Siendo todos tan distintos, era natural que cada uno desayunara, comiera y cenara a la hora que le viniera en gana. Por ejemplo, los días libres Scout se levantaba cuando todos llevaban horas con sus quehaceres y se comía su desayuno al ritmo de los caracoles, mientras que Soldier se levantaba cerca de las cinco todos los días y empezaba el día con un desayuno tan copioso y fuerte que habría hecho vomitar a alguien con menos estómago y que explicaba por qué las compras eran tan grandes; Sniper se contentaba con una lata calentada de cualquier cosa y a veces cenaba más tarde porque le apetecía cocinar lo que había cazado aquel día, y Spy prefería escabullirse para cenar en algún restaurante de la comarca. Pero les gustaba cenar todos juntos y así charlar y probar las recetas de cada uno, y por ello trataban de que al menos una de las comidas principales del día se hiciera en compañía. Fomentar la camaradería, como lo llamaban.

Pero aquella vez había una ausencia difícil de ignorar: la de Medic. El hueco que había quedado en la mesa había acaparado todas las miradas y había sido el primer tema de conversación. Medic estaba seguro de ello.

- Debería ir.

- ¿Para qué?

- No les dará buena espina que no vaya. Y, demonios, tengo hambre. Puedo tratar de ocultarte como...bueno, ya veré qué se puede hacer.

- Que hablen cuanto quieran. Nos quedaremos y seguiremos con lo previsto.

- De acuerdo, de acuerdo...

La mano enguantada de Medic rebuscó sin mirar sobre el escritorio hasta toparse con el borrador, que cogió y usó.

- Sigo diciendo que fuiste un maleducado y un cabeza de chorlito. No debiste haber mandado a el Engineer al infierno.

- Y él no debió meterse donde no debía.

- Lo sé, en eso estamos de acuerdo. Pero tú sabes bien que yo no actúo así, no debo actuar así. Hay que guardar las apariencias, al menos por el momento.

- ¿Para qué? Todos y cada uno de ellos van a morir muy pronto, ¿para qué andarse con pamplinas?

- Tú hazme caso.

- No, eres tú el que debería hacerme caso a mí. No pierdas el tiempo con esas cobayas, que sólo quieren...

- Si no te vas a callar, al menos no alces tanto la voz. O todo se irá al garete.

Por fin, Medic pareció tener un momento de respiro y tranquilidad, que utilizó para seguir con sus bocetos. Estaba casi listo, sólo faltaban unos sencillos cálculos. Sin embargo, no se le hizo tan fácil resolverlos porque el estómago le rugía. Sí que tenía ganas de ir a cenar y había intentado por todos los medios dejar el trabajo y descansar un poco pero no llegaba a despegar la mano del lápiz. Él no iba a dejar que se fuera.

- Tienes que matarlos a todos...

- Lo sé, me lo has dicho como treinta veces ya.

- ¿Cuándo lo harás?

- Más tarde. Lo primero es lo primero. Esto ya está.

Sus ojos examinaron el papel en busca de fallos, y fue algo incómodo porque el ojo izquierdo, completamente blanco, iba a mucha más velocidad que el otro. Sus labios se torcieron en una mueca.

- Parece correcto.

- Qué poca fe. Claro que está bien.

- ¿Tendrás el valor de hacerlo?

- No me gusta que dudes de mí.

- ¿Lo harás?

- ¡Sí, sí, !-Medic se puso en pie de sopetón, soltando un gruñido-. ¡No tengo dudas! ¡No me he detenido nunca y no voy a hacerlo ahora!

- Cálmate. No quieres llamar la atención, ¿no es cierto?

Medic le habría dado un buen puñetazo pero seguro que le dolería a él también así que lo único que hizo fue coger aire lentamente y exhalarlo aún más despacio. Tenía razón, necesitaba calmarse. Caminó hacia el otro lado de la enfermería, hasta el fregadero, para lavarse la cara. Al hambre se le sumaba el dolor de las suturas cada vez que el otro hablaba. Pero aquello no debía durar mucho. Si todo salía bien, no volvería a experimentar dolor.

Se mojó la cara bien, cerró el grifo y dejó que el agua resbalara por su cara, mojando su camisa. Luego, se la secó con sus manos, abrió los ojos y se puso las gafas. Aunque con la oscuridad de la sala no se distinguía muy bien el contraste de color entre las dos mitades de su cara, podía ver una pequeña sombra. Seguía pensando que lo mejor era seguir sin salir de aquel sitio, al menos por el momento.

- ¿Listo?

Medic asintió levemente.

- Listo.

Se quitó la camisa, dejándola sobre la camilla y tomó de la bandeja que había junto a ella el bisturí. Aquel tacto tan frío le dio unos pequeños escalofríos, tal vez era la emoción. Se dispuso pronto a sentarse sobre la camilla y a encender el Apañador que colgaba sobre ella. Los materiales estaban sobre la bandeja, listos para ser implantados, Medic ya se imaginaba su cuerpo frenando la edad y las limitaciones físicas con aquellas pequeñas maravillas que habían guardado tan celosamente en secreto e incluso había llegado a robar de su compañero el ingeniero. No tenía tiempo de sentir remordimientos o pensar en las dudas, el otro no le habría dejado y el Vacunador estaba haciéndose cargo de todo el dolor físico y mental. Se sentía igual que un niño en Navidad.

- ¿Doc? ¿Estás bien? Oye, no has venido a la cena y me preguntaba si te pasaba algo...¿Doc?

Medic giró la cabeza hacia la puerta, que empezaban a golpear. Se humedeció los labios.

- ¡No pasa nada! ¡Es sólo que tengo mucho trabajo! ¡Os veré pronto!-respondió en voz alta.

- Tienes que matarlos. No olvides que tienes que matarlos a todos...

- Ya lo he dicho. Pronto.

Y hundió el bisturí en su propio pecho, estirando en dirección a su garganta.