Nota de autora: Lo sé, soy cruel. Los he abandonado por casi cuatro meses. Culpen a la divina musa, trabajos universitarios y el hecho de no saber dividir mi tiempo. Es hora de empezar este nuevo semestre de clases escribiendo los capítulos ligeros que les prometí. Más vale tarde que nunca, ¿no? Además que los extrañaba tanto a ustedes como a los personajes… ¡ah! Le hice una masiva edición al Fic.
Cambié a los nombres a los japoneses aunque, para mantener la continuidad, Tk seguirá siendo TK ante todos, menos su novia de mentira.
1. Hikari es llamada Kari solo por TK.
2. Al fin la historia será narrada con la ortografía que merece.
Pd: El título del capítulo se lo robé a LeCielVAN de su One-Shot de Ao Haru Ride… y no soy buena escribiendo sobre el País de las Maravillas. (Solo cambié una palabra) Y robar en el buen sentido ya que fue un pedido de ella, espero no te moleste uvu~ (También robe otra cosa, te darás cuenta. ¡Es que adoré ese detalle en tu fic y bueno, es una forma de hacerle una linda mención¡
Pd 2: tuve que cortar el título porque no entraba el real, por eso son dos diferentes.
Capítulo 36: No Sueñes con Ratones, Liebres o Sombreros I
El calor que rodeaba mi cuerpo era reconfortante, a diferencia de otros días. El abrumador otoño del cual había logrado escapar por dos meses me recibía con sus brazos extendidos, abrazando con su calidez cada parte mía que se había visto congelada dada mi condición. Deseé moverme un poco, cubriendo mi atolondrada cabeza con las sábanas del hospital, solo para percatarme que aquello se me hacía imposible. Su aspereza no la sentía en mis dedos, reflejando su baja calidad por la poca cantidad de hilos, para hacer que me percate que andaba destapado. No deseaba abrir mis ojos al ser un holgazán, cosa algo curiosa tras haber permanecido en la misma oscuridad por más de sesenta días, flotando en un espacio en negro sin saber en dónde me encontraba. Mis sentidos se encuentran adormecidos, solo siendo capaz de saborear un asqueroso sabor en mi boca por tenerla cerrada mientras dormía. No debería culpar a la noche pero, sinceramente, si tuviera algo de líquido durante las altas horas de la madrugada esto no sucedería.
Concentrándome, logré escuchar el cantar de las aves, inclusive su rítmico aleteo, a la distancia. El aroma a césped recién cortado abundaba en mi nariz, también sintiendo el gras ingresar por ella al respirar. Aquello me indicaba que andaba echado en un jardín desconocido. Lo primero que cruzó por mi mente fue que había despertado y caminado como sonámbulo nuevamente, escapado por la ventana por segunda vez, salvo que ahora acabé en el sitio de recreaciones del hospital, desmayado. Aún así, sentir el calor por la luz del sol me indicaba que era de mañana, haciéndome pensar que dada la hora que era, alguna enfermera pudo haberme encontrado y llevado de regreso a mi habitación luego de zarandearme y reprenderme. Nunca puedo quedarme quieto; siempre rondo por los silenciosos pasillos cargando mi suero, practicando el volver a sentir mis piernas tras estar inmóvil tanto tiempo. Es por eso que, al mover mis dedos del pie y las manos, me sorprendí al saber que andaban ligeros.
Si bien ya era hora de abrir mis ojos, mi corazón no lo deseaba. Tan solo quería quedarme escuchando la naturaleza a mí alrededor, como una banda sonora relajante hecha especialmente para dormir. Por más irónico que suene, quería seguir durmiendo por más que eso haya hecho por un largo tiempo. No obstante, no creí que mi egoísta deseo se viera interrumpido por un fuerte golpe, o más bien pisotón, sobre mi cabeza. La tierra ingresó a mi boca, esfumando el mal sabor en instantes. Había sido fuerte, provocando a que me levantara de golpe. Mis ojos no podían creer lo que veían.
El escenario que me rodeaba parecía sacado de un cuento de hadas: árboles multicolores, pájaros tarareando distintas canciones aludiendo a una dulce fantasía, un sol que aparentaba sonreír sin rostro alguno, un césped infestado de flores miniatura que parecían formar parte de una orquesta sinfónica me miraban con ojos curiosos, deleitándose al verme a mí, alguien tan grande. Me sentía como Gulliver en uno de sus viajes, o quizás me golpeé muy fuerte luego de la fiesta de pre-promoción y ando soñando que ando en el mundo de Pulgarcito y Pulgarcita. Sacudí el rostro, incapaz de asimilar la anormal situación en la que me encontraba.
—¿En dónde…?—murmuré, mi voz sonando ajena a mi cuerpo.
—¡Tarde, tarde! ¡Estoy tarde!
