¡Hola, chicos!

Bueno, me tomo un momentito para decirles que no estaba muerta, andaba de parranda—khé—. Bueno, luego de mi accidente, tuve muchísimo trabajo recuperando tiempo en la escuela, entre otras cosas. Además, tuve un problema con mi computadora, y apenas pude seguir escribiendo esta semana. ¡Estoy muy agradecida porque muchos de ustedes siguen esperando los capítulos! Así que les prometo que, por más que la vida real me interrumpa, seguiré trayéndoles los capítulos de Eternally hasta terminarlo ;D En serio, muchísimas gracias. Espero que disfruten este capítulo ~


Oh, por Dios. Había sido una semana tan cansada, tan larga y pesada, que todos estaban hechos polvo. Sasuke había sido de mucha ayuda llevándoles comida para cada horario, aunque ellos lo echaban muy rápido de ahí para seguir con su trabajo. Así, cuando llegó el domingo, ellos se despertaron estando aun en el laboratorio y se despidieron para ir a casa a como pudieran. Shin, para su fortuna, era el que mejor había descansado en estos días, pues Sakura no se atrevía a exigirle tanto cuando él estaba aprendiendo lo básico todavía. Pero, en lo que respectaba a la pelirrosa y a Karin: ninguna podía mantener los ojos abiertos del todo. Quizá por eso ellas caminaron sosteniendo sus manos afuera del edificio. Ambas usaban jeans y unas hoodies deportivas, aunque de distintos colores. La de Karin era negra, de una marca deportiva. La de Sakura era gris, con el logo de la universidad y algo holgada para su talla. Mientras la pelirroja llevaba el cabello en una coleta, Sakura tenía un moño de cabello alborotado alto y muy desaliñado. Estaba claro que ninguna de las dos estaba en condiciones de volver a casa por cuenta propia, así como el simple hecho de tomar el metro parecía peligroso. Luego, la chica Haruno se preguntó si debían pedir un taxi, pero era probable que ellas se quedaran dormidas a mitad del viaje y, bueno, eso iba a ser una molestia. Fue entonces, mientras más cerca estaban del estacionamiento, que ella se dio cuenta de que había alguien ahí que no pertenecía ni al personal ni al alumnado de esta parte de la universidad y, sin poder controlarlo, se le dibujó una sonrisa.

—Ustedes necesitan un baño y una cama… aunque no estoy seguro de que sea buena idea que lo tengan en ese orden —dijo él, mientras las veía, alzando las cejas—. Por un momento pensé en traerles café, pero qué bueno que no lo hice.

—S-Ssaaaaaasukeeee —lloriqueó, Karin, antes de soltar a Sakura y apresurarse a taclear a su amigo, que estaba recargado sobre el cofre de su auto—. Viniste a salvarnos…

—Wow, cuidado —admiró él, aunque la recibió en su pecho, alzando el brazo para acunarla de forma un poco protectora después. Ella se apoyó cómodamente y cerró sus ojos, así que él buscó a la pelirrosa con su mirada, esperando que eso no fuera malo—. Tú también pareces necesitar dormir un poco, Sakura.

—Necesito dormir mucho —contestó ella, de pie frente a él, aunque se le cerraban los ojos—. ¿Qué haces aquí?

—Karin me dijo que terminarían su trabajo hoy —se encogió de hombros—. Pensé que estarían muy cansadas, así que decidí venir por ustedes y llevarlas a casa. Aunque, mientras más las veo, más seguro estoy de que ustedes dos necesitan supervisión de un adulto, así que quizá deba llevarlas a un sitio donde pueda cuidarlas a ambas.

—Mi casa está bien —dijo Sakura.

—No lo creo —respondió, Sasuke, antes de mover a Karin por el hombro—. Conozco mejor mi casa y la de Karin, aunque no creo que ella pueda encontrar las llaves justo ahora… en fin. Ustedes pueden compartir mi cama, así que las llevaré allá.

—Oh, no podría —aseguró, ella—. Naruto está muy molesto y, bueno, tú sabes…

—Naruto salió con la familia de Hinata y no volverá hasta mañana, así que está bien si ustedes se quedan por hoy, al menos. Como sea, es conmigo con quien tiene un problema, ¿sabes?

