Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi
Marido & Mujer
por
Freya & Sakura
¡Hola, chicos! Volvimos una vez más con "Marido & Mujer" para ustedes. Disculpen la demora, hemos estado prácticamente todos los días escribiendo un poquito para volver a actualizar de nuevo. Les comentamos que las actualizaciones de ahora en adelante serán cada tres semanas para que no nos atrasemos de nuevo. Estamos casi acabando el fanfiction, así que suponemos que esta es la última vez que los haremos esperar. En fin… ¡que disfruten de la lectura!
Segunda Parte
Capítulo 16: Perfeccionando ciertas técnicas.
Aunque el calor fuera intenso y estuviera subiendo cuesta arriba una empinada montaña, en lo único que podía pensar era que por fin lograría dejar atrás los humillantes días como P-chan. No más burlas y nunca más alguna lunática intentaría convertirlo en su mascota colgándole al cuello un estúpido dije. Inevitablemente una media sonrisa se formó en su rostro al recordar a Azusa y la paliza que Ukyo le había dado a la muchacha.
—No debimos traer el negocio, Ukyo —comentó algo agitado cargando el carrito mientras observaba el desolado lugar, era imposible que encontrasen algún cliente.
La muchacha sonrió radiante. —Era necesario… tenemos que reponer el dinero que utilizamos para comprar el mapa —espetó completamente decidida a duplicar o triplicar los gastos.
Arqueando levemente una ceja le dedicó una escéptica mirada, no había forma en que lograran eso en medio de la nada. —Etto… tal vez debimos tomar un camino que pasara por un lugar más poblado —espetó riendo tontamente.
Ukyo miró a su alrededor. —¿Tú crees? El mapa decía que cerca de aquí hay un pueblo —se justificó buscando el papel que un joven chino proveedor de Cologne les había ofrecido a un precio muy poco módico.
De reojo observó a su novia, un leve rubor teñía sus mejillas. No necesitaba ser muy perspicaz para notar sus intenciones. Motivado por un creciente ardor se acercó a ella tomando una de sus manos entre las suyas. —Debiste decírmelo —murmuró guturalmente clavando una intensa mirada en los ojos azules de Ukyo—, debiste decirme que además de acompañarme en busca de una cura… tú querías pasar tiempo a solas conmigo —espetó soltando su mano para tomarla en un rápido movimiento por la cintura.
Ukyo frunció el ceño haciéndose la desentendida. Era cierto que había pensado en eso pero jamás iba a admitirlo. Su relación no había pasado de algunos besos, ella estaba buscando la forma de avanzar un poco más. —¿De qué estás hablando Ryoga? Te dije que te ayudaría a encontrar el lugar porque tú eres muy desorientado —masculló mirando de reojo al muchacho.
—Etto… no es necesario que finjas más… yo… prometo no tener ningún percance esta vez —murmuró ruborizado llevando una de sus manos a la nuca mientras reía nerviosamente.
—¿Percance lo llamas a tu ataque de hemorragia cada vez que ves más allá de mi escote? —preguntó divertida la muchacha de cabellos castaños mirando perspicaz al joven de la bandana.
—Oe… no es mi culpa que me sorprendas de improvisto con… con ya sabes cosas así —bufó frunciendo levemente el entrecejo—, no deberías burlarte —añadió resentido.
—¡Es… es muy normal! Somos… somos novios… y yo creo que eso es normal que suceda —espetó jugando con sus dedos levemente sonrojada.
Flash Back
La tarde estaba muy fría. Había decidido cerrar el restaurante un par de horas antes por falta de clientela. Además sería bueno estar a solas un poco más con su novio. La muchacha de cabellos castaños se dirigió sonriente en dirección a su habitación donde había dejado al muchacho comiendo algunos okonomiyakis de cena.
—¿Están buenos? —preguntó coqueta sentándose a un lado del chico.
—Ha… hai… co… como siempre —balbuceó nervioso. Se le hacía bastante complicado controlar a su creativa imaginación cuando ella soltaba su cabello y cambiaba sus acostumbradas ropas por un vestido—. ¿Por qué estás vestida así? —preguntó mirando de reojo el leve escote.
Sin dar lugar a ninguna sutileza la muchacha abrió su escote repentinamente desprendiendo tres botones a la vez para dejar ver el inicio de sus redondeados senos. —Ryoga… yo ya estoy lista para… tú sabes —sonrió pícara mirándolo fijamente. Sus ojos exhibían un brillo radiante.
El leve calor que recorría su cuerpo al observar a la muchacha vestida tan femeninamente se convirtió en una hoguera al ver una parte considerable de su escote.—U… Ukyo… tú… tú… entonces tú… —balbuceó tontamente; el calor se hacía cada vez más intenso y comenzaba a sentirse mareado. Con hasta el último de sus músculos preso de la tensión se acercó con dificultad hacia ella—, qui… quieres que yo… —murmuró mirando deseoso a la muchacha. Rápidamente su mente comenzó a trabajar ideando una escena en la que Ukyo se quitaba toda la ropa y se arrojaba sobre él—. U… Ukyo… yo… ¡yo también! —exclamó antes de caer desmayado.
La muchacha se acercó a él para zamarrearlo de una forma poco delicada. —¡Ryoga! ¡Ryoga! —exclamó sacudiendo el cuerpo inanimado del muchacho—. Diablos otra vez lo mismo—suspiró para sí volviéndose a abrochar los botones—, creo que la próxima tendré que ser un poco más sutil — murmuró para sí arrastrando al muchacho sangrante hacia el restaurante.
Fin del Flash Back
—No tengo la culpa, por cualquier pequeñez terminas desmayándote —comentó la chica algo resignada—, pero… tengo que intentar otros métodos contigo, de alguna forma lo lograré, Ryoga —murmuró mirándolo coqueta.
Avergonzado miró hacia un costado, sus mejillas tenían el mismo color que una manzana madura. —No… no fue una pequeñez… y… yo… yo no me esperaba que hicieras eso tan rápido —murmuró sintiendo como el calor comenzaba a apoderarse de su cuerpo—. ¿Qué… qué métodos? —preguntó reprimiendo su imaginación para no caer nuevamente preso de sus fantasías y perder la consciencia en el peor momento.
—No voy a decírtelos… son secreto mío —respondió Ukyo guiñando un ojo acercándose al joven para rodear con sus brazos su cuello—, pero estoy segura que va a funcionar, o dejaré de cocinar mis okonomiyakis —espetó decidida con una sonrisa radiante.
Rodeándola con uno de sus brazos por la cintura la acercó entusiasta hacia él. —¿Quieres enseñármelos ahora? —preguntó, dejando de lado el nerviosismo, clavando una intensa mirada en la muchacha—. Podríamos acampar aquí —propuso acercando decidido sus rostros, dejándolos tan cerca que podía sentir perfectamente el cálido aliento y acariciante aliento de Ukyo tentándolo.