Viré en dirección de donde provenían esas palabras que sonaban familiares debido al tono en el que eran pronunciadas, salvo que en cierto rincón andaban ajenas. La silueta que me recibió me dio a entender que:
Opción A: me había golpeado seriamente la cabeza una vez más.
Opción B: estaba en drogas (quién sabe qué me dan las enfermeras, solo abro la boca y estiro el brazo al ser tan hermosas).
Opción C: ambas.
Iori se encontraba a mis pies, más grande de lo que lo recordaba. Ciertamente, igual era algo pequeño pero, comparado a hace cuatro años atrás, se me hacía gigante. Claro, ese no era el único detalle desconcertante, dejando de lado que el simple hecho de "soñar" con él era extraño, aquellas orejas de conejo blanco eran fuera de este mundo. Contuve mis ganas de tocarlas, especialmente el monóculo que llevaba al parecerme hilarante. Andaba vestido como si fuese a asistir a un matrimonio, salvo que con un terno de colores escandalosos como rojo y negro. Una cola acolchonada se movía a su espalda, desesperado por mi presencia. Desfasado, me di un gran golpe en la mejilla, para ver si despertaba o algo por el estilo. Luego los abrí, para darme con una gran sorpresa.
No, Daisuke. Sigues soñando. Soñando en un extraño país de las maravillas.
—¡Tarde, tarde! —volvió a exclamar, mirando un reloj de bolsillo hecho de plata—¡Tengo que llegar rápido!
Con eso dicho, salió como si su vida dependiera de ello, dejándome en el olvido. Una voz en mi interior me decía que realmente su vida dependía de ello pero, al no interesarme en lo absoluto, la ignoré. Comencé a caminar, investigando mis alrededores. Andaba con la bata del hospital puesta, sin zapatos, al haber estado en cama, y lograba mover mi mano izquierda, en la cual andaban los sueros. Verla libre se me hizo hermoso, mucho más que el claro cielo que anda sobre mí. De vez en cuando tocaba unos troncos, gritaba para jugar con mi propia voz y el eco que provocaba para acabar, a veces siendo perseguido por colibríes furiosos que gritaban insultos a mis espaldas.
Aves temperamentales. Jamás volveré a confiar en un colibrí.
Respiré agitado, mi cuerpo acostumbrándose al simple hecho de volver a ejercitarse. Debía pensar en una manera de salir de aquí. Además, en primer lugar, debía averiguar cómo fue que llegué a ese campo despejado. Eché un suspiro de derrota, adentrándome a las profundidades del bosque. Las hojas de los árboles rugían con furia a diferencia de hace unos instantes, en donde reinaba el azúcar, las flores y muchos colores. Tan solo faltaban unicornios y hadas madrinas. Reparé en el detalle que nunca había leído el libro de Alicia, tan solo basándome en la versión comercial de Disney (más bien lo poco que recuerdo de ella) y la otra algo oscura hecha por Tim Burton. Ciertamente, ambas no iban a ser buenas referencias para este inusual predicamento. Si hubiera caído por el hueco de la madriguera habría tomado esas dos pociones pero, como no fue así, estoy completamente perdido de cuál es el siguiente paso que debería tomar.
Definitivamente debo averiguar qué me están dando en el hospital. Aunque puede ser el pastel que Jun trajo el otro día, cocina tan mal que quizás me dio algo raro. Pobre de su enamorado cuando consiga uno.
—La única pista que tengo es que Iori… no, el conejo blanco… no, tampoco—sostuve mi frente, pensando detenidamente—Iori Usagi dijo fue que estaba tarde. ¿Para qué? No tengo idea. Vi Alicia hace millares de años y jamás presté detenida atención salvo que tenía una Reina loca. Es la única pista que tengo hasta ahora, más me vale seguirla.
Decidido, seguí mi camino. No tenía nada que perder, a excepción de perderme de por sí. Cosa que estoy seguro que ya estaba. Mi sentido de orientación es nulo y, por mi terquedad innata es probable que anduviera contradiciéndome con cada paso que daba. Eso lo confirmé cuando un colibrí apareció para picotearme.
—¡Tonta ave!—dije mientras sobaba la herida—Solo quiero despertar de este lugar… si es que es un sueño. Fácil toda mi vida ha sido un sueño… no, Daisuke… tienes que regresar a los brazos de esas enfermeras y los de tu amada Hikari.
—¡Tarde, estoy tarde!—escuché decir a Iori.
—¡¿En dónde está?!—giré y giré mi rostro hacia todas las dirección, extendiendo mis manos sin motivo aparente.