—De todas formas…

—En algún momento tendrás que enfrentarlo —dijo, Karin, despertándose de repente—. Pero, por Dios, ¿qué hacemos aquí? Vámonos de una vez, ¿quieren? —sacudió sus manos, antes de moverse y subirse en el asiento trasero, para tirarse ahí a recostarse. Sasuke se rio ante su desfachatez.

—Vamos —insistió, para volverse hacia Sakura—. Les haré algo para comer al medio día, y también la cena —extendió su mano hasta tomar la de ella, para atraerla a él.

—O-oye, estamos en público, no puedes…

—El lugar está vacío —respondió, atrayéndola a apoyar su cabeza en su pecho—. Está bien si te pones cómoda por un momento. Yo no se lo diré a nadie —murmuró aquello último, sosteniéndola al rodearla con sus dos brazos, y meciéndose a modo de ponerla más soñolienta.

—Mnh —ella ronroneó, sin darse cuenta—. Hueles tan bien…

—Eso es porque me di una ducha antes de venir a buscarlas —bromeó, así que ella se rio quedito, y luego alzó la cabeza para mirarlo entre sus ojos adormilados—. Bien, vas a desmayarte si no te meto a la cama pronto, ¿verdad? —suspiró—. Vamos. Les daré algo de ropa para que duerman, así que sube al auto, ¿quieres?

—Sí, señor.

Capítulo Treintaiséis: Descontrol

—Oye, Sakura-chan —la voz del rubio hizo que la aludida alzara la mirada, aunque había estado un poco ocupada con sus apuntes. Ella le expresó con su mirada un muy claro "¿qué?", así que Naruto no se demoró en continuar—. Estaba pensando que, cuando vuelva Sasuke, deberíamos reunirnos todos para beber, ¿sabes?

—Oh —de repente, la mirada atenta y vivaz de Sakura se opacó un poco, mientras ella bajaba un poco su gesto—. Sobre Sasuke-kun, Naruto… no estoy segura de cuándo va a volver. Tú tampoco lo sabes, ¿no?

—Bueno, ese idiota y yo no nos enviamos tantas cartas como ustedes dos hacen desde que él dejó Konoha otra vez —se encogió de hombros—. Deberías proponérselo.

—Venga, es más probable que Sasuke-kun no acepte si lo propongo yo —suspiró—. Aunque él me mantiene al tanto con las cartas, cada vez se demoran más en llegar, y yo debo contenerme para enviar otra que le presione.

—De cualquier forma, ¿qué tipo de relación tienen ustedes dos?

—¿Qué tipo de pregunta es esa? —se quejó, mientras se quedaba apoyada sobre la mesa de la biblioteca. Aparentemente, Sakura era una de los muchos tutores de Naruto—. No quiero que un idiota como tú me pregunte esas cosas…

—¿Eeh? ¿Idiota?

—Naruto, para mí, Sasuke-kun es una persona muy preciada —apoyó sus codos en la mesa y levantó la mirada mientras lo pensaba—. Pienso mucho en él, todos los días, y quiero que él haga lo mismo conmigo. Pero, bueno, ni siquiera sé si él en serio está bien.

—Mmh.

—Quisiera que él volviera. Quisiera que tuviéramos una cita, o que al menos me llevara con él en su viaje, aunque sea por un corto tiempo —se encogió de hombros—. Pero, Sasuke-kun no me quiere a su lado…

—Mmh.

—Deja de hacer eso —se quejó, con un mohín en su boca, para luego suspirar—. Como sea, date prisa con tus apuntes. De nada sirve lamentarnos porque Sasuke-kun no está aquí, o porque no sabemos cuándo volverá —se encogió de hombros.

Más tarde, al volver a casa, Naruto escribiría una carta para Sasuke. Le diría que necesitaba hablar con él en persona sobre asuntos de la aldea, que tenía información para compartir con su persona y con Kakashi, así que era importante que volviera a la brevedad. Luego de tres días, Naruto recibiría una respuesta positiva, y al cabo de diez días él se presentaría para dar un informe de lo que había resultado de su viaje. Por supuesto, la presunta información de Naruto no eran más que datos ficticios que no les servirían para nada, así como un pretexto para convencer a Sasuke de volver a casa y que ellos pudieran verse, de nuevo. Aquella noche, ellos habían ido como el equipo siete a cenar a Ichiraku Ramen, donde Naruto comentaría al aire que Sakura sería una buena compañía para Sasuke y, en un error, él concordaría de forma despistada. Básicamente, el que Sakura Haruno se volviera la compañera de viaje de Sasuke era el resultado de los actos de Naruto, pues él nunca lo pidió abiertamente. Ese rubio era un bastardo con algo de suerte con el amor.

