Ni los personajes ni la historia me perteneces, la historia es de Carolina Andújar y los personajes de Masahi Kishimoto yo solo me dedico a hacer la adaptación por entretenimiento.
NOTA: Se que no merezco perdón de nadie por demorar tanto en actualizar, pero la razón es que estoy tan ocupada con la universidad que no tengo tiempo para nada, estudio de lunes a sábado de 7 am a 10 pm los seis días, pero de a poco he ido adelantando el capítulo hasta terminarlo, incluso lo hice más largo para recompensarles. Aparte que diré que intentaré actualizar UNA O DOS VECES AL MES por lo que les pido perdón de ante mano y me comprendan por favor.
Les agradezco a las personas que hayan estado leyendo los capítulos y hayan comentado. Les pido perdón por la demora en actualizar, pero como sabrán a mi no me sobra precisamente el tiempo. Pero haré lo posible de actualizarlo así sea cada una o dos veces al mes para que no pierdan el hilo de esta historia junto con la de 6 Romeos 1 Julieta (si no la conocen los invito a leerla, actualmente esta se encuentra en PAUSA), no merecen que se pierdan por mi poca presencia. Les pido perdón de ante mano por lo aburrido que tal vez les parezca este capitulo, recuerden que la historia es un poco lenta pero animo. De ahora en adelante Sasori empieza a aparecer en lo que queda de historia, sé que demoró mucho y esto esta que termina pero no es tan malo, al fin nuestro pelirrojo se presenta oficialmente!
Capítulo 36: La reunión.
Sabíamos que ni Karin ni Neji Hyuga podrían acercarse a la cruz Patriarcal y, por lo tanto, debíamos tener especial cuidado con todos aquéllos que no fuesen Vampyr, en caso de que nuestros dos enemigos hubiesen adivinado en dónde nos encontrábamos y decidiesen enviar a alguien a robarla. Habíamos deducido que para entonces Neji y Karin debían haber echado de menos la presencia de Fū y presentíamos que pronto llegarían a Ketsueki en busca de ella y Sasuke.
- Me pregunto por qué Karin y Neji no se presentaron con ellos en el castillo -le dije a Sasori- Muy probablemente no estaríamos contando la historia.
- También tuvimos la suerte de que Neji y la condesa no se apoderaran del cofre antes que yo regresara por él. Lo había dejado junto a la celda mientras te sacaba de allí. Lo habríamos perdido para siempre.
- ¿Dónde crees que puedan estar? -pregunté.
- No lo sé, desde que Fū murió se me ha hecho más difícil percibir la cercanía o lejanía de Karin -dijo él.
- Espero que no hayan encontrado a Shikamaru y a Temari -dije, sintiendo miedo por ellos.
- Yo también lo espero -dijo Sasori, e intuí que estaba más preocupado de lo que se atrevía a demostrarme.
- ¿Sabes si habrá llegado alguna correspondencia de parte de Konan?-le pregunté a Sasori- Le escribí hace más de quince días.
- Déjame preguntárselo a Kisame -dijo él, poniéndose de pie y dejándome a solas en el salón.
El suave resplandor del crepúsculo se colaba por entre las translúcidas cortinas de la estancia, bañando las paredes con su encanto primaveral, y yo me había quedado mirando una hermosa pintura que Kisame Hoshigaki le había comprado a un mercante.
Recordaba cómo Konan y yo habíamos planeado tantas veces recorrer el mundo en busca de aventuras, y pensaba en la forma en que las aventuras habían venido a nuestro encuentro antes que pudiésemos emprender el viaje. De repente, la campana de la puerta me sobresaltó y me puse de pie de inmediato. Antes que pudiese llegar al zaguán de la entrada, oí la risa de Sasori y una voz familiar que exclamaba:
- ¡Jovencito! ¡Pero qué susto me has dado!
No podía dar crédito a lo que mis oídos escuchaban ¿De veras era el padre Itachi quien había llamado a la puerta? Cuando me precipité al umbral del portón, solté una exclamación de alegría: Konan, Nagato y el padre Itachi estaban de pie frente a Sasori y Kisame, quien ya les daba la bienvenida a su casa. Me lancé a los brazos de mis amigos y, entre risas y lágrimas, me enteré de cómo habían decidido viajar hasta allí.
- Los tres hemos soñado contigo -dijo Konan- A Nagato y a mí nos decías que debíamos venir a Ketsueki.
- Yo venía soñando contigo hacía ya un par de semanas -dijo el padre Itachi- y el mensaje de los sueños era muy claro: debía viajar cuanto antes a casa de Konan y Nagato. Me tomó unos días dejar todos los asuntos de la parroquia en orden, pero justo cuando arribé a la residencia de los Uzumaki, Konan recibió tu carta. Entonces comprendimos que los tres debíamos presentarnos en casa del señor Hoshigaki de inmediato.
