Cap. XXXIV: "El peso de las palabras"

— Todo hubiese sido distinto si se quedaban aquí. Todo, Rachel — ella miró a su padre. Tan dueño de sus palabras como del edificio donde estaban reunidos, dentro de su gran oficina y con Santana a un lado, jugando con la máquina de café y Shelby del otro, mientras hacía algunas llamadas telefónicas y hablaba en susurros

— ¿Todo qué? — preguntó con un ligero tono de molestia. La imagen era como nunca se superó: ella frente al escritorio y Leroy del otro lado, meciéndose en su silla y recibiendo la atención que siempre quería

— Todo. Estabas a semanas del parto. Pero no, tenías que ir a aquel lugar y poner a mi nieto en peligro. A ti misma te pusiste en peligro ¡a los dos! —

— Quizá, pero Quinn lo manejó todo y ella quería estar allí en ese momento. Te mostré los estudios clínicos que Tina me hizo. Tony no debía nacer ese día —

— Y Tony — se burló el hombre — no es un nombre para un niño, Rachel ¿dónde tienes la cabeza? —

— A Quinn le gustó y no iba a contrariarla. A mí también y lo escogimos juntas. Es mi hijo, no el tuyo. No debería afectarte —

— Tony no es nombre de juez — acotó Shelby dejando su móvil y apuntándola

— Ni de abogado — agregó Santana llevando su vaso de café a la boca. Rachel infló su pecho, debería quitarle el título de amiga porque por su boca siempre chismosa estaban discutiendo aquello.

Ella quería dejar atrás el episodio que solo le contó a la latina y a la señora Trevor, el hecho de haber hallado su fotografía en el cuarto de Quinn. Pero Santana soltó el dato a los señores Berry y allí estaba ahora, retrocediendo cada paso que su novia había ganado con sus padres. Incluso estaba segura que Shelby volvería al desprecio y el poco afecto a su hijo también, aquello que con tanta ilusión había hecho emocionar a la rubia de que no sucedería.

— ¿Tú que puedes saber de abogados? — Ironizó hacia su amiga — dejaste tu cerebro en la placenta y compraste el título, así que no te metas en esto —

— ¡Rachel! — Vociferó Leroy golpeando el escritorio — Si Santana no nos hubiese contado, nunca nos hubiésemos enterado —

— De eso se trataba — se excusó ella — miren el escándalo que están haciendo por algo que no pasó a mayores —

— Hablaré con Russel — le informó él. Rachel alzó las cejas enseguida — claramente tu trabajo con su hija no funcionó y lo mejor sería…lo mejor sería que ella volviera a su casa. Alguien con más experiencia debe tratarla y no solo un sicólogo —

La morena entreabrió la boca, sorprendida de aquel arrebato y debió exprimir sus mejillas internas, para evitar que las lágrimas de frustración comenzaran a mostrarse.

Aquello se trataba de separar a Quinn de Tony y no estaba en sus planes hacerlo. Cada noche, cuando el pequeño despertaba y no cesaba su llanto, su novia lo llevaba a la cama que compartían y con una notable sonrisa, él dormía con total comodidad entre ambas.

¿Cómo podía su padre pensar que podría romper esa imagen de familia, de felicidad completa?

Se puso de pie, empuñando las manos a sus costados y tragó saliva, antes de fingir la mejor de sus sonrisas:

— Tú no entiendes, ustedes no entienden — murmuró mirando a las otras dos mujeres. Pero volvió y clavó los ojos en Leroy, en el vocero sin escrúpulos que juzgaba a su novia como si estuviese en uno de los casos que lo llevaban a la corte cada día — Quinn y mi hijo son mi familia ahora. La que elegí y no a la que debí resignarme ¿Es por eso que no me darás tu apoyo para tener mi propio consultorio? De acuerdo, rompes una promesa y lo entiendo. Pero si van a estar afuera de esto, manténganse afuera por siempre. Estoy enamorada de Quinn y parte de amarla es aceptar todo lo que ella esté dispuesta a darme. Ustedes no la aman, así que no esperen nada de su parte —

— Rachel — la detuvo su padre cuando volteó con intenciones de irse — estás equivocada. Te amo y a mi nieto y es por eso que quiero ayudarlos. No me siento cómodo y seguro si Quinn está cerca —

Ella volteó al instante ¿había escuchado aquello en verdad? Regresó contra el escritorio como un rayo y descansó sus manos allí, resoplando con sarcasmo y deseando despertar. Porque lo que estaba viviendo debía ser un sueño, al límite de la pesadilla y no la realidad a la que estaba acostumbrada.

— ¿Y tú crees que puedes seguir manejándome? —

— Sé qué no, por eso Russel vendrá por Quinn. Ella no se adaptó a la vida que debería y si descubriste eso a estas alturas ¿qué esperas encontrar más adelante? Pagaste su operación y qué obtienes, mentiras. El trato que le daba su padre la reprimía cómo debía —

No pudo evitarlo. No se había visto jamás de aquella manera, con su llanto apurado por salir y sus piernas flaqueando de dolor. Pero lo hizo. Estiró su brazo y golpeó la mejilla de su padre. Lo hizo como si no lo conociera, como si fuese un ladrón sorprendiéndola en la entrada de su casa o un hombre obligándola a tener relaciones en el baño de una fiesta.

