* ~ Cuarta Parte: Recinto Oscuro ~ *

Living at different places

Evading into various spaces

My compass has broken; I'm losing the way

An ongoing madness has led me astray

My past breathes down my neck

And it seems now that all I can do is

Go back to beginnings when all lay ahead

A fading illusion now plagues me instead

In me there's still a place that fulfils me

A sanctity here that I call home and run to when winter descends

If I try can I find solid ground

I follow elusive paths

Oh it seems they've been written in stone

And the door to a new life is closing so fast

Burning the bridges will not bring me back

In me there's still a place that fulfils me

A sanctity here that I call home and run to

When winter descends,

If I try can I find solid ground

I know that in me there still a place that fulfils me

A sanctity here, that I call home and run to

When winter descends

If I try can I find solid ground

Or am I just wasting time?

- Epica, "Solitary Ground", Consign to Oblivion

~ Capítulo 1: El lobo

Era un frío descomunal, una oscuridad devoradora, y un silencio casi aterrador. Sabía que no podía llevar mucho tiempo ahí metido, pero había preferido no llevar la cuenta: de seguro estaría ahí encerrado, junto a las ratas, las cucarachas y la humedad, por bastante más tiempo. Habían pasado ya tres semanas, y las únicas veces que veía la luz, era porque alguien le visitaba para dejarle una miserable comida, o para darle una golpiza.

Y eso último fue lo que sucedió... escuchó una puerta abriéndose en la lejanía, apenas dejando pasar algo de luz. "Era ella", pensó al escuchar los pies chapoteando en los charcos del calabozo.

- Levántate - Ordenó su voz severa, casi furiosa.

Lo hiciera o no, el resultado era el mismo: una mano introduciría bruscamente las llaves en la puerta de la celda, la abriría de golpe, causando un estruendo metálico espantoso, y entraría para tomarlo a él de la larga cabellera, del rostro, del cuello, o de la roída camisa si bien le iba; acto seguido, sentiría un puño metálico hundirse en sus costillas o su quijada, para finalmente dar de espalda contra la pared y caer descompuesto, incapaz de levantarse.

- Llevamos... tres semanas seguidas - Dijo él, escupiendo gran cantidad de sangre para luego hablar con la boca torcida por la hinchazón -... ¿qué piensas resolver así, capitana?

Se ganó el puño metálico de Ashei directo a la boca del estómago, lo que le hizo quedar prácticamente tendido en el suelo sin fuerzas, manchando aún más con su sangre.

- Era tu hermano, grandísimo hijo de perra - Gruñó Ashei en la oscuridad, poniendo el pie izquierdo en el pecho de Derdim, presionándolo firmemente contra el ensagrentado, húmedo, frío y sucio piso de piedra. Él rió entrecortadamente, muy débil, y volvió a hablar con voz apagada.

- ¿Cuántas veces debo decirte... que jamás quise que esto llegara a estas instancias? - Fue lo que alcanzó a decir con el poco aire que alcanzó a recobrar.

- Traicionaste a tu gente, eso es crimen suficiente - Dijo la otra con repudio, presionando más.

- Tienen una visión muy limitada, ustedes - Jadeó Derdim cuando Ashei aflojó la presión que ejercía su pie sobre el pecho del interrogado -. Decidí aliarme con Kotake para crear el mundo justo cuya existencia ha evitado la corona hyruliana por tantos años.

Derdim apenas comenzaba a levantarse cuando Ashei le dio un empujón a su cabeza con el mismo pie, obligándolo a volver a su doblegada posición en el piso. No le piso el pecho esta vez, pero no fue necesario ya que Derdim no expresó deseos de querer moverse otra vez.

- Otra vez tu mierda de cuento - Bufó ella -. Ese cuento viejo sobre Ganondorf... él atacó a Hyrule, y los gobernantes de aquel entonces hicieron lo correcto en expulsar a la raza gerudo del país.

- Ganondorf tomó decisiones injustas, dividió a su pueblo - Repuso Derdim -, y solamente se ayudó de aquellas guerreras que tenía de su lado. Y sin embargo, Hyrule juzgó a todos los gerudo por igual, aún con ese conocimiento. ¿Puedes culparnos por querer un mundo en el que puedan coexistir los hyrulianos con las gerudo, los gorons, los zoras, y hasta los laguz?

- Lo que han hecho hasta ahora no es más que causar destrucción, muerte - Respondió Ashei con odio -. Tú viste esas luces, y debes saber qué son... te lo volveré a preguntar amablemente, antes de volver a rajarte la espalda. ¿Cuáles son los planes de Kotake?

- Sabes que mi respuesta es la misma que ayer, porque te digo la verdad: no lo sé - Contestó Derdim débilmente -. Lo que sea que haya estado haciendo... Doncella Azul no tenía conocimiento de ello. Genuinamente creo que Zelda es una reina débil, que ha mantenido ese régimen cerrado a los extranjeros por mucho tiempo... Nuestros ataques generaron esa luz, es todo lo que sé. Lo mismo sucedió cuando atacamos Melior...

- ¡Di la verdad! - Bramó Ashei con más furia que nunca, pero sin volverlo a agredir.

- ¡Es lo que te estoy diciendo, perra estúpida! - Derdim volvió a ponerse de pie, sacando fuerzas de quién sabía dónde -. ¿Por qué demonios crees que Kotake puso esa barrera de hielo para evitar que interviniera en esa pelea? ¡Porque estaba arrepentido! ¡Quise parar con todo esto cuando supe que el Caballero Negro y mi hermano se involucrarían personalmente!

- Basta de tonterías - Soltó ella -. Incluso si el Caballero Negro no hubiera intervenido, sabemos perfectamente que tú estabas dispuesto a matarlo personalmente, si era necesario -. Dio unos pasos atrás -. Ustedes dos se odiaban más allá de lo que la hermandad puede reparar... Lo hubieras matado con gusto, si te lo hubieran puesto delante.

- Y me imagino que él solamente te contó un lado de la historia - Dijo Derdim tras soltar una risita -. Estoy genuinamente arrepentido por lo que ocurrió, pero no he tenido mano en ello: por ninguna razón hubiera asesinado a Rasuka.

Ashei no dijo más, solamente se escucharon sus pasos, en señal de que retrocedía. Luego se oyó la reja cerrándose, y las llaves deslizándose hacia su cinturón. Dio un par de pasos para alejarse de la celda, pero volvió a detenerse.

- Tu actuación no me engaña, Derdim... sé que aún tienes algo entre manos - Dijo fríamente -. Sin embargo, la reina considera que serás crucial para nuestra última batalla, y ha ordenado que seas liberado pronto. Agradece por su misericordia, porque hasta entonces, voy a divertirme contigo.

Derdim no respondió, y permaneció en total silencio al retirarse Ashei, cerrando las entradas al calabozo. Rodeado otra vez por la infinita oscuridad y frialdad de su celda, ahí se quedó, callado, aguardando su próxima visita.

Habían pasado tres semanas desde la batalla en el castillo de Hyrule, una pelea que si bien había sido una victoria para Zelda y sus seguidores, había tenido el alto costo de la vida de Rasuka, el más significativo líder de la resistencia hyruliana del momento. Una misteriosa luz azul, similar a la roja vista en la batalla de Melior, recorrió el mundo entero por el cielo, y todos aún desconocían la naturaleza de tan extraños destellos.

