Capítulo 36: Sensación de déjà vu


Cuando Itachi se dirigió a la mansión Hyuuga lo hizo porque lo consideró necesario. Consideró necesario hablar con Hinata acerca de los cambios que pensaban implementar en Anbu. Por diversos motivos dicho plan se había postergado en más de una ocasión. Como tenía algo de tiempo libre decidió que debía aprovechar la oportunidad.

Ir con la máscara de Anbu no fue su primera opción. Él se había presentado como Taichi, un amigo de Hinata, pero la respuesta que obtuvo fue negativa. El Hyuuga que lo recibió le dijo que Hinata se encontraba fuera de la aldea realizando una misión, pero él sabía que no era cierto. Había visto a Hinata en la aldea mientras compraba algunas cosas para la despensa.

Esperó varios minutos antes de regresar, pero en esa ocasión lo hizo con su máscara Anbu. Fue recibido por otro Hyuuga. Tenía que hablar con ella sobre asuntos del trabajo así que técnicamente no estaría mintiendo, solo estaría omitiendo información. No era solo el hecho de que le mintieran sino la actitud que notó en la persona que lo recibió. En esa ocasión la respuesta que obtuvo fue diferente.

—Ella no está en condiciones de recibir visitas.

—¿Debería ir a un hospital?

—No es tan gave, solo necesita descansar.

—En ese caso no habrá problema si me reuno con ella, hay ciertos asuntos que necesito discutir con ella.

—Iré a buscarla.

Cuando Kō se marchó, Itachi tuvo la sensación de que se veía algo aliviado. Tuvo la certeza de que, si hubiera sido él quien lo recibió la primera vez, habría bastado con insisitir un poco más. Era consciente del efecto que tenía el sello, pero conocía a Hinata, sabía que ella era incapaz de usarlo por lo que le intrigaba el motivo por el que no podía recibir visitas, más específicamente quién podría estar detrás de todo eso.

Itachi no era un medic-ninja, pero estaba bastante convencido de que Hinata no estaba tan enferma. Su rostro tenía unas pronunciadas ojeras y se veía pálida, pero no tan grave como para no poder recibir visitas. El notar la mirada fija de un Hyuuga sobre él hizo que sus sospechas aumentaran. Su byakugan no estaba activado, pero Itachi podía sentir el peso de esa mirada escrutadora sobre él. Mantener sus pasos y movimientos bajo control no fue ningún problema. Era algo a lo que estaba acostumbrado desde que era niño, incluso sin la máscara puesta sabría mantener oculto lo que ese anciano buscaba, sea lo que fuera.

—¿Pasa algo? —le preguntó Itachi.

—He estado cansada, eso es todo.

—¿Puedes revisar este documento? —le preguntó Itachi, sabía que mentía, pero no la iba a presionar para que hablara.

Hinata asintió con la cabeza y comenzó a leer el documento. Planeaba retirarse, pero ella le pidió que se quedara. No tenía nada que hacer por lo que, consideró, podría esperar a que estuviera lista para hablar. Algo que, tenía la sospecha, no se demoraría en suceder.

—Podría funcionar —Hinata no apartó la vista del documento —. Un paso a la vez, incluso si es pequeño y mantenerse avanzando.

—Cuando alguien se encierra con una idea, difícilmente se le puede hacer cambiar de opinión.

Itachi recordó por lo que pasó cuando el clan Uchiha planeaba un golpe de estado. La mayoría, por no decir todos, estaban convencidos de que era la única alternativa que les quedaba. El tercer Hokage no logró convencerlos de lo contrario, ni siquiera que dejaran de verlo como al enemigo. Shisui no pudo hacerlos caer bajo su genjutsu y no le quedó más opción que recurrir al asesinato.

—Pero si pudiera hacérseles ver que estaban equivocados.

La forma en que Hinata hablaba le hizo sospechar a Itachi que no se refería únicamente a la forma en que Anbu era administrado. Sabía que a ella le importaba, era algo que había notado cada vez que trabajaban juntos. Lo había notado en su perseverancia y en sus gestos de desagrado cada vez que le era revelado un oscuro secreto de la organización.

Al principio había creído que Hinata era demasiado transparente e incluso llegó a cuestionarse el motivo por el que fue aceptada en Anbu. Los Anbu eran despiados, obedecían órdenes sin cuestionarlas, incluso si estas involucraban asesinato. Hinata era amable, pelear era algo que le desagradaba y que prefería evitar si no tenía otra alternativa. Con el tiempo fue más sencillo leer sus expresiones y comprender lo que ella pensaba y fue descubriendo cualidades que la hacían una gran kunoichi.

—Es por eso por lo que debemos trabajar tanto.

Pasaron varios minutos antes de que uno de los dos hablara. Al final fue Hinata quien rompió el silencio, diciendo algo en lo que había pensado desde que había visto a Itachi ese día. Cuando era pequeña había visto en Itachi Uchiha todo lo que se esperaba del líder de un clan. Algo en su interior le decía que podía confiar en Itachi y que con él podría encontrar la respuesta que deseaba y necesitaba.