La cachetada silenció aquellas cuatro paredes y solo podía oír su respiración, alterada, brusca y acompañando melódicamente al silencio de las lágrimas cayendo. Se arrepintió al instante porque se trataba de su padre. Pero se felicitó mentalmente porque se trataba de defender a Quinn. Y si Quinn hacía todo lo posible por tener el respeto de Leroy y Shelby, no iba a ser el hombre quien se lo faltara.

— No te atrevas a decir que aquellas pastillas le hacían bien. No voy a permitir que la trates de esa forma. Ella nunca ha estado enferma y espero que ya lo empieces a entender —

— No debería sorprendernos — dijo su madre y abriendo su cajetilla de cigarrillos. Había dejado de fumar hacía dos años y medio ¿por qué los tenía dentro de su cartera entonces? — lo aprendió de ella. La hija de tu amigo es violenta — agregó encendiéndolo y hablándole al hombre. Pero Leroy la observaba a ella, como si el ardor en su rostro no le importara y, por el contrario, esperaba ser golpeado otra vez

— Lo lamento — se disculpó Rachel con sinceridad y limpiando su mejilla — lo siento mucho pero no puedo quedarme en mi límite cuando ustedes cruzan el suyo a cada rato —

— Golpeaste a tu padre — susurró él

— Pero lo sigo queriendo y voy a lamentarlo durante mucho tiempo. Pero si no cuidas el peso de tus palabras, no esperes que cuide mis actos. Pesen lo que pesen. Solo quiero el respeto que Quinn se merece. Ni siquiera conoces a tu nieto — agregó desviando su atención a Shelby. La mujer lanzó una bocanada de humo y sus miradas se chocaron, como dos desconocidas sin algún parecido. Ni siquiera el físico que todo el mundo admiraba — y no voy a obligarte pero haría muy feliz a Quinn algún encuentro familiar. Donde no falte ninguno de ustedes y sus dos padres estén también. Quizá por ahora no podrá ser —

— Te escucho y parece que los papeles se hubiesen invertido — intervino Santana — ahora eres tú la que no dejas de nombrarla —

— Eso es lo que pasa cuando alguien se enamora, Santana. Pero qué entiendes tú de eso ¿cierto? Lo más lejos que habías llegado con Brittany ya se arruinó cuando no pudiste mantener tu abstinencia sexual y te acostaste con la primera que calmó tus hormonas en vez de hacer las cosas bien con ella. Tú no puedes simplemente apuntarme y juzgar porque no sabes nada más allá de las estúpidas leyes que te dan trabajo. Creí que en verdad te gustaba acompañarnos a las consultas y saber de mi embarazo —

— Y me gustaba, Rachel, no confundas las cosas. Pero las cosas cambiaron con lo que nos contaste —

— Además por qué ella — continuó Shelby — ¿Sabes la cantidad de veces que Matthew llamó y se arrastró hasta nuestra casa por ti? ¿O el hijo de Harry? El que te enviaba flores para tus cumpleaños —

— Quizá porque Matthew es un bueno para nada que vive del dinero de sus padres o el hijo de…de ese Harry jamás me gustó. Ni siquiera sabemos su nombre — se defendió Rachel. Los ataques de su madre siempre conducían hacia el mismo camino, el que tomó por cuenta propia al alejarse de los muchachos que le presentaban como impecables partidos y correspondían a la misma elite social que ellos — Quinn no aparenta ser lo que no es ni tener lo que no puede. Esa es la persona que quiero conmigo. Y es la madre de mi hijo, por si quieren escuchar algo importante —

Leroy levantó la mirada y buscó la de su esposa. Rachel los detalló, a pesar de lo controladora que Shelby era y lo brusco que a él lo formó los años de su trabajo, no había duda de que se querían. O al menos que se entendían ¿Por qué no aceptaban su situación de la misma forma?

— Ojalá nunca vayas a decir una de esas estupideces frente a Quinn — musitó entre dientes. Por primera vez, el rostro de su madre se tornó de color rojo, avergonzado y sus ojos titubearon — Soy la primera opción de Quinn, soy su primera me dijo. Lo fui siempre y presiento que seré su última. En realidad, quiero ser su única opción. De eso va el amor, Santana — añadió y la abogada desvió la mirada, sorprendida de haber sido callada en defensa, lo que mejor sabía hacer — creí que me llamaste para saber de tu nieto, no para esto — terminó observando a su padre.

Había dejado con ilusión su departamento, tras el mensaje que él le envió la noche anterior para encontrarse en su oficina, porque debían hablar de temas importantes. Pero no había sucedido, no estaba sucediendo y si continuaban hablándose casi en desafío, no iba a suceder. Lo mejor era caminar a la puerta e irse, antes de dejar que siguieran exponiendo a su familia al juego de ellos.

— Rachel — volvió a llamarla Leroy cuando estaba tomando su bolso — Russel se acercó a mí con un pedido. Era casi de auxilio. Él quería a su hija como una niña normal, las niñas como tú, las que juegan con muñecas y toman té imaginario. Te confié ese trabajo. Y no lo lograste — no quería volver a golpearlo, era su padre ¿cómo si quiera iba a pensar hacerlo otra vez? Pero estaba tratando a su novia de manera despectiva, un nivel más que grosero y de una forma que nadie, mucho menos Quinn, se merecía.