Las fuerzas de Gallia, lideradas por Ranulf, lograron alcanzar Hyrule dos días después de la batalla en la capital, asentándose en ella y asistiendo en la reconstrucción de lo que debía reconstruirse; sin embargo, trajo la perturbadora noticia de que las fuerzas de Daein y Begnion, lideradas por el general Tauroneo de Daein, habían sido detenidas tempranamente por bestias de Kotake, antes de siquiera poder alcanzar el desierto que conectaba a Tellius con Hyrule. Entretenidas como estaban, no iban a poder asistir a Hyrule, dejando al general Ranulf solo con la tarea de reforzar a los débiles hyrulianos. Fue casi una semana y media después de la llegada de Ranulf, que las fuerzas crimeanas lideradas por Titania, Oscar y Kieran, lograron desembarcar en las heladas costas de Kobitan al noroeste de Hyrule. Debido a constantes intervenciones de pequeñas fuerzas enemigas, el avance fue lento, pero los crimeanos lograron llegar a la capital tres días después, con muy pocas bajas y nutridos por soldados voluntarios de Kobitan.

Zelda, reapareciendo después de permanecer bajo la sombra de Sheik (de lo cual sólo Impaz tenía conocimiento), mandó encarcelar y enjuiciar a todos los soldados azules sobrevivientes; permitió que fueran perdonados todos aquellos arrepentidos y dispuestos a pelear por Hyrule en contra de Kotake. Pocos accedieron, y muchos otros colgaron las capas al enterarse de las muertes de Viscen y Rasuka, sabiendo que el Caballero Negro y Kotake seguían sueltos. No obstante, esas adiciones fueron benéficas, y el ejército hyruliano volvió a verse nutrido con ellas. Sin embargo, el líder azul, Derdim, permaneció encarcelado todo el tiempo desde su captura al finalizar la batalla de la capital, y a pesar de los intentos persuasivos de la nueva capitana de la guardia real, Ashei; la reina Zelda pidió su liberación para anexarlo a las filas y utilizar su poder militar en contra de la enemiga.

Los gorons y los zoras no habían sufrido demasiado daño por esa batalla, pero el constante asedio de las fuerzas enemigas durante las semanas previas en sus puertas, les había dejado exhaustos, mas estaban dispuestos a seguir luchando. Era la intervención de Harkinian en la batalla en favor de los hyrulianos, aunque tardía, lo que había dejado sorprendidos a propios y extraños. El joven rey gerudo había llegado a asistir en la pelea contra Kotake sin dar razones, y aunque había sido invitado por la reina a permanecer en la capital, se negó y estableció campamento a las afueras de las murallas; los hyrulianos no le habían visto desde entonces.

A pesar de que el panorama ya no se veía tan oscuro para los crimeanos y los hyrulianos, aún no estaban estables: Kotake no había aprecido desde entonces, y mientras los hyrulianos trataban de descifrar sus objetivos y el significado de las misteriosas luces, la hechicera había respondido con abrir diversos portales oscuros a lo largo y ancho del país, para mantenerlos ocupados. Así, los mercenarios, las fuerzas gallianas, crimeanas, hatarianas y gerudo, en conjunto con los hyrulianos militares y vountarios, se dispersaron por todo el territorio para lidiar con las fuerzas oscuras. A la cabeza estaban Mist y la recientemente reaparecida esperanza de los hyrulianos, quien había tenido un misterioso duelo con su propia Sombra: Link.

- Se movieron hacia el este de Hyrule... no habrá necesidad de perseguirlos, se toparán con la fuerza de Titania, o con los arqueros de la muralla, o incluso con Harkinian si se meten con él.

Oscurecía en Hyrule, el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, en un tímido pero intenso crepúsculo, brindando una sensación de serenidad que resultaba casi inapropiada, dada la situación. Quizá lo que acentuaba esa belleza era que el grupo se ubicaba justo al extremo norte del bosque Faron, el cual cubría buena parte del sur de Hyrule. En ese momento, Oscar había llegado a caballo para reportar la situación con los monstruos, al grupo constituido por Mist (quien ya había devuelto la yegua prestada a Rusl desde semanas antes), Boyd, Rolf, Mia, Cremia y, más recientemente, Link.

Todos ellos se hallaban sentados alrededor de una fogata recién hecha, sus equipajes bajo los árboles, y los caballos amarrados a los mismos. Tan pronto como Oscar hubo hecho su anuncio, volvió a cabalgar hacia el oeste para reunirse con su grupo: mercenarios, militares, y voluntarios, se habían dividido en pequeñas fuerzas para poder cubrir más tierra y contrarrestar las fuerzas de monstruos que asediaban al país, ahora con más frecuencia que antes.

Link había vuelto a Hyrule el mismo día de la batalla en la capital, y aunque había pasado todo ese tiempo peleando, notaba que las cosas habían cambiado... Miró a Mist y a Boyd por encima del fuego, sentados juntos, y aunque eso le provocó que, al principio, el calor le recorriera la espina dorsal, pronto pudo sonreír: había querido a Mist, pero ella pertenecía con Boyd, y él con ella. De cierta forma, se sentía aliviado, pues ya no tenía esa horrenda sensación de ser un intruso en una relación que ya existía.

Además, estaban a las orillas de Faron, lo que indicaba que Ordon estaba cerca. Ya la extrañaba, y ese podía ser un buen momento para visitar.

- Hemos estado ocupados, pero - Empezó a hablar Mia -... dinos, Link, ¿qué estuviste haciendo este tiempo?

Todos los ojos estaban puestos en el joven rubio, el cual no había cambiado su apariencia en absoluto desde su llegada: su cabello seguía sucio, y seguía vistiendo la misma capa y ropas roídas, polvorientas y manchadas de sangre: las cosas más enteras del conjunto, eran la cota de malla debajo de la túnica (o lo que quedaba de ella), y el gorro. Sin embargo, debajo de la cortina de sucio cabello rubio, se veían dos ojos azules con una mirada muy diferente. En cuestión de una semana, tiempo que había pasado desde la desaparición de Link y Mist de Felirae, hasta la reaparición del primero en Hyrule, algo había cambiado en él. Titania había dicho, muy atinadamente, que era como ver a un lobo a los ojos.

- Tienes que enseñarme lo que sea que hayas aprendido - Demandó Mia -. Tu esgrima se ha vuelto impresionante, ahora eres indestrucible.

Link al principio no respondió, o parecía no haber escuchado. Sus ojos se habían perdido en la danzante e hipnotizante fogata, y todo lo que hacía era dar vuelta a la misteriosa espada que sostenía en su mano izquierda, envainada y sostenida verticalmente, haciéndola girar sobre la punta. Y era que el joven se sentía intranquilo... Mist y sus amigos habían estado bien sin su ayuda durante su ausencia, y eso le aliviaba de sobremanera. Pero la muerte de Rasuka le había calado el corazón... Jamás lo había considerado un amigo cercano, pero sabía que había sido un muy buen hombre, y que una muerte tan atroz era lo que menos se merecía. Más preocupante, aún, era que un guerrero tan fuerte como él hubiera caído en la toma de la capital... ¿Era tan fuerte el enemigo?

- ¿Link? - Llamó Cremia al no recibir nadie ningún tipo de respuesta.

Pero más consternado le tenía la existencia de Sombra... ¿de verdad existían cosas tan horrendas en su interior, como para haber engendrado a semejante monstruo, gracias al espejo del Palacio Midoro?

- Vamos, Link, no has hecho más que luchar este último mes - Dijo Boyd en un tono muchísimo más relajado que en ocasiones anteriores, completamente libre de ese dejo de rencor -. Háblanos.

Fue precisamente ese tono por parte de Boyd, que sacó a Link de su trance: aunque ver a Mist con él le causaba sentimientos encontrados, le tranquilizaba ver que Boyd no le odiaba, y que tanto él como Mist lucían felices. Los miró a ambos a los ojos y les sonrió, para luego responder.

- Conocí a alguien que quizás ustedes conozcan - Empezó a relatar él, sus ojos azules brillando aún por encima de la fogata y el ocaso. Brillantes y penetrantes, pero aún amables a pesar de todo -. Él me salvó cuando Mist quedó inconsciente en nuestra pelea contra Kotake... un hombre llamado Stefan.

- Él entrenó a mi hermano durante la guerra de Ashnard - Señaló Mist enderezándose con interés.

