Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

LA CONVENIENCIA DEL AMOR

OUTTAKE

Sam entró como una tromba en la sala de descanso del personal del hospital.

—¿Quién coño es Emily Clark? —rugió al grupo de mujeres que reían mientras acababan de abrochar sus uniformes.

Un silencio atronador cayó sobre las mujeres que le observaron atentas antes de dirigir la mirada a la joven morena que le daba la espalda.

La joven se envaró rígida antes de voltearse a verle.

—Yo soy la doctora Emily Clark —espetó con severidad.

—¿Y se puede saber qué coño estás haciendo aquí, en lugar de ir a ver a tus pacientes? —gruñó iracundo ante el asombro de las enfermeras y médicas allí presentes.

—Disculpe, señor… —dijo la joven interrogante.

—Uley —respondió él con rudeza —Doctor Sam Uley. Jefe de cirujanos de la tercera planta de este hospital —explicó con arrogancia.

Las mujeres alrededor de Emily se irguieron sorprendidas. Todo el mundo había escuchado todas las alabanzas que se le habían hecho al doctor Uley, cuando le habían nombrado jefe de cirujanos dos meses atrás, pero no muchos le conocían personalmente. Y sin una bata médica que lo señalara como tal, pocos imaginaron que se pudiese tratar del más respetado cirujano del hospital.

Se hablaba mucho del doctor Uley, sin embargo, todas tuvieron que reconocer que lo que se decía de él, no parecían más que leyendas urbanas.

El médico era tan guapo como se le describía y su porte era masculino y avasallante, pero la increíble amabilidad y carisma que se suponía le caracterizaban, no coincidían con el hombre iracundo que les enfrentaba.

Las enfermeras que acababan de comenzar su turno, no envidiaban en nada a Emily.

—Doctor Uley —repitió Emily sin dejarse intimidar—Mi guardia ha comenzado hace… —dijo mirando el reloj en su muñeca —dos minutos. Si usted me permite, ahora mismo iré a informarme sobre las pacientes, pero debo decirle que no se me ha informado de ningún caso especialmente delicado, en virtud de lo que ha dejado advertido el doctor Clapp, quien acabara su guardia esta mañana.

—Pues permíteme decirte, doctora Clark, que mientras tú y tus amigas estáis aquí cotilleando sobre vuestra última cita caliente —rugió haciendo sonrojar a las mujeres reunidas —la paciente de la sala quinientos uno, está gritando desesperada pidiendo calmantes.

—Los calmantes son administrados por las enfermeras de guardia, doctor Uley —espetó Emily furiosa —Si no se le administran calmantes a una paciente, es probable que se deba a que el médico que lleva su caso no los haya prescripto —rugió entre dientes confrontándolo.

—¿Y para qué coño estás tú si no es para prescribir calmantes a una mujer que lleva seis horas en labores de parto?

Emily inspiró y espiró profundamente antes de hablar.

—En el momento que me haga cargo de su caso, doctor Uley, tomaré las medidas necesarias. Hasta tanto, le ruego que haga sus reclamaciones al médico que estuvo atendiendo a su esposa hasta el momento —espetó intentando mostrarse calma ante lo que intuía eran los nervios de un padre primerizo —Disculpe —dijo sin más, saliendo de la sala sin esperar respuesta alguna.

Sam se volteó a ver la salida furiosa de la mujer mientras las mujeres detrás de él se deleitaban observando su trasero respingón enfundado en unos vaqueros oscuros que le calzaban como guantes.

Se consideraba un hombre tranquilo y amable, pero cuando había entrado en la habitación de Bella para verla retorcerse presa de una contracción, se había sentido poco amistoso.

Edward le había informado que llevaban toda la noche con dolorosas contracciones, pero el médico de guardia le había denegado, hasta entonces, los calmantes.

Sin pensarlo dos veces había caminado a grandes zancadas hasta el mostrador de enfermeras donde le informaron que era la doctora Emily Clark, la médica de guardia.

Emily Clark, llevaba tres meses en el hospital de Seattle, al que había sido trasladada desde Los Ángeles, con excelentes recomendaciones.

Él había escuchado que era una excelente obstetra, y también había oído que era hermosa aunque inaccesible, pero no había estado preparado para la belleza morena y de ojos increíblemente negros y profundos que se había encontrado.

Al acercarse a la sala de descanso y vestuarios había escuchado las risas de las mujeres allí reunidas, y se había enfurecido al verlas departiendo sobre, según las palabras de la enfermera pelirroja, el más caliente y superdotado médico de podología, que alguna vez había entrado al hospital.

Con su malhumor alcanzando cotas inimaginables, había insultado a la doctora incluso antes de saber quién era.

Pero se había sentido endurecerse cuando ella se había volteado impasible y le había enfrentado con valentía y frialdad.

No entendía qué le enfurecía más, si saber que Bella estaba sufriendo sin que nadie hiciese nada, o si era ver a esa deliciosa mujer tratándolo condescendientemente, aún luego de confundirlo con un padre primerizo.