Traté de concentrarme, cosa que nunca da resultado, entonces opté por empezar a correr hacia donde creía haberla escuchado. Las ramas causaban cicatrices en mis brazos, la oscuridad crecía a mis alrededores, ofuscando mi vista. La bata del hospital andaba desmoronada., sintiendo trozos de tela en mis descalzos pies. En ese instante tomé noción que mi cabello andaba crecido del cuello, recordándome el flujo inestable del tiempo. Lo primero que hago al despertar del coma es tener este ridículo sueño basado en el País de las Maravillas.
Y al parecer mis amigos aparecen como ciertos personajes.
Recuperando el aliento, me apoyé en un tronco cercano. Achiqué los ojos, dando lo mejor de mí para acostumbrarme a la oscuridad que, últimamente, apoderaba mi mente, el sentido que reaccionó no fue el que esperaba. Mis oídos recibieron una extraña melodía que provenía de las profundidades del bosque, al igual que un delicioso aroma. Empecé a salivar, recordando aquél desagradable sabor que abundaba en mi boca, además de la sed y la repentina hambre que empezó a apoderarse de mí. Por ese motivo, siguiendo mis instintos de supervivencia, la carrera inició. Sentir el viento dar contra mi rostro era refrescante, al igual que sentir el ejercicio de los músculos que habían permanecido en un estado vegetal por bastante tiempo. Agitado, no dejaba de correr, mi corazón latía a mil.
Recordándome que estaba vivo. Que no estaba muerto. Que había sobrevivido a la caída.
Frené en seco al arribar al lugar de donde provenía el rico olor a pastel y té. Parpadeé, incapaz de creer lo que veía aunque, asumiendo que realmente estoy en el País de las Maravillas, todos aquí son excéntricos. Por lo tanto, esta realidad no debería de sorprenderme. Aún así, el hecho de ver aquellos arboles vestidos como en tanabata, junto a lucecitas que colgaban de rama a rama. Una reja de madera color blanco decoraba la entrada hacia una casa lejana en un prado que seguía en las tinieblas al estar metido en lo más profundo del bosque pero, las luces iluminaban llenando el lugar de resplandor. Una mesa llena de bocadillos que en mi vida había visto, ni en sueños, yacían frente a mí exclamando que los coma.
Empecé a descender por la pequeña ladera, aproximándome con cautela. Era lo más astuto que podía hacer. Tirité un poco por la repentina ráfaga, recordándome que esta bata no servía de mucho. A lo pronto podría tocar la puerta de aquella sospechosa y colorida casa por una muda de ropa. Aunque pensándolo bien, en el País de las Maravillas todo suele ponerse de cabeza, lo mejor sería no hacerlo. Una vez cerca, abrí la pequeña reja al colocar mi mano tras el cerrojo. Fui de puntillas, la textura del césped entre mis dedos causándome comezón. Mi objetivo principal era alimentarme un poco al robar algo de comida de esta desolada fiesta, para así seguir mi búsqueda de Iori Usagi. La mesa era muy grande una vez que me aproximé lo suficiente, de lejos lucía grande pero no pensé que lo sería tanto.
—Bueno, como no hay nadie supongo que…—extendí mi mano hacia un dulce francés conocido como macarrón. Era color rosa, indicando que el sabor sería de frambuesa. Una fruta que jamás hubiera comido si no fuera por la chica que pone mi mundo de cabeza—… le daré un bocado a esto.
Tomé asiento mientras saboreaba el dulce, su suavidad apaciguando el mal sabor de mi boca. Sentir la ligera acidez de la frambuesa hizo que mi piel se erizara, cerrando mis ojos brevemente. El relleno era de vainilla, bajándole un poco el dulzor, mas no fue suficiente. Dirigí mi mano hacia la tetera más cercana, dispuesto a auto-invitarme algo de té. Sacudí el objeto al no sentir líquido, sino algo pesado dentro. Me quedé perplejo, más aún cuando no andaba del todo caliente. Pero recordando que es el País de las Maravillas (ahora que lo veo esa está siendo mi excusa para todo), alcé mis hombros rindiéndome. No importaba el sabor, después de todo, la dueña de mi corazón fue quien me enseñó a beber todo tipo de infusión.
Sin ella seguiría siendo un exquisito con la comida.
Fue por eso que, cuando ningún líquido cayó, opté por abrir la tapa de la tetera.
—Pero qué…—una vez fuera, mis ojos no podían creer lo que veían dentro.
Una chica pequeña, muy pequeñita, chiquitita, respiraba plácidamente acurrucada al fondo de la tetera. Sus delicadas y frágiles manos estaban entrelazadas bajo sus redondas mejillas, su respiración tibia al colocar mi dedo índice dentro. Mi corazón saltó a mil, un vacío formándose en él. Unos bigotes finos salían de su rostro, graciosas orejas de ratón se movían con cada respiro que daba. Un vestido rosa la complementaba al igual que ese cabello castaño claro que tanto amo. Su cola se enroscaba al mover sus pies, probablemente andaba en un sueño profundo. Por más que el shock me esté ganando, tuve la suficiente delicadeza de dejar con suavidad la tetera en la mesa. Aún así, mientras la observaba, no pude evitar murmurar su nombre mientras colocaba un macarrón más en mi boca, para ver si lograba mantenerla cerrada y pretender que esto, definitivamente era un loquísimo sueño.
