Gracias por seguir mis historias, espero sus comentarios.
BirdsandStars
Entré seguida de cerca por Christian. Sentí como la puerta se cerró y me giré hacia él.
Se quitó los guantes y los metió en un bolsillo de la chaqueta. Y después se la sacó lentamente colgándola en un butacón de la sala.
—¿Quieres algo de beber? —le pregunté nerviosamente mientras caminaba hacia la cocina.
—¿Qué tienes de beber? —me preguntó mientras yo abría la nevera.
No había mucho en la nevera, solamente algo de queso, huevos, y algunas cervezas.
—¿Cerveza? —le pregunté alzando una ceja.
—No vendría mal. —me dijo mientras yo sacaba una cerveza y se la ofrecía.
Christian me quitó la cerveza de la mano, la abrió, y rápidamente se la bebió completa sin detenerse. Solamente se detuvo cuando la lata estuvo vacía. Y se quedó mirándome fijamente.
—¿Tenías sed?
—Tengo calor en realidad. ¿Puedo usar tu baño? —me preguntó mientras me miraba fijamente.
—Por el pasillo al final. —le dije mientras el daba media vuelta y se dirigía hacia el baño.
Quien me iba a decir que Christian estaría un día en mi casa, en mi baño. Después de él desaparecer busqué el teléfono y le envié un mensaje a mi hermano diciéndole que nos quedaríamos en Santa Ana y en la mañana saldríamos hacia L.A.
Ya sabía lo que estaría pensando él. ¿Dónde iba a dormir Christian? En ese instante mi teléfono comenzó a sonar. Era Kate.
—¿Cómo está tu hermano? —me preguntó en cuando le respondí.
—Está bien, ya está en la casa.
—Mañana Elliot me va a llevar a verlo. —me dijo mientras yo caminaba hacia la habitación.
—Le dije que irías a verlo.
—Christian me pidió tu dirección, me dijo que iba a buscarte.
—Lo sé, fue a buscarme a casa de mi hermano, un vecino amablemente le dio la dirección.
—¿Dónde estás?
—En mi casa, regreso mañana. Pensaba regresar hoy, pero no quiero ir de noche. —le dije sentándome en el borde de la cama.
—¿Dónde está Christian?
—En el baño.
—Espera, espera. ¿Christian está en tu casa? —preguntó asombrada.
—Si. ¿Dónde más va a estar Kate?
—No lo sé, en un hotel.
—A diferencia de lo que podrías pensar, él quiere pasar desapercibido. Algo difícil para alguien con su fama.
—¿Pasar desapercibido o estar en tu cama?
—Creo que las dos. —le dije muy bajito.
—Creo que si fuera en otro tiempo estarías gritando de emoción al tener a Christian en tu casa. —puedes ser que grite, aún no sé cómo piensa desquitarse de mí.
Sentí un ruido en el pasillo y entonces miré hacia la puerta donde estaba Christian parado.
—Kate, te tengo que dejar. —le dije mientras comenzaba a formarse un nudo en mi estómago.
—¿Imagino que Christian ya salió del baño? —me preguntó mientras yo lo miraba fijamente.
—Mmm-hum. —fue lo único que pude articular.
—Por tu escases de palabras me puedo imaginar cómo está vestido, te dejo con tu tortura personalizada. —eso fue lo último que me dijo antes de colgar.
Y ella tenía razón.
Christian era mi tortura personalizada.
Ahora mucho más.
Cuando me había preguntado donde estaba el baño, pensé que era para hacer sus necesidades. Jamás pasó por mi mente que él se estuviese bañando.
—¿Te has dado una ducha? —le pregunté sin moverme de mi lugar.
—Necesitaba refrescar las ideas. —me dijo dando un paso dentro de la habitación.
Traía el pelo y el torso mojado, y las gotas de agua se perdían en los jeans que tenían el botón desabrochado.
¡Mierda!
¿Acaso se podía estar más caliente?
Creo que no.
—Mientras me bañaba he estado pensando en lo que te iba a hacer. —me decía mientras llegaba frente a mí.
El cierre de los jeans quedó a la altura de mis ojos. Y en lo único en que podía pensar era en terminar de zafarlo y sentirlo en mi interior.
—¡Anastasia! —me dijo en una suave cadencia mientras subía una mano hacia mi rostro.
Su mano acarició mi mejilla mientras yo cerraba los ojos ante la sensación del calor de su mano contra mi piel. Y lentamente Christian levantó mi rostro.