Resoplando caminó tras ella, pero para cuando la alcanzó, la joven ya se encontraba en la habitación de Bella, quitándose los guantes de látex que había utilizado para examinarla.

—No has dilatado lo suficiente —explicó la joven a la pareja —, pero después de pasar la barrera de los dos centímetros, las cosas suelen ponerse un poco rápidas —agregó con una sonrisa tranquilizadora.

—¿Cuánto tiene de dilatación? —preguntó Edward con su mano entrelazada en la de su mujer.

—Apenas un centímetro y medio.

Bella gimió mortificada.

—¿Hay algo que podamos hacer para acelerarlo?

—Intenta relajarte tanto como te sea posible. Prueba a caminar un poco e intenta respirar profundamente cuando sientas llegar las contracciones. Unos masajes en la baja espalda como habéis ensayado en las clases de parto, también ayudarán a soportar el dolor.

—¿Cuánto tendría que tener de dilatación para que me pongáis calmantes? —preguntó Bella con la voz ronca.

—Unos cuatro centímetros, tres tal vez —explicó Emily ganándose un gemido de su paciente.

—¿Cuatro centímetros y solo llevo uno y medio? —gimió escondiendo su rostro contra el pecho de su marido.

—Te prometo que se volverá más rápido —aseguró la joven con una sonrisa que buscaba transmitirle confianza. —Vendré a verte en una hora, a menos que necesites algo antes —dijo la joven abandonando la habitación después de dedicarle una mirada despectiva a Sam.

Él la siguió con la mirada y no pudo alejar la vista ni aun cuando la puerta estuvo cerrada tras ella.

—Es guapa —dijo Bella desde la cama mirando a su ex novio con una sonrisa burlona.

Sam volvió en sí mirando hacia Bella.

—¿Quién? ¿Esa doctorcita antipática?

—Pues yo solo vi una doctora caliente —le corrigió Edward mientras sus manos acariciaban el vientre de su mujer.

—Y te dedicó una interesante mirada —agregó Bella.

—Ya podría hacer bien su trabajo sin que alguien tuviera que ir a buscarla —discutió Sam engreído —Creyó que yo era un padre quejándome por mi mujer cuando solo estoy reclamando la atención médica que cualquier hospital debería brindar —gruñó.

Bella y Edward se miraron uno a otro con entendimiento.

—Ahora entiendo su agradable sonrojo al descubrir que en realidad no estás aquí acompañando a una esposa —Edward le guiñó un ojo a su mujer cuando Sam les observó con interés.

—Puff, como si me importase —dijo el joven con desdén —Esas doctorcitas recién llegadas harían cualquier cosa por conseguir algo con un jefe —agregó arrogante.

Edward le dedicó una mirada risueña y burlona a su mujer.

—Apuesto lo que quieras a que no eres capaz de conseguir una cita con esa doctora —le retó.

Sam estrechó su mano después de pensárselo un poco.

Una vez más, tres meses después, Edward perdió su apuesta.


Aquí dejo este Outtake. Sé que no es el que esperabais y es probable que a muchos les decepcione, pero en esta historia me enamoré un poco de Sam por lo que quise darle también un final feliz.

Espero que os guste si le dais una oportunidad.

Como siempre, Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.

Gracias por leer y por acompañarme en una nueva historia.

La próxima historia que comenzaré a subir es TU VENGANZA, MI PENITENCIA. No será tan dulce y tranquila como ésta pero espero que quede bien. El primer capítulo espero subirlo el próximo miércoles.

De momento, os dejo un pequeño adelanto:

—No entiendo, Vicky. ¿Cómo puedes estar embarazada? —le observaba la castaña incrédula.

—Oh, Bella —lloró la chica recostándose en su hombro.

—Cuéntamelo, Vic. Cuéntame de quién es. Sé que encontraremos una solución.

Victoria la observó sonrojándose culpable.

—Oh, Bella —volvió a soltar el llanto.

—Venga, Vic, dímelo. Eres mi mejor amiga y te adoro, Vic, no voy a juzgarte…

—Dios, Bella —sollozó —Es de Edward —dijo por fin.

—¿De Edward? ¿Qué Edward? —inquirió confundida y aterrada.

—Edward. Tu Edward. Edward Cullen.

Bella dio un respingo y se alejó de ella con los ojos repentinamente llenos de lágrimas.

—¿De Edward? —susurró —¿Te acostaste con Edward?

—Sí, Bella —lloró la chica acongojada —Lo siento, Bella, lo siento tanto… Perdóname, por favor…

Os recuerdo que os podéis pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, para novedades, adelantos y juegos sobre mis historias.

Gracias a todos una vez más.

Besitos y nos seguimos leyendo!

Natalia: Me dejaste un review pidiéndome que me comunicara con tu e-mail, pero no tengo tu dirección de correo. Si puedes comunícate conmigo a mi correo kikicullenswan(arroba)Hotmail(punto)com