36. SENTENCIA

Al entrar en la taberna del Caldero Chorreante, se fijaron que estaba lleno de gente. En el fondo distinguieron unas cabelleras pelirrojas y dedujeron que allí estaban las personas que buscaban. Los Weasley y Harry Potter estaban en las mesas del fondo del local. Conversaban animadamente entre ellos y se reían de algo que había dicho Ron.

Hermione cogió de la mano a Draco y avanzó entre las mesas hacia donde estaban sus amigos, pero de pronto el rubio tiró de ella y detuvo su avance.

—Hermione, no creo que sea buena idea que me siente con vosotros— Draco miró hacia donde estaba Harry— Ya sabes que pasó la última vez que Potter y yo nos encontramos.

—Yo creo que sí que tendrías que sentarte con nosotros— dijo una voz alegre y soñadora a sus espaldas.

Draco se giró sobresaltado y Hermione vio una cabellera larga y rubia que enmarcaba una cara risueña, dominada por unos enormes ojos azules, pero la castaña se fijó que esos ojos no transmitían esa alegría.

—¡Hola, Luna!— saludó Hermione.

—A mí me gustaría que te sentases con nosotros— Luna miró al Slytherin y le cogió una de sus manos— Yo se que tu no querías hacerme daño, oí tus gritos y súplicas. No te guardo rencor por eso, Malfoy. Hay que pasar pagina, ¿no te parece?

Luna no esperó que ninguno de los dos respondiese, simplemente siguió su camino hacia la mesa de sus amigos. La pareja la siguió con la mirada sin saber que hacer. Luna Lovegood a veces era desconcertante. Su franqueza y sinceridad eran sobrecogedoras y si te cogía desprevenido, como en ese momento los había cogido a ellos, te podía costar reaccionar.

—Creo que Luna tiene razón, Draco. Hay que pasar pagina. Todos tenemos que pasar pagina.— la castaña volvió a cógerlo de la mano y se acercaron hasta la mesa de los Weasley.

—¡Hola chicos, hola señor Weasley!— saludó Hermione.

Vieron que había dos sitios vacíos al lado del padre de Ron y fueron a sentarse. El primero en hacerlo fue Draco, pero en ningún momento alzó la mirada hacia los demás, sentía que todos lo miraban, se sentía incómodo. En otra situación, los habría desafiado con una de sus miradas indiferentes, pero no se sentía con fuerzas de empezar una pelea, no cuando su libertad pendía de un hilo. De repente, sintió una mano en su hombro y se sobresaltó, al girarse, vio que era el señor Weasley.

—¿Te encuentras bien, Draco?— al ver que el joven no contestaba le dijo—: Vayamos a la barra, allí estarás más cómodo. Entiendo que no te agrade estar aquí, yo en tu lugar, me sentiría igual, debe de ser extraño tener que hablar con los que han sido siempre tus enemigos. Ya te acostumbrarás, ya lo verás.

Ninguno de los que estaban sentados en la mesa dijo nada, cuando los dos hombres se levantaron de la mesa y fueron hacia la barra, donde Tom secaba vasos, Harry miró a su mejor amiga y la vio preocupada.

—Hermione, ¿cómo crees que irá todo?

—No lo sé, Harry— dijo ella clavando sus ojos en las dos esmeraldas que la miraban intensamente— Sólo espero que el Wizengamot sea justo con ellos. Al final han reconocido sus errores y ellos han de tener en cuanta eso.

—Pero yo creo que ninguno de los dos se va a liberar de ir a Azkaban.— dijo Ron mirando temeroso a Hermione.

—Yo tampoco creo que los absuelvan, sobretodo a Lucius. Confío en que será una condena leve.

—Todo va a salir bien, Hermione— dijo Luna—Sé que todo saldrá bien.

—Gracias Luna. Me gustaría ser tan positiva como tú— le dijo la castaña forzando una sonrisa.

En ese momento, la puerta que daba al patio trasero y al Callejón Diagón, se abrió de pronto y entraron dos hombres altos y pelirrojos, acompañados de una chica rubia de pelo corto. Los tres reían de algo que uno de ellos había dicho. Ron se levantó de su asiento y agitó la mano en dirección de los recién llegados.

—¡Fred, George, venid aquí!— los tres se giraron y fueron hacia ellos sonriendo.

—¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí?— preguntó Fred.

—¿No se supone que estáis en el juicio de los Malfoy?— preguntó George.

—Tenemos una hora antes de que se dicte sentencia— explicó Ron.

—Espero que les den su merecido— dijo George.

