna de las dos -¿Sabes? ¡Vámonos a otro sitio!- Belle agarró el brazo de la rubia y se encaminaron hacia un pub hetero.
Mulan estaba haciendo perder la cabeza a Mérida, sus respiraciones eran pesadas, el deseo de ambas crecía sin control, tanto la oriental como la pelirroja estaban sobrias, nada podría ponerse de excusa a la mañana siguiente. Mulan ya no pensaba coherentemente, la pelirroja era intensa, ¡vaya que si lo era! Mérida mordió el lóbulo de la oriental y le susurró algo incomprensible, mientras la arrastraba hacia la salida y en un momento estaban otra vez besándose y acariciándose en el taxi, y al momento siguiente las ropas estaban en el suelo del apartamento de la pelirroja.
La noche fue larga, regada de gemidos y placeres osados, Mérida era dominante, pero aquella noche fue ella la dominada, Mulan dejó marcas de uñas y chupones por toda la blanca piel, los rizos de fuego se enredaron en los cabellos lisos de la oriental, sus cuerpos encajaron perfectamente en una danza erótica y provocativa, los gemidos se intensificaron, los movimientos ganaron fuerza, el sudor era visible en ambos cuerpos, estallaron juntas y esa no fue la única vez en esa noche.
Terminó la noche y llegó el día. Mérida estaba agarrada a la cintura de la oriental, sus rizos desgreñados se esparcían sobre los pechos de Mulan, ella sonrió ante esa escena, pero tenía que irse. Y fue lo que hizo, apartó a la pelirroja con todo el cuidado del mundo, cogió sus ropas tiradas por el suelo y se dirigió al baño con la intención de ponerse un poco más presentable. Antes de salir del apartamento, miró a la su jefa que dormía serena, sonrió, aquella no sería la última vez, todo lo contrario, Mulan tenía la certeza de que había sido la primera, pero Mérida ya era de ella.
Mills Company. Fin de la jornada laboral. Un día para la boda
-¡Belle French! ¡Buenas noches!- la asistente atendió al teléfono
-¡Belle! ¡Soy Emma"- Swan parecía desesperada
-¿Sí, sra. Swan? ¿En qué puedo ayudarla?- fue cordial
-¿Regina está aún ahí?
-Sí, ¿quiere que la pase, sra. Swan?
-¡No! ¿Mérida también está?
-¡Sí, señora! ¿En qué puedo ayudar?- Belle comenzó a desconfiar ante tantas preguntas
-¡Nada Belle! ¡Ya has ayudado! Quiero decir…¡Nada! ¡Gracias!- colgó
Emma no lo dejaría pasar así como así, se había portado gentilmente con la pelirroja, pero quería dejarle claro de quién era la morena. No fue a trabajar, Ariel podía llevar el restaurante sin la chef Swan.
Después de salir del club, la noche pasada, Regina y Emma se dirigieron al apartamento, se quedaron de cucharita envueltas en un cariñoso abrazo, no pasó nada más, Regina realmente había bebido más de la cuenta y se quedó dormida pronto como una niña llorona en brazos de la novia. Emma lo encontró mono, y se durmió ella también serena.
Emma llegó a la empresa con prisas, apenas saludó a Belle o Mulan, solo de recordar el casi beso, se sentía hervir de rabia y celos, supo muy bien controlarse la noche anterior, pero necesitaba demostrarse a sí misma que Regina era de ella, abrió la puerta del despacho de la presidenta de forma brusca, Regina estaba agachada archivando algunos documentos en los cajones, llevaba un falda un palmo por encima de las rodillas de color escarlata, unos tacones altos, negros, su blusa era de seda color gris, el sujetador del mismo color que la falda se veía un poco, pues los botones estaban abiertos hasta la altura del busto.
-¿Emma? ¿Qué haces aquí?- Regina se asustó al ver a la novia entrar con expresión seria en el despacho. No debían estar juntas la última noche como mujeres solteras, la presidenta no entendía
-¡Estoy aquí para recordarte que soy yo quien mando!- caminó a paso firme hasta la morena y le apretó la fina cintura con deseo. Swan quería que la empresa entera escuchara a quién pertenecía Regina, en realidad quería que cierta pelirroja descarada escuchara, los otros no importaban, la empresa estaba casi vacía, quién tenía que oírlo estaba ahí.
-T…tú…- no consiguió terminar, Swan la tomó en un abrupto beso, cargado de pasión, casi un beso violento
Regina desorbitó los ojos, en un primer momento, de sorpresa, pero luego correspondió al beso de su amada. Emma la agarraba de la nuca, conducía el beso a su antojo, una de sus manos bajó hacia las caderas de la morena, que jadeó al sentir que Emma la palpaba.
-¡Eres mía, Regina! ¡Hoy! ¡Mañana! ¡Y siempre!- empujó a la morena hasta apoyarla en la mesa, había algunos papeles que no tardaron en ir al suelo, pues Swan fue apartando todo mientras devoraba aquellos carnosos labios que ahora estaban con la pintura corrida, manchando ambas bocas.