[…]

Cuando Sakura se despertó, ella no estaba sola. La habitación tenía colores neutros, un poco de lo que se esperaría del dormitorio de un hombre. Ahora, ella tenía la rosada cabellera suelta y echa un desastre gracias a la almohada, mientras que a su lado estaba Karin completamente noqueada con la cara sumergido en su almohada. La ventana de la habitación estaba en la pared a la derecha de la cama—que estaba justo frente a la puerta—, pero no se filtraba porque Sasuke tenía un sistema de persianas muy eficiente. Por otra parte, en la pared detrás de la cama—a un lado de la misma— estaba un ventanal que debía dar al mismo balcón en el que ella tuvo una charla con Sasuke luego de la cena con su padre, la cual también se cerraba con esas maravillosas persianas. Al final, la luz que entraba era entre las tablillas de plástico, y no las molestaba en ningún sentido. El cuarto quedaba muy bien oscurecido, fresco y tranquilo. Era perfecto para dormir todo el día con aquel edredón suavecito de dos caras, una gris y una azul marino. De hecho, Sakura estaba sorprendida de que la habitación de un hombre estuviera en tanta armonía con los colores, a pesar de que predominaban las tonalidades oscuras. No le molestaba, pues eso ayudaba a propiciar el descanso, aunque ella estaba ahora sentada en la cama mirando a su alrededor, como si no recordara lo que había pasado después de subir al auto, pero ella sí lo sabía: habían subido, Sasuke les había dado ropa y las había metido a la cama antes de dejarlas dormir.

De ese modo, Sakura se levantó, encontrándose con un espejo de cuerpo completo a un lado del televisor de pantalla plana que estaba pegado a la pared de la puerta y frente al que había un sofá que se convertía en cama. Seguramente, los chicos solían jugar mucho en sus habitaciones con los videojuegos, o eso pensó ella con diversión antes de darse cuenta de que hoy en día era muy común que los chicos prefirieran tener los televisores y el equipo de sonido en la habitación para traer chicas a "ver películas". Sakura bufó un poco, aunque luego volvió a mirarse en el espejo y se percató de que la camisa que llevaba era de Sasuke: completamente negra con el nombre de una banda popular en blanco, usando su tipografía. Ella no los escuchaba, así que no le dio importancia, pero sí se dio un momento para girar en su eje y mirarse en el espejo, acomodándose la camisa que apenas y le cubría los glúteos. De cualquier forma, Karin había encontrado unos shorts que había dejado antes para dormir y se lo había prestado antes de entrar a la habitación de Naruto y salir con uno de sus boxers del rubio sin mucha vergüenza. Por otro lado, ella buscó su bolso antes de entrar al baño de la habitación y cepillarse los dientes, acomodarse el cabello enmarañado y salir de la habitación, aunque su cara parecía un poco inflamada de tanto dormir, a pesar de que ella se había lavado el rostro. Caminó a pie descalzo por el pasillo hasta que encontró la cocina, donde olía tan bien, y se metió ahí al ver a Sasuke ensimismado, aunque no lo suficiente para no mirarla.

—Buenos días —dijo, de forma distraída, para volver su mirada a lo que estaba cocinando—. Ya casi está lista la pasta, así que puedes ir sentándote para comer. Dormiste nueve horas, ¿sabes? Pensé que no despertarías hasta la noche.

—Karin sigue durmiendo —contestó, acercándose a su lado para mirar. Ella, sin zapatos y con su ropa, lucía mucho más pequeña de lo normal—. Wow, eso huele bien.

—Era buen cocinero desde antes.

—Cualquiera es mejor cocinero que yo —burló, para entonces volverse—. ¿Tienes café? En serio, me vendría muy bien un poco en este momento.

