* Mauro Pato Moya Herrera ¡Yay! ¡Disfrútalo!
* Veronica Rucci Jajaja, están en camino. Gracias por seguir leyendo y apoyando cada historia.
Todo lo mejor siempre.
* Kmiilo Bastidas Me hace muy feliz tu comentario =) Hoy tendrás un capítulo muy extenso donde seguirás sabiendo más sobre ellos.
* Nicol López Alcívar ¡Gracias! Siempre me alegra leer tus comentarios.
Kurt ama a Blaine totalmente y quiere su felicidad en todo momento.
Blaine se sigue esforzando y continúa avanzando, está decidido a mejorar día con día.
¡Gracias! Todo lo mejor en este nuevo año.
* Yamii Leguizamon Kurt no pudo evitar ponerse celoso, y es que adora a su novio.
* Maria Soledad Rodriguez ¡Muchas gracias amiga! Blaine se esfuerza y poco a poco sigue venciendo sus temores.
* Georgi G ¡Yay! Gracias =)
Sí, ellos han avanzado mucho como personas y como pareja. Se aman y se complementan de una forma maravillosa.
* Jeny Gracias.
* Farid Cuevas He estado complicada, pero aquí tienes finalmente la actualización.
* AdrianaBotero2 A ti por leerme siempre. Gracias y felicidades a ti también.
* Falalo ¡Muchas gracias por tus increíbles palabras! Me emociona saber que te gusta tanto ésta historia.
* hummelandersonsmythe Sí, ellos se aman y juntos van saliendo adelante.
* RoxiPM Jeje, pero las cosas van surgiendo para mejor. Gracias, igual para ti =)
* Day7_Mst Gracias, lo mejor para ti.
Aquí tienes una actualización muy larga.
* robinnxc Síiii. El amor es hermoso, y ellos se aman totalmente.
Las cosas para Blaine van mejorando y ahora sus padres están de regreso en su vida =)
CAPÍTULO 36:
"Paso a Paso"
.
Kurt acariciaba el cabello de Blaine, quien estaba acostado a su lado con la cabeza sobre su pecho y lo tenía abrazado por la cintura. Realmente amaba esos momentos que compartían y lo bien que marchaba su relación.
A veces le parecía un sueño todo lo que estaba viviendo y lo feliz que era. En algún punto de su vida creyó firmemente que no podría abrir su corazón a nadie más, y pensar en enamorarse otra vez no era ni siquiera una posibilidad, sin embargo ahí estaba disfrutando de un tranquilo domingo junto al hombre que amaba con todas sus fuerzas.
Blaine era bueno, dulce, considerado, detallista, romántico, cariñoso, y se preocupaba por él siempre. Era exactamente lo que había soñado, y se sentía afortunado de haberlo conocido. Amaba todo de él y realmente lo admiraba mucho. Si bien éste todavía tenía momentos un poco complicados, estaba ganando más confianza en sí mismo, y su actitud mejoraba día a día. No quedaba sombra alguna de aquella persona resentida y amargada que conoció alguna vez, y se sentía feliz por ello.
- ¿En qué piensas? – Preguntó el pelinegro, asiéndolo un poco más contra su cuerpo. – Te quedaste en completo silencio.
- En ti, en lo mucho que te amo y lo dichoso que soy contigo.
- Kurt… – Susurró dulcemente.
- ¿Qué? Es la verdad… Hay días en los que despiertas, observas a tu alrededor y sonríes de forma automática, luego van transcurriendo las horas, y con ellas no paras de apreciar y valorar lo afortunado que eres.
Hay tanto por lo que tengo que dar las gracias, y tú eres lo mejor de todo.
- Kurt, siempre eres tan dulce conmigo.
- Soy sincero.
- Te amo. – Se fue moviendo hasta que sus labios se unieron en perfecta simetría.
Luego de una sensual danza a la que sus bocas parecían no querer ponerle fin, Kurt fue deslizando la mano por debajo de la camiseta de su novio, acariciando la cálida piel de forma suave.
Cuando los ágiles dedos llegaron al elástico del pantalón, Blaine fue separándose ligeramente, y él supo de inmediato que eso sería todo.
