La mañana se abría paso con lentitud, marcando el inicio de un nuevo día. Un nuevo día y una nueva espera para una pareja en especifico la cual aún yacía profundamente dormida. La noche anterior, ninguno de los dos había tenido las fuerzas suficientes para irse a sus respectivas habitaciones para evitar sospechas, la discusión los había dejado sin ninguna fuerza para enfrentar nuevamente la realidad. Lo único que deseaban era permanecer el mayor tiempo posible juntos, no porque tuvieran miedo de que terminara su relación, sino porque querían estar juntos sin ninguna restricción, sentir la libertad como una pareja cualquiera; sin apellidos, sin cuestiones de sangre ni diferencia de bandos…

Draco Malfoy abrazaba a Hermione Granger con firmeza, tenía su nariz cerca de la nuca de la castaña sin importarle que algunos rizos de ella le produjeran cosquillas en el rostro. La castaña tenía una mano entrelazada a la de Draco que la abrazaba por la cintura. Ninguno de los dos había sufrido pesadillas, de hecho, habían dormido como hacía varios días no lo hacían.

De pronto, Hermione comenzaba a sentir una inusual calidez sobre su cuerpo, aquella sensación la hizo despertar poco a poco. A pesar de haberse despertado, aún no quería abrir los ojos, quería disfrutar de aquella intimidad con Draco. Era la segunda vez que dormían juntos y hasta ese momento, la castaña era totalmente consciente del pecho del rubio en su espalda, de su brazo rodeándola con fuerza y de su respiración calmada en su nuca. Aquello sin duda era totalmente nuevo para ella, siempre imagino que en el momento en que durmiera en la misma cama con un hombre, sería hasta casarse. Además, había visto varias películas muggles románticas donde parejas dormían juntos abrazados y sinceramente siempre había creído que resultaría incomodo compartir tanto espacio personal con alguien. Y ahora simplemente no quería moverse de ahí.

Abrió los ojos con pereza, dándose cuenta que el inusual calor que había sentido se debía a los rayos del sol sobre su cuerpo. Soltó un suspiro. Entonces se dio cuenta que había dormido recargada en el brazo izquierdo de Draco, estaba pensando en lo incomodo que pudo haber sido para el slytherin cuando reparó en la marca tenebrosa.

Era la segunda vez que la veía, estaba tan cerca de ella que podía ver con claridad el relieve de la marca en el antebrazo de Draco, como si fuese recién hecha sobre la piel blanca. Sabía que lo normal seria sentirse temerosa o intimidada por aquel tatuaje que simbolizaba el mayor obstáculo entre ella y Draco. Aquella marca nunca podrá borrarse del cuerpo de Draco sin importar lo que haga, tal como la cicatriz de Harry en la frente. La gente los señalaran por ello el resto de sus vidas…

Y no le importaba. Con curiosidad y una especie de compasión en su pecho, la castaña elevó su mano hacia el antebrazo de Draco y apenas rozando la piel, acarició la marca tenebrosa. Se asombro de sentir suavidad, esperando de alguna manera que aquella parte del cuerpo de Draco fuera áspera, delatando la maldad que representa la marca tenebrosa y fue peor, sentir la suavidad de la piel era el reflejo de que aquel tatuaje era totalmente parte del rubio.

Continuo con su pequeña caricia con el corazón encogido, deseando poder borrarla de alguna manera. Al mismo tiempo que trataba de imaginarse cómo fue realizada, qué habrá sentido Draco en ese momento. Era un tema que nunca habían hablado...

–No la toques –susurró Draco cerca de su oreja, a pesar de no haber alzado la voz, se escucho demandante.

–¿Por qué no? –preguntó Hermione con cierto nerviosismo, sabía que el slytherin no le causaría daño pero temía su respuesta.

Draco se tenso contra su espalda y se dio cuenta que la sujetaba con un poco más de fuerza, la castaña deseo voltearse para mirarlo pero no se atrevía a moverse. Seguramente él no se sentía capaz de enfrentarla.

–Porque no quiero que la toques –respondió dando por entendido que no hablaría más de ello.

Hermione sintió un nudo en la garganta, a pesar de todo, aún había cosas de las cuales Draco no hablaba. La marca era un tema delicado y lo entendía, aún cuando eso la hacía sentirse alejada de él.

–La marca es parte de ti –dijo Hermione eligiendo con cuidado sus palabras.– pero no define quien eres.

Draco no respondió, no obstante, poco a poco su cuerpo se fue relajando. Las palabras de Hermione lo dejaron desarmado, sintiéndose impresionado por su actitud, ella nunca demostró algún tipo de reacción negativa hacia su marca tenebrosa y a pesar de que siempre evito que ella lo viera, parecía que estuviera acostumbrada a observarla.

Quizás de la misma manera en que a él dejó de importarle que Hermione fuera hija de muggles.

–Deberías dormir más tiempo, aún es temprano –dijo de pronto Draco, desviando el tema.

Nadie los estaba esperando, por lo que bien podrían permitirse otras horas de sueño.

Hermione asintió con la cabeza, volvió a cerrar los ojos dejandose llevar por la calidez del sol y la cercanía de Draco. La castaña dibujaba pequeños círculos invisibles en el brazo de Draco mientras él sólo la abrazaba. Por supuesto, que ambos se imaginaban aquella escena miles de veces por el resto de su vida, ese sentimiento de pertenecía no tendría porque estar equivocado.

Había algo mágico -literal quizás- en la forma que se sentían al estar así juntos, tal y como esa vez en el expreso de Hogwarts donde empezó todo, aunque esta vez ya no les daba miedo lo que podría significar. Algo les decía que nuevamente descansarían como hacia mucho no lo hacían, sin pesadillas, malos recuerdos o inquietudes…

De pronto, Hermione se removió girando sobre si misma para estar frente al slytherin. La castaña sólo se acomodó mejor junto a él, permitiendo menos espacio entre ellos -si es que era aún posible-, para poder seguir durmiendo. Draco sonrió al notar aquel gesto abrazándola más contra él, cerró los ojos tratando también de sucumbir al sueño pero supo que sería imposible volver a dormir por lo que se quedó en la misma posición sin hacer nada. Aún en ciertos momentos así, se preguntaba a veces ¿cómo fue que se enamoró de Hermione Granger? Una pregunta que lo llevaba a tratar de recordar como era su vida antes de ella, llegando a la conclusión de que vivía de una manera superficial, sólo vivir por vivir… ¿En qué momento ocurrió todo? Nunca fue ningún creyente del destino o de las coincidencias pero cuando se trataba de Hermione, las pruebas eran demasiado notorias. ¿Qué hubiera pasado si ellos vivieran en otra época? En una época donde hubiera sido aún más difícil su situación respecto a las cuestiones de sangre, ¿Su historia habría sido igual?

Inconscientemente comenzó acariciar el cabello de Hermione mientras se perdía en sus pensamientos, incluso se permitió imaginarse a ambos en una gran mansión digna de los Malfoy, ellos dos en la alcoba principal… Sin duda, cuando quería, Draco tenía una muy buena imaginación.

–Duerme un rato más… –interrumpió de pronto la voz de Hermione sus pensamientos.– Casi puedo escuchar lo que piensas…

–Si en verdad pudieras hacerlo, ya te habrías asustado –comentó Draco con una sonrisa.

–Shhh… –respondió somnolienta.

El slytherin supo que Hermione había vuelto a dormir por la tranquilidad de su respiración. No tenía plena consciencia de la hora, afortunadamente era fin de semana y cualquier situación que se presentara, el profesor Dumbledore había prometido enviarle una lechuza para la reunión con la Orden del Fénix. Nuevamente sus pensamientos lo llevaron a ciertas inquietudes que tenía una vez que estuviera frente a la Orden, trataba de imaginarse el peor de los escenarios para prepararse. A decir verdad estaría en terreno enemigo, ¿cómo hacerles saber que podrán confiar en él? Sonrío con cierta amargura, esa respuesta ya la sabia perfectamente, en la noche anterior lo había hablado con Albus Dumbledore y al parecer tendría que hacer posible lo imposible.

Y pensando en lo que le podría deparar el futuro, poco a poco se quedo dormido.


El estomago de Luna Lovegood rugió de hambre cuando vio el pudín servido en las mesas del Gran Comedor. Sentía que era su día de suerte, así que camino deprisa para sentarse rápidamente y deleitarse con su postre favorito.

Sin embargo, su felicidad duro poco, a los pocos minutos llegaron las lechuzas y a pesar de que aún era temprano, la gran parte de los alumnos ya estaban en el Gran Comedor. Dada la situación, era difícil conciliar el sueño por mucho tiempo. Ya no existía el caos pero la mayoría aún estaba nervioso.

Luna no recibía el ejemplar de El Profeta ya que prefería leer la revista de su padre: El Quisquilloso. Aunque últimamente tenía que tener cuidado con sus publicaciones ya que han mostrado una clara crítica contra Quien-Tu-Sabes y los mortífagos. Y no era ningún secreto que existían varios secuestros hacia las personas que se declaraban deliberadamente en contra de ellos.

Volteo hacia la mesa de Gryffindor con la esperanza de ver a sus amigos con El Profeta y así poder enterarse de las noticias. Enseguida diviso a Ginny Weasley y a Neville Longbottom sentados juntos, ambos tenían una expresión seria.

Llevándose consigo su pudin, se levanto y camino hacia la mesa de los leones.

–¿Malas noticias? –pregunto la ravenclaw sin curiosidad en su voz, sino una expresión más triste.

Ginny levanto la mirada y le sonrió a su amiga por educación, no tanto por alegría.

–Hola Luna, siéntate –respondió la pelirroja.

–¿Que tal, Luna? –saludo Neville con expresión de preocupación.

La ravenclaw dejo su pudin en la mesa sintiendo una opresión en el estomago, sus amigos lucían claramente preocupados.

–¿Hubo otro ataque? –pregunto temiendo lo peor.

–Oh no, esta vez no... –respondió rápidamente Ginny al ver la expresión de su amiga.

–Pero igual no es bueno –añadió Neville, viendo su plato sin muchos ánimos de comer.

Ginny le contó básicamente la situación a Luna. Al parecer las cosas en el mundo mágico aún no se tranquilizaban del todo por el ataque. El Ministro y el departamento de aurores tenían decisiones muy importantes que tomar ese día respecto a la seguridad de su población, sobre todo para no quedar peor parados de lo que ya estaban al ser señalados como incompetentes. Por otro lado, existía una gran presión por parte de la población mágica, muchos querían respuestas en ese mismo instante sobre lo sucedido ya que había mucha información escondida. Lo que más le urgía a la población por saber era cómo rayos sucedió aquel ataque enfrente de sus narices.

–Entonces Scrimgeour no ha dado ninguna declaración oficial –dijo Luna una vez que Ginny había terminado.

–Por lo que sólo esta creando más problemas –concluyó Neville tratando de desayunar.

–Justo lo que el enemigo buscaba –dijo Ginny sintiéndose preocupada sin evitarlo.

Luna fijo su atención en su pudín, como si dentro de él estuvieran todas las respuestas. Se sentía preocupada y nerviosa por como la situación había cambiado notoriamente, nada de aquello iba por buen camino. Alzó la mirada para observar el resto de los alumnos que estaban en el Gran Comedor, era sorprendente ver que la misma expresión de preocupación que ella tenía, la tenían todos. Sintió el presentimiento de que Hogwarts ya no era el lugar más seguro después de todo.

Ginny soltó un suspiro llenó de preocupación. Había enviado cartas a sus padres para poder informarse más de la situación afuera del colegio, pero le habían contestado con palabras superficiales, odiaba cuando aún la consideraban una niña. Sus padres no podrán esconderla de lo malo durante mucho tiempo, más cuando era evidente que aquella masacre sólo era el principio de los problemas.

–Me rindo, no puedo comer –interrumpió Neville los pensamientos de sus amigas.

–Tienes razón, he perdido por completo el apetito –respondió Ginny haciendo a un lado su plato mientras contemplaba El Profeta.

Luna miró a sus amigos y luego volvió su vista hacia el pudín, se sintió mal por menospreciar uno de sus postres favoritos. En ese momento, entraron Harry y Ron al Gran Comedor, Luna observó con tristeza el semblante de Harry. Se le veía pálido y ojeroso, incluso parecía enfermo.

–Buenos días –saludó Luna con una sonrisa.

–Buenos días –saludo Harry sin mucho animo mientras se sentaba al lado de Ginny.

–Buenos días, Luna –contestó Ron más alegre que su mejor amigo sentándose al lado de la rubia. – Muero de hambre…

–Al parecer eres el único –comentó Ginny mientras veía a su hermano sirviendose cuanto estuviera a su alcance.– Supongo que no han leído las nuevas noticias…

Ginny nuevamente volvió a contar las noticias que habían llegado aquella mañana, Ron la miraba serio al tiempo que masticaba mientras Harry fijaba su atención a un punto invisible en la mesa. Pronto Harry se sintió frustrado con la situación, estaba aún muy lejos de derrotar al mago más tenebroso de todos los tiempos, no tenía ninguna posibilidad frente a él. ¿Qué se supone que debería hacer? Últimamente Dumbledore lo llamaba más a su despacho con el fin de informarle más acerca de su enemigo. Lo único importante que podía hacer era la búsqueda de los horrocruxes, encontrarlos y destruirlos esa era su tarea más importante, así como también su máxima prioridad.

Harry soltó un suspiro, ojalá esa fuera su única preocupación.


–¿Draco? –escuchó a lo lejos su voz llamándole, seguido de la caricia unos suaves labios en su mejilla.

El rubio se removió cómodamente por aquel gesto, sumido aún entre sueños. Hermione sonrió con ternura, ya eran más de las diez de la mañana cuando finalmente ella despertó, había dejado dormir unos minutos más al rubio viendo su semblante tranquilo pero tenían que apresurarse si no querían levantar sospechas, ya había sido mucho riesgo no presentarse al desayuno.

–Draco… –volvió a susurrar la castaña con cariño mientras depositaba ahora un beso cerca de los labios de él.