Sasori y Nagato bajaron los baúles del coche y siguieron a Kisame a las habitaciones de huéspedes mientras Konan y yo nos instalábamos en el salón en compañía del padre Itachi.
- ¡Konan! -exclamé- ¡Justo estaba pensando en ti cuando sonó la campana! -y, dirigiéndome al padre Itachi, agregué- ¡No sabe cuánta felicidad sentí al escuchar su voz, padre! ¡Creí que estaba soñando! ¡Han viajado desde tan lejos, deben estar muy fatigados!
- Hemos dormido durante el viaje; nuestro cochero es muy hábil y hacía un tiempo maravilloso –replicó Konan.
- ¡Qué susto me ha dado Akasuna al llegar, Jovencita! ¡Por poco me manda a la tumba! -dijo el pobre padre, aún tembloroso.
- Un pequeño susto de vez en cuando fortalece el corazón, padre Itachi -dijo Sasori, entrando a la habitación con Kisame y Nagato.
Noté que estaba tratando de suprimir una sonrisa socarrona. Le dirigí una mirada de reproche, pero el padre Itachi dijo:
- En eso tienes razón, hijo, y no dudes que, en su momento, sabré devolverte el favor- Acto seguido, esbozó una amplísima sonrisa y tomó un sorbo del té que nos habían llevado.
- Padre Itachi -pregunté- ¿ha traído con usted el libro de Karin?
- ¡Claro que sí, hija! ¿Por quién me tomas? ¿Por un cura párroco del siglo pasado?
Reí para mis adentros, aunque el padre Itachi tenía toda la razón en lo que decía: no sólo era tan ágil como el resto de nosotros sino que era un hombre recursivo y perspicaz. El padre extrajo el libro de su maletín y me lo entregó.
- Creo que este libro le pertenece a Sasori -dije, extendiéndoselo a él.
- Gracias por cuidar de él, padre Itachi. Fue lo último que mi padre quiso entregarme –dijo Sasori, cerrando los ojos y aferrando el libro contra su pecho.
Poco después pasamos al comedor para cenar juntos y Kisame Hoshigaki les narró a los recién llegados cómo había comenzado la guerra entre su familia y la Condesa sangrienta.
- ¡Dios mío! -dijo Konan, horrorizada- ¡Pobre Jugo!
- Todo por un vanidoso capricho de la condesa de Ketsueki... –dijo Kisame.
- Karin no sólo es la asesina más orgullosa sino también la más esquiva de todos los tiempos... –dijo Nagato- Aún tengo frecuentes pesadillas con ella y con Fū. Siento muchísimo lo que le ha ocurrido a usted, Akasuna.
- Gracias, Uzumaki -dijo Sasori.
- Por fortuna, el cuerpo sin vida de Fū yace ahora en el suelo de la celda donde murió la condesa -dije.
- Creo que todos aquí compartimos el mismo deseo -dijo Sasori- enviar a Karin Kyūketsuki a las más profundas cavernas del infierno.
- Brindo por nuestra victoria -dijo Kisame Hoshigaki, elevando su copa.
- Y que Kami-sama guíe cada uno de nuestros pasos -dijo el padre Itachi.
Todos unimos nuestras copas en el centro de la mesa, pactando nuestra alianza.
- Señores -dijo Sasori- ha llegado la hora de planear la forma de darle muerte a nuestra enemiga.
Reunidos en la gran biblioteca de Kisame, con los dos libros de la historia de la condesa abiertos sobre la mesa, deliberamos acerca de la mejor forma de atraparlos a ella y a Neji.
- No podemos darnos el lujo de que se nos escapen otra vez –dijo Sasori- Si aún no han llegado a Ketsueki, no tardarán en hacerlo, y es nuestra oportunidad para acabar con ellos antes que vuelvan a hacemos daño.
- Rin nos acompaña, estoy convencida de ello -dijo Konan.
- Tendremos que vigilar el castillo -dijo Kisame- Imagino que será allí en donde busquen primero a Fū.
- Si es que no pueden intuir que ya ha muerto –dije- Yo apostaría a que sí. Sin embargo, Karin no va a descansar hasta haberse apoderado de la cruz Patriarcal ¿Y si tratásemos de tenderles una trampa?
- ¿Una trampa? -preguntó Nagato.
- Sí -le dije- podríais utilizarme a mí como carnada.