—Creo que es buena idea —sonrió Ukyo estrechando aún más el abrazo haciendo que sus senos quedaran ceñidos al torax musculoso del muchacho.
Antes que pudiera continuar con sus planes una pareja muy peculiar apareció frente a sus ojos. Eran Shampoo y Mousse. Este último parecía que había perdido sus gafas porque tropezaba con cada obstáculo que encontraba, la jovencita china no se inmutaba de sus múltiples heridas y avanzaba rápidamente por el camino escarpado.
—Ukyo no perder el tiempo —pronunció a modo de saludo una burlesca Shampoo—, pero ser entendible que tú necesitar atrapar de una vez a chico cerdo —añadió frunciendo levemente el entrecejo al notar de reojo que Mousse chocaba contra un árbol.
—¡Shampoo! ¿Dónde estás? —exclamó el cegatón dirigiéndose intempestivamente a la pareja para abrazar efusivamente a la muchachita de cabellos castaños—. ¡Ryoga, idiota! ¡ya tienes una novia, deja la mujer de otros! —exclamó indignado asestándole un golpe al joven de la bandana. A pesar de que no veía nada había conseguido derribar prácticamente al joven del colmillo que aún estaba atontado por aquel contacto íntimo con su novia.
—¡Baka! ¡No soy Shampoo! —chilló Ukyo empujando al joven chino. Algo irritada se acercó a la amazona. —¿Qué diablos están haciendo aquí? ¿No tienen nada mejor que hacer? —preguntó molesta ya que una vez más habían sido interrumpidos en la mejor parte.
—¡Óyeme, qué demonios te pasa! —refunfuñó Ryoga reaccionando rápidamente para tomar por la túnica al otro muchacho. Le haría pagar por interrumpirlos.
—Nosotros viajar con el negocio —comentó mirando suspicaz a la muchacha de ojos azules. No había forma en que confesara que habían comprado un mapa que los llevaría a una 'sucursal' de Jusenkyo—. ¿Ustedes no hacer lo mismo?
—Nosotros también… ¿pero por qué decidieron venir justamente aquí? —preguntó la jovencita de cabellos castaños—, algo me dice que me estás mintiendo Shampoo —desconfió mirándola de reojo.
Mientras tanto Mousse y Ryoga intercambiaron algunos puñetazos y miradas fulminantes.
La amazona se cruzó de brazos, frunciendo levemente el entrecejo miró a Ukyo. —¿Y por qué razón escoger ustedes este lugar? —preguntó arqueando levemente una ceja—. Además parece que ustedes ir de expedición y no por negocios —añadió indicando la inmensa mochila que cargaba Ryoga.
—Y Mousse parece que va al polo sur —ironizó Ukyo al ver al cegatón arrastrar una mochila y otros bultos más que parecían una tienda y bolsas de dormir—. ¿Piensan expander el Nekohanten? ¡je! A mi no me engañas… ¿qué están tramando? —increpó Ukyo.
—No ser asunto tuyo… además Shampoo creer que tú también estar tramando algo, ser raro que Ukyo escoger el camino con menos clientes —espetó clavando su mirada en el rostro de la otra muchacha, estaba segura que también le escondía algo.
Las mejillas de la ojiazul se enrojecieron en el acto. Enérgicamente movió los brazos en señal de negación. —¡No sé de qué rayos hablas! Me contaron que la ciudad que linda estas montañas tiene un pueblo con muchos turistas en esta época ¡tendré una muy buena venta! —se justificó algo nerviosa.
—Temee, si vuelves a confundir a Ukyo con Shampoo una vez más voy a matarte —gruñó Ryoga esquivando de un salto los cuchillos que rápidamente lanzaba Mousse— ¡No podían tomar otro maldito camino! —exclamó lanzándole una serie de patadas que también fueron esquivadas por el otro muchacho.
—¡No tengo la culpa de que tú, baka, te interpongas en el camino de mi esposa y mío! —chilló Mousse intentando asestar un golpe en el joven de bandana que parecía más ágil luego de su último entrenamiento. El mapa que llevaba en uno de sus bolsillos cayó al suelo cerca del campo de batalla junto a otro papel muy parecido.
En menos de un segundo la amazona dejó de prestarle atención a Ukyo al notar que su esposo había dejado caer el mapa. —¡Tonto, Mousse! —chilló acercándose rápidamente para luego golpear con su bombori la cabeza del muchacho—. Si no tener más cuidado, Shampoo tomar medidas —masculló clavando una fulminante mirada en él antes de agacharse y recoger el mapa, tomando también el otro papel—. ¿Dónde conseguir esto? —preguntó frunciendo el ceño al notar que el contenido de éste era similar al de ellos—. Estúpido vendedor decirme que ser el único —bufó cruzándose de brazos.
Rápidamente Ukyo se acercó a la otra muchacha para ver de cerca lo que había tomado del suelo. Frunciendo el ceño le quitó de improvisto el mapa que Ryoga tenía guardado en su mochila. —¿Qué crees que estás haciendo? ¡Métete en tus asuntos, niña! —se molestó sin percatarse que la otra joven tenía un mapa muy parecido.
—Esperar un segundo —espetó Shampoo volviendo a quitarle el mapa a Ukyo—, ser idénticos… aunque más bien parecer que están conectados, ¡estúpido vendedor, Shampoo matarlo! —protestó frunciendo el entrecejo, no le gustaba mucho la idea de tener que continuar el viaje con ellos.
—¡Eso no puede ser! —exclamó Ryoga acercándose rápidamente luego de dejar fuera de combate a Mousse—. Nos dijo que era el único mapa… maldito idiota —masculló haciendo sonar sus nudillos al comprobar que lo dicho por la chica era verdad.
—Y parece que le falta una parte —terció Ukyo mirando ambos mapas atentamente—¿Realmente existirá esto? —murmuró desconfiada observando a lo lejos dos siluetas muy conocidas. Eran Soun y Genma cargados con unas mochilas enormes y un pequeño bulto sobre una de ellas. Seguramente se trataba del ancianillo degenerado. Era la frutilla que le faltaba al postre.
Los molestos rayos del sol iluminando insistentemente su rostro la hicieron abrir pesadamente los párpados. Un intenso rubor cubrió sus mejillas al notar el brazo de su esposo rodeando posesivamente su cintura, no pudo evitar que sus labios se curvaran en una traviesa sonrisa al recordar que la primera vez que habían estado en esa habitación ella le había dicho que sería hombre muerto si se acercaba.
—Y ahora es todo lo contrario —susurró dejando escapar una suave risita. No podía negarlo, la sensación de sentir cada detalle de su cuerpo desnudo pegado a su espalda era algo realmente tentador. Moviéndose lentamente giró hasta quedar frente a frente con el dormido muchacho—. ¿Vas a dormir todo el día, Ranma? —susurró divertida delineando con la punta de sus dedos los bordes de su rostro—. Aunque puedo entender que estés agotado… —murmuró sintiendo como el ardor en sus mejillas crecía, ambos habían cumplido su promesa: no habían salido de la habitación en toda la tarde del día anterior y sólo consiguieron conciliar el sueño hasta el amanecer.