Había transcurrido una semana desde que le develó la información acerca de su supuesto impedimento, y a partir de ese momento en lugar de avanzar, el de grandes ojos pardos había retrocedido y evitaba todo tipo de intimidad.
Al comienzo no comprendía lo que estaba ocurriéndole a su amado, pero luego se dio cuenta que tener conocimiento de esa información le había provocado aprensión. Tras prestar atención a ciertos comportamientos y varios casi silenciosos comentarios, entendió que éste ahora tenía miedo de la falta de reacción en su cuerpo ya que no tenía ninguna razón aparente para ello.
Como algunos dicen: "La cura resultó peor que la enfermedad". Y sin embargo, él no iba a presionarlo nunca. La relación de ellos era especial, jamás se había basado en el sexo ni lo habían necesitado para demostrarse su amor. Quizá para muchos no funcione de esa forma, pero ellos tenían una conexión importante, algo que iba más allá de lo físico, y se sentía de maravilla.
Continuó jugando con el elástico del pantalón sólo unos segundos más antes de mover su mano por la espalda nuevamente, sintiendo como la tensión en su novio disminuía ligeramente, y unió sus frentes cuando se vieron forzados a separar sus labios en busca de aire.
- ¿Sabes? Tengo hambre… ¿Podemos pedir algo?
Definitivamente el cambio drástico de lo que estaba sucediendo era indicativo de lo nervioso que el pelinegro estaba. Le sonrió mientras le acariciaba el rostro y se mostró tranquilo. – Seguro, amor. ¿De qué tienes ganas?
- Algo Thai.
- Suena muy bien. No hemos comido eso en tiempo. – Notó la manera en la que éste soltaba el aire contenido, así que lo miró fijamente a los ojos. – Cariño, sabes que siempre iremos a tu ritmo.
- ¿Qué?
- Nunca voy a hacer algo que te incomode o con lo que no estés de acuerdo.
Su boca se abrió y cerró varias veces al comprender de lo que estaba hablando. – Ah… Sí… Bue… Lo sé. – Frunció el ceño. – Lo lamento.
- Oye, no… Sólo quería recordártelo.
- Sí, gracias.
- No me agradez… – Fue silenciado por un beso.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
- Realmente es increíble que consiguiesen trabajo. – Dijo Kurt con una sonrisa.
- Lo es. – El médico de cabellera oscura y ojos azules se acomodó en el sofá y entrelazó la mano con la de su esposo. – Alejandro se quedó fascinado con la ciudad, y aun cuando vinimos de vacaciones, terminamos alquilando un departamento y aplicando en diferentes hospitales. Ahora no tenemos idea de cuánto tiempos nos quedaremos, pero estamos a gusto y felices.
- Me alegro por ustedes.
- Gracias. Y felicitaciones por lo del congreso.
- ¿Cómo lo tomó Blaine?
- Gracias Eli. Y todavía no le he dicho, Alejandro. Tenía planeado hacerlo durante la cena, pero él estaba tan emocionado contándome sobre su día, que no quise interrumpirlo. Pensé decirle cuando estuviésemos en la cama, sin embargo no tardó en quedarse dormido. Los nuevos ejercicios lo agotan mucho.
En la mañana vinieron sus padres, lo cual fue totalmente inesperado, y se quedaron hasta después del almuerzo.
- ¡Oh! Y ahora estamos nosotros aquí…
- Eli, nuestra reunión ya estaba planificada.
- Si quieres, podemos irnos. No hay problema.
- No, por favor. No hay necesidad de eso.
El ojimiel apareció a lo lejos llevando una charola sobre sus piernas, la cual sostenía con una mano.
Alejandro se levantó a toda prisa para ir a ayudarlo. – ¿Qué está haciendo?
Kurt lo detuvo y negó con la cabeza. – Déjalo.
- Pero…
- Blaine desea una vida normal, dentro de lo que cabe obviamente, y no voy a ser yo quien se la niegue. Él practica a diario muchas de las cosas que quiere hacer, y yo estoy más que feliz y orgulloso con todos sus avances.
Confieso que la primera vez que lo vi hacer algo como eso también corrí a ayudarlo, pero me dijo que sí podía y que una silla no iba a limitarlo.
- Entiendo. Su determinación es digna de ser aplaudida. – Se sentó, pero sin quitarle los ojos de encima. – ¿No ha tenido algún percance?
- Sí, se le han caído las cosas en un par de ocasiones, sin embargo eso no lo ha detenido. Al contrario, hace que le ponga más empeño. Ahora viene despacio porque trae cuatro copas, pero por lo general se mueve más rápido.
- Nadie lo está apurando. – Dijo Elliot colocando la mano sobre la rodilla de su pareja. – Ale, deja de mirarlo que lo vas a poner nervioso.
- Lo siento… No me di cuenta.
- Aquí están las bebidas. – Blaine se acercó con una sonrisa.
Kurt lo miró y su corazón latió con fuerza al notar la satisfacción y orgullo de sí mismo que se reflejaba en el rostro de su novio.
- Veo que te has adaptado bien a la silla automática. – Mencionó el europeo.
- Sí. Aunque al comienzo me resultó difícil asimilar la idea del cambio ya que estaba acostumbrado a la otra. Todavía me cuesta deslizarme hacia la cama o el sofá y viceversa porque ésta silla es muy diferente a la que tenía, pero poco a poco voy mejorando.
- Eso es bueno. Nos alegra que sea así. – Elliot le sonrió.
- Todavía sigo pensando que no debieron hacer un gasto tan grande.
- Blaine, fue nuestro regalo de cumpleaños, y lo hicimos con mucho gusto. Pensamos que te ayudaría a que las cosas te resultasen más fáciles.
- Honestamente sí ha hecho que muchas tareas se volviesen menos complicadas desde que la uso debido a todas sus funciones y el hecho de que puedo variarle tanto la altura como la inclinación, a más de que es mucho más estable y segura. Tampoco ya no necesito usar las dos manos para movilizarme. – Suspiró y miró por varios segundos a los esposos. – No hay palabras que alcancen para expresarles toda mi gratitud.
- No tienes nada que agradecernos. Somos tus amigos y queremos verte bien y feliz en todo momento. – Expresó el español.
- Amigos… – Suspiró. – Esa es la mejor forma de describirlos. – Hizo una pausa. – Hace tanto que no tenía amigos porque los alejé de mí. y no sé si alguna vez vuelva a verlos.
- Tal vez podamos ayudarte a localizarlos.
- No lo creo, no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Quizá algún día encuentre a alguno de ellos y esa sea la clave para reunirme con los demás. Pero no voy a pensar en lo que pueda ser o no, prefiero enfocarme en el presente, y estoy tan agradecido por ustedes dos y por las chicas.
- Hay que hacer un brindis por eso. – Dijo Elliot levantando su copa. – Por nuestra amistad.
Los tres imitaron la acción y repitieron al unísono. – Por nuestra amistad.
- Y hablando de amigos, Kurt, ¿con quién crees que hablé ayer?
- No tengo idea.
- Con Patrick. Me preguntó si podíamos reunirnos aprovechando que Tina y Mike están de regreso en el país.
- Patrick… Qué mal amigo soy… Totalmente ingrato.
- ¿Quién es Patrick? – Preguntó Blaine.
- Él y yo éramos como hermanos. Siempre estaba pendiente de mí y era muy protector… Pero me alejé de él, de todos en realidad. Después de lo de Kenneth no quería nada que me lo recordara, así que decidí mudarme a otra ciudad y fue como terminé aquí.
Me dediqué por completo a trabajar porque era la única forma de no pensar en nada y mantenerme distraído, y aunque dejé a mis amigos y todo aquello que era importante para mí, encontré al amor de mi vida, – miró al pelinegro – y eso ha sido lo mejor que ha podido pasarme.
- Kurt… – Lo tomó de la mano y entrelazó sus dedos.
- Te amo.
- Yo también te amo.
- Ustedes son tan dulces. – Dijo Alejandro con una sonrisa.
- Entonces, Kurt, ¿qué le digo?
- Ve, amor. Aprovecha la oportunidad que se está presentando. – Lo alentó su novio acariciándole los nudillos.
