Capítulo 35

Tanya sale muy temprano al día siguiente aunque no se me ocurre preguntarle a dónde va, después de todo no es asunto mío. Mi mañana se volvió maravillosa al despertar envuelta en los brazos de Edward, lo admiré por un momento mientras dormía y después fui a la cocina a conseguir algo para desayunar.

Cuando llegué a la cocina enseguida escuché un sonido atenuado, me acerqué al comedor pues al parecer de allí venía la resonancia, vi mi bolso descansando en una silla. En eso, una lucecita pareció encenderse en mi memoria, aquel sonido era el tono de llamada de mi celular. Alguien me estaba llamando. Tomé el bolso y vacié su contenido sobre la mesa, localicé mi teléfono móvil, descolgué la llamada y puse la bocina en mi oído.

— ¿Hola? —había olvidado ver quién llamaba.

— ¡Feliz Cumpleaños! —gritaron varias voces al unísono. Hice una mueca de dolor y alejé el celular de mi oído por unos segundos hasta que el aturdimiento pasó.

— ¿Cumpleaños? —pregunté extrañada. ¿Qué día era hoy?

—No pudiste olvidarlo, Bella —reprendió Rosalie.

—Yo creo que sí, es Bella de quién estamos hablando —dijo mi padre a modo de explicación.

—Nos pusimos todos de acuerdo para llamarte antes de tus clases —dijo Jacob.

— ¡Vaya! —estaba bastante sorprendida, ya había olvidado mi cumpleaños en otras ocasiones pero esto no era mejor.

—Charlie apostó con mi padre a que habías olvidado tu cumpleaños —confesó Jake entre risas.

—Será mejor ir a reclamar lo que me pertenece —dijo Charlie—. Feliz Cumpleaños, Bella.

—Y yo debo trabajar —gruñó Rose—. Fue bueno escuchar tu voz desconcertada, Bella. Me habría encantado ver tu expresión pero no se puede tener todo en esta vida.

— ¡Suficiente, Rosalie! Yo también quiero hablar con Bella —se quejó Jacob. Solté una risita tonta, ellos siempre estaban peleando.

—Llamarla fue mi idea y es mi celular el que estamos usando así que tendrás que esperar —respondió ella, podía imaginar su ceño fruncido.

—Llegarás tarde al trabajo, le diré a Bella que la quieres.

—El altavoz está activado, puede escucharnos a ambos.

—Pues yo tengo que hablar con ella, mi discurso es más importante que el tuyo.

—Entonces usa tu propio celular, yo tengo que irme ya.

Me reí ante lo ridículo de la situación, no me molesté en decirles que no pelearan pues sabía que me ignorarían abiertamente. Jake y Rose comenzaron a hablar al mismo tiempo, solo pude descifrar algunos insultos que se gritaban el uno al otro hasta que la línea se quedó en silencio. Miré el mensaje en la pantalla de mi celular que avisaba que la llamada se había terminado, esperé un rato con la esperanza de recibir otra llamada pero mi celular permaneció callado.

Rosalie siempre se encargaba de recordarme mi cumpleaños una semana antes y Jacob me enviaba un mensaje el día anterior por lo que era imposible olvidarlo, incluso recuerdo que lo había mencionado unos días antes de que yo viniera a Los Ángeles. Las lágrimas invaden mis ojos antes de darme cuenta, apreciaba la llamada de mis amigos pero no se comparaba en nada con tenerlos frente a mí y recibir un cálido abrazo por parte de ellos.

No me arrepiento de estar aquí, en absoluto, pero sé que sería bastante duro si no fuera por la ayuda de Edward que me hace sentir como si este fuera mi hogar. No había tenido tiempo de extrañar a mis amigos y a mi papá hasta ahora, la escuela, el trabajo y Edward me lo habían impedido. Mi mamá había estado aquí hace pocos días pero al parecer ella también era pésima recordando fechas y eventos, incluso el cumpleaños de su propia hija.

— ¿Bella?

Me giré al instante para encontrarme con el rostro inexpresivo de Edward, se veía inquieto. Limpié las lágrimas de mi rostro al tiempo que intentaba sonreír de manera creíble pero no estaba segura de si él había escuchado mi conversación o no.

—Edward, yo estaba por preparar el desayuno —dije.

— ¿Es tu cumpleaños? —preguntó con incredulidad.

— ¿Escuchaste todo?

—No quería ser imprudente pero no todos los días recibes una llamada de tu familia. ¿Por qué no me dijiste que era tu cumpleaños? —se veía herido. Normalmente me habría molestado con él por escuchar a hurtadillas pero su expresión me desarmó por completo.

—Porque yo tampoco lo sabía —respondí con una mueca, no me gustaba admitir mi falta de retención de información.

—No debería sorprenderme —dice Edward soltando una carcajada.

Frunzo el ceño hacía él pero Edward se limita a tomarme entre sus brazos y planta un beso en mis labios, siento como mi cuerpo comienza a despertarse de verdad. Mi tristeza se esfuma en cuanto veo la sonrisa que curva los labios de mi novio.

—Debiste haber anotado un recordatorio o algo por el estilo. Te habría comprado un buen regalo con anticipación —suelta Edward con frustración.

—Puedes colocarte una cinta, eso contaría como regalo de cumpleaños.

—Quiero darte algo que aún no tengas —responde pensativo.

—No tienes que darme nada, en serio.

—Shh —dijo acallando mi boca con su dedo índice—. Un cumpleaños no es nada sin regalos. Así que esta fuera de discusión.

Enarqué una ceja pero él me ignoro deliberadamente, sabía que sería en vano pedirle que no me comprara nada por lo que preferí volver a la cocina a hacer el desayuno. Tanya regreso en aquel momento tenía el mismo aspecto perfecto que la primera vez que la vi, había ido de compras y cargaba un par de bolsas que debían contener ropa o zapatos o las dos cosas. Dejé a Edward platicando con su prima mientras yo me alistaba para ir al instituto.

—Déjalo ya, Edward —le ordené con frustración.

—Sigo sin poder aceptar que hayas olvidado que cumplías años este día. ¡Solo tengo haya las 11:59 de hoy para conseguirte un buen regalo!

Como todos los días, Edward me había traído hasta la Universidad pero no me permitió bajar hasta que no le dijera más cosas sobre mí como referencia para poder comprarme algo. Este tema de mi cumpleaños ya me tenía harta pero Edward se veía entusiasmado, como si usará la situación de pretexto para darme un obsequio. Lo miré con enfado.

—Dejaré que te las arregles solo —sentencié antes de bajar del auto.

— ¡Te quiero! —alcanzó a gritar cuando la puerta se cerraba.

Una sonrisa cruzó por mis labios y permaneció allí el resto del día; obtuve una A perfecta en mi ensayo, y todo gracias a Tanya. Mi día mejoró cuando Edward volvió por mí al término de las clases y regresamos al apartamento, donde me esperaba la mejor sorpresa de todas.