—En la cafetera —dijo él, antes de extenderle una taza de la alacena.

—Gracias, querido —contestó, tranquilamente, sin darse cuenta de lo que había dicho. Sin embargo, aquello había sido suficiente para que Sasuke la mirara con más atención, sorprendido no solo por la forma en la que lo había llamado, sino en lo bien que lucía con su ropa…

—Sakura, deberías ir a ponerte tu pantalón —ah, se puso nervioso. Ella apretó el entrecejo confundida, mientras terminaba de servir su taza.

—Pero estoy bien —aseguró—. No es tan corto, ¿cierto? Es decir, los shorts me llegan a mitad del muslo, así que no es que tenga un aspecto revelador, Sasuke —se encogió de hombros, aunque pronto se volvió a mirarlo para pedirle el azúcar y se encontró con su adorable expresión.

—No es eso… —murmuró, sonrojado, haciendo su mejor esfuerzo por no mirarla.

—Oye, ¿estás bien? Pareces un poco… inquieto.

—Ten compasión —suplicó, para recargarse en la barra—. Traes puesta mi ropa, es domingo y acabas de levantarte… pareciera que pasaste la noche conmigo y te pusiste mi camiseta porque no encontrabas nada más. Tú te ves tan…

—¡Oh, qué cliché! —exclamó, sorprendida y burlona—. ¿Te emociona verme así?

—Por favor —insistió, mientras su cubría los ojos con su mano derecha—. Solo ve a ponerte un pantalón y todo estará bien… nos olvidaremos de esto cuando hayas vuelto usándolo y yo podré concentrarme en cocinar.

—Vaya, es como si tuvieras quince años.

—Sakura…

—Lo entiendo —se rio—. Es porque estás enamorado de mí, ¿cierto? Pero, no puedes simplemente excitarte porque me puse tu camisa, Sasuke.

—No es solo la camisa, ¿entiendes? Es… eres… ah, Dios. Eres muy linda.

—¿Y es por eso que prefieres no mirarme? En el pasado, habría sido diferente.

—Prefiero no mirarte porque siento que voy a saltar sobre ti, como entonces —confesó, lo que la hizo dar un respingo de sorpresa antes de sonrojarse—. Yo no… no quiero que hagamos esto así, porque sé que tú no quieres que sea de esta forma. Decidiste ser honesta con Kabuto, pero no puedes serlo si él no está aquí y, bueno… no me tortures así.

—Sasuke, ¿quieres besarme?

—¿Qué pregunta tonta es esa, Sakura?

—Te dejaré besarme si me lo dices —él quitó la mano de su rostro tan pronto escuchó aquello, tan solo para encontrarse con el rostro de Sakura a medio metro de distancia—. ¿Quieres besar mis labios, Sasuke?

—¿Quieres matarme, Sakura?

—No me besaste en nuestra primera cita —sonaba como un reclamo, así que él se sorprendió un poco de oírla—, y tampoco me besaste en los labios la noche de San Valentín.

—Es que… tú…

—Me alegra mucho que respetaras mis deseos, pues eso es lo correcto, Sasuke. Sin embargo, dadas las circunstancias, febrero está por terminar y tú ni siquiera has sostenido mi mano una sola vez en todo el mes. Una chica puede tener sus reglas, ¿sabes? Pero, esto a lo que tú y yo estamos jugando, necesita un poco de combustible de vez en cuando. Hasta yo lo sé, lo entiendo.

—Vas a hacer que me explote el cerebro.

—¿Por qué? —sonrió, divertida, mientras lo miraba. Sakura era mucho más coqueta de lo que solía ser, así como parecía no darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—Voy a decírtelo, así que no te burles ni te ofendas —ella alzó ambas cejas, expectante—. Sakura, la última vez que estuve con una mujer fue antes de encontrarte… ha pasado casi medio año desde entonces, así que no creo que pueda sobrevivir a tus juegos, ¿entiendes? Así que…

—Bésame —interrumpió, descarada y su expresión tranquila.

—¿Me estás escuchando?

—No voy a dejar que me lleves a la cama, Sasuke. Tú tampoco quieres hacerlo, porque no parece que hayamos aclarado del todo esta situación, pero desde nuestro beso en la fiesta de Navidad he sentido que algo bueno ha estado pasando, así que… solo bésame.