- De hecho, la idea es reunirnos todos, incluyendo a nuestras respectivas parejas. Mike y Tina conocen a Alejandro, pero Patrick no. Y ninguno de los tres te conoce, Blaine. Ellos están ansiosos por volver a ver a Kurt y por saber más acerca del hombre que logró conquistarlo.
- Ah… No… Eso es entre ustedes, yo no voy a ir, Elliot. – El nerviosismo del ojimiel era demasiado evidente.
- ¿Y por qué no, cariño? Me encantaría que fueses conmigo.
- Es un día de reencuentro entre viejos amigos. No tengo nada que hacer ahí.
Kurt decidió no seguir insistiendo en ese momento. Conocía demasiado bien a su novio y sabía lo que éste estaba pensando. Cuando estuviesen a solas conversarían al respecto.
Los cuatro amigos continuaron después de eso platicando, contando anécdotas y riendo. Un par de horas más tarde lograron convencer a Blaine para salir a cenar a un restaurante que había sido inaugurado pocos días atrás.
Una vez que estuvieron de regreso y yacían en la cama, el ojiazul aprovechó que ninguno de los dos tenía sueño ya que esa era la oportunidad perfecta para poder hablar.
- Amor, hay un par de cosas que necesito preguntarte.
- Sí, seguro. ¿Qué ocurre?
- ¿Por qué no quieres ir a la reunión con mis amigos?
- Ya lo sabes, es tu momento con ellos. No tengo para…
- Dime la verdad, por favor.
- No estoy listo para socializar con otras personas.
- Eso no tiene sentido, lo haces muy bien con…
- Con las personas a las que ya conozco, pero relacionarme con otros es diferente.
- Eres carismático, alegre, inteligente, interesante y un gran conversador. Te van a amar.
- No me gusta que me observen todo el tiempo ni que sientan lástima por mí… Odio cuando alguien se me queda mirando como si mi vida estuviese acabada.
- Eso no va a suceder. Te aseguro que mis amigos no son así. Conoces a Rachel, Elliot y Alejandro, así como ellos son los demás. Y recuerda que los tres también van a estar en la reunión, va a ser divertido.
- No quiero ir, Kurt.
- Está bien. No voy a obligarte, mi amor, sólo te pido que lo pienses.
El ojimiel realizó un movimiento con la cabeza mientras se mordía el labio. – ¿Qué más querías preguntarme?
- Amm… Es sobre la silla de ruedas eléctrica.
- ¿Qué tiene?
- Quise comprarte una, y sin importar lo mucho que estuve insistiendo, te negaste rotundamente. Te hablé de las ventajas y lo mucho que te ayudaría, pero me dijiste que estabas bien así, que no gastara en ella ya que no la ibas a usar porque no la necesitabas.
Luego los chicos te dieron una para tu cumpleaños, y aunque al comienzo te opusiste, terminaste accediendo. Les agradezco mucho que lo hicieran y estoy más que feliz con la forma en la que te ha sido de utilidad, pero yo debí dártela, no ellos.
¿Por qué no aceptaste la que te quería regalar?
- Porque tú ya has gastado demasiado en mí. Te haces cargo de tantas cosas incluyendo toda la parte económica. – Soltó el aire retenido y desvió la mirada. – Sé que tiempo atrás te dije que quería trabajar y me respondiste que sólo debía enfocarme en mí y en estar mejor, y es lo que he estado haciendo todo este tiempo. Cada día me esfuerzo mucho por ser más independiente en todas las formas posibles para pronto poder empezar a buscar un empleo… pero debo confesar que tengo miedo, miedo de que nadie quiera contratarme, y si lo hacen de no poder desenvolverme correctamente… Y mientras tanto tú sigues pagando por todo. Mantener ésta casa es mucho más costoso que hacerlo con el departamento que tenías, y me siento mal por no poder ayudarte. – Varias lágrimas rodaron por sus mejillas.
- Blaine, mi amor…
- Ya soy una carga, al menos en lo económico, porque de ahí trato de hacer tanto como me es posible aquí en la casa… No podía permitir bajo ninguna circunstancia que gastases en una silla automática.