- ¡De ninguna manera! -exclamó Sasori- Jamás lo consentiré. Vosotras dos os quedaréis aquí con el padre Itachi mientras yo voy al castillo con Uzumaki y Kisame.
- Estoy de acuerdo con Akasuna -dijo Nagato- Tal y como están las cosas, no debéis salir de esta casa por ningún motivo hasta que nosotros hayamos destruido a nuestros enemigos.
- Nuestra ayuda podría seros de utilidad -dijo Konan- quizá deberíamos ir todos juntos.
- Entonces tendríamos que cuidar de vosotras al tiempo que tratamos de pelear con el enemigo. Además del terror de enfrentarnos con los Vampyr estaría el terror de que algo os ocurriese a Sakura o a ti -dijo Nagato.
- Uzumaki tiene razón -dijo Sasori- Es un riesgo demasiado grande. Ya estuve a punto de perderte hace muy poco, Sakura, y no estoy dispuesto a llevarte a ese castillo de nuevo.
- Creo que lo mejor que las damas y el padre Itachi pueden hacer mientras estamos ausentes es rezar, y no lo digo con ligereza-expresó Kisame- Necesitamos de toda la ayuda celestial que podamos recibir.
- Está bien -dije, aterrorizada tanto de quedarme en casa del señor Hoshigaki como de volver al castillo- Pero es imperativo que concibamos un plan organizado antes que partáis.
- Es muy difícil trazar un plan cuando no conocemos ni siquiera la posición del enemigo -dijo Nagato.
- Sabemos que querrán apoderarse de la cruz Patriarcal y que para esto tendrán que utilizar aliados que no sean Vampyr-dije.
- Y, por ello, tanto Konan como tú deberíais estar armadas, en caso de que ellos o sus aliados logren entrar a la casa -dijo Sasori.
- Podríamos intentar confundir a nuestros enemigos -dije.
- ¿Cómo haríamos eso? -preguntó Konan.
- Los Vampyr aún no han visto la cruz Patriarcal -dije- Podríamos construir varias cruces de madera para distraerlos a ellos y a sus aliados.
- Brillante -dijo Sasori, cuyos ojos reflejaban la luz de las velas.
- Los Vampyr sentirán cuál es la verdadera cruz -dijo el padre Itachi, acomodándose las gafas.
- Puede ser -dije- pero podemos bañar las otras cruces en vino consagrado y así serán armas a su vez. De uno u otro modo, hasta que no estén ante la verdadera cruz Patriarcal no tendrán forma de saber cuál es cuál.
- Pienso que es una idea magnífica -dijo Kisame- A mí no se me ocurre ninguna mejor.
- No se diga más -concluyó Sasori- Hagámoslo. Una permanecerá aquí en la capilla de la casa y llevaremos la verdadera cruz Patriarcal junto con otras dos al castillo de Ketsueki.
- Tengo otras armas en casa que podemos utilizar -dijo Kisame- Cada una de las damas debe estar en posesión de una pistola. Y el padre Itachi también debería tener una.
- No sabría cómo utilizarla -respondió el padre Itachi- Mi mejor arma es la fe, y es la única que puede protegerme.
- El padre Itachi bendecirá las cruces, y consagrará el vino y las hostias -dijo Nagato- Es mucho más de lo que ninguno de nosotros puede hacer.
- Bien -dijo Kisame- Ayúdame a traer la madera y la herramienta, Sasori. Debemos ponernos manos a la obra de inmediato.
- Konan, Sakura -dijo Sasori- encargaos de verificar que todas las puertas y ventanas de la propiedad estén cerradas y sellad cada rincón con sal exorcizada. Uzumaki, traiga un barril de vino de la bodega.
- Aquí están las llaves de la cava -dijo Kisame, extendiéndoselas a Nagato.
El padre Itachi, Konan y yo comenzamos a recorrer toda la propiedad de Kisame Hoshigaki, dibujando sobre cada puerta y ventana una cruz de aceite bendito y poniendo sal exorcizada en los dobleces de las paredes. Sasori, Kisame y Nagato construyeron tres nuevas cruces imitando el modelo original de la cruz Patriarcal, y al fin todos nos reunimos en la capilla un poco después de la medianoche. El padre Itachi bendijo las cruces, las balas de nuestras pistolas, varias hostias y el vino que Nagato había llevado, y con el último ungimos varias agujas, bañamos las cruces y nuestros crucifijos personales.
- Creo que estamos listos para partir -anunció Sasori después que el padre Itachi les hubo dado a todos su bendición.
Konan se abrazó a Nagato.
- Aún podría ir contigo... -le dijo.
- No, Konan -respondió éste- Debemos dividirnos en dos grupos. Es lo más seguro para todos.