Draco movió la boca de una forma cómica, como si por reflejo respondiera al beso, Hermione no pudo evitar reír ante tal escena, seguro estaría soñando que se besaban. En ese momento, Draco abrió los ojos sintiéndose somnoliento y confundido, al parecer se dio cuenta de sus acciones porque enseguida se sintió avergonzado, lo cual sólo hizo que Hermione soltará una carcajada. despertó confundido y dándose cuenta de sus acciones, se sintió avergonzado lo cual solo aumento las carcajadas de la castaña.

–Ahora ven aquí y dame uno –exclamó Draco más despierto, mientras se abalanzaba sobre la castaña.

Hermione al principio se negó mientras no paraba de reír, ambos luchaban, uno por obtener un beso y la otra por evitarlo sólo por hacerlo repelar.

–No puedes tentarme de esa manera, Granger –dijo Draco mientras dejaba caer todo su peso sobre la castaña.

–¿No te han dicho que pesas toneladas? –respondió Hermione provocandole aún más.

–Eres la primera que se queja de tal privilegio –contestó Draco arrogantemente.– ¿o… prefieres así?

De un movimiento rápido, Draco sujeto a Hermione y giraron de tal forma que ella quedó encima de él. La castaña enseguida se ruborizó por el repentino cambio de la situación, le dio un golpe en el estomago de juego al tiempo que se quitaba encima de él, ganandose la burla del rubio.

–No le veo lo gracioso –repuso Hermione tratando de hacerse la ofendida pero la risa de Draco simplemente la contagio, ambos rieron.

–Buenos días a ti también –dijo Draco con una enorme sonrisa, inclinandose hacia ella para besarla, esta vez la castaña se dejó.

–Buenos días –contestó Hermione con una sonrisa después de separarse. Sintiéndose aliviada de que el momento de tensión por la marca se había evaporado.

El tiempo sin duda, parecía detenerse alrededor de ellos. Eran de esos momentos en que se olvidaban por completo que estaban dentro del castillo de Hogwarts, donde existían reglas para el comportamiento y la actitud. Si supieran cuantas reglas Hermione Granger ha quebrado durante el transcurso del curso, seguro le quitarían su puesto de Premio Anual o si la casa de Slytherin supiera a donde y con quien desaparece largas horas su líder, lo desterrarían de las mazmorras.

Pero nada de eso pasaba por los pensamientos de la pareja. Estaban en un perfecto limbo, el cual no sabían cuanto duraría pero de igual manera querían aprovecharla al máximo. Estuvieron un rato hablando, aún acostados sin ninguna prisa repartiendo tiernas caricias de vez en cuando. Ambos se sentían plenos, la cotidianidad en la escena era nuevo para ellos, había algo sumamente intimo en ello que nunca pensaron pudieran experimentar siendo tan jóvenes.

De pronto, Hermione se sentó sobre el sofá para estirarse cuando su estomago chilló de hambre. Después de otra ronda risas, Draco le propuso ir a las cocinas a desayunar, ya era tarde para aparecerse al Gran Comedor y seguramente ya habían dejado de servir el desayuno. Al comprobar que estaban lo suficientemente decentes para esconder el rastro de haber dormido fuera de sus dormitorios, decidieron salir de su lugar secreto. Ambos recorrieron el camino menos transitado por los alumnos, además dadas las circunstancias y al ser sábado, la mayoría de los estudiantes seguramente estarían resguardados en sus salas comunes.

Afuera el día estaba soleado, aunque a lo lejos por las montañas había algunas nubes pronosticando un mal tiempo durante la tarde, sin embargo eso no era ningún impedimento para la pareja. Sentían como si los últimos días no hubiesen sucedido, como si la noche anterior no hubiesen tenido una terrible pelea, como si fuesen capaces de cualquier cosa.

Quizás eso significaba estar enamorados…

Cuando llegaron a las cocinas, se sorprendieron de la cálida bienvenida por parte de los elfos domésticos. Uno de ellos se atrevió a decirles que se habían asustado cuando dejaron de ir a las cocinas para cenar como lo habían hecho con anterioridad. Hermione se sorprendió que sólo hace una semana, ella y Draco habían optado por cenar en las cocinas después de que ella pasará las tardes investigando acerca de los horrocruxes.

Draco por supuesto se sintió incomodo por ese gesto pero Hermione estaba sumamente conmovida por los elfos domésticos, al parecer se habían esforzado por prepararles su cena como de costumbre y nunca llegaron. Hermione sabía que su ausencia había sido por un gran motivo pero aún así se sintió mal.

Sin embargo, los elfos enseguida se sintieron felices por su presencia nuevamente, rápidamente les prepararon una mesa con un enorme desayuno.

–No se hubiesen molestado –dijo Hermione viendo el gran esfuerzo de los elfos.

–Todo sea por verlos felices, nosotros estamos encantados de verlos juntos –respondió una pequeña elfa de aspecto joven a diferencia de muchos de sus compañeros.

–Muchas gracias –agregó Hermione con una sonrisa.

Draco veía la escena con curiosidad, sin duda era tan raro ver tanta amabilidad de un mago a una criatura como los elfos. En la mansión Malfoy, los elfos eran tratados con gran indiferencia, estaban para servirlos y nada más por lo que el slytherin el único trato que ha tenido con aquellas criaturas ha sido por medio de ordenes. De pronto, sintió la mirada de Hermione en él, ella parecía esperar algo.

–¿Qué ocurre? –preguntó Draco confundido.

Hermione movió la cabeza en dirección a la elfa domestica, y con una mirada de insistencia. Draco alzó una ceja interrogante, no entendía lo que quería.

–Agradécele –contestó sólo moviendo los labios para que la elfa no escuchara.

El rubio enseguida se negó, una cosa era que ella quisiera liberar a todos los elfos domésticos del mundo para darles cariño y felicidad pero otra cosa muy diferente fuera que esperara que él quisiese lo mismo. Sin embargo, Hermione lo miró amenazantemente.

–Gracias –murmuró Draco secamente.

Perfecto. Ahora es un mandilón.

El desayuno transcurrió sin ningún problema, Draco no estaba seguro de cuando había sido la última vez que se permitió comer bien, miró a Hermione dándose cuenta que ella también disfrutaba de su desayuno. A pesar de las circunstancias, el hambre había sido más grande esta vez para ambos. Draco dejó su taza de café en la mesa.

–¿Cómo estás? –preguntó de pronto con cariño.

Hermione lo miró confundida, su pregunta había sonado algo tonta tomando en cuenta que habían estado juntos muchas horas, sin embargo en cuanto sus ojos chocaron con los grises del slytherin se dio cuenta de su propósito. Su sonrisa se desvaneció lentamente, tenía en sus manos una cuchara con la que estaba comiendo un pequeño pay de limón, mirando hacia su postre, dejó la cuchara en el plato.

–¿Por qué preguntas? –contestó Hermione tratando de sonar indiferente, como si nada malo pasara.

–Te conozco, Hermione, han pasado muchas cosas como para seguir aparentando que todo esta bien –respondió Draco con calma.

La castaña dejó salir un suspiro, no había pensado de forma profunda como estaba. Tampoco era algo que quisiera pensar ahora, pero ahora que el slytherin le preguntaba de forma directa… realmente no lo sabía. La mayor parte de sus pensamientos era hacia sus padres, a veces trataba de imaginarse qué era lo que estaban haciendo en ese momento y también tenía la manía de al mirar la hora, contar mentalmente las horas de diferencia. Siempre dejaba de pensar en ellos porque le dolía asumir que ellos estaban llevando una vida tranquila ignorando su existencia. ¿Serían más felices?

Trató de apartar los malos pensamientos inmediatamente. No quería derrumbarse nuevamente, no cuando necesitaba ser fuerte para cuando se presentaran ante la Orden del Fénix.

–No lo sé, aún no puedo asimilarlo todo –respondió con honestidad la castaña volviendo a mirar a Draco.

–Lo entiendo –contestó Draco cruzando los brazos.– Todo ha sido demasiado irreal…

–Y tu, ¿como estas? –pregunto Hermione después de unos segundos de silencio.

Draco la miro. Se dio cuenta que ambos trataban de ocultar lo que realmente sentían, apenas habían podido asimilarlo ¿como poder decirlo con palabras? Las cosas para ellos eran demasiado complicadas y no era ningún secreto que apenas era el comienzo.

–Ansioso –contesto con expresión seria.– Tengo que presentarme ante la Orden del Fénix y estoy seguro que no será nada fácil.

–Tienes el respaldo de Dumbledore y mío –dijo la castaña como si eso fuera suficiente.

Pero no lo era, varias de las personas dentro de la Orden, tenían grandes razones para odiar a los Malfoy. Draco no lo tenía nada fácil. Mientras tanto, Hermione solo estaba preocupada por Harry y Ron, ellos serán los primeros en negarse sobre la decisión de Draco y basándose en hechos pasados, bastara un mínimo provoque entre alguno de los tres para que se desarrollara una gran pelea.

Draco noto el repentino cambio en la expresión de la castaña, se sentía igual de preocupada. Decidió que no valía la pena pensarlo demasiado, por lo que le sonrió y le dio un beso en la sien.

Sin embargo, en ese momento se escucharon unos ruidos en las ventanas detrás de ellos, el rubio fue el primero en voltear y su sonrisa se borró al comprobar que había una lechuza afuera. Hermione miró su expresión preocupada. Aquello sólo podía significar una cosa.

Draco se levanto y caminó hacia la ventana, en cuanto la abrió, la pequeña lechuza marrón entró volando para detenerse en la mesa. Los dos chicos se acercaron a ella y Hermione fue quien le quitó la carta del pico. En el sobre se leía, para Draco Malfoy con una caligrafía muy elegante. Después la lechuza salió volando por la ventada, de vuelta seguramente a la lechucería.

La castaña le tendió la carta a él pero se negó.

–Abrelo –le pidió Draco incapaz de aguantar la ansiedad que le había provocado aquel sobre.

Hermione suspiró y abrió el sobre. Muy pocas veces había visto la caligrafía del director de Hogwarts, de esas veces, las cartas eran dirigidas para Harry quien él les compartía siempre lo que el profesor le escribía. La castaña miró a Draco quien le había dado la espalda y miraba por la ventana.

–Buenos días, espero que haya descansado lo suficiente. Como acordamos, le avisaría de la siguiente reunión, será hoy al mediodía en Hogsmeade. Si mi intuición no me falla, en este momento está con la Srita. Granger así que ella sabrá perfectamente el lugar de la reunión. –leía en voz alta Hermione la carta sabiendo que Draco le estaba poniendo atención.– Sé que puede ser difícil presentarse de esa manera pero ha tomado la decisión correcta, por lo que las cosas se darán por si solas. Que tenga buena mañana.

Hermione termino con las palabras del profesor resonando en su mente, Draco soltó un bufido de indignación pero no comento nada.

–Entonces, supongo que iremos juntos –dijo Hermione para romper el silencio.

Draco cerró los ojos y respiró hondo, para luego voltear hacia ella y sonreírle escondiendo sus sentimientos acerca de la reunión.

–Si, pero aún faltan dos horas para ello –agregó Draco al tiempo que tomaba la mano de la castaña.

Su desayuno había terminado.


Harry Potter, Ron y Ginny Weasley estaban sentados en los sillones más apartados de la sala común de Gryffindor. Después del desayuno, habían decidido ir a la sala esperando encontrarse con Hermione, no la habían visto desde su discusión el día anterior cuando habían utilizado el mapa merodeador. Ron le había contado todo a su hermana para después recibir un golpe de su parte, regañandolo por hacer una cosa tan infantil como espiarla.

–¿No están cansados? –interrumpió Ginny el silencio entre los tres.

Harry y Ron la miraron confundidos por la pregunta.

–¿De qué hablas? –preguntó Ron sin comprender a su hermana.

La pelirroja soltó un suspiró, a veces sentía que ella era mucho más madura que sus hermanos mayores.

–¿No están cansados de alejarla de ustedes? –volvió a preguntar especificando el punto donde quería llegar.

Ambos amigos la miraron como si hubiesen recibido una bofetada.

–Creo que todo este asunto sobre su relación ha llegado demasiado lejos, dejen de comportarse como si fuera algo personal –siguió hablando Ginny tomando el coraje para decirles la verdad.

–¡Es personal! –exclamó Ron quien inmediatamente se puso rojo por alzar la voz, varios alumnos voltearon a verlos con curiosidad pero enseguida regresaron a sus asuntos.– Está con Draco Malfoy, un mortifago…

–Participo en la masacre –intervino Harry igual de enojado que Ron.– Además no olvides todas las cosas que nos ha hecho a lo largo de los años.

–Pero se arriesgo para ayudar a Hermione a salvar a sus padres –respondió Ginny con enojo.– Y no olviden que también la salvó a ella en el ataque de Hogsmeade…

Harry y Ron guardaron silencio, ambos sabían perfectamente que las acciones de Malfoy hablaban por él, simplemente no querían admitirlo. Trataban con todas sus fuerzas que hubiera algo en que el slytherin se equivocara para demostrarle a Hermione la persona que en realidad es Malfoy.

–Miren, no digo que Malfoy sea la mejor persona del mundo pero ha hecho muchas cosas, a su manera, para demostrar lo mucho que le importa Hermione –susurró Ginny para que nadie más pudiera escucharlos, aunque su tono era sumamente serio.

–¿Entonces que se supone debemos hacer? ¿Aceptarlo, darle la bienvenida? –preguntó Ron con sarcasmo.

–Darle una oportunidad –respondió Ginny al tiempo que se levantaba, enojada por la actitud de Harry y Ron.

La pelirroja había estado pensándolo demasiado desde la discusión con Hermione en el Gran Comedor, cuando al poco tiempo Malfoy casi desata una revolución dentro del castillo, se dio cuenta que muchas de las decisiones del slytherin tenían que ver con Hermione. No había pensado con claridad el gran riesgo que seguramente Malfoy tomó para avisarle a Hermione sobre el ataque y ayudarla a salvar a sus padres, tampoco había pensado en lo difícil que tuvo que haber sido para la castaña borrarle la memoria a sus padres. Harry, Ron y ella muchas veces señalaron a Malfoy de egoísta, cuando ellos mismo también lo habían sido desde que descubrieron la relación de Draco y Hermione. No tenían ningún derecho de juzgar.

