Disclaimer: Los personajes de Ruroni Kenshin no me pertenecen, son obra del maestro Nobuhiro Watsuki.
Capítulo 35
Megumi Takani
Megumi abrió los ojos poco a poco, sintió el cálido cuerpo de Sanosuke a su lado y volvió a sonreír. Se sorprendió cuando recordó que, según su planing, aquel día debía de dedicar doce horas al estudio y aún no llevaba ninguna, pero su sorpresa fue mayor cuando se dio cuenta de que le daba igual. Sonrió mientras le dedicaba una mirada a un dormido Sanosuke, en su rostro se dibujaba una expresión de tranquilidad y un ligero ronquido salía de su cuerpo. Estaba cansado y la joven supuso que no era para menos, por la ventana de la habitación del castaño ya se colaba la luz del crepúsculo. No habían salido de la habitación desde que entraron la noche pasada.
La pelinegra sintió su pecho arder, jamás se habría imaginado lo que suponía estrechar tanto su relación con Sanosuke. Durante aquel día había descubierto una faceta de sí misma que no conocía y un ligero rubor inundó sus pómulos al acordarse de todas las veces que habían hecho el amor.
Lentamente llevó su mano a la mejilla del dormido castaño, estaba un poco áspera, Megumi sonrió. Con cuidado se levantó de la cama y miró el desastre de ropa que tenía a sus pies, tomó su camisa y su falda y se la colocó.
— ¿A dónde vas?— La voz ronca de Sanosuke hizo que la joven se diera la vuelta.
— Pensaba estudiar un rato— confesó mientras se inclinaba en la cama y lo besaba.
— No piensas en otra cosa ¿Verdad?
— Pues he de decirte que te equivocas— susurró la joven. Sanosuke sonrió e intentó volver a atrapar los labios de Megumi, pero esta se hizo hacia atrás con una sonrisa, dejando que el castaño besara el aire— ¿No tienes hambre?— preguntó divertida.
— Ahora que lo dices...— Sanosuke se dejó caer en la cama suspirando— Podríamos ver si comemos algo ¿No?— sonrió— Mi padre me ha dejado comida para una semana.
— Supongo que tratándose de ti será el equivalente a la comida para un mes de un ser humano normal— Megumi se puso sus calcetas, sentada en la cama. Sanosuke no podía evitar sonreír mientras la miraba.
— ¿Quieres quedarte esta semana conmigo?— preguntó mientras apoyaba su cabeza en su brazo. Megumi se sonrojó— Puedo compartir mi comida y aquí nadie te molestará para estudiar, así yo también podría ponerme al día con el examen, ya que he decidido presentarme al final…— explicó mientras una sonrisa se iba dibujando en su rostro poco a poco.
— Sé que, si me quedo aquí, voy a hacer muchas cosas menos estudiar— respondió Megumi con el ceño fruncido. Sanosuke amplió su sonrisa y la tomó de brazo volviendo a tumbarla sobre la cama, el castaño se colocó sobre ella y dejó su rostro muy cerca del de la pelinegra.
— Vamos Kitsune… lo estás deseando— susurró— Llevamos más de un mes sin hablar por la estúpida pelea… y creo que después de lo de ayer no quiero dejar que te vayas muy lejos… de momento…— la besó y la joven respondió al beso. Entonces algo pasó por la mente de Sanosuke, con esfuerzo se separó de ella— ¿Me vas a contar lo que ha ocurrido con tus padres?— preguntó con el ceño relajado, Megumi suspiró y se incorporó de nuevo en la cama.
— Bueno… si quieres que me quede aquí tendremos que establecer unas reglas— comentó con una sonrisa pícara, Sanosuke alzó sus cejas al reconocer aquella frase— Primera—
— Nada de violencia— se adelantó el castaño mientras reía.
— Nada de pereza— corrigió la chica con una sonrisa— El examen es en veinte días y tenemos que estudiar, si quieres que me quede tendrás que seguir mi ritmo de estudio— Sano dibujó media sonrisa.
— Hecho.
— Segunda— Megumi sonrió— tengo que ir a mi casa, no voy a pasarme una semana con la misma ropa— dijo.
— Puedes ponerte la mía— Sanosuke con un tono de voz divertido.
— Sano, tengo unas necesidades de aseo personal…— dijo mientras fruncía el ceño. El chico volvió a reír.
— ¿Y tercera?— preguntó— Han sido siempre tres normas, y no me pidas que vaya con el uniforme arreglado, porque te aviso desde ya… de que no iré con uniforme…— aquella frase hizo que Megumi se sonrojara notablemente.
— Serás estúpido— dijo mientras le daba en el brazo. Sano rio— La tercera… es…— la pelinegra bajó su mirada— Que tengas paciencia conmigo…— el castaño se sorprendió.
— ¿Paciencia?
— Mis padres…— suspiró— Me cuesta un poco hablar de ellos— Sanosuke observó como las manos de la joven comenzaron a temblar casi imperceptiblemente— Puedo contártelo todo… pero el resumen es que siempre he pensado que tenía que estar a la altura de ellos y su forma de vivir me ha marcado la vida y yo…—
— Tendré paciencia— Sano no la dejó continuar mientras le tomaba la mano con una dulce sonrisa— Entonces… ¿Vamos a cenar y te acompaño a Odawara? Tienes que hacerte la maleta para esta semana— La joven le sonrió.