Los ojos de mi amiga se llenaron de lágrimas mientras Nagato montaba en el caballo que Kisame le había dado, llevando una de las cruces. Nunca había visto a Konan tan pálida y trémula, y esto incrementó mi temor de que algo pudiese ocurrirle a Sasori.
- Ya no seré Vampyr cuando regrese, Sakura -me dijo- Dame tu bendición.
Toqué su frente para bendecirlo, y mis ojos se llenaron de lágrimas. Estaba demasiado asustada y, en el fondo, sentía que no volvería a verlo nunca más. Sasori clavó sus ojos en los míos y dijo, como si pudiese leer mis pensamientos:
- Volveré. Te juro que volveré.
El padre Itachi y Konan me hicieron entrar en la casa y vi a Sasori partir desde la ventana, estremecida del terror. Antes de atravesar el gran portón de la salida, Sasori hizo que su caballo se diese la vuelta e hizo la señal de la cruz Patriarcal en el aire a manera de despedida. Entonces Kisame cerró las puertas desde afuera, y ya no los vimos más.
- Vamos a la capilla a orar -dijo Konan.
- No -dije- Debemos vigilar las entradas. Hagamos rondas por la casa al tiempo que rezamos.
- Buena idea -dijo mi amiga, enjugándose las lágrimas.
- Todo va a estar bien, hijas mías -dijo el padre Itachi- Oremos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El padre Itachi llevaba un cirio encendido en su mano, y Konan y yo llevábamos nuestras pistolas. Los empleados de Kisame dormían en una casa separada de la propiedad, así que estábamos completamente solos.
- ¿Crees que los Vampyr sepan que estamos aquí? -preguntó Konan.
- Nuestros enemigos parecen saberlo todo siempre -respondí, recordando la horrible historia de Sasori y cómo los Vampyr habían dado muerte a sus padres en su propia casa.
Luego de recorrer todos y cada uno de los pasillos de la casa de Kisame, el padre Itachi se sintió fatigado, y sugerí que nos instalásemos en la biblioteca de Kisame, desde donde podríamos vigilar el jardín. El padre Itachi se aposentó en el mullido diván y yo encendí un candelabro para que tuviésemos más luz. Konan volvió a abrir los libros de la vida de Karin y no tardó en hallar la lámina del templo de Konoha.
- De veras que sí parece que fuesen el edificio central y el edificio de la derecha de Konoha no tōjō -dijo.
- ¿Qué tendrá que ver Konoha no tōjō con la condesa? -pregunté.
- Es probable que los monjes que asistieron a Orochimaru Hoshigaki hayan llegado hasta allá-dijo el padre Itachi- Tal vez, incluso, siguiendo a Karin ¿Recordáis las historias de la peste negra de Konohagakure?
- Fue usted quien nos contó acerca de esos ataques, padre –dijo Konan- Y muy posiblemente eran Karin y los suyos quienes los perpetraban.
- ¿Y si no eran los monjes quienes seguían a Karin sino al revés? -pregunté.
- ¿Qué podrían tener los monjes que los Vampyr quisieran? ¿Habían sido los cofres entregados a sus nuevos guardianes para ese entonces?-preguntó Konan.
- Según el libro original, Orochimaru Hoshigaki llegó a Ketsueki en 1726-dije yo, enseñándole la página-No podría haber repartido los cofres aún. La peste negra había azotado Konohagakure el siglo anterior; coincide con la desaparición de Karin de Ketsueki después de la muerte de la esposa de Jugo.
- Quizá los monjes de Konoha tuvieran algo más. -dijo el padre Itachi.
- ¿Algo que hubiesen escondido justo en el lugar donde estaba el árbol? -pregunté.
- No descarto esa idea. Por algo está el lugar marcado en la lámina con la cruz Patriarcal -respondió el padre Itachi.
- ¿Escuchaste eso? -preguntó Konan.
- Sí -respondí, sintiendo que la sangre se me helaba en las venas. Los ruidos provenían de la planta baja.
Todos sabíamos que no podía tratarse de Nagato, Sasori ni Kisame, quienes apenas estarían llegando al castillo.
- Nuestros enemigos están aquí -dijo el padre Itachi persignándose. Empuñé mi pistola en una mano y escondí una de las agujas en la otra.
- ¿Qué podemos hacer? -balbució Konan.
- ¡Echarle llave a la puerta! -murmuré.
El padre Itachi abrió un frasco en el que tenía vino consagrado y se concentró en rezar. Yo escolté a Konan hasta la puerta de la habitación. Konan comenzó a empujar la madera de la puerta lentamente para que no crujiese.