Ranma se irguió sosteniendo a la chica para colocarla sobre sus piernas. —Tal vez un poco, pero ya recuperé bastante energía… no subestimes a tu esposo —sonrió divertido besando la nariz de la chica—, estuvo increíble —murmuró ronco mirándola intensamente. Sus dedos recorrieron el contorno del rostro de la chica con delicadeza. —Ohayou —agregó por lo bajo besando la mejilla de su esposa.
Ella le dedicó una dulce sonrisa antes de besar levemente sus labios. —Buenos días —pronunció acomodándose perezosamente entre sus brazos—. No te subestimo… me demostraste muchas veces cuánta energía posees ayer —comentó dedicándole una pícara mirada—; te veías tan cómodo durmiendo que pensé no querrías despertar todavía —añadió deslizando suavemente sus dedos sobre uno de los brazos del muchacho.
—¡Je! Tú también tenías mucha energía koishii —murmuró ronco depositando un pequeño beso en sus labios—. ¿Estás bien? —preguntó mirando sus ojos chocolate mientras entrecruzaba su mano con la de ella.
Rápidamente asintió mientras sus mejillas se teñían de un intenso color carmín. —Yo… hai…aunque me duele el cuerpo como si hubiese entrenado duramente y por muchos días —comentó esbozando una traviesa sonrisa—, pero valió la pena —pronunció dulcemente acariciando la mano de su esposo—. ¿Cómo estás tú? —preguntó esbozando una media sonrisa.
El joven de la trenza sonrió egocéntrico. —Para nada… ¿por qué me dolería algo? Soy Ranma Saotome, koishii —afirmó mirando hacia un lado. Realmente estaba agotado por la noche anterior, y sentía un fuerte dolor muscular pero no lo iba a admitir para su esposa.
Arqueando levemente una ceja observó con detención al muchacho, el que no fuera capaz de mirarla a los ojos lo delataba por completo. —Cierto, había olvidado eso, Ranma Saotome nunca se cansa y es normal que no le duela nada luego de hacer todo lo que hicimos anoche —comento levemente ruborizada al recordar la inagotable energía de la que disponían el día anterior. Tomándolo por la quijada lo obligó a mirarla a los ojos—. Dímelo otra vez porque recuerdo que lo último que dijiste antes de quedarte dormido como un tronco fue que si seguíamos acabaría contigo —agregó sacándole la lengua.
Ranma bajó los hombros resignado ya que la muchacha lo había vencido por esa vez. —De acuerdo, tal vez me duele un poco el cuerpo… pero pronto pasará —sonrió convencido—, de todas formas admito que fuiste una muy buena compañera de entrenamiento, realmente acabaste conmigo anoche —murmuró gutural besando uno de los lóbulos de su oreja.
Los labios de la chica se curvaron en una traviesa sonrisa. —Entonces tal vez podríamos tomar un baño caliente… los dos… ya sabes dicen que sirven para los dolores —comentó llamando inmediatamente la atención de su esposo que parecía bastante entusiasmado con la idea—, aunque tal vez prefieras que te de el mismo tratamiento que di a tus rasguños ayer…y creo que ahora tienes más… —murmuró sonrojada al notar el estado en que había dejado al muchacho luego de las apasionadas sesiones del día anterior.
—La idea es excelente —sonrió Ranma besando las comisuras de sus labios—, podríamos hacerlo ahora mismo, y me encantaría recibir aquel tratamiento, fue muy efectivo —agregó guiñándole un ojo a la chica recorriéndola intensamente con la mirada. Sus manos se colocaron en su cintura para ceñirla aun más a su pecho—, te ves muy bien así —opinó acariciando su rostro.
—Oye, si seguimos así no saldremos de esta habitación hasta volver a Nerima —protestó débilmente con las mejillas teñidas completamente de rojo. Comenzaba a pensar que se estaba volviendo una completa pervertida porque no podía dejar de pensar y desear hacer el amor con Ranma—. ¿No vas a ofrecerme ningún tratamiento especial, baka? —preguntó moviéndose despacio, acomodándose a horcajadas sobre el muchacho.
—El mismo de ayer creo que es una buena opción —rió divertido mirando de reojo las esposas —, es más… ¿creo que te gustó mucho mi idea, na? —preguntó mirándola intensamente.
De un momento a otro se sintió súbitamente acalorada. —Pervertido —murmuró mirando hacia otro lado para evitar la mirada de su esposo que la hacia desear con todas sus fuerzas que volviera a usar aquellas esposas robándole toda posibilidad de movimiento, llevándola a la locura entre sus brazos—, no creas que voy a dejar que me domines tan fácilmente otra vez… estaba distraída —bufó inclinándose suavemente para acercar sus labios a los del muchacho—, te aprovechaste de eso, Ranma… —agregó mordisqueando tentadoramente su labio superior.
—¿Estabas distraída? ¡ja! Estabas muy atenta a lo que iba a hacer… recuerdo muy bien, koishii —sonrió comenzando a recordar.
Flash Back
Ya estaba anocheciendo, Ranma y Akane yacían semi tendidos en la cama matrimonial del hotel de Kyoto. La jovencita de cabellos cortos apenas estaba vestida con la camisa roja del muchacho y Ranma con su ropa interior. Habían gastado demasiada energía, pero aún ambos persistían luego de la ardiente mutua entrega de amor. Tenían mil y una ideas para aplicar en esa pequeña instancia en el hotel.
El joven de la trenza, suspirando, se ladeó para observar a la jovencita. —Tengo una propuesta… ¿aceptas? —sonrió Ranma besando el hombro de la muchacha—, estoy seguro que te va a gustar mucho… solo tienes que decir sí —murmuró ronco con una media sonrisa en su rostro.
Ella se irguió levemente apoyándose sobre sus codos, volteando el rostro clavó una juguetona mirada en el rostro del muchacho. —No puedo aceptar si no me dices de qué se trata —comentó divertida antes de sacarle la lengua.
—Es una idea muy buena, tienes que aceptar… cuando lo escuches te va a encantar, confía en mí —guiñó un ojo empezando a buscar entre sus cosas un objeto.
Sentándose en la cama lo observó registrar una y otra vez sus cosas. —Si dices que me va a gustar… creo que podría aceptar —pronunció sonrojada, comenzaba a sentirse una pervertida al no poder controlar las ansias por probarlo todo aquella noche.
Finalmente Ranma sacó una bolsa y de allí un par de esposas. —¿Esto te recuerda a algo? —preguntó mirándola intensamente a medida que se acercaba a ella a paso lento.