Intentando calmarse, lanzó un fuerte suspiro y se pasó la mano por la frente. Tenía que terminar con esa reunión cuánto antes para evitar que la furia la consumiera y seguir hablando de más.

— No sé si lo notaste papá pero me dí por vencida antes del tercer mes; cuando caí rendida por Quinn y completamente enamorada de ella ¿Y qué tal si no quería eso? ¿Qué tal si ella no quería jugar al té ni vestir de rosa? No hables como si eso no fuese normal — lo apuntó. Él se removió incómodo, entendiendo el error del trato pero Rachel tragó saliva, comprendiendo que la frialdad de él solo se debía al trabajo exigente que trataba a diario a criminales — Quinn se está superando sola quizá porque no necesita una terapia profesional. Tal vez solo con la calma que le da su hijo es suficiente para ella — terminó, ladeando ligeramente la cabeza y con su mejor sonrisa sorna

— Incluso con eso, Rachel — siguió él — incluso con la tranquilidad que ustedes le generan, fallaste en tu trabajo. Y confiaba ciegamente en ti. Creí que podías tratar a la hija de mi amigo — ella alzó ligeramente los hombros

— Tal vez no era quién debía tratarla, tal vez otra sicóloga u otra profesional debía lidiar con ella. O quizá no necesita ninguna terapia. Quizá Quinn no tiene que ser una señorita de ciudad como tú y tu amigo dicen — añadió y, aferrándose el bolso a un lado, giró sobre sus talones y caminó a la puerta — es más ¿sabes qué? — se detuvo con picaporte en mano y volteó un segundo a verlos — me alegro mucho de no haber conseguido mi propósito. Me alegro mucho de no haber cambiado a Quinn, de no haberla convertido en una persona materialista como nosotros. Tal vez ella ensució su mente al actuar como lo hizo; porque desconocía las consecuencias, la ignorancia a dónde Russel la arrastraba no la dejaron pensar con claridad. Pero su corazón sigue igual de limpio que una niña indefensa. Y una persona con alma pura es la que quiero a mi lado. Así que me alegro mucho de no haberla cambiado — finalmente dejó la oficina y cerró sin necesidad de molestia o violencia.

Alzando su mentón y con una sonrisa de superioridad, atravesó aquel largo pasillo hasta ingresar al ascensor. Tras girar y apretar el número 1, mientras las puertas se deslizaban, la mirada de Leroy la observaba a lo lejos, bajo el marco en el que ella le había dicho aquellas últimas palabras.

Y cuando se encontró sola en ese pequeño espacio, tapó su boca frente a la emoción desbordante e impidió el llanto. No podía comprender cómo Santana develó aquella charla, casi secreta y mucho menos entendió por qué. Respiró con un pequeño sonido que delataba su estado y se irguió, cuando el ascensor se detuvo y abrió.

— Señorita Berry, cuánto tiempo sin verla — le dijo Albert, posiblemente uno de los abogados más cotizados por las familias adineradas. Era de conocimiento general que el caso que él tomaba, lo ganaba sin posibilidad de un ligero empate — felicidades…por su embarazo — agregó cuando lo miró confusa — bueno, ya nació pero su padre vive hablando como buen abuelo orgulloso del pequeño por cada rincón del edificio ¿Ya le entregó el regalo que ocupamos el fin de semana en escoger? —

— No — susurró y el hombre gesticuló avergonzado — pero me lo comentó, no te preocupes. Solo que no ha tenido tiempo —

— Me recordó a cuando usted era pequeña y la traía cada martes y viernes ¿Recuerda que la hacía sentar en las sillas de espera, como una clienta más? — Rachel suspiró con melancolía. Había pasado mucho tiempo de eso pero lo recordaba, sobre todo cuando ella solo aguantaba sentada cinco minutos y después se entretenía subiendo y bajando en el ascensor — pero usted solo se mantenía quieta cinco minutos. Luego se pasaba toda la tarde dentro del ascensor. Arriba y abajo entre risas… ¿Y cuándo conoceremos a su novia, eh? Shelby dice que es una muy buena chica, digna de un partido para usted —

Ella lo miró enseguida, con la confusión de escucharlo y muy distinto a lo que había atravesado minutos atrás. Su madre no parecía querer relacionarse con Quinn ni quererla a su lado, como la madre de su hijo y su novia. Y Leroy apenas preguntaba por Tony y lo había visitado solo una vez ¿dónde estaban esos padres de los que Albert le hablaba con tanta seguridad?

— ¿Cuándo dijo eso mi madre? —

— Pues todo el tiempo. Hace unas semanas ocurrió algo muy divertido — comenzó él entre sonrisas y estirándose hasta ella — vino su ex novio, el patán ese, con todo respeto, que gasta el dinero de su padre — rió, sabiendo que se trataba de Matthew y siguió escuchándolo — y trajo rosas. Habló con tanta confianza de usted y con tanto menosprecio a Quinn que Shelby lo avergonzó frente a todos —

Mientras él carcajeaba lo recordado y el ascensor volvía a detenerse, Rachel agudizó la mirada. Si Albert sabía el nombre de su novia, suponía que más de una vez fue dicho en todo el edificio.

Quiso sonreír. Pero no entendía qué pasaba entonces. Parecía estar viendo frente a un espejo y desde un lado, a ella se le mostraba un reflejo. Del otro lado, los demás veían algo distinto. Y mejor. Mucho mejor.

— Hasta luego, señorita Berry — se despidió él con un toque paternal en su hombro — me gustaría mucho conocer a su familia. Espero lo considere para su próxima visita —

— Hasta luego, Albert — lo saludó sacudiendo su mano y viendo su espalda alejarse.

Tras dejar el ascensor y luego el edificio, se preguntó cuándo sería su momento de ver el mejor reflejo, de observar con felicidad la parte del espejo mejor pulida.

Mientras caminaba y dejaba el aire golpear plenamente su rostro, se contestó que, quizá, como en los cuentos infantiles, debía detenerse un poco y mirarse a sí misma, para hallar completamente la respuesta.


Había un elefante, color rosa, con una pequeña trompa hacia arriba y una enorme sonrisa. Había también un loro, pequeño, verde y de pico naranja, con sus ojos blancos y saltones. Había dos perros, un par de cachorros idénticos, marrones y de cara regordeta, con su típica lengua larga y afuera, como si ser juguetes no les prohibiera querer ladrar. Había un gato, que gata era en realidad pero Sheila parecía percibirlo y la arañaba cuando se la mostraban. Entonces pasó a ser un gato y su mascota solo ronroneaba a su alrededor; similar a ella. Negro, con algunas manchas anaranjadas y blanco en sus patas. Había peces, simples, pequeños y de color celeste. Había muchos de ellos y regados en el piso, sobre la alfombra. Y había koalas. De distintos colores y los que encabezaban su lista de favoritos, junto al panda en una esquina, por su enorme tamaño y que esperaba a que su dueño creciera para ser usado quizá.

Y había globos, todavía los había y conservaban con notoriedad sus formas. Corazones, más animales, con rostros de dibujos animados y diversos colores.

Todo eso había en el cuarto de su hijo, de su pequeño de apenas 12 días de nacido. De Anthony. Tony, como le gustaba llamarlo a ellas. Era la habitación de juego o donde lo dejaban luego de que despertara por la mañana o para sus siestas. Era el cuarto sobrante de su departamento y el de huéspedes, el que alguna vez Quinn quiso usar cuando todavía no conocía California.

Por las noches, él descansaba en la cuna del cuarto de ambas, para su seguridad y para la tranquilidad de su novia.

Rachel empujó levemente la puerta y, luego de pensar qué harían con todos esos peluches que Quinn adquirió tal como le aseguró iba a hacerlo en la misma tienda que ella para su cirugía, se recostó contra el marco y se cruzó de brazos. No quería interrumpir ese momento familiar, que completo debía ser con ella pero aguantó, al oír la respiración pacífica de su hijo con la rubia y los balbuceos que producía cuando la ojiverde lo alzaba a la altura de su rostro.

En ese instante quiso ser ella la fotógrafa y usurpar sin experiencia el lugar de su novia. Pero si algo le había enseñado Quinn, era a plasmar el paisaje más maravilloso en la mente, donde un poco de fuego, pintura o en agua sumergida, no acabaría con un recuerdo como con el papel.

Y eso hizo.

Era enloquecedor el nivel de dulzura con que su novia tomaba a Tony entre sus brazos y lo sacudía apenas, logrando su risa, su diversión y luego su atención, cuando le mostraba los muñecos de felpas y él la miraba o quería llevárselos a su boca.

Quinn no había perdido su inocencia, su preocupación por ellos y la ternura en su voz, sobre todo si se trataba ahora del pequeño. Rachel agudizó la vista y la detalló desde allí. Con los ojos en la espalda de su novia, su resistencia a no moverse se rompió y la empujó a ella.

Se arrodilló a su altura y pasó un brazo frente a su pecho, apretándola con cariño y depositándole un beso en su cuello. Y se quedó un segundo allí, escondiendo una sonrisa al notar el calor subirle hasta su rostro y descubrir su timidez. Con una suave risa, le acarició el perfil con la nariz y le sacudió el cabello, antes de separarse y sentarse frente a ella:

— No te escuché llegar — le dijo Quinn mientras su dedo era absorbido por la pequeña mano de su hijo — ¿cómo te fue con tus padres? — ella alzó los hombros. Mentir no se le daba bien y nunca había recurrido a esas excusas, por lo que, deseando no herir los sentimientos de su novia, con total sinceridad le contó sobre la reunión de minutos atrás

— Creo que solo necesitan tiempo. A ambos no les importaba entrometerse en nuestra relación meses atrás y no creo que hayan cambiado de parecer. Solo necesitan tiempo para reconocer algunas cosas —

— Volví al fondo de la lista de las personas que le agradan a tu madre. O al inicio de las que no le agradan — Rachel chistó sin importancia