- ¡Date prisa! -le dije- ¡No es cuestión de ser más silenciosos sino más rápidos!
Las manos de mi amiga temblaban mientras giraba la llave en la cerradura. Entonces la puerta se abrió de par en par, lanzando a Konan contra mí y a mí contra la pared. El impacto hizo que se me cayese la aguja de la mano.
- ¡Detente, Lucifer! -gritó el padre Itachi, quien se había puesto de pie de un salto y elevaba su crucifijo hacia el intruso, que era nada más y nada menos que mi primo Kiba.
Kiba rio por lo bajo y tomó a Konan por los cabellos, atrayéndola hacia sí.
- Sus sortilegios no funcionan conmigo, padre -dijo Kiba- ¿Dónde está la cruz Patriarcal?
- ¡Kiba Haruno! -exclamé, temblando y apuntándolo con mi arma-Suéltala ahora mismo o…
- ¿O qué? -preguntó él, aferrando a Konan con más fuerza.
Konan enterró en el muslo de Kiba la aguja que se me había caído al suelo: había logrado recogerla justo cuando yo la había perdido. Kiba soltó un grito de dolor y tuvo que dejar ir a Konan para sacarse la gruesa aguja del muslo.
- ¡Maldita! -gritó, al tiempo que Konan corría a coger su pistola- ¿Qué me has clavado?
- Una aguja bañada en extracto de Aconitum napellus -dije, antes que mis amigos pudiesen hablar.
- ¿Veneno? -preguntó Kiba, quien se había puesto pálido del miedo.
- Sí. Morirás dentro de pocos minutos, miserable... -dije- A menos que hables pronto. Yo tengo el antídoto.
Kiba Haruno se había dejado caer hasta el suelo, temblando del miedo.
- Tal vez yo pueda acortar su sufrimiento... -dijo Konan, apuntándole en la sien con su pistola.
- ¿Qué queréis saber? -preguntó Kiba, enrojeciendo, retorciéndose y abriendo los ojos desmedidamente como si en realidad estuviese envenenado.
Cerré la puerta rápidamente detrás de él y le pregunté:
- ¿Con quién has venido?
- ¡He venido solo! -exclamó él.
- Los segundos pasan y el veneno corre por tus venas, Haruno- dijo Konan, con la voz temblorosa de rabia- Quienquiera que haya venido contigo no podrá salvarte.
Unos pasos resonaron en el corredor.
- ¡Gaara! -gritó Kiba- ¡Me han envenenado! ¡Vaya por refuerzos pronto!
Era muy improbable que Kiba estuviese tratando de tendernos una trampa. Tomé otra de las agujas ungidas con vino consagrado en caso de que hubiera Vampyr, y abrí la puerta. Gaara ya corría escaleras abajo, pero le di alcance en unos pocos instantes.
- ¡Deténgase, doctor de los infiernos! -grité, apuntándole con la pistola. Gaara llevaba en sus brazos la falsa cruz Patriarcal. Sus ojos malévolos me miraron desde la oscuridad y una sonrisa se curvó en sus labios.
- Si dispara, nunca volverá a ver a Akasuna vivo -murmuró.
La mención del nombre de Sasori por parte de Gaara me estremeció.
- Si Karin tiene a Sasori, nada me daría más placer que quitarle a usted la vida –dije, temblando.
- Usted no sería capaz de disparar el arma... -dijo Gaara.
- No me provoque, Gaara- dije- Tengo motivos de sobra para hacerlo, y le aseguro que no sentiría ningún remordimiento. No se atreva siquiera a respirar.
En ese momento un disparo proveniente de la biblioteca me sobresaltó, haciendo que mi propia arma se disparase contra Gaara. Los gritos de Konan y el padre Itachi llegaron hasta donde estaba al tiempo que Gaara caía rodando escaleras abajo. Corrí tras el doctor para ver en qué estado se hallaba y pude comprobar que la bala sólo lo había alcanzado en el hombro.
- ¡Maldita sea! -murmuraba Gaara entre dientes.
- ¡Konan! ¡Padre Itachi! -grité- ¿Están bien?
Fue el padre Itachi quien bajó las escaleras para encontrarse conmigo.
- Kiba Haruno ha muerto -dijo trémulamente- Intentó quitarle el arma a Konan y ella no tuvo más remedio que disparar.
No quería ni imaginar el estado de conmoción de mi amiga.
- Tenemos que encerrar a este hombre, padre -dije, aun apuntando a Gaara.
El padre Itachi demostró tener gran fuerza física, pues entre él y yo arrastramos a Gaara hasta la cava. Konan nos había alcanzado y nos seguía como una autómata. Tuve que quitarle el arma de entre las manos cuando dejamos al doctor sobre el suelo de la bodega. Gaara no hacía más que maldecirnos cada vez que tenía algún momento de lucidez.
