Limonada para el calor
Drabble 034: Videojuegos.
—Solo un rato más, Rae.
—Son las dos de la mañana, Gar…Vamos a la cama— murmuro Raven apartando un mechón de su cabello y soltando un ligero suspiro— Has estado jugando este juego desde las siete de la tarde, has avanzado demasiado, yo estoy cansada y solo quiero ir a la cama.
—Pero ya casi estoy a punto de subir de nivel.
—No me importa— dijo Raven apoyando su cabeza con el borde del sofá y mirando al techo—Tienes quince minutos o voy a terminar por perder el control y explotar el televisor en el camino ¿Entendiste?
—Quince minutos es más que suficiente— dijo lamiéndose los labios y mirando fijamente la pantalla, controlando a la perfección su personaje— De hecho voy a estar listo en catorce minutos y cincuenta y nueve segundos.
—Confió en ti— murmuro Raven algo cansada— Recuerda solo quince minutos.
La hechicera se cruzó de piernas y por unos minutos solo hubo silencio a parte del sonido proveniente de la televisión…eso hasta que una perversa idea se le ocurrió repentinamente a la chica mitad demonio. Riéndose en voz baja, Raven se bajó del sofá y se arrodillo entre las rodillas de su amante, levantando su mirada para encontrarse con la de él. Garfield aún estaba poniéndole más atención a la pantalla, no estando muy seguro de lo que ella estaba haciendo, Raven sonrió aún más sabiendo que su novio claramente ignoraba sus intenciones.
Raven presiono sus labios sobre sus descubiertos muslos y lo escucho ronronear, un sonido que ella amaba escuchar. Amaba ver como él se estremecía bajo su toque, era como si lo tuviera bajo su control. Garfield gruño y observo como Raven comenzaba a bajar el cierre de sus pantalones.
—R-Rae… ¿Qué estás haciendo?
Ella le sonrió a él mientras metía su mano en sus pantalones y envolvía delicadamente sus dedos alrededor de su ya erecto miembro. Froto cuidadosamente su pulgar sobre la cabeza y sintió como su cuerpo volvió a estremecerse casi dejando caer el control de la Gamestation.
—Si vas a jugar hasta tarde…— murmuro ella sensualmente mientras sacaba su erección y cariñosamente le daba un beso a la cabeza— Creo que yo también puedo jugar un rato.