—¡Estás loco si crees que voy a dejarte usar esas cosas! —exclamó sonrojada poniéndose rápidamente de pie para ponerse a una distancia prudente de Ranma—. ¿Ya olvidaste lo que pasó la última vez? No creo que Ryoga-kun venga desde Nerima para ayudarnos —bufó cruzándose de brazos.
—¡Oe! No tienes por qué mencionar el nombre de ese cerdo en nuestra luna de miel —espetó algo molesto al recordar la impertinencia del muchacho antes de cortar las esposas—, esta vez estoy preparado, tengo las llaves —sonrió sacándolas de la misma bolsa para luego colocarlas sobre un estante alto de un aparador que su esposa no llegaría por sí sola—, no tienes escapatoria —sentenció mirándola fijamente.
El rostro de Akane enrojeció aún más si es que esto era posible. —¿Qué no tengo escapatoria? Deja de hablar tonterías, no he dicho que aceptara… sólo que podría hacerlo y ya te dije que no vas a usar conmigo esas cosas —bufó alejándose instintivamente un par de pasos.
—Eso lo vamos a ver —sonrió de medio lado el ojiazul acortando la distancia entre ambos una vez más. Sus pasos eran lentos y firmes—¸aunque intentes escapar voy a alcanzarte, koishii —murmuró ronco.
Las mariposas en su estomago despertaron y comenzaron a revolotear intensamente gracias a la intensa mirada y a aquella arrogante sonrisa que tanto le gustaban. —¿Y qué harás cuando me atrapes? —preguntó moviéndose ágilmente hacia el otro costado de la habitación—. Aún tengo suficientes energías como para hacer que te rindas y que acabes tú esposado —comentó esbozando una traviesa sonrisa.
—No creo que tengas tanta energía como tu esposo —susurró avanzando un poco más rápido hasta quedar a tan solo un par de pasos de la chica—, lo que te haré solo lo sabrás si dejas que coloque estas esposas en tus muñecas —sonrió divertido avanzando un paso más.
Una juguetona risita escapó de su garganta. —¿Y qué te hace pensar que no seré yo quien te ponga las esposas, baka? —preguntó alejándose cautelosamente en dirección contraria al muchacho, observándolo con detención trato intuir cuál sería su próximo movimiento.
Ranma saltó ágilmente donde estaba su esposa para acorralarla contra la pared en menos de un santiamén. Sonriente colocó ambos brazos a los lados de la chica. —Te atrapé —sonrió radiante.
Mordiendo suavemente sus propios labios le dedicó una mirada que insinuaba claramente que estaba dispuesta a que hiciera lo que quisiera con ella toda la noche. —¿Qué esperas para esposarme, anata? —preguntó en un sensual susurro acercándose más al muchacho consiguiendo que sus pechos rozaran suavemente su duro torso.
Ante aquel íntimo contacto Ranma se quedó prácticamente convertido en una piedra. —Yo… yo ¿qué me decías? —balbuceó notablemente sonrojado comenzando a recrear una serie de imágenes muy sugerentes. Entre ellas veía a su esposa vuelta una salvaje pidiéndole por más. Un escalofrío recorrió su espina de pies a cabeza.
—Bajas la guardia muy rápido, Ranma —murmuró mordisqueando suavemente el labio superior del muchacho antes de empujarlo y alejarse a una distancia considerable—, la próxima vez voy a esposarte —pronunció entre risas sacándole la lengua.
—No vas a escapar de mí —murmuró guturalmente el muchacho de la trenza acechando a su mujer como si se tratara de una presa. En menos de un segundo la tuvo entre sus brazos nuevamente, esta vez tomó el recaudo de ceñirla a su pecho y mantener el autocontrol a pesar de la cercanía íntima de sus cuerpos.
Con la respiración agitada fijó su mirada en la del muchacho. —No quiero escapar de ti… he notado que te gusta…perseguirme —murmuró besando levemente sus labios—, aunque creo que podría escapar nuevamente —añadió dedicándole una traviesa sonrisa aunque no tuviese deseos de hacerlo.
—¿Estás segura qué podrías lograrlo? —preguntó sonriente dejando que la chica se separara un par de centímetros de él. Sabía que ella no escaparía, deseaba tanto aquello como él. Menos tensas, sus manos recorrieron lentamente la espalda de la muchacha.
La sonrisa en sus labios aumentó, volviendo a acercarse a su esposo mordisqueó lentamente su labio inferior. —¿Estás dudando de tu esposa? —preguntó apenas separando sus labios, estremeciéndose de deseo al sentir como sus manos bajaban suavemente.
—No… pero tampoco deberías dudar de la habilidad de tu esposo —respondió guiñándole un ojo—, entonces lo que yo pensaba era cierto, realmente te gustó la idea que pensé —sonrió mirándola fijamente.
Con un rápido movimiento barrió los pies del muchacho haciéndolo caer pesadamente al piso. En menos de un segundo se recostó sobre él. —Ni tú de las mías… y creo que me seduce más que seas tú el que termine atado —pronunció mirando de reojo las esposas que habían caído a escasos centímetros de ambos—, no te imaginas todo lo que haría contigo… —agregó moviendo su cuerpo lentamente sobre Ranma.
El muchacho de la trenza sintió su pecho moverse por la agitación del momento, miles de imágenes sugerentes comenzaron a formarse en su mente al pensar lo que su esposa podría estar tramando. Pero no podía dejarse abatir, él sería el que dominaría la situación: colocaría las esposas y su esposa tendría que dejarse. Algo abochornado movió sus manos débilmente para intentar asir las esposas, pero en vano ya que estaban demasiado lejos. —¿Qué… qué harías conmigo koishii? —preguntó algo nervioso pero a su vez perspicaz para intentar distraer a la chica.
Instantáneamente el rostro de Akane adquirió un intenso color rojo, se sentía una verdadera pervertida por todas las ideas que pululaban por su mente. Mirando hacia otro lado intentó frenar sus pensamientos para poder formular una respuesta. —E… eso lo sabrás cuando lo consiga —murmuró nerviosa.
Con una sonrisa radiante por la distracción de la muchacha aprovechó para moverse un poco más y tomar las esposas, en menos de un segundo logró cumplir con su objetivo: ahora estaba a su merced. —¡Yatta! —exclamó satisfecho ante su logro—, ahora eres toda mía —murmuró por lo bajo tomándola en brazos para llevarla hasta la cama y acostarla en esta—, no sé lo que harías conmigo… pero ahora verás lo que yo haré, koishii —agregó mirándola ardientemente.
—Oe… no fue justo —protestó débilmente sentándose sobre la cama, sintiéndose cada vez más tentada por la expresión deseosa de su esposo. Estaba segura que no lo engañaba, realmente deseaba con todas sus fuerzas que la dominara y hiciera todo lo que quisiera con ella.