- ¿Dónde está Karin? -le preguntaba yo repetidamente, pero él blanqueaba sus ojos y decía que su ama lo vengaría.
Gaara estaba perdiendo mucha sangre, así que el padre Itachi le hizo un firme torniquete alrededor del hombro valiéndose de un pedazo de tela y un palo.
- Debe haber inventado lo de Akasuna a manera de amenaza –dijo el padre.
Entonces el doctor perdió el conocimiento.
- Voy a amordazarlo -anuncié- No voy a arriesgarme a que escape.
Y, si en verdad Sasori está en manos de nuestros enemigos, será una jauría de lobos hambrientos la que se encargue de hacer justicia con este espantoso hombre. Lágrimas de odio se deslizaban por mis mejillas al pensar en todo el daño que Gaara les había ocasionado a mis amigos pero, muchísimo más aún, de sólo pensar en la posibilidad de que Sasori hubiese caído presa de Neji y la condesa. Konan estaba blanca como un papel.
- Lo he matado -decía- Lo he matado.
- Si no lo hubieras hecho, él lo habría hecho contigo o con cualquiera de nosotros, Konan. Kiba Haruno no merece una sola de tus lágrimas -dije, enjugándome los ojos.
- Ese hombre era un aliado del demonio, jovencita -le dijo el padre Itachi- Hiciste lo que tenías que hacer; no sufras.
Después de encerrar a Gaara en la cava y retornar la falsa cruz Patriarcal a la capilla en caso de que alguien más regresase, quise asegurarme de que Kiba hubiese muerto.
- Déjame hacerlo a mí, jovencita -dijo el padre Itachi- Estoy acostumbrado a la muerte y no me afectará.
Konan y yo lo esperamos en el pasillo mientras él acomodaba el cuerpo de Kiba.
- Deberíamos meterlo a la bodega junto con Gaara -dije.
- ¿No sería mejor que esperásemos a que Kisame y los chicos regresen y lo muevan? - sugirió el padre Itachi.
- No confío en que no reviva, padre... -dije- Prefiero que su cuerpo esté bajo llave.
A pesar de que Kiba era mucho más pesado que Gaara, el horror de tener que mirarlo hizo que lo llevásemos rápidamente a donde estaba el doctor. Gaara despertó cuando abrimos de nuevo la puerta, pero como le había puesto una mordaza alrededor de la boca no pudo decir nada.
- Imagino que así es como trata a sus pacientes -dije- Le hará bien sentirlo en carne propia y esté seguro de que lo peor aún no le ha llegado, Gaara.
Konan, el padre Itachi y yo nos reunimos en el salón con todas nuestras armas, rezando y esperando a que Sasori, Nagato y Kisame Hoshigaki regresaran. Pasadas un par de horas, escuchamos los cascos de unos caballos acercándose a la entrada principal y mi corazón latió aceleradamente.
- ¡Son ellos! -dijo Konan.
- Kami-sama lo quiera así -dije, y todos corrimos a la ventana. Cuando el portón se abrió y reconocí el rostro de Kisame, sentí tanto alivio que pensé que iba a desfallecer, pero este sentimiento inicial fue inmediatamente sucedido por uno de pánico: Sasori no estaba con ellos.
Konan lloraba y obligaba a Nagato a desmontar de su caballo; la cabeza me daba vueltas y sólo podía ver la sangre que cubría las camisas de los recién llegados.
- ¿Dónde está Sasori? -me escuchaba a mí misma gritar a unos y otros.
- ¡Cálmese, Sakura! -decía Kisame Hoshigaki, sujetándome con fuerza- Sasori está vivo, pero le hemos perdido el rastro. Ha ido tras la condesa.
- ¿Habéis sido atacados, hijos? -preguntó el padre Itachi.
- No, padre, gracias a Kami-sama -dijo Nagato, quien también estaba ostensiblemente agitado- La sangre que nos cubre es la de Neji Hyuga.
- ¿Por qué habéis regresado sin Sasori? -grité- ¿Dónde lo habéis perdido?
- ¡Teníamos que volver a casa en caso de que la condesa hubiese decidido venir aquí, Sakura! -dijo Kisame- ¡Hemos buscado a Sasori largo tiempo, pero su caballo ya no estaba con los nuestros cuando salimos del castillo!
- Sin embargo, escuché su grito avisándonos que iba tras Karin Kyūketsuki -dijo Nagato- Él tiene la cruz Patriarcal y, por lo tanto, es quien menos peligro corre.
