Advertencias
Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.
NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.
Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.
Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron
Hola! quería avisar de que me equivoqué al actualizar el capítulo anterior y en lugar del 35 de verdad subí este, que es el 36; Ya está arreglado!
Capítulo 36
El sonido de varios pasos ágiles dejaron de escucharse en medio de la nocturnidad, cuando el grupo compuesto por 15 hombres de la Easy llegó a las inmediaciones de la casa de dos plantas en el bando alemán, envuelta en la penumbra que ofrecía la pálida luz lunar.
–Recordad, no los matéis. Hay que hacer prisioneros. –Dijo John Martín en un susurro antes de dar la orden de entrada, observando que el resto asentía en absoluto silencio.
Unos segundos después, el mutismo se rompió de forma brusca al estallar una granada de mano, dando paso al comienzo de la misión de captura de la compañía.
Los chicos se dividieron, corrieron escaleras arriba la mitad, mientras el resto entraba en la planta baja, todos en busca de soldados alemanes, los cuales pronto claudicaron ante los gritos de los americanos.
El escándalo se concentraba en la segunda planta, donde uno de los prisioneras no dejaba de gritar con terror en su lengua materna ante la agonía de uno de sus compañeros herido por la granda, y la tensión que creaban los bruscos movimientos del grupo enemigo mientras trataban de conducirlos fuera.
–¡Webster, haz que se callen o vendrán a freírnos a tiros! –Ordenó Martín mientras rebuscaba en los papeles de la mesa de la sala, a la par que Heffron y Guarnere se encargaban de movilizar a los dos alemanes sanos.
El mentado comenzó a hablar en alemán para hacer callar el soldado en shock, cuando de forma repentina el sonido de un par de disparos a escasos metros los conmocionó velozmente, haciendo que se miraran.
–Viene de abajo. Han dado a alguien. –Intervino Guarnere al escuchar los gemidos de dolor.
–¡Venga, vámonos de aquí, rápido! Heffron, Webster, ocupaos de estos dos.
Todo el mundo se puso en marcha tras la orden de Martín, saliendo con precaución y velocidad de la estancia, encontrándose con un gran revuelo en el exterior.
Las balas enemigas volaban en dirección hacia los americanos, siendo respondidas por las de parte del grupo mientras los chicos restantes trataban de portar a Jackson, quien había sido herido y sangraba copiosamente.
–¡Vamos, avanzad. No os paréis! –Gritó Martín por encima del tiroteo, quedando detrás del grupo para hacerlo avanzar hacia el río.
Los disparos del fuego de cobertura fueron cesando mientras todos trataban de llegar a los botes sin ser heridos, escuchando con alivio como las ametralladoras de su bando empezaban a apoyarlos desde la lejanía.
Tras unos minutos que parecieron años para los hombres, el grupo llegó a la orilla contraria tras cruzar velozmente las frías aguas.
Con rapidez, Liebgott y Malarkey se acercaron para ayudar a sus compañeros recién llegados a desembarcar y ocuparse de los prisioneros.
–¡Rápido, llamad a Doc! ¡Jackson está herido! –Alzó la voz sobre el ajetreo Bull, quien cargaba con el joven mientras corría hacia la casa más cercana, seguido del resto de compañeros.
Los presentes en la sala principal se sobresaltaron ante la llegada del grupo y sus gritos, levantándose veloces para despejar la gran mesa rectangular, donde Jackson fue depositado mientras gran parte de los hombres de arremolinaban en torno al joven.
–¿¡Dónde está Roe o Victoria?!
Antes de que alguien pudiera responder a la pregunta de Martín, Eugene apareció corriendo con Heffron detrás. El grupo dejó paso al médico para que pudiera trabajar.
–¡Ponedle sulfamida y alzarle la pierna! –Ordenó tras quitarse velozmente el casco y sacar una de las compresas limpias para taponar la herida del estomago del moreno, la cual era más grave.
Mientras varios seguían las instrucciones del médico, otros se ocupaban de vigilar a los prisioneros y tratar de hacerlos callar. A su vez, los murmullos agónicos de Jackson se alzaban sobre el ruido ante el inminente miedo que se apoderaba de él, y lo hacía perder el control al entrar en pánico.
–Tranquilo, Jackson. No vas a morir. Todo va a salir bien. –Dijo Roe con convicción mientras el herido ignoraba su esfuerzo, sin dejar de moverse.
–Vamos, chico ¡tienes que relajarte! Haz caso al doctor.
Los ruegos de John Martín y otros compañeros no sirvieron para ayudar al muchacho, lo que contribuía a que la atmósfera se volviera cada vez más tensa y tétrica, cuando Victoria apareció con velocidad en el umbral de la puerta alertada por los gritos que habían llegado hasta la enfermería.
–Es la artería, no puedo detener la hemorragia. –Informó Eugene en cuanto la chica se puso a su lado para ayudar, pero encontró que era demasiado tarde para eso.
Los gritos de Jackson habían cesado, y con ellos el resto de sonidos de todos los presentes, que entendieron ante la quietud de ambos médicos que su compañero acababa de morir.
Eugene alejó lentamente sus manos ensangrentadas del cuerpo inerte mientras apretaba la mandíbula con impotencia, sintiendo aquella odiosa y familiar oleada de frustración y dolor.
El sanitario cogió una de las placas de identificación del collar del cadáver mientras Martín lo cubría después con una manta, aún en el silencio sepulcral de la sala.
Victoria observó como Roe se ponía en marcha junto con varios de los chicos para llevarse de allí a Jackson, cuando Heffron la llamó desde la lejanía para que atendiera a uno de los reemplazos más recientes, que presionaba un corte sobre uno de sus brazos.
La morena inspiró mientras se mordía el labio inferior con levedad, contemplando de nuevo aquella marea de sentimientos negativos en los ojos del sanitario antes de verlo desaparecer de la casa, con aquel nuevo pesar a la espalda.
–Victoria, ¿estás bien? –La sacó de sus pensamientos Babe, haciendo que asintiera y se encaminara hacia la pareja, sin poder dejar de pensar en Eugene y en la ayuda que necesitaba.
La tenue luz de una de las lámparas de la enfermería salir hacia el exterior confirmó a Victoria que Eugene estaba allí, y que había cambiado la guardia con Spina, a quien en realidad correspondía el turno de aquella noche.
Sabía que el moreno no debía encontrarse con ánimo tras lo ocurrido con Jackson, ya que desde el incidente Roe no se había dejado ver, manteniéndose ocupado y en soledad, lo cual ella había respetado hasta que no pudo aguantar más al saber que estaría dándole vueltas a algo tan destructivo como la frustración, y el sentimiento de culpa y fracaso.
Victoria entró en la enfermería cerrando tras de sí con suavidad, contemplando al moreno sentado sobre uno de los catres que ocupaban ahora la estancia principal, ya organizada. El sanitario no se inmutó ante su llegada, continuando con la mirada gacha en sus manos, que jugaban con una de las placas de identificación de Jackson.
–Nadie hubiera podido salvarlo sin los medios adecuados, ni siquiera el mejor cirujano. –Susurró con dulzura la chica, sentándose a su lado.
–Lo sé, pero aún así... Tenía 19 años, había mentido sobre su edad. He perdido a muchos hombres, tantos que ya ni recuerdo el número. Pero no me acostumbro a esta sensación. –Agregó revelando lo que le atormentaba.
–También has salvado a muchos, y eso es en lo que debes pensar, Eugene. Nadie tiene la culpa de las muertes. Sólo la puta y absurda guerra. Eres un buen médico, en serio. Siempre estás donde se te necesita, y no dudas en ir a ayudar por muy jodida que esté la situación.
El moreno se giró esbozando una leve sonrisa que ella le correspondió a la vez que Roe le agradecía su apoyo, volviendo a hablar tras unos segundos de silencio.
–¿Tú estás bien? He oído a los chicos decir que Ledger ha estado flirteando contigo.
–Todo está controlado. No lo mandé a la mierda directamente porque es un superior. –Bromeó volviendo a sonreír, mirando de soslayo al médico.
–No es mala persona. Un poco serio y estricto, pero no creo que sea malvado.
–Lo único malo es que es un poco gilipollas, y un machista aunque trate de esconderlo para ligar conmigo –rió contagiando a Roe–. Pero yo ya no puedo pensar en otro que no seas tú.
Eugene centró sus ojos en los de ella tras su última frase, encontrando a la chica nerviosa mirándolo fijamente. Aquella situación hizo que sonriera, sintiendo ternura hacia la española. Antes de tomar la palabra Roe dejó la chapa metálica en una mesilla cercana, cogiendo una de las manos de Victoria.
–Saber eso hace que me sienta muy feliz, porque no quiero alejarme de ti ni un minuto. Haces que me sienta renovado. Eres muy especial.
Victoria tragó saliva tratando de contener el latir desbocado de su corazón mientras contemplaba los ojos azules del chico, dejando que las palabras fluyeran solas.
–Te quiero, Eugene. Te quiero tanto que sólo puedo pensar en tu bienestar, y en hacerte feliz como sea, hasta en medio de todo esto. Contigo es como si no existiera nada de lo que ha pasado antes.
El chico amplió su sonrisa sin dejar de mirarla, para después soltar su mano y dirigirla hacia la mejilla de la joven, besándola con todo el amor del que fue capaz.
Tras unos segundos ambos se separaron con lentitud, y el médico susurró aún muy cerca de los labios de Victoria que también la quería con la misma intensidad.
Muchas gracias todo el que lea!