- ¡Y és increíble! ¿O no? - Dijo Mia ansiosamente -. Pelée con él un par de veces, y siempre me derrotó.

- Permanecí en el desierto todo ese tiempo, entrenando casi sin parar - Siguió contando el hyruliano -. Las condiciones del desierto lo habían vuelto un espadachín sumamente poderoso, y él me transmitió todo lo que sabe.

- ¿En una semana? - Cuestionó Boyd con incredulidad -. Todavía recuerdo que Ike estuvo entrenando por semanas enteras después de conocerlo... apenas regresábamos de una misión, y se ponían a pelear.

- Supongo que el entrenamiento en el desierto es más pesado, más intensivo - Señaló Link pensativo -. Quizá por eso avancé más rápido...

Se quedaron todos callados, algunos entre incrédulos, otros fascinados. Link volvió a fijar su vista en el fuego, y siguió girando la espada de bella vaina y empuñadura azul que no soltaba por ningún motivo.

- O quizá - Siguió diciendo -... quizá lo que me ayudó, fue que él me enseñó a usar esto a voluntad.

Enseñó a todos el dorso de su mano izquierda y, sobre el cuero del guantelete, se dibujó la figura de la Trifuerza, el triángulo inferior derecho brillando con más intensidad que los otros dos. Antes, el símbolo solamente brillaba en situaciones extremas, de vida o muerte, y Link no podía controlarlo. Pero esa vez, con tan solo apretar el puño, la luz dorada había resultado más intensa que nunca.

- Nunca antes había sentido tanto poder - Siguió diciendo -. Pero también hay alguien más que ha aprendido a sacarle provecho al poder que posee...

Las dunas eran despeinadas agresivamente por el viento, el cual era de una clase que no se había visto en días anteriores, aunque no era peligroso. El sol, sin embargo, se sentía particularmente fuerte ese día, lo que ya era digno de notarse dado que se trataba de un desierto. Pero esas cosas ya no importaban. Podía lidiar ya con ello, después de unos días de acoplamiento a las condiciones del clima, sin mencionar los golpes, rasguños y demás heridas que le habían endurecido el cuerpo en tan poco tiempo.

- Hemos entrenado poco tiempo, pero te he enseñado casi todo lo que sé - Dijo Stefan alzando la voz para hacerse oír por encima de la fuerte y ardiente ventisca -. Con tu talento, lo has dominado en cuestión de días... ahora depende tí el sacar todo ese poder, y utilizarlo a tu favor.

Link, su ropa casi destruida, y envuelto en una vieja capa marrón, no dijo nada, su dura mirada estaba fija en la de Stefan. Tenía una sensación de apremio, algo le oprimía el pecho en señal de que algo horrendo se acercaba a sus amigos. Pero él debía dominar todo el poder que le había sido dado, si quería tener la oportunidad de parar el terror que asolaba a todo el mundo que conocía. Desenvainó la espada, dejándose el escudo en la espalda para generarse peso extra.

- ¡Aquí voy! - Gritó Stefan.

Link nose movió ni siquiera cuando, después de que Stefan desapareció al pasar entre ambos una espesa cortina de arena. Miró de reojo a ambos lados y, al no ver nada, cerró los ojos. Trató de sentir todo lo que se movía a su alrededor y, al lograrlo, se giró violentamente para interponer su espada al poderoso mandoble vertical de Stefan... Iba en serio esta vez. Luego, Link bloqueó solamente con su espada, cada estocada de la espada meteórica con una velocidad acorde, esquivando el último tajo con una voltereta hacia atrás. El salto fue largo, yendo a parar de pie a la pendiente de una de las dunas, en la cual rebotó para contraatacar: había logrado que, a sus pies, la arena fuera como la roca sólida.

Haciendo uso de solamente su brazo izquierdo, Link lanzó una serie de cortes y estocadas casi tan rápidas como las de Stefan, quien no tuvo problema en bloquearlas. Sin embargo, ya debía esforzarse más por defenderse que en sesiones anteriores. Después, sus espadas chocaron y, usando los dos ambas manos, forcejearon para empujar al otro, pero Link rompió el forcejeo al moverse ligeramente a un lado, sacando a Stefan de balance y haciéndole trompicar, para luego patearlo en las costillas. Se repuso rápido, sin embargo, y pudo volver a detener los ataques de Link sin problema.

- Puedes derrotarme fácilmente... debes canalizar todo tu poder, y ya sabes cómo hacerlo.

Pero no lo había logrado del todo... dominar la técnica de la espada etérea le había permitido contactar buena parte de su poder interno a voluntad, pero no podía sacarlo todo. Y Stefan era tan poderoso, que eso poco que lograba utilizar no era suficiente.

- Cada día que pasa puede ser un día menos de vida para tus amigos - Advirtió Stefan al hacer trompicar a Link, después de desviar su espada con Borrón Katti.

Link bloqueó el ataque trasero con su espada, sin requerir de su escudo. Volvió a patearle, esta vez en las rodillas, y lo obligó a retroceder. Las ropas enteras de Stefan eran señal de que no había sido tocado en todo ese tiempo. En conjunto, lo anterior ejerció presión sobre Link, que si bien había progresado mucho, no lograba lograr su objetivo. Tenía que sacar y utilizar el poder de la Trifuerza sin necesitar estar en peligro, y sin hacer uso de la espada etérea necesariamente.

Se detuvieron momentáneamente, dándose un respiro, pero Link fue el primero en volver a atacar, totalmente concentrado... Tenía que ganar esa pelea, para demostrarse que podía utilizar ese poder.

- La defensa baja... otra vez - Dijo Stefan inmóvil, al ver a Link acercársele a gran velocidad.

Link corrió hacia él y, a escasos treinta centímetros de chocar con él, saltó por encima de la cabeza de Stefan, quien ya había lanzado su tajo horizontal, mismo que Link apenas esquivó. El ruboo aterrizó detrás y, haciendo uso de las puntas de sus pies, reobotó en la arena para atacar de nuevo. Un aura dorada le cubrió momentáneamente, justo antes de lanzar un poderoso mandoble horizontal que Stefan detuvo con mucha dificultad... pero el impacto le envió volando diagonalmente hacia arriba. No pudo detener a Link, quien casi literalmente voló para ascender casi a la misma velocidad frente a él... Stefan interpuso a Borrón Katti para detener los furiosos y veloces embates de Link, todos ellos basados en giros, mandobles, y múltiples tajos diagonales. Fue tal la fuerza, que Stefan no pudo evitar que Borrón Katti se le saliera de las manos, pues no pudo sostenerla más... y así, quedó abierto para recibir de lleno el último golpe de Link, dirigido a su estómago con el mango de la espada.

Stefan se precipitó hacia la arena también en línea vertical, pero más rápido que como había ascendido. Aterrizó de espaldas en la pendiente de la duna, deslizándose bruscamente por ella hasta el fondo, deteniéndose a un par de metros de donde Borrón Katti aterrizaría dos segundos después. Link logró tocar la arena con los pies al descender, aunque su aterrizaje fue ligeramente torpe. Y entonces se preocupó un poco al ver a Stefan tendido en la arena, sin levantarse.

- ¿Te das cuenta de que... tu fuerza se ha vuelto increíble, y que aún así no te has cansado nada? - Stefan enderezó la cabeza cuando Link comenzaba a acercársele.

- ¿Qué dices? - Inquirió Link deteniéndose en seco.

- ... Has logrado utilizar tu energía oculta desde hace dos días - Repuso Stefan, poniéndose de pie un poco tambaleante, pero recuperándose casi al instante -. Te has vuelto mucho más fuerte y ágil, tu poder simplemente incrementa cuando lo necesitas. El que yo te haya hecho la pelea todo este tiempo se debe a mi habilidad para sobrevivir... Lograste dominar tu fuerza cuando dominaste la espada etérea.