- Neji ha muerto de la manera más espantosa-dijo Kisame, aflojándose el cuello de la camisa- Ahora está en el infierno con Fū y, si la fortuna nos sonríe, con la condesa. Es posible que Sasori se presente aquí en cualquier momento.
- ¡Sasori! -lloré- ¡Kami-sama, Sasori! ¡Presentía que no volvería a verlo cuando nos despedimos! ¡No comprendo por qué habéis regresado sin él!
No quería infligir culpa a Nagato o Kisame y, sin embargo, no tenía la capacidad de escuchar sus razones.
- No habríamos hecho más que descuidaros a vosotras si hubiésemos decidido vagar por los bosques en busca de Akasuna -dijo Nagato- Además, él mismo no nos lo habría perdonado, si Karin ya no estaba en el castillo, y estamos convencidos de que no lo estaba, pues la buscamos en cada rincón antes de partir, lo más seguro era que hubiese venido aquí.
- ¿Aquí? -pregunté- ¿Para qué? Ya sabe que Sasori tiene la cruz, ¿no es así?
- Precisamente -dijo Kisame- Este lugar ya no representa ninguna amenaza para ella. Nosotros no tenemos armas suficientemente poderosas para darle muerte. En cambio, si Karin se hiciese con una de ustedes dos, en especial con usted, Sakura, Sasori se vería obligado a rendirse.
Sabía que las palabras de Kisame tenían sentido, pero temía demasiado por el devenir de Sasori y no podía parar de llorar.
- Vamos, hija, no acuses a estos valientes caballeros injustamente en tu corazón; que no lo merecen -dijo el padre Itachi- Han tomado la decisión más prudente al venir aquí y, además, acaban de arriesgar sus vidas adentrándose en el castillo para dar muerte a Neji.
- Perdonadme -dije, refugiándome en los brazos de Konan- No soy dueña de mí misma en estos momentos.
- Por favor, Sakura, no se abrume usted con otra inquietud–dijo Kisame- Kami-sama sabe que la entendemos perfectamente bien ¿verdad, Uzumaki?
- Por supuesto que sí -dijo Nagato, apretándome las manos-He estado a punto de morir de miedo de solo pensar que la condesa hubiese podido llegar aquí antes que nosotros.
- Entremos a la casa -dijo Kisame- Vigilaremos la entrada desde allí.
A pesar de que insistí para que nos quedásemos afuera en caso de que Adrien volviese, mis acompañantes me obligaron a entrar. Kisame y Nagato revisaron la bodega donde estaban Gaara y el cadáver de Kiba y luego fueron a lavarse. El padre Itachi rezaba sin parar. Yo no me despegaba de la ventana y Konan no se despegaba de mí.
- Ya regresará, Sakura -decía mi amiga- Ten fe en Kami-sama.
- Mi fe se debilita cuando de Sasori se trata, Konan -murmuré.
- Lo amas mucho -dijo, bajando la mirada, pues sentía mi tristeza como si fuese suya. Cuando Kisame y Nagato subieron, les pregunté si nuestros enemigos habían mencionado a Shikamaru o a Temari en algún momento.
- No -dijo Nagato- Pero no es que hayamos conversado, precisamente. Cuando llegamos al castillo nuestros enemigos estaban buscando a Fū y logramos darle muerte a Neji gracias a que lo tomamos por sorpresa en una de las habitaciones. Akasuna lo golpeó en la cabeza con tanta fuerza que Neji perdió el equilibrio y, una vez en el suelo, Akasuna lo atravesó con la cruz Patriarcal.
La condesa se dio cuenta de lo que ocurría y huyó con Akasuna pisándole los talones, mientras ese horrible Vampyr entregaba su alma a Lucifer, sacudiéndose y lanzando su sangre maldita en todas las direcciones a través de la herida que la cruz había dejado en su corazón. Luego, cuando hubo expirado, Kisame y yo metimos su cadáver en la misma celda en la que estaban los cuerpos de Fū y el otro Haruno.
Lo más impactante fue ver el cuerpo de Fū. Lucía como un cadáver de más de doscientos años, con la piel colgándole de los huesos y el pelo blanco extendiéndose sobre el suelo de piedra, en lugar de la cabellera azul que hasta hace tan poco la había caracterizado.
- Cuando Nagato mencionó que había estado comprometido con esa antigüedad no pude menos que felicitarlo por haber cambiado de opinión -dijo Kisame, en lo que adiviné era un esfuerzo por bromear para tranquilizarme un poco.
Había amanecido y aún no había rastros de Sasori.