—Ya va siendo hora de que sepan lo que es sufrir— terció Fred.

De pronto, Hermione se levantó de la silla y los fulminó a los dos con una mirada llena de rencor.

—Sólo espero que no tengáis que sufrir ni la mitad de lo que ellos han sufrido durante estos últimos meses.

—Hermione, tranquilízate.— le dijo Ron.

—¿Qué le pasa?— preguntó sorprendido Fred.

—¿Por qué los defiendes, Hermione?— quiso saber George.

—Si os sentáis y calláis un rato os lo vamos a explicar muy resumidamente— dijo Harry. En ese momento se escuchó una voz femenina que provenía de detrás de George.

—Creo que será mejor que me marche, George.

El pelirrojo se giró hacia la chica y la cogió de la mano diciendo:

—Puedes quedarte, Verity. Nos marcharemos enseguida.

—No sé, George. Creo que voy a sobrar. Es tu familia, yo…

—¡Tonterías!— exclamó, de pronto, Ginny— Siéntate aquí, junto a mí. Aquí nadie sobra.

La chica se ruborizó y se sentó en el sitio que había ocupado Draco, y George se sentó, junto a su hermano, al lado de Harry, acercando un par de sillas de una mesa cercana.

—Explicaos, chicos— dijeron los gemelos a la vez.

—Os lo voy a explicar de manera muy resumida, ¿entendido?— los dos asintieron — Bien. Sabéis que Kingsley nos explicó en la reunión, que había sido la ayudante del abogado de los Malfoy, la que había descubierto el chantaje del licántropo, ¿no?— Fred y George asintieron de nuevo— Pues la ayudante es Hermione.

—¿Qué?— exclamaron los gemelos al unísono.

—Hermione se ha pasado toda la semana preparando el juicio de los Malfoy, junto a Draco— continuó Harry— Pero lo que ninguno de nosotros sabía era que ella y Draco estaban saliendo, que son novios.

—Me estás diciendo que Hermione, nuestra Hermione, está saliendo con…— empezó Fred, pero en ese momento fue interrumpido.

—Está saliendo conmigo— dijo una glacial y arrastrada voz a sus espaldas. Fred se giró lentamente y se encaró con la fría mirada de Draco Malfoy.

—Chicos, será mejor que empecemos a partir hacia el Ministerio— intervino Arthur Weasley— Se está haciendo tarde, no podemos arriesgarnos a que arresten a Draco por intento de fuga.

—¡Hola papá!— saludaron los gemelos.

—¡Hola muchachos! Esta noche tenéis que venir a cenar a casa. Verity también puede venir si quiere, George.

El gemelo se ruborizó hasta que su cara hizo juego con su pelo y no supo que decir.

—Vamos, George, tarde o temprano la tienes que llevar a casa— le dijo Ron guiñándole un ojo.

—Eres odioso, hermanito— le dijo George intentando amedrentar a su hermanito pequeño.

—Lo he aprendido de ti, George— le replicó Ron.

—¡Ya esta bien!— intervino Fred— Vendremos a cenar, nos encontraremos en la Madriguera, yo… tengo algo que tenía que haber hecho hace tiempo.

Su padre lo miró con las cejas enarcadas, pero no hizo ningún comentario al respecto. Miró a su alrededor y vio que todos ya estaban listos para partir hacia el Ministerio. Juntos, caminaron hacia la salida al mundo muggle, fueron hacia el callejón lateral y cada uno se desapareció hacia la entrada de visitas del Ministerio. Draco y Hermione se quedaron solos en el oscuro callejón, fue entonces cuando por fin pudieron hablar.

—No hagas caso a los gemelos, ellos no sabían nada de lo ocurrido. Su reacción ha sido normal— le dijo Hermione.

El rubio no dijo nada, solo la cogió entre sus brazos y la abrazó fuertemente para desaparecerse hacia el siguiente callejón que estaba más iluminado y más limpio. Al aparecer en el callejón de delante de la cabina, la miró a los ojos y le dijo:

—Hermione, quiero preguntarte algo, pero no tienes que responderme enseguida si no estás segura.

—Draco, me estás asustando.

El rubio sonrió de lado, a Hermione se le cortó la respiración, le encantaba cuando sonreía de esa manera. Vio que él metía una de sus manos en el interior de la americana y sacaba una pequeña caja negra y se la entregaba. Con manos temblorosas, Hermione la abrió lentamente y su corazón empezó a bombear a gran velocidad. En el interior de la caja, descansaba un anillo increíble, sobre terciopelo blanco. En él destacaba una piedra tallada en forma de óvalo negra como la obsidiana, pero tenía un brillo y una luz poco usual en ese mineral. Era del tamaño de una almendra sin cascar y estaba rodeada de pequeños diamantes blancos circulares.