Link se quedó callado, olvidando totalmente su intención de ayudar a Stefan a ponerse de pie. Tenía razón... No recordaba haberse sentido cansado en mucho tiempo, y sin embargo, en ese mismo tiempo, Stefan había tenido más problemas para defenderse. La Trifuerza del valor le daba el poder de continuar peleando, cuales fuesen las circunstancias. Lo próximo que supo era que estaba aferrando a Stefan por el cuello de la túnica, zarandeándolo con fuerza.

- ¿Quieres decir que ya terminamos? - Dijo Link con emoción, dejándolo en paz cuando el otro le miró fijamente con frialdad, solicitando que le soltara.

- No, no hemos terminado - Repuso Stefan dándole la espalda, acomodándose la túnica y yendo a recuperar su espada, envainándola enseguida y volviendo a darle la cara, su mano en la empuñadura -. Sin embargo, no puedo detenerte aquí ya... Me temo que algo grande se cierne sobre nosotros, y necesitarás estar presente.

Link había notado ciertas características de Stefan que lo hacían diferente en comparación a cualquier beorc, hyruliano o laguz que hubiera visto... era más fuerte que muchos de ellos, más astuto, y más intuitivo.

- ¿Quieres venir conmigo? - Ofreció el hyruliano amablemente, de modo que más bien sonó como una petición. Después de todo, el poder de Stefan al lado de los hyrulianos hubiera sido muy ventajoso.

- Es tu pelea, Link - Contestó él, acercándosele -. Además, yo tengo que permanecer aquí, con mi gente... La situación aún no es estable en Tellius, y aún con la ayuda de la emperatriz, las cosas son difíciles para nosotros.

- ¿Mestizos? - Soltó Link sin poder contener su curiosidad, creyendo segundos después haber sido imprudente. Pero Stefan sonrió, sin rechazarle.

- Es extraño... son pocas las personas que nos llaman con un nombre no despectivo a la primera ocasión - Añadió el espadachín -. Pero sí, la aldea en la que estuvimos viviendo esta semana es de puros mestizos, como yo. Por eso no te veían con buenos ojos al principio.

- Lamento mucho los problemas - Respondió Link con más tranquilidad, viendo que no le había ofendido -. Buscaré una forma de pagarles...

- Y yo me pregunto por qué ustedes los extranjeros siempre creen que deben pagar - Dijo el otro con seriedad -. Vámonos a descansar, te irás hasta mañana...

Stefan echó a andar hacia el norte, para atravesar de vuelta el mar de dunas por el mismo camino que les había llevado hasta allí por la mañana. Satisfecho y sonriente, Link recuperó su espada y la envainó, para seguir a su más reciente mentor de vuelta a la aldea.

La noche continuaba, fría, pero no tanto como la había vivido en su estancia en el desierto. Estar tan cerca de casa le había sentado bien, aunque se hallara preocupado. Sin embargo, la Trifuerza en su mano también le había dotado con una habilidad un tanto extraña, probablemente un remanente de sus días caninos: la percepción de peligro, si bien lejano pero inminente, le había interrumpido su sueño. Por esa razón, se despertó de golpe, y antes de echarse encima todo su equipo, decidió reanimar la fogata casi extinta, echando unos leños, acomodándolos y esperando a que comenzaran a arder. Una vez más, volvió a mirar a Mist y a Boyd, que dormían separados, de espaldas uno del otro, pero con sonrisas en los rostros. Link pudo aceptarlo finalmente, y sonrió junto con ellos.

- ¿Y a dónde crees que vas?

Inmerso como estaba en su pensamiento sobre la pareja de mercenarios, Link no se había percatado de que Mia se había despertado, y que le observaba con los ojos muy abiertos. Detrás de ella, Rolf también comenzaba a despertar, pero Cremia seguía durmiendo como un bebé, acurrucada sobre la yerba.

- ¿No pensarás desaparecerte otra vez, o sí? - Cuestionó Mia suspicazmente, levantándose inmediatamente y golpeando el pecho de Link con el dedo.

- Por supuesto que no - Se defendió él, abrumado por el repentino asalto de Mia, tratando de mantener la voz baja -. Pero tengo un mal presentimiento...

- ¿Qué quieres decir? - Inquirió Mia ladeando la cabeza.

- Destruimos el portal que Kotake abrió a la orilla de este bosque, pero - Dudó un poco -... creo que Ordon...

- ¿Ordon? - Preguntó ella.

- Mi aldea - Explicó él -. Está al sur de aquí, al otro lado del bosque.

- ¿Quieres ir a echar un vistazo? - Preguntó ella en parte comprensiva, en parte emocionada por un potencial reto nuevo.

- De acuerdo - Contestó Link con una sonrisa.

- ¿Qué les pasa a ustedes dos? - Dijo Rolf con voz apagada, aún amodorrado. Miró al cielo y, tras localizar a la luna, volvió a dirigirse a los otros -. ¡Es pasada la medianoche, y están despiertos!

- No seas tan llorón, Rolfie - Dijo Mia con su típico aire entre entusiasta e infantil -. Tú vendrás con nosotros.

- ¿Adónde...? - Dijo él sin resistirse, tan adormilado que no lograba entender en lo que se metía.

- Chicos, bajen la voz - Pidió Link -. Pensaba ir solo, pero si voy a ir acompañado, preferiría que viniera la menor cantidad posible de gente...

Y así fue. Bajaron la voz y, en silencio, se equiparon con lo necesario: espada, escudo, katana, arco y carcaj. Desamarraron a los caballos que se mantenían despiertos, dos, y los montaron en silencio, para alejarse de la zona con la mayor cautela que les fue posible, Mia en un caballo, Rolf y Link en otro, éste último al mando. Antes de que el trío se perdiera en la oscuridad del bosque nocturno, Link echó un último vistazo sobre el hombro para asegurarse que no habían despertado a los otros, cosa que no sucedió.

- ¿Verdad que seré de las primeras en ver lo nuevo que has aprendido? - Inquirió Mia con voz alegre y tan elevada, que Link y Rolf se vieron obligados a silenciarle.

La luz se desvaneció rápidamente, concediéndoles a ambos de vuelta el sentido de la vista. Una figura rodó por el suelo aparatosamente, como si hubiera estado corriendo y tropezado. La otra figura se separó de la otra con serenidad, encaminándose a lo que parecía ser un pedestal. Ambos habían estado ahí antes, pero a pesar de ello, ninguno podía definir a qué se debía la misteriosa luminosidad de ese claro en específico, a pesar de que el ocaso terminaba para dar paso a una noche particularmente oscura.

El primer joven se repuso de su caída y, en cuartos, cual fiero animal, se giró para encarar a la otra figura. Pero para su repudio, el otro joven le había dado la espalda, como si se tratase de una criatura insignificante a la que había de ignorar. Tan arrogante, él... Pero no debía dejarse llevar por sus emociones... después de todo, él ya era más fuerte. El otro solamente era un obstáculo más a eliminar... tan débil de corazón, y ahora también débil de cuerpo.

- ¿Crees que usando eso vas a poder ganarme? - Dijo su sanguinaria voz fría.

Link le ignoró y no miró sobre su hombro, lo que irritó más a Sombra... Pero la verdad era que no quería voltear... no quería verlo. Pues sabía que era él. Lo más oscuro de su corazón, lo más recóndito. Pero al final, él. Debía darle fin lo antes posible.

Y para ello, empuñó la espada en el pedestal, esa finísima hoja que conocía bien: puso la mano izquierda en la empuñadura azul y brillante, y tiró hacia arriba. La hoja abandonó limpiamente su receptáculo de roca y, al liberarse la punta, el metal plateado centelleó con una ténue luz blanca que cubrió toda la hoja. Link sonrió ante ello y, sintiendo el renovado poder de la Espada Maestra, la levantó sobre su cabeza, satisfecho y con más confianza que antes.