- Necesitaremos tomar turnos para dormir -dijo Kisame- Konan, Nagato ¿por qué no se retiran a su habitación? Yo me quedaré aquí con Sakura esperando el regreso de Sasori. El padre Itachi ya se ha dormido, como pueden ver.
El pobre padre Itachi dio un respingo y dijo:
- ¿Dormido? ¿Yo? ¡Jamás!
- Vaya a descansar, padre –dije- Kisame me acompañará.
Konan, Nagato y el padre Itachi ni siquiera habían tenido tiempo de reponerse de su largo viaje y al fin aceptaron irse a dormir, aunque a regañadientes.
- El doctor parece estar bien -me dijo Kisame, quien tenía ciertos conocimientos de medicina- Su herida es bastante superficial y se repondrá en poco tiempo.
- Es una lástima... -dije- Es tan malvado como los Vampyr. Por otra parte, me alegra saber que podrán ser Shikamaru y Temari quienes decidan qué hacer con él. Es a ellos a quienes más ha dañado Gaara.
La mañana estaba gris y la lluvia caía sobre los árboles que rodeaban la propiedad de Kisame Hoshigaki. Apenas había pasado una hora, pero cada minuto que transcurría era un siglo para mí, y mi desesperación era tan grande que no me importaba enfrentarme a la condesa con tal de ver a Sasori.
- Voy a ir en busca de él -anuncié.
- ¡No! -exclamó Kisame- Ni lo piense. No le permitiré dejar esta casa. Sasori no debe tardar en llegar, y si usted no está aquí será mucho peor para todos.
- Venga conmigo entonces, Kisame -dije- No soporto más esta angustia. Si no lo hallamos, regresaremos antes del anochecer.
- Estoy demasiado cansado, Sakura. No podría cabalgar en este estado. De hecho, estoy convencido de que usted tampoco podría resistir tanto tiempo, puesto que no ha dormido en toda la noche -replicó Kisame.
- Se equivoca, Kisame. No podré dormir o descansar hasta que no sepa qué ha sido de Sasori -dije.
- Espere entonces a que Nagato despierte. Para entonces, habré dormido algunas horas y él y yo iremos por Sasori -dijo Kisame.
- Vaya entonces a su habitación, Kisame. Yo estaré aquí, vigilando la entrada hasta que ustedes estén listos para partir de nuevo.
- Me parece razonable -dijo él- Deseo, sin embargo, que me dé su palabra de que no saldrá de la propiedad hasta entonces.
Me fue difícil, pero al fin accedí:
- Le doy mi palabra -dije.
- Si Sasori no se ha presentado aquí en un par de horas, mande a que ensillen mi caballo y el de Uzumaki.
Kisame Hoshigaki se fue entonces a descansar y yo me quedé mirando las nubes que amenazaban con convertirse en una gran tormenta. Apoyé mis manos contra la ventana y dejé escapar una honda exhalación de pesar. El desasosiego que sentía no me permitía llorar más, y tuve que hacer uso de todas mis fuerzas para convencerme de que debía cumplir con mi palabra de no salir de la casa. No pude evitar golpear con mi puño el grueso cristal a modo de desahogo.
Disclaimer: Como dije este proyecto será desarrollado de manera lenta pero intentaré ser constante con él. Tengo la esperanza que lo apoyen. Ya dije que este será algo lento dado que así se desarrolla la trama original el libro, por lo cual este finc por así decirlo, será el doble de largo que el libro porque no pienso atosigarlos con capítulos largos, es por eso que esos que son en extremo largos los divido en partes para que sea más tranquila la lectura y ustedes no se sientan atenuados de leer algo tamaño familiar donde podrían demorar horas en lugar de minutos. Espero que les guste y me perdonen unas faltas ortográficas pero no soy muy hábil en el teclado dado que tengo problemas de vista y a veces se me confunden las teclas. La trama de "Capítulo 36: La reunión." inicia y termina acá, como vieron fue algo corta al igual que unos capítulos pasados, además de que Sasori se presenta de forma oficial en la historia de una buena vez para los que pensaban que no llegaría nunca, acá lo tenemos por fin y no se irá hasta el final del libro que esta pronto a terminar.
Una vez más agradezco a los que están apoyando esto y espero leerlos en otro comentario para saber si les interesa que siga con esta adaptación, o que haga otra cosa o si les gusta o saber que personaje les gustaría ver acá en algún momento. Hasta ahora llevo a Mikoto, Kushina, Shino, Chouji, Kankuro, Zetsu, Kurama, Kabuto, Yamato, Sai, Rock Lee.
Para los que no lo sepan, también pueden decir que personaje femenino desean leer, menos a INO que la tengo pensada para la continuación, si es que se da al igual que a DEIDARA.