—Tú me vas a matar, tarde o temprano.

—Creo que eso ya lo tienes cubierto.

—No seas así…

—Solo bésame, tonto.

—¿En serio me estás presionando para que te bese?

—¿En serio me estás haciendo rogar?

—No va a ser un simple beso, Sakura.

—Sasuke —las manos de Sakura se posaron firmes sobre su pecho, sostuvieron su ropa y ella lo miró a los ojos—, ningún beso contigo ha sido simple para mí, así que no entiendo por qué estás tan preocupado por esto, pero ya me estás asustando.

—¿Qué?

—Está bien, ya no quiero que me beses —afirmó, para soltarlo lentamente—. Tienes razón, tenemos que esperar a que todo esto se solucione antes de dar este paso. Por más que ambos queramos hacerlo, al final parece incorrecto, ¿cierto? Así que…

¿Ella en verdad pensaba que ahora iba a detener aquella piedra que había empujado hasta la cuesta? No. No podía ser tan ingenua, ¿cierto? Aunque, fuera como fuese, las manos de Sasuke la sostuvieron por el rostro y la arrastraron a sus labios, haciendo que ella se parara en los dedos de sus pies mientras el brazo derecho del pelinegro se extendía para rodearla de la cintura, lo que al final la ayudaba a sostener su peso. Sus dos manos se apoyaron en el pecho de él mientras era terriblemente interrumpida por aquel gesto, y sus ojos se abrieron a la par en que él presionaba sus labios al atraerla sobre su cuerpo. Seguía apoyando su espalda en la barra, así que ahora sostenía el peso de ambos mientras la camisa de ella era apretada—y subía un poco en su espalda— por su abrazo firme, al que poco a poco se unió su otra mano a la vez que sus labios se abrían y los ojos de Sakura se cerraban para sentir la suave caricia del ósculo. Estaba siendo tan lento y tierno que las manos de la pelirrosa se deslizaron con vida propia hacia sus hombros, luego sus brazos le rodearon con una gracia amorosa, estrechándose y colgándose de él a modo de alzar un poco su redondo trasero, ladeando su rostro sobre el de Sasuke y el de él sobre el de Sakura en sentidos opuestos, así que su abrazo pareció afianzarse conforme los segundos pasaban uno a uno. Ella no quería ver que aquello era un problema para la debilidad masculina del pelinegro, quizá porque de cierto modo quería abusar de ella. ¿Sería ese el motivo por el que se rehusó a separarse cuando él se movió hacia adelante para extender su mano y apagar el fuego de la estufa? Como fuera, no dejó que el cuerpo de Sakura se acercara mucho al calor, y la giró entre besos cariñosos que parecía nunca tendrían fin, producto de una represión sexual horrible, de un celibato adoptado inconscientemente por ambos… desde que Kabuto se fue, ella tampoco había tenido contacto con un hombre.

¿Cómo fue que sus lenguas se encontraron y sus dientes chocaron con torpeza? Asuntos irrelevantes que no fueron capaces de interrumpir un acto de amor que parecía arremolinar la pasión oculta en sus cuerpos, y corazones. Los pies de Sakura tuvieron que dar unos saltitos—pues no eran pasos con la forma que habían adoptado para alcanzar a Sasuke— hacia su espalda, mientras él guiaba sus cuerpos hacia uno de los bancos altos que rodeaban la barra—los que usaban en el desayuno—. Su mano izquierda había tanteado el espacio, lo había girado y, en un instante, sus dos manos la habían levantado en un movimiento ágil hasta sentar su cuerpo en aquel sitio, y aquellas extremidades fueron las que a la vez sedujeron a sus piernas para encontrar un lugar entre ellas. Las rodillas de Sakura habían actuado por el efecto de su memoria, mientras una de sus manos blancas había vuelto a descender hasta sus pectorales y era apresada entre sus cuerpos. La pierna derecha de Sakura intentó rodearlo, pero un poco de consciencia la detuvo, aunque el beso se había vuelto descontrolado, algo imposible de detener para ambos. De repente, un sonido lascivo brotó de entre sus labios, era la humedad de sus bocas que no se detenían, y Sakura se sintió avergonzada de aquello, así que echó un poco su cuerpo hacia atrás, pero era inútil: ella misma seguía abrazando a Sasuke, y viceversa. Aquello había parecido más un juego de tentación que un genuino intento por liberarse de lo que estaban haciendo y, sin darse cuenta, sus dientes habían mordido con suavidad el labio inferior del moreno, algo que resultaba imperdonable. Para un hombre en abstinencia eso era lo mismo que jugar sucio, era lo mismo que darle permiso a continuar, era activar los instintos más bajos que hicieron que la mano zurda de Sasuke buscara el borde de la blusa para infiltrarse a tocar su piel, empezando por el abdomen y deslizándose hacia su espalda. Ella dio un respingo y separó su boca, con los labios mojados, algo rosados por la fricción.