—Hika…—pero me vi interrumpido por un fuerte estruendo que vino detrás de mí.
Rápidamente giré mi rostro, colocando mi brazo sobre el borde de la silla. Dos figuras estaban saliendo de la casa que decidí ignorar, andaban sonrientes, ajenos a sus alrededores, charlando amenamente. Aún así, la fuerza con la que abrió uno de ellos la puerta fue suficiente para asustarme. Las siluetas se iban acercando, todavía haciéndome difícil distinguirlas. Sin embargo, lo más escalofriante de todo, fue la voz de una de ellas.
Reveló que era una chica que conocía tan bien como a esta ratoncita dormilona. Aunque lo más desconcertante dentro de lo más escalofriante fue la música que sonó por arte de magia a sus alrededores mientras empezó a cantar. Pianos desafinados se apoderaron de mis tímpanos. Me parecía repugnante el hecho que cantara con una gran sonrisa en su rostro con un sonido tan oscuro y lúgubre. Además que el hombre que andaba a su lado aplaudiera era suficiente para regresar a mi excusa.
Este es el País de las Maravillas, nada debería sorprenderme.
—«Like a crunchy candy meringue pie I'm biting into frilling and so thrilling dresses. Dancing in my mind are roses, chocolate. Feel it smoothly falling down my fingers – melting angel.»
Como si el tiempo lo dictara, las rosas aparecieron a su alrededor flotando junto al chocolate, al igual que vestidos pomposos que danzaban al ritmo de aquella lúgubre tonada. Extendió sus dedos, sus ojos todavía cerrados, un cabello largo coloreado como la misma almendra bailando junto a ellos.
—«Spark inside them, ding dong. Marble march and fill these multicolored coffins are but forming into circle circling 'round. Feeling rising. Heartbeat, heaven is a perfect circle, take me in now.»
Ahora ataúdes florecieron desde la tierra, girando en forma de perfectos círculos mientras ella marchaba. Campanas resonaban como el ding dong de su canción. Sus dedos durazno tocaban con deseo sus labios, derritiéndose como chocolate en su cuello. Abrió sus ojos, dos diamantes pardos resplandeciendo causando escalofríos en mí. Todavía marchando, me percaté que saltaba mientras lo hacía. Andaba también vestida de gala, un terno rojo con negro. Lucía ser un conejo pero, aquellas orejas más largas que eran idénticas al color de su cabello me dieron a entender que era una liebre.
—«Diving in, I taste you all 'round.» —su lengua saboreó sus pálidos labios—«Moonlight fading, into laden egg I'm wading. Dealing with this beak point, come down. Shatter me with teeth, I'm letting all of them in. Resonate my mind down to zero. A thousand taste buds, feel them blooming slowly moving. Leading me away to that day now. Let's enjoy and eat again that oh so tasty.»
Ahora torció su cuello, sus ojos delirantes al igual que una luna llena.
Si esta chica ya me ponía los nervios de punta luego del incidente, ahora después de esto me va a costar verla a la cara.
Y aquello se cumpliría ya que, una vez más como por arte de magia (lo más probable es que haya saltado al ser una liebre en este sueño), se colocó a mi lado con una gran sonrisa, murmurando todavía su inusual y sombría canción en mi oreja.
—«M-A-C-A-R-O-N... LA.»—sentir su respiración cerca a mi lóbulo hizo que torciera el cuello—«M-A-C-A-R-O-N... LA.»
Solo tragué saliva, incapaz de reaccionar.
El silencio se apoderó, ahora siendo su divertida risa la que se apoderaba del ambiente. La música desapareció, al igual que los objetos que flotaban a su alrededor en una marcha. Viéndola mejor, aquellos bigotes de liebre tampoco le sentaban mal. Cargaba un sombrero también con un listón. Sonriéndome, sus curiosos ojos daban con la comida que me había servido sin permiso. Parpadeó tras veces con rapidez, lo cual interpreté como el típico conteo de: Si no me dices qué has hecho cuando termine de contar hasta tres, acabaré con tu vida.
Ya me tiró del techo una vez. O más bien, arrojó a Hikari del techo y yo me aventé. Sea como sea, ¿en este mundo está su parte racional o la parte… no tan racional de ella?
—Ehehe—río, sus ojos todavía brillando mientras cubría sus labios—¿Invitado?