—Abre los ojos. —me pidió dulcemente y yo obedecí. —Antes de hacer lo que tengo pensado hacer, necesito que me respondas algo.
—¿Qué quieres saber?
—¿Por qué me hiciste una felación en el cine?
—Porque te necesitaba, cuando estoy a tu lado olvido el lugar donde me encuentro. —no iba a decirle nuevamente que estaba enamorada de él.
He aprendido de mis errores. Él no me había respondido nada cuando se lo dije. Así que no lo iba a repetir.
—¿Solo me necesitabas? —me preguntó enarcando una ceja.
Él quería que lo repitiera, pero no lo iba a conseguir.
—Christian lo que te dije el otro día, no lo voy a volver a repetir.
—¿Qué fue lo que me dijiste?
—No te voy a seguir el juego Christian, ya te lo dije. —sus repetidas preguntas estaban haciendo que perdiera la paciencia.
—¿Qué me dijiste?
—No, lo siento, no harás que lo repita.
—No quiero que lo repitas Jaime.
—¿Entonces qué quieres que te diga Christian? —casi le grité al borde de la locura.
—La verdad, solo dime la verdad.
—Te amo, estás feliz. —en cuanto lo dije llevé mis manos a mi rostro y me cubrí la boca.
Maldito sea Christian y sus poderes de convencimiento.
—¿Entonces me amas y estás enamorada de mí?
—Ya lo sabes. —le dije poniéndome de pie. —Y esta vez no me vas a hacer repetirlo una vez más. No me hagas humillarme una vez más. —le dije mientras me alejaba de él.
Christian tomó mi mano rápidamente y me giró haciendo que chocara contra su cuerpo mojado.
—¿Humillarte por qué?
—Por no corresponder mis sentimientos. —le dije con un nudo en la garganta mientras agachaba la mirada.
—¿Quién te dijo que no correspondo tus sentimientos? —me dijo mientras levantaba mi rostro.
Creo que mis ojos se abrieron de par en par al escucharlo decir eso.
—¡Que!
—¿Acaso lo que sucedió en la ducha después no te convenció de la intensidad de mis sentimientos? —me dijo mientras se pegaba más a mi, si era posible.
—¿Pensaba que esa era la escena que estábamos filmando? Y no es como si no tuviésemos sexo de ese tipo normalmente.
—Es verdad, pero también te estaba demostrando lo que sentía por ti.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Fui a buscarte a tu tráiler y te habías marchado, no me diste tiempo a nada. —me dijo mientras enredaba las manos en mi cintura.
—¿Por qué no me lo dijiste por teléfono?
—Confesarle tus sentimientos a alguien, no es algo que se haga por teléfono Anastasia.
—¿Y lo vas a hacer ahora? —inquirí con curiosidad.
Christian me sonrió. Esa sonrisa que desarmaba a cualquiera. La que guardaba para las cámaras, para los paparazzi, para las alfombras rojas y para todas las mujeres.
—No soy una persona muy abierta con respecto a mis sentimientos Ana. No me involucro sentimentalmente con nadie, en realidad, no creo que haya hecho esto nunca. —me dijo mientras soltaba mi cintura.
—¿Qué no has hecho nunca? —le pregunté nerviosamente.
—Nunca he tenido una novia Ana, no sé cómo hacer esto. —me dijo nervioso mientras se pasaba la mano por el pelo y se sentaba en la cama.
Si me lo dicen no lo creo. Christian Grey nunca ha tenido novia.
—¿Por qué? —fue lo único que se me ocurrió preguntarle.
—Porque nunca me ha interesado nadie lo suficiente para involucrarme en una relación.
—¿Y yo te intereso? — le pregunté mientras me sentaba a su lado.
Christian tomó mi rostro entre sus manos.
—Desde el instante en que pusiste un pie en el set, supe que serías mi perdición Anastasia.
—¿Por qué no me lo habías dicho antes?
—Porque quería comprobar hasta donde llegaba la intensidad de mis sentimientos por ti.
—¿Y ya lo comprobaste?
—Creo que necesitaré más tiempo para comprobarlo. —en ese instante sentí algo de decepción. —Hasta donde he podido comprobar…—me dijo mientras subía una mano hacia mi rostro y la deslizaba lentamente por mi mejilla—… te deseo en cada momento…—bajó la mano hasta acariciarme los labios, casi sin apenas tocarlos. —… y te necesito a cada instante. —cerré los ojos mientras el cosquilleo que había comenzado por mis labios se extendía por todo mi cuerpo. —Pero todo eso se puede resumir en varias emociones.