–No es tan sencillo –contestó Harry recordando nuevamente la discusión del día anterior.

–Si lo es, Harry. Tan sencillo como esto: darle una oportunidad o que su amistad de siete años se pierda por completo –dijo Ginny con enojo. Después de ello se fue directamente a los dormitorios de chicas.

Harry y Ron no dijeron nada. Cada uno se perdió en sus pensamientos, sentían esa terrible nostalgia en su interior, ni siquiera podían recordar bien cuando fue la última vez que pasaron un buen momento ellos dos con Hermione. Desde el primer año habían sido inseparables y ahora tenían miedo de que cada vez más, se volverían en completos desconocidos. Aquello no podía terminar de esa manera, no cuando se avecinaba una terrible guerra.

–¿Está mal preocuparnos? –rompió Ron el silencio, mientras se pasaba una mano por su cabello, despeinandose aún más.

–Ya no lo sé –respondió Harry con franqueza.– Vamos, debemos ir a la reunión…


Hermione corría por los pasillos hacia la torre de Gryffindor. La última hora se le pasó volando al lado de Draco y ahora tenía que apresurarse para ducharse, cambiarse de ropa y encontrarse con él para irse juntos a Hogsmeade. Tenía apenas cuarenta minutos para ello.

Afortunadamente no se encontró con Harry ni Ron al entrar a la sala común, de todas maneras, está segura que tampoco tendrían muchas ganas de hablar con ella. Sin detenerse a pensar en sus amigos, se encerró en su habitación para apurarse.

Cuando el reloj marcaba las 11:50 de la mañana, la castaña llegó corriendo a los invernaderos. Draco Malfoy ya la estaba esperando cada vez más ansioso por presentarse ante la Orden del Fénix. Pero en cuanto vio a Hermione, los nervios se dispersaron lo suficiente para seguir con su decisión, la alcanzó y la abrazó con fuerza. La castaña recuperaba el aire mientras regresaba el abrazo, por un momento tuvo miedo por ese gesto pero enseguida lo deshecho, no había porque adelantarse.

–Vamos… –dijo Draco después de unos momentos.

Ambos comenzaron a caminar hacia el bosque prohibido, lo más sensato para viajar al pueblo de Hogsmeade sería mediante alguno de los pasadizos secretos que existen en el castillo pero Hermione tenía miedo de encontrarse con Harry y Ron antes de tiempo, por lo que optaron por la aparición, ya ambos tenían experiencia en ello. Draco sabía perfectamente hasta que punto de los limites podían desaparecerse y Hermione sabía el lugar donde se podrán aparecer.

En cuanto estuvieron seguros ante cualquier mirada de algún curioso, Hermione alargó su mano para sujetar la de Draco, él le dio un tierno apretón de manos y siguieron caminando hacia los limites. No fueron necesarias las palabras, no había nada que decir y mucho menos cuando necesitarían el aliento para convencer a las demás personas. Draco sentía que se encaminaba hacia la mismísima boca del lobo, pero no tenía otra alternativa, si Hermione podía confiar en ellos fielmente pues él les dará el beneficio de la duda.

Esta vez, caminaban con más calma, iban cortos de tiempo pero no querían apresurar las cosas. Querían estar seguros de que cuando llegaran, el profesor Dumbledore estuviera también ya presente, así las cosas no se saldrían de control. Nadie haría un espectáculo enfrente de Albus Dumbledore.

Mientras caminaban, Hermione recordó su visita al despacho del director la noche anterior, sentía cierto nerviosismo sobre lo que pudieron haber hablado el director y Draco una vez que ella se había ido. No era tonta, sabía perfectamente que para demostrar que no era un truco, Draco debería realizar una primera misión para la Orden, una que seguro los demás miembros deberán escoger.

Cuando se dieron cuenta, habían llegado a los limites de Hogwarts, Hermione se detuvo de pronto haciendo que Draco se detuviera también.

–¿Qué pasa? –pregunto él confundido por su repentina reacción.

Los ojos miel miraron al chico con temor. con nerviosismo, con ansiedad… Draco se acercó a ella y la abrazo. Se fundieron en un abrazo durante un rato, incapaces de separarse.

–Tenemos que irnos –le recordó Draco rompiendo el silencio.

Hermione asintió con la cabeza mientras se separaba de él.

–Todo saldrá bien –dijo Hermione más para si misma, le dio un beso rápido en los labios y juntos desaparecieron del lugar.


Anthony Goldstein caminaba con prisa por los pasillos. La última hora se había dedicado a buscar a Hermione Granger y no la encontraba por ningún lugar. Era raro que ella faltará al desayuno e incluso a sus tareas habituales como Premio Anual, además de que la última vez que la había visto fue en la junta con McGonagall el día anterior… y también a Malfoy.

Hermione le había dicho que confiará en ella en su relación con Draco Malfoy. Pero se le ponía difícil cuando desaparecía por completo, simplemente era inevitable preocuparse por ella. Iba caminando por los terrenos del castillo, cuando vio a Luna Lovegood sentada bajo un árbol, leyendo.

Rápidamente se acercó a ella, quizás podría saber algo de Hermione.

–Luna –saludó Anthony con cierta rudeza.

La ravenclaw saltó asustada, se había enfrascado demasiado en su lectura por lo que ni siquiera escuchó a Anthony acercarse.

–Anthony… –respondió sorprendida.

–Lo siento –se disculpó rápidamente el castaño.– ¿Has visto a Hermione? La he buscado por todas partes.

–No, no la he visto –respondió Luna.– ¿Pasó algo?

Anthony soltó un suspiró, al tiempo que se sentaba frente a su compañera de casa.

–No, sólo quería saber si estaba bien –contestó derrotado.

Luna esbozó una sonrisa.

–Entonces hablaste con ella.

Luna estaba con Anthony cuando él descubrió la relación de Hermione con Malfoy, la ravenclaw lo había impulsado a pensar mejor las cosas y hablar de la mejor manera con la castaña.

–Si, por eso la buscaba –respondió Anthony al tiempo que se pasaba una mano por el cabello.– Cuando hable con ella, estaba algo mal por todo lo sucedido, sus padres y sus mejores amigos. Me dijo que todos le habían dado la espalda…

–Lo he notado –contestó Luna con tristeza.

–Me gustaría poder ayudarla –confesó Anthony.

Permanecieron en silencio, mirando el paisaje que se les presentaba. Había varios alumnos disfrutando de un sábado por la mañana, antes de que las nubes comenzaran a cubrir el cielo por completo. Parecía que en la tarde caería una enorme tormenta.


Existe un callejón solitario entre la taberna Cabeza de Puerco y una casa, esta casi a las afueras del pueblo y por lo general, ese era el punto de aparición de los miembros de la Orden de Fénix. Cuando aterrizaron, Draco Malfoy no supo por unos momentos donde se encontraba, hasta que miró el letrero del lugar, enarcando una ceja curioso de ver el lugar de reunión de la Orden. Imaginaba algo más… decente.

–No digas nada del lugar –le indicó Hermione a su lado, lo conocía a perfección.

–No lo iba hacer –respondió Draco con inocencia.

La castaña sonrió y se asomó a la calle, mirando por ambos lados. Se peino con las manos, para después dedicarle una mirada al rubio y ambos comenzaron a caminar hacia la taberna que se encontraba a unos metros de ellos. Llegaban 10 minutos tarde, por lo que no sabían si era bueno o malo. Cuando llegaron frente a la puerta, parecía que el lugar se encontraba vacio, "quizás aún no llega nadie" pensó Draco, pero Hermione sacó su varita del abrigo e hizo una serie de movimientos frente a la puerta. Se escuchó un clic de la cerradura… sin tener el tiempo de arrepentirse o de tomar aire, Hermione abrió la puerta de par en par.

El lugar estaba lleno de personas, al principio la castaña tardo en reconocer a algunos pero conforme se acostumbro a la casi escasa luz del interior, poco a poco empezó a saludar de lejos. Sentía que no podía respirar, se dio cuenta que no estaba lista para enfrentar a todas esas personas que seguro la señalarían de traidora. Ya tenía mucho soportando a sus amigos…

Se fijó en que habían quitado todas las mesas del lugar para sólo dejar las sillas de madera. Todos estaban sentados formando una media luna y al frente estaba Dumbledore, quien la miró con una media sonrisa en el rostro.

–Hermione –exclamó George saludándola alegremente.

–Hola, Hermione –saludó Tonks también, pero su sonrisa se borró rápidamente.– ¿Estás bien?

Todas las miradas estaban en ella, no podía ni siquiera sonreír ante los saludos. Sus nervios la estaban traicionando.

–Los estábamos esperando –dijo el profesor Dumbledore invitándolos a pasar.

–¿Esperándolos? –escuchó murmurar a Fred.

Ambos tomaron aire, Hermione se hizo a un lado y dejó que todos vieran a Draco Malfoy parado en el umbral. El silencio fue demasiado pesado, todos se habían quedado totalmente desconcertados de verlo. El slytherin a pesar de los nervios y la intimidación que sintió cuando vio el lugar lleno, en ningún momento bajo la mirada.

Entró al lugar con la cabeza en alto, con su porte arrogante y con la mirada indiferente. Aún nadie salía de su impresión, ¿qué significaba eso? ¿el hijo de Lucius Malfoy? Todo el mundo sabía que existía el rumor bastante fuerte de que Draco Malfoy fuera mortifago, pero hasta la fecha ninguno lo ha podido comprobar. Excepto…

–¿¡Qué está haciendo él aquí!? –escucharon perfectamente la voz de Harry Potter alterada.

–¡Es un mortifago! –lo secundo Ron Weasley.

A partir de esos comentarios, muchos comenzaron a salir de la impresión para empezar a gritarle Malfoy insultos, amenazas y tratando de intimidarlo para que se fuera del lugar. Le hicieron ver claramente que no era bienvenido aún sin haber escuchado el motivo de su presencia en una reunión de la Orden. Harry pedía explicaciones mientras miraba a Hermione con furia y reclamo, al traer al enemigo a la Orden. La castaña quería salir corriendo del lugar, no soportaba todas las cosas que le gritaban a Draco, quería defenderlo pero su voz no se iba a escuchar en medio de ese alboroto. Quería correr a su lugar secreto para nunca más salir de ahí… Sin embargo, miró a Draco asustada, y él se mantenía impasible ante lo que estaba ocurriendo, tenía los puños apretados pero su expresión mostraba fuerza. Lo necesario para que la castaña también encontrara la fortaleza.

–¡Silencio! –exclamó Albus Dumbledore sin llegar a gritar e inmediatamente todos se callaron.

Había muchas miradas de odio y ofensa mirando al rubio.

–¿Qué significa esto, Albus? –preguntó más tranquila la profesora McGonagall.

–Como ya vieron, hoy tenemos un invitado especial. Les sugiero que antes de comenzar a discutir nuevamente, escuchen el por qué el Sr. Malfoy está aquí, estoy seguro que como yo, entenderán perfectamente sus razones –contesto el anciano mirando con una sonrisa cálida a la pareja que aún se encontraba en la puerta.– Srita. Granger, ¿podría cerrar la puerta, por favor?

Hermione tardó varios instantes en reaccionar, cerró la puerta con brusquedad a causa de sus nervios. Cuando regresó se colocó al lado de Draco con la cabeza en alto. Juntos lo soportarían.

–¿Y bien? ¿Qué estas haciendo aquí? Habla –rompió el silencio Alastor Moody quien se encontraba de pie cerca de ellos, mirando con rudeza a Draco.

Draco lo miró para luego volver su mirada a los demás, aquel era el momento. Pasara lo que pasara, no delataría sus nervios ante aquel grupo de gente. Tenía bastante practica para mantener una mascara de frialdad y que en ese momento, agradecía por ello. Miró a la mayoría antes de hablar, no había manera de prepararlos para lo siguiente.

–Quiero unirme a la Orden –pronunció alto y claro.

La reacción no se hizo esperar, no obstante, el profesor Dumbledore alzó una mano como indicación de que se callasen.

–¿Cómo sabes de la Orden y las actividades? –preguntó Ron con furia, levantándose de su silla.

–Weasley, no es ningún secreto lo que son y lo qué hacen –respondió Draco con obviedad diciendo la verdad.

–¿Qué le has dicho? –volvió a preguntar Ron ahora con rudeza hacia Hermione.

–Yo no… –comenzó Hermione a responder con nerviosismo, no podía acostumbrarse a que Ron le hablará así.

–A ella no la metas –intervino Draco conteniendo su enojo.– Lo único que sé es que intentan derrotar al Señor Tenebroso y quiero ayudar.

–Pero, eres un mortifago, ¿no es así? –lo cuestionó George Weasley quienes al igual que Harry y Ron se mantenían a la defensiva con Draco.

–Si, lo soy aunque no quise serlo –respondió con sinceridad.

–¡No nos vengas con ese cuento de que es algo que te obligaron hacer! No te queda el papel de mártir –interrumpió Fred al lado de su gemelo.

La Señora Weasley los reprimió con la mirada, no era la manera de hablarle a Draco por mucho que les cayera mal. No permitiría el mal comportamiento de sus hijos.

–Es la verdad –respondió Draco con determinación, sus provocaciones no lo inmutaban.– Convertirme en mortifago quedó grabado en mi destino en el momento que el Señor Oscuro regresó y aunque quisiera no había nada para evitarlo.

–Seguro si tenías una oportunidad, admite de una vez que se encontraba en tus sueños ser parte de ello –reclamó Ron queriendo bajarlo del papel de víctima.– Siempre has seguido y aplicado las mismas ideologías que Voldemort, siempre quisiste ver a los sangre sucia extinguidos.

–Eso es verdad, ¿de la nada ya eres amigo de los muggles y los nacidos de ellos? –se burló George de él.