Draco rodeó las temblorosas manos de la castaña con las suyas y le preguntó, en apenas un susurro:

—¿Quieres casarte conmigo, Hermione Granger?—Ella lo miró a los ojos y el Slytherin vio como una pequeña lagrima le recorría una de las mejillas— Tenía que preguntártelo antes de entrar, quiero tener algo a lo que aferrarme allí adentro, algo por lo que luchar y no volverme loco en Azkaban y…

—Sí.

—¿Qué?— preguntó él emocionado.

—Sí, quiero ser tu esposa. Recuerda lo que te dije: Contigo siempre. Siempre estaremos juntos, Draco. Para siempre, pase lo que pase.

Draco cogió la caja y sacó el maravilloso anillo. Lentamente le cogió la mano izquierda y le colocó el anillo en el dedo corazón. Parecía que el anillo le iba grande, pero sorprendentemente, cuando el metal precioso tocó la piel suave de Hermione, se adaptó al dedo de su portadora.

En el otro extremo de la calle se escuchó un chasquido metálico y se giraron sobresaltados. Vieron como la cabina volvía a su lugar y eso les recordó que tenían que entrar enseguida.

—Será mejor que nos demos prisa— dijo Hermione girándose para encaminarse hacia la salida del callejón.

—¡Espera!— exclamó Draco mientras la cogía por la cintura y la atraía hacia él. Sin darle tiempo a protestar, la besó con vehemencia, enseguida ella correspondió a su beso y le pasó los brazos por el cuello. Ése, tal vez, sería el último beso en mucho tiempo. Cuando el aire les faltó se separaron para poder recuperar el aliento, pero se quedaron abrazados, respirando entrecortadamente, como si el tiempo se hubiese congelado a su alrededor, mirándose a los ojos.

—Vayámonos— dijo por fin el rubio, cogiendo de la mano a la castaña y arrastrándola hacia la cabina.

Cuando llegaron al Atrio, tuvieron que darse prisa para bajar a la Sala del Tribunal. Al llegar a la esquina que daba al lúgubre pasadizo donde estaban las salas de juicios, vieron como la gente se apresuraba para entrar en la sala donde se celebraba su juicio y los dos echaron a correr antes que cerrasen la puerta.

Harry los miró con cara de preocupación, al igual que el señor Weasley y los demás. La castaña les sonrió y se encogió de hombros. Se sentaron al lado de los padres de Draco y él le cogió la mano para intentar controlar sus nervios. Desde la puerta del fondo, salió Percy Weasley, que anunció:

—¡Pónganse en pie, el Tribunal del Wizengamot va a hacer acto de presencia en la Sala!

El Wizengamot, encabezados por el Ministro de Magia, empezaron a desfilar hacia la tribuna principal. Cuando hubieron ocupado sus asientos, Kingsley se levantó de su asiento y miró a todos los presentes.

—Que los acusados se pongan en pie.— lentamente padre e hijo se levantaron de sus asientos mirando al frente. Narcisa tembló levemente, mientras que Hermione no soltó la mano de Draco.— Este Tribunal ha estado deliberando muy seriamente sobre la sentencia a imponer. No ha sido nada fácil. Hemos hablado y hasta hemos discutido acaloradamente sobre algunos puntos, pero hemos llegado a una decisión unánime. Creo, personalmente, que es una decisión justa a las circunstancias y hemos tenido en cuenta su arrepentimiento y sus deseos— prosiguió Kingsley mirando a os Malfoy y a Hermione— Por lo tanto, voy a proceder a leer la sentencia.— Percy le entregó un pergamino lacrado. El señor Ministro rompió el sello y desplegó el rollo— Señor Lucius Abraxas Malfoy, este Tribunal le condena a dos meses y dos semanas en la Prisión de Magos y Brujas de Inglaterra, Azkaban. —Lucius alzó la vista de pronto, sin poderse creer que su condena fuese tan leve. Miró a su abogado que se encogió de hombros y luego a Hermione, que le sonrió tímidamente, mientras su esposa le cogía la mano— Señor Draco Lucius Malfoy, este Tribunal le condena a dos meses y dos semanas en la Prisión para Magos y Brujas de Inglaterra, Azkaban.

La sentencia fue un mazazo para Hermione, que se pensaba que lo absolverían. Miró incrédula a Kingsley sin poder dar crédito a lo que acababa de pasar. Draco vio la expresión de la castaña y le estrechó con fuerza su mano para reconfortarla, pero ella no reaccionaba, se había quedado paralizada asimilando la noticia.