— Es mamá, cree que es divertido o entretenido que la gente le tenga más del respeto o miedo que se merece. Como antes, ahora tampoco debes preocuparte por ella. Santana no tendría que haberles contado nada —

— Tu amiga no tiene la culpa — murmuró la rubia, repasando con velocidad su dedo arriba y abajo el labio de Tony, generando aquel ruido que lo hacía reír — fui yo no quien no hizo las cosas bien, no ella —

— Ya hablamos de eso — intentó cortarla. No tenía sentido repetirle que si la había elegido otra vez, atrás debía quedar aquel episodio donde la verdad quedó expuesta para ella — no pienso ser infeliz el resto de mi vida solo por no poder superar eso —

Quinn alejó la vista de su hijo y la clavó en ella, como si por primera vez estuviesen hablando de eso y realmente su novia no quería volver a desenterrarlo. Se humedeció los labios, lentamente y cruzó sus piernas, para acomodar a Tony en el espacio entre ellas y seguir jugando con el dedo en su boca.

— Cuando te ví por primer vez pensé por fin está aquícomenzó. Ella suspiró, sabiendo a donde seguiría aquello y susurró su nombre en un intento por detenerla

— Quinn, no…déjalo ya —

— Ya no estabas en una fotografía — siguió — estabas frente a mí y preguntando por mí. Y cuando te dije que podías irte, que no esperaras nada de mí pero no lo hiciste, seguía repitiéndomelo. Por fin estabas allí. Por fin entenderías que había una Quinn Fabray esperando a una Rachel Berry… ¿por qué no te fuiste luego? —

Rachel se removió, pensando la respuesta y se mordió internamente la mejilla, antes de arrastrase más hasta ella:

— Sé lo que es decirle adiós a las cosas que hacen bien. Y tu accionar era una belleza para mis ojos. Me hacías bien. Comenzaste a sacar mi mejor versión, no sabia que tenía una mejor versión más allá de los relojes de oro y la ropa costosa. No sabía que podía usar una sábana como cortina y de la misma manera el sol no entraría por mi ventana. Ni sabía que podía montar un caballo. Así que no iba permitirme decirte adiós. Por eso nunca más quise irme y dejarte —

— ¿Y te arrepientes? —

— Por Dios, Quinn, claro que no. Me arrepentiría si nos hubiésemos separado, si hubiese dejado que la minina situación nos alejara. No sabía que el amor podía llegar a esta dimensión, a hacerme sentir adicta — confesó — Siento que no te quiero por momentos ni dejé de quererte cuando enfrentamos aquello… Te quiero para el resto de mi vida. Te quiero porque quiero ser feliz y solo tú me haces sentir así — se sentía una niña. No ridícula ni torpe. Pero una niña, exponiéndole al niño de su salón su primera declaración de amor infantil, espontánea y real mientras él, ellos siempre con su sonrisa victoriosa, la escuchaba y esperaba por decirle lo que sentía

— ¿A qué le has dicho adiós? —

— Al cariño de mi madre. Supongo que en realidad no puedes despedirte de lo que nunca conociste pero… la resignación es igual a un adiós. Y sé también lo que es no sentirse bien, sentir que todos te miran pero los ojos que necesitas apenas te registran. Como cuando era pequeña y mis padres a veces recordaban que tenían una hija. Y cuando tú me miras…no sé qué haces — sonrió — pero haces que no quiera que nadie me mire así otra vez —

— Ven aquí — la llamó Quinn y ella terminó de acercarse sin espera. La emoción de hablar de su pasado, perdió la batalla contra las lágrimas y el pulgar de su novia ahora las quitaba, con cuidado y suavidad de sus mejillas — ¿recuerdas cuándo te dí una flor por primera vez? — añadió y el aliento a frutilla la hizo temblar. Cuánto necesitaba que se callara para volver a besarla. Pero asintió, aquella tarde de una rara sesión y que cuando conoció el amor entre Pantano y Fiona — ¿sabes por qué te daba flores siempre? Porque de eso va mi amor — le dijo sin darle tiempo a reaccionar — de cultivarlo, de cuidarlo y no deshojarlo. Eso es lo que quiero para nosotras. Por eso te pedí aquella vez que la cuidaras, cuando la trajiste. Si te la dí a ti, tú debías protegerla y conservarla hasta devolvérmela. En eso se mide nuestro amor —

— Quinn…— musitó con sus dientes chocando de frío, de nervios y ansias. Sus ojos en la boca de su novia solo delataban lo que quería hacer, pero la rubia no parecía querer detenerse

— Tenía miedo de que nunca llegaras y entonces nunca saldría, viviría aún escondiéndome de todos. Soy distinta a los demás, a cualquier mujer y tú me aceptaste, desde el primer momento lo hiciste, Rach y entonces me animé. Me animé a invitarte a dormir en nuestro sillón, me animé a acompañarte a la feria cuando me insististe junto a mi madre. Me animé porque creí que con pequeñas cosas podía llegar a hacerte feliz, como esa fotografía tuya lo hacía conmigo. Esta persona que soy ahora es porque tú la formaste. Estaría en el rancho y escondida si no me dabas una oportunidad. Me animé, Rachel —