Hermione se tensó, era increíble la manera en cómo atacaban a Draco sin ninguna compasión. Los adultos estaban atentos en cada una de las palabras, realmente ninguno de ellos conocía la personalidad del slytherin, en cambio Fred, George, Ron y Harry sabían perfectamente como era antes Draco.

–Nunca tuve otra oportunidad, si tuvieran un apellido digno de dar honor lo entenderían –respondió Draco con hostilidad, haciendo que los hermanos Weasley quisieran golpearlo.– Es verdad, durante mucho tiempo yo seguía esa ideología pero sólo era un niño tratando de ser el hijo ejemplar… Y no entendí hasta hace poco lo equivocado que estaba respecto a nacidos muggles. No quiere decir que este aquí por ellos y los quiera proteger porque sinceramente no me interesa lo que les pase, simplemente no les deseo la muerte.

Hermione miraba a Draco con orgullo, tenía una manera mordaz de responder pero lo hacia con total sinceridad y seguridad en si mismo. No cualquiera se enfrentaría a sus enemigos, admitiendo lo equivocado que estaba y que deseaba unirse a ellos por una misma causa. No había reparado en lo mucho que Draco había madurado en los últimos meses al lado de ella.

–¿Por eso estuviste implicado en el exterminio masivo a los nacidos de muggles? –interrumpió una voz de una mujer, Hermione la había visto en pocas ocasiones, siempre con un porte de la realeza, era Emmeline Vance.

Draco calló por unos instantes, haciendo dudar a todos los presentes. Hermione sin pensarlo, se acercó más junto a él y sus miradas se encontraron… Draco volvió sus ojos grises hacia la mujer que le había cuestionado.

–Si, participe en ello. –admitió con seguridad, haciendo que varios soltarán un grito ahogado.– Voldemort me hizo líder de uno de los numerosos grupos que estuvieron a cargo de la masacre, no había manera de evitarlo…

–¿Te das cuenta que eso contradice lo que dijiste anteriormente? ¿Cómo podemos confiar en ti si tus acciones son contrarias a tus palabras? –volvió a cuestionar Emmeline con enojo.

Draco le sostuvo la mirada incapaz de saber como responder a ello para que pudieran entenderlo. Sintió todas las miradas puestas en él, seguramente más de uno se vio afectado directa o indirectamente con lo sucedido y eso no lo podría borrar fácilmente.

–Yo confió plenamente en él –respondió esta vez Hermione, desconcertando a todos los presentes.– Y no sólo eso, Draco vino a mi ese día porque entre las víctimas se encontraban mis padres… me ayudo a salvarlos y luego ayudo a una familia a escapar, arriesgando su propia vida por ellos.

Miró la cara de los presentes, muchos comenzaban a cambiar de idea respecto a Draco Malfoy, los más grandes pensaban que si aquello no fuera verdad en primer lugar Dumbledore no le permitiría estar ahí. Quizás podrían darle el beneficio de la duda. Por otro lado, Draco se sentía ansioso por mostrarle a todos ellos que sus intenciones eran verdaderas. Pero no se lo estaban poniendo tan fácil.

–Yo aún no me trago esto, ¿desde cuándo desafías a Voldemort? Aún le llamas Señor… –interrumpió Fred Weasley sin dar su brazo a torcer.

–Todos sabemos que no eres especialmente valiente, siempre huyes para salvar tu propio pellejo, ¿cómo estaremos seguros de que no harás lo mismo en cuanto tengas que enfrentarte a tus compañeros? –le reclamó Harry, cuestionándolo por primera vez. Todos voltearon a ver al niño que vivió y Draco supo enseguida que su opinión era muy apreciada en la Orden.

Lo cual lo dejaba en clara desventaja.

Mientras tanto, a Harry por un momento le llegó a la mente la imagen de Peter Petigrew, el cobarde que traiciono a sus mejores amigos por miedo de lo que pudiera llegar hacerle Lord Voldemort… mintiendo, engañando y finalmente traicionando de la peor forma. Sin duda, no podía confiar plenamente en lo que decía Draco Malfoy.

–No pienso huir… he cambiado mucho estos últimos meses, no soy la mejor persona pero estoy dispuesto a enfrentar las consecuencias de mis actos –contestó Draco sin despegar la mirada de su némesis de toda la vida.– Sé que no soy especialmente valiente ni tengo aires de heroísmo como tú Potter, pero también tengo otras virtudes y habilidades…

–Seguro Hermione sabe muy bien esas habilidades tuyas, ¿no es así? –interrumpió Ron nuevamente señalando a la castaña como una cualquiera.

Aquello fue suficiente para Draco. Las reacciones no se hicieron esperar, por un lado por la forma tan hostil y cruel de Ron al hablar de Hermione, como si fueran enemigos también. Incluso Molly Weasley llamó su atención escandalizada por las palabras de su hijo. El slytherin no perdió el tiempo y sacó su varita, apuntándola con furia hacia el pelirrojo. Algunos se levantaron enseguida al ver la amenaza de Draco hacia el Ron, fue incorrecta la manera de hablar de él hacia la castaña pero no ameritaba una pelea en medio de la taberna.

–¡A mi me puedes decir todas las malditas amenazas e insultos que quieras Weasley pero NUNCA MÁS le vuelvas hablar así a ella en tu miserable vida…! –gritó Draco furioso, miró a Hermione de reojo quien tenía la mirada clavada en Ron profundamente herida y con los puños apretados a los lados, luchaba por mantenerse para no derrumbarse.

Aquello hizo enfurecer aún más a Draco, pero antes de que pudiera lanzarle un maleficio a Ron Weasley sin importarle las consecuencias o la presencia de Albus Dumbledore, sintió la mano de Hermione sobre su brazo.

–No lo hagas… no vale la pena –susurró Hermione dolida pero mirando firmemente al rubio.

–No voy a permitir que te hable de esa manera –le respondió Draco tratando de no hacerle caso a la castaña.

–Draco, baja la varita –respondió Hermione sin alzar la voz ni con demanda, sino como una simple petición.

Por unos momentos se miraron a los ojos, viendo quien cedía primero, pero Draco termino bajando la varita. Estaban tan enfrascados en ellos que no se dieron cuenta del silencio sepulcral que se había instalado ante tal escena. Los presentes los miraban impactados. Algunos comenzaron a entender la razón principal por la que Draco Malfoy estaba en ese lugar pidiendo entrar a la Orden del Fénix, otros simplemente no podían captar lo que pasaba, algo simplemente no cuadraba o no querían aceptar lo que veían.

Nymphadora Tonks esbozó una sonrisa desde su lugar. En cuanto Draco Malfoy había entrado al lugar, lo reconoció enseguida, su madre Andromeda le había hablado sobre su primo y no sólo eso, también lo conocía por cosas que alguna vez comentaron Harry, Ron y Hermione, así como Lupin. Tenía sus reservas, sabía que había sido criado bajo la estricta educación de Lucius Malfoy y los Black, lo que su madre y Sirius Black habían rechazado. Por ello estaba tan desconcertada de verlo ahí, pero rápidamente se dio cuenta de sus intenciones claras, a pesar de tener esa mirada arrogante y el semblante frío, podía ver que era él quien estaba intimidado por ellos. Y mientras discutían con él, provocándolo, lo observó dándose cuenta que la verdadera razón por la cual estaba ahí, era por la persona junto a él. Tonks se sintió tremendamente feliz.

–¿Por qué quieres unirte a la Orden? Sabiendo todos los riesgos que estás cometiendo e incluso poniendo en más peligro tu vida –preguntó Tonks rompiendo el silencio y más calmada que los demás, a su lado Lupin miró a su esposa curioso.

"Al fin alguien hace una pregunta inteligente" pensó Draco, viendo a la muchacha rara de cabello color rosa, por un momento tuvo la sensación de haberla visto en algún lugar.

–Porque no quiero seguir más al lado de ese psicópata. Mi padre está muerto por órdenes de ese maldito, mi madre todo el tiempo esta preocupada por mi y yo temo que le ocurra lo mismo que a mi padre –confesó con sinceridad, no había manera de ocultarlo y era la única manera de ganárselos.– Pero más que nada, quiero proteger a las dos personas que más amo, son lo único bueno en mi vida que me queda y no pienso perderlo.

Tonks le sonrió en modo de apoyo lo cual hizo que Draco se sintiera algo incomodo, sin embargo asintió la cabeza como agradecimiento.

–Bueno, todo esto es muy bonito pero podrías hablarnos todo el día sobre por qué quieres unirte a la Orden y yo aún no podría confiar totalmente en ti –interrumpió nuevamente Ojoloco Moody con impaciencia.

Todos los presentes asintieron, necesitaban confiar en él para aceptarlo por completo. Y esa era la parte que temía Draco, porque anoche Dumbledore y él establecieron cual sería la misión que tendría que cumplir el slytherin, situación que no le mencionó a Hermione. Estaba seguro que lo odiaría después de enterarse, pero no habría marcha atrás.

–Estoy dispuesto a realizar una misión para poner en prueba mi confianza… –dijo Draco con seguridad.

El rubio intercambio una mirada con el profesor Dumbledore, mientras los demás discutían cuál misión sería, algo que se pudiera llevar a cabo desde adentro de los mortifagos y que ayude de forma definitiva a la guerra porque si era lo suficientemente peligroso igual no podría volver a dar la cara en el bando enemigo. Mientras tanto igual Hermione miraba nervioso a los demás, tenia miedo que decidieran alguna misión peligrosa y ella no podrá intervenir.

De pronto, de entre todas las voces, se escucho clara y fuerte la de Harry, quien se había levantado de su asiento.

–Mata a Nagini –dijo Harry casi en tono de desafío.

Todos los presentes se callaron y miraron al chico con cara de confusión. No todos estaban al tanto de los horrocruxes de Voldemort. Draco Malfoy lo miró, justamente esa sería la misión que había discutido la noche anterior en el despacho del director por lo que no lo tomó por sorpresa, ni siquiera se impresionó al darse cuenta que Potter estaba deseoso por mandarlo a una misión suicida. Draco esbozo una sonrisa maliciosa dejándole ver a Harry que no lo había intimidado en lo más mínimo.

Hermione a su lado miraba desconcertada a Harry, ¿por qué rayos había dicho eso? Nunca había sentido su amistad tan perdida como en aquel momento, mandar a Draco Malfoy a una misión tan peligrosa, sólo como castigo porque ella lo había escogido. Era lo más bajo y ruin que su mejor amigo había hecho jamás. Pronto se dio cuenta que comenzaba a temblar ligeramente.

–La razón por la que Voldemort es tan poderoso es porque es inmortal –comenzó a decir Dumbledore viendo la confusión de la mayoría, ante esas palabras todo el mundo guardo gran silencio.– Gracias a los horrocruxes que creó años atrás, yo mismo he destruido algunos y otro por Harry sin tener consciencia de lo que realmente era.

Todos miraron a Dumbledore y Harry totalmente sorprendidos, era increíble lo poderosos que eran para destruir un objeto que permitiera la inmortalidad. No había duda de que era magia muy oscura.

–Un horrocrux es un objeto en el cual una persona ha depositado una parte de su alma, para ello necesita corromper su alma y se logra por medio del asesinato –terminó de explicar Dumbledore, dejando ver el horror detrás del secreto de Voldemort.

En cuanto pronunció la palabra asesinato, Remus Lupin sintió palidecer, era claro que Voldemort había creado más de un horrocrux y con horror pensó si utilizo el asesinato de James y Lily para crear otro, para crecer su inmortalidad… Lupin se sentía asqueado ante ese acto tan inhumano.

–¿La enorme serpiente que siempre está a su lado, contiene un trozo de su alma? –preguntó Bill Weasley, participando por primera vez.

–Así es, para nosotros resulta imposible matarla porque no sabemos su paradero y tampoco podemos entrar directamente hacerlo, incluso si llegásemos a saber dónde esta, estaríamos muertos antes de llegar a la serpiente –respondió Harry explicando lo difícil que sería matar a la serpiente.

–Entonces, Draco Malfoy llega como la solución a todos nuestros problemas –agregó Fred Weasley mientras cruzaba sus brazos atrás de la cabeza.

–Mandale saludos a Voldy de nuestra parte ahora que vayas –continuo George imitando la pose de su hermano gemelo.

–Pero… es una misión suicida –susurró Molly Weasley espantada, aunque no conocía a Draco Malfoy, igual siempre había tenido debilidad por los jóvenes. Todos le recordaban a sus hijos y pensar en el peligro que correría…

–Molly tiene razón, si Malfoy va a matar a esa serpiente difícilmente podríamos verlo regresar –dijo Tonks con la cruda verdad en sus palabras.– ¿Cómo estaremos seguros de que la haya matado?

Hermione Granger se tensó al lado de Draco ante las palabras de Tonks. "Difícilmente podríamos verlo regresar" había dicho esa frase con tanta naturalidad, como si la vida de Draco no importara y fuera un sacrificio para el bien de todos. ¿Cómo es que todos estaban tan de acuerdo en mandarlo a algo increíblemente peligroso? Hermione miró a Draco, estaba atento a las palabras que decían todos, aquello fue peor para la castaña porque parecía que él ya lo hubiese aceptado… como si ya lo supiera.

Hermione apretó los puños ante la revelación. Draco Malfoy ya sabía sobre aquella misión, ya lo sabía y no le había dicho… el repentino enojo la recorrió con fuerza, no podía creer que el slytherin haya planeado algo así a sus espaldas, ¿acaso su opinión no importaba? Seguramente eso era precisamente lo que no quería que escuchara la noche anterior en el despacho del director.

–Aunque se este muriendo mínimo que nos mande el cadáver de esa serpiente –agregó un hombre que Hermione no pudo identificar.

–Hay que considerar todas las posibilidades, no podemos desaprovechar la oportunidad de matar a esa asquerosa serpiente –dijo el Sr. Weasley al lado de su esposa, al parecer le tenía gran rencor al animal después de que lo hubiera atacado casi hasta la muerte.– Es esencial destruir los horrocruxes para poder derrotar a Quien-ustedes-saben, y al parecer Malfoy es el único capaz…

Varios miembros más comenzaron a comentar qué tan buena idea era mandarlo solo ya que no habría oportunidad de verificar si en verdad cumpliría; por otra parte algunos decían que después de ello Draco se ganaría su confianza y estarían más cerca de derrotar a Voldemort.