Emma agarró a Regina por el cuello, esta entrelazó las piernas a la cintura de la rubia. Sintió el corazón disparársele por la adrenalina al estar haciendo aquello en su sitio de trabajo, sus respiraciones eran jadeantes e impacientes.
-E…Em…-Regina intentó pronunciar algo en cuanto el abrupto beso cesó. Sin embargo, nada consiguió decir, Emma ya le estaba invadiendo su húmeda intimidad.
-Me gusta así…- le chupó el cuello a la novia –No me importa el sitio…o la hora…- deslizó dos dedos por debajo de las bragas
-Ahnnn…-Regina gimió quedamente, estaba muy excitada, sabía que tenía que parar, estaba en su despacho, su sitio de trabajo, pero le era difícil razonar con Emma tocándola de aquella manera, casi una semana sin esas caricias, el cuerpo de la morena lo pedía, echaba de menos esos osados toques.
Swan estaba diferente, el brillo que tenía en la mirada era de posesividad, deseo ardiente como fuego. Buscaba la entrega de Regina, no importaba si estarían casadas en algunas horas, nada importaba, el deseo que sentía por su futura esposa era algo creciente, insaciable.
-¡Eres mi mujer! ¡Solo mía!- deslizó dos dedos de una sola vez dentro de Regina que soltó un alto gemido de placer
-Tienes que…¡Ahnnn! Parar…pa..rar…¡Ohhh!- no consiguió formular la frase, Regina no quería hacer eso ahí, pero Emma no le daba elección, su cuerpo ya latía queriendo más.
-¿Pediste que parara? Creo que escuché algo…- Swan la provocó disminuyendo la velocidad de sus dedos dentro de la morena
-Oh, Em…Oh…¡N…no, aquí no…Yo…Ahnn…- no podía articular una frase siquiera, Emma aumentó la velocidad
-Solo pararé cuando gimas mi nombre…- susurró mordiéndole el lóbulo de la oreja, Regina tembló alrededor de los dedos de su novia
-E…Emma…- gimió más ronroneante, en el intento vano de detener a la rubia
-No te lo he pedido ahora…¡Vas a gemir cuando yo lo diga!- introdujo un tercer dedo, esta vez con fuerza
-¡Ahn! ¡Oh! Em…Arggg- la morena sentía su cuerpo bajar y subir sobre los dedos que la penetraban con ímpetu. ¿De dónde sacaba Emma fuerzas para dominarla de aquella manera? Regina no lo sabía, solo sentía que era bueno, y quería más, probar de Emma siempre podía ser maravilloso. Sus estocadas eran firmes y profundas. Emma supo pillar a Regina desprevenida
-¡AHHH!- gritó de placer -¡Haz que me corra, Emma!- pidió, ya estaba cerca del clímax
-N…No… -Swan se detuvo. Regina se sintió frustrada
-Te encanta dejarme así, ¿no?- Emma rió -¡Pues ahora, srta, Swan, va usted a volver aquí!- agarró el brazo de la rubia y lo metió por debajo de la falda, al sitio donde estaba antes -¡Vas a meter con fuerza! ¡No te lo estoy pidiendo, Swan! ¡Es una orden!- Regina descendió de la mesa, y empujó a su futura esposa al sofá, Emma se sentó algo atontada. Regina comenzó a quitarse la camisa lentamente, estaba provocando a la rubia que ahora estaba babando ante la mujer que había transformado su vida.
Regina continuó quitándose la ropa como si estuviera ejecutando un baile erótico. Se quitó lentamente el sujetador, deslizó las asillas por los brazos y pasó la prenda por el cuello de la amada, escuchó a Emma soltar un suspiro, la rubia estaba deleitándose con aquella visión, la morena se inclinó hacia la rubia y la agarró de los hombros, sus pechos quedaron a la altura de los ojos verdes, Swan ya respiraba pesadamente. Cuando fue a la empresa queriendo sorprender a la novia y mostrarle quién mandaba, no tenía idea de que los papeles podrían invertirse de aquella manera. No tenía fuerzas para apartar la mirada de aquella beldad.
Mills se giró de espalda, la visión que la rubia tenía era divina, aquel cuerpo, aquella fina cintura, aquellas caderas, los zapatos en los pies, Emma podía jurar que su excitación era visible en sus pantalones, pues ya se notaba encharcada, tragó en seco cuando Regina comenzó a quitarse las bragas, aún de espalda, no flexionó las rodillas para quitarse la prenda, dejó las piernas estiradas, para que Emma tuviera la visión privilegiada que ella quería enseñarle.
-¿Te gusta lo que ves, Swan? Este es mi despacho…- se giró retirando los cabellos hacia un lado, su mirada podría quemar a la rubia -¡Mi despacho!- repitió agarrando los hombros de la novia -¡Mis reglas! ¿Entendiste?
-¡Entendí, presidenta Mills! Pero…no soy muy buena siguiendo reglas…- guiñó un ojo levantándose del sofá con sonrisa lasciva. Regina dio dos pasos hacia atrás, sabía que si su novia le ponía un dedo encima, estallaría fácilmente.