—Sa —le faltaba el aire, así que aquello sonó más como un jadeó vaporoso acompañado de ese sonrojo adorable e irresistible para él—, Sasuke-kun… —error.

Ella intentaba decir "para", pero fue silenciada por la violencia de los labios hambrientos del Uchiha que muy pronto volvieron a reclamar lo que por derecho le pertenecía, aunque ahora con más ansias que antes. ¿Acaso no se lo había dicho? Si se atrevía a llamarlo de esa forma, al menos debía tener la decencia de hacerse responsable por sus actos, así que su mano sobre la blanca piel apretó su cintura hacia él mientras la diestra le afianzaba por la nuca y, bueno, ella volvió a perderse en aquel contacto al ser reclamada por los dedos firmes de ese hombre. ¿Cómo podía meter la pata así si él le había advertido? Aunque su cabeza daba vueltas, sus dedos esbeltos apretaban la camisa gris de Sasuke, jalándola hacia su cuerpo, haciendo con ello que estuviera un poco más cerca y… ah, por Dios. Todo se había puesto muy caliente de repente, el banco había girado hasta que la espalda de Sakura encontró el apoyo de la barra de la cocina y su cuerpo se apoyó hacia atrás sobre esta, porque Sasuke seguía subiendo su peso en ella, dominándola. El hombre que saltaba sobre Sakura—como se había predicho— ahora era el esposo que había tenido dentro de cuatro paredes, muy distinto al que actuaba en el exterior. Era el mismo hombre que se esforzaba por mantener encapsulada la pureza femenina de Sakura, mientras la llevaba a puntos de éxtasis más allá de los que su imaginación podía concebir, la moldeaba y convencía de la falta de naturaleza en sus actos amatorios, aunque fueran marido y mujer. Era el hombre que la consentía y mimaba antes de ser cruel de una forma maravillosa. Este Sasuke Uchiha era el que sostenía a Sakura Uchiha entre sus brazos, le recordaba que tenía un dueño y no podía ser compartida con nadie que no fuera su descendencia, era el hombre que imponía autoridad en su casa, en su vida y en su alma. Él era por el que había llorado por dolor, tristeza, amor y placer. Él era todo…

—¿Sakura? —la voz soñolienta de Karin se escuchó por el pasillo y fue interrumpida por un ruidoso bostezo.

—En la cocina —contestó, la aludida, sin mucho esfuerzo.

La figura de Karin se apareció ahí, sin sus gafas, mientras veía a ambos con poca definición en partes distintas de la habitación. Sasuke estaba destapando la pasta para revisarla, mientras que Sakura estaba de pie a un lado de la barra, con esta de por medio entre el uno y el otro. Era gracias a que no tenía puestas sus gafas que la pelirroja no se percató del nerviosismo en sus cuerpos, de los labios rojos y los rostros acalorados. Ella los había salvado de poner en marcha el pecado que, se suponía, ninguno de los dos quería cometer. Karin seguía más dormida que despierta, además, así que no se esforzó por mirarlos bien. De cualquier forma, Sakura se acomodó el cabello en un gesto que pasó por natural, aunque era para corregir cualquier imperfección que pudiera delatarlos. Ellos habían sido tan indecentes para olvidarse de que no estaban solos en el departamento y, de no haber sido porque ella se anunció, seguramente los habrían atrapado a mitad de un vergonzoso teatro de pasión desenfrenada del que podría mofarse durante más tiempo del que ambos necesitaban—en todo caso, el tiempo requerido era igual a nada—. Ahora estaban agitados, avergonzados, y un poco asustados al descubrir que quizá no tendrían autocontrol de haber estado a solas en ese piso. Era demasiado arriesgado repetir lo que habían hecho, así que la distancia quizá sería el mejor aliado para ambos a partir de ahora.