Hermione se sentía más enojada, era como si todos estaban muy contentos, mandar a alguien más que haga el trabajo sucio y como es Draco Malfoy no importa. No les importa en lo absoluto, pero a ella si le importaba.

–No puedes hacerlo –se escuchó la voz de Hermione callando todas las demás veces. No había gritado o exclamado, pero el sentimiento en su voz era lo que había callado a todos

Draco no se atrevió a mirar a la castaña, sabía que estaba enfadada y seguramente se sentía traicionada

–Profesor Dumbledore, dígale que no puede arriesgar su vida de esa manera –suplicó Hermione dejandose llevar por el momento. El viejo director sintió gran compasión ante la mirada de la castaña.

Draco Malfoy estuvo a punto de contestarle, cuando alguien más se adelantó.

–El riesgo es parte de estar en la Orden, asumir esos riesgos para llegar a nuestra meta –contestó Harry con frialdad, no sabía si quería que Draco dejará ver su cobardía ante todos o que intentara cumplir su misión.

–¡Callate Harry! Ni siquiera tú puedes asumir esos riesgos que tanto dices –exclamó Hermione mirándolo totalmente enfadada, nunca antes habían visto el trio de amigos tan distantes. Rápidamente algunos asumieron que había dos bandos, Harry y Ron, Hermione y Draco.

Draco disfrutó la expresión de Potter, era la primera vez que escuchaba a Hermione hablarle de esa manera tan cruel.

–¿Cuando pensabas decirme de esta loca idea tuya? –exclamó furiosa la castaña, esta vez dirigiéndose a Draco.

–Lo hablamos anoche, Hermione… No voy a discutirlo una vez más –contestó Draco con frialdad sin siquiera mirarla, trato de bajar la voz pero no fue suficiente para que los demás no escucharán.

–¡No! No puedes hacerlo –respondió Hermione dispuesta a no callarse, poco le importaba si estaba armando una escena en una reunión de la Orden.

–Hermione… –susurró la Sra. Weasley entendiendo perfectamente todo entre ella y Malfoy.

–Ahora no… –dijo Draco con frialdad, mirándola por primera vez.

Ambos se miraron a los ojos desafiantes. Hermione sentía que temblaba por el enojo y deseaba gritarle muchas cosas a Draco, pero aquello sólo los iba a exponer aún más y lo que menos quería en esos momentos era armar una escena. Pero tampoco podía permitir que Draco se ofreciera para algo tan peligroso…

–¿Qué pasa Malfoy? ¿Te vas a echar para atrás? –se burló Ron a unos metros de él.– Sabía que no ibas a durar nada…

–No pienso echarme para atrás –exclamó Draco enojado, volviendo su atención a los presentes. Quizás no sea tan valiente pero nunca perdería su orgullo y dignidad.– Estoy dispuesto a matar esa serpiente pero tengo tres condiciones para ello.

Hermione a su lado, trataba de controlarse. Mientras tanto Draco se mantenía impasible, dependiendo de esas tres condiciones que nombraría podría realizar la misión, era lo único que realmente quería que le aseguraran.

–¿También quieres un masaje? –contestó Fred con burla.

–¿Cuáles son? –preguntó esta vez Remus Lupin, ignorando el comentario de uno de los gemelos.

Draco retuvo el aire.

–Primero, necesito que rescaten a mi madre de la mansión Malfoy –comenzó a decir en voz clara y fuerte, quería demostrarle lo serio de sus condiciones.– Si ella está segura entonces podré hacer la misión sin tener la preocupación de que podrían usarla contra mi.

–Pero si te echas para atrás, entonces nosotros la usaremos –contesto Moody con malicia.

El slytherin no supo cuanta verdad había en aquellas palabras, pero le bastó para mirar a Ojoloco para sentir escalofríos.

–Segundo, en cuanto sepa donde será la próxima reunión con Voldemort, les avisaré enseguida y quiero que haya al menos un grupo alrededor del lugar por si logro salir y no pueda aparecerme –continuó Draco.

–Esta bien, eso igual nos asegurará si mataste a la serpiente –contesto Lupin.

–Además así podemos saber que no es un engaño de tu parte, ya que para ese entonces tu madre estará custodiada por uno de nosotros –respondió Bill Weasley con seriedad.

Draco asintió con la cabeza, por esa misma razón había establecido el orden de sus condiciones. Ellos tendrán que confiar en él a como dé lugar.

–Y tercero… –siguió diciendo, esta vez con un tono más serio y frío.– No quiero que Hermione participe en ninguna de esas dos misiones –finalizo Draco y mandando al diablo lo que pudieran pensar de ello.

–¡No! –exclamó Hermione con coraje. Era la segunda vez que Draco la hacía a un lado en cuestiones sumamente importantes, y no sólo eso, lo hizo enfrente de la Orden.

–¿Qué clase de relación tienen esos dos? –se escuchó una voz preguntando pero no le importo de quien provenía.

Todos los presentes se quedaron pasmados por la pregunta, muchos tenían una intuición pero lo creían imposible. Creían la pregunta absurda, irrelevante, ilógica, impensable y todos los adjetivos que pudieran surgir… ¿Draco Malfoy y Hermione Granger? Era totalmente imposible de creer, aún cuando estaban siendo testigos de ello.

Hermione camino para colocarse frente a Draco para encararlo, por un momento todos los demás dejaron de existir, viendo a la pareja con asombro.

–No voy a permitir que hagas esto nuevamente, no puedes hacerme a un lado como si no fuera importante –comenzó a decir Hermione tratando de no gritar, pero era inevitable que los demás escucharán.– No pienso quedarme como tonta esperando a que me den noticias de ti…

–Voy a ir y tú te quedarás en Hogwarts, fin de la discusión –contestó Draco con frialdad sin siquiera mirarla a los ojos.

–¿Quieres que te espere mientras leo un libro o prefieres llegar cuando este durmiendo? –soltó Hermione con sarcasmo, la indiferencia de Draco sólo la hacía enojar aún más.– No me trates como si fuera una inútil…

–Sinceramente tu presencia no me va ayudar en lo absoluto, así que si serás un estorbo…

–¿En verdad crees eso? Eres un maldito egolatra –reclamó Hermione ofendida y sin pensar en las palabras.

Entonces Draco no lo soportó más, por primera vez la miró a los ojos y Hermione se quedó sorprendida por encontrar una tormenta en la mirada gris, su discusión le estaba afectando y ella no se había dado cuenta. Mientras tanto, a Draco Malfoy no le importó en lo absoluto que un montón de personas lo vieran, no le importaba en lo absoluto perder los estribos enfrente de ellos.

–¿Acaso no has entendido nada? –exclamó con enojó y frialdad.– ¡Si mato esa serpiente estaremos más cerca de derrotar a ese idiota, y entonces tu y yo…!

Pero calló, demasiado enojado y avergonzado por estar a punto de decir una confesión enfrente de desconocidos, pero simplemente no había podido evitar gritarlo, Hermione lo estaba volviendo loco y parecía que ella había olvidado la razón importante del por qué estaba ahí. No había ninguna obra de caridad en sus acciones, él tenía una meta en mente y deseaba cumplirla para su futuro.

Respiro una y otra vez, mientras Hermione lo miraba sorprendida para luego dar paso a un gran cariño. Sin embargo para Draco Malfoy el enojo aún no cesaba, acababa de perder un poco de su orgullo y eso le dolía, pero lo que más le dolía era que Hermione no pudiera entender que sin ella, él no era nadie. Lo que él lo hacía no era por egoísmo…

Nadie hablaba. Ya no tenían sentido las preguntas sobre ellos. El lugar se había llenado de un silencio indescriptible, entendiendo y asombrandose de lo que veían, el profesor Dumbledore esbozó una sonrisa, mientras Harry le daba la espalda a la pareja dispuesto a mantener el poco autocontrol que tenía… no podía con la muestra de amor de Draco Malfoy hacia la mujer que quería. Simplemente no podía más… Había admitido que aceptaba de alguna forma su relación con la castaña, pero se equivoco, porque en el fondo quería que Draco fallará. Y se odio a si mismo por ese pensamiento, así no era él… Ron por su parte se había cruzado de brazos dedicándose a observar un punto invisible en el suelo sin saber bien cómo sentirse al respecto.

Hermione tenía la respiración agitada, se sentía impotente ante la situación y estaba enfurecida con él, porque tenía razón, si lograba matar a Nagini estarían tan cerca de vencerlo de una vez por todas, llevando a cabo su oportunidad para que sean felices y poder estar juntos sin ningún problema. Odiaba que tuviera razón aunque se le hinchara el pecho de orgullo por él y lo valiente que ha sido en todo este tiempo.

Y por eso, lo quería aún más.

Draco Malfoy miró a los de la Orden con falsa indiferencia, tratando de que su expresión no lo delatara, aunque no pudo evitar sentir satisfacción cuando alguien rompió el silencio.

–Entonces chico, bienvenido a la Orden del Fénix –lo felicito con ironía Ojoloco Moody.


Severus Snape caminaba de un lado al otro a lo largo de su despacho. Había faltado a la junta de la Orden del Fénix por ordenes de Dumbledore, hizo gran hincapié de que Draco Malfoy aún no podía enterarse de su participación, el profesor no entendía por qué pero sabía que no obtendría respuestas por lo que no preguntó.

Sin embargo, eso no era lo que lo mantenía algo inquieto, era un asunto de mayor importancia. Albus Dumbledore no sólo lo sorprendió con la noticia de que Malfoy deseaba unirse a la Orden del Fénix, sino también lo que estaba dispuesto a realizar el slytherin con el fin de derrotar a Voldemort. ¿Cómo rayos pudo tomar una decisión así? ¿Acaso no puso atención a lo que le había dicho?

Snape golpeo con un puño su escritorio, había prometido ayudar a Draco Malfoy a encontrar la felicidad que él no logro, se lo prometio a si mismo como un tributo a su amor por Lily Evans. Sin embargo Malfoy no lo estaba ayudando en lo absoluto, en cambio pensaba lanzarse directamente a su muerte… Y no podrá intervenir en ello o todo lo que ha realizado a lo largo de los años se perderá.

¿Qué se supone que debería hacer ahora? No cabe duda de que en los últimos meses, Draco Malfoy había mejorado mucho en maleficios y encantamientos, se había vuelto un gran mago en poco tiempo, sus habilidades se han incrementado. Por esa razón se había convertido rápidamente en un digno mortifago teniendo un lugar entre los más importantes del circulo de Voldemort. Pero nada de eso sería suficiente si pensaba traicionarlo, ni siquiera sabía si tendría algún plan o un as bajo la manga para cuando llegará el momento. No tenía idea de nada y tampoco podrá preguntarle.

"¿Desde cuando el chico se volvió valiente? ¿Desde cuando estaba dispuesto a sacrificar su propia vida?" se preguntó Snape. Conocía a Draco Malfoy desde que era un bebé, lo vio crecer y siempre creyó que era un niño malcriado, egoísta y orgulloso. Lucius Malfoy lo había educado de una forma muy especial, por ello desde corta edad, Draco tenía grandes conocimientos en historia, encantamientos, pociones y habilidad en hechizos que sólo era alcanzada en promedio hasta quinto año en Hogwarts. Y era un niño en ese entonces. De cierta manera, si Draco Malfoy en verdad se esmerara en sus estudios, podría alcanzar el nivel de Granger sin ningún problema y aún a pesar de que su padre lo regañaba constantemente por eso, nunca le importó.

Nunca dijo nada, pero Snape siempre sospecho que Draco a pesar de admirar a su padre, la verdad es que Narcissa Malfoy tuvo un gran papel en el proceso para convertirlo en el joven que se había convertido actualmente. Narcissa Malfoy conocía los limites y los errores en la educación que buscaba brindarle Lucius a su único hijo, seguramente a sus espaldas, le enseñaba a Draco otras cosas lejos de la influencia de Lucius.

Snape se sentó finalmente detrás de su escritorio, sintiéndose repentinamente muy cansado. Cuando de pronto, su marca tenebrosa comenzó a dolerle, era un llamado. Estaba tan acostumbrado a ese dolor que ni siquiera se inmuto, en cambio hizo algo que hace mucho no lo hacía… se alzó la manga de su túnica para ver la marca tenebrosa en su antebrazo. Odiaba como aquel tatuaje no cambiaba, habían pasado casi dos décadas y lucía como igual de impecable, como si sólo hubieran pasado horas de su elaboración.

Una nueva punzada lo sacó de sus pensamientos, nunca era bueno hacer esperar al Señor Tenebroso. Mientras se preparaba, pensó nuevamente en Draco Malfoy y en las posibilidades de ayudarlo.

Eran totalmente nulas.


Draco Malfoy no sabría describir las sensaciones que lo invadían en este momento. Aunque la mayoría lo mirara con desconfianza mal disimulada, había unos cuantos que enseguida lo aceptaron sin hacer más preguntas, sin esperar más pruebas de su parte. Le resultaba inevitable mantenerse a la defensiva al estar en el territorio enemigo, aún lo sentía así.

Una vez después de terminada su demostración de debilidad y de la rara bienvenida por parte de Ojoloco Moody, Draco y Hermione se sentaron juntos en unas sillas desocupadas, lejos de sus mejores amigos quienes actuaban como si no existieran. Parecía que la tempestad se había calmado y como era turno del profesor Dumbledore de hablar, el ambiente dejó de ser incomodo.

El slytherin dedicó el tiempo para perderse en sus pensamientos y observar a las personas que lo rodeaban. Conocía a varios y muchas veces cuando uno de ellos eran mencionados en el Profeta por su trabajo o por palabras de su padre cuando trabajaba en el Ministerio. Draco se burlaba con desdén junto con sus demás compañeros de Slytherin lo cual resultaba irónico ahora. Su antiguo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, Remus Lupin, de vez en cuando desviaba su mirada hacia él, para verlo con una extraña curiosidad lo cual sólo lograba ponerlo incomodo ya que después de ello, susurraba cosas a la extraña chica de cabello rosa quien lo veía como si fueran conocidos de años.