—¿Invitado?—pregunté atontado por los repentinos eventos.
—¡No hay sitio!—gritó, señalándome. Su mano andaba cubierta con un guante de gala.
—¡Hay un montón de sitio!—protesté.
Indignado, miré a mis alrededores para ver que habían millares de sillas, indicando que muchísimas más personas podían ingresar. Suspiré para contestarle, solo que, cuando abrí los ojos, hubiera desaparecido.
—¿Pero qué…?—volteé el rostro hacia el otro lado. Ahí me esperaba ella de cabeza, sus piernas colgando de una rama. Andaba con los brazos cruzados, mirándome—¡AAAAAAAAAH!
No pude evitar gritar del susto. Ella alzó su dedo índice, esta vez sin reír ante mi patética apariencia.
—¿Sabes cómo se llama la canción?—inquirió ella.
Lo que quiero saber es cómo ese sombrero no se te cae al estar de cabeza. Oh, cierto. Es el País de las Maravillas. No existe la lógica.
Negué con el rostro. La chica mitad liebre movió sus orejas, señalando el dulce que andaba comiendo y que, actualmente, todavía tenía en mi boca.
—¿Macarrón?—respondí, alzando una ceja.
Ella asintió.
—¿Sabes de qué se trata?—volvió a decir.
—No—contesté malhumorado y de la manera más cortante posible. Si seguía con este juego iba a perder la razón como muchos de este lugar de fantasía.
—¡Canibalismo!—exclama en alegría, extendiendo sus brazos, para luego aparecer de pie sobre la mesa, riendo feliz de la vida.
Obviamente, lo primero que hice fue escupir lo que quedaba en mi boca con asco, temiendo a que esa frambuesa no haya sido realmente frambuesa. Retrocedí en mi silla, cayendo al suelo. Ella seguía riendo, para luego volver a aparecer sobre mi silla, sentada con las piernas cruzadas. Al parecer mi sufrimiento la deleitaba, o quizás sea la locura. Después de todo, aquella chica estaba ocupando el lugar de la Libre de Marzo, compañía de ese otro personaje también conocido por su locura. Sus risitas me erizaban la piel, dándome cuenta que esta loca liebre oscilaba entre su lado demente y su lado racional.
Ahora que lo pienso, esa otra persona que salió con ella no la he vuelto a ver.
—Toma un poco de vino—me animó la supuesta Liebre de Marzo.
—No veo ni rastro de vino—contesté tras haberlo confirmado, para luego limpiar mi ridícula bata de hospital tras haber caído al piso.
—Claro. No lo hay—dijo la Liebre, extendiendo sus dedos en gesto de sorpresa, sonriendo con sus dientes.
—En todo caso, no es lo correcto ofrecer algo que no hay—me atreví a clarificar por más que supiera que la conversación no llevaría a ninguna parte.
—En todo caso, tampoco es lo correcto sentarse en esta mesa y comer libremente e inclusive tratar de tomar té sin invitación alguna—responde alzando sus cejas, sus orejas moviéndose, para mirarme con superioridad tras haber ganado.
—No sabía que la mesa era tuya—le seguí el juego, incapaz de callarme sin saber el por qué—Tiene muchos sitios y solo te veo a ti.
—Necesitas un buen corte de pelo—mencionó acercándose, para tocar con curiosidad las hebras color caoba que caían tras mi cuello. Al estar más largas de lo normal, me daba la impresión que formaría una pequeña cola de caballo como la de Ichijouji. Luego, pasó a sobar mi cabeza, riendo de nuevo cuando las puntas daban con su mano—Pareces un puercoespín.
—Y tú… ¡y tú una liebre loca!—no supe con qué otro insulto contestar.
—Estoy orgullosa de ser una liebre loca—dijo animada, dándole unos golpecitos a su sombrero, para que luego saliera una flor con macarrones. Se sentó de nuevo, para empezar a comerlos. En eso, sus ojos se vuelven a abrir para observarme con curiosidad—¿Invitación?
Por el amor de… ¡está más loca que una cabra en este País de las Maravillas!
—Hinanousagi, esa no es forma de tratar a nuestro honorable invitado—una voz que reconocería en cualquier rincón del planeta me desfasó al tenerla repentinamente a mi lado. Tenerlo tan cerca me dejó perplejo, sin palabra alguna—Bienvenido, Alicesuke.
—¡AAAAAAAAAAAAAH!—volví a gritar, señalándolo mientras me alejaba—¡Tú! Debí habérmelo imaginado. Qué sorpresa, querido Sombrerero.
Claro que eso último fue sarcasmo puro.
¿Pero a quién más esperaba, a Taichi? ¿Yamato? ¿Jou? ¿Koushiro? ¿Ichijouji? Él es la única persona que podía cumplir este papel en este extraño País de las Maravillas.