Una de sus manos me aferraba por la cintura mientras la otra iba deslizándose por el cuello y sus labios iban hacia mi mejilla y después hacia mi oído.
—Lujuria. —me dijo haciendo que se me escapara un gemido de los labios. —¿Sabes que es la lujuria Ana? —me preguntó entre besos mientras yo negaba con la cabeza.
Si lo sabía, pero no podía articular palabra alguna en estos momentos.
—Es el deseo sexual desesperado e incontrolable que siente una persona por otra... —su mano ya bajaba por mi cuello mientras sus labios ahora besaban mi piel siguiendo el mismo camino que habían transitado sus dedos. —…es la necesidad de estar con esa persona sin importar las consecuencias.
Me empujó levemente haciendo que yo quedara acostada en la cama mientras el continuaba su seducción.
—Pasión. Esa explicaría los sentimientos tan intensos, desesperados e irrefrenable que tengo por ti. —Christian levantó mi blusa mientras comenzaba a dar besos por mi vientre.
Cerré los ojos una vez más mientras absorbía el calor de sus labios sobre mi piel.
—Amor. —me dijo mientras zafaba el botón de los jeans y metía una mano dentro. — Creo que el amor explicaría mi comportamiento hacia ti, las locuras que he cometido, el que no me importe nada ni nadie. Solo tu. Explicaría todas estas emociones diferentes que siento incluso cuando estás lejos de mí. —y en ese instante introdujo un dedo en mi interior.
Me arquee contra su mano mientras me aferraba de sus hombros desnudos. Mi cuerpo se había vuelto adicto de sus caricias, de su boca caliente deslizándose por él, pero sobre todo de su toque. Su toque enviaba señales de placer por todo mi cuerpo. Christian sabía dónde tocarme, como tocarme. En tan poco tiempo me conocía mejor que yo misma.
Comenzó a subir sus labios por mi cuerpo hasta que estuvieron sobre los míos. Y entonces retiró el dedo de mi interior y separó sus labios de mí. Abrí los ojos. Christian me miraba fijamente, sus ojos verdes queriendo ver en mí interior.
—Ana, debes tenerme paciencia.
—¿Por qué? —le pregunté frunciendo el ceño.
—Porque nunca he estado en una relación seria y porque soy extremadamente posesivo.
—Y celoso. —añadí mientras el me miraba entrecerrando los ojos.
—Lo admito, es la primera vez que experimento ese sentimiento, es algo nuevo y frustrante para mí.
—Seguro que sí. —le dije mientras acariciaba su rostro. —¿Pensaba que me ibas a castigar? —le pregunté de repente.
—Mas bien, torturar. —me dijo en un susurro mientras mordía mi labio inferior y tiraba de él.
—¿Y con que piensas torturarme? —pregunté con curiosidad mientras enarcaba una ceja.
Christian me sonrió, llevó una mano hacia el bolsillo de los jeans, y sacó una bolsita.
—Con esto.
—¿Puedo saber lo que contiene? —le pregunté mientras él me sonreía y se sentaba en la cama.
Me senté yo también y lo observé como lentamente abría la bolsita y sacaba dos objetos de ella. Todo mi cuerpo convulsionó de placer al ver lo que contenía la bolsita.
—¿No sabía que anduvieras con todo eso?
—No lo hago, lo cogí antes de salir. Pensé que si te encontraba podríamos ponernos al día y divertirnos un poco.
—Una diversión que piensas convertir en tortura. —le dije con la respiración entrecortada.
—Sí, aunque para eso voy a necesitar también otras cosas. —me dijo mientras metía la mano en el otro bolsillo y sacaba algo más.
—¿Eso también lo cogiste antes de salir?
—No, esto lo cogí de tu baño. —me dijo mientras ponía la cinta a un lado de la cama. —y también voy a necesitar tu blusa. —me dijo mientras me sacaba la blusa y después rápidamente la enrollaba y me vendaba los ojos.
Esto era típico de él.
Hacía tiempo que no me vendaba los ojos y mucho menos me ataba. Me acomodó en la cama mientras ataba mis manos a la cama. Mi respiración ya se estaba acelerando en anticipación.
Sabía lo que el vibrador y las bolas podían hacer por separado, pero no tenía idea que el fuera a utilizar los dos al mismo tiempo mientras me tenía vendada, atada y sometida a su merced.