—No te ves muy disconforme —sonrió el joven empujándola delicadamente para sentarse sobre ella a horcajadas. Es más, creo que la idea te está gustando mucho, como lo imaginé —afirmó con una media sonrisa. Con cuidado quitó la esposa de una de las manos de la chica sujetándola firmemente para que no intentara escapar, rápidamente la cerró en uno de los barrotes de la cama. A su lado había dejado la bolsa que tenía las esposas, de allí sacó otro par para encadenar su otro brazo. —Ahora sí —sentenció acomodándose mejor sobre ella.
—No sé qué te hace pensar eso —bufó volteando levemente el rostro intentando ocultar inútilmente el intenso rubor de sus mejillas—. ¿Y… ahora qué vas a… hacerme? —preguntó expectante volviendo a fijar su mirada en el rostro del muchacho.
Ranma se acercó a la chica mirándola penetrante a sus ojos chocolate comenzando a desprender los dos primeros botones de la camisa. Sus dedos rozaron con suavidad la piel de la jovencita. —Todo lo que se me ocurra… ya vas a enterarte —murmuró gutural acercando sus labios al cuello de la chica para besarlo y comenzar a lamerlo luego de desabrochar casi la mitad de la camisa.
—¿To… todo lo que se te ocurra? —susurró sintiendo que el ardor volvía a apoderarse de hasta la última fibra de su cuerpo—. Oe… y… tú… tú, ¿piensas que voy a quedarme quieta? —preguntó con dificultad, el leve y ardiente roce de su lengua sobre el inicio de sus pechos le dificultaba pronunciar palabras.
Subiendo la mirada la miró fijamente. —Lo dudo, pero con la ayuda de las esposas voy a mantener el control —sonrió radiante. Sus manos comenzaron a moverse por las curvas de la muchacha mientras sus labios se acercaban a sus senos que entonaban un delicioso vaivén gracias a su respiración agitada. —, ¿estás nerviosa? —preguntó mirándola divertido.
Un intenso escalofrío le recorrió la espina provocando un notorio estremecimiento en su cuerpo. —Yo… yo no estoy nerviosa… ¿por qué lo estaría? —preguntó mordiendo sus labios para reprimir los deseos de gemir que le provocaba cada una de sus tentadoras caricias.
—¿Porque no puedes hacer absolutamente nada y no sabes lo que te espera? —preguntó retóricamente con una gran sonrisa formándose en su rostro—, eres solo mía —pronunció cantado mientras terminaba de desabrochar la camisa y se acercaba a sus senos para comenzar a acariciarlos con su lengua.
—Ra… Ranma —pronunció en un intenso gemido que no pudo contener cuando sus labios se dieron a la tarea de rozar lánguidamente sus pezones, tentándola, insinuándole que estaba dispuesto a enloquecerla entre sus brazos—. No estoy nerviosa —murmuró moviendo ágilmente una de sus piernas rodeándole cadera—, tú también eres mío, baka —susurró acercándolo un poco más a su cuerpo.
—Claro, todo tuyo —sonrió acariciando con ardor las caderas de la muchacha—, pero ahora el que tiene todo el control soy yo, koishii —repitió con especial gozo las últimas tres palabras.—, ¿te está gustando? —preguntó para luego continuar recorriendo los senos de la muchacha arrancándole agudos gemidos y suspiros.
Los labios de Akane se curvaron en una traviesa sonrisa. —¿Tienes todo el control, anata? —preguntó rodeando sus caderas con ambas piernas para luego acercarlo hacia ella—. Yo… no lo creo —pronunció en un sensual murmullo levantando con suavidad sus caderas, permitiendo un íntimo roce entre sus cuerpos.
—Diablos… pero eso no se quedará así… —murmuró Ranma sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo ante aquel delicioso movimiento de su esposa. —, puedo hacer otras cosas que tú no… ¿sabes? —sonrió acariciando sus muslos tersos.
Ella mordió sus labios en un intento fallido por contener una pícara sonrisa. —Aún puedo hacer muchas cosas —pronunció dedicándole una sugerente mirada mientras subía y bajaba lentamente su pierna, rozando su cadera y muslos.
Un calor intenso recorrió el cuerpo del muchacho. —¿Quieres volverme loco, koishii? —murmuró bajando por el abdomen de la chica recorriéndolo con besos. —, te amo —suspiró apretando con sus dedos los muslos de la chica A continuación movió la camisa hacia los lados para poder tener un acceso completo al cuerpo de su esposa. Ahora estaba completamente desnuda, a merced de él.
El rubor en su rostro se hizo más intenso al observar el notorio deseo en la mirada de su esposo. —Yo… yo también te amo… —dejó escapar en un suave gemido al sentir sus labios deslizándose con pasión sobre sus caderas, delineándolos con la boca con si quisiera marcar con ésta su forma—. O… oye… no es justo que sigas vestido, baka —protestó en entrecortados gemidos.
—¿Quieres que me desnude tan pronto? Yo sabía que te iba a gustar mucho mi idea… —sonrió Ranma sin moverse siquiera para quitarse la única prenda que lo dejaría completamente desnudo.
La idiota sonrisa que le estaba dedicando la hizo fruncir el ceño. —Oye… aún no he dicho que me gustara tu idea —bufó volteando el rostro hacia un costado para evitar la divertida mirada de su esposo. Sabía que era obvio que le estaba gustando el ser sometida y torturada de forma tan deliciosa, pero no lo reconocería tan fácilmente—. Sólo dije que me parecía injusto que estuvieras vestido… y si quisiera verte desnudo… estoy en mi derecho… eres mi esposo —pronunció volviendo a fijar su mirada en el rostro de Ranma.
El muchacho tomó de la barbilla a la chica para que lo mirara a los ojos. —Estás en tu derecho… pero yo creo que lo mejor es decir la verdad, ¿no es más justo así? —guiñó para luego mirarla penetrante. Sus manos acariciaron las piernas de la chica apretándolas levemente en el recorrido—, voy a cumplir tus deseos cuando lo admitas —sentenció.
Un suave suspiro escapó de la garganta de la muchacha. —¿Mis deseos? —preguntó esbozando una media sonrisa—. Estamos así porque tú lo deseaste… y no sé que quieres que admita… —agregó dedicándole una sugerente mirada mientras volvía a atraerlo hacia su cuerpo.
Ranma bufó por la terquedad de la muchacha. Pero no se iba a dar por vencido tan fácilmente. —Estoy seguro que mis deseos son muy parecidos a los tuyos, nada te cuesta decirle a tu esposo lo loca que estás por que continúe con esto —murmuró ronco acariciando torturantemente uno de los senos de la muchacha con la punta de sus dedos.
Nuevamente se estremeció debajo suyo, los dedos de Ranma se movían de forma experta sobre sus pechos, apenas rozando sus pezones, demostrándole lo bien que había descubierto horas atrás cada una de sus debilidades. —Ba… baka… deberías saberlo… —exhaló en un sensual murmulló arqueando su cuerpo instintivamente, buscando fusionarse por completo a su esposo—. Si no te quitas la ropa… me las vas a pagar…
—Supongo que debería tomar esto como un sí —rió divertido Ranma ante la fogosidad de su esposa. Podía notar por su calor, sus movimientos y suspiros que estaba deseosa porque hiciera todo lo que quisiera con ella—, entonces tus deseos serán cumplidos —sonrió colocando sus manos en ambos laterales de los bóxers para quitarlos rápidamente. —, ahora estamos iguales —murmuró luego de desvestirse por completo.