-¿Estás huyendo, madame?- Emma sonreía maquiavélicamente. Agarró uno de los brazos de Regina por detrás de la espalda, gimió cuando la rubia apretó sus pechos -¡Tú lo has provocado! ¡Tendrás que pagar!- giró a la morena de espaldas y la sujetó sobre la mesa, los pechos de Regina quedaron pegados sobre el vidrio, Emma agarraba los brazos de su novia como si fuera una sheriff, le estaba dando el alto de detención.
Una nalgada. Regina gimió quedamente. Pero Emma no quería que fuera bajo, otra nalgada, y llegaron varias más.
-¡Ahnnn! ¡Em! ¡Ahhh!- Regina gemía ante aquella sensación
-¿Te gusta ser azotada, descarada?- Emma la provocó
-Por ti…sí…- suspiró jadeante. Emma sonrió ante la confesión. Le dio otra nalgada, y masajeó la zona enrojecida, en seguida se arrodilló, quedando a la altura del trasero de la morena, pasó la lengua con avidez
-¡Ahhh! ¡Em! ¡Arggg!- Regina gemía escandalosamente, probablemente sus gritos podían ser escuchados desde el pasillo.
Mérida se dirigía al despacho de la presidenta para llevarle los últimos documentos que tenían que ser archivados, sin embargo al llegar al pasillo escuchó gemidos, y provenían del despacho de su jefa.
"Regina es una profesional, nunca haría eso en el sitio de trabajo", pensó, escuchó los gritos "¡Es Regina!", estaba segura, aquel gemido excitante no podía ser de nadie más. Se acercó al despacho de la presidenta.
"¿Qué fuego es ese? ¡Vais a casaros mañana! ¿No podéis esperar?"
Mérida estaba indignada, decidió espiar, la puerta del despacho siempre quedaba entornada y por los gritos que salían del despacho no notarían su presencia. Dejó que la curiosidad la guiara, quería saber lo que Swan tenía tan especial para ofrecer. Abrió la puerta lentamente.
-¿Tiene envidia, srta. Dunbroch?- Mulan agarró al cintura de la jefa por detrás, Mérida sintió todo su cuerpo estremecerse, del susto dejó caer la carpeta con los papeles.
-¿Mulan?- desorbitó los ojos en dirección a la asistente que se agachó a recoger los papeles, la pelirroja hizo lo mismo sin mirar a la morena a los ojos, aún sentía vergüenza por la noche anterior.
-¡Aquí tiene, srta. Dunbroch!- la oriental le entregó la carpeta debidamente ordenada, miró a la pelirroja con lascivia –Creo que es mejor que deje esos documentos en su despacho, la señora Mills parece bastante ocupada en este momento…- aún escuchaban los gemidos cada vez más altos de la presidenta. Mulan puedo comprobar que, de hecho, las Mills eran unas escandalosas.
-Sí…Tienes razón…Yo…no estaba…- "espiando", pensó, pero se contuvo. ¿Qué estaba pensando Mérida? No tenía por qué darle explicaciones a la asistente, pero sentía que debía explicarse, sobre todo después de la increíble noche que habían tenido.
-No me debe explicaciones, srta. Dunbroch…- Mulan abrió una mano sobre el busto de la jefa y la condujo hasta la pared opuesta al despacho de Mills. Le mordió el lóbulo de la oreja a la pelirroja, ella soltó un quedo gemido de placer -¿Para qué espirar si puede tener lo mismo?- tomó a Mérida en un beso cargado de deseo, la oriental fue correspondida con la misma intensidad.
Mérida estaba, finalmente, permitiéndose sentir, Mulan hacía temblar su cuerpo, secar su boca, las mariposas parecían montar una fiesta en su estómago. ¿Qué era aquello? La pelirroja no estaba segura del todo, pero estaba empezando a sospechar que sentía algo mucho más fuerte por su asistente.
-¡Arggg! ¡Em…maaa!- gimió Regina en cuanto alcanzó el clímax. Swan retiró los dedos lentamente, la morena respiraba con dificultad. Emma agarró a la novia, que se sentía como de trapo, y la condujo al sofá.
-Creo que no hay despedida mejor que esta…- susurró acariciando los mechones negros, Regina estaba desnuda estirada sobre sus brazos
-Pero creo que hemos roto las reglas, ¿no? ¡Sexo antes de la boca es pecado!- se rió de su propio chiste sin gracia
-¡Contigo iría hasta el infierno, mujer!- Emma entró en la broma mientras dispersaba besos por el rostro de Regina
-Te amo, Em…mucho…- acarició el abdomen de la rubia, sonriendo
-Yo también te amo, morena linda…sexy…caliente…- seguía besando el rostro de la otra sin parar –¡No veo la hora de llamarte mi esposa!- besó aquellos labios carnosos apasionadamente
-Creo que es necesario que te devuelve tal despedida…- pasó la lengua por los labios de forma lasciva. Emma sonrió maliciosamente, comenzarían todo de nuevo, no importaba el lugar, si era en casa, en un hotel o en el despacho, no existía tiempo o sitio para amarse.
Lo sabían, el siguiente día representaría un nuevo marco en sus vidas, el comienzo de un camino que deseaban recorrer juntas y para siempre.
Comenzarían con un: Érase una vez…