—¿La comida está lista? —preguntó, Karin, con su expresión derrotada.

—Lo está —contestó, Sakura, antes de comenzar a caminar hacia el pasillo—. Iré a ponerme un pantalón mientras Sasuke sirve la comida —gracias a Dios—. Traeré tus lentes, Karin.

—Ah, gracias —dijo, con torpeza, mientras sonreía—. Lo había olvidado.

De cualquier forma, era más difícil para Sasuke el controlar sus instintos, ¿cierto? Ahora que ella llevaría pantalones estaban un poco fuera de peligro, aunque nada lo salvaba de la alteración hormonal que había bombeado su sangre hasta recordarle que la excitación de los hombres era mucho más evidente que la de las mujeres gracias a un órgano reproductor demasiado festivo, un ente que se hacía notar apenas despertaba por la emoción. Era una suerte que la prenda de mezclilla no hiciera tan evidente aquella perturbación, así como debía desaparecer si él se mantenía en calma por un momento, sereno en pensamiento y cuerpo, pero, ¿cómo iba a estar sereno después de semejante situación? Es decir, Sakura era hermosa. Era una criatura cuyo rostro sofocado en deseo reflejaba un candor virginal del que su cuerpo, honestamente, carecía. Ella había sido, también, la seducción encarnada que enredaba sus sentidos poco a poco. Quería apretar su piel blanca hasta que sus dedos la marcaran un poco, dejar sellos de propiedad con su boca y ver cómo se estremecía en el amor que le tenía, pero… DIABLOS. No podía sacarse las ideas revoltosas de la cabeza mientras ponía los platos en la barra, con los cubiertos y unos vasos de agua. Sakura volvió justo mientras Karin se sentaba ansiosa por la comida, y sus miradas se cruzaron en lo que ocasionó que ambos apartaran sus ojos de forma bochornosa. ¿Acaso eran mocosos?

—Voy a aprovechar para darme una ducha —dijo él, mientras salía de ahí dejándolas a solas y se apresuraba a su habitación. Lo único que podría ayudarle en esos momentos era mucha, pero muchísima agua fría. La muerte por hipotermia parecía un poco atractiva, ahora.

[…]

Después de comer, Sakura y Karin volvieron a hacerse de la habitación. Aunque la pelirroja había caído rendida en cuanto tocó la cama, su compañera simplemente no encontraba posible conciliar el sueño en ese departamento, no de nuevo. Era todo culpa de ese pelinegro, pues cada vez que ella cerraba los ojos la abordaban imágenes de los dos besándose en la cocina, la idea de llegar más lejos que ello… ah, tan indecente que mejor había dejado de intentar dormir. Se quedó revisando su celular por un rato, en la oscuridad. Guardó sus cosas, preparada para huir en cualquier momento, y se metió a la cama de forma dubitativa, aunque no se dormiría. Sin embargo, el sonido de la puerta principal cerrándose le hizo saber a Sakura que, quizá, ahora estaban solas. De ese modo, se levantó y salió con cuidado, se asomó como si estuviera ocultándose, pero no encontró al Uchiha en ningún sitio. En lugar de eso, una nota había sido dejada sobre la barra, que decía que volvería en unos minutos pues había salido a comprar algo para la cena. ¡Era el momento! Sakura tomó sus cosas y salió de la habitación rápidamente, hizo una pausa para escribir en la nota de Sasuke que había tenido que irse, y luego se abalanzó a la puerta. Tenía que huir antes de que él volviera a atraparla entre sus brazos, pero pensó que su destino no era ese cuando lo primero que encontró fue el rostro de su amigo rubio frente a sus ojos.

—¿Naruto?

—Sakura-chan —murmuró, él, algo confundido a causa de su repentina aparición. Se miraron un par de segundos, sin decir nada, mientras sus mentes se adaptaban a la realidad.