La madre del pobretón también lo miraba de vez en cuando dedicándole una especie de lastima en su expresión como diciendo "pobre muchacho" lo cual irritaba muchísimo al rubio; luego estaban las miradas de los gemelos Weasley quienes sinceramente si lo ponían nervioso, sabía muy bien que con ellos no se jugaba. Sin embargo, ninguna de esas miradas se comparaban a los de la cara rajada y el pobretón. Incluso sólo hacían que Hermione se mostrara aún más nerviosa por todo el asunto.

Notaba claramente cuando ella agachaba la mirada con un intento de ocultar sus sentimientos, Draco le daba un rápido apretón de mano como signo de su apoyo incondicional a ella, haciendo solamente que Potter se enojará aún más pero a él le importaba un bledo los sentimientos de la cara rajada. Ya había demostrado suficiente en cuanto optó por mandarlo a una misión suicida y aunque él mismo había tomado esa decisión, no ignoraba el hecho de que Potter lo quería ver muerto. Claro, Draco moría por demostrarle a ese idiota que también él podía correr el riesgo por salvar a las personas que quiere.

Después de observar, decidió poner atención a las charlas. Pronto se sintió confundido, conforme avanzaba la reunión, escuchaba situaciones que no entendía o que ya sabía desde hace mucho tiempo, incluso colaboro con algunos datos y tuvo que ignorar las miradas interrogantes. Pronto se dio cuenta que aquella reunión era para la Orden del Fénix en general, manejaban datos que no consistían propiamente en secretos como tal. Por lo que fue muy obvio que había otro grupo, el más importante de la Orden donde tendría sus reuniones en un lugar menos común, por eso decían todo sin molestarse en ocultarle cosas a Draco. Era tal cual manejaban las cosas los mortifagos.

Hermione pareciendo escuchar sus pensamientos, se acercó mucho a él para susurrarle al oído:

–No te preocupes, después de esto nos reuniremos en el despacho del director –le informó, seguramente ya acostumbrada a estas reuniones.

Draco sólo asintió con la cabeza. La observó por unos momentos, aún a veces no podía creer lo rápido que su vida había cambiado. Antes de entrar a su último año en Hogwarts, sólo estaba enfocado en sobrevivir como pudiera, sentía que no era dueño de su vida y odiaba recordar el papel que tenía que cumplir para mantener con vida a sus padres. A pesar de ser una gran carga, él perdió el sentido, era como si actuará de forma automática. No tenía el lujo de sentir nada fuera del enojo y el miedo.

¿Qué diría su padre al verlo en una reunión de la Orden del Fénix, platicando la forma de vencer al mago que consideraba el máximo líder? Seguro lo desconocería como su hijo, nunca lo sabría a ciencia cierta. Una punzada en el pecho se le instaló. Nunca tuvieron una relación ejemplar de padre e hijo, Lucius se empeñaba en ser frío con él y aún así nunca dudo de su cariño y su amor de padre. Draco siempre desafiaba de alguna manera sus ordenes y sus reglas, generalmente discutían hasta que su madre intervenía para obligarlos a hacer las paces. Y quizás su padre nunca aceptaría una relación con una hija de muggles, probablemente dejarían de tener contacto por ello… Draco suspiró, pero nada de eso significaba que lo prefería muerto. Desde su primer año tenían la costumbre de mandarse una carta al mes, esa carta sólo era para su padre y para él, ya que aparte constantemente se enviaba correspondencia con su madre, pero aquello era diferente. Draco nunca lo confesaría, ni siquiera a Hermione, que ha estado escribiendo una carta cada mes a pesar de la muerte de su padre. De alguna manera hacerlo, le daba tranquilidad y evitaba que su recuerdo lo quebrase, como esa única vez cuando se enteró.

¿Qué pensaría su padre de sus decisiones? Se preguntó nuevamente Draco. Cada vez se convencía más de haber tomado la decisión correcta pero eso no le quitaba esa culpabilidad que sentía muy en el interior de sentirse como traidor, sin duda no podía olvidarse tan fácilmente de todo lo que le enseñaron durante toda su vida.


La junta finalmente había terminado. En grupos pequeños y en determinados tiempos, los miembros de la Orden del Fénix salían, los primeros siempre en salir era quienes tenían puestos importantes en el trabajo y no disponían de mucho tiempo. Por lo que al final quedaban Harry, Ron y Hermione.

Pero como todo lo que últimamente sucedía, Hermione se fue antes de tiempo con Draco, quería evitar disputas innecesarias y la verdad es que estaba muy herida por las acciones de Harry y Ron. Por esa misma razón, Ronald Weasley no se sorprendió cuando una voz muy familiar lo llamó.

–Ronald Weasley, ven para acá –ordenó Molly Weasley apartados de los que aún quedaban, tenía ambas manos en la cintura con una mirada de enojo.

Harry le dedico una mirada compasiva, estaba a punto de ser testigo del enojo de la Sra. Weasley sobre su hijo, no podía terminar bien. Ron se llevó la mano a los bolsillos de su pantalón y camino hacia su madre.

–Estoy muy decepcionada de ti, Ronald. Tú no eres así, ¿qué ha ocurrido entre ustedes y Hermione? –exclamó Molly sin rodeos, había sido testigo del peor comportamiento de su hijo y no pensaba ignorarlo.

–Tú misma lo viste, está con Malfoy –respondió Ron como si con ello dejada en claro todo.

–¿Y estas celoso?

–¡Claro que no! Hermione es como una hermana para mi... Pero todo cambio desde que comenzó a relacionarse con ese slytherin –dijo Ron viendo a su madre con enojo.

La Sra. Weasley cruzo los brazos mirando a su hijo con enojo, aquello no tenía sentido para ella, ellos han sido inseparables desde el primer curso.

–¿Y eso te da derecho a hablarle de esa manera? ¡Nunca te eduque para que tratar así a alguien! –lo regaño dándose cuenta que su hijo comenzaba a ponerse rojo del enojo.– Creo que el problema eres tu, no lo es Draco Malfoy ni la decisión de Hermione, sino eres tu.

Ron miro a su madre con una expresión de total sorpresa, sentía como si le hubiera dado una bofetada. Harry a varios metros escuchaba tratando de fingir que no lo hacia como el resto de las personas que quedaban, no podía creer que Molly estuviera del lado de Hermione.

–¿Yo soy el problema? ¿Acaso yo soy el mortífago que asesina y tortura? –exclamo Ron totalmente indignado, sin importarle que lo escucharan.– ¿Acaso yo le hice la vida imposible durante 6 años a Hermione?

–Las personas cambian o quieres que te recuerde cómo trataste a Hermione antes de que fuera amigos –contesto Molly sin levantar la voz.

Ron había olvidado por completo esa historia, de pronto recordó que mas de una vez había hecho llorar a Hermione con sus palabra y actos. Y aun así siguieron siendo amigos... El pelirrojo agacho la cabeza avergonzado.

–Hijo, yo sé que no eres así. Eres mejor que la demostración que hiciste hoy –dijo su madre después de una pausa, al final entendía completamente a su hijo y sabia que estaba confundido.– Creo que desde hace mucho has comprendido pero sigues empeñándote en fingir estar enojado...

Ron Weasley alzo la mirada totalmente sorprendido. Sintió aquellas palabras como un balde de agua fría, por la verdad en ellas. Era cierto que desde hace semanas su enojo inicial había disminuido al darse cuenta que no se trataba de un juego por parte de Malfoy, confiaba plenamente en Hermione y sabia que ella solo estaba mal por culpa de él y Harry y no por su relación. Lo peor de todo es que sabia perfectamente que estaba construyendo un enorme muro entre él y la castaña, tal como lo dijo Ginny, pero no se esforzaba por impedirlo. ¿Qué rayos le pasaba?

–Espero tomen la decisión correcta –concluyó Molly mas calmada, al ver la reacción de su hijo a sus palabras, supo que había entendido.

Molly miro a Harry y él desvió su mirada, había escuchado todo. Por eso lo ultimo lo dijo en plural, tal vez ella no tenía derecho a regañar a Harry por su comportamiento, pero al menos le daría la indirecta.


Draco Malfoy y Hermione Granger aterrizaron sin problemas en los límites del bosque prohibido. La castaña sentía una opresión y un ligero mareo, ya estaba acostumbrada aparecerse por lo que todo lo que sentía se debía a que estaba reprimiendo sus sentimientos. No podía dejar de pensar en la misión que estaba dispuesto a realizar Draco, no podía creer que haya tomado esa decisión sin avisarle esperando que ella aceptara su elección como si no fuera importante, como si se tratara de elegir su desayuno y no su vida.

Se soltó rápidamente de la mano del slytherin y comenzó a caminar hacia el castillo.

–Granger... –escucho detrás de ella pero no hizo caso.

Hermione estaba plenamente consciente de la cercanía de Draco detrás de ella.

–¿Qué es lo que sucede ahora? –pregunto Draco como si ella estuviera haciendo un berrinche.

Y eso fue lo único que basto para que la castaña se detuviera y volteara a enfrentarlo.

–¿En qué estabas pensando? ¿Cómo rayos se te ocurrió hacer algo tan peligroso? –exclamo señalándolo con un dedo, mientras Draco se mantenía serio.– ¡No puedes hacerlo! ¡No voy a dejar que lo hagas!

–¿Y cómo piensas hacerlo? –pregunto Draco desafiándola.

–No lo sé, pero tiene que haber algo que pueda hacer para evitar que arriesgues tu vida de esa manera –contesto Hermione enojada.

Draco se acercó a ella, era notorio el miedo de la castaña por él, no era tanto el enojo de haberle ocultado su decisión sino la idea de que algo pudiera pasarle. El slytherin sintió una calidez en el pecho por eso, independiente de sus padres nadie mas le importaba lo que pudiera pasarle. No obstante, aún así ella debía de entender.

–¿Arriesgarme cómo cuando decidiste entrar a la prisión de Azkaban sola en medio de un escape masivo de mortífagos? –reclamó Draco alzando la voz de la misma manera.– ¿O como esa vez que te arriesgaste en Hogsmeade a salvar personas de decenas de dementores?

Hermione lo miro totalmente sorprendida. ¿Acaso se estaba vengando por ello? Ella siempre ha estado dispuesta a lanzarse a la batalla, estaba en su naturaleza.

–No es lo mismo...

–¡Es exactamente lo mismo! –exclamó Draco con enojo.– No estoy haciendo algo que tu no hagas.

Hermione lo miro sorprendida ante aquellas palabras, no podía creer que hubiera dicho eso.

–Tenemos diferentes motivos pero al final ambos arriesgamos nuestras vidas –dijo con frialdad el slytherin.

La castaña no sabia que responder. Desvío la mirada de él ante la cruda verdad. No podía reclamarle absolutamente nada, ella lucharía contra todo para ayudar a Harry Potter a derrotar a Voldemort y Draco estaba haciendo lo mismo a su manera, con el mismo objetivo. Ambos lo hacian por un futuro juntos, y no podía enojarse con él por eso.

Sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas de la frustración. Regresó su mirada hacia Draco, dejandolo desarmado. Preferiría mil veces volver a ser torturado por su tía o por el mismísimo Voldemort a tener que soportar esa mirada de la castaña, tan llena de miedo y súplica. Pero tendría que llevar a cabo todo su autocontrol para seguir fiel a su decisión, porque si bajaba un poco la guardia ya no sería capaz de hacerlo. Suspiró, por esa razón nunca había sido especialmente valiente, era mucho más fácil no serlo y así mantenerte siempre a salvo.

–Ahora comprendo totalmente como te sentías y también espero que comprendas que haré lo mismo –dijo Hermione tranquilizandose, no quería llegar a la próxima reunión con la cara rojiza por las lágrimas.

Draco alzó una mano para acariciar la mejilla de la castaña, ella cerró los ojos al contacto.

–No pienso perderte Hermione, aunque me gustaría encerrarte en una torre para evitar que corras más peligros que yo, no lo haré –dijo Draco haciendo que la castaña esbozará una media sonrisa.– Pero pienso protegerte en todo momento…

Hermione abrió los ojos, sabiendo que aún seguían brillando por las lágrimas.

–Sólo regresa a mi… –susurró la castaña refiriendose al momento en que Draco tuviera que cumplir su nueva misión.

Draco Malfoy asintió en silencio, para después abrazarla con cariño. Trataría con todas sus fuerzas cumplir con esa petición.


Una hora después, tal como dijo Hermione, se encontraban en el despacho del director. Al menos una docena de los miembros de la Orden del Fénix estaba ahí, sin contar a Harry, Ron, Hermione, Dumbledore, McGonagall y Draco. Eran pocas veces en la que el rubio había ido al despacho del director, siempre le resultó curiosa por los artefactos que tenía ahí y los numerosos libros sobre magia totalmente desconocida para él, sin embargo, nunca le pareció tan pequeña como ahora con todos los ojos puestos en él.

Al menos los primeros diez minutos, Draco explicó su plan para rescatar a su madre y luego para matar a Nagini, aunque el segundo más bien se valía todo en la improvisación, a todos les parecía un excelente plan. Mientras Hermione trataba de analizarlo como todos, pero no podía dejar de pensar en todas las cosas que podían salir mal.

-¿Cómo sabremos el día en que te llamará? -preguntó Ojoloco Moody quien se encontraba parado apartados de todos en el despacho del director.

-En los próximos días comenzaran otra clase de misiones en las que sólo requiere algunos de los miembros, por lo general siempre soy llamado para ese tipo de trabajos ya que él está buscando algo muy importante y yo soy uno de los pocos que sabe qué es -dijo Draco con calma.

–¿Algo importante? –preguntó Remus Lupin intrigado.

–Si, está buscando la varita del saúco. ¿Has escuchado acerca del cuento de los tres hermanos? –contesto con naturalidad.

Su antiguo profesor palideció, pero aquello sólo era un cuento infantil ¿no era así?