- Ahora... ahora tengo lo necesario para hacerle frente a Kotake - Dijo para sí, sonriendo, mirando fijamente la hoja de la espada sobre su cabeza.

- ¿De verdad crees que una espada te hará más fuerte? - Bufó Sombra detrás de él, con incredulidad, poniéndose de pie y desenvainando al mismo tiempo -. Estúpido...

Finalmente, Link se atrevió a darle la cara a ese sombrío espejo que le hablaba. No pudo ocultar el disgusto en su rostro al verle, pues sabía que era producto de él, de su corazón, y nada más. Nadie a quién culpar. Sin forma de tacharlo realmente. Sólo él.

- No me hará más fuerte - Respondió Link con serenidad, sin colocarse el escudo en el brazo -. Pero sí los hará más débiles a ustedes, que están hechos de maldad.

Y con esas palabras, Sombra rompió en carcajadas, tan maniáticas que Link no pudo evitar sentirse perturbado por ellas. O no tanto por las carcajadas mismas, sino porque era como verse a sí mismo riendo como desquiciado.

- ¡¿Maldad?! - Se burló Sombra con descaro, sonriendo, mostrando los caninos más prominentes que los de Link -. ¡¿Maldad, dices?! ¡Yo soy tú! ¡Si yo soy maldad, tú también lo eres!

Link descendió los pocos peldaños del pedestal para quedar a la altura de su contrario, pero no bajó los hombros, ni el pecho, ni la cabeza ni la mirada. Por el contrario, esta última se había endurecido de tal forma, que el azul parecía resaltar aún sobre la inminente penumbra... era, en verdad, como mirar a los ojos de un lobo.

- Es más - Siguió diciendo Sombra -. Yo soy todo lo que tú debiste ser, lo que te hace fuerte... Porque no pudiste resistirte al amor de la estúpida de Mist, aún teniendo a Ilia esperándote pacientemente... Pobrecita inútil.

- Lo que dices es cierto, y es sólo una de las cosas que me avergüenzan - Respondió el rubio, con sentimiento de culpa -. Pero cuando siento que hay algo mal conmigo, lucho contra ello hasta desaparecerlo. Tú eres el reflejo de esas cosas, y haré lo mismo contigo.

- Me quitaste la oportunidad de ponerle las manos encima a la Trifuerza de la Sabiduría - Respondió Sombra, colocándose el escudo para combatir -. Pero tengo la Trifuerza del Poder, más toda la energía que he absorbido de pobres guerreros inútiles... No podrás evitar que te quite el alma, y tu Trifuerza. ¡Prepárate a morir... Link!

Sombra no esperó a nada, y su rostro se distorsionó con la ira al lanzarse sobre el rubio, quien tranquilamente bloqueó el mandoble vertical con la Espada Maestra. No previó la sorprendente velocidad de Sombra, así que no pudo evitar el golpe del escudo a las costillas. Manteniendo la postura a duras penas, Link retrocedió para recuperarse, pero tampoco vio venir la garra metálica que le aferró por el cuello de la capa, quedándose a escasos centímetros del cuello o el rostro. El tirón de la garra fue tal, que el hyruliano pasó volando por encima del sombrío guerrero, para dar de cara contra el césped.

- Eres demasiado fuerte, como dices - Dijo Link al lograr apoyar la rodilla en el suelo -. Pero la razón por la que estabas escondido tan dentro de mi corazón, es porque yo siempre fui más fuerte.

- Entonces demuéstramelo y cierra la boca - Le provocó Sombra con una sonrisa maliciosa.

Era el momento de poner a prueba su entrenamiento. Se concentró y, con relativa facilidad, halló ese espacio cálido en su corazón, ese espacio del que podía extraer su poder. La luz dorada comenzó a rodearle, y Sombra no pudo evitar sorprenderse por ello. Quedó tan pasmado, que no pudo seguirle el paso con la mirada al rubio hyruliano: recibió de lleno el golpe de la empuñadura a la boca del estómago, la patada a la cara al doblarse por el impacto anterior, y una cortada en el brazo por obra de la Espada Maestra, la cual había fallado en cortar el pecho por la pronta reacción de su destinatario.

De la herida salía sangre negra, pero la luz de la espada le había calentado de tal forma, que se evaporaba casi al momento de emanar por la herida, sin llegar siquiera a tocar el suelo. Sombra no recordaba la última vez que había sentido tan intenso dolor y, abrumado por él, retrocedió para tratar de recuperarse. Link no atacó, impresionado por la escena de alguien tan similar a él sufriendo semejante dolor. Eventualmente, tras unos segundos, la herida se cerró.

- No eres tan inútil como otros con los que he peleado - Admitió Sombra -. Pero si eso es lo más que puedes hacer, estás perdido.

Link no respondió y volvió a adoptar su guardia, dispuesto a atacar él primero esta vez. Blandió la espada con ambas manos, la retrajo y la apunto hacia el frente, como para estocar. El aura dorada volvió a brillar y, un parpadeo después, ya volaba a medio camino hacia el pecho de Sombra.

- Lento... - Gruñó éste con una sonrisa.

Dio un gran salto vertical justo antes de que la Espada Maestra cortara el aire. No sólo eso, al descender prácticamente aterrizó sobre la hoja de la espada, pateándola para impulsarse y volver a salir por el aire, para aterrizar rodando por el suelo, momento que aprovechó para contraatacar. Link logró girarse y poner su espada en el camino justo a tiempo, deteniendo el embate del otro guerrero, lo que dio pie a un intenso forcejeo, de una proporción tal, que parecía que sus armas se romperían en dos. Fueron rodeados por sus auras, una dorada y otra de un rojo sangre, y ambas comenzaron a entrelazarse. Cuando ambos sintieron que sus pies comenzaban a separarse del suelo, empujaron sus espadas con mucha más fuerza...

Entonces ambos salieron despedidos a lados opuestos a una velocidad muy elevada, cada uno yendo a estrellarse de espaldas con uno de los gruesos árboles que formaban el claro. Lastimados, no pusieron resistencia a la caída que, si bien fue lenta al deslizarse por el árbol, sí fue brusca también. Fue Link quien logró ponerse de pie primero, pero no pudo ocultar que se había lastimado.

- Debo darte fin ahora, o más gente estará en peligro - Dijo para sí, pero Sombra le había alcanzado a oír.

- ¿Te refieres a las insignificantes almas ordonianas? - Respondió Sombra sentado, recargado contra el árbol, pero sin ponerse de pie -. Ni siquiera me molesté con ellas... preferí estar en el castillo...

Link miró a Sombra con suspicacia, como si el otro le dijera una mentira, o le ocultara algo. No se movió ni bajó la guardia por un solo segundo, aguardando a que el otro intentara sacarse algo de la manga.

- Tan tonto, preocupándote por gente que te estorba y te limita - Gruñó Sombra, parándose al fin -. Aunque no contaría con que sigan con vida... Monstruos han recorrido todo Hyrule por bastante tiempo ya... ¿crees que el pobre viejo Rusl podría defender la aldea solo por tanto tiempo?

- Lo subestimas - Respondió Link -. A él y a todos los ordonianos. A todo Hyrule, de hecho.

- Hasta ahora, ningún hyruliano, crimeano o laguz ha podido detenerme - Dijo Sombra con una sonrisa maliciosa y arrogante -. Ni siquiera tú. No los subestimo, solamente los considero como lo que son: estorbos que solamente viven para hacerme más fuerte.

- Eres un monstruo, nada más - Acusó el rubio hyruliano.

- Un monstruo idéntico a tí - Respondió el otro.

- Está en mí, pero no lo acepto - Dijo Link rápidamente -. La razón por la que no exististe antes, es porque nunca quise que existieras. Hasta que miré en el espejo. Eres un monstruo, y esta espada ha matado a muchos de esos.