— Y animarse es el primer paso a ser feliz — completó la sicóloga, rodeando la nuca de Quinn y atrayéndola a ella — Creo que lo correcto del amor y lo peligroso de la pasión van de la mano, así que…no vuelvas a preguntarme si me arrepiento de esto. Tendría que volver a nacer para no enamorarme de ti —

Se pasó la lengua por el labio inferior, humedeciéndolo y, tras ver la sonrisa de su novia, se estiró ligeramente a cortar la distancia pero Quinn inclinó su rostro. Negándose a su petición y con un resoplido divertido, sus mejillas se rozaron y oyó el delicado murmullo contra su oreja:

— Las personas tienen ideales. Algunos quieren un trabajo, el que sueñan y les de suficiente dinero. Otros quieren recorrer el mundo, conocer gente nueva y pisar lugares que pocos se atreverían. Pero yo…yo solo quiero una familia donde ser feliz — le dijo casi en imploración, rogándole con aquellas simples palabras que no rompiera su ilusión. Ella se alejó apenas, hasta cruzar sus miradas y la mano de Quinn se deslizó hasta acomodarle un mechón de cabello — Quiero una esposa a la que esperar o que me espere en la cocina y preparando algo especial para las dos. Quiero una esposa a la cual serle fiel y ser un ejemplo para nuestros hijos, para los amigos de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Quiero…Rachel quiero que seamos ese están equivocados que nuestros nietos le dirán a alguien cuando le impidan creer en el amor verdadero. Me gustaría serlo todo para ti. De la misma manera que tú eres para mi. Y sé que si te lo llevas, si te llevas ese todo me quedará nada pero…—

— No voy a llevármelo — la interrumpió con un dedo en su boca — sería llevarme a mí misma a otro lado y comenzar de nuevo. Y ya no voy a tener las energías del inicio — terminó con algo de diversión y juntando sus labios al fin.

La besó como el significado de un beso verdadero hace feliz al diccionario que pertenece y las sonrisas chocan entre los dientes. Y fue besada como a una adolescente le gustaría serlo, recibir un beso de esa manera sensible y atenta, sintiéndose correspondida de aquella pasión de la edad.

Y minutos después, entre los sonidos de sus bocas chocando y separándose, sus rostros inclinándose hacia el lado opuesto y las suaves mordidas de pertenencia, rozaron sus frentes y notaron que, al alejarse y volver a mirarse, aquel beso sepultó también el tema que acababan de hablar.

— Así que quieres nietos también ¿eh? — bromeó haciendo sonrojar a su novia. Quinn agachó la cabeza y rió, sacudiéndola antes de mirarla nuevamente

— Y una esposa — le repitió con certeza. Rachel aprisionó sus labios, gustosa ante lo que oía y asintió. Estiró su brazo y tomó la otra mano de Tony, que no dudó en sujetarla con la misma fuerza que a la rubia y jugó con ambas, sacudiéndolas de arriba abajo en su pecho — tiene tu misma nariz — agregó. La morena escaló con sus dedos, hasta tocar la del pequeño cual botón y notando como frunció su ceño, enojado de la intromisión a su cara

— Así era cuando era pequeña. Una bolita bien redonda — aclaró volviendo a presionar la nariz de su hijo que sacudió sus piernas, encerradas en su enterito color azul a rayas — y tiene el color de tu cabello, tus ojos…es igual a ti. Me encanta que sea igual a ti —

— Pero crecerá y se irá pareciendo a ti — Rachel alejó la atención de su hijo a Quinn y sonrió de medio lado, forzada y volvió a dejar una mano tras su cuello

— Está bien si se parece a ti por el resto de su vida. Será una hermosa persona. De hecho lo será y quiero que siga pareciéndose a ti. Si no te cambié, tampoco cambiaré a nuestro hijo — la ojiverde ensanchó un gesto de agradecimiento, como si estuviese pidiéndole permiso de que Anthony no dejara de parecerse a ella y Rachel le repasó el labio con el pulgar, enamorada de los movimientos dulcemente inconscientes de Quinn — no puedo esperar a enseñarle a caminar. O verlo gatear. U oír su voz. No quiero que crezca pero también quiero que lo haga y bien —

— Y lo va a hacer — aseguró la rubia — el médico dijo que si no cortamos su chequeo y hacemos todo al pie de la letra, él crecerá bien — cada día, Anthony debía estar en la clínica, para regular su alimento, su peso y el oxígeno que todo niño prematuro debía tener. Luego de estar casi cinco días internados, a base de los mismos cuidados, el doctor le dio el alta pero debían regresarlo una vez, o las necesarias, al día para su rutina médica por otros días más

Tenían un listado de precauciones, como evitar despegar sus ojos de él los primeros días en casa, controlar sus propias higienes si iban a tocarlo, mantener los juguetes limpios y las vacunas sin atrasos. Y todo lo hacían. Evitaban cualquier descuido y hasta el momento todo era un resultado positivo.

Algo más pequeño y delgado que otro bebé, Anthony ya estaba calificado como un niño sano que solo debía recibir la protección especial de sus madres.

