Creciendo Juntos

Decirles a todos

Voy a ser sincero. Nunca, sentir los rayos del sol, me pareció tan placentero. Por la temperatura debían ser más de las doce del medio día. Nuestros celulares no habían dejado de vibrar, pero no quería que este momento terminara. Sin embargo, al igual que el día de ayer teníamos muchas cosas que hacer por eso comencé a repartir besos por su cuello y ella se retorció dejando escapar una risita mientras se giraba.

-Buenos días –susurró con una sonrisa en los labios.

-¿Cómo te sientes? –Murmuré acariciando el contorno de su rostro.

-Feliz… -ronroneó estirando su cuerpo por completo, mostrando cada parte de su perfecto cuerpo.

Sonreí ante ese gesto y alcancé a besar su hombro antes de levantarme, tenía que preparar todo para ese día; les diremos a todos lo nuestro y el bebé que viene en camino, solo espero que esta vez nos salga bien todo. No creo que alcance a soportar otro error nuestro, debemos superar todo por nuestros hijos.

Deje de pensar en todo eso y me detuve un segundo en el pasillo dibujando una sonrisa. Se sentía bien decir "nuestros hijos", muy bien diría yo. Caminé hasta la cocina y comencé a preparar el desayuno, estoy seguro que las cosas marcharían correctamente a partir de hoy. Tostadas, huevos y tocino era el desayuno perfecto para Sam. Recuerdo todos esos días que compartimos como amigos, uno en específico que definió por completo mis sentimientos hacia Sam.

Ella estaba sentada lista para ordenar, esa noche celebrábamos nuestro ingreso a la universidad. Sam me preguntó el porque la miraba tanto y yo solo pude responder con la verdad, por supuesto ella no me creyó en absoluto. Después de esa cena, decidimos pasear por nuestro lugar favorito, el parque del lado norte de la ciudad. Desde que lo descubrimos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo allí, a solas.

Decir que no estaba enamorado de ella era eufemismo, creo que solo lo negaba por miedo a ser rechazado. De igual forma, esa noche fue única en muchos sentidos. Acostados bajo un árbol con solo la luna iluminándonos le dije por primera vez que la quería; siempre se lo he dicho, pero nunca de esa forma y creo que en ese momento ella no lo noto. Pienso que ella pudo pedirme el mundo en ese momento y a costa de todo pronóstico se lo hubiera dado.

-Si quisiera huevos quemados dejó que Em los cocine –escuché la voz de Sam y luego una carcajada. –No dejes hacer el trabajo de una mujer a un hombre.

Me arrebató la espátula de mis manos, se deshizo de los huevos quemados y comenzó a trabajar de nuevo. Me encogí de hombros antes de sentarme en uno de los taburetes, dejaría que ella se hiciera cargo por esta vez.

-Tengo que llamar a mi jefe y decirle porque he faltado toda esta semana –dijo con preocupación. –Primero fueron los desmayos, ¿ahora qué?

-Puedes llamarlo y decirle que estabas disfrutando de una sesión de sexo salvaje con tu futuro esposo… -dije con seriedad y ella solo pudo abrir la boca sorprendida. –O simplemente decirle que no vas a trabajar más porque te mudas al otro lado de la ciudad y que tu futuro esposo te encerrará…

-Payaso… -murmuró con una sonrisa en sus labios.

-Oxigenada… -ella me observó de reojo mientras atendía los huevos y luego apartaba el sartén para girarse.

-En cualquier momento puedo mostrarte… ya sabes… que soy completamente rubia, idiota –susurró de forma seductora.

Está vez no reaccioné como aquel día, está vez solo sonreí y me acerqué hasta quedar a solo centímetros de sus labios.

-Eso ya lo he comprobado –susurré mordisqueando su mentón. –Pero puedo comprobar, creo que tengo dudas…

Ella solo se mordió el labio y siguió cocinando sin decir palabra alguna. Sus mejillas tenían un tinte rosa hermoso que me encantaba. Después de unos minutos desayunamos y nos arreglamos para ir por nuestra hija. Primero hablaríamos con Alba y luego con el resto de la familia.

A juzgar por el movimiento de sus manos supe que estaba nerviosa. Estaba seguro que mi niña entendería perfectamente, era muy inteligente. Además, Alba deseaba un hermano, ella me lo dijo. Cuando llegamos a Brushwell esperé en el coche, si subía mi madre me ahogaría con preguntas y no había tiempo para eso. Minutos más tarde la vi emocionada, tomada de la mano de Sam y ansiosa por llegar a mi encuentro.

Después de besos y abrazos eché a andar el coche hasta un lugar especial para Sam y para mí. La última vez que compartimos un rato en nuestro rincón fue hace siete años. Me giré solo un poco para ver el rostro lleno de sorpresa y felicidad, estaba satisfecho por su reacción.