Sombra no pudo evitar sentirse abrumado por el odio que volvía a salir en su corazón... sintió ganas de correr hacia Link, tomarlo por el cuello y apretarlo hasta destruírselo... Sintió ese deseo sanguinario de morderle la yugular hasta beber todo lo que corría por ella, y de romperle todos y cada uno de los huesos.

- Tienes razón - Siguió hablando Link -. No puedo ganarte ahora. Pero si vuelvo a verte, tendré a mis amigos cerca. Y juntos seremos más que suficiente para eliminarte. No puedo perseguirte por todos lados, pero no toques a los ordonianos hasta entonces, o lo lamentarás.

Eso era nuevo para Sombra. No sólo estaba siendo amenazado (cosa que solamente Kotake había hecho hasta entonces), sino que era Link el que le hablaba con determinación y seguridad, dispuesto, definitivamente, a cortarle en dos si de verdad se atrevía a pisar Ordon. No le dio miedo, pero solamente logró irritarle más. Y aunque Link había admitido que por sí solo no podía ganarle, Sombra no le atacó... porque no estaba seguro de poder encargarse de él. ¿Debía hacerse más fuerte para poder lidiar con el débil Link?

- Reza para no encontrarme, idiota - Gruñó Sombra dándole la espalda, las garras mecánicas formándose en sus dos antebrazos. Disparó la izquierda hacia una rama gruesa, siendo halado fuertemente por la cadena, para luego disparar desde el otro brazo y seguir balanceándose por los árboles, hasta perderse de vista. Link sólo envainó la Espada Maestra hasta entonces.

Se dejó caer de rodillas, horrorizado por lo que había vivido. La oscuridad en su corazón había sido tal, que se había vuelto un ser viviente completo, con una sola ambición: matar para su beneficio propio. ¿De verdad había en su interior algo tan horrendo como eso? ¿Hubiera él mismo sido capaz de semejantes atrocidades?

- Todo está muy callado - Dijo Rolf cuando los caballos que el trío montaba, pasaban a un lado de la laguna del espíritu de la luz.

- No me preocuparía mucho - Dijo Mia -. Es de madrugada, todos deben estar dormidos.

- Pero Rolf tiene razón - Señaló Link -. Está demasiado callado... No es natural. Hay pájaros y gallinas, y otros animales en la aldea... pero no se oye nada...

Estaba tan inmerso en su mal presentimiento, que apenas se percató cuando pasaron a un lado de su casa, construida sobre un grueso árbol, con la puerta unos tres metros por encima del nivel del suelo. Detuvo a su caballo al darse cuenta de dónde estaba, y dado que Rolf montaba con él, se desconcertó inicialmente. Mia, al seguirles en el otro caballo, también se detuvo al hacerlo el rubio.

- ¿Aquí es donde vives? - Inquirió Rolf con curiosidad, pero dada la reacción de Link al hallarse en ese lugar, sabía que la respuesta era obvia.

- Sí - Dijo él en voz baja, pero luego corrigió -... Bueno, creo que sería mejor decir que aquí vivía. No he puesto pie aquí en casi un año.

Los otros dos se quedaron en silencio cuando Link comenzó a mirar a su alrededor, ayudado por la luz de la luna, sus ojos iluminándose con destellos de alegría. Por un momento, el lobo desapareció para dar lugar a un sencillo muchacho de granja. Vio el espantapájaros que tenía una calabaza por cabeza, y sonrió al recordar a los niños que corrían a su alrededor, golpeándolo ocasionalmente con varas que usaban a modo de espadas. Esos niños que tanto le admiraban, que tanto le pedían que les enseñara algo nuevo...

Luego, su memoria fue más atrás, y sonrió con más ganas al ver la imagen de una pequeña niña rubia, de unos ocho años, de vestido blanco con bordados azules. La niña se detenía frente al árbol que servía de cimiento para la casa, se colocaba las manos alrededor de los labios, y gritaba con todas sus fuerzas:

- ¡Ya es tarde, Link, despierta! - Llamó, sus ojos verdes brillantes muy abiertos -. ¡El caballito ya nació, Link, ven a ver!

No hubo ninguna respuesta, por lo que, frustrada, la pequeña niña se acercó a la escalera de mano y subió con cuidado hasta alcanzar la puerta. Se dispuso a alzar la mano para tocar, cuando una mano salió de detrás de una maceta y la tomó por el hombro.

- ¡Bú!

La pequeña dio un saltito por el susto, luego trompicando y cayendo de sentón en la plataforma frente a la puerta, sin poder contener su gritito. Y era que detrás del pequeño arbusto se escondía un Link de ocho años, de mirada gentil y honesta, pero increíblemente penetrante, enmarcada por algunos mechones rubios que le caían por los lados de la cara, frente a las puntiagudas orejas que tan prominentes eran a esa edad.

- ¡Tonto, no hay tiempo para estas cosas! - Le reprendió Ilia al ponerse de pie, no enojada sino amistosamente -. ¡El caballito bebé ya nació!

- ¿De verdad? - Inquirió el joven Link con sorpresa, abriendo los ojos muy grandes.

- ¡Sí, y tienes que venir a ver! - Dijo Ilia con emoción, dando saltitos -. ¡Mi papá y Fado lo están cuidando ahorita!

- Pero - Link se rascó la cabeza -... Es que tengo que ir con Rusl, dijo que iríamos a pescar, y prometió que empezaría a enseñarme a usar la espada...

- ¡Vamos Link, no creo que le importe que vayas al rancho un rato! ¡Es por el bebé caballo! - Le pidió Ilia con una sonrisa muy grande. Tras dudarlo un poco, el pequeño Link accedió, asintiendo pronunciadamente con la cabeza.

- De acuerdo - Dijo con decisión.

Así, los dos descendieron de la plataforma: Ilia comenzó a bajar primero por la escalera de mano, pero Link, en lugar de ello, se colgó de la barandilla de la plataforma y se dejó caer al suelo, aterrizando con suma agilidad. Ilia le alcanzó un par de segundos después, y le tomó por la mano izquierda, en la que ya existía la negra marca de la Trifuerza, cuyo significado nadie comprendía entonces. Pasando de largo el espantapájaros, y riendo inocentemente, el par se perdió por el estrecho sendero marcado por dos grandes rocas, que conducía a la aldea y, más lejos, al rancho. Link parpadeó y la escena volvió a oscurecerse para dar pie a la noche, la luna y las estrellas, diez años después.

- Andando - Dijo Link con decisión, sacudiendo las riendas para incitar al caballo a moverse.

Y el trío avanzó por el mismo sendero por el cual, diez años atrás, Link e Ilia habían comenzado la carrera al rancho para recibir a su inseparable yegua Epona, recién nacida entonces.

Eran tiempos menos alegres, sin duda: la primera casa que saltaba a la vista al ingresar a la aldea, la de Fado, carecía ya de techo, pues éste parecía haber sido destrozado a golpes, como si algo enorme se hubiera estrellado contra él. El molino de agua también estaba detenido, los cultivos de calabza eran inexistentes, había gallinas muertas esparcidas por varios puntos de la aldea, y las luces del resto de las casas estaban apagadas.

- Tenías razón, algo malo pasó aquí - Dijo Rolf con seriedad, descendiendo del caballo una vez que Link lo hubo detenido.

- No parece haber nadie aquí - Mia se había adelantado y, sin escrúpulo alguno, había metido la cabeza por la ventana de la casa de Beth.

- Mantengan las guardias altas - Dijo Link, desenvainando a la Espada Maestra, pero notablemente preocupado: no había señal alguna de vida. Sin embargo, tampoco había rastros de sangre, ni cadáveres que no fueran de animales -. Lo que haya hecho esto debe seguir cerca.