El castaño se movió hasta quedar a su lado y le limpió el rostro suavemente, besando el sendero que había quedado dibujado por aquel líquido traslúcido que los ojos como la miel derramaron. – Te amo con toda mi vida, y jamás serás una carga para mí. Deja de pensar en el dinero, sabes que gano muy bien y tengo lo suficiente guardado en el banco para que estemos cómodos y sin tener que preocuparnos por nada.
Cuando te digo que lo único que deseo es que sigas mejorando, es por ti, porque me gusta verte sonreír con cada avance que realizas. Así como hoy en la tarde cuando llegaste con las copas de vino para todos. Esa alegría en tu rostro y el orgullo en tu mirada por haberlo logrado es todo lo que necesito para ser feliz.
Si vas a trabajar en algún momento tiene que ser porque así lo quieres, porque realmente lo anhelas, no porque te sientas obligado a cooperar. Y por supuesto que te van a contratar en lo que sea que te propongas. Estarían ciegos para no notar tus cualidades. Te he visto transformarte en alguien más seguro, y no quiero que retrocedas.
- No es igual estando con otros… Y en un trabajo las cosas pueden ser… diferentes.
- Realizarás una labor excepcional, sólo debes mostrar confianza en ti así como en tu talento y carisma.
- Kurt… No sé qué decir.
- Di que lo que hagas será por ti, cada intento, cada esfuerzo y cada mejora. Di que vas a permitirte disfrutar la vida y ser muy feliz. Di que dejarás de preocuparte por cosas sin importancia o trascendencia.
Sé que hay días malos, comprendo que a veces las cosas se complican y que una sonrisa en el rostro no siempre es la solución a los problemas, pero la forma en la que enfrentas la vida y la actitud que tomas ante lo que ocurre es lo que te va a ayudar a seguir adelante o lo que te puede hundir irremediablemente.
Blaine, eres un hombre lleno de cualidades, sólo debes dejar salir todo lo bueno que hay en ti y compartirlo con los demás. Deja tus temores de lado, porque los miedos únicamente atan a las personas, y no puedes ni debes permitir que te paralicen.
Y por supuesto, voy a estar junto a ti a cada lado del camino. Seré tu fuerza, tu apoyo y todo lo que necesites.
- ¡Te amo tanto! ¡Realmente tanto, tanto! Voy a seguir esforzándome, pero no sólo por mí, por los dos. Quiero que tengamos juntos vidas plenas y dichosas. Deseo ser todo aquello que mereces, y que estés orgulloso de mí.
- Eres más de lo que necesito y estoy inmensamente orgulloso de ti. Soy muy feliz a tu lado, Blaine.
- Y yo soy feliz contigo. – Le acunó el rostro y depositó pequeños besos en sus labios, volviéndolos más románticos y profundos con cada toque.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Después de desayunar Kurt le dio a Blaine la noticia que le emocionaba y al mismo tiempo le preocupaba. En la noche había resultado imposible porque habían tenido una larga sesión de besos y caricias hasta que envueltos en los brazos del otro cayeron dormidos, pero un nuevo día había empezado y no podía dejar pasar más tiempo.
El ojimiel no estaba muy bien con ello, llevaban cuatro meses viviendo en la casa y hasta ese momento su novio y él siempre habían estado juntos luego del trabajo y los fines de semana. En algunas ocasiones solos y en otras acompañados por sus amistades, pero éste siempre estaba ahí. Esa sería la primera vez que se separarían por un largo tiempo, y resultaba extraño pensar en ello.
Comprendía lo importante que era para su pareja asistir a aquel congreso y la gran oportunidad que representaba para su carrera. Se merecía eso, y él jamás se interpondría en su progreso. Sabía lo mucho que Kurt amaba su profesión, lo apasionado que era y cuanto había ayudado a tantas personas, no en vano el hospital lo había elegido junto a otro médico para enviarlos a Europa con todos los gastos pagados.
Se sentía tan orgulloso de él y le alegraba verlo feliz por ese viaje, lo cual lo tenía envuelto en emociones encontradas, pero no podía ser egoísta.
Definitivamente no pasaría solo ya que Rachel, Tamy y hasta Elliot con Alejandro iban a visitarlo frecuentemente, a más de Nancy que lo acompañaba y atendía a diario, aunque extrañaría demasiado a su novio.
Durante los días siguientes trató de mantenerse positivo y enfocarse en lo bueno y cada momento que compartían. Quería guardar en su memoria todo recuerdo posible de Kurt, a pesar de que ya lo llevaba grabado en el corazón y tatuado en la piel.
Muchos podrían considerarlo una exageración, pero para él saber que estaría lejos de su amado durante tres meses, se sentía como si fuese una eternidad.
Era jueves ya, y por alguna razón que desconocía había estado decaído desde la mañana. Si alguien le preguntase qué le ocurría, no tendría una respuesta lógica, simplemente se despertó sintiéndose así.
A Nancy se le había presentado un inconveniente en la mañana por lo que tuvo que irse temprano, prometiendo regresar en cuanto todo estuviese solucionado, a lo que Blaine refutó diciéndole que se tomase el tiempo que necesitase, él podía valerse por sí mismo.
Y sí, eso era cierto, se estaba volviendo cada vez más independiente, pero a más de eso, también estaba el hecho que prefería estar solo en ese momento, y su amiga tenía derecho a atender sus problemas sin estar angustiada por volver con él. De todas formas lo único que tenía ganas era de estar en la cama y no hacer nada, y fue exactamente lo que ocurrió, una vez que ella partió, se dirigió a la habitación y con algo de dificultad logró deslizarse hacia su suave y cómodo colchón, más no pudo dormir ni por un minuto porque no dejaba de pensar en diferentes cosas, como por ejemplo en la reunión que Kurt tendría con sus amigos el fin de semana. Sabía que para éste era importante que lo acompañase, pero seguía sin tomar una decisión.
El ojiazul le había asegurado que nadie lo juzgaría ni lo haría sentir incómodo de ninguna manera, pero seguía siendo incómodo porque sabía que al menos alguien haría algún comentario o le preguntaría por qué estaba en una silla de ruedas. Realizando varias respiraciones profundas empezó se repetirse a sí mismo las palabras que su novio le dijera días atrás: "Deja tus temores de lado, porque los miedos únicamente atan a las personas, y no puedes ni debes permitir que te paralicen".
¿Debería ir y arriesgarse? ¿O sería mejor quedarse en casa? ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Tenía que abandonar su zona de confort, eso era algo que había aprendido siendo adolescente de la mano de… Charles.
Charles más que su representante había sido como un segundo padre. Siempre estuvo a su lado alentándolo, creyendo en él, ayudándolo a sacar lo mejor de sí. Tantos consejos y enseñanzas él los estaba tirando a la basura al permanecer en su casa encerrado todo el tiempo. Salía al parque o a lugares pequeños con poca afluencia, pero la vida no es así. No podía estar en una burbuja aislado del mundo.
Cerró los ojos y se dejó llevar por todos aquellos recuerdos que alguna vez había bloqueado intencionalmente, como cuando preguntó por Charles y escuchó a los médicos decir que hicieron todo lo posible por salvarlo, pero que no lo había logrado. Ese instante había sido como si le hubiesen arrancado un pedazo de su alma. Y a pesar de los años transcurridos, todavía no podía creer que ya no estuviese ahí.
Si no hubiese fallecido en ese accidente, estaría en ese momento de pie frente a él con su cabello oscuro combinado con varias canas, su mirada firme y los brazos cruzados al nivel del pecho mientras le daba toda una cátedra sobre como no debía dejarse vencer por las adversidades ni desperdiciar su vida y sus talentos de esa manera. Y luego lo sacaría de esas cuatro paredes así tuviese que empujar la silla de ruedas él mismo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Kurt llegó temprano del hospital, como todos los jueves, y le pareció raro no ver a nadie. Por lo general a esa hora Nancy había terminado sus labores y Blaine conversaba amenamente con ella o estaban haciendo algo
Fue a la cocina a revisar y no encontró su comida en el microondas ni nada preparado. ¿Qué habían almorzado ellos? ¿Pidieron algo? ¿Y por qué no le guardaron su parte? Siguió buscando y notó que todo el lugar estaba en absoluto silencio, lo cual era extraño. Llamó a la chica sin obtener respuesta alguna, y su preocupación fue en aumento. ¿Acaso le había ocurrido algo a Blaine? No, eso no podía ser porque le habría avisado.