–El Señor Malfoy presencio el torturamiento de un pobre hombre que tenía información vital sobre las reliquias de la muerte, por lo que ya sabemos en lo que últimamente ha estado haciendo Tom –agregó el profesor Dumbledore.

–Pero, ¿qué es la varita de saúco y las reliquias de la muerte? ¿Por qué son tan importantes? –preguntó Ron sin entender de lo que hablaban.

–La varita de saúco es parte de las reliquias de la muerte y son mencionadas en el cuento de los Tres Hermanos de Beedle el Bardo. Según la historia, las reliquias constituyen en: la piedra de la resurrección, la varita de saúco y la capa de invisibilidad –contestó inmediatamente Hermione como si estuviera en clase, en lo último desvió una mirada rápida a Harry.– Si obtienes los tres objetos, te vuelves el señor de la muerte…

–¿Cómo sabes aquello? Me refiero, no creo que hayas sido criada con esas historias –preguntó el pelirrojo con curiosidad, hablando civilizadamente con ella por primera vez en mucho tiempo.

–El profesor Dumbledore me regalo una copia en la Navidad pasada –respondió ruborizada.

Ahora entendía el por qué del regalo, al parecer el mismo profesor ya tenía la sospecha de lo que estaba haciendo Voldemort, pero no creyó que en verdad existieran -supuso que era mera coincidencia la capa de Harry y la que mencionan en el cuento-, además se sorprendía que Draco supiera algo tan importante, sin duda estaba enterado de muchas cosas de Voldemort lo cual demostraba que es uno de sus seguidores más fieles. Hermione se removió incomoda de pensar en cómo logró serlo.

–Entonces, ¿no sólo tenemos que preocuparnos por los horrocruxes, sino también por esos artefactos? –cuestionó Nymphadora Tonks tratando de entender el problema.

–Así es, ahora más que nunca es importante encontrar los restantes horrocruxes antes de que logre encontrar las Reliquias de la Muerte –aseguró Dumbledore.

–Pero es solo una historia para niños, ¿qué nos asegura que existe? –preguntó esta vez Kingsley.

–Si existen, Voldemort realizó la suficiente investigación para asegurarse primero de ello antes de empezar con su búsqueda, no malgastaría su tiempo en algo falso –respondió Draco Malfoy.

–Eso nos lleva a que no nos conviene todavía que mates a la serpiente si aún puedes estar adentro para obtener más información –dijo Ojoloco.

–Tiene razón, contigo dentro podemos saber aún más de esas reliquias y cuáles son los siguientes horrocruxes, no nos conviene perder esa oportunidad –le apoyo el Sr. Weasley.

Hermione sufrió un escalofrío, Draco estará en un gran peligro en cada reunión que tenga con Lord Voldemort, por las misiones que le encomiende y aparte por ser un espía.

–Entonces, ¿cuándo será? No podemos permitirnos seguir perdiendo el tiempo aún cuando tengamos a Malfoy como espía. Debemos actuar ya antes de que él lo haga, nos faltan cuatro horrocruxes y sin la serpiente serán tres… estoy seguro que los demás están aquí en Hogwarts. –dijo Harry incapaz de seguir esperando más por hacer algo para derrotar a Voldemort.

–¿Cómo estás seguro de ello? –preguntó Tonks.

–Voldemort tenía cierta fascinación por los objetos de los fundadores de Hogwarts y tenemos una idea de cuales son –dijo Harry tratando de no dar demasiada información.

–¿Y cuáles son? –preguntó Draco esta vez, igual y también los había visto o escuchado en algún momento.

Harry le dedicó una mirada de desconfianza a Draco, dudó unos segundos pero desistió por decirle.

–Creemos que es la copa de Hufflepuff, el medallón de Slytherin y la diadema de Ravenclaw –dijo Harry finalmente.– El profesor y yo, sabemos donde está el medallón.

De pronto Draco recordó una vez, hace tiempo cuando aún no tenía la marca tenebrosa en su brazo. Todavía no existía peligro como ahora y podría decirse que su familia y él vivían en paz. Hubo una tarde en la que llegó su tía Bellatrix Lestrange a cenar a la Mansión, faltaba una semana para Navidad. Nunca le había agradado las visitas de su tía porque terminaban siendo escalofriantes. Pero ese día en especial, había llegado muy contenta porque en la mañana había ido a colocar un regalo muy importante a su bóveda en Gringotts, estaba tan orgullosa de ello que se le escapó decir lo que era: La copa de Hufflepuff, ella estaba tan orgullosa y contenta por ese regalo pero a él le pareció absurdo tener una reliquia proveniente de una casa tan patética.

–Yo sé donde está la copa –dijo de pronto interrumpiendo la plática.

Todos lo miraron dudosos e incluso Hermione lo miraba sorprendida.

–Pues habla –dijo Kingsley impaciente.

–Está en la bóveda de Bellatrix, en Gringotts –respondió enseguida Draco contandoles su recuerdo de aquella cena en la Mansión.

–¿Estás completamente seguro, muchacho? –preguntó el Sr. Weasley sorprendido.

–¿Cómo estamos seguros de que no nos estás engañando? –interrumpió Ron aún mirandolo con sospecha.

–¡Ronald! –lo regaño su madre.

–No tengo ningún motivo para mentirles, ahora soy parte de la Orden y quiero colaborar en esto –respondió Draco con toda la calma que pudo aparentar.

–Pero estás traicionando a tu familia, es más fácil traicionar a los demás antes que a ellos –reclamó Ron.

–¿En serio crees que considero a Bellatrix como parte de mi familia? ¿Tú lo harías? –le cuestionó Draco.

El pelirrojo no supo que contestar ante ello, sin duda nadie en la habitación la consideraría como pariente, ni siquiera como conocida. Draco nunca la reconocería como familia suya, para empezar nunca hubo afecto entre él y ella como para tener alguna clase de vinculo y por otro lado, siempre estuvo de lado de Voldemort como si su vida dependiera de ello, nunca defendió a su familia. Además de que él conoció un lado demasiado oscuro de ella cuando escapó de Azkaban y se propuso a enseñarle todo a su sobrinito favorito.

–Aún así, Malfoy tendría que matar pronto a Nagini, si antes vamos a comprobar lo que dice e investigamos la bóveda de los Lestrange, se darán cuenta quién podría traicionarlos –dijo el Sr. Weasley intentando pensar en cómo se llevará a cabo todo.

–Pero no podemos enviar todo en escuadrón a investigar porque será demasiado notorio, además existen muchos infiltrados que podrían avisar inmediatamente a Bellatrix –contestó enseguida Tonks.

–No será fácil y conociendola tendrá diversas trampas protegiendo sus más preciados tesoros –dijo Draco.

–Bueno, al menos yo podría ayudarles a entrar –intervino Bill Weasley, quien trabaja aún en el banco.

Sin duda, las cosas habían avanzado enormemente de un día para otro. No sólo tenían la oportunidad de matar al horrocrux más peligroso, sino también podrían localizar otro y serían dos menos para poder matar a Voldemort definitivamente.

–Es obvio, iremos nosotros –dijo Harry después de pensarlo durante unos momentos. Además no paso por desapercibido cuando menciono "nosotros" se refería claramente también a Ron y Hermione, quien a pesar de su situación supieron interpretarlo inmediatamente.

Todos los presentes reaccionaron alarmantes ante ello, menos el profesor Dumbledore quien permanecía inexpresivo observando todo.

–Son muy chicos para ello, esto será una misión para los de la Orden –intervino enseguida la Sra. Weasley, siendo protectora con los tres.

–Somos de la Orden, además Harry es el único que sabe cómo es el horrocrux –contestó Ron.

–Bueno, Harry irá pero ustedes dos se quedarán –dijo Molly.

–No, nosotros iremos. Dicen que somos parte de la Orden pero nunca nos dejan participar cuando también nos concierna… –dijo esta vez Hermione.

Los demás comenzaron a pensarlo, aunque resultaba difícil, ellos ya no eran unos niños y a quien más le costaba trabajo asimilarlo era la madre de Ron. No obstante, comenzaron aceptar.

–Hermione no… –comenzó a decir Draco de forma autoritaria sin pensarlo.

–No te atrevas Draco Malfoy –contestó la castaña con voz aún más autoritaria que él. Los ojos grises chocaron con los de ella y aunque duro unos segundos la batalla, ella termino ganando.

Ya debería Draco saber que por mucho que lo intenté, Hermione nunca se quedará con los brazos cruzados. Muy a pesar de lo que hablaron en el bosque hace unas horas, le costaba trabajo aceptarlo. Por otra parte, todos los presentes los miraron incomodos, no sólo apenas comenzaban a acostumbrarse a verlos más o menos juntos, sino ahora se sentían más sorprendidos al ver cómo Malfoy obedecía a su pareja.

–Gracias por la demostración… –rompió el silencio Ojoloco Moody avanzando hacia los demás.– pero hay cosas más importantes que pensar, el día en que Malfoy sea llamado para aniquilar a esa serpiente, será el día en que ustedes tres irán a Gringotts por ese vaso de hufflepuff –aclaró Ojoloco con rudeza.

–Y un día antes, iremos a rescatar a la madre de Draco –dijo Tonks sonriendole al rubio, quien sólo enarcó una ceja desconcertado por ese gesto.

–Sr. Malfoy, será tan amable de compartirnos todo sobre lo que sabe sobre la localización de la bóveda de los Lestrange –dijo Dumbledore desde la silla del director.

Draco asintió, se incorporó con determinación, ya no se sentía tan intimidado enfrente de los miembros de la Orden, era una ventaja que siempre hubiera sido seguro de si mismo. Y mirando a todos los presentes, se dedicó hablar.


Draco Malfoy nunca había visto esa faceta de Hermione Granger. Llevaba al menos diez minutos observándola sin prestar mucha atención a lo que decían, él se aparto un poco del grupo ya que su turno de hablar y de planear había terminado. Ahora se encontraban planeando la entrada a Gringotts, no podía negar que su idea podría salir exitosamente a pesar de que la comadreja y el cara rajada dependerán totalmente de los conocimientos de la castaña. De vez en cuando, Draco interrumpía para añadir información que supiera acerca de lo que podría esperarles dentro de la bóveda.

Sin embargo, por mucho que se esforzará por concentrarse, ver a Hermione totalmente seria, determinante, astuta e inteligente… lo había dejado desarmado, además de la forma en que sus mejillas se ruborizaban o los ojos le brillaban al saber ella misma que el plan podía funcionar, le invadían ganas de besarla ahí mismo enfrente de todos. Se sentía como un completo tonto por querer encerrarla en la torre más alta del castillo para mantenerla a salvo cuando por fin comprendió que difícilmente podría alguien meterse con ella. Durante un momento se le hinchó el pecho de orgullo por ella y por primera vez se arrepintió enormemente de no haberse dado la oportunidad de conocerla desde tiempo atrás, dejó que los prejuicios tomaran las decisiones por él y si él no hubiese apartado eso para dejarse llevar por su curiosidad que lo llevó a quererla, él no estaría ahí babeando mirandola y ella posiblemente estaría con Potter.

Fue cuando sus pensamientos decidieron echarle un vistazo a cara rajada, notando cómo él la miraba sabiendo que entre su mirada y la de él, no había mucha diferencia.

–Pero, una vez que tengamos la copa, ¿cómo lo destruiremos? –preguntó Ron analizando en su cabeza el plan.

–Eso será hasta que regresen al castillo –contestó el profesor Dumbledore sin dar más detalles sobre el cómo.

–Supongo que no podemos hacer más hasta que Voldemort llamé a Malfoy –dijo Lupin sabiendo que mientras más esperen, las posibilidades estarán en su contra.

–¿Quién podría imaginar que ahora el rumbo de la guerra dependerá de Malfoy? –preguntó irónicamente Kingsley haciendo que todos los presentes miraran a Draco.

–El Sr. Malfoy aún tiene mucho que sorprendernos –lo apoyo de alguna manera Dumbledore notando como él ahora ponía una especie de fe sobre el rubio, lo cual lo hizo sentir incomodo.

–Solo espero que no le entre la cobardía instantes antes y decida echarse para atrás –susurró Ron con sorna hacia Harry.

Draco simplemente no puede dejar pasar la oportunidad de insultar a Weasley.

–Que quede de una vez claro, comadreja. Nunca me subestimes, no sabes con quién te estás metiendo –le amenazo Draco con frialdad.

Draco no estaba ahí porque de pronto tuviera el sentimiento de salvar a todos del mal y quisiese ser bueno para llamarse héroe, ni mucho menos estaba ahí para proteger a toda la familia de Weasley, por ejemplo. A él sólo le importaba tres cosas: el primero siendo el más egoísta, al planear que después de la guerra con toda su ayuda lo absolverán de todos sus cargos para no enviarlo a Azkaban; segundo, ofrecerle seguridad a su madre al ser ahora un blanco fácil para manipularlo. Y tercero siendo el más importante, lo hacia por Hermione, porque sin ninguna amenaza puedan tener una vida juntos.

–De nada servirá pelearnos entre nosotros, de alguna manera tendrán que llevar a cabo sus diferencias porque entonces el enemigo nos atacará fácilmente desde esa debilidad –interrumpió el profesor Dumbledore sabiendo muy bien la enemistad entre los jóvenes.– Si se dieran la oportunidad, podrían notar que no son muy diferentes después de todo.

Hermione sonrió con nostalgia ante ello, "si supiera como han cambiado las cosas" pensó mirando a sus dos mejores amigos quien solamente se limitaron a no hacer nada frente al director, en cambio Draco asintió con la cabeza. El problema no era él, sino ellos quienes no salían de su mente cerrada.

–Dumbledore tiene razón, ahora no es momento para sus riñas infantiles. Tenemos planes que realizar y sólo podrán salir exitosos si podemos llevarnos como equipo –interpuso Lupin quien igual había visto en innumerables ocasiones esa rivalidad cuando dio clases hace años.

Todos comprendieron, en la Orden ha habido otros problemas parecidos sin llegar al extremo y todos supieron dejar a un lado esos inconvenientes para lograr el objetivo, así que aquello era uno más añadido a la lista.