-¿Qué quieres comer, Princesa? –Pregunté mientras la ayudaba a bajar.

-Pollo… -respondió decidida.

-¿Y tu mi amor?

Ella me sonrió y suspiro.

-Mamá está lista para un poco de pollo… -susurró con lágrimas en los ojos que no permitió salir.

Compartir con ella en el lugar que tantas noches fue testigo de una amistad, aquí juramos ser amigos por siempre. Después de un rato Sam volvió a comportarse de forma extraña, estaba nerviosa, pero ya sabía que su miedo era infundado.

-Alba, tu mamá y yo queremos hablar contigo –ella me observó con una sonrisa en los labios y luego a Sam.

Ella saltaba en su asiento de forma graciosa mientras entornaba su mirada entre nosotros, esperando ansiosa.

-Mi niña hermosa… ¿te acuerdas de tu deseo? –Preguntó Sam sorprendiéndome, no sabía de que deseo estaba hablando. –Pediste que tu papá y yo estuviéramos a tu lado para siempre, ¿te acuerdas?

-Sí mami, aun lo quiero –dijo sonriente. –Yo quiero que mi papi este con nosotras.

Dejé escapar un suspiro de alegría, amaba a esa niña… las amaba a las dos.

-Bueno… ¿Qué crees? Tu papá, tú y yo estaremos juntos por siempre –ella gritó emocionada, pero aun faltaba lo más importante.

-Princesa, hay algo más… -miré a Sam a los ojos y pude ver miedo. –Yo quiero mucho a tu mami… y de ese sentimiento naciste tu –toqué su rostro con mis dedos y Alba solo pudo sonreír. –De ese mismo sentimiento… vas a tener un hermanito o hermanita.

La vi fruncir el ceño pensativa, ella podía ponerme los nervios de punta al igual que su madre.

-¿Un hermanito? –Preguntó mirando a Sam y luego a mí.

-Sí…

-¿Estaremos juntos?

-Para siempre… -murmuró Sam nerviosa.

**Sam**

Mi vida cambió tan rápido que no sé como reaccionar. Estaba feliz de tenerlo de nuevo en mi vida, lo único que me preocupaba era mi niña. Pero cuando la escuché feliz y ansiosa por su nuevo hermanito o hermanita, no pude evitar llorar. Ella siempre había sido una niña muy inteligente, muy madura para su edad. Ahora solo faltaba Spencer, Carly y Marissa. Su opinión era muy importante para mí también.

Sin embargo, cuando llegamos al apartamento de Carly nos sorprendimos de ver a muchas personas reunidas. Mis ojos se abrieron como platos y ahogué un grito al recordar la fecha.

-Oh por Dios, Carls… discúlpame –dije acercándome a la que fue como mi hermana por tanto tiempo. –Feliz cumpleaños.

-Gracias, Sam –susurró con una sonrisa triste. –Quiero hablar contigo, ¿puedes?

Miré a Freddie y le sonreí antes de subir las escaleras con Carly.

-Quiero que sepas lo importante que es para mí que tú estés aquí… después de todo lo que hice y dije –comenzó a decir al cerrar la puerta de su habitación. –Yo fui desconsiderada y no sabes lo arrepentida que estoy por el daño que te hice… yo…

-No sigas, Carlangas, hasta pareces salida de uno de esos libros que lees –comencé a reír de su formalidad. –No tienes que tratarme así. Además, no tengo nada que perdonar. Yo también me equivoque…

Susurré antes de abrazarla.

-¿Recuerdas? Serás mi mejor amiga… siempre, siempre –ahora todo será como antes, lentamente arreglaríamos nuestras vidas. Olvidar es el primer paso. –Ahora vamos, tus amigos te esperan abajo.

Mientras bajaba las escaleras, fijé mi mirada en Freddie. Cargaba a nuestra hija con tanto amor, era simplemente perfecto. Sin darme cuenta comencé a acercarme, sonreí feliz cuando mi niña tocó mi rostro y me abrazó. Por unos instantes me dejé maravillar por todos los sentimientos que he experimentado hasta que abrí mis ojos y fijé mi mirada en la suya.

-Te amo, Freddie –susurré olvidando el lugar donde nos encontrábamos.

-Y yo a ti… -susurró en respuesta antes de unir nuestros labios.

Besarlo es simplemente perfecto.

-Wohoo, el mejor cumpleaños de la vida –el grito de Carly me trajo a la realidad.

Me giré sonrojada, todos sonreían con picardía. Volví mi mirada hacia Freddie y él no parecía importarle nada más, solo yo. Bajé mi rostro solo para ver a mi niña sonreír radiante de felicidad y allí lo supe, todo sería perfecto.