Las mejillas de la muchacha se enrojecieron aún más, si es que esto era posible, al sentir el cuerpo completamente desnudo de su esposo en contacto con el suyo. —Tal vez ahora… empiece a gustarme un poco que me tengas atada, pervertido —pronunció recorriéndolo con la mirada.
—Entonces ahora se viene lo mejor —murmuró Ranma acomodándose sobre la intimidad de la muchacha—, estoy seguro que después de esto lo pedirás muchas veces —sonrió totalmente egocéntrico recorriendo con sus dedos las curvas de la chica. Lentamente bajó su rostro para mordisquear uno de sus hombros.
Complacida dejó escapar un suave gemido, llevada por el deseo volvió a atraparlo entre sus piernas, atrayéndolo luego lentamente hacia ella. —No voy a contradecir eso… mientras más cerca estás… comienza a gustarme mucho más tu idea —susurró girando el rostro para alcanzar al muchacho y mordisquear levemente el lóbulo de su oreja—, aunque no es justo que no pueda moverme...—suspiró deslizando su boca hacia el cuello de su esposo.
—Quizás en un tiempo deje que tomes mi lugar —sonrió divertido Ranma ante la situación. Adoraba tenerla solo para él y poder hacer todo lo que su imaginación le permitiera. Con sus labios húmedos continuó recorriendo el cuello de la chica mientras se acomodaba mejor sobre ella rozando su intimidad con la suya. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
—¿Quizás? —preguntó enarcando levemente una ceja consiguiendo que el muchacho fijara una pícara mirada en su rostro—. Lo haré…—murmuró manteniéndole la mirada volviendo a acercarlo con mayor deseo hacia ella, aumentando aquel delicioso roce que sabía perfectamente a dónde los llevaría, y esa idea la incitaba aún más.
Un escalofrío recorrió su espina y el calor que recorría su cuerpo se hacía casi insoportable con la cercanía de su esposa. —Eso lo veremos —contestó para luego sonreír de lado. Estaba seguro que después de este 'entrenamiento' especial su esposa pediría que repitiera varias veces la dosis.
Fin del Flash Back
—¡Je! Creo que cuando todo terminó me dijiste en voz baja que querías que se repita —sonrió orgulloso el joven de la trenza.
Ella volvió a erguirse para dedicarle una ceñuda mirada. —Oye, yo no dije eso… se… seguro quedaste imaginando cosas luego de todo lo que hice contigo aún estando atada —bufó mirando hacia otro lado, recordaba perfectamente sus palabras, pero no estaba dispuesta a repetir algo que había dicho en el calor del momento.
—Claro que sí, tú estabas muy convencida de que tu esposo lo hiciera una y otra vez… creo que eso fue lo que dijiste después —agregó mintiendo descaradamente con una sonrisa divertida.
—Deja de imaginar cosas, pervertido —comentó entre risas, moviéndose para recostarse al lado del muchacho—. Seguro en tu imaginación yo decía algo como… Ranma, no pares… Ranma… hazlo otra vez… quiero más… —susurró en su oído volviendo a reír nuevamente al conseguir que un intenso rubor coloreara las mejillas del chico.
—¡Oe! Yo… yo… yo no dije eso —murmuró notablemente avergonzado por las palabras de la muchachita—, ¿estás insinuando que soy un degenerado? —preguntó con el ceño fruncido.
—No… pero eres muy imaginativo —comentó dedicándole una burlesca mirada—, además dije que lo imaginaste no que lo dijeras… ¿seguro no lo imaginaste? —preguntó traviesa.
—No… no sé de qué hablas, yo nunca invento cosas —murmuró levemente sonrojado por las preguntas de la muchacha. Había imaginado eso y mucho más.
La traviesa sonrisa en que se curvaban sus labios aumentó considerablemente. Apoyándose sobre uno de sus costados volteó para observarlo. —No dije que las inventaras… sólo que tal vez lo imaginaste —sonrió deslizando uno de sus dedos sobre el torso del chico, delineando suavemente sus pectorales—, aunque tal vez… imaginaste algo más… —murmuró mirando de soslayo a Ranma, provocando que el cuerpo del muchacho se tensara rápidamente producto de sus palabras.
Ranma no pudo evitar sentir un calor intenso ante las caricias y palabras de su esposa. No iba a admitirlo tan fácilmente, después de todo tenía su orgullo. —Etto… creo que la que está teniendo la imaginación muy creativa eres tú, koishii… yo no dije nada —sonrió ciñendo la cintura de la chica para estrechar a la muchacha contra su cuerpo. Un estremecimiento recorrió su anatomía ante la cercanía con su tibio cuerpo y en especial sus redondeados senos en su torso—, y si lo hubiese imaginado… no te diría —agregó con una media sonrisa apoyando su barbilla en el hombro de la chica.
Complacida, se movió suavemente acomodándose entre sus brazos. —¿Seguro? —susurró en un sensual tono de voz atrayendo inmediatamente la mirada del muchacho—. Creo que puedo conseguir que me digas cualquier cosa… aprendí una buena técnica anoche… —añadió comenzando a recordar.
Flash Back
—¿Ya tienes sueño? —preguntó una divertida Akane observando a su esposo. Ambos estaban sentados en el sofá y tenía que admitir que sentía que las horas habían pasado muy rápido, ya era de noche y no habían salido ni un minuto de la habitación—. Por que yo estoy muy despierta —comentó esbozando una pícara sonrisa.
—¿Yo? Para nada… ¿qué te hace pensar que tengo sueño? —murmuró con una media sonrisa tomando a la chica de la espalda delicadamente para acostarla sobre su pecho.
—Sólo me aseguraba… necesito que estés muy despierto —sonrió volteando levemente el rostro para dedicarle una traviesa mirada—; supongo que la ropa que me regaló tía Nodoka es un buen incentivo para que estés despierto —añadió algo sonrojada, no podía evitar sentirse algo avergonzada por estar usando uno de aquellos conjuntos tan reveladores.
—Fue un muy buen regalo de ofukuro —murmuró levemente sonrojado el muchacho—, realmente muy buena idea de ella —agregó por lo bajo mirando a la jovencita que se veía radiante en aquel conjunto negro: consistía en una camisola y una pequeña pantaleta de encaje.
—¿Y te gusta más… que cuando estoy desnuda? —preguntó mirando fijamente al muchacho provocando un intenso rubor en sus mejillas.