Cruzaron el pequeño puente que unía las dos secciones de tierra separadas por un nada profundo riachuelo que se convertía en una laguna al final de su cauce. Los ojos de Link, extrañamente muy efectivos en la oscuridad últimamente, fueron los primeros en detectar los cadáveres de cabras ordonianas que, justo enfrente de la casa de Ilia, parecían formar un sendero hacia el rancho.

- ¡Link! - Llamó la voz de Rolf -. ¡Arriba!

Pero el extraño murmullo de aire pesadamente cortado, ya le habían advertido desde antes. Alzó la vista justo a tiempo para verse a sí mismo, así como a Mia, Rolf, y a varias casas alrededor, envueltos por una enorme sombra perteneciente a una gran ave que zurcó el cielo velozmente, descendiendo poco más adelante de donde el trío se ubicaba. Link se sintió aliviado y alarmado al mismo tiempo, al escuchar múltiples gritos provenientes de esa dirección.

- ¡Al rancho, rápido! - Ordenó Link tomando la delantera de inmediato, saltando los cadáveres de las cabras y precipitándose hacia el rancho.

Corrió muy rápido, pero el camino le pareció una eternidad, aunque en realidad no le tomó ni diez segundos llegar ahí. Lo primero que vio, además de cabras muertas, fue a la gran ave aleteando de forma amenazante justo a mitad del rancho. Era casi tan grande como un dragón, comparable en tamaño al Gleerok de las minas goron. Su plumaje era negro como la noche, con bordes blancos en las alas, salvo la cabeza, el pescuezo, y la larga cola. Los dos primeros eran de un color guinda, y la segunda era de hermosas plumas doradas que literalmente reflejaban la luz. La cresta amarilla le hacía lucir como un gallo, pero los redondos y brillantes ojos amarillos le hacían asemejarse más bien a un cuervo.

Y había una sola figura frente al enorme pájaro, resistiendo apenas los embates de aire que lograba producir aquélla con tan solo aletear.

- ¡Rusl! - Llamó Link mientras corría hacia la escena, espada en mano. Pasó de largo el establo, pero de reojo vio que prácticamente todos los aldeanos estaban dentro.

Rusl apenas pudo evitar ser aplastado por las garras de la criatura, la cual aterrizó súbitamente con ese propósito. Agitando su espada con fuerza, logró mantener el pico de la gran ave lejos de él, pues ella pretendía destruirle a picotazos.

Link había sido rápido, pero el ojo y la flecha de Rolf lo había sido más, atinando al costado del enorme animal. Los dos guerreros de Ordon se pararon en seco y retrocedieron cuando, furiosa y sin daño significativo, el ave comenzó a arremeter a picotazos y aletazos a todo lo que tuviera cerca. Link y Rusl rodaron hacia el mismo lado, logrando alejarse lo suficiente.

- ¿Están todos bien? - Preguntó Link de inmediato.

- Todos - Respondió Rusl entre jadeos -. Pero Fado está herido e inconsciente por allá...

Varios metros detrás de la monstruosa ave, lejos de todo alcance, estaba el ensangrentado y desmayado Fado, mal blandiendo un escudo de madera y una ballesta. Lo único que tranquilizó a los otros guerreros, fue ver que todavía alzaba el pecho al respirar.

- Nosotros nos encargaremos a partir de ahora - Declaró Link a Rusl cuando Mia y Rolf se les unieron -. Lo distraeremos para que vayas y recuperes a Fado.

- De acuerdo, Link, gracias - Respondió el veterano espadachín -. Regresaré a ayudarles en cuanto lo ponga en un lugar seguro.

- Cuento con ello - Dijo el joven hyruliano con una sonrisa -. Ahora andando, ¡Mia!

- ¡Sí!

- ¡Cubre a Rusl hasta que ponga a Fado seguro, Rolf! - Dijo Link en voz alta.

- ¡De acuerdo! - Dijo el arquero.

Rusl se quedó atrás para dejar que la pareja de jóvenes espadachines se lanzara al ataque, corriendo hacia el frente pero separándose a cada paso, para confundir al animal. Éste comenzó a aletear con furia al ver a los otros dos acercarse, y cuando comenzaba a alzarse fuera de todo alcance humano, Rolf lo obligó a descender con una flecha a cada ala, pero solamente una le hizo daño. Link y Mia saltaron para atacarlo, mientras Rusl comenzaba su carrera para recuperar a Fado.

La gran ave dio un fuerte giro en el aire, logrando alejar a la pareja de espadachines y arrojándolos bruscamente contra el suelo, pero la distracción duró lo suficiente para que Rusl lograra alcanzar al joven cuidador del rancho y cargarlo. Sin embargo, Rolf quedó solo defendiendo a los demás con flechas, pues Link y Mia apenas se recuperaban del golpe, y ningún disparo parecía causar daño considerable... Eso fue hasta que una segunda flecha salió disparada desde el establo.

Sosteniendo una ballesta estaba el alcalde, Bo, quien había disparado para llamar la atención del pájaro y salvar la vida del joven mercenario. Pero eso provocó a la criatura, quien levantando las alas y elevándose más, soltó un agudísimo chillido que llenó la noche, y que bien pudo haberse oído hasta la capital. Bajando la cabeza después del horrendo sonido, el gran animal puso los ojos en el establo, y comenzó a descender en picada hacia él.

Mia había logrado reponerse para entonces, y trazó un corte en la garra del ave, deteniéndola en su descenso y permitiendo a Rusl avanzar. Habiendo llamado su atención otra vez, Rolf, Mia, y Link pudieron juntar esfuerzos para atacarle.

- No es muy listo, ¿verdad? - Comentó Rolf al ver que el monstruo se distraía con cada uno de los ataques que venían de distintas direcciones, sin concentrarse en uno solo.

- Pero es demasiado fuerte - Dijo Mia jadeando tras descender de un gran salto más, hecho para atacar el cuerpo del animal que parecía estar hecho de piedra -. Mi espada no lo corta.

- Las flechas no le hacen nada, tampoco - Señaló Link, reuniéndose con los otros dos -. Pero creo que se protege demasiado la cabeza, el único lugar que no hemos podido atacar.

- Entonces vayamos por su cabeza - Dijo Rusl, uniéndose al trío tras haber dejado a Fado en el establo.

- Dispárale a la cabeza, Rolf, tenemos que obligarlo a que la baje - Pidió Link.

- De acuerdo.

Iban a disperarse de nuevo cuando surgió otra distracción, más grave que la anterior. Gritos de alarma, varios de ellos agudos, provenientes de mujeres y niños... el establo. Se volvieron y vislumbraron a unas cinco aves monstruosas y muy similares a la primera salvo los cuerpos más delgados, cuellos más largos y picos más curvos, aunque notablemente más pequeñas y del tamaño suficiente como para colarse al establo. fue ahí Link que vio, con miedo, a Bo e Ilia defendiendo a los demás desesperadamente, disparando las ballestas con muy poco tino, con Fado, los demás aldeanos, los niños, Uli y la bebé, arrinconados y sin más protección que sus manos.

- ¡Quédense aquí! - Pidió Link a Mia y Rolf, a la vez que él y Rusl se lanzaban al rescate de los otros. Se les fue el corazón al suelo cuando llegaron otras diez de aquellas aves más pequeñas.

- ¿De dónde salen tantas? - Inquirió Rusl desesperado -. Hace unas horas fuimos atacados por varias de ellas, y ahora vienen más.

- Si antes había muchos monstruos, ahora hay el triple - Dijo Link -. Gracias a todos los portales que Kotake abrió al perder la capital.

Cortaron varios cuellos rápidamente, pero se llevaron varios rasguños, y aunque no sabían si era cierto o no, parecían haber llegado más aves aún. Link también pudo vislumbrar entre la nube de plumas, a un Colin y a un Talo usando, más aterrados que nada, una espada y un arco respectivamente, en un intento desesperado por defenderse.