En medio del desconcierto caminó hacia la habitación, y una vez en ella se sorprendió al ver a su novio acostado. Éste jamás tomaba una siesta a esa hora, así que algo debía estar ocurriendo. Dejó el celular, la cartera y el reloj sobre la cómoda, y fue quitándose los zapatos en el trayecto. Aprovechando que el pelinegro estaba casi a la mitad de la cama, se acostó detrás de él y lo abrazó por la cintura.
Blaine saltó del susto ya que había estado tan perdido en sus pensamientos que jamás lo escuchó llegar ni sintió el movimiento del colchón.
- Kurt… ¿Qué haces aquí?
- Aquí vivo con mi hermoso novio, quien al parecer estaba muy distraído.
- ¿Ya son las tres?
- Así es.
- Lo siento, debes tener hambre. Nancy tuvo que irse y no he preparado nada.
- Primero salúdame, cariño. – Se inclinó y unió sus labios de forma suave, variando los movimientos y aumentando la profundidad paulatinamente. Al separarse le sonrió y le acarició el rostro, terminando en una delineación de los labios con su pulgar.
- Hola. – Suspiró.
- Hola. ¿Qué haces en cama a esta hora?
- No me sentía bien.
- ¿Te duele algo?
- No es nada físico… Sólo mi ánimo no ha sido el mejor hoy.
El castaño fue moviendo la mano hasta llegar a la cintura de su amado y lo atrajo hacia su cuerpo, envolviéndolo entre sus brazos. – ¿Quieres hablar de eso?
- No sé qué pasa en realidad, me desperté así… Luego me puse a pensar en diferentes cosas y paulatinamente muchos recuerdos aparecieron… Fue un día un poco triste y confuso, pero estoy mejor ahora.
- ¿Estás seguro?
- Sí. – Movió ligeramente la cabeza hacia atrás y contempló los orbes azules antes de trazarle todo el rostro con sus dedos. – Tomé una decisión.
- ¿Acerca de qué?
- El sábado es la reunión con tus amigos, ¿cierto?
- Es correcto.
- Iré contigo. Es importante para ti, y deseo estar a tu lado en ese momento.
- ¿Lo dices en serio?
- Por supuesto.
Una gran sonrisa se apoderó de su rostro. – ¿Estás seguro?
- Lo estoy. – Le devolvió la sonrisa.
- ¡Eso es fabuloso! – Lo besó. – Me encanta que vayas conmigo. – Le dio un beso más largo. – Quiero que todos conozcan a la persona más importante y valiosa de mi vida… Gracias.
- Gracias a ti por no presionarme ni volver a hablar del tema. Realmente aprecio cuando me das el espacio que te pido.
- Por qué no lo haría si te amo.
- También te amo. – Esta vez él busco los suaves labios de su pareja.
- Tengo al novio más hermoso y maravilloso del mundo.
- No, no es cierto. Porque ese es mi novio, y lo amo profundamente. – Suspiró. – Y ahora me gustaría que me hablases de tus amigos.
- Seguro, pero déjame pedir algo de comer primero.
- Siento que no haya nada.
- Tranquilo, está bien. ¿Por qué se fue Nancy? – Preguntó soltándolo para ir a buscar su teléfono.
- No te vayas, usa el mío. – Metió la mano debajo de la almohada, tomó el dispositivo y se lo entregó. – La llamaron por un problema en la escuela de su hija. Iba a regresar cuando estuviese todo en orden, pero no me pareció justo ponerle encima esa presión.
- Estoy de acuerdo. Pero eso quiere decir que tampoco has almorzado.
- Pensé levantarme a preparar algo, más el tiempo pasó tan rápido que ni lo sentí.
- Comprendo, esas cosas a veces ocurren. ¿Te apetece comida árabe?
- Eso es perfecto.
Marcó el número y en lo que esperaba hasta que lo atendiesen comenzó a acariciarle la mano a su novio, jugando con los dedos de éste. – ¿Kafta?
- Sí, con una porción de pan pita. Pide kibbe de entrada con sal…
- Salsa tahini… por supuesto. ¿Quieres postre?