—¿Qué haces aquí? Creí que volverías hasta mañana —admitió, retrocediendo para dejarlo pasar a su apartamento. Ella estaba usando la camisa de Sasuke todavía, y Naruto no se demoró en darse cuenta de que era así.

—Las cosas cambiaron a último momento —contestó, a la par que dejaba caer su mochila en el sofá, aunque sin dejar de mirarla—. ¿Te quedaste a dormir?

—Oh… Karin y yo pasamos una semana terrible y salimos del laboratorio esta mañana. Sasuke fue muy amable y fue por nosotras, nos trajo aquí diciendo que si nos quedábamos solas probablemente terminaríamos quemando nuestra casa por quedarnos dormidas dejando la estufa encendida, o algo de eso. Como sea, me prestó algo de ropa para dormir. Karin sigue en su habitación, durmiendo.

—Ah, en el cuarto de Sasuke —admiró, seriamente—. ¿Dónde está él? No vi su auto cuando llegué, además, ¿a dónde ibas ahora?

—Oh, él dejó una nota, fue al supermercado —estaba nerviosa—, yo… tengo que volver a casa, no puedo quedarme como invitada mucho tiempo. Además, quiero ducharme y dormir en mi propia cama, en mi espacio.

—En ese caso, deja que yo te lleve.

—Oh, no —sacudió su mano—. No es necesario, voy a tomar un taxi afuera, así que…

—Sasuke te encontrará en la acera antes de que llegue el taxi —ah, se dio cuenta—. Como sea, no creo que tenga relación que durmieras en su cama, pero debes saber que el aroma de su loción está impregnado en ti —se encogió de hombros, y Sakura se sonrojó—. Deja que yo te lleve.

—Ah —suspiró—. Está bien.

—Él siempre fue así, ¿no? —la escoltó afuera, hacia el pasillo. Cerró la puerta detrás de sí y comenzó a caminar hacia el ascensor—. Aunque tú estabas loca por él, Sasuke solía ser demasiado para ti cuando te mostraba su "afecto".

—Oh, estás equivocado —garantizó, entrando junto a él a la caja metálica—. Sasuke y yo siempre hemos tenido una relación en la que él simplemente es demasiado para mí.

—Supongo que eso es cierto —se encogió de hombros, mientras bajaban hacia el estacionamiento, escuchando un zumbido mecánico—. Eras como una fan con Sasuke, en aquellos días. Es por eso que, tengo que admitir, me sorprendí mucho cuando recordé todo eso. Es decir, primero no podía creer que se conocieron y tú lo rechazaras tajantemente, era como grandioso y divertido.

—Me contó que hicieron venir a Itachi —por algún motivo, la charla era amena, aun cuando se sentía un poco incómodo hablar así con él. Naruto parecía inesperadamente serio.

—Es cierto —una risita se le escapó—. Como sea… yo no entendía cómo tú podías estar al borde de odiarlo y aun así poder convivir con él. Pensé que Sasuke estaba logrando su cometido cuando te llevó a nuestro pueblo para las fiestas decembrinas. Estaba decidido a decirle "eres todo un conquistador" cuando consiguiera tu afecto.

—Eso suena un poco cliché…

—Entonces, cuando los vi besándose en la fiesta de Navidad —Sakura dio un respingo y su expresión completa cambió. Estaba sorprendida, casi asustada. Se había vuelto a verlo en la impresión, incrédula, pero él ni siquiera se inmutó—, estaba a punto de sonreír… pero todo vino a mi mente en ese momento.

—Naruto, tú…

—Estaba detrás de Ino —se encogió de hombros. Luego la miró, a su lado, con un gesto indiferente que no le iba bien a su rostro alegre—. Ustedes eran como hermanos para mí entonces, así que no es tan extraño, Sakura-chan. Básicamente, yo luché para que Sasuke volviera, para que tú recuperaras al hombre que amabas. En esta vida, deseaba que Sasuke fuera feliz con la chica que de repente lo había enamorado. Pero, cuando recordé todo, me sentí tan infeliz —suspiró y, como por arte de magia, las puertas del ascensor se abrieron—. Supongo que al final estábamos equivocados al pensar que él había cambiado, ¿cierto?

[Continuará…]