— Por mi perfecto— y volvieron a unir sus labios.
Sano sonrió en medio del beso y sintió que de verdad había alcanzado a Megumi, a la vez que pensaba que si alguien no lo paraba… aquel día ni iba a cenar ni iba a ir a Odawara…
Misao apretaba el bolso en su mano mientras que tapaba su boca con la bufanda, nerviosa. Miró hacia ambos lados de la calle y suspiró mientras volvía a mirar el reloj que decoraba la pequeña plaza que había junto a la estación… estaba tan nerviosa que se había adelantado 30 minutos de la hora fijada con Aoshi para verse aquella mañana.
Pensar en el hombre de hielo causó que un escalofrío la recorriera de arriba abajo, recordó el apasionado encuentro que compartieron en el pasillo del instituto la víspera de Navidad y sus manos comenzaron a transpirar de manera exagerada. Volvió a llevársela a la bufanda que rodeaba su cuello mientras fruncía el ceño.
Se encontraba en la pequeña plaza que había junto a la estación. Una fina capa de nieve cubría la calle y las ventanas decoradas con guirnaldas en las ventanas de la estación le recordaban que aún era Navidad.
La joven volvió a echar un vistazo al reloj que presidía la pequeña plaza. Suspiró y caminó de un lado hacia otro nerviosa ¿Qué le ocurría? Se sentó en uno de los bancos, pero en seguida se levantó y volvió a dar vueltas por la plaza.
Estaba nerviosa, muy nerviosa. La noche anterior Aoshi y ella estuvieron besándose hasta que a la joven le dolieron los labios. Por mucho que lo intentaba, le era bastante difícil convencerse de que aquello ocurrió en realidad. Tras el largo beso, el joven la acompañó hasta el Akabeko en el silencio de la noche y bajo la nieve que había decidido caer con fuerza.
"Mañana, a las 10. En la estación de Matsuda"
Aquellas fueron las palabras con las que se despidió de ella. Para después regalarle un fugaz beso en los labios y emprender la marcha calle abajo. Misao se quedó mirando su espalda hasta que giró la calle, donde el hombre de hielo le dedicó una última mirada con sus ojos azules que hicieron que su corazón se paralizara.
¿Cómo no iba a estar nerviosa?
Llevaba toda la noche sin dormir y su mente aún le decía, le gritaba, que todo aquello había sido un sueño, o una cruel ilusión fruto de su imaginación… Suspiró y volvió a sentarse en el banco. Apoyó sus manos en su mandíbula pensativa.
Tenía una cita con Aoshi el día de Navidad.
Había besado a Aoshi la noche anterior.
Él…
Cerró los ojos al sentir que su corazón comenzaba a latir acelerado en su pecho. No podía creerlo… ella ya se había rendido, había decidido dejarlo ir… olvidarse de él. Pero…
— Makimachi…— Una voz profunda sacó a la joven de sus pensamientos y la hizo dar un respingo. Alzó la mirada y pudo distinguir el enorme cuerpo de Aoshi Shinomori junto a ella.
Aquella era una de las pocas ocasiones que la joven Comadreja había tenido la oportunidad de verlo sin el uniforme escolar. Aoshi vestía un elegante abrigo negro sobre su imponente cuerpo elegantemente vestido.
— ¡Shi…Shi… Shinomori-kun!— tartamudeó una nerviosa Misao mientras se ponía en pie. El joven la miró— Yo… yo…
— Me alegra verte— dijo mientras desviaba sus ojos hacia el reloj que presidía la plaza con sus manos dentro de los bolsillos de su elegante abrigo. Misao quedó paralizada durante un segundo al sentir como su corazón daba un vuelco— ¿Llevas esperando mucho tiempo?
— No… en realidad no— respondió mientras dirigía sus ojos verdes al hombre de hielo, pudo distinguir que su tez se encontraba ligeramente enrojecida.
— Esto…— Aoshi se puso de cara a Misao y la miró, pero rápidamente desvió su mirada al sentir los verdes ojos de la joven sobre los de ella— ¿Qué… qué te apetece hacer?
— ¿Hacer?
— Sí… bueno…— Aoshi suspiró y se llevó una mano al pelo, ahora su sonrojo era realmente notorio. Misao no pudo evitar sonreír al ver sonrojado al conocido como hombre de hielo—Yo nunca…
— ¿Cómo llevas el examen de acceso a la Universidad de Tokio?— Misao sintió como sus nervios se iban calmando poco a poco, no podía negar que le gustó la imagen de Aoshi sonrojado. Comenzó a caminar.
Aoshi observó como la joven caminaba por delante de él, pero no la siguió. La ojiverde se giró y lo miró plantado en medio de la pequeña plaza cubierta de nieve. El pelinegro la observó, Misao llevaba su pelo recogido en su trenza, como siempre, vestía una gruesa parca verde oscuro sobre su ropa y una bufanda beige le daba muchas vueltas en el cuello.
— ¿Vienes?— preguntó la joven al ver que Aoshi seguía plantado en el mismo sitio.
— Sí— respondió mientras comenzaba a caminar hacia ella. Misao no pudo evitar tragar saliva al sentir aquella profunda mirada de los ojos azules de Aoshi. Caminaron hacia la calle principal en silencio.
— Bueno… no… me has contestado— la joven alzó su mirada del suelo y la dirigió al chico que caminaba a su lado.
— ¿Él qué?— preguntó mientras fruncía ligeramente el ceño.
— El examen— Aoshi alzó las cejas al acordarse de la pregunta.
— Bien…— respondió— Ahora que la fecha se acerca es cuando más preparado estoy— su voz era profunda— No entiendo como la gente se agobia tanto en estas fechas… si has dedicado una buena preparación durante los tres años que dura la secundaria superior… no hay ningún problema en aprobar— Misao no pudo evitar llevar una mano a su boca para ahogar una carcajada, Aoshi la miró con el ceño ligeramente fruncido— ¿He dicho algo gracioso?— preguntó sin sacar sus manos de los bolsillos.
— No… Shinomori-kun— la joven continuaba intentando retener la risa— Solo que eso es algo que solo puedes decir tú ¡Todo el mundo está agobiado con los exámenes finales! Y ya que te presentas al examen de acceso más difícil del país deberías de… no sé… estar un poco nervioso al menos— respondió.
— Bueno…más que nervioso me encuentro expectante— confesó— Este examen es lo que he deseado desde niño… así que supongo que eso puede compararse a los nervios.
— Pues no los expresas mucho— apuntó la joven— No pareces el típico aspirante a la Universidad de Tokio— Aoshi paró la marcha y la miró. Misao también paró. Volvió a mirarlo bien— Bueno… la verdad es que si lo pareces.
— ¿Y tú Makimachi?— Aoshi volvió a emprender la marcha— Tú te apuntaste al examen de acceso a la Metropolitana hace poco tiempo y no has estudiado tanto como yo… ¿no estás nerviosa?— la joven se quedó paralizada y miró al hombre de hielo.
— ¡Claro que estoy nerviosa!— respondió. Aoshi también paró de andar y se giró para mirarla.
— En ese caso… ¿No deberías estar estudiando?— preguntó. La cara de Misao enrojeció hasta los límites.
— Yo… yo… esto…— Misao dejó de hablar cuando vio que Aoshi dibujaba una sonrisa en su rostro.
— Te puedo ayudar— ofreció.
— ¿Qué?— preguntó sorprendida.
— ¿Cuándo es tu examen?
— El 22 de enero.
— Perfecto, el mío es el 30 de enero— dijo el joven.
— Pero… si tu examen es más importante y difícil que el mío— Misao frunció el ceño.
— Tendría ocho días para preparar los últimos detalles— Aoshi metió sus manos en los bolsillos de su abrigo mientras se acercaba lentamente a Misao. La joven tembló al ver como el joven se aproximaba a ella.
— ¿A dónde quieres ir?— preguntó cambiando abruptamente de tema, Aoshi la miró ligeramente sorprendido.
— No había pensado en nada— respondió escuetamente, Misao lo miró ligeramente decepcionada, echó un vistazo a su alrededor. Un tablón de anuncios llamó su atención y se dirigió hacia él. Pudo distinguir un cartel en el que se anunciaba la apertura del nuevo acuario de la ciudad, el mismo del que hablaron sus amigos el día anterior.
— ¿Has ido alguna vez al acuario?— la voz profunda de Aoshi la sacó de sus pensamientos. El enorme joven se había colocado a su espalda, muy cerca de ella.
— No…— respondió intentando controlar los latidos de su corazón a causa de la cercanía— ¿Tú?—preguntó.
— Si— respondió.
— Vaya…— Misao no pudo evitar sonar decepcionada— ¿Cuándo?— la joven se giró y lo miró curiosa. Aoshi Shinomori no daba la impresión de ser del tipo que visita acuarios.
— Cuando era niño, con mis padres— la ojiverde no pudo evitar sonreír.
— Eso fue hace mucho tiempo.
— Si…
— ¿Te apetece ir?— Misao no pudo evitar dibujar una enorme sonrisa en su rostro— Dicen que tienen una cría de ballena.
— Nunca me han llamado la atención esas cosas, pero… está bien— respondió desviando ligeramente la mirada.
Pusieron rumbo hacia donde se encontraba el nuevo acuario que había sido inaugurado hacía poco en la prefectura. Caminaron por las calles el uno junto al otro sin compartir mucha conversación más allá del lugar donde iban a verse para estudiar tras la vuelta de vacaciones. Misao no podía evitar estar nerviosa. A pesar de estar en una cita con Aoshi, el joven no había mencionado nada de lo ocurrido la noche anterior ni de que iba a ocurrir con ellos más allá de estudiar los exámenes juntos. Aoshi caminaba a su lado, serio, alto, con sus ojos azules clavados al frente con el ceño relajado.
Llegaron al sitio donde habían inaugurado el nuevo acuario y la joven de la trenza no pudo evitar abrir su boca impresionada. El recinto era enorme y mucha gente había aprovechado aquel día de Navidad para visitarlo.
— Cuanta gente…— susurró sorprendida.
— Vamos— la ojiverde miró al joven que la acompañaba y se sorprendió al notar como este, en un rápido movimiento, sacaba su mano del bolsillo de su abrigo y tomaba la de la chica.
Misao abrió los ojos con sorpresa al ver como Aoshi, tomándola de la mano, la instaba a adentrarse en el enorme recinto. Su mano era grande y cálida, la sujetaba con fuerza y decisión.
— Shinomori-kun… esto… ¿Está bien?— preguntó con un nudo en la garganta. Aoshi dirigió sus ojos azules a los de ella manteniendo su seria expresión de siempre.
— Si tú estás de acuerdo…— susurró. Misao miró sus ojos azules distinguiendo en ellos algo que se alejaba mucho de la frialdad a la que había estado acostumbrada durante tanto tiempo. Apretó la mano del joven.
— Sí— respondió. No pudo evitar que el calor recorriera su cuerpo al sentir como este le respondía el apretón ligeramente mientras caminaban.
La joven de ojos verdes comprobó que no se equivocaba, realmente no estaba soñando, ni su mente le estaba jugando una mala pasada, aquello era muy real. Sin duda, no iba a olvidar nunca aquel día de Navidad.
Sanosuke acarició con delicadeza la espalda desnuda de Megumi. Se quedó maravillado aprendiéndose todos y cada uno de los rincones del cuerpo de la futura doctora, su piel era blanca como la leche y el hundimiento de su columna la atravesaba desde la mitad de su espalda hasta la parte baja como la erosión de un río, tenía un minúsculo lunar que decoraban su omoplato derecho, no pudo evitar llevar sus labios hacia él y besarlo delicadamente mientras paseaba su mano por su suave cintura, pero la joven estaba tan cansada que aquello no la hizo despertarse, Sanosuke se incorporó y la observó con una ligera sonrisa en sus labios. A pesar de que la había convencido para quedarse en su casa para estudiar se sentía bastante mal, pues en los dos días que Megumi llevaba con él habían estudiado más bien poco.
Se encontraban en el salón, tapados con un futón de invitados que Sano había sacado de uno de los armarios de la entrada y la pelinegra se había quedado dormida boca abajo sobre su libro de química.
Haciendo acopio de fuerzas Sano salió del futón que había compartido con ella durante aquel día en el que se iban a dedicar a "estudiar". Se colocó algo de ropa y puso rumbo a su cocina para ver que podía preparar de cena. Abrió los armarios y sacó dos boles de fideos instantáneos, una sonrisa se dibujó en su cara al pensar en la reacción de Megumi ante aquella comida tan poco elaborada. Tardó cinco minutos en preparar los fideos y volvió a su salón, la imagen que se encontró lo hizo sonreír.
— ¡Tori-atama! ¿Por qué no me despiertas cuando me quedo dormida?— Una apurada Megumi ataviada con una de sus camisetas de frutas Sagara y con unos pantalones que también pertenecían al castaño, y que le venían enormes, se estaba haciendo un moño del que se le escapaban varios mechones de pelo, mientras intentaba establecer de nuevo su lugar de estudio en la mesa del comedor, decorada con un confortable kotatsu.
— Vamos Kitsune… estabas adorable durmiendo sobre el libro de química— La joven expresidenta sintió sus mejillas arder mientras golpeaba a Sano en el hombro.
— ¡Por muy adorable que te parezca, tengo que estudiar! ¡Recuerda las reglas!— dijo— En esta ocasión nos las estamos saltando sin compasión…— comentó mientras se llevaba una mano a la cara.
— Si… porque a pesar de llevarte a Odawara la otra noche… te empeñas en llevar ropa mía— Sano le dedicó una intensa mirada a Megumi, esta se sonrojó— ¿Cómo quieres que te deje estudiar si vas provocándome vestida con mi ropa?
— No tenía otra cosa a mano…— susurró— Si me bajas del piso de arriba sin pensar en que tengo mi maleta en tu habitación, donde están todas mis cosas… es invierno… y no voy a ir desnuda por la casa de tu padre— aquello lo dijo en voz muy baja y con el rostro totalmente coloreado de rojo. Sano dibujó una enorme sonrisa en su rostro.
— No estaría mal…— susurró mientras intentaba volver a acercarse a su novia.
— ¡No!— Megumi colocó una mano en el pecho al castaño evitando de esta manera su avance— Si no ponemos freno a esto, Sanosuke, no vamos a estudiar nada. Recuerda que el examen de acceso es muy duro— Sano suspiró y colocó el bol de fideos sobre la mesa con una sonrisa.
— Esta bien… me mantendré alejado un rato— dijo— pero será mejor que recuperes fuerzas— le tendió el otro bol de fideos— No soy tan bueno en la cocina como tú, pero supongo que con el hambre que tienes que tener no le harás ascos a los fideos instantáneos— En ese momento el estómago de Megumi ronroneó, Sano dibujó una sonrisa en su rostro, la joven se sonrojó.
— Servirá— dijo mientras lo tomaba y centraba toda su atención en los temas de química.
Megumi esparció un montón de apuntes sobre la mesa, sacó varios exámenes de acceso de cursos anteriores y todo lo que había recopilado de la academia a la que había decidido dejar de ir, pues tan solo quedaban dos semanas para el examen de acceso y su deber en aquel momento era estudiar… aunque se estaba arrepintiendo de aquella decisión, pues con Sanosuke casi no tenía tiempo para dedicarle al estudio. Sano la imitó mientras se concentraba en el inglés evitando con todas sus fuerzas que sus ojos se dirigieran a Megumi. Sabía que si tan solo la miraba no podría controlarse y volvería a buscar sus labios y su cuerpo con desesperación.
¿Qué era aquel sentimiento?
Sabía perfectamente que quería a Megumi, pero descubrir aquel deseo había afianzado mucho más sus sentimientos hacia ella… no concebía pensar en que en una semana tendrían que separarse. No quiso.
Suspiró mientras miraba uno de los exámenes de acceso de cursos anteriores y se dedicó a estudiar.
A pesar de haber dejado en "stand by" la preparación del examen de acceso, se alegró al comprobar que la mayoría de cosas que había estudiado durante los últimos meses continuaban en su memoria. Sonrió pensando que aquello de estudiar, a pesar de ser aburridísimo, no era tan difícil.
Un cómodo silencio inundó la sala de estar del castaño, hacía tiempo que había oscurecido y la sala estaba iluminada con la luz de la lámpara del techo, sonrió al ver que habían conseguido estudiar eficientemente durante varias horas. Los boles vacíos de fideos se encontraban a un lado de la mesa poblada de apuntes y bolígrafos, Megumi se encontraba concentrada en sus ejercicios de química, el castaño apoyó su mentón en su mano. Se permitió observar sus delicados movimientos, iba a acercarse de nuevo a ella cuando el sonido de su teléfono móvil hizo que diese un brinco. Lo tomó y su expresión cambió a una de sorpresa cuando leyó Mamá en la pantalla.
— ¿Quién es?— preguntó Megumi al ver que Sanosuke no descolgaba el aparato.
— ¡Se me ha olvidado completamente avisar a mi madre!— La futura doctora dibujó una mueca en su cara.
— Pues… supongo que este es un buen momento ¿No?— preguntó, Sano suspiró antes de descolgar el teléfono.
— ¿Sanosuke?— la voz de su madre se escuchó al otro lado de la línea.
— Mamá…— respondió el castaño mientras se llevaba una mano al pelo, despeinándose aún más— ¿Cómo estás?
— Pues preocupada… no he sabido nada de ti en tres días ¿No habías empezado a realizar el papeleo del traslado en el instituto?— preguntó— Me dijiste que ibas a preguntar antes de Navidad a tu tutor y que ibas a enviar los documentos— Sanosuke suspiró sonoramente.
— Sobre eso precisamente quería hablar…— el joven volvió a suspirar— Siento avisar de manera repentina, pero… al final he decidido que… voy a terminar el instituto en Japón y a hacer el acceso a la universidad de Juntendo— dijo al fin— ¡Siento marearte tanto Mamá! Pero… yo…— Megumi observaba detenidamente al castaño, que esperaba algún tipo de respuesta de su madre, al otro lado de la línea.
— Juntendo…— el susurró le costó ser escuchado a Sano— ¿Al final decides quedarte en Tokio?— el joven iba a hablar para darle una explicación razonable, pero Naname se adelantó— ¡No sabes la alegría que me das, hijo!— Sano dibujó una mueca en su rostro.
— Pero… no… ¿Tú no querías que fuese a los Estados Unidos contigo?— preguntó extrañado por la repentina felicidad de su madre.
— Hijo… yo quiero lo que tú quieras y te haga feliz— aquella frase hizo que el corazón del castaño se comprimiera— ¡Claro que me hacía ilusión que vinieses a San Francisco conmigo! Pero Tokio es una buena opción para ti, así estarás cerca de tu padre… él te necesita más que yo— confesó, Sanosuke seguía paralizado con su teléfono en la oreja— Me hacía ilusión… no te lo voy a negar… pero creo que hay una razón de peso para que hayas cambiado de opinión ¿Me equivoco?— La cara del joven se tiñó de rojo.
— ¿Qué?— preguntó.
— La jovencita de Odawara… ¿Ella va a estudiar en Tokio también?— Sanosuke se atragantó y comenzó a toser— ¿Sanosuke?— el castaño se recompuso y miró a una Megumi que le devolvía la mirada levemente sonrojada.
— Sí— dijo al fin serio— También está estudiando el acceso para Juntendo… quiero irme con ella— Sano escuchó un suspiro por el otro lado de la línea.
— Me alegro mucho hijo, seguro que no te equivocarás en tu decisión— Naname tenía un tono de alivio— Eres joven… si el sentimiento es fuerte, no me elijas a mí… ve a su lado y hazla feliz, sé que eres capaz de eso— Sano sonrió ante las palabras de su madre.
— Lo haré, no te quepa duda— respondió.
— Entonces… supongo que por lo menos Yahiko y tú vendréis de visita algún día ¿No?— preguntó interesada.
— Dalo por hecho— respondió Sanosuke.
— Te tomo la palabra, hijo. Cuida mucho de tu padre ¿Vale?
— Si… no te preocupes por Papá, cuidamos de él.
— Eso me alivia… te has convertido en un hombre maravilloso… estoy orgullosa de ti— confesó, aquellas palabras hicieron que el castaño quedara paralizado. Sintió alivio, alivio de poder estar manteniendo una conversación con su madre y alivio por ver que por fin podía expresar sus sentimientos por ella.
— Gracias Mamá
— Te quiero hijo.
— Hablamos otro día— se despidió el castaño.
— En primavera quiero ir— informó antes de colgar el aparato— Ya que vas a terminar tus estudios en Japón, no me quiero perder el día de tu graduación.
— Entonces te esperaré— sonrió.
— Hasta pronto hijo.
— Hasta pronto… — y el castaño colgó la línea. Sintió como el alivio inundaba su cuerpo lentamente. Megumi continuaba observándolo— Se lo ha tomado mejor de lo que esperaba…— dijo aún con el teléfono en su mano derecha.
— Me alegra mucho que hayas arreglado la relación con tu madre— La futura doctora lo miraba con una fina sonrisa en su rostro.
— Si…— Sanosuke dejó el teléfono encima de la mesa y dibujó una expresión triste en su rostro— A veces pienso que si me hubiese encontrado en su lugar… qué decisión habría tomado— confesó con un deje de tristeza— Quizás si te hubiese conocido más tarde y ya hubiese otra persona en mi vida… no podría asegurarte al cien por cien que no me iría corriendo detrás de ti sin importar lo que tuviese que dejar atrás…— los ojos castaños de Sanosuke se posaron en los de la pelinegra y la miraron con seriedad— Creo que ahora entiendo un poco mejor a mi madre y no puedo juzgarla, eso me ha ayudado a olvidar… y a perdonar…— Suspiró a la vez que echó sus brazos hacia atrás y miró hacia el techo— Es extraño… es como si toda mi vida anterior… no tuviese sentido ninguno, iba dando golpes al aire sin dirección…
— ¿Ahora tiene sentido?— Megumi apoyó sus brazos en la mesa y se inclinó un poco hacia el castaño, que le dedicó una enorme sonrisa.
— Ahora si— una carcajada salió de su boca— Y pienso en todas las estupideces que hice en el pasado y en lo que hice sufrir a mi padre y a Kao-chan… supongo que he madurado— se llevó una mano a la frente mientras sentía como sus ojos le ardían levemente— Souzo… él lo sabía… él sabía que yo solo era un niño indefenso y me protegió con su vida— No pudo seguir hablando. Megumi se había lanzado hacia él y lo abrazaba fuertemente, tenía su rostro escondido en el cuello del castaño y temblaba levemente— ¿Megumi?
— No sabes lo que lo siento— escuchó con dificultad la voz de la joven— perdóname.
— ¿Por qué?— Sano rio y pasó una mano por la espalda de la joven.
— Por lo mal que te he tratado— la pelinegra se apoyó en sus hombros y lo miró con lágrimas en los ojos— Desde el principio, no merezco nada de ti…— Sano sin quitar la sonrisa de su rostro llevó lentamente su mano a la mejilla de la joven y limpió sus lágrimas.
— Puede que no nos lleváramos muy bien al principio… pero eso era lo que más me atraía de ti— confesó, aquello hizo que Megumi sonriera levemente.
— Te esforzaste de veras por cambiar y yo no lo valoré…
— No te preocupes, al final conseguí mi objetivo— dijo mientras la abrazaba y la sentaba sobre su regazo, le guiñó un ojo. Megumi le dio un ligero golpe en el hombro y, para disgusto de Sanosuke, volvió a sentarse en el suelo.
— Supongo que… querrás saber lo de mis padres— la joven se encogió de hombros mientras apretaba sus manos en su regazo— Aunque en comparación con lo tuyo, quizás mis problemas sean una chiquillada.
— No es necesario que hables de ellos si no quieres— dijo el castaño con media sonrisa en su rostro— Recuerda las reglas, tendré paciencia— Megumi alzó ligeramente la mirada para posar sus ojos marrones oscuros en los de Sanosuke, suspiró antes de comenzar a hablar.
— ¿Sabes una cosa?— aquella pregunta hizo que Sanosuke frunciera el ceño ligeramente— Olvida las reglas.
— ¿Qué?— Sano dibujó una expresión de sorpresa en su rostro ante la frase que había pronunciado la Kitsune, iba a hablar, pero esta se adelantó.
— Mis padres son dos prestigiosos médicos del hospital de general universitario de Tokio— dijo— Son oncólogos, grandes eminencias dentro del mundo de la medicina y también… profesores de la universidad de Juntendo, a la que está adscrito el hospital— Sanosuke abrió sus ojos y miró atónito a su novia— ¿Te sorprende?— Megumi le dedicó una sonrisa— Por eso… bueno, por eso mi interés en entrar precisamente en esa universidad— Suspiró sonoramente y dirigió su mirada al techo del comedor de los Sagara, decorado por una lámpara cuadrada de la que colgaba un hilo para encenderla, tenía pinta de ser muy antigua— El trabajo de mis padres ha marcado siempre sus vidas y… la mía. Desde que era pequeña siempre he tenido claro que lo más importante para ellos era el trabajo y no había nada que les hiciese mostrar más interés que un caso de algún paciente determinado o de algo relacionado con el hospital o sus investigaciones en la universidad. Sus conversaciones siempre han sido sobre tumores, células cancerígenas u operaciones complicadas... Eso siempre los ha llevado a viajar por todo el mundo y hacerse cargo de una niña pequeña… bueno era algo que no tenía cabida en sus ocupadas vidas, por lo que a mí me crio mi abuelo en nuestra casa de Odawara, lejos de la bulliciosa ciudad y lejos de sus atareadas vidas— Su expresión se volvió triste, Sanosuke la miraba con interés— De vez en cuando viajaba a Tokio para verlos, pero estos siempre estaban ocupados y prácticamente la visita se reducía a un pequeño encuentro en una sala de espera del Hospital General. Siempre las he recordado muy frías… — Megumi sintió como Sanosuke atrapaba su mano, la joven la abrió y recibió la enorme mano del castaño, la tomó y la apretó, se fijó en las pequeñas cicatrices blancas que decoraban sus nudillos, pasó delicadamente sus dedos sobre ellos con una suave caricia, sin quitar sus ojos de la mano del castaño continuó hablando— Nunca he llegado a conocer a mis padres de verdad y… bueno, conforme fui creciendo descubrí cual era la única manera con la que conseguía hacerlos sonreír. Mis logros académicos y los del club de tenis— La joven levantó la mirada y la dirigió a un Sanosuke que la escuchaba atentamente sin soltar su mano— Siempre he pensado que si daba lo mejor de mí misma, ellos estarían orgullosos y me sonreirían siempre…— una lágrima cayó por su mejilla— Aunque la realidad con mi abuelo era muy distinta— confesó mientras una pequeña risa se le escapaba de los labios— él también era médico, muy conocido en Odawara y uno de los mejores, lo apodaban como el doctor Gensai y atendía a sus pacientes de toda la vida en una clínica familiar que tenía casi cien años… Él era como un padre de verdad para mí, me daba todo el cariño que mis padres ausentes eran incapaces de darme y me llenó de felicidad durante mi infancia, fue él el que me apoyó cuando le dije que quería jugar al tenis— una lágrima volvió a recorrer su mejilla— Cuando murió, sentí como mi infancia moría con él… — Megumi se limpió la mejilla con la mano que no tenía agarrada la de Sanosuke— Entonces algo cambió, no sé en qué momento me perdí… pero mi prioridad se volvió en ser la mejor en todo y ya no tenía el amor de mi abuelo que me traía de vuelta a la realidad cuando me perdía por el camino… Fue en ese momento cuando decidí esforzarme mucho por alcanzar a mis padres ya que había perdido a la persona más importante de mi familia.
La mirada seria y castaña de Sanosuke se clavó en los ojos de Megumi que continuaban mirando hacia el suelo, avergonzada.
—Mi vida se volvió solitaria y triste— continuó la joven— Tenía varias niñeras que se hacían cargo de mí… conocí a Aoshi en la escuela media y… bueno, como sabes él no es la alegría en persona… así que me centré en estudiar y en mejorar. El único lugar donde podía volver a ser la niña feliz que un día fui era en el equipo de tenis, con Shura, pero el empezar a competir en interescolares también hizo que incluso el tenis lo viese como un lugar más donde podía demostrar que era la mejor…— Sanosuke observó a Megumi, sus ojos tenían una mirada triste y su tono de voz era muy distinto al que la joven expresidenta siempre solía utilizar para hablar, aquel tono parecía más el de una niña arrepentida, como si acababa de ser descubierta haciendo algo malo y estaba dando las explicaciones de por qué lo había hecho, el joven afianzó su agarre y sin quitar sus ojos de ella la dejó continuar— Me presenté a presidenta del Consejo Estudiantil porque mi padre hizo un comentario sobre lo positivo que sería en mi entrevista personal de acceso a la universidad haber poseído un cargo de responsabilidad durante mi etapa de estudiante… por lo que el tenis, aquello que me ataba a mi abuelo, pasó a ser un pasatiempo que no tenía cabida en mi camino hacia la perfección y perdió valor. Siempre he pensado que si era la mejor y hacía todo lo que mis padres esperarían de mí… yo estaría a la altura de sus expectativas y volverían a sonreírme como cuando lo hacían cuando yo les entregaba mi informe de notas o los trofeos de los torneos de tenis… En todo lo que hacía tenía que ser la mejor, así tendría la aprobación de unos padres que siempre había visto como inalcanzables… y de esa manera, volver a recibir el cariño y el amor de un ser querido… como me lo daba mi abuelo— La joven suspiró y, para sorpresa del castaño, sonrió. Alzó sus ojos y le dedicó una intensa mirada— Entonces… apareciste tú— Ahogó una ligera carcajada, Sano no pudo evitar sonrojarse ligeramente— Y me demostraste que tanta perfección no me llevaba a nada y que me estaba perdiendo muchas cosas de la vida…
—Yo…—
— El día de la azotea— Megumi lo cortó— Había recibido una visita de mis padres, preguntándome por mi preparación del examen de acceso… ellos se habían puesto en contacto con el profesor Saito y le había dicho que mis notas no eran lo suficientemente buenas como para aspirar a uno de los primeros puestos en el examen de acceso de una universidad como Juntendo— explicó, su voz se llenó de un deje de tristeza y arrepentimiento— La primera visita que recibía de mis padres en meses y fue para llamarme la atención… Si no me esforzaba más, no lo conseguiría y eso los defraudaría… o eso me dijeron— Megumi miró arrepentida a Sano— Una enorme presión se instauró sobre mi espalda y… tú te habías convertido en mi punto débil, así que bueno… tomé la estúpida decisión de apartarte de mí… — la joven bajó la mirada— De verdad pensaba que vendrías a decirme lo estúpida que estaba siendo… que irrumpirías en mi perfección como hacías siempre y romperías mis esquemas de nuevo… pero no viniste— Sanosuke pudo notar la tristeza en la mirada de Megumi— Por eso el día de nochebuena vine a buscarte, porque por primera vez en mi vida… me di cuenta de que tenía que luchar por lo que quería de verdad... No puedo creer que no haya sido consciente de todo esto hasta el otro día… cuando descubrí que podía perderte para siempre… Me dio igual todo… la presión de mis padres por sacar una buena nota, el examen de acceso, la academia…— se llevó una mano a la frente retirándose el flequillo— y me di cuenta de que aquello no era lo que quería. Mis padres son como son, haga lo que haga yo no va a cambiar su forma de ser… por lo que creo que ya va siendo hora de hacer las cosas por mí misma y alcanzar las metas que me proponga sin buscar la aprobación de nadie. Me da igual no estar entre las mejores notas del acceso, me da igual lo que mis padres opinen sobre la forma en la que decido llevar mi vida, quiero ser feliz y de disfrutar de todo lo que me rodea… empezando por ti— Sanosuke continuaba mirado anonadado a Megumi, tragó saliva. No tenía palabras que decirle, pero todo había quedado mucho más claro de lo que jamás habría pensado. En aquel momento, todas las piezas que componían el puzle que era Megumi Takani encajaron a la perfección.
Recordó todo de ella, su forma de ser tan amable frente a los demás y esa faceta tan arisca y ácida que mostraba con él, la búsqueda de la perfección en todo lo que la rodeaba, su esfuerzo y dedicación completa hacia lo que hacía… tan solo era una niña pequeña que buscaba una sonrisa de sus padres ausentes. Se sintió identificado con ella, él tampoco podía alcanzar a su madre y eso lo llevó a buscar la respuesta en las peleas, en la adrenalina que le suponía meterse en líos o sentirse poderoso, en ese momento se dio cuenta de que no eran tan diferentes en el fondo.
— ¿Recuerdas la pregunta que me hiciste en septiembre? ¿Cuándo me llevaste a la clase de 2º F?— una fina sonrisa decoró el rostro de la joven.
— Si…— Sanosuke suspiró— Estuve un mes arrepintiéndome de ella…— confesó el castaño.
— Durante el festival escolar de 2º yo… estaba muy emocionada— explicó— Era la primera vez que organizaba un acto de aquellas dimensiones al que asistiría tanta gente de fuera del instituto y estaba deseando que mis padres vieran todo lo que había logrado. Ellos me dijeron que iban a asistir a ver el fruto de mi esfuerzo y dedicación durante tanto tiempo, pero… al final no aparecieron. Me mandaron un mensaje antes de que encendiéramos el fuego de la hoguera, disculpándose por no poder asistir e informándome de que a mi padre le había surgido una operación de urgencia… Tú mismo fuiste testigo de lo que me esforcé porque todo saliera perfecto, porque aquel evento fuese reconocido por todo el mundo y por qué mis padres fuesen testigos de lo que había conseguido…— la joven tragó saliva— Me sentí fatal… tan mal que… no me vi con fuerzas para dar el discurso de clausura y lo único que quería era salir de allí… Fue la primera vez que… me escabullí de mis responsabilidades y estaba avergonzada. Entonces volviste a aparecer haciéndome olvidar que mis padres me habían fallado, recordándome que acababa de besarme con un delincuente en una clase a oscuras y llena de gente— suspiró intentando ocultar su sonrisa— Al final siempre terminabas… sorprendiéndome— Megumi le dedicó una mirada llena de cariño, en ese momento, un cómodo silencio se generó entre los dos, pero la joven terminó rompiendo el contacto visual y soltó su mano de la del joven— Creo que he hablado demasiado…— dijo de repente mientras se sentaba bien frente a la mesa y tomaba de nuevo sus apuntes de ciencias— Siento aburrirte con mis desvaríos, soy consciente de que puede que mis motivos hayan sido bastante egoístas y en algún momento del camino me cegué y perdí el rumbo buscando la aprobación de todos sin pensar en los dem—
La joven no pudo seguir hablando, Sanosuke la había tomado del brazo separándola de la mesa de estudio y se lanzó hacia ella atrapando sus labios. La besó con necesidad y la abrazó contra su cuerpo, posesivo. Megumi correspondió al beso y pasó sus manos por el fuerte cuello del castaño sintiendo su cuerpo de nuevo tan cerca del suyo y causándole de nuevo todas esas sensaciones que estaban aprendiendo a descubrir juntos.
Volvieron a hacer el amor.
Pero aquella vez fue un poco distinta de las anteriores, pues ya no les quedaban más huecos ocultos ni resquicios por descubrir. Ambos jóvenes habían terminado de mostrarse tal y como eran, con sus dudas y miedos… asegurándose de que aquel sentimiento que tanto odio mutuo les generó al principio, se había convertido en lo más poderoso y puro que habían sentido en sus dieciocho años de vida.
Megumi tomó por las mejillas a un Sanosuke que se estaba internando en ella, se miraron a los ojos intensamente mientras sentía como sus cuerpos se fusionaban en uno solo y se cercioraron de que aquello era lo que más ansiaban y querían. Iban a continuar hacia adelante juntos, y a seguir descubriendo todo lo que la vida tendría para ofrecerles. Pues aquello, no era más que el principio.
N.A.
¡Hola!
Perdonad la tardanza, pero hoy ha sido un día largo. Bueno, espero haber esclarecido algo con este capítulo. Sobre todo, de Megumi…
Como siempre, me gustaría agradeceros por estar ahí, por vuestros comentarios y por ser tan fieles semana tras semana.
Cuidaos mucho
¡Nos leemos pronto!
hp-931
Próximo capítulo
Capítulo 36. El máximo esfuerzo