—¿Qué harías si dentro del clan se forman dos bandos y ninguno está dispuesto a ceder?

—Escogería uno.

—¿Cómo negociarías con alguien que no está dispuesto a ceder cuando no puedes ceder?

—En ese caso tendrías que poner condiciones que estés dispuesta a ceder, de ese modo podrías generar una sensación de falsa victoria.

Nuevamente Itachi recordó el conflicto del clan Uchiha. Ellos exigían mayor poder dentro de la aldea. Las acciones tomadas después del ataque del kyubi fueron consideradas como un insulto. Fugaku presentó sus condiciones, no cedió a ninguna. El Consejo sospechaba que, incluso de haber cedido a todas y cada una de esas condiciones, los Uchiha no se hubieran sentido conformes. Sabía que esto último había sido por la influencia de Danzo, pero no podía asegurar que esa idea fuera del todo equivocada.

—Pero siempre debes tener un plan para cuando todo falle.

—El problema es que no sé cuando es que todo ha fracasado. Sé que los ancianos del Consejo planean retomar el sello, pero eso es todo, podrían estar haciendo algo más y no estaría enterada.

—En ese caso debemos descubrir qué es lo que planean ¿Sabes si han hecho algo para desacreditarte?

Itachi sabía que no tenía la obligación de ayudar a Hinata. Incluso si se daba una guerra civil entre sus integrantes, era poco probable que ese conflicto llegara hasta Konoha. Los Hyuuga eran fuertes, uno de los clanes más fuertes, pero incluso de planear un golpe de estado, la situación con los otros países no era tan delicada como para que esto provocara una quinta guerra ninja. Si le ofreció su ayuda era porque lo deseaba.

—No que yo sepa, pero no lo puedo descartar del todo. Me han estado evitando, aunque no he sentido rechazo de parte de las personas que me han hablado.

—Eres la heredera ¿cierto?

—Hanabi sigue siendo candidata. Es probable que nos enfrentemos por el título, si no logro demostrarles tener la capacidad para asumir con ese rol.

—¿Has escuchado de algún matrimonio arreglado?

—No.

—No nos dejan muchas opciones. Si el Consejo es el problema, bastaría con reemplazarlo.

—No sería tan sencillo. Durante años han estado en el poder y las reglas han sido hechas para que sea de ese modo.

—¿Estarías dispuesta a asesinarlos?

Itachi notó que la expresión en el rostro de Hinata cambió. No necesitaba que ella se lo dijera para saber lo que pensaba. Su compañera no había considerado en ningún momento la posibilidad de asesinar a los miembros del Consejo. También podía saber que le desagradaba, al igual que él, Hinata no disfrutaba de lastimar a las personas.

—Solo si no queda otra alternativa —respondió después de una larga pausa —, si hacerlo es la única forma de proteger a quienes quiero y salvar al clan.

Ver la determinación con la que Hinata había dicho esas palabras le hizo recordar a Shisui. Él había sido su único compañero cuando tuvo que lidiar con el intento de golpe de estado que el clan Uchiha planeaba. Él se había esforzado tanto para salvar a la aldea y a su clan. Para Itachi, Shisui era uno de los ninjas más nobles que había conocido, alguien que hubiera sido un buen hokage. No quería que Hinata terminará de ese modo, sacrificando su vida solo por una pequeña esperanza que podría ser en vano. No era su lucha, pero pelearía como si lo fuera.

—No debes decir nada —continuó hablando Itachi —, ellos no saben que sospechas de ellos o que no estás enferma y esa es tu ventaja, no puedes permitirte perderla. También es necesario descubrir qué es lo que planean, de lo contrario solo estaríamos haciendo especulaciones y perdiendo el tiempo. Debo marcharme ahora o sospecharan.

Itachi no solía pensar en lo que hubiera pasado si Shisui hubiera podido sumergir al clan en su genjutsu. Consideraba absurdo torturarse pensando en lo que no fue y pudo ser. A veces le resultaba inevitable hacerlo, especialmente en sus momentos de soledad, cuando pensaba en lo que sería de Sasuke y su firme propósito de morir. Danzo los había traicionado. Él y Shisui quisieron ser discretos, no quería que eso se repitiera. Confiaba en Hinata y en que, si lo mantenían entre los dos, encontrarían una solución.

—Gracias por tu ayuda —Hinata le extendió el folleto que Itachi le había entregado —. Cuando nos volvamos a ver, habré descubierto qué es lo que el Consejo planea.

Cuando Itachi dejó la mansión Hyuuga, notó varias miradas sobre él. Algunas eran de curiosidad, otras de temor e incluso algunas de desprecio. Continuó caminando como si nada pasaba, sabía que no podía permitirse que supieran o siquiera intuyeran que tan involucrado estaba en todo eso. Esa era su ventaja y no podía permitirse perderla.