Nuevamente, Ranma sintió un calor quemante en su cuerpo que lo consumía lentamente. —¡Yo… yo!... tú… tú sabes la respuesta —murmuró algo nervioso intentando relajarse, después de todo, eran marido y mujer. No podía perder tan fácil el autocontrol—, sabes que sí… prefiero verte completamente desnuda —soltó mirándola intensamente pero aún algo sonrojado.
Mordiendo suavemente su propio labio inferior observó al muchacho; en menos de un segundo y moviéndose ágilmente se sentó a horcajadas sobre sus piernas. —¿Y si no pudieras verme… te gustaría… es decir… sólo sentirme? —preguntó rodeando con uno de sus brazos el cuello del muchacho rozándole deseosa con los pechos el torso.
—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿crees que voy a dejarme tan fácilmente? —rió Ranma acariciando con ambos pulgares el rostro de su esposa.
Los labios de Akane se curvaron en una traviesa sonrisa. —También voy a esposarte —susurró sensualmente mordisqueando el labio inferior del muchacho—. ¿Por qué no te dejarías, baka? —añadió en un suave suspiro lamiendo lentamente su boca.
Ranma sintió un cosquilleo invadiendo su estómago ante la provocativa caricia de su esposa. —Por… porque solo yo puedo hacerlo… etto, además yo… yo no quiero sin hacer nada —murmuró por lo bajo algo sonrojado—, me volverías loco, onna —suspiró ronco.
—¿Y cómo vas a impedirme que lo haga? —preguntó dedicándole una desafiante mirada—, además estoy segura que te va a gustar… —murmuró antes de mordisquear lentamente sus labios.
Algo embobado correspondió a la caricia de la muchacha mordiendo levemente su labio inferior. Sin embargo, ante las palabras de la chica Ranma arqueó una ceja. —¿Con quién crees que estás hablando? Soy Ranma Saotome, puedo hacer de todo… tú sabes que soy muy habilidoso en todo lo que me propongo —sonrió egocéntrico.
Sonriendo de medio lado lo miró a los ojos. —Conozco tus debilidades… ¿crees que no puedo convencerte de cualquier cosa… ahora? —susurró en su oído mientras deslizaba una de sus manos por su torso en dirección a su cintura, recorriendo con lentitud cada centímetro de su piel.
Ranma sintió desfallecer su ego y todas sus fuerzas para impedir que la muchacha cumpliera con su objetivo. Sus mejillas enrojecieron aún más cuando la vio quitarse con lentitud y extrema sensualidad su camisola. —Yo… yo puedo hacer mu… muchas cosas —tartamudeó intentando resistir a los encantos de la jovencita.
Su sonrisa aumentó considerablemente al notar el evidente nerviosismo de su esposo, aquello sólo encendía aún su deseo de volverlo loco. —Yo también… puedo… hacer muchas cosas —susurró entre besos mordisqueando tentadoramente una y otra vez su boca.
—¿Cuáles, por ejemplo? —preguntó Ranma provocador mientras acariciaba las piernas de la muchacha.
Dedicándole una media sonrisa lo tomó por los cabellos para apartarlo levemente de su rostro. —Eso lo sabrás sólo si me dejas… hacer lo que quiera contigo —susurró mirándolo intensamente mientras comenzaba suave vaivén de caderas que estaba segura tendría excelentes resultados con su esposo—. ¿Te da miedo, Ranma? —preguntó volviendo a acercar sus rostro; podía sentir perfectamente el agitado vaivén de su pecho, estaba segura que le estaba gustando y mucho.
Ranma tiró hacia atrás a la chica para echarse sobre ella colocando ambos brazos en los costados de su cuerpo para evitar que continuara con aquel tema. —No tengo miedo… ¿por qué tendría? Solo quiero participar en el entrenamiento —murmuró provocador mordisqueando el hombro de la chica.
Una juguetona risita escapó de su garganta. —Tal vez te pone nervioso que sea yo quien lleve el mando del entrenamiento… y que tú no puedas hacer nada —susurró en su oído mientras sus manos se deslizaban rápidamente por su espalda en dirección a su cintura—, sólo dejar que me aproveche de ti… y haga lo que quiera contigo… una y otra vez… —murmuró en un sensual suspiro mientras bajaba lentamente la ropa interior del muchacho, acariciando con deleite cada centímetro de su piel.
—Es muy posible —murmuró ronco acercándose a sus labios para mordisquearlos levemente—, pero creo que no es una idea tan mala dejar que te aproveches de mí —murmuró por lo bajo con una media sonrisa separándose apenas medio centímetro de su boca.
Moviendo con delicadeza sus piernas terminó por desnudarlo por completo. —Estoy segura que luego me pedirás que me aproveche de ti… muy seguido, anata —susurró llevando una de sus manos a la nunca de Ranma acortando en menos de un segundo la escasa distancia que los separaba sellando sus labios en un ardiente beso.
Fin flash back
—Creo que tienes razón —murmuró Ranma levemente sonrosado al recordar las excelentes técnicas que su esposa le había demostrado—, y estás en un nivel muy alto —agregó con un hilo de voz mirándola intensamente.
—¿Estás admitiendo que soy mejor que tú en ese aspecto y que mis habilidades son superiores? —preguntó dedicándole una pícara sonrisa mientras deslizaba suavemente uno de sus muslos sobre las piernas de su sonrojado esposo.
Ranma sintió sus orejas enrojecer ante aquel movimiento provocador de la jovencita. —¡O… oe! Yo no… no quise decir eso… solo que estás a un nivel alto, cercano al mío, pero tampoco tanto —murmuró entrecortado pero con el ego cien por ciento intacto.
Riendo divertida golpeó con uno de sus puños suavemente el pecho de Ranma. —¿En serio piensas eso? —preguntó mirándolo a los ojos— Porque anoche no decías eso cuando yo… —susurró finalizando la frase en el oído del muchacho que a cada segundo que pasaba se ruborizaba aún más.
—Etto… yo… tú sabes que en el momento yo… —balbuceó para luego tomar de los hombros a la muchacha y mirarla fijamente—, me volviste loco, onna —espetó gutural acercando nuevamente sus labios a los de ella para rozarlos sensualmente. —, tal vez te permita que lo hagas una vez más —agregó levemente sonrojado.
—Baka, no tengo que pedir permiso para hacerte algo… eres mi esposo —espetó enseñándole el anillo que adornaba su mano izquierda—, sólo mío —susurró suavemente antes de mordisquear con deseo su labio inferior.
—En eso tienes la razón, puedes hacer lo que desees conmigo —murmuró Ranma levemente sonrojado totalmente hipnotizado por las palabras de la muchacha—, y de igual forma yo también puedo hacer lo que quiera con mi esposa… ¿na? —agregó ciñendo su cintura.
Ella besó sus labios lenta y brevemente, provocándolo haciéndolo desear el sabor de su boca. —Pensé que después de anoche lo tenías claro, Ranma… —susurró separando levemente sus rostros.
