Shouyou hizo una mueca de confusión y se quedó callado por un momento antes de comenzar a reír.
—¡¿Qué?!—exclamó, sonriendo ampliamente—No tengo ningún problema, Noya-senpai, Tanaka-senpai, sólo estoy un poco cansado últimamente con...uh...los exámenes.
Tanaka suspiró y se rascó la nuca.
—Sabemos que te pasa algo, y hablar de eso con tus queridos senpais quizás te ayude en algo.
—Vamos, Shouyou, algo pasó con Kageyama, ¿no?—preguntó Noya, acomodándose más. El pasto estaba seco y muy cómodo, y el sol prácticamente los quemaba, pero estaba bien así—Puedes decirnos.
El menor apretó los labios, mirando hacia un lado, pensando. Podría decirles a Tanaka y a Noya, realmente tenía muchísimas ganas de hablar del tema, pero sentía un nudo en la garganta y sabía que si comenzaba a hablar probablemente terminaría llorando, y sería incómodo para todos. No le gustaba llorar, pero...
—Bueno...nosotros, uh, peleamos—dijo, casi murmurando. Tenía que elegir bien sus palabras, recordando que ninguno de los dos sabía de su relación con Tobio, y quizás éste no quisiera que sea público, aunque no siguieran juntos—peleamos, pero no sé por qué. Él sólo me dijo que no quería que le hable nunca más y yo...uh...eso.
No podía llorar.
No quería llorar.
Definitivamente no tenía que llorar.
—¿Huh?—contestó Tanaka, ladeando levemente la cabeza—¿Y por qué no le preguntas?
Shouyou lo miró, callado por un segundo antes de responder.
—Él...dijo que no quería que le hable.
Nishinoya se acercó un poco más al pelirrojo, sonriéndo levemente.
—Sí, bueno, pero tiene que haber alguna razón por la que esté tan enojado. Además, quizás puedan arreglar las cosas. Estar peleados no es bueno para ninguno de los dos, y menos para el equipo. Así que sólo pregúntale.
Tanaka asintió. Ésto estaba yendo bien. Era un sabio, respetable Senpai, aconsejando a su queridísimo Kouhai.
—¿Por qué no vas ahora?—propuso, mirando a Noya para esperar una aprovación a su maravillosa idea—es decir, es un buen día, hay sol, puedes ir a su casa y preguntarle, no vive tan lejos.
—¡¿Huh?! ¡¿Qué?! ¡¿Ahora?!, no, definitiva y absolutamente no.
Había dicho que no.
Había dicho que definitiva y absolutamente no.
Así que...¿por qué razón estaba en la puerta de la casa de Tobio?
Shouyou sintió que su corazón iba a explotar.
Tanaka y Noya lo habían dejado justo en la puerta de Kageyama, y le habían dicho que lo tomara o lo dejara. Técnicamente podría irse a su casa y pretender que nada de eso había sucedido, pero quería verlo.
Quería al menos saber por qué.
Tranquilamente podría pasarse todo el día esperando a tener valor para tocar el timbre, pero eso tardaría demasiado, y necesitaba hacerlo antes de arrepentirse.
Así que respiró hondo.
Muy hondo.
Y tocó el timbre de la casa. Fuerte.
Los siguientes segundos fueron casi dolorosos. Por un momento Hinata deseó que nadie contestara y que pudiera irse a su casa, pero la puerta se abrió antes de que pudiese dar un paso.
Y oh, Dios.
Lo extrañaba tanto, tanto.
El nudo en su garganta volvió, y sus rodillas se volvieron de gelatina.
—Uh...hey—murmuró, sin saber bien qué decir.
Tobio tenía los ojos bien abiertos. Definitivamente lo que menos esperaba era ésto.
No podía con ésto.
Lo extrañaba tanto, tanto.
—Shouyou—respondió el otro. Ambos se estaban mirando a los ojos, en un silencio casi sepulcral, hasta que el más alto notó cómo los ojos del otro comenzaban a brillar, llenándose de lágrimas, mientras su labio inferior temblaba y hacía un intento inútil de detenerlo.
—¿Por qué?—dijo el pelirrojo, frunciendo el ceño, sólo dejando caer las lágrimas, sabiendo que no habría forma posible de detenerlas—¡¿Por qué ya no me quieres más?! ¡¿Por qué por mensaje de texto?! ¡¿Por qué ya no quieres que hablemos nunca más?!
Kageyama se quedó estático por un momento, mirando a Shouyou, llorando y temblando por una explicación.
Claramente él nunca había deseado hacerlo llