Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Canción utilizada: Es importante que la escuchen cuando el capítulo lo indique.
Dream High OST English Version (en youtube): /watch?v=uYKeyEYY9C8
Recordatorios del capítulo anterior:
Mimi decidió no ir a Juilliard para debutar en Japón. Su papá no lo aprobó y fue a recriminarle a Joe, dispuesto a llevarse a su hija, pero entonces llegaron Mimi y Yamato, y entre todos convencieron a Keisuke de esperar un poco para que la castaña pudiera demostrarle que es capaz de lograr su sueño y debutar. Pero para demostrarlo sólo tienen el lapso de un mes. Los chicos pusieron todo su esfuerzo y en aproximadamente quince días ya tenían grabada la canción y ensayada la coreografía, listos para su debut. ¿El problema? Ninguna televisora quiere promocionarlos por el escándalo de Sora y Taichi con Min Fujisaki. Los días siguen corriendo y de su debut depende la estadía de Mimi en Japón.
Dream High
Entre altas y bajas
Un nuevo día había llegado a Tokyo y éste era muy importante para la Academia YG. Más específicamente para el director Yano, pues una vez cada dos años se efectuaban las denominadas clases públicas, en donde se les permitía la entrada a los reporteros de varios medios de comunicación para ver el desempeño de los alumnos del último semestre que estaban próximos a graduarse. Esto con el fin de mostrar al país el potencial de la institución, y por supuesto, aprovechar para adular a conveniencia y, ¿por qué no? También alardear. O por lo menos esa era la idea principal del director.
Dichas clases públicas duraban una semana entera, y esta mañana oficialmente iniciaría la jornada. La recepción de YG estaba repleta de reporteros y Yano personalmente se encontraba recibiéndolos a todos con una enorme sonrisa en el rostro.
– ¡Muchísimas gracias por venir, reportero Hyun! – dijo el director estrechando la mano del hombre. – Escuché que está próximo a casarse, felicidades.
– Gracias. – replicó Hyun, el encargado de la revista Pop Teen. – Estoy ansioso por ver a los alumnos.
Siguieron llegando más y más reporteros y Yano no cabía en su felicidad. A todos los recibía con halagos y muy buenos modales, cosa rara en él. Sabía lo que le convenía. Él podría ser de todo, pero no era idiota. Estar en buenos términos con personas importantes le había abierto caminos toda su vida.
– Oh, señorita Narsha, ¿entonces sí escribirá esa columna sobre mi papel como director? – preguntó el hombre, estrechando la mano de una distinguida mujer.
– Claro, comenzaré hablando sobre su labor en el artículo que escriba de YG. – afirmó ella amablemente.
– Es usted un encanto. – exclamó. – Ah, y veo un rostro nuevo por aquí. – dijo al notar a un hombre que no había tenido la oportunidad de conocer. – Bienvenido a la Academia YG, yo soy el director Yano, ¿y usted es?
– Buenos días, soy Kippei Yamaguchi, reportero de Stars Today. – se presentó.
– ¡OH! ¡Que bueno que esta vez nos concedió el privilegio de venir! – exclamó Yano, estrechando su mano. – ¡Ahora que están todos, es hora de empezar! Primero nos dirigiremos a…
– ¡E-espere! – dijo un hombre saliendo de entre la multitud de reporteros. – Y-yo también vengo de una revista.
Yano alzó una ceja, mirando extrañado a ese pobre sujeto. Venía cabizbajo y caminando torpemente, y lo peor del caso es que tartamudeaba. No parecía tener porte de reportero y le desagradaba a simple vista. Lo único que lo delataba como tal era su cámara profesional y el gafete que colgaba de su cuello. Sin embargo, le recordaba a alguien...
– Uhm… ¿y de que revista viene? – preguntó, dejando de sonreír por primera vez en la mañana.
– Ah… y-yo… espere… – dijo comenzando a hurgar en los bolsillos de su traje, tratando de encontrar algo.
– Si lo que busca es su gafete, permítame decirle que lo trae colgado. – aclaró el mayor.
– ¡S-sí! Eso. – dijo tomándolo y mostrándoselo.
Definitivamente, le recordaba al antiguo Joe Kido.
– Reportero Hirai, ¿su revista es "Fishing Time United"? – exclamó incrédulo y con socarronería. – ¿Por qué una revista de pesca vendría a hacer un reportaje a mi escuela?
– E-es que últimamente se han unido muchos jóvenes al hobbie d-de la pesca. – explicó el reportero. – Q-queremos hacer una sección para ellos con recomendaciones de música p-para escuchar mientras pescan y c-cosas afines. Escuché que aquí los estudiantes componen música y por eso m-me pareció adecuado hacer un artículo. – finalizó, extendiendo su mano. – M-mucho gusto.
El director Yano no pudo evitar poner cara de repulsión y total disgusto. Decidió no responder, puso los ojos en blanco, y después se giró y le dio la espalda por completo, ignorando así su saludo de mano para fijar su atención en los reporteros que, según él, sí valían la pena.
– Cómo decía, primero iremos a las aulas de canto, donde veremos...
Todos los presentes comenzaron a seguir al director mientras éste caminaba explicando el recorrido que darían durante toda la semana. El único que se quedó inmóvil en la entrada fue el encargado de Fishing Time, quien aún tenía su mano extendida, sin poder creer lo grosero que había sido ese hombre. Prácticamente había hecho como si no existiera.
El reportero al fin bajó su mano y tomó su cámara con firmeza. El director podía haberlo ignorado, pero él había venido desde muy lejos y no pensaba irse. Pasaría la semana de clases públicas en la Academia YG, merodeando por su cuenta.
::
Era horrible. Las malas noticias para Diam S seguían llegando y no parecía haber salida del túnel oscuro en el que estaban en estos momentos. Nadie quería promocionarlos. Y sin publicidad, nunca iban a debutar. Los seis chicos se encontraban en el cuartel de la clase especial como normalmente lo hacían en las tardes después de los ensayos. Aunque ahí tampoco dejaban de ensayar.
Yamato tocaba unos cuantos acordes en su bajo mientras Takeru le enseñaba algunos pasos complicados de la coreografía a Taichi. Por el lado de las chicas, las tres se encontraban sentadas en el sillón, con Hikari al centro. La menor llevaba consigo su laptop y estaba esperando a que un video se terminara de cargar.
– ¿Qué es lo que nos querías enseñar? – preguntó algo impaciente Sora. – Estás extrañamente sonriente…
– ¡Espera y verás!
– A Hikari le gusta hacerse la misteriosa. – aclaró Mimi, quien estaba cruzada de brazos, hundida en su nube gris personal.
– ¡Pronto quitarás esa cara de perro triste y me vas a amar! – aseguró la pequeña.
La Tachikawa alzó una ceja. Y ese simple gesto bastó para que Hikari prosiguiera.
– Se me ocurrió una gran idea de publicidad. – confesó emocionada. – ¡Y justo se acaba de terminar de cargar el video! ¡Pongan atención! – hizo una pausa y miró a los chicos. – ¡Niños! Ustedes también vengan acá. – los llamó.
Los tres jóvenes primero la miraron extrañados, pero decidieron no preguntar y todos se acercaron al sillón, situándose en lugares donde pudieran ver la pantalla de la laptop de la Yagami.
– Observen… – dijo la menor, poniendo el video a reproducir.
Comenzó con un chico normal que caminaba por una plaza muy concurrida. Éste entonces se situó en medio del lugar y de pronto una canción comenzó a sonar de fondo y él a moverse rítmicamente, llamando la atención de la gente al rededor. El chico continuó bailando por unos segundos más, y de repente se le unieron otras tres personas, bailando los mismos pasos. Después fueron viniendo más, más y más, hasta que terminó siendo un gran grupo de personas bailando en la plaza, siendo filmados y aplaudidos por todos los que se encontraban ahí.
– ¿Y... qué fue eso? – preguntó Taichi una vez que el video acabó.
– ¡Un flasmob! – replicó su hermana.
Por la cara de confusión que puso el moreno, se dio cuenta de que necesitaba más explicación.
– Verás…
Pero Takeru la interrumpió.
– Flasmob es significa "multitud instantánea", bobo. – aclaró el rubio. – Como viste en el video, es cuando se organiza un gran grupo de personas y se reúnen en un lugar público para comenzar a bailar espontáneamente, sorprendiendo a todos los que están ahí.
– Sí, e incluso las personas que participan están infiltradas en el público, así que la gente que no sabe nada siempre se asombra. – continuó Sora. – De hecho están de moda, recientemente la actividad ha sido utilizada como parte de campañas publicitarias de algunas marcas…
– ¡Exacto! – dijo Hikari sonriente. – Ese es mi plan. ¡Hacernos publicidad nosotros mismos! Sé que no es mucho, pero mínimo podríamos darnos a conocer localmente y si hacemos mucha promoción por internet, tal vez alcancemos popularidad. – explicó. – No hay que dejarle todo el trabajo al presidente Arukawa.
– Pues… es mejor que nada. – exclamó Taichi, tratando de convencerse.
– De hecho, no es una mala idea. – apoyó Yamato.
– Hmm… ¿pero no necesitamos a muchas personas que nos ayuden para hacer algo de tal magnitud? – habló Mimi, acompañada de su nube negra. – Sólo somos seis…
– Tienes razón… – dijo Hikari algo desanimada. – Y además de reunirlos, necesitaríamos ensayarlos para que se aprendan la coreografía.
Se escucharon suspiros de decepción.
– Creo que será más difícil de lo que pensábamos… – exclamó Sora.
– Exacto, no hay modo de que consigamos a tanta gente. – dijo Taichi. – Están nuestros compañeros de YG, pero no creo que quieran ayudar. Ahí tenemos más enemigos que amigos…
– Lo sé. – replicó la castaña menor. – No habría forma de convencerlos…
Pero entonces, Mimi se levantó del sillón con una sonrisa tan maquiavélica que causó escalofríos en todos los presentes. ¿Por qué la chica sonreía de ese modo tan… extrañamente aterrador? Además, hace tan sólo unos segundos lucía hundida en depresión.
– ¿Y a ti que rayos te pasa? – exclamó Takeru, algo asustado.
– Tal vez no tengamos que convencerlos. – dijo la Tachikawa, manteniendo su sonrisa.
– ¿A qué te refieres? – preguntó Yamato.
La chica le lanzó una mirada dulce.
– Siempre hay otros modos. – finalizó fingiendo una voz inocente.
::
Acababa de terminar el receso y una tranquila chica de cabellos color azabache se dirigía a su casillero a paso campante para recoger los libros que pertenecían a su siguiente clase. Llegó al lugar y abrió la puerta para tomar rápidamente lo que necesitaba y al cerrarla, claro fue el susto que se llevó al observar a Mimi Tachikawa recargada justo a su lado, mirándola de una manera extraña.
– ¡Tachikawa! ¿E-en qué momento apareciste? – exclamó la pelinegra, asustada. Estaba segura de que cuando llegó al casillero, ella no estaba ahí.
– Verás, es que… sucedió algo gracioso. – dijo Mimi sonriente, sin responder la pregunta de la chica.
– ¿Q-qué cosa? – la mueca en su rostro la estaba poniendo nerviosa.
– Ya ha pasado bastante tiempo, pero a la profesora Fujioka no le importa. – continuó la castaña. – Ella dice que quiere saber quienes fueron los que nos arrojaron huevos a mí y a Taichi cuando aún pertenecíamos a la clase especial…
La chica de cabellos azabache se tensó.
– Me dijo que todos los que participaron en ese acto barbárico merecían una sanción. – inventó Mimi, manteniendo su tono dulce de voz. – Y bueno, recuerdo bien que tú eras quien los encabezaba, ¿o me equivoco? – hizo una pausa. – Y lo bueno es que Taichi cuenta con memoria fotográfica, porque los recuerda a cada uno…
– P-por favor, no le digas a la profesora… – pidió preocupada la pelinegra. – ¡Ya tengo varias sanciones y podrían expulsarme!
Mimi se encogió de hombros.
– Le dije que iba a tratar de recordar. Aunque siempre puedo fingir Alzheimer… – dijo guiñando un ojo.
– ¡Gracias Tachikawa! – suspiró aliviada. – ¡Eres muy buena persona!
La sonrisa en el rostro de Mimi desapareció.
– Oh, me temo que no soy tan buena como crees. – dijo con voz fúnebre.
Un escalofrío recorrió a la pelinegra.
– Uhm, ¿q-qué es lo que quieres a cambio? – preguntó, entendiendo de antemano que el silencio de la castaña no sería gratis.
. . .
En la sala de computadoras de la Academia YG, se encontraba muy concentrado Ken Ichijouji jugando con algunos programas de audio para entretenerse mientras empezaba su próxima clase. Estaba tan metido en lo suyo, que ni siquiera percibió que alguien se había sentado a su lado. Fue cuestión de segundos para que esa persona retirara un auricular de la oreja del peliazul, captando así su atención.
– Tai… – dijo desconcertado. Ciertamente no había hablado con el moreno desde el insidente con Fujisaki. – ¿Qué haces aquí?
– Pareciera que viste a un fantasma, Ichijouji. – exclamó en tono burlón. – Y respondiendo a tu pregunta. Nada, sólo vine a saludar a mi gran amigo Ken… – dejó ver su sonrisa.
El peliazul lo miró extrañado, alzando una ceja.
– ¿Qué? ¿Ya no somos amigos? – cuestionó el moreno.
– No es eso, es sólo que…
– Bien, me alegra que sigamos siendo amigos, pues tengo que advertirte. – lo interrumpió. – Verás, escuché que en la sala de profesores ya se enteraron de que alguien les hackea la red y por eso su sistema siempre está lento…
La mirada de Ichijouji se afiló.
– Sé perfectamente que eres tú, en el apartamento que compartíamos siempre estabas conectado desde la red de la academia… – informó Taichi. – Ya están investigando. Te aviso porque es cuestión de tiempo para que te descubran. Si lo hacen, eso podría costarte tu contrato recién firmado…
– No habrá problema, puedo modificar los datos ahora mismo. – exclamó Ken comenzando a teclear la información en su ordenador. Pero para su sorpresa, el sistema era completamente nuevo y avanzado. Al parecer lo habían cambiado esa mañana. Taichi decía la verdad. – Demonios… me tomará más tiempo del que pensé…
– Y déjame te digo que el encargado de la investigación es muy bueno con las máquinas, le tomará menos de veinte minutos descubrirte. – continuó el moreno con tono relajado. – Por suerte me llevo muy bien con él.
El peliazul suspiró.
– Es el profesor Izumi, ¿verdad? – preguntó, ya sabiendo a donde iba la cosa.
– Exacto, y me debe varios favores…
– Bien, ¿qué quieres a cambio?
Una sonrisa se formó en el rostro de Taichi.
. . .
En la cafetería de la escuela se encontraba Miyako Inoue repasando unos apuntes para un mini examen teórico que su profesora de artes le iba a poner dentro de una hora. Le quedaba poco tiempo y estaba perdiendo la paciencia, por lo que el sonido de unos pasos acercándose a ella la hizo levantar la cabeza de inmediato. Cualquier cosa la distraía.
– ¿Ocupada, Miyako? – preguntó una sonriente Sora, sentándose a su lado.
– Sora… – exclamó algo confundida. – N-no estoy tan ocupada, ¿qué ocurre?
La pelirroja fingió una mirada acongojada.
– Nada, es sólo que... quiero hablar contigo...
Pudo notar la repentina inquietud en el rostro de Miyako.
– ¿S-sobre qué?
Sora bajó el rostro y suspiró antes de hablar.
– Yo... me es difícil decirte esto pero... – hizo una dramática pausa. – Pensé que tú no eras como los demás. Pensé… que aún eras mi amiga y no te dejabas guiar por los chismes… – dijo con tristeza.
A la pelimorada casi se le caen las gafas de la impresión.
– ¡Es verdad, yo no soy como los demás! – se defendió, tomando las manos de Sora. – Claro que sigo siendo tu amiga. Ya sé que no me he portado como tal últimamente, pero es por… por… los exámenes y todo eso.
– No tienes que mentir, me enteré de que tú eres la misteriosa Chica Cuatro Ojos que entrevistaron en esa revista de chismes y dijo todo sobre mí…
Miyako se alarmó por completo.
– ¡N-no! Es decir, sí soy Chica Cuatro Ojos, ¡pero yo no fui quien dijo todas esas atrocidades de ti! – exclamó exaltada. – ¡Hablo en serio!
– No lo sé, Miya… de verdad me siento muy herida…
La aludida se veía realmente afectada por las palabras de la pelirroja.
– Lo siento, de verdad lo siento. – se disculpó. – Por favor Sora, déjame demostrarte que sigo siendo tu amiga y estoy para ayudarte en lo que sea.
La chica de ojos rojizos sonrió con dulzura.
– ¿En… lo que sea?
. . .
Dos chicos de apariencia descuidada y con el uniforme de la Academia YG desfajado y bastante sucio se encontraban en el área trasera de la academia, pateando una lata vacía de aerosol. Lucían aburridos e impasibles, regresándose la pequeña lata con los pies mientras charlaban entre ellos. El juego continuó durante algunos minutos hasta que el chico con un tono de rubio oxigenado en el cabello la pateó bastante lejos, causando el fastidio de su amigo.
– Eres un inepto, Kawamura… ve por la lata… – dijo con pereza.
– Deberías ir tú, Sanada, siempre que la pierdes de todos modos me mandas a mí… – se quejó el oxigenado.
– Sí, bueno, el que manda soy yo y…
Pero no pudo terminar la frase, pues la lata de aerosol se estampó directo en su rostro, causando un crujido en su nariz.
– ¡AGH! – gritó situando ambas manos sobre su adolorida nariz. – ¿Quién fue el imbécil que pateó esa maldita lata? – exclamó enfurecido.
Ambos chicos situaron sus ojos en la dirección en la que había salido volando el objeto, y enseguida reconocieron a un muy serio Yamato Ishida, que venía caminando con una mano metida en el bolsillo de su pantalón y la otra sosteniendo una bolsa de plástico.
– Hey, Ishida, ¿qué demonios te sucede? – bramó Sanada quitándose ambas manos de la cara, dejando a la vista su morada nariz. – ¡La pateaste directo en mi cara! ¿Lo sabías?
El ojiazul sonrió de medio lado, deteniendo su andar justo frente a ellos.
– Apunté directo a tu cara, idiota.
Ambos chicos se crisparon al escuchar esa declaración.
– ¿Quién rayos te crees? – esta vez preguntó Kawamura, dando un paso al frente. – Vienes con ganas de pleito, ¿no?
– Oh, no es así. – dijo Yamato con su mismo tono calmado. – Sólo quiero decirles que desde hace mucho vengo sospechando de ustedes y hoy en la mañana que abrí sus casilleros encontré esto…
El rubio entonces lanzó al suelo la bolsa de plástico que traía en sus manos, y esta al impactar dejó salir lo que llevaba dentro, que para sorpresa de nadie, eran bastantes botellas de aerosol.
– ¿Y eso qué? – dijo Kawamura fingiendo tranquilidad.
– Ustedes son los que rayan las paredes de la academia. – no preguntó, era una declaración. – Incluso fueron ustedes los que hicieron ese espantoso mural de Mimi hace un año. – dijo dando varios pasos hacia ellos, con la mirada más fría que ambos hubieran visto jamás.
Y debió ser terrorífica, pues los dos chicos retrocedían cada paso que Yamato daba.
– ¿Y q-qué piensas hacer? – exclamó Sanada notoriamente nervioso. – N-no nos da miedo ser acusados con el director, t-te lo aviso…
El Ishida afiló aún más sus ojos azules.
– Me malinterpretan. Yo no pensaba meter a nadie más en este asunto. – dijo sonando un tanto irónico. – Lo que le hicieron a Mimi fue el peor error de su vida. – dio dos pasos más. – Esto lo vamos a arreglar ahora mismo.
Los dos chicos terminaron de espaldas contra la pared. Ahora Yamato los miraba por debajo, pues había quedado a pocos centímetros de ambos y fácil les sacaba casi una cabeza de altura. Los pobres lucían como ratas asustadas.
– V-vamos Ishida… – habló el oxigenado. – N-no exageres, sucedió hace mucho, en ese entonces Tachikawa no era tu novia…
– ¡E-exacto! – secundó el otro. – ¡No te pongas así! ¡Podemos llegar a un acuerdo!
Yamato sonrió de medio lado. Había sido más fácil de lo que pensó.
. . .
Era la hora de las clases de danza clásica avanzada para un grupo de unas cuantas chicas que habían calificado como bailarinas. Éstas se encontraban haciendo estiramiento de piernas, brazos y demás mientras esperaban a su profesora, quien les había dicho que llegaría algo tarde.
En la clase de danza nunca ocurría nada fuera de lo común. En la clase de danza nunca pasaba nada emocionante.
– Hey, girls.
Hasta hoy. En la clase de danza amaban a Takeru Takaishi.
– ¡Takeru! – gritaron las chicas a coro, acercándose a él.
– ¡Hace muchísimo que no venias a vernos! – dijo una de cabello corto. – We really miss you!
– I'm sorry. – se disculpó, sonriente. – He estado algo ocupado.
– ¡Mentira! – bufó una de ellas. – ¡No vienes desde que Yagami es tu novia!
– Oh, ¿y están molestas conmigo? – preguntó él, poniendo su mejor cara de perrito triste. – Yo que venía a pedirles ayuda en algo muy importante para mí…
Las chicas no tardaron en alborotarse.
– ¡Nunca podríamos enojarnos contigo! – dijo una. – You are our favorite person in the whole world!
– ¡Ya sabes que haríamos cualquier cosa por ti! – secundó otra. – ¿Qué es lo que necesitas?
El chico les dedicó una sonrisa dulce.
– En seguida les explico, pero antes... – miró hacia la puerta, donde alguien aguardaba. – ¿Ya les presenté a mi gran amigo Daisuke Motomiya?
El moreno entró al aula, emocionado. Takeru tenía razón, ¡eran hermosas!
– Te debo una, Takaishi.
El rubio sonrió para sus adentros. Excelente. Ahora tenía en la bolsa a todo el grupo de danza clásica y al iluso de Motomiya. Dos pájaros de un tiro. Definitivamente, a algunas personas se les daba mejor eso de reclutar gente, ¿no?
. . .
Una muy relajada Catalina venía bajando de la azotea de la academia. Había pasado un rato ahí sola, despejándose, lo cual era bastante raro en ella. Terminó de bajar las escaleras y comenzó a caminar por el pasillo del último piso, que a esas horas de la tarde ya se encontraba prácticamente vacío, así que el único sonido que se escuchaba eran sus pasos.
Y así fue, hasta que comenzó a escuchar algo parecido a un susurro al fondo del pasillo.
– Sí tú lo deseas, si tú me llamas…
Catalina se detuvo en seco, algo asustada.
– ¿Hay alguien ahí? – preguntó.
Pero la respuesta que obtuvo, fue un apagón de luces.
– ¡E-esto no es gracioso! – gritó, mirando hacia todos lados.
Y ese susurro se escuchó más cerca.
– Yo llegaré a ti más pronto que cualquiera…
Era una canción, y no cualquier canción. Ella conocía esa melodía y por su puesto, esa voz.
Esa voz.
– Sabes que te quiero, te quiero conmigo, y no te dejaré...
Se escuchaba más y más cerca. Esa dulce y diabólica vocecita se acercaba y ella se sentía en medio de una película de terror. ¿Por qué se habían apagado las luces? ¿Acaso era coincidencia que estuviera completamente sola y desolada en el pasillo?
Trató de guardar la calma y decidió correr rápido a las escaleras para bajar a un nivel donde hubiera más gente, pero ni siquiera pudo aproximarse, pues divisó una silueta caminando hacia ella entre la oscuridad. Venía lento, como arrastrándose. Y cantaba.
– Es por eso que con nuestro teléfono celular del nuevo milenio nunca nos separaremos… hasta el final de los tiempos…
¡Esto tenía que ser una broma!
– E-eh, ¿Hikari, e-eres tú? – achicó los ojos para tratar de ver entre la oscuridad.
Y entonces la vio. Sí. Era Hikari Yagami, pero estaba totalmente seria, mirándola con unos ojos que juraría podrían matarla. Traía la cabeza ligeramente inclinada y sus cabellos despeinados sobre su rostro. ¡Era el vivo retrato de la chica de El Aro!
– Tú… robaste… mi voz. – dijo la castaña mirándola fijamente, con voz lúgubre.
– ¿Q-qué significa esto? – exclamó Catalina, retrocediendo. – ¡No es gracioso! ¡A-además lo de tu voz no lo decidí yo, fue el productor!
– Tú… robaste… mi voz… – repitió, arrastrando cada sílaba, acercándose cada vez más a la francesa. – Y yo… voy a cobrar mi venganza…
Catalina casi se va de espaldas al escuchar eso último, por la cara que Hikari se cargaba, parecía estar hablando muy en serio. ¿Qué le iba a hacer? ¿Acaso la iba a acuchillar? ¿La iba a ahorcar? ¿La iba a matar a patadas? ¿O sería una muerte misteriosa como en las películas de horror? Por Dios, no iba a negarlo. Tenía miedo.
– ¡B-basta! ¡Ya no juegues! – exclamó la rubia.
– Sí tú lo deseas… si tú me llamas… yo llegaré a ti más pronto que cualquiera… – canturreó dulcemente la Yagami, acercándose paso a paso.
– ¡N-no por favor! ¡No me hagas nada! – rogó Catalina. – ¡H-haré lo que sea que me pidas! ¡Pero por favor, no me mates!
Hikari detuvo su andar y le dedicó a la francesa la sonrisa más diabólica que ella hubiera visto jamás.
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El sol salió de nuevo para los habitantes de Tokyo y hoy era un día muy especial para los chicos de Diam S. Y cómo no, si era el día oficial en el que iniciaría lo que habían llamado "Dream High Project". Que al parecer iba a transcurrir de maravilla, pues eran las diez de la mañana y todos los alumnos que habían reclutado, sobornado, obligado y amenazado ayer, estaban ahí muy puntuales, en uno de los salones de prácticas que la profesora Fujioka les había prestado. En total eran unos cuarenta chicos. La mayoría había traído consigo a sus amigos, claro, a petición amable de los encargados del proyecto.
– ¡Será dentro de dos días, en el Centro Comercial de Tokyo a las seis de la tarde! – anunció Mimi con un megáfono. – ¡Así que tienen que poner de su parte para aprenderse la coreografía! ¿Entendido?
– Sí… – corearon todos con resignación, unos más animados que otros.
La verdad es que, aunque la mayoría estaba ahí contra su voluntad, ya les habían explicado el proyecto y sonaba interesante y hasta eso, divertido.
– ¡Los hombres vayan con Takeru y las mujeres conmigo! – exclamó Sora en voz alta. – Comenzaremos ahora mismo.
– ¡El proyecto Dream High comienza ya! – dijo Hikari animada.
La música comenzó a sonar y todo el lugar se puso activo al instante. Entre los mismos grupos de chicos y chicas se habían dividido en tres secciones y se repartieron la coreografía entre los seis para enseñarla lo más rápido posible. Y aunque en un principio no todos estaban convencidos, para cuando dio la hora ya no era así, pues los alumnos ponían de su parte y bailaban con ánimos.
Todos los chicos estaban concentrados en lo suyo y nunca se percataron de que el pobre reportero de la revista de pesca extranjera llevaba ahí un buen rato sacando fotografías y video. El hombre lucía una sonrisa y estaba muy entretenido observando a los jóvenes. A estas alturas ya no le importaba que el altanero director lo hubiera tratado mal y lo hubiera sacado a casi a patadas de la clase pública. Él había encontrado algo mejor.
El ensayo continuó durante dos horas más y todos se fueron despidiendo bastante satisfechos con los resultados logrados en tan sólo un día. Mañana sería el segundo y último ensayo y habían quedado en verse a la misma hora. Al final los últimos que quedaron fueron obviamente Mimi, Yamato, Sora, Taichi, Hikari y Takeru, quienes estaban agotados, pero bastante felices.
– ¡Creo que el flashmob funcionará después de todo! – exclamó contento el moreno.
– Y a pesar de los métodos que usamos para reclutar, la respuesta de nuestros compañeros fue increíble. – dijo Sora, sonriente.
– ¡Dream High Project será un éxito! – festejó Hikari.
– No lo dudo. – exclamó el reportero saliendo de su supuesto escondite, en una esquina del salón. – ¡Sonrían para una foto para la revista Fishing Time! – dijo el hombre, alzando la cámara y preparándose para sacar la fotografía.
Los chicos ni se dieron tiempo para pensar y en unos segundos todos se acomodaron juntos y sonrieron para el lente de la cámara. El flash salió disparado al instante y el hombre les agradeció, diciéndoles que revisaran la revista el próximo mes porque haría un artículo sobre ellos.
– ¡Esto salió mejor de lo que esperábamos! – dijo Hikari. – ¡Ahora tendremos publicidad en una revista!
– Ehm, será un tipo de publicidad algo raro, ¿no? – exclamó Yamato.
– ¿Por qué? – preguntó la Yagami.
– Saldremos en una revista de pesca. – aclaró.
Oh…
– Ow… – Hikari se quedó callada un momento. – Bueno, de todos modos es una buena señal.
– Esperemos que sí. – habló Mimi. – Después de todo, Diam S no ha hecho nada del modo habitual…
– ¡Y eso es lo que nos va a diferenciar de los demás! – dijo Taichi, aún contagiado por toda la buena vibra de los ensayos.
Y realmente eso esperaban, pues la cuenta regresiva seguía en pie, y les quedaban exactamente 10 días para que el plazo se venciera. No parecía mucho tiempo, pero la esperanza es lo último que debían perder.
::
Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando un taxi se paró en la entrada de la Academia YG y de la puerta del vehículo salió un muy alegre Keisuke Tachikawa. Esa tarde había quedado de llevar a su adorada hija a comer y justo venía por ella. Había llegado un poco más temprano de lo acordado, pero estaba de buen humor, así que no le molestaba esperar a que Mimi saliera de clases.
¿Y por qué estaba de buen humor?
La respuesta era simple. Ya casi se acababa el mes que tenían los chicos para debutar sobre un escenario y las cosas no parecían estar yendo nada bien. Claro que le dolía un poco por su hija, pero se consolaba a él mismo repitiéndose que pronto se repondría de eso en Nueva York.
De hecho, estaba tan contento que había comenzado a tararear una melodía, sin darse cuenta de lo que estaba apunto de salir de su boca.
– I dream high, I'm dreaming so high! When it gets tough I'm closing my eyes! – cantaba a todo pulmón. – Thinking all the memories, now I can see…
Y en ese momento, se detuvo en seco, dejando de cantar como si las palabras le quemaran en la garganta. No pudo evitar plantarse una leve bofetada en ambas mejillas.
– ¡Debo estar volviéndome loco! – se dijo a sí mismo. – ¡Es culpa de esos vándalos que no dejan de cantarla! ¡Han contaminado mi cerebro! – exclamó en voz alta.
– Vamos, no creo que la canción sea tan mala.
La voz de una mujer llamó su atención.
– Oh, profesora Fujioka. – saludó. – Vine a recoger a Mimi.
– Lo supuse. – respondió. – ¿Y pensaba quedarse afuera? Si quiere puede pasar.
El hombre negó con la cabeza.
– Sabe perfectamente lo que pienso de esta academia. – aclaró. – Mientras menos esté dentro de ella, mejor para mí.
Rae Fujioka alzó una ceja, extrañada.
– ¿Sabe? Con todo respeto, siento que esa actitud despectiva que muestra es tan sólo una máscara, pues en el transcurso de estas semanas he convivido lo suficiente con usted como para saber que no es así en realidad.
El Tachikawa se encogió de hombros.
– Bah, en todo caso yo no soy el único con máscaras por aquí.
– ¿De que habla? – Rae se cruzó de brazos.
– De Kido, por supuesto. – dijo al instante. – Es un experto en engañar a la gente con su farsa de buen hombre, pero yo no me la creo.
La profesora se tensó un poco. No le gustaba como ese hombre hablaba de Joe.
– Señor Tachikawa, no me quiero meter en su vida, pero le puedo asegurar que el profesor Kido es un hombre ejemplar. – lo defendió.
– A usted también la tiene engañada. – aseguró. – Pero cuando me escuche cambiará de idea.
El hombre miró hacia todos lados, asegurándose de que no hubiera nadie a los alrededores. Por fortuna, así era.
– Verá, primero está el hecho de que puso su casa como garantía de que Mimi pagaría mi deuda. – comenzó a explicar. – Y yo me pregunto, ¿por qué hizo algo así? ¿Por ayudar a mi hija? ¡Por supuesto que no! ¡Lo hizo para engancharla! ¡Era parte de su plan tener atada a Mimi usando su casa como excusa!
La mujer lo miró indignada.
– ¡No sé como puede pensar eso! – exclamó alzando un poco la voz. – ¡Él lo hizo con toda la buena intención del mundo y usted solamente busca el modo de ensuciar su acto!
Keisuke giró los ojos.
– Bien, no me crea. Pero también está el hecho de que puso a mi propia hija en mi contra. – continuó. – ¿Cómo explica que Mimi prefiera defenderlo a él que a mí? ¡Ella solía adorarme! ¡Ese hombre seguramente le habló horrores de mí mientras yo no estaba aquí!
– Señor, su hija aún lo adora, pero defiende al profesor porque sabe que él no merece el trato que usted le da. – dijo la Fujioka tratando de tranquilizarse.
– ¿Qué no se lo merece? – exclamó Keisuke exaltado. – ¡Profesora, ese hombre es una escoria!
Rae Fujioka apretó los puños. Realmente le estaba afectando que ese hombre hablara así de Joe, y más cuando sabía que el peliazul era inocente. Pero tenía que guardar la calma, ella no podía meterse los asuntos de la familia Tachikawa.
– Y-yo creo que debería investigar mejor las cosas antes de culparlo de todo… – se atrevió a decir en el tono más sutil posible.
El mayor rió con ironía.
– No hay nada que investigar. Ese imbécil destruyó mi vida y la de mi hijita. – exclamó. – ¡Me quitó a mi esposa! ¡La sedujo y se la llevó de mi lado!
La profesora quería objetar. Se contenía, pero algo en ella flaqueaba.
– ¡No sé que clase de engaños usó con Mimi y con mi pobre Satoe, pero a yo no voy a caer! – continuó el Tachikawa. – ¡Es un maldito bastardo!
La sangre de la Fujioka comenzaba a hervir.
– Señor… – dijo como advertencia.
– ¡Lo que hizo no tiene perdón!
– Señor… – repitió.
– ¡Algún día me las va a pagar! – siguió gritando. – ¡Es un hijo de la…!
– ¡Señor Tachikawa! – ahora ella fue quien gritó, completamente enfurecida. – ¡Ya no puedo soportar escucharlo! ¡Joe no tiene la culpa de que su esposa le haya pedido ese favor antes de morir!
Los ojos de Keisuke se abrieron de par en par. ¿Favor? ¿Antes de... morir?
– ¿Qué?
Oh, no…
– ¿Qué? – exclamó Fujioka, dándose cuenta de lo que acababa de decir. – N-no, yo no quise decir eso… es que…
Demonios, había metido la pata.
– Profesora, creo que usted sabe algo que yo no. Y ahora mismo me lo va a contar. – exigió. – Sígame, busquemos un lugar más privado.
Y la había metido en serio.
::
¿En que momento se había ocultado el sol y había abierto paso a la luna llena? No tenía idea. Apenas hace unas cuantas horas la profesora Fujioka le había contado lo que sabía sobre la historia de Joe Kido con Satoe y juraría que desde ese instante ya no tenía noción del tiempo. Ya no tenía noción de nada.
Tampoco tenía idea de como rayos fue que llegó a la casa del peliazul. Lo cierto era que se encontraba ahí, sentado en el pórtico del Kido, completamente cabizbajo, tratando de contener sus lágrimas. ¿Qué si las había estado conteniendo todo el día? Por supuesto que no. Recordaba que después de enterarse de la verdad, le dijo a la Fujioka que lo excusara con Mimi, pues él tenía que estar solo.
Había llorado, había llorado mucho y apenas estaba recuperándose un poco del shock.
"Su esposa… ella no quería hacerles las cosas más difíciles a usted ni a Mimi, por eso cuando se enteró de su enfermedad… acudió a Joe".
Sí. Así era Satoe, pensaba en los demás antes que en ella. Por eso él nunca se enteró de que la persona que más amó en el mundo estaba enferma. Ella nunca permitió que lo supiera por no hacerlo sufrir. Ella lo protegió hasta el final. A él y a Mimi. Ella era una mujer admirable…
"Su última voluntad fue que Joe la convirtiera en una mala esposa para que ustedes pudieran olvidarse de ella y continuar…"
¿Cómo había podido caer tan fácil? Definitivamente la ira lo había cegado. La decepción, la impotencia. Pero en el fondo nunca quiso culpar a Satoe, siempre culpó de todo a Joe Kido… a ese hombre que se había ganado la confianza de las dos chicas de su vida…
– Uhm, señor Tachikawa, ¿ocurrió algo?
El aludido alzó la cabeza, limpiándose rápidamente cualquier rastro de lágrimas, y miró al recién llegado. No iba a andarse con rodeos, así que prefirió ir al grano.
– Ya lo sé todo, Kido. – dijo sin más.
El peliazul tan sólo lo miró, confundido.
– ¿De… qué habla? – preguntó.
– Sé lo que pasó entre Satoe y usted. La verdadera historia. – exclamó Keisuke con firmeza.
Joe tragó saliva y se quedó estático en donde estaba. ¿La verdadera historia? Eso era imposible, ¿cómo se podría haber enterado? Estaba seguro de que Mimi no pensaba decírselo, ¿pero entonces quién? Esa pregunta rápidamente dejó de parecerle importante, pues realmente lo más trascendente no era eso, sino que el señor Tachikawa ya sabía lo que pasó.
– Entremos. – fue lo único que atinó a decir el peliazul.
Una vez dentro del lugar, ambos se sentaron en la sala y Keisuke procedió a contarle al profesor todo lo que sabía, todo eso de lo que apenas se había enterado hoy. A veces se le cortaba la voz y tardaba un poco en continuar, pero Joe no lo interrumpía, tan sólo lo miraba, manteniéndose al margen…
– Al final… creo que el problema siempre he sido yo… – continuó el Tachikawa. – Mi esposa escondió su enfermedad por querer protegerme... – hizo una pausa, suspirando. – Y mi hija está haciendo lo mismo con su sueño por querer protegerme. No tengo derecho a ser parte de una familia…
– Señor Tachikawa… – habló el profesor.
– Le ofrezco una disculpa por haber sacado conclusiones sobre usted sin siquiera averiguar. – lo interrumpió. – En verdad lo siento. – dijo sin mirarlo a la cara. Estaba realmente avergonzado.
– N-no tiene que disculparse, realmente no lo culpo, lo más lógico era que pensara esas cosas sobre mí…
El Tachikawa quiso sonreír irónico. Era cierto que Joe Kido era un buen hombre.
– Quiero pagarle todo lo que ha hecho por mi hija. – habló de nuevo. – Cuando estemos en Nueva York le mandaré mensualidades para liberar su casa de la garantía…
– Ya le he dicho que no es necesario...
El mayor suspiró con pesadez.
– Por favor, no se niegue, es lo menos que puedo hacer. – aseguró.
– Señor, si quiere hacer algo por mi, escuche a su hija. – dijo el peliazul con todo el respeto del mundo.
– Profesor, yo sé que Mimi dice que quiere quedarse… – exclamó Keisuke en tono afligido. – Pero es sólo porque es idéntica a Satoe. Quiere protegerme de mis deudas con Matsui Arukawa, sacrificando sus sueños en Juilliard…
Joe guardó silencio durante unos minutos. Al parecer sería imposible convencer al Tachikawa de que los sueños de Mimi habían cambiado, y tan sólo quedaban diez días para que la fecha límite se cumpliera. Claro que tenía esperanzas con el flashmob que se efectuaría, pero…
Hey…
En ese momento, una idea iluminó su camino.
– Señor Tachikawa, ¿tiene algo que hacer este viernes a las seis de la tarde? – preguntó.
El mayor lo miró extrañado por la repentina pregunta totalmente fuera de tema.
– Uhm, no. – replicó dudoso. – ¿Por qué?
Joe sonrió.
– Necesito que vea algo importante.
.
.
Y en menos de lo que esperaban, el gran día había llegado.
Faltaban cinco minutos para que dieran las seis de la tarde en el centro comercial más popular de la ciudad de Tokyo. El lugar era específicamente al centro, en donde había una espaciosa área con bastantes tiendas alrededor. Siendo un viernes a una hora muy concurrida, era lógico que estuviera lleno de gente. Lo cual era perfecto, pues así podían dar comienzo con su plan de publicidad.
Todos estaban dispersos en distintos puntos del lugar camuflagéandose con la demás gente, esperando a que todo diera comienzo. Y así a las seis en punto, una castaña salió de la tienda en la que estaba cargando con ella un cartel el cual dejó ver hasta que se situó al centro del lugar. Alzó ambas manos levantando dicho letrero para que los presentes pudieran leer lo que decía.
"Be sure to Dream High"
Y justo en ese momento, lo lanzó a un lado y haciendo una señal con su dedo pulgar, inició la música de fondo y ella sacó un micrófono inalámbrico de su bolso. No hubo presentaciones ni explicaciones. Mimi tan sólo sonrió para sí misma y espero a que la melodía inundara el lugar para empezar a cantar.
I dream high, I'm dreaming so high
When it gets tough I'm closing my eyes
Entonces la gente que iba pasando se fue deteniendo para observar a la chica que había comenzado a cantar prácticamente de la nada. Algunos otros se salieron de la tienda que atendían y hasta las personas que estaban en el segundo piso ahora miraban por encima del barandal, entre expectantes y asombrados. Incluido un muy serio Keisuke Tachikawa, quien no apartaba los ojos de su hija.
Thinking all the memories, now I can see
This ain't no fantasy, it's reality
En ese instante dos rubios, jóvenes y apuestos ejecutivos que iban con su maletín de trabajo caminando, observaron a la chica al centro y al mismo tiempo abrieron sus maletines para de ahí sacar un micrófono cada uno, por supuesto. Entonces ambos corrieron al centro y el rubio ejecutivo mayor comenzó con su parte de la canción. Ahora Mimi, Yamato y Takeru estaban en la pista.
I'm on the edge of fear today, feeling I can't go on
I'm like a bird that's doubting of leaping up, because
I'm afraid to fall
Para ese momento ya habían comenzado con la coreografía, llamando ahora la atención de todas y cada una de las personas que pasaban. Incluso ya se había formado un círculo alrededor de ellos y las personas del segundo piso ya tenían rodeado todo el barandal para ver el espectáculo que estaba comenzando. Ahora Takeru comenzó a cantar.
Can I make it through it? I keep asking this on my mind.
For each step I take, my fear keeps on coming back
How would I deal with these all?
Entonces dos de las vendedoras de una tienda que se encontraba ahí, dejaron su trabajo con micrófono en mano para correr al centro de la pista, abriéndose paso entre la multitud. Y muy sonrientes se incorporaron a la coreografía con facilidad. Las supuestas vendedoras eran Sora y Hikari. Y la menor entonces alzó su voz.
I dream high, I'm dreaming so high
When it get's tough I 'm closing my eyes
Thinking all the memories now I can see
This ain't no fantasy, it's reality
Ahora fue Sora quien siguió con la canción mientras sus cuatro amigos bailaban al ritmo de la música. La gente alrededor del círculo ya había comenzado a aplaudir y muchos habían sacado sus cámaras y celulares para grabar el momento.
I can fly high, I know it someday
I can soar high like clouds in the sky
I will spread my wings and fly above
Like no one else can be, higher than me before.
Y para sorpresa de muchos, algunas de las personas que observaban la presentación de pronto corrieron al centro del lugar y se posaron tras los cinco chicos para también ponerse a bailar. Ahora eran un grupo de unos veinte jóvenes efectuando la coreografía a perfecta sincronía, y todos con una sonrisa en el rostro. Entonces fue el turno de Yamato de cantar de nuevo.
I need the strength to pull me up and get me back on my feet
Courage I need to shake off all my fears and jump back to the beat
Después, varias personas de las que estaban en el segundo piso bajaron las escaleras eléctricas corriendo y también se unieron al espectáculo sin demora, formando así un grupo muy grande de gente bailando animadamente al ritmo de la pegajosa melodía. Ahora fue Takeru quien alzó su voz, desempeñando algunos pasos y vueltas complicadas al mismo tiempo que cantaba.
Need to have faith in destiny and heat it up one more time
I'm risking it all, I'm giving it all I've got just to jump above this wall
El coro volvió a comenzar a cargo de Mimi, quien cantaba sumamente sonriente a la vez que marcaba cada paso. En ese momento se unieron al flash mob el resto de las personas que faltaban, formando así una enorme masa de talentosos jóvenes bailando esa melódica canción que todos los presentes estaban escuchando por primera vez.
I dream high, I'm dreaming so high
When it gets tough I 'm closing my eyes
Thinking all the memories now I can see
This ain't no fantasy, it's reality
Joe y Rae Fujioka observaban orgullosos desde el segundo piso. Era la primera vez en la historia de la Academia YG que tantos estudiantes hacían algo así. Juntos.
También Hirai, el reportero de Fishing Time United se encontraba ahí, tomando fotos como si su vida dependiera de ello. Desde que había visto a esos chicos ensayando en la Academia YG, sintió que eran jóvenes muy especiales y llenos de lo que hoy muchos carecen, sueños. Definitivamente agradecía haber sido ignorado por Yano, pues de no haber sido así, él no estaría ahí en estos momentos, disfrutando como nunca de un espectáculo lleno de vida.
I can fly high, I know it someday
I can soar high like clouds in the sky
I will spread my wings and fly above
Like no one else can be, higher than me before
En ese instante se comenzó a escuchar el pillido de un silbato, llamando la atención de los espectadores, pero no de los estudiantes, que seguían bailando. Tras ese ruido se abrió paso entre la multitud un peculiar guardia de centro comercial. De hecho, no parecía un guardia o policía. Tenía el uniforme, sí. Pero su extraño y despeinado cabello lo delataba.
El supuesto guardia entonces se acercó a los chicos indicándoles con ambas manos que pararan de bailar, pero Hikari y Mimi lo tomaron de ambos brazos y entonces el chico arrojó el silbato para unirse a cantar su parte.
Dream high a chance to fly high
Gonna let go off the pain and say bye bye
Gotta try, gonna fly so high
Reaching out all of the stars in the sky
Watch your dreams come to life time for you to shine
Right now starts, now gotta make them mine
Never gonna giving up till your future's shaping up
Drop the fear, go, walk with confidence
Taichi cantaba con intensidad su parte escandalizando mucho más al público que los rodeaba, mientras los demás chicos continuaban con la rutina de la coreografía con muchos ánimos. Y Mimi, quien había estado decaída toda la semana, ahora sonreía con suma sinceridad. Podría jurar que esta clase de diversión nunca la había experimentado. Y ahí, en el escenario imaginario que había creado junto a sus amigos y compañeros, era feliz. Plenamente feliz.
Destiny, your destiny
Even you can't stop it from happening
It's now invading the reality
Emerging like a whole new fantasy
Go with me take my hand We're going on the same path
On our way to our dreams that's where we're heading at
No giving up no more turning back
To all the young and to everyone DREAM HIGH!
Y ahí seguía Keisuke Tachikawa, observando. Esa expresión de felicidad en el rostro de su hija jamás la había visto en su vida. ¿Por qué Mimi sonreía cual niña pequeña? ¿Realmente lo estaba disfrutando? Por Dios, qué preguntas. Se notaba a leguas que estaba disfrutando el momento con toda su alma. Toda ella irradiaba felicidad.
– Es bueno verlo por acá. – habló una voz por su espalda.
El Tachikawa miró de reojo a Joe Kido posándose a su lado, recargando sus brazos en el barandal, sin dejar de ver el espectáculo de los chicos.
– Si me permite decirlo, a su hija le sienta muy bien esa sonrisa. – continúo el peliazul.
– Eso no lo voy a negar… – respondió el mayor mirando a Mimi, no pudiendo evitar contagiarse un poco de esa felicidad que desprendía.
– Sé que usted cree que éste no es el sueño de Mimi. Y sí, en un inicio no lo era y sólo siguió este camino para protegerlo a usted… – expresó Joe, viendo a la castaña. – Pero eso ha cambiado, ¿puede verlo?
I dream high, I'm dreaming so high
When it gets tough I 'm closing my eyes
Thinking all the memories now I can see
This ain't no fantasy, it's reality
– Yo… no lo sé… – y es que en el fondo, él no se sentía nada bien consigo mismo. – Mimi abandonó Juilliard por mí, para que Matsui Arukawa no metiera una demanda en mi contra. – hizo una pausa, sin dejar de mirar el espectáculo. – No quiero que mi hija deje ir su sueño por mi culpa…
Joe observó al mayor antes de hablar.
– Pero sólo es cuestión de mirarla. – habló. – Su sonrisa, la expresión en su rostro… ¿la tendría alguien que abandonó su sueño?
Keisuke detuvo sus ojos en su hija. Era cierto. Ella lucía radiante, lucía hermosa. Lucía feliz y eso nadie podía negarlo, pues su rostro, su sonrisa, sus ojos y cada movimiento que hacía la delataban.
– Señor, no sea duro con usted mismo… – continuó Kido. – Si no pudo protegerlo antes, puede comenzar haciéndolo ahora…
– ¿Protegerlo? – preguntó el Tachikawa.
– Me refiero al sueño de Mimi. – dijo sonriente. – Al sueño que su hija tiene en este momento.
I can fly high, I know it someday
I can soar high like clouds in the sky
I will spread my wings and fly above
Like no one else can be, higher than me before
Keisuke Tachikawa escuchó atento al profesor Kido sin despegar ni un solo minuto la mirada de su hija, quien seguía igual de sonriente bailando los últimos segundos de la canción mientras todos alrededor animaban el ambiente aplaudiendo y lanzando gritos de ovación.
Un extraño sentimiento de culpa comenzó a arremolinarse en su pecho. ¿De verdad era tan mal padre? Esta era la prueba de que conocía a Mimi menos de lo que él mismo aseguraba. También se sentía mal de haber pensado todo este tiempo que esos seis chicos no iban a lograr nada en un mes. Sí, estaba claro que no habían logrado el cometido aún, pero esto que tenía frente a sus ojos ya era algo grande.
Suspiró.
– Hizo bien en hacerme venir, Kido. Ahora... puedo ver las cosas desde otra perspectiva. – dijo el hombre. – Pero debe saber que el trato de un mes sigue en pie, y ahora más fuerte que nunca.
A Joe le sorprendió un poco tal afirmación, pero no pudo evitar sonreír.
– No podría ser de otra manera. – respondió. – Su hija y sus amigos se han esforzado mucho. Van a lograrlo.
– Ahora lo creo. – admitió.
Cuando la música terminó, la multitud alrededor de ellos se llenó de euforia y les aplaudió con todas sus fuerzas. No era exageración, todas las personas en la plaza se encontraban ahí, hasta los vendedores habían abandonado sus tiendas para poder ver el espectáculo.
Este no era el tipo de ambiente, ni mucho menos de música, para Keisuke Tachikawa, y aún así, se sentía muy orgulloso de su hija. Tanto que... ya no tenía cara para verla a los ojos. Se sentía como un cero a la izquierda, no estaba a la altura de su princesa, como tampoco nunca lo estuvo a la de Satoe.
– Por favor, no le diga a Mimi que vine hoy. – pidió de pronto. – Y dígale que... esta semana no podré visitarla tan a menudo por unos asuntos que tengo pendientes...
Joe lo miró, extrañado.
– Pero señor...
– No le va a hacer bien verme tan decaído, y menos ahora que debe esforzarse al máximo. Yo... necesito unos días para reponerme. – se apresuró a explicar. – Antes de verla... necesito estar bien conmigo mismo.
Necesitaba volver a sentirse digno de ser su padre.
– Lo entiendo. – respondió el peliazul. – Pero por favor, no se aleje mucho.
– Por supuesto que no. – aseguró, sonriendo levemente. – No puedo alejarme cuando ya sólo queda una semana.
Una semana para que se acabara el tiempo.
.
.
Un solo día había pasado desde el flashmob y los chicos tenían movilizada a toda la Academia YG. El trato que habían tenido con ellos era que los ayudaran hasta el final del Dream High Project, y este acabaría cuando ellos lograran pisar un escenario. En estos momentos estaban en la etapa de publicidad.
Hikari se había encargado de subir el video grabado por el profesor Izumi en su cámara profesional directamente al canal oficial de Youtube de los MA Records, y ahora lo estaban difundiendo. Era el tema del día en el campus. El video estaba siendo pasado de celular en celular, de mensaje en mensaje. Todos ya lo habían visto y al parecer les gustaba, pues entre los mismos alumnos lo mostraban a personas fuera de la academia.
Podría decirse que los resultados estaban siendo excelentes, pues los chicos podían ver como varios de sus compañeros que no habían participado en el evento ya se sabían la coreografía y cantaban la canción a todo momento. Era impresionante. Incluso al día siguiente, el video ya tenía varias respuestas de gente bailándolo en sus habitaciones. Y era extraño, pues muchas personas les firmaban palabras de apoyo y ánimo. No era un secreto para los medios que el grupo Diam S de los MA Records no había comenzado sus promociones oficiales porque las emisoras más importantes del país no los apoyaban.
– Definitivamente, MA Records será exitosa. – exclamó una elegante mujer de cabello rubio, sentada frente a su escritorio, viendo atenta el video del flashmob. – Con talentos así, no tardará en hacerse una agencia de renombre.
– I can fly high, I know it someday. I can soar high like clouds in the sky…– canturreaba su compañera de al lado. – Lo sé, no me puedo sacar esa canción de la cabeza.
– ¿Qué es lo que están viendo en sus supuestas horas de trabajo? – exclamó un hombre, situándose tras de ellas, mirando hacia la pantalla de la computadora. Y al ver lo que era, sus ojos se abrieron de par en par. – ¿Son los chicos de Arukawa?
Ese hombre era el productor de Tokyo TV, la cadena más vista en todo el país. Ese hombre, de hecho, era el primero que había rechazado a los chicos de Matsui Arukawa.
– Sí, ellos mismos. – replicó una de las mujeres.
– Veo que son perseverantes. – afirmó el productor, sin dejar de mirar el video. – Están poniéndole mucho esfuerzo…
– Sí, a mi me parece una gran idea esto del flashmob. – dijo la otra. – ¡Y adoro la canción!
– De hecho, yo también. – secundó la rubia. – ¿No cree que deberíamos darles una oportunidad? Podríamos traerlos a la televisora y…
– No vamos a traerlos sólo porque hicieron algo como esto… – la interrumpió, aún atento al video. – Aunque… no voy a negar que tienen muchísimo talento. ¿Quién sabe? Tal vez lo logren.
– Insisto, deberíamos traerlos.
El hombre bufó.
– No diga ridiculeces, Keigo. – replicó. – Eso no va a ocurrir.
Ayudar a esos chicos significaba estar en contra de Min Fujisaki, y eso no le convenía a ninguna emisora del país.
::
Por otro lado, en la sala de maestros de la Academia YG se encontraba Joe Kido sentado en una de las sillas de la mesa del centro, haciendo movimientos en su computadora. Llevaba ahí ya varias horas puesto a que había terminado con sus clases programadas para ese día, y de todos modos, en este momento su prioridad eran sus chicos.
Escuchó la puerta de la sala abrirse, y sonrió cuando vio que se trataba de Rae Fujioka.
– Buenos días, profesora. – la saludó.
La mujer se puso nerviosa al instante. Ya le había pedido disculpas al peliazul más de mil veces por haber abierto la boca de más, ¡pero aun así no podía estar tranquila! Él le había dicho que estaba bien, que no era culpa suya y que gracias a eso las cosas ahora estaban más tranquilas. Incluso no le había preguntado como fue que se enteró, pero ella de igual modo le contó que había escuchado su plática con Mimi en el auditorio.
Sí, se lo había contado todo y ya se esperaba que la reacción de Joe fuera catastrófica. Pero no. Todo lo contrario. Él había actuado con comprensión y en ningún momento había dejado de sonreírle diciéndole que ya no importaba, que ya había pasado y que no se preocupara.
"Sé que usted no lo hizo con mala intención".
Eso había dicho, ¡y al final hasta le había dado las gracias!
Eso sólo la hacía estar aún más enamorada de Joe Kido. Y era por eso que aún se sentía nerviosa por todo el asunto y por el simple hecho de estar sola en la misma habitación que él. ¡Dios! Se iba a volver loca, su corazón se le iba a salir del pecho y…
– Profesora, ¿está bien? – el peliazul la sacó de sus pensamientos.
Al parecer ya llevaba un rato perdida.
– Uhm, sí, sí. – respondió acercándose, mirando directo hacia la computadora. – ¿Qué está haciendo? – preguntó para poner un tema rápidamente.
– Estoy compartiendo el link del video de Diam S en todas partes. – explicó el profesor. – Espero que esta clase de publicidad les ayude.
La mujer lo pensó durante unos segundos y decidió tomar asiento a su lado, acercando un poco la silla para ver la computadora –y de paso estar cerca de él–, aunque eso era sólo un plus.
– Yo también lo espero, aunque no estoy muy segura… – dijo ella con sinceridad. – Los voy a apoyar en todo lo que decidan, pero la verdad es que la publicidad por internet no ayuda mucho…
– Pues ya tienen bastantes views en el video.
– Sea el número que sea, no creo que… – pero en cuanto lo vio, su mandíbula casi llega al suelo. – ¡Son muchísimos views! – exclamó asombrada y muy sonriente.
– ¡Lo sé! – dijo Joe también sonriendo. – ¡Es increíble!
Entonces el peliazul giró su rostro para ver a Fujioka, y clara fue su sorpresa al toparse con el de la mujer demasiado cerca. Las sonrisas de ambos se desvanecieron al instante y para ella fue como si el mundo hubiera dejado de girar. ¿Estaría soñando? ¡Sus labios estaban tan sólo a unos cuantos centímetros de los de Joe!
– L-lo siento, yo… – comenzó a hablar el peliazul, bastante sonrojado.
– No, Joe, escucha… – dijo ella tomándolo de la mano por debajo de la mesa. Era su oportunidad. ¡Tenía que decírselo!
El hombre sintió algo parecido a un escalofrío recorrerlo al contacto con la piel de Rae Fujioka. El tacto era suave y cálido. Y sus ojos lo miraban con un brillo que nunca había visto en ella. Y su aroma, nunca había estado tan cerca de ella y ahora sentía ese exquisito olor impregnado en su piel y… un momento, ¿la profesora lo había llamado por su nombre?
– Tengo algo que decirte… – continuó Fujioka.
Y ahora le estaba hablando de tú.
Él simplemente no podía hablar, tan sólo la miraba expectante, sin apartarse un solo centímetro de ella. Quería saber que era lo que le quería decir, algo en su interior le decía que tenía que saberlo. Pero entonces...
– ¡JOE KIDO! – la puerta se abrió estrepitosamente. – ¡Aléjese en este mismo instante de mi sobrina!
Al parecer hoy no lo sabría. Ya que ahora el director Yano los miraba, hecho una furia.
.
.
Era de noche, aproximadamente las ocho y cuarto. Exactamente tres días habían transcurrido desde que el video de Diam S llegó a la red, y con cada minuto que pasaba, éste se difundía más. Mimi, Yamato y Sora se encontraban en el cuartel de prácticas, ya a punto de regresar a la Academia YG. Esa tarde había sido distinta a las que se habían habituado en estos últimos días, pues fue la primera vez que no la dedicaron al trabajo. Pasaron el día entero en el cuartel con sus amigos charlando y haciendo nada y todo a la vez, pero nunca ensayaron. Los ánimos no daban para eso.
La verdad... no había sido un gran día. Esperaban que, siendo su video del flashmob muy popular en internet, las televisoras se dignaran a promocionarlos. Pero no. Acababan de recibir la noticia de que Arukawa había seguido insistiendo en algunas emisoras y nada. Éstas seguían renuentes a cualquier opción alegando que la popularidad en internet no significa nada. Que desastre.
¿El resultado?
Esperanza rota y ánimos por los suelos. Especialmente si hablamos de Mimi Tachikawa, quien todo el día había traído una cara de pocos amigos. Y para el colmo, su papá estaba muy raro, casi no hablaba y se veía más serio de lo habitual, lo cual le daba mala espina. Las cosas iban de mal en peor.
Los demás se habían ido ya, y en estos momentos Sora estaba tomando sus cosas para irse también.
– ¿Se van a quedar aquí? – preguntó la pelirroja ya en la puerta.
Mimi y Yamato aún estaban sentados en el sillón, sin muchas intenciones de moverse.
– No, en unos cuantos minutos volveremos a YG. – replicó Mimi. – ¿Taichi te dejó las llaves?
Sora asintió, sacando las llaves de su bolsillo y lanzándolas en dirección a los chicos. Yamato en seguida alzó su mano, atrapándolas con destreza.
– Cierren bien. – dijo la pelirroja, sonriente.
– Sí, sí. – exclamó Mimi. – Anda, apresúrate, que seguro te está esperando impaciente.
La Takenouchi ya no dijo nada más y salió del lugar. Era cierto, había quedado de verse con Tai esa noche y ya no podía esperar. El moreno había tenido que irse antes durante la tarde por algunos asuntos con su papá, pero nada serio.
En cuanto dejaron de escuchar los pasos de Sora, un silencio sepulcral invadió la habitación. La castaña permanecía sentada al lado de su novio, pero no lucía relajada. Y él tampoco. Tenía su brazo rodeando los hombros de la chica, alternando miradas entre el televisor apagado y Mimi. Durante toda tarde había estado más intranquila y decaída, y estaba seguro de la razón, aunque ella no se la hubiera dicho. De hecho, este día casi ni había hablado en general.
– ¿Estás bien? – cuestionó de pronto.
No.
– Sólo... estoy pensativa. – replicó Mimi sin siquiera dirigirle la mirada. – Al video del flashmob le está yendo mejor de lo que esperábamos, y aún así... no está dando los resultados que necesitamos...
– Hmm… – lanzó un suspiro. – Creo que es por el hecho de que ese tipo de video es algo que todo el mundo puede hacer. Pero tenemos la ventaja de que los medios saben quienes somos. MA Records ya ha dado mucho de qué hablar…
La chica resopló con desgane.
– Entonces… es cuestión de esperar aún más, supongo.
Esperar.
– Me temo que no podemos hacer mucho más... – sinceró él.
– El tiempo no nos favorece… – la chica suspiró por milésima vez en el día. – Sólo quedan cuatro días. – anunció. – Ya ni siquiera el optimismo constante de Hikari me anima.
El rubio miró a Mimi. Esta situación le estaba haciendo mal, incluso se veía más delgada que hace unas semanas y siempre llevaba ese semblante de preocupación e impasibilidad. Además, cuando sonreía parecía que lo hacía por mero compromiso. Podía engañarlos a todos, pero a él no. La única sonrisa libre de pesar que había visto en ella durante los últimos días, fue cuando hicieron el flashmob.
Por parte de la castaña, en estos momentos tenía su mente tan saturada, que ya estaba casi en blanco. No quería pensar. El día de ayer no había pegado el ojo en toda la noche y hoy amaneció fatal. No tenía ganas de nada. Lo único bueno que había ocurrido era que, cuando les propuso a sus amigos no ensayar, todos accedieron. Y qué bueno que fue así, porque ella de todos modos no hubiera movido ni un sólo músculo. Estaba cansada, muy cansada de todo esto. La paciencia nunca había sido su fuerte, y esta vez había llegado a un grado en el que ya no lo soportaba. Quería gritar. Quería anzar todo por la borda y dejar a su papá hacer lo que le plazca. Pero no podía. Realmente no quería.
– Mimi, hey...
Pudo escuchar que Yamato la llamaba, pero ni ganas tenía de contestar. Se sentía débil y frustrada. Sentía que tan sólo faltaba una pequeña gota para que se derramara ese vaso que ya estaba a tope. Se colocó una mano en la cabeza, ya le estaba dando sueño, lo cual era algo que había estado esperando desde la noche anterior, literalmente. Bien. Ya era hora de volver al dormitorio a tirarse en su cama para descansar. Tal vez así su humor de perros desaparecería al fin y se sentiría medianamente mejor. Quien sabe, lo único que quería ahora era dormir.
No dijo nada, tan sólo se removió un poco en el sillón y se puso de pie, estirándose con pereza.
– Ya vámonos. – exclamó con sequedad. – Ya no quiero estar aquí.
Al rubio le extrañó el tono empleado por la chica. Hacía mucho que no la escuchaba hablar como si estuviera dando una orden.
– Hey… primero trata de relajarte, estás muy tensa. – dijo con suavidad.
Mimi entonces se giró para mirarlo con genuina incredulidad. Yamato no tenía porqué señalarle lo obvio. Y la palabra tensa se quedaba corta comparada con cómo estaba en este momento.
– ¿Relajarme? – bufó. – No empieces con eso, ya tengo suficiente de lo mismo. – exclamó con altivez.
El chico podría jurar que se podía ver un atisbo de la Mimi de hace un año en esa mirada y en ese tono de voz.
Se levantó del sillón, acercándose a ella.
– Es que debes calmarte un poco, no vas a lograr nada si te pones así. – insistió.
– Y tampoco voy a lograr nada forzando una sonrisa más falsa que todo. – sentenció terminante, volteándole la cara al rubio y comenzando a ponerse su abrigo, que tomó del brazo del sillón.
Yamato se molestó un poco con ese gesto. Hacía mucho que no veía así a la chica y quería darle su apoyo, estaba preocupado, pero si ella se ponía en ese plan, realmente iba a ser difícil. Suspiró. Normalmente, cuando alguien le hablaba así y le volteaba la cara, él le contestaba de peor manera y después le ignoraba, pues no estaba para soportar esas actitudes. Pero en este caso simplemente no podía hacerlo. No quería hacerlo. Se trataba de Mimi. Tenía que contenerse.
– Sé que el panorama no es el mejor, pero tienes que aguantar. Lo que sigue ya no está en nuestras manos, todos están haciendo lo que pueden por ayudar... – dijo el rubio posando su mano en el hombro de la castaña, para llamar su atención.
Pero el contacto duró poco, pues Mimi se giró bruscamente, mirándolo directo a los ojos.
– Es muy fácil para ti decirlo, ¿no? – exclamó, notablemente agitada. – ¿Y qué pasa si ya me harté de aguantar? ¿No tengo otra opción? – estaba alzando la voz. – Ya basta, Yamato. Mejor ahórrate tus consejos, por favor.
Palabras incorrectas.
Y al parecer, el vaso de Mimi no era el único que estaba a punto de desbordarse.
– Claro, ahora resulta que todo lo que hago está mal. – replicó irónico.
– ¿Se puede saber en qué momento dije eso? – exclamó la chica a la defensiva. – ¡No pongas palabras en mi boca!
– ¡Y tú no grites! – ahora él alzó la voz. – ¡Yo no tengo la culpa de que te quieran llevar a la fuerza! ¡Deberías aprender a controlarte y no descargar tu ira contra los demás!
– ¡Sí, por supuesto! – bramó al borde de la histeria. – ¡Tú no eres quien tiene el tiempo contado! ¡No eres tú quien la está pasando mal!
– ¿Que no la estoy pasando mal? – exclamó, sintiéndose ofendido. – ¡Escúchate, Mimi! ¡Estás diciendo estupideces!
Palabras que lastiman.
– ¡Pues ya no tendrás que escucharme! ¿Contento? – sus ojos ardían. Estaba a punto de comenzar a llorar. – ¡Me largo de aquí!
La chica se iba a dar la vuelta, pero Yamato la sostuvo con brusquedad del brazo y la hizo encararlo.
– No, no puedes irte así. Tenemos que hablar. – dijo en tono severo.
– Suéltame, me estás lastimando. – espetó, sin mirarlo a los ojos.
El rubio de inmediato dejó libre el brazo de Mimi, preocupado. No había medido su fuerza.
– Mimi, escucha...
– ¡No! ¡Ya basta, Yamato! – exclamó ella gritando. – ¡Sé que quieres ayudar, pero tan sólo lo estás empeorando!
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Ambos se habían desbordado.
El rubio tuvo que guardar silencio por unos segundos para verificar que escuchó bien lo que Mimi acababa de decir. ¿Empeorando? ¡Por Dios, él sólo quería brindarle su apoyo! ¡Quería verla bien! ¡Quería que todo esto acabara de una buena vez! Cerró la boca con fuerza, pues sabía que si la abría, nada bueno saldría de ahí. ¿Cómo habían llegado al punto de gritarse? Probablemente era la primera vez desde que habían comenzado su relación en la que discutían así. Situó ambas manos en su cabeza, desesperado, y lo único que pudo hacer fue darle la espalda, aún incrédulo por las palabras de la chica.
– Ya, haz lo que quieras. – sentenció él, dejándose caer en el sillón con pesadez. – No puedo hacer mucho si te pones en esa actitud de mil demonios.
La castaña se quedó en su sitio, inmóvil y con la cabeza gacha, luchando por no ponerse a llorar. Estaba algo arrepentida de sus palabras. Yamato tenía razón, él no tenía la culpa de nada y sabía perfectamente que la estaba pasando igual de mal que ella. Pero es que no había podido evitar ese desplante, toda la impotencia que había estado acumulando explotó y la hizo gritar cosas sin sentido. Pensó en disculparse, pero aún estaba molesta y necesitaba calmarse antes de hacer cualquier cosa. Tomó aire para después girarse y hablar en un tono más calmado.
– Bien, como sea. – respondió a lo que el rubio le había dicho. – Tan sólo tomo mi bolso y me voy… – hizo una pausa. – ¿Dónde lo dejé?
– T.K. puso algunas cosas arriba de la estantería, revisa ahí. – respondió el rubio con simpleza, sin levantarse.
La chica miró hacia el gran estante situado al lado del sillón, en la esquina del lugar.
– Sí, ya lo veo. – dijo caminando hacia allá.
Yamato no dijo nada más, tan sólo dejó caer su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, completamente frustrado.
Mimi se paró frente al estante y frunció el ceño al darse cuenta de que el bolso estaba en la parte más alta y ella definitivamente no alcanzaba ni parándose de puntas. Por supuesto, tenía que ser el gen Ishida del crecimiento sobrehumano. Dejó salir un bufido, seguramente el tarado de Takaishi lo había dejado ahí a propósito. Ahora, ¿dónde estaba la maldita escalera?
Miró a su alrededor buscándola con la vista, pero al no encontrarla con facilidad se resignó. Saltaría o algo para alcanzar su bolso. Suspiró y dio un brinco alzando su mano lo más que pudo, pero apenas se acercaba. Pegó un par de saltos más probando su suerte, pero era inútil. Apretó los puños, realmente no tenía ganas de nada, mucho menos de batallar con cosas tan absurdas. Así que, sin pensarlo mucho, trepó su pie derecho al primer nivel de la estantería, tomándose con sus manos de uno de los niveles superiores para equilibrarse.
Bien, en cuanto trepara su otro pie, tendría el bolso.
– Mimi, ¿qué rayos estás haciendo?
Escuchó la voz de su novio a lo lejos.
– Nada. – replicó sin voltear. – Ya casi lo alcan…
Pero en cuanto subió su pie izquierdo, sintió como todo el mueble comenzaba a venirse para delante. Como reflejo cerró los ojos, aguardando lo peor. Pudo apreciar todo el momento en cámara lenta. Desde como la estantería se inclinaba hacia ella y como comenzaba a caer directo al suelo. Directo al suelo para aplastarla. Todo sucedió tan rápido y fue percibido tan despacio, que apenas pudo sentir como unos brazos la rodeaban bruscamente y la apartaban de ahí.
Y entonces fue como si la cámara lenta se desactivara. Escuchó el sonido de varios objetos de vidrio estrellándose contra el suelo así como el estruendoso golpe de algunos aparatos electrónicos que probablemente ya no iban a servir. Y sí, también sintió el impacto de la caída, pero nunca fue aplastada. Y entonces abrió los ojos para dar un vistazo a la escena.
La estantería yacía en el suelo y todos los objetos que anteriormente estuvieron en ella ahora se encontraban regados por el piso. Algunos rotos, algunos intactos, pero todos formando parte del evidente desastre. Giró su rostro hacia todos lados antes de bajarlo, y en cuanto lo hizo, pudo ver debajo de ella a Yamato, quién aún la sostenía firmemente con sus brazos, mas no se movía. Sus ojos estaban cerrados.
– ¿Yama? – preguntó, temiendo lo peor.
Su corazón se saltó un latido del alivio que sintió al ver como el rubio abría lentamente los ojos. Claro, lucía notablemente adolorido, pero al parecer no había pasado nada grave.
– ¡Por Dios! ¿Estás loco? – exclamó Mimi, tomándolo de la cara para examinar que realmente no tuviera nada. – ¡Casi me matas de un susto! ¡Pudiste haberte hecho daño!
– ¡Tú eres la que casi me mata a mí! – respondió él. – Podías haberme pedido el bolso y evitarte todo esto, ¿sabes? – le recriminó.
La chica frunció el ceño y quiso apartarse de encima del rubio, pero tenía parte de su abrigo atascado en algo, y eso le impidió moverse.
– ¡Podía haberlo hecho sola! – bufó.
Yamato arqueó una ceja.
– ¿Escalando la estantería? ¡Demonios, Mimi! – exclamó. – ¡Sabes que ese mueble es muy inestable! ¡No sé en qué estabas pensando! – estaba alzando la voz, tratando de incorporarse con ayuda de sus codos, pero le era difícil con la chica encima, no que pesara mucho, pero algo estaba ejerciendo presión.
– ¡No estaba pensando en nada! – replicó exasperada. – ¡Tan sólo quería mi bolso para irme de aquí! ¡Ya no soporto esta situación! – dejó escapar. – ¡Estoy frustrada y me siento mal! ¿Tan difícil es de entender? Yo… yo… – estaba desesperada, respirando agitadamente.
El rubio entonces cayó en cuenta de que ambos estaban alzando de nuevo la voz. Pudo ver como Mimi iba cediendo y la expresión molesta en su rostro comenzaba a ser reemplazada por una que no le gustaba nada.
– No quiero irme… no quiero irme… – continuó la chica, tratando de contener sus lágrimas. – Ya no quiero seguir así, ¿por qué es tan difícil? – exclamó, dejando caer su cabeza sobre el pecho de Yamato, sollozando.
¿Qué rayos estaba pasando? Era lo único que cruzaba la mente del rubio. ¿Cómo era que se había desatado todo esto? Él nunca quiso hacerla llorar, nunca quiso levantarle la voz. Y aunque en su interior sabía que Mimi no lloraba por su culpa, no podía evitar sentirse culpable.
– Calma… – susurró, mientras dejaba caer lentamente su cabeza al suelo, acariciando los cabellos de Mimi. – Vamos a salir de esta…
Pudo sentir como la espalda de Mimi se contraía y no tardó en escuchar el ya inevitable llanto de la chica. Las manos de ella se arremolinaban en su pecho y podía sentir las cálidas lágrimas cayendo sobre su ropa. Ahora se sentía fatal. La que peor lo estaba pasando era Mimi y él había dejado que sus impulsos le ganaran.
– Lo siento. – dijo él, sin dejar de acariciar sus cabellos. – Fui un idiota.
Mimi alzó su rostro lentamente, limpiándose las lágrimas con su mano derecha.
– N-no, yo lo siento. – se disculpó. – Todo lo que dije... no era mi intención... – hizo una pausa. – Tú no tienes que disculparte, comprendo que reaccionaras así. Es normal que te hayas hartado de mí, me puse insoportable...
¿Hartado?
– No es así. – se apresuró a decir él. – Nunca va a ser así.
Ni en un millón de años se hartaría de ella.
Una extraña mueca parecida a una sonrisa adornó el rostro de Mimi al escuchar esa afirmación. Molestas lágrimas seguían cayendo, pero esa opresión que sentía en su interior se desvanecía poco a poco. Gracias a Yamato. Si ella seguía en pie y con fuerzas, era gracias a él. Aún estaban en la misma posición, él recostado en el suelo y ella sobre él, y ahora los ojos de ambos estaban inmersos en los del otro.
Y con eso bastó.
Ese momento de crisis se había convertido en el momento perfecto. Ahí, sin decir nada, ambos transmitiéndose con el sólo poder de sus miradas todo lo que sentían el uno por el otro. Y de pronto, lo discutido minutos atrás quedó desplazado, completamente en el olvido. Mimi se preguntaba, ¿cómo había podido decirle todas esas cosas a él? A él, quien lo único que hacía era amarla. Entonces sintió como si algo que venía guardando desde hace mucho le quemara su garganta y quisiera salir. Lo sentía en todo el cuerpo y no creía poder retenerlo.
¿Y cuál era el caso de hacerlo?
– Yama… – dijo en un susurro.
Si esa era la verdad más grande del universo.
– Te amo tanto… – soltó cada palabra como si estas fueran lo más preciado para ella.
Y pudo sonreír.
Por primera vez en el día... pudo sonreír.
El rubio abrió los ojos de par en par ante la declaración de Mimi y lo que sintió justo en ese instante no podía ser comparado a nada. ¿Cómo era que esas palabras que ella acababa de decir podían tener un efecto tan arrollador? No pudo evitar esa sonrisa que se asomó en su rostro a la vez que una sola pregunta rondaba por su cabeza.
¿Cómo es que él no se lo había dicho antes?
La respuesta era simple. Y es que a veces las palabras estaban de más cuando algo era tan claro como el agua.
– Y yo a ti… – dijo con voz ronca. – Te amo, Mimi.
La amaba con una intensidad irreal.
Y Mimi, al escuchar esas palabras salir de los labios de Yamato, sintió un cosquilleo en su pecho que la llevó hasta las nubes. Nunca en su vida había sentido algo tan hermoso, y de pronto el regocijo que sentía exigió ser demostrado, a lo que ella no puso objeción.
Y comenzó a reír.
Esas suaves risillas pronto fueron transformándose en cantarinas carcajadas y la chica no pudo hacer más que lanzarse de nuevo al pecho de su novio, riendo como si su vida dependiera de ello. Estaba feliz, y esa palabra se quedaba corta. La sonrisa en el rostro de Yamato se hacía más grande con el sonido de las risas de Mimi, que lo llenaban de algo muy cálido por dentro. Cerró los ojos y rodeo con fuerza a su novia, sintiendo de nuevo como la espalda de ésta se contraía, pero ahora a causa de sus risas.
Y entonces, pudieron escuchar el sonido del celular de la chica inundando el lugar. Las carcajadas de Mimi se fueron apagando y ella alzó su rostro lentamente tratando de encontrar su bolso con la mirada, pues ahí tenía su teléfono.
– Ahí está. – dijo Yamato, estirando su brazo tan sólo un poco para tomarlo y pasárselo a la castaña.
Que suerte, el bolso había caído justo al lado de ellos.
– Gracias. – exclamó Mimi sacando su celular. – Es un mensaje de Hikari.
"¡Mimi! ¡Enciende el televisor en el canal 534 ahora!"
La castaña entonces volvió a girar su cabeza buscando el control remoto. Sabía de antemano que éste yacía en el estante que ahora estaba en el suelo, por lo que el aparato tenía que estar por ahí tirado. Y de verdad andaban de suerte, pues el control había caído justo a un lado de la cabeza de Yamato. Sonrió y ahora sí se incorporó, apartándose de encima del chico y jalando la parte de su abrigo que estaba atascada en el pesado y viejo estéreo, para después dirigirse en cuatro hacia el objeto.
– ¿Qué sucede? – preguntó el rubio mirando a la pantalla, incorporándose lentamente, quedando sentado al lado de Mimi.
La castaña se encogió de hombros y encendió el televisor, sintonizándolo en el canal que Hikari había indicado.
Era el noticiero de la noche y una reportera se encontraba afuera de una renombrada tienda de música de Tokyo. La cámara entonces enfocó a un grupo de gente fuera del establecimiento haciendo escándalo, pero no se entendía muy bien lo que decían. Entonces la reportera habló.
– "Como pueden ver, fuera de Muzic Plaza se encuentra este grupo de más de cien jóvenes exigiendo que se venda el sencillo de Diam S, el grupo de la nueva compañía disquera, MA Records".
Mimi sintió su mandíbula caer al suelo. ¿Qué estaba diciendo esa mujer?
– "Y no sólo hay conmoción en Muzic Plaza. Mis compañeros me reportan que en más de treinta tiendas de la ciudad han ido grupos de jóvenes exigiendo el sencillo del grupo, el cual por cierto, ni siquiera ha debutado". – continuó la reportera. – "La popularidad que estos chicos han alcanzado se debe a su flashmob publicitario en internet, un método sin resultados garantizados, pero bastante ingenioso". – hizo una pausa. – "Por si no lo han visto, aquí les damos una probadita de lo que se están perdiendo".
Entonces el video del flashmob se apoderó de la pantalla, para sorpresa de ambos. ¡Estaban televisándolo en el noticiero más visto del horario nocturno! No lo pasaron completo, pero dejaron el nombre del enlace para que la gente pudiera verlo en internet. Yamato y Mimi no habían hecho sonido alguno, tan sólo veían atentos.
– "Contra todo pronóstico, estos chicos están saliendo adelante". – continuó la reportera. – "Luego de que numerosas compañías televisoras los rechazaran por el pasado escándalo de Miss X y Taichi Yagami con el presidente Min Fujisaki, el grupo novato Diam S está alcanzando popularidad local entre los jóvenes, quienes exigen adquirir el sencillo en las tiendas de música".
Increíble.
– "Sin más que agregar por ahora, los invito a que vean el flashmob por internet y ustedes mismos decidan, ¿merecen una oportunidad?" – preguntó al aire. – "Según los jóvenes de Tokyo, sí, la merecen". – dijo sonriendo. – "Ahora, una pausa comercial y volveremos con la sección de deportes".
La imagen se fue y fue suplantada por los típicos comerciales de siempre, y a pesar de eso, Yamato y Mimi no podían despegar su vista del televisor. Nadie supo cuanto tiempo pasó, pero salieron de su transe cuando el celular de la castaña volvió a pillar. Un nuevo mensaje de Hikari.
"¿Viste cuantas personas quieren nuestro sencillo? ¡Vamos a lograrlo!"
Dejó el teléfono a un lado y se dio unas cuantas palmadas en las mejillas, para despertarse de la ensoñación en la que había entrado. De inmediato dirigió sus ojos al rubio, quien para su sorpresa, también la estaba mirando, y sonreía. Al parecer él ya había asimilado la noticia.
Siguió mirando a su novio durante unos segundos más hasta que una sonrisa igual o más grande que la de él se plantó en su rostro. ¡Era realmente increíble! Aún no se lo creía del todo, pero sin duda sus esperanzas acababan de renacer, y esta vez reforzadas. Y entonces, ese mismo regocijo de antes se apoderó de ella y en un impulso extendió los brazos y se lanzó a rodear a Yamato con fuerza, casi embistiéndolo, y provocando que éste volviera a caer al suelo.
El rubio la rodeo por la espalda como respuesta y ahora fue él quien no pudo evitar comenzar a reír a carcajadas, contagiándoselas rápidamente a Mimi, quien de nuevo reía sin control, presa de toda la felicidad que sentía.
– Puedo sentirlo, falta poco para nuestro debut. – dijo Yamato una vez que sus risas se fueron apagando. – Ya verás que...
Pero no pudo acabar de hablar, pues Mimi literalmente lo había callado posando sus labios sobre los de él. El gesto en un inicio tomó por sorpresa al rubio, pero bastaron unos cuantos segundos para hacerlo olvidar lo que iba a decir. Cerró los ojos y bajó sus manos a la cintura de la chica, atrayéndola más hacia su cuerpo. Pudo sentir como Mimi sonreía sobre sus labios y él no pudo evitar hacerlo también.
Se separaron tan sólo unos centímetros para contemplarse, pero no pasó mucho tiempo para que ambos volvieran a unir sus labios. Ese no era un beso como cualquiera. No lo era. Ese era un beso lleno de sentimientos confesados. Ese era un beso que significaba felicidad. Ese era un beso con el que reafirmaban el amor que sentían el uno por el otro.
Ese era un beso lleno de esperanza.
.
Notas de Rolly Polly (?):
Sí, esa soy yo.
Ay, pues, ni siquiera sé cómo empezar a disculparme, así que lo haré rápido: LO SIENTO. Les prometí que tardaría menos del mes y salí tardando más, ASDF, odio romper promesas, aunque sexy Andrew Garfield (aka: Peter Parker) dice que las promesas que no se pueden cumplir son las mejores ;D. HAHAHAHA, ya, ya, mejor me dejo de tonterías. Realmente siento haberme ausentado por tanto tiempo. Y es que el trabajo está absorbiéndome mucho, ¡se lleva toda mi inspiración al caño! Abro el documento en blanco y me quedo mirándolo como lela sin escribir nada. No saben lo difícil que fue sacar este capítulo. Pero ahí lo tienen, espero que les guste. Y porque me tarde, les traje como compensación el capi mega enorme xD.
Ahora, sobre el capítulo. Pues sí, tuvo altas y bajas, espero que más altas que bajas XD. Surgió el denominado "Dream High Project" y con ayuda de algunos sobornos y unas cuantas amenazas (?) lograron reunir a bastantes compañeros para que les ayudaran. Haha, me causó gracia escribir esas partes (: ~ Y pues, básicamente todo el capítulo trató sobre el flashmob, así que no tengo mucho que decir. OH NO, esperen, sí que tengo algo importante que decir: Las voces de la canción en inglés NUNCA terminaron de convencerme, digo, no están mal, ya quisiera yo cantar así XD, pero hubiera prefiero poner la original. Ahora, ¿por qué no usé la original? Por el simple hecho de que está en coreano y NADA que ver xD, estos chicos viven en Japón, así que algo en coreano habría estado fuera de lugar. Busqué miles de covers en inglés, y el que utilicé fue el mejor que encontré. Insisto, no está mal, pero las voces originales me llenan más. That's all.
¿Qué más? ¡AH! Pues ya ven que la profesora Fujioka tiene un pariente muy querido por todos nosotros (?). Oh, también está Keisuke, que se está componiendo un poco y se siente como una basura. OH, y al final hubo un momento Mimato algo inestable al inicio. La verdad, desde que están juntos nunca habían discutido, así que quise mostrar un lado más "humano" de ambos. Es normal que la presión haga estragos con la gente, y en este cap, Mimi explotó. Todos tenemos límites de paciencia y pues sí (?). Igual siento que el capi terminó bien. Ya les quedan sólo cuatro días y las cosas pintan mejor que antes.
Y pues, no tengo mucho que comentar hoy salvo que, ¡me voy a Disney este sábado! WUWUWUWUW. Hahahaha, ya me urge salir de la ciudad y descansar del trabajo, ¿y qué mejor lugar que Disney? ~ Lalalalala, ahora, en noticias Dream Highosas (?), ya sólo quedan dos (si acaso tres) capítulos y FIN. Estoy que no me la creo D:, pero a la vez siento que ya es hora. Hehehehe, de todos modos, terminando este fic comienzo a subir el otro del que les había hablado ^^, espero contar con su apoyo en él.
AHORA SUS REVIEWS. Bellos, hermosos, sensuales y apasionados reviews. Hahaha, realmente les agradezco el tiempo que se toman para escribirme. En serio, cada vez que en mi correo aparece una alerta de nuevo review, me sale una sonrisa boba en el rostro XD. Bien dicen que los RR's no lo son todo en una historia, ¡y es cierto! Pero no tienen idea de lo feliz que me hace leer sus comentarios, ¡su apoyo es una pieza importante del fic! Y es que lo repito, sin ustedes esta historia no sería lo que es ahora ^^. Muchas gracias. También agradezco a los invisibles, a los desaparecidos y a los flojos como yo xD, el hecho de que lean esta historia me llena el corazoncito de felicidad (: ~
Como siempre, ya los contesté todos por privado, excepto los que no tienen cuenta, esos los contesto abajito. ¡Cuídense mucho! Les mando un abrazo y esta vez trataré de no tardar tanto, hahaha, sólo espero reunir la inspiración necesaria para escribir. Y no me he olvidado del lemon prometido, ¿eh? ;D
¡Bye bye mis solecitos!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi
¿Me dejan review? (ahora la cajita les hace ojitos xD) ~
Por cierto, si no tienen cuenta, firmen al final con su nombre de usuario para que sepa quienes son ;v; ~
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