Un cabello rubio que destellaba como el mismo sol gracias a las luces que colgaban de los árboles era vestido con un sombrero idéntico al de su acompañante, salvo que era color crema. Andaba vestido también con un terno, salvo que este era enteramente negro con varios listones verdes y amarillos, junto a un símbolo idéntico a su emblema de la Esperanza colgaba de su cuello. Sus guantes de gala fueron acomodados por él, para luego colocar sus manos en los bolsillos de su pantalón a rayas verticales. Comenzó a acercarse hacia mí, para luego observarme con esos ojos azules que cautivan a Hikari, hipnotizándome.
—Mi nombre es Daisuke—mascullé por lo bajo, tratando de mantener algo de sanidad.
—¿Entonces Daisukelicia?—parpadeó, para luego sacar una mano del bolsillo y recorrer su barbilla.
—¡Que mi nombre es Daisuke!
—Por eso, Daisukelicia. ¿O prefieres Alicesuke?—sigue preguntándome.
—Pensé que serías el único cuerdo en este mundo—dije por lo bajo.
—Oh, soy cuerdo. Más cuerdo que Hinanousagi,por lo menos—dice señalando a su enamorada en el mundo real—¿Uno o dos terrones?
—¿Qué?
—¿Uno o dos terrones?
—Oh—entendiendo la pregunta, agregué: —No tengo té.
—Oh, eso es una lástima—juntando sus brazos, suelta un suspiro.
No sé si está provocándome o es su locura de ser el Sombrerero pero, eso realmente me irritó.
Me detuve a pensar un momento, asimilando mi situación. Me encontraba en la famosa fiesta del té de la historia de Alicia. Aparentemente, yo estaba ocupando el papel de esa niña, sin saber la razón. Me encontré con Iori Usagi, diciéndole así al ser el conejo blanco, y lo perseguí hasta llegar al lugar más loco de la película. Me imagino que en el libro debe ser igual, no lo he leído pero bueno, que se le va a hacer, Daisuke. Acabo de ver a Hikari como el pequeño Lirón. Ahora me entero que Fūka Hinanawi, llamada Hinanawi por Tk en el mundo real, es Hinanousagi al ser la Liebre de Marzo. La pregunta es, ¿cómo se llamará Takaishi en este sitio? ¿Sombrerero como intuí?
Además, me pregunto si más personas aparecerán. ¡Quiero despertar!
—Ella necesita algo de té preparado por Yamane no Kari. Así volverá a sus sentidos—dijo sin rodeos, yendo hacia la tetera en donde se encontraba mi enamorada de mentira.
¿Yamane no Kari? O sea… ¿Kari de lirón? Eso sí no es nada original. Es tal y como un nombre y apellido.
Sin pensarlo, colocó la tetera de cabeza, dejándome congelado, ya que la pequeña Hikari cayó directo contra la palma de su mano cubierta por el guante de gala. Abrió sus delicados ojos canela, cautivando mi corazón inclusive en el sueño más bizarro. Moviendo sus bigotes, mueve sus manitos sobre su cabello, sobándoselo. Su cola la agitaba, para luego parpadear y dar con mi rostro, el cual no conocía. Soltó un gesto de asombro, abriendo su boca para revelar que sus dientes eran iguales a los de un ratoncito.
—¿Sombrerero?—su dulce voz derritió mi malhumor en un instante—¿Llegó el invitado?
—Llegó el invitado, Kari. Por eso hazle algo de té de no cumpleaños a Hinanousagi y así brindar por Daisukelicia barra* Alicesuke.
—¡Oye, Tk! Nada de poner una barra entre esos dos nombres horrorosos. Me llamo Daisuke, ¿entendido?—dije agitando el dedo en protesta.
—Toma asiento, invitado de honor—el rubio me señaló uno de los asientos vacíos. Sabiendo que estaba siendo ignorado, no tuve otra opción que seguir el juego. Observé cómo Hikari iba de un lado a otro en la mesa como una ratoncita trabajadora sacada de Cenicienta mientras hacía el té de no cumpleaños. Es muy probable que haya sacado eso de la película, al no saber si existe en el libro.—Daisukelicia barra Alicesuke, nos alegra tu llegada.
—¡Dailicia!—exclamó la Hinanawi mitad Liebre, para ganarse una mirada desaprobatoria de Tk—¿Sabes la historia de las Alicias?
—¿De las Alicias?—pregunté con, primera vez, genuina curiosidad.
—La primera Alicia tenía un espíritu fuerte. Con una espada en mano, llegó al País de las Maravillas—dice con calma, recordándome a la Fūka Hinanawi que veía todos los días en la escuela. Luego, prosigue: —Destrozando a todas las personas frente a sí, consiguió dejar un camino carmesí—aplastando un tomate, que ni idea de dónde lo sacó, los restos cayeron sobre el blanco mantel, una sonrisa alegre e inocente dibujándose en su rostro.