— También quiero verlo jugar — murmuró Quinn — quiero llevarlo al rancho y que conozca a Robin y se hagan buenos amigos ¿crees que le gustará? —

— Creo que vivirá sobre el y montar será su actividad favorita. Estoy segura que hará muchas cosas…Ese debe ser Blaine — agregó cuando un claxon se oyó desde allí.

Aprovechando que ocupaban un tercer piso del edificio, él tocaba repetida y linealmente la bocina hasta que alguna se asomara y le diera la señal de que esperara. Antes de ir él mismo a la galería, pasaba por la rubia y juntos llegaban al lugar de trabajo.

Era un hecho de que su novia ya era empleado del chico y, más allá de esa distancia que él no medía, congeniaron a la perfección y a Quinn le gustaba su compañía.

Rachel se puso de pie y tomó con cuidado a Tony, que se acunó bajo su cuello y flexionó sus piernas con comodidad. Cuando la rubia abandonó el piso, le siguió los pasos hasta el pasillo exterior. La vió tomar desde el living una chaqueta, su cámara y un bolso de trabajo.

Y le encantaba esa imagen. Tan madura, segura y cotidiana de una familia. Justo lo que eran.

— Regreso luego — le dijo la rubia al ingresar al ascensor y girando a verla — te portarás bien con mamá ¿cierto? — jugó con su hijo unos segundos al cargarlo y sacudirlo hasta lograr el balbuceo divertido de él — Te amo — agregó hacia la morena al dejarle un fuerte beso en los labios

— Y te amo también, mi amor — le respondió al colocarle el chupete a su hijo, que colgaba de una cinta en su cuello y volver a acunarlo — cuídate, te estaremos esperando — se despidió finalmente y sacudiendo el brazo de Tony. Cuando las puertas se deslizaron frente a ella, Rachel lanzó un suspiro y giró sobre sus talones ¿Así sentía Quinn la dependencia hacia ella? La quería de vuelta en casa y ayudándola, hablándole o solo arrojada en el sillón. Pero en casa, como estaban cinco minutos atrás

Sin embargo entendía que era ella misma la que debía ayudarla a despegarse, como la señora Trevor decía y para eso debía ser lo suficientemente profesional a pesar de ya no estar tratando a su novia.

Derrotada, caminó hacia su puerta cuando el sonido del lejano ascensor se oyó y alguien ya se acercaba a ella:

— ¡Berry! — Santana y la rapidez que aquellos zapatos de tacón le permitía correr, se aproximaban con los brazos extendidos hacia adelante — ¡Que bueno que estás aquí! — agregó frente a ella y tomándose de las rodillas, recuperando algo de aire

— Aquí vivo, Santana ¿qué haces tú? —

— Es obvio ¿no? Vengo a disculparme — aclaró al erguirse nuevamente — por lo que pasó en la oficina de tu padre —

— De acuerdo — le dijo sin ningún tipo de emoción — tengo que llevar a Tony por su chequeo diario, Santana. Estoy algo ocupada —

— Ay Berry, Berry — la detuvo cuando intentó ingresar — que no soy tu novia ¿eh? No me vengas con escenitas. Estoy disculpándome y para que las disculpas sean disculpas alguien debe aceptarlas. Así que qué esperas —

— Le dijiste a mis padres algo que no debías —

— Lo sé, lo sé pero como todo ciudadano que puede otorgarse defensa, tienes que saber que lo hice borracha —

— ¿Qué? —

— Si, en la fiesta aniversario del edificio. Tú sabes que soporto hasta cinco litros pero ya seis, pues no y se me soltó la lengua —

— Tú te emborrachas con media copa, Santana — le recordó, meciéndose de un pie al otro y acariciando la espalda de su hijo

— Si, bueno, como sea. Y tus padres hablaban y hablaban de Quinn y me preguntaron qué opinaba de ella y bueno…ah pero debo decirte que la halagué más de lo que la embarré ¿eh? —

Rachel rodó los ojos, sin sorprenderse de que así hubiese sido porque su amiga ebria era un total descontrol para cualquiera.

— Te compraré una canasta de flores para remediarlo. O una caja de chocolates, lo que quieras y no moleste a Quinn —

— A Quinn no le molesta nada — aseguró apagando la sonrisa divertida de la abogada — a mi me molesta que haya personas que solo la señalen, como mis padres. Me molesta no verla feliz completamente y tu borrachera no ayudó para nada, Santana —

— De acuerdo…lo lamento mucho pero no puedo borrar eso… ¿Entonces qué te compro? —

— ¿Y por qué apoyabas lo que ellos me dijeron? En la oficina, parecían un equipo completo contra mí — la latina llevó una mano a su nuca y la rascó nerviosa, con una mueca antes de responderle

— Sabes que mi trabajo ha sido siempre obedecer a mi jefe. Y mi jefe es tu padre. Soy la abogada que soy gracias a él. Mi nombre hace temblar a la competencia por él. Es mi trabajo y mi dinero, Rachel —

— Está bien — susurró. En parte la entendía porque Leroy era igual de recto en su casa, cuando ella allí vivía que en su trabajo. Entonces solo era cuestión de reconocer que Santana y ella eran iguales a la vista de él — tengo que ir a la clínica —

— De acuerdo, te llevo. Ve por lo que necesitas que yo cargaré a mi ahijado — no pudo evitar reír por lo bajo: allí se había roto el hielo y las piezas volvían a nadar en el río sin tocarse

— No eres su madrina — le recordó viendo cómo lo sostenía con cuidado contra su pecho

— ¿Y por qué no? — le preguntó minutos después, luego de que ella ingresara al departamento y volviera a salir con el bolso de bebé y una frazada infantil para Tony

— Lo siento, San pero Quinn ya eligió la madrina — le explicó empujando con su pierna a Sheila hacia el interior y tratando de cerrar la puerta. Cada vez que salían, al parecer los celos invadían a su mascota y maullaba sin parar para que la llevaran a dónde sea que fueran

— ¿Y no soy yo? — rodó los ojos

— Es obvio que no —

— ¿Es Tina? —

— Tampoco — murmuró cansada y pasando llaves al fin. Bajaron por el ascensor que llevó a Quinn y entre más insistencias de su amiga

— ¿Y entonces quién? — mientras Santana quitaba la alarma de su coche y luego de haberle regresó a su hijo, ella encogió los hombros y sonrió

— Shelby. Quinn escogió a mi madre —

— ¿Hablas en serio? — Continuó cuando ambas se acomodaron dentro — eso es…tienes alguien especial a tu lado. Y a ver déjame adivinar, según lo que me has dicho entonces, tú escogerás el padrino y será…su padre —

— Que inteligente eres — ironizó palmeándole el muslo. Santana encendió el motor y con lentitud comenzaron a andar — aún no se lo he dicho, no se cómo lo irá a tomar —

— Te repito, tienes a alguien especial. Creo que sería un muy buen inicio de relación entre ellos. Será muy agradable verle la cara a tu madre cuando se lo digan —

— Quinn ya tiene pensado cómo pedírselo — rió ella

— Quiero saberlo, cuéntamelo —

— ¿Para qué? ¿Para que lo sueltes en una borrachera? No le arruinarás su idea —

— Pero que… una comete un error y tiene que pagarlo el resto de su vida ¡No me condenes, Berry! —

— No lo hago y tampoco lo tenía en mente. Pero es algo que Quinn quiere hacer y…y…Santana ¿a dónde estamos yendo? —

— Pues a la clínica. Me dijiste que tenías que ir a la clínica —

— ¡Si pero a la clínica infantil, Santana! Da la vuelta, es hacia el otro lado — se quejó girando a verla — ¡y despacio! — alzó la voz cuando su amiga giró el volante casi olvidando que viajaban con el pequeño

— Ay Berry, cálmate. En mi otra vida fui taxista ¿cierto ahijado? — inquirió estirando su brazo y acariciando la mejilla de Tony — y para tu información….lo de Brittany también lo hice borracha —

— ¿Qué hiciste qué? —

— Lo de arruinar lo que tenía con ella — le dijo, suspirando con pesadez y bajando la velocidad — estaba demasiada ebria y ella no atendía mis llamadas. Necesitaba oírla. No pasó y ante el primer escote que me nubló la vista cedí. Así que tienes razón también en que dejé mi cerebro en la placenta —

— Bueno…al menos no compraste el titulo — rieron, apagando de a poco la diversión cuando en la esquina el edifico médico apareció y Santana aparcó a un lado. Seria, como pocas veces y la detuvo cuando pretendió bajar — sí, no te preocupes — leyó ella su mirada — hablaré con Britt —

— Gracias…. ¡y cuida a mi ahijado! — vociferó dando unos bocinazos cuando ella caminaba a la puerta de entrada

Cuando Santana volvió a repetir aquella frase, Tony rió y sacudió sus pies y brazos, prueba de que disfrutaba las palabras.

Porque quizá en un acto tan especial, tan individual y tan raro como el de un bebé, el peso de ciertas palabras se transforman en pluma ante la aterrorizada balanza.

Porque quizá para entenderlo hace falta eso: un signo clave de que los pensamientos adultos deben desplazarse un momento y darle espacio a algo nuevo, a algo ingenuo y puro sin conocimiento de lo que pasa. Como las cosas que pasaban en aquellas dos familias. Tres, si separaba la de ella y Quinn de la de sus padres.

Rachel apretó más a su hijo contra ella y atravesó el pasillo al divisar al doctor. Porque quizá se trataba de eso, de dejar ir el pasado, ser fuerte y comprometida del presente para ir preparando el futuro.

Quizá, el nacimiento de su hijo, era el inicio de ese nuevo camino.


Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen

Zadaleghiel: Y nos vemos de vuelta en la final, voy a estar con un respirador artificial todo el partido jajaja. Saludos!

Lean: Es buckchele jajaja y me gustaban hasta que él clavó ese my girl, atrevido y ridículo. Entre eso y las leanatics gringas lameculos estoy esperando la comic con para mi racion anual de robchele y que Lea me de una alegría. Y lo de Naya ya dijo que no escribió nada malo de la enana diva. Saludos!

Preguntaron si habria otra historia despues de esta, se supone que no pero ya estoy escribiendo 2. Una AU con Clexa y Octavia (y faberry) pero va a ser algo distinto, mas realista y con algo de drama. Y otra más corta pero igual a esta le queda mucho todavia