—Procedan— concluyó el Ministro de Magia.

Del fondo de la sala, por la puerta por la que había entrado el Wizengamot, entraron cuatro Aurores para llevarse a los dos presos. Se acercaron hasta las tribunas donde ellos estaban y esperaron a que bajasen. Lucius fue el primero en bajar de las gradas, al llegar ante los magos, juntó las muñecas ante ellos y uno de los Aurores hizo salir una cuerda de la punta de su varita y esta se enrolló alrededor de las manos del hombre. A continuación, Draco hizo lo mismo que su padre y en pocos minutos los dos habían desaparecido por la puerta del fondo.

Los juicios ya habían terminado y el Wizengamot se disolvió entre murmullos de los presentes. Kingsley se acercó hasta donde estaba la señora Malfoy que se había acercado a Hermione, bastante preocupada. Le tenía una mano cogida y le estaba murmurando algo en voz baja.

—Señora Malfoy, ¿va todo bien?— preguntó el hombre.

—No lo sé. No reacciona, es como si la hubiesen petrificado. Creo que ella no se esperaba que condenasen a mi hijo.

—He hecho que llevasen a su esposo y a su hijo a una de las salas adyacentes, por si querían despedirse de ellos en la intimidad— Kingsley se dirigió a la castaña— Hermione, ven conmigo, vamos a ver a Draco. Después podremos hablar.

—Creo que fui lo bastante convincente, Kingsley. No entiendo por que lo has condenado por algo que no ha hecho.

—Ahora no es el momento de hablar de ello, Hermione.

Kingsley las acompañó hasta la puerta del fondo de la sala y las hizo pasar a su interior. Allí se encontraron con que habían quitado las cuerdas mágicas a los dos hombres y que los Aurores se habían ido.

—Tienen unos quince minutos— anunció Kingsley cerrando la puerta.

En cuanto la puerta estuvo cerrada, Narcisa corrió a abrazar a su esposo que la besó sin ningún tipo de reparo, sin importarle que su hijo los estuviese observando. Draco se acercó a la castaña y también la abrazó, pero se quedó observándola un momento, algo no andaba bien.

—Hermione, tienes que alegrarte, no nos han condenado a cadena perpetua, en poco más de dos meses volveremos a estar juntos.

—Esto no tendría que haber pasado, te tenían que haber absuelto. ¡No es justo!

—Escúchame bien, Hermione. Sabes que no podían absolverme después de todo lo que me he visto obligado a hacer, la condena es más que justa.

—¡No lo entiendes! Yo había trabajado para que esto no pasara…

—¡Ya basta!— intervino Lucius— Hay que estar agradecido al señor Ministro con el terrible esfuerzo que ha hecho para que esto llegase a buen puerto. Solo piensa en lo que habría pasado si tu no hubieses escuchado lo que Greyback tenía planeado. Ahora mismo, los dos estaríamos de camino a Azkaban para morir allí. Tienes que ser fuerte Granger, porque tu trabajo aun no ha terminado, ahora queda hacer que ese loco suelte a la hermana de Charles. Hay que hacerlo bien y pensar en cada paso que vas a dar para conseguirlo.

—tienes que ser valiente. Hermione— le dijo Narcisa, cogiéndole la mano en la que tenía puesto el anillo. La madre de Draco lo vio y una sonrisa iluminó su rostro— Hazlo por Draco y por vuestro futuro. — Narcisa miró a su hijo— Veo que ya te has decidido, hijo. Te ha costado.

—Es que no encontraba el momento adecuado, madre.— le explicó su hijo algo abochornado.

—Lucius, creo que la familia va a tener un nuevo miembro.

El señor Malfoy miró en la misma dirección que su esposa, que miraba el anillo de compromiso.

—Estoy orgulloso de ti, hijo. Pero habrá que esperar a anunciarlo. No podemos arriesgarnos a que esto llegue a oídos de Greyback. Ya habrá tiempo de celebraciones cuando ese licántropo esté muerto.

En ese momento los Aurores entraron en la sala, acompañados de Kingsley. Draco besó a Hermione apasionadamente y le dijo;

—Has de ser fuerte. Ya verás como el tiempo pasa rápidamente, no te darás cuenta y estaremos de nuevo juntos.

Los dos Malfoy dejaron a las dos mujeres y salieron escoltados por los Aurores, dejando el Ministerio de Magia y en pocos minutos para aparecerse en la prisión de Azkaban.