—Hinanousagi…—a diferencia mía, Tk el Sombrerero parecía estarle dando jaqueca al verla de ese modo, colocando una mano sobre su frente.
—Pero a esta Alicia, como a un criminal, fue encerrada en el profundo bosque. Los árboles cubrieron todas sus vías de escape. Ah, y nadie sabe si sobrevivió o murió, ehehe—olvidando que tenía su mano cubierta de un perecido tomate, la coloca en su mejilla para luego, suspirar—Oh, me ensucié.
—Ven para acá, Liebre de Marzo—jalándola, con delicadeza, le empieza a limpiar la zona, causándome algo de celos al tener a mi enamorada de mentira trabajando frente a mí como una ratoncita.
—Ahora, la segunda Alicia…—dice mientras la limpiaban, su voz viéndose interrumpida.
—Nada más de cuentos, Hinanousagi—dice el Sombrerero con firmeza, para mi sorpresa—Si quieres contar historias cuenta las tuyas propias y no las mías. Debo de recordar guardar mis historias bajo llave.
—¡Aguafiestas!—dicho eso, la loca liebre comienza a jugar con una cuchara de plata. Luego, al notar que Tk andaba distraído, me susurra por lo bajo—¿Sabías qué tienen en común todas esas Alicias?
¿Entonces hubo más de dos?
—¿Qué?—le seguí la corriente.
—Nunca despertaron—riendo como si hubiera dicho un chiste, se saca unas lágrimas de ambos ojos. Tk le propició un golpe en su sombrero negro, provocando a que se callara—Lo siento, Sombrerero.
¿Nunca… despertaron?
—Yamane no Kari, ¿ya está el té de no cumpleaños?—inquirió su mortal enemigo en la vida real.
—Listo, Sombrerero—ella apareció empujando una taza, agregándole cierta cantidad de azúcar. Se lo extendió hacia Fūka la Liebre de Marzo, quien lo recibió y empezó a tomar. Hikari sonrió dulcemente, para luego acercarse hacia mí—¿Eres nuestro invitado?
—Soy Daisu…
—Él es Daisukelicia barra Alicesuke—exclama Tk, interrumpiéndome una vez más, mientras me señalaba con emoción. Brillos aparecieron a mi alrededor, iluminándome como pequeños fuegos articifiales.
Así que recién sale su locura.
—Conque Daisukelicia barra Alicesuke, un placer—dice haciéndome una reverencia, provocando que mis mejillas se sonrosaran. A este punto me daba pena corregirla pero, igual lo hice.
—Es Daisuke. Es también un placer, Hikari—dije, ganándome una mirada llena de confusión por parte de ella—Digo, Yamane no Kari.
—¡De apodo Dailicia!—dijo Fūka Hinanousagi mientras bebía el té.
—Que mi nombre es Daisuke.
—Que su nombre es Daisukelicia barra Alicesuke.
Nuestras voces salieron al unísono, confundiendo mucho más a Hikari. Andaba con sus diminutas manos sobre la cabeza, sus orejas de ratón bajaron al estar experimentando una sensación de desagrado. Verla de ese modo e dolía el corazón, tanto que me di por vencido.
—Llámenme como quieran—dije mientras colocaba mi mantón en la mesa, ignorando la falta de etiqueta.
—Entonces, Daisuke. ¿El motivo de tu visita es…?—pregunta Tk, moviendo sus manos a la misma vez que la lanza.
—¡Dijiste bien mi nombre!—exclamé en alegría, solo para ser por, enésima vez, interrumpido.
—Oh disculpa. Daisukelicia barra Alicesuke. ¿El motivo de tu visita es…?
Definitivamente no soporto a este sujeto ni en este loco País de las Maravillas.
—Sombrerero, Dailicia parece estar enfadado—Fūka se encontraba jugando con su dedo, bordeando la taza de té proporcionada por Hikari. Su rostro andaba distinto, mucho más calmado que antes. Dicha apariencia me recordaba a la chica racional que conozco, tranquilizándome.
Las maravillas del té en el País de las Maravillas. Oh, la ironía.
—Este invitado no invitado no tiene derecho a enfadarse en una fiesta a la cual no ha sido invitado—contestó sin una pizca de duda.
—¡Un segundo!—dije levantándome—¿Acaso no soy el invitado de honor?
—Claro que eres el invitado de honor—Tk tenía su mentón apoyado en ambas manos cubiertas por los guantes de gala.
—¿Entonces?
—Pero no estás invitado.
—Estás loco de remate.
—Gracias, de eso vivo.