- ¡Ah! - Se escuchó un grito detrás de Link y Rusl, aunque ninguno tenía tiempo para distraerse y ver cómo Mia salía volando para revolcarse varios metros por el suelo y no volverse a levantar.

Terminaron de cortar a las pequeñas aves, y ambos entraron al granero, Rusl se inmediato fue a buscar a su esposa y a sus hijos, a quienes encontró sin lesiones más allá de rasguños. Link, en cambio, fue recibido por un abrazo de Ilia, quien se le fue al cuello después de botar la ballesta que tan pobremente había intentado manejar.

- ¿Estás bien? - Inquirió Link confundido por todo el alboroto, pero logrando sonreírle.

- Gracias por venir por nosotros, Link - Dijo ella sonriente, pero jadeando por el susto, notablemente pálida.

- Debo irme - Dijo Link inmediatamente, separándose de ella y mirando hacia el exterior del granero, alarmándose -... Rolf y Mia están en problemas. Rusl, llévate a todos cuando tengas la oportunidad. Mist y Boyd están al otro lado del bosque, debes reunirte con ellos.

- Lo intentaré, Link, gracias - Asintió Rusl.

- No te vayas aún - Le detuvo Ilia, quien se había desaparecido unos segundos y ahora volvía con unas riendas en las manos -. Hay alguien que quiere ayudarte.

Las riendas eran para tirar de una yegua baya, alta y fuerte, de ojos nobles y de crines blancas como la nieve. Epona, ya ensillada, relinchó alegre al percibir a Link cerca, y él no dudó un momento en montarla y tomar las riendas.

- Trataré de distraer a esa cosa lo más posible, los demás váyanse de aquí - Pidió Link antes de golpear los flancos de Epona con sus talones para hacerla salir disparada a la batalla.

La Espada Maestra fue lo primero que brilló en la noche en cuanto Link la giró sobre su cabeza al abandonar el establo. Epona fue lo suficientemente rápida como para que Link lograra trazar un corte en una de sus patas, dándole un respiro a Rolf, quien ya no hallaba qué hacer. Enfurecida, la gran ave alzó el vuelo, dándose vuelta para poder encontrar a Link.

- Llévate a Mia y vete de aquí con los otros al otro lado del bosque - Le pidió Link al joven arquero -. Trataré de encargarme...

- De acuerdo - Dijo Rolf entre jadeos -. Traeré a Mist y a Boyd de regreso para ayudarte - Dicho eso, corrió para echarse el brazo de Mia sobre el cuello y levantarla del suelo.

Link puso a Epona en marcha a tiempo para evitar que el gran pájaro les aplastara a ambos. La yegua galopó en una curva, para ser detenida y darse vuelta, encarando a la gran bestia emplumada, la cual parecía ser mucho más lenta ahora que Link contaba con Epona.

- Tú sabes cómo hacerlo - Link le sobó las crines -. ¡Hagámoslo!

Con un relincho furioso, Epona se lanzó hacia la gigantesca ave, sin temor alguno, Link empinado sobre su lomo y con la espada firmemente empuñada. Sabía que lanzarse de frente hacia semejante criatura era suicidio, así que aguardó hasta el último momento... El ave aleteó con fuerza, intentando detener al dúo, pero no lo logró. Entonces, sin dejar de encararlos, se elevó más para luego dejarse caer y destrozarlos contra el suelo. Fue justo antes de ello que Link tiró fuertemente de las riendas para que Epona virara bruscamente hacia la izquierda. Habiendo aterrizado la bestia, Link frenó a su yegua con más fuerza aún, parándose rápidamente sobre la silla e impulsándose de ella para caer en el lomo del enorme monstruo con la espada dispuesta a hundírsele en el cuello.

Uno de esos chirridos aterradores y ensordecedores invadió la noche, a la vez que a Link se le bañaban las manos de sangre negra. Sin embargo, la Espada Maestra no había penetrado la carne del animal completamente, pues parecía que ésta, y hasta las plumas mismas, eran de roca. La bestia se sacudió con violencia, elevándose cada vez más, pero Link no la dejaba ir, sostenido en una mano con la espada encajada, y la otra mano aferrando las plumas. Finalmente, fue tanta la fuerza de la sacudida, que Link salió despedido con fuerza hacia la rocosa ladera que bordeaba el rancho, sin poder evitar el tremendo golpe que se llevó a la espalda, y que el escudo apenas pudo armotiguar. Se deslizó un poco por ella, y cuando la caída se volvía vertical, aterrizó bruscamente de bruces en el suelo... luego alzó la cara para darse cuenta de que no había logrado más que enfurecer a la criatura.

Sin mayores lesiones, se puso de pie y corrió para montar a Epona, llegando por atrás de ella, impulsándose con las manos en sus ancas, y cayendo de inmediato en la silla, señal que el animal interpretó y comenzó a galopar en seguida.

- Habrá que intentarlo de nuevo - Gruñó Link al ver que el monstruo le había localizado, colocando sus brillantes ojos en él. Alarmado, tuvo que cabalgar hacia el frente a toda prisa cuando la bestia comenzó a descender en picada hacia él.

Libró las garras por un pelo, pero el ave no detuvo su vuelo y, en vez de impactar a Link, se fue contra el establo, cuyo techo despedazó en un santiamén. Al alzarse de nuevo, traía escombros en las garras, mismos que arrojó al girarse bruscamente para buscar a su presa.

- Si se lanza sobre nosotros otra vez de esa forma... No creo que tenga manera de atacarle sin que uno de los dos salga lastimado - Musitó Link entre dientes, y efectivamente, el gran pájaro se preparaba para hacer justamente lo mismo. Pero se le ocurrió una idea.

Volvió a cabalgar en el mismo sentido que antes, forzando a Epona a lo máximo, ya que si esas enormes garras les alcanzaban, sería el fin de ambos. Miró sobre su hombro con preocupación, y vio que aquél engendro emplumado ya volaba hacia abajo, en fugaz línea diagonal, el pico abierto y los ojos furiosos.

- ¡Ahora!

Tiró de las riendas con todas sus fuerzas para evitar estrellarse contra la gran roca que bordeaba el rancho. El ave también se dio cuenta de que se impactaría de cabeza si seguía su curso, por lo que aleteó hacia atrás para frenar, también girándose un poco para crear distancia entre ella y la gran barrera de piedra... Y logró frenarse a menos de medio metro del impacto, pero no fue lo suficientemente rápida para reaccionar a lo que venía después.

La blanca y brillante hoja se le clavó justo en la garganta, impidiéndole chillar. Por el impulso, Link campaneó hacia arriba, como balanceándose gracias a la misma espada; dicho movimiento le cortó más el cuello a la bestia. Habiendo llegado a la espalda, Link sacó la espada para volverla a hundir en otro punto, haciendo otro feo corte... Sin embargo, el pájaro ya había dejado de aletear, y ya se precipitaba hacia abajo, para morir en el suelo. El aterrizaje forzoso mandó a Link y a su espada a aterrizar varios metros más adelante, otra vez de espaldas. Sin más ruido que el de su sordo aterrizaje, la gran masa emplumada se ennegreció, para luego disolverse en una nube de humo negro. Link, en tanto, se quedó ahí tirado, entre sonriente y preocupado, con Epona olfateándole la cabeza.

- Este poder es increíble - Dijo con una sonrisa, pero no muy convencido -. Pero más increíble es que... Kotake trajo a estas cosas a nuestro mundo... Me pregunto si...

Se sintió mareado... después de todo, había recibido dos golpes demasiado fuertes en esa pelea, y sin importar su aguante gracias a la Trifuerza, habían sido muy dolorosos.

- Me pregunto si aún con este poder... podremos ganarle...

Su cabeza cayó de lado, sus ojos cerrados, su respiración aún un poco agitada, pero comenzando a apaciguarse en unos cuantos segundos. El cansancio le había abrumado, y se había quedado dormido.