- Baklava de frutos secos, con mucha canela.
- Me alegra que lo que sea que estuvo molestándote haya pasado y ya te sientas mejor anímicamente. – Ante el gesto de desconcierto de su pareja prosiguió a explicarle. – Cuando no estás bien por alguna razón, tengo que perseguirte para que comas prácticamente, y aun así apenas si pruebas bocado.
- ¡Oh! Como te dije antes, no sé qué me ocurría, pero de algún modo me ayudó estar solo y poder pensar en tantas cosas… No me hagas caso, ya sabes que a veces tengo esos momentos, pero me siento mejor, y ahora que estás aquí sólo tengo ganas de sonreír.
Kurt se acercó a besarlo, y a regañadientes tuvo que separarse dos segundos después porque finalmente atendieron del otro lado de la línea.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
El viernes transcurría a toda prisa y el sábado amenazaba con hacerse presente. Por lo general a Blaine le gustaban mucho los fines de semana porque era cuando pasaba con Kurt todo el tiempo, sin embargo en esta ocasión no deseaba que llegase ya que eso significaba que le quedaban sólo dos días antes de que su amado se fuese durante tres meses.
Más el tiempo fue implacable y eran ya las diez de la mañana. El ojiazul estaba buscando ropa mientras tenía una toalla amarrada a la cintura. – Alejandro dijo que Eli está como loco porque no encuentra el vino que compró para la comida.
- ¿Cómo pierdes las botellas? – Preguntó sentado en la cama, frotando su cabello con una toalla pequeña para secarlo.
- No tengo idea, pero quería saber si le podía recomendar un lugar cercano para ir a comprar otras, ya que donde adquirieron las que no encuentran fue del otro lado de la ciudad, y todos llegarán al medio día.
- ¿Te dijo de cuál era? Nosotros tenemos varios vinos.
- Le pregunté pero no ha leído el mensaje. ¿Te gusta ésta camisa? ¿O es mejor la de acá? – Le mostró ambas opciones.
- La azul petróleo mejor. Esa te queda perfecta y resalta tus ojos de una forma impresionante.
- ¡Oh! Sólo me la he puesto una vez, ¿cómo puedes recordar que…?
- Créeme, jamás voy a olvidar como lucías con ella.
- Bien, la azul petróleo será. – Guardó las que tenía en las manos. – ¿Y tú qué vas a usar? No he visto que hayas buscado nada.
- Cualquier cosa.
- Quieres que me ponga una de mis mejores camisas, ¿y tú vas a usar cualquier cosa? Eso no va a pasar.
- Ahh… Kurt es que…
- Ya no tienes ganas de ir, ¿cierto?
- Estoy nervioso, pero sí iré.
- Si no deseas…
- Lo hago. – Le sonrió.
- Bien. Entonces, ¿quieres que te ayude a elegir?
- No es necesario, sólo tomaré un pantalón y una camisa que combinen. Lo de la ropa es distinto para mí porque no importa mucho lo que me ponga si de todas formas…
- Sí importa. Tú importas. Así que vamos a buscar algo ideal, aunque en todo luces muy atractivo.
Luego de un trayecto lento, porque cuando Blaine está ansioso su miedo a movilizarse en auto aún se vuelve fuerte, finalmente llegaron. Trataba de regular su respiración y relajarse mientras Kurt sacaba la silla del maletero.
- No puedo hacer esto. – Fue lo primero que dijo cuando su puerta fue abierta.
- ¿Qué?
- Lo siento… Sí puedo… Puedo hacerlo.
- Blaine…
- Estoy bien, sólo dame un momento.
- Todo el tiempo que necesites, amor.
- ¿Crees que ya hayan llegado todos?
- Son las doce y media. Tina, Mike y Rachel son muy puntuales, así que ellos ya. Patrick, si no ha cambiado con el tiempo, aparecerá después de la una.
Varios minutos transcurrieron antes de que estuviesen frente a la puerta. El pelinegro no dejaba de repetirse que todo saldría bien y no había motivo para estar nervioso. El sonido del timbre retumbó en sus oídos, y segundos después un Elliot sonriente les daba la bienvenida.