—Lo que el Sombrerero quiere decir es que eres invitado de honor, pero no has sido invitado a esta fiesta del té—se entromete Hikari, sentándose en el borde de la mesa a mi lado.
—Exacto, Daisukelicia barra Alicesuke—dice Tk, sacudiendo su flequillo—Eso quise decir.
—Disculpa, Yamane no Kari, ¿tienes más de ese té de no cumpleaños? Este sujeto lo necesita—le dije a la Hikari de bolsillo, señalándolo mientras achicaba los ojos en sospecha.
—Oh, el Sombrerero no lo necesita. Es así como es. Es más racional que la Liebre de Marzo durante su locura—me explica.
—¿Eso quiere decir que…?
—Si la Liebre de Marzo pierde la cordura por completo durante su locura, el Sombrerero, durante su propia locura, es más racional que la Liebre de Marzo en su locura.
—Eso suena a un trabalenguas.
—Déjame explicarlo, Dailicia—ahora fue el turno de la chica mitad liebre—Cuando me dejo invadir por la locura que nos caracteriza, me vuelvo menos racional que el Sombrerero. A diferencia mía que pierdo la razón, el Sombrerero es más cuerdo durante su locura que yo.
—Oh, creo que ya comprendí—dije haciendo un puño para luego chocarlo con la palma de mi mano—Por cierto, ¿por qué Dailicia?
—Bueno, Daisukelicia barra Alicesuke es muy largo, entonces lo corté a Dailicia—con una sonrisa angelical, Fūka junta sus manos para luego mirar al rubio y continuar:—Sombrerero, hay que tratar a nuestro invitado de honor.
—Cierto—regresando a su cordura, vuelve a mirarme—Fuiste invitado para que te salgas del País de las Maravillas.
—¿Perdón? Si para empezar yo ni quería venir—reproché—¿Quién me trajo aquí?
—Fuerzas superiores que leen todas tus acciones. Fuerzas superiores que escriben tus acciones. Se asemejarían a escritores y lectores que te trajeron a este mundo sin tu consentimiento. Por eso te invitamos a que salgas de aquí—responde como si fuese algo obvio—Nuestro primer objetivo es encontrar al Conejo Blanco que debes haber visto tras tu llegada.
Así que mi objetivo estaba bien después de todo.
—Lo que tú digas, rubio.
No tiene sentido hablar con estos dos. No sé si la parte no loca de Tk está hablando o su lado de Sombrerero. Su enamorada oscila entre esas dos personalidades. La única normal aquí es Hikari.
La ratoncita me observó, lanzándome una sonrisa tranquilizadora.
—Vamos a buscar al Conejo Blanco—dice ella, extendiéndome su pequeña mano.
—Vamos a buscarlo—le contesté, recordando aquellas caricias que creí haber dejado en el olvido.
Si ven algún error háganmelo saber para corregirlo ASAP. Re-leo muy rápido.
* Daisukelicia "barra" Alicesuke = Daisukelicia/Alicesuke (espero se vea la raya, slash, barra, como lo llamen)
Sé que me voy cuatro meses y regreso con algo corto. Realmente quería explotarlo más y hacer este capítulo extra como uno solo pero, al final, voy a tener que dividirlo en dos (sé cómo continuarlo, solo que no sé cómo iniciarlo? Dilemas, dilemas). Espero les haya sacado una sonrisa al ver a nuestros protagonistas en un cuento algo más alegre. Este fue un pedido de la linda Ciel, ¡ojalá te haya gustado esta primera parte! (no puedo esperar a que veas quienes son los demás).
Ahora.
La canción que canta Fūka en inglés se llama "Macaron". La letra la saqué del cover de la youtaite JubyPhonic (la adoro con rachie, mis divas), si deseen escúchenla para que sientan los escalofríos de Dai. Al escucharla me dio ese feel de Alicia, no sé por qué. Luego, Hinanousagi es un juego de palabras con "Nousagi" = liebre + Hinanawi. Yamane significa lirón. Usagi es conejo (Iori Conejo lol). La historia que cuenta Fūka sobre las Alicias es la trama de la canción vocaloid "Los Sacrificios Humanos de Alicia". En este caso es una historia que Takeru anda escribiendo y ella se la robó para solo asustar a Dai. Ah, una de las conversaciones entre Hina y Dai las saqué del libro de Alicia que encontré en internet (lol). Solo he visto las dos películas, soy una desgracia.
Y, por último pero no menos importante, mi onee-chan del alma, ForeverYoshi, GRACIAS (sí, mayúsculas) ya que sin ti esto no hubiera dado resultado. Ayudándome a asignar quién podría ser quién, algunos diálogos (en especial ya sabes el de quién que no aparece aún, ho ho). Te lo agradeceré hasta el infinito.
¡Nos leemos pronto (espero mantener esta promesa)!