–Ahora creo que todos necesitamos descansar, el lunes comenzaran las clases normales por lo que ahora no se preocupen –agregó el director mirando a sus alumnos.– Por otro lado, no hay nada más que pudiéramos hacer.

En seguida todos se levantaron murmurando los pendientes personales o del trabajo que tenían por hacer. Draco se sintió tonto por no saber muy bien cómo actuar, afortunadamente Hermione lo salvó pero antes de poder intercambiar una palabra, Lupin la llamó junto con Ron y Harry.

–Esperame afuera –le susurró Hermione antes de darse la vuelta.

Sumido en sus pensamientos, el rubio comenzó a caminar a la salida del despacho sin darse cuenta que alguien lo seguía.

Andromeda le habló unas cuantas veces de lo poco que conocía de su sobrino y Nymphadora Tonks había escuchado otras cosas acerca de él. Decían que era un muchacho arrogante, orgulloso y frio, toda una imagen del difunto Lucius Malfoy, el atractivo que heredó también le ha ayudado a conseguir lo que quisiese y tenía todas las cualidades para ser un fiel heredero de la familia. A pesar de sólo haber escuchado características muy superficiales de su primo, no pudo sorprenderse de lo que vio el día de hoy, está segura que ya no era aquel chico al que describían antes y observandolo en la reunión, supo -por todo lo que le ha contado su madre- que Draco sacó lo mejor de Narcissa. Por ello se aventuró hablarle.

–Has sido muy valiente para ofrecerte aniquilar la serpiente de Voldemort –dijo Tonks interrumpiendo los pensamientos del rubio.

Draco la miró alzando una ceja interrogante, "¿quién es está chiflada?" pensó al notarla aún más de cerca con su cabello de color chillante, su rostro con rasgos de niña y su vestimenta.

–Alguien tenía que hacerlo –contestó Draco con frialdad creyendo que aquello sería suficiente para alejarla.

–No sabes quién soy, ¿verdad? –preguntó Tonks sin dejarse intimidar por él.

Justo en ese momento, ambos se detuvieron en la escalera de piedra que pronto se movió para que ellos pudieran irse del despacho. Draco la miraba, intentando recordar si alguna vez escuchó de aquella chica pero no era así, le incomodaba el interés que ella parecía tener por él, sus ojos oscuros brillaban de forma peculiar.

–Soy Nymphadora Tonks, tu prima –le dijo con una sonrisa en el rostro.

Draco la miró confundido, ahora se daba cuenta porque su madre nunca acepto estar en contacto con la familia de su tía. Aquella chica esta lejos de merecer el apellido Black, aunque no conociera a su padre, diría que salió con todas las características de aquel muggle.

Cuando la escalera se volvió a detener, ambos bajaron hacia el pasillo esperando a los demás. Draco deseaba que Hermione no tardara mucho.

–¿Alguna otra cosa qué quieras decirme? –le preguntó Draco con frialdad.

–Si, al principio no creí que en verdad sintieras algo romántico hacia Hermione pero he visto como la miraste durante este tiempo. Sé que las cosas son difíciles para ustedes, mi madre me contó cómo su familia la desconoció por completo cuando les dijo sobre mi padre y… –comenzó a decir Tonks mirandonlo ahora con comprensión.

El slytherin sabía de la existencia de su prima, a pesar de preguntarle en varias ocasiones a Narcissa, ella le dio muy poca información. Pero ahora observandola, podía darse cuenta de las increíbles diferencias entre ellos a pesar de compartir sangre, la manera en que ambos fueron criados y de la vida que han llevado, por un momento imagino como sería si ambos hubiesen crecido juntos, si ella pudiera en verdad llamarla familia…

–Tú y yo no nos conocemos pero puedes contar conmigo, cuando necesites algo pidemelo –le dijo con honestidad dejando a un lado la sonrisa.

–¿A cambio de qué? –preguntó Draco con hostilidad sin pensarlo.

Algo que Draco ha aprendido durante su vida es que no hay ningún favor hecho por pura caridad, siempre hay un precio que pagar y él no quería deberle nada a nadie. Tonks lo miró desconcertada por la respuesta, tampoco esperaba un agradecimiento pero aquello la dejó sorprendida.

–A cambio de nada, somos familia y vete acostumbrando a eso –le contestó Tonks regresando a su jovialidad.

Draco estuvo a punto de contestarle cuando las escaleras de piedra se volvieron a mover, los dos se quedaron mirando esperando y para alivio del rubio, Hermione estaba allí, junto con Potter, Weasley y su ex profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. No necesitaron preguntar para darse cuenta del ambiente tenso que parecía estar entre ese grupo, viniendo del trio dorado. Hermione miró a Draco regalando una sonrisa triste, al parecer intentaba fingir felicidad pero no pudo. El rubio cerró los puños, a él pueden ignorarlo, humillarlo, amenazarlo y no le importará en absoluto pero le enojaba de sobremanera que también le hicieran eso a la castaña.

–¿Nos vamos? –preguntó Tonks acercandose a Remus, uniendo sus manos.

El profesor aceptó, no sin antes despedirse de los chicos e incluso de Draco quien sólo asintió con la cabeza. La pareja se fue alejando dejando a los cuatro solos y con el ambiente aún más tenso. Hermione se acercó a Draco como refugio, a pesar de haber concordado de participar en el robo del horrocrux en Gringotts, las cosas estaban aún muy lejos de arreglarse entre ella y sus mejores amigos.

–No sé qué planeas Malfoy pero estaré vigilandote hasta que hayas cumplido tu palabra –le amenazó Harry con determinación.

–Me halaga que te guste lo suficiente para observarme todo el tiempo Potter, pero mejor preocupate por tus propios asuntos –le contestó Draco con arrogancia.

Harry estuvo a punto de contestarle cuando Hermione se puso entre ellos, por un momento quiso decirle que se moviera pero se contuvo. Algo en ella lo hizo detenerse en seco y lo dejó sin habla, parecía otra persona e incluso podría aventurarse a pensar que lucía unos años mayor. Ron la contempló con un nudo en la garganta, comenzaba a hartarse de estar peleado con ella.

–No peleen, por favor. En verdad, no puedo dividirme porque aún así sé que terminaran peleandose por todo… ya estoy muy cansada de esta situación –comenzó a decir Hermione con la voz quebrada, aguantando el sentimiento.– Al menos… intenten no hacerlo frente a mi.

Unos ojos miel tristes se toparon con los azules de Ron, luego los verde de Harry y por último en los grises de Draco. Por ella, se comportarían. Ninguno de los cuatro se movió por unos instantes, hasta que Harry agachó la mirada soltando un suspiró y ella supo que al menos hoy hubo un avance.

Draco estiro su mano para sujetar la de ella, dandole un apretón tierno. Ella volteo a mirarlo con cariño y sin despedirse de Harry ni Ron, comenzó a caminar junto al rubio quien la abrazo por los hombros. Ya era de noche e incluso la cena ya había terminado por lo que él planeaba llevarla a las cocinas para comer un poco.

Mientras se alejaban, Harry y Ron los miraban aún sin entender del todo. Vieron como Draco estrechaba a su mejor amiga para darle un beso en la sien, vieron como ella lo veía con cariño y finalmente vieron como ella le daba un beso en la mejilla para luego ambos se perdieran en la esquina. El pelirrojo le resultó incomodo ver eso, sin embargo algo cambio dentro de él y por un instante pensó "¿por qué se ha comportado como un idiota?". Miró de reojo a su mejor amigo, parecía como si le hubieran dado un puñetazo en la cara, le dio unas palmadas en la espalda como diciendole "aceptalo ya" pero la mirada de Harry le indicó claramente que aún no lo aceptara.

Por primera vez en mucho tiempo, Ron supo que no podría dormir esa noche. Había cosas muy importantes en qué pensar.


Ya era de madrugada en la sala común de Slytherin cuando Pansy Parkinson salió de su dormitorio y bajo las escaleras hacia la sala cuidando de hacer el mínimo ruido. Tenía una junta importante con sus amigos y no podía darse el lujo de delatarlos. Tal como esperaban por la hora, la sala estaba vacía, el fuego de la chimenea aún tenía unas tenues llamas, lo suficientemente para proporcionar un poco de calor.

Sus pies descalzos tocaban la fría piedra de las escaleras haciendo que se tapara aún más con su bata de dormir. Una vez llegando al pie de las escaleras, camino hacia la pequeña biblioteca del lugar, era lo suficientemente pequeña para su objetivo y si alguien decidía bajar de forma inesperada, podrían mantenerse en las sombras.

Blaise Zabinni y Theodore Nott ya estaban esperándola, igual con sus pijamas. Era muy inusual que Pansy haya convocado una junta a esa hora de la noche. Ambos de sus amigos se les veía cansados pero dispuestos a escucharla.

–Espero tengas un buen motivo para esto –comentó Nott cuando los tres estuvieron juntos, no lo decía con reproche sino con cansancio.

–Es sobre Draco –contestó Pansy, haciendo inmediatamente que sus amigos pusieran toda la atención en ella.– Últimamente ha estado actuando demasiado raro…

Blaise se llevo ambas manos a la nuca en una posición relajada.

–Todos tenemos una marca que nos hace comportarnos de forma inusual –interrumpió como si no fuera nada serio.

–Pero es diferente, se desaparece por horas y ha pasado menos tiempo con nosotros. Es como si ya no existiéramos para él –agregó la slytherin tratando no alzar la voz.

–Querrás decir como si tu ya no existieras –respondió Nott con frialdad, Pansy le dedicó una mirada asesina.– ¿Se te ha muerto un padre últimamente Pansy? Porque a él si, creo que es totalmente normal que actúe de esa manera.

Los tres amigos callaron ante las palabras de Nott, era verdad. Nadie mencionaba a su padre frente a él, era un tema demasiado delicado y los slytherin no acostumbraban hablar de sentimientos.

–No sólo es eso –insistió Pansy tratando de hacerles entender que aquello no tenía nada que ver con ella.– Presiento, que él ya no esta de nuestro bando…

Aquellas palabras tensaron el ambiente, ¿de qué rayos hablaba Pansy? ¿Acaso sabía algo que ellos no?

–Lo que estás diciendo es muy serio, no puedes decir esas cosas a la ligera –respondió Blaise totalmente serio, ya no tenía la actitud relajan.

–Draco nunca nos traicionaría, nunca –agregó Nott mortalmente serio mirando a Pansy.

–Sólo piénselo. Desaparece por horas, cada vez que hablamos sobre los planes de Voldemort él calla inesperadamente, no parece tener ningún interés en molestar a los hijos de muggles… –comenzó Pansy enumerando las razones de sus palabras.

–Pero aún así, lo que insinuas es una locura –exclamó Blaise incapaz de creer que su amigo de toda la vida, sea realmente un traidor.

Parkinson estuvo a punto de gritarle de vuelta, pero un gesto de Nott la calló. Parecía que había comprendido algo porque sus ojos brillaban con astucia, de los tres, Theo era el más inteligente y el mejor en deducir cosas que ellos a veces pasaban por desapercibidas.

–Estas equivocada Pansy, no es ningún secreto que Draco se volvió los favoritos del Señor Oscuro pero aún no confía en él por su padre… –comenzó a decir Nott con seriedad, sabía que lo siguiente no sería bueno para sus amigos.– Mi padre me ha estado hablando que tiene un gran plan para Draco: una misión especial.

–¿Especial? ¿Qué quiere decir con eso? –preguntó Pansy entre preocupada y asustada por Malfoy.

–Tendrá que poner a prueba su verdadera lealtad, ¿no es así? –preguntó Blaise mirando a su amigo y entendiendo perfectamente a lo que se refería.

–Si, aún el Señor Oscuro no perdona de todo a los Malfoy y para que sean perdonamos, Draco tendrá que realizar una tarea muy importante… mi padre me lo ha dicho –siguió diciendo Nott con cierta preocupación.

Draco y él han sido amigos desde la infancia, conocían perfectamente sus fortalezas y debilidades, por lo que la idea que se formó en su mente a partir de lo que le contó su padre, sabía que iba más allá de las capacidades de Draco.

–Sólo piénselo. El primer paso de Voldemort fue la masacre a los nacidos de muggles, ¿cuál creen que será el segundo paso para demostrar su poder? –insinuó Nott esperando que sus amigos fueran lo suficientemente inteligentes.

–El ministerio de magia –respondieron al mismo tiempo Pansy y Blaise.

–Busca tener el control del gobierno, y sabemos que lo lograra porque ya hay varios mortifagos infiltrados en los grandes puestos –continuó Nott mirándolos con cautela.– ¿Cuál creen que sea después su paso?

–Hogwarts –volvieron a contestar Pansy y Blaise, temiendo la dirección en que estaba avanzando la plática.

–Si tiene el control de la gran escuela de magia y hechiceria, formará al futuro -nosotros-, bajo su propio sistema educativo –dijo Nott, sabiendo que lo siguiente sería demasiado para digerir.

–Pero antes tendrá que vencer a Dumbledore y… –agregó Pansy pero calló porque inmediatamente entendió lo que quería decir Theo.

Hubo un gran silencio entre los tres, demasiado perdidos en sus pensamientos y horrorizados. Pansy soltó un grito ahogado al comprender la misión especial de Draco de la cual hablaba Theo.

–Draco Malfoy ya está en Hogwarts, no hay necesidad de que alguien más se infiltre… –dijo Theo.

–No puede ser… –interrumpió Blaise poniendose pálido.

–Draco Malfoy tendrá que matar a Dumbledore.


Hola,

sé que es una gran sorpresa que este actualizando en viernes, pero quería hacerlo ya que hoy es mi cumpleaños :))

Además moría por publicar este capitulo, ya que es muy importante y me encanto escribirlo. Espero les haya gustado y muchísimas gracias por los comentarios, me ha fascinado conocer a las lectoras que están en las sombras y que siempre me han leído pero nunca me habían comentado. Algunas no les pude contestar ya que no tienen habilitado para responder reviews o no están registrados en fanfiction, pero quiero que sepan que leí gustosamente sus reviews.

Llegó cinco minutos tarde a mi clase pero vale la pena, no olviden dejar sus reviews.

Besos!