—Muy claro… —respondió embobado tomándola de la barbilla para probar nuevamente sus labios y prolongar la caricia por algunos segundos más.
Complacida correspondió a su beso, acariciando sus labios con lánguidas y envolventes caricias con las que hubiese deseado continuar por horas. —Aunque si no lo tenías claro… podría demostrártelo otra vez… en cualquier momento —comentó insinuante separando apenas sus labios.
—¡Je! Pero esta vez no me dejaría atar —respondió acercándose a la boca de la chica para lamer su labio inferior—, quiero mostrarte cuanto me supere después de todo el entrenamiento de ayer —agregó acariciando con ambos pulgares el cuello de su esposa.
Riendo juguetonamente se apartó del muchacho. —Eres un pervertido, deberías recuperar un poco más de energía antes de intentar aprovecharte de mí… no quiero acabar contigo —comentó sacándole la lengua mientras tomaba una de las camisas de Ranma que estaba sobre la cama—. Además ahora voy a darme un baño y luego deberíamos ir a comer algo —añadió cerrando la camisa, sintiendo sus mejillas enrojecer al notar la insistente mirada de su esposo sobre sus pechos.
Ranma se acercó nuevamente a la chica para besarle la nuca. —Entonces prepárate porque en unas horas más ya tendré toda mi energía para continuar —comentó con una media sonrisa para ponerse de pie
Poniéndose de pie cerró lentamente algunos botones de la camisa. —¿Entonces no vas a dejarme salir de la habitación, pervertido? —preguntó recorriéndolo de arriba abajo con la mirada. Tenía que admitir que al contemplarlo nuevamente completamente desnudo comenzaba a pensar en dejar de lado sus deseos de tomar un baño de agua tibia.
—¿No sería mala idea, na? —rió mirando fijamente a la muchacha—. ¿Te gusta lo que ves? —murmuró levemente ruborizado por la insistente mirada de la jovencita.
Nunca había sentido un ardor tan intenso en las mejillas, y aunque cada una de las reacciones de su cuerpo delatara lo mucho que le gustaba lo que veía, no estaba dispuesta a subirle el ego. —No pienses que voy a responder eso, desvergonzado —bufó desviando levemente la mirada en un intento por disimular la evidente atracción que le provocaba observarlo.
—¿Por qué no? Estamos solos, somos marido y mujer, estamos en nuestra luna de miel… ¿no tienes intimidad con tu esposo? —murmuró con una media sonrisa acercándose a la chica.
—¿Eso que tiene que ver? —bufó volviendo a fijar su mirada en el muchacho—. No pienso subirte el ego, baka engreído —comentó riendo divertida antes de avanzar con dirección al baño.
Ranma avanzó rápidamente hacia la muchacha para tomarla por la cintura por detrás y acercarla a su pecho. —¿Dónde crees que vas? —preguntó ronco en su oído.
Un intenso y delicioso escalofrío le recorrió la espina, lentamente giró hasta quedar frente a frente con él. —A tomar un baño… —susurró suavemente antes de ponerse en puntillas y besar con ligereza sus labios— y creo que necesito un baño de agua caliente… ahora… —agregó dedicándole una sugerente mirada.
El muchacho de la trenza besó el lóbulo de la chica. —Me parece una excelente idea para recuperar energías —sonrió acariciando los costados del rostro de la chica con ambos pulgares—, un buen baño de agua caliente —repitió mirándola intensamente.
—¿Lo estás tomando como una invitación? —preguntó rodeando con uno de sus brazos el cuello del muchacho—. Pensé que tardarías más en notarlo —comentó sonriéndole traviesamente.
—Es un derecho como esposo que me corresponde —respondió con una media sonrisa tomando a la muchacha de la cintura para ceñirla a su cuerpo—, aunque no me invitaras igual te acompañaría en el baño —agregó irreverente.
—Desde que nos conocimos lo has intentado, pervertido —comentó sonriendo traviesamente—. ¿Y qué otros derechos te corresponden? —preguntó repentinamente interesada al sentir el agradable calor de su cuerpo.
Ranma miró hacia el suelo pensativo. —Etto… ¡muchos! —respondió rápidamente para luego comenzar a pensar algunos—Por ejemplo… verte cambiar, dormir contigo… también decidir cuándo vamos a almorzar en casa o afuera de ella —murmuró lo último volteando los ojos. Lo único que quería es que su esposa no cocinara ningún día o lo menos posible. Rápidamente miró a la muchacha al recordar lo esencial—. ¡Y por supuesto… entrenar donde y cuando quiera! —exclamó mirándola intensamente.
—¿Dón… dónde quieras? —preguntó sintiendo un intenso ardor instalarse en sus mejillas. No podía dejar de pensar en una larga lista de lugares donde le gustaría "entrenar" con su esposo.
—Sí… ¿no te parece una gran idea? Soy muy imaginativo —sonrió mirándola intensamente—, ¿se te ocurre algún lugar en especial para nuestro próximo entrenamiento? —preguntó estrechándola nuevamente entre sus brazos.
Correspondiendo de igual forma a su mirada, y sin dejar que se apartara un milímetro de ella, retrocedió algunos pasos en dirección al baño siendo seguida por Ranma. —Creo que se me ocurre algo… solo tendremos que mantener caliente… el agua… —pronunció dedicándole una traviesa sonrisa.
—Creo que es una excelente idea, koishii —sonrió tomándola de las caderas pegándose a ella—, estoy seguro que después de esto estarás con menos energías que anoche —sonrió divertido mordiendo el lóbulo de la oreja mientras se dirigían al cuarto de baño.
Continuará
Notas de las autoras:
Creo que luego de lo que sucedió en el capítulo anterior nuestros muchachos están muy animados con mejorar sus técnicas. Además, al parecer van a tener muchos días para hacerlo, quieren probar de todo… qué cosas! *calor*.
¿Qué nos dicen de Ryoga y sus desmayos o sangrados repentinos? Pobrecillo… Ukyo no le da un tiempo, aunque creo que el muchacho debería fortalecer un poco su espíritu… je. En los próximos capítulos veremos como evoluciona este asuntillo…
Les comentamos que vamos a actualizar cada tres semanas para poder llegar a tiempo y no estancar la historia una vez más. La idea es terminar de publicarlo hasta el final.
Un beso, nos leemos prontito.
Sakura
Palabras en japonés
Etto: Interjección de duda (Uh?, ¿ah?)
Oe: Hey, oye
Hai: Sí
Baka: Idiota
Temee: significa tú pero dicho de una forma muy grosera y agresiva
Ohayou: Buenos días
Koishii: Amada, mi amor
Na: pregunta que siempre requiere de una respuesta afirmativa (¿no?, ¿cierto?) El na es usado por los chicos y el ne por las chicas.
Anata: Tú , pero también es el modo en que las mujeres se refieren a sus esposos (cariño, mi amor)
Ofukuro: Mamá
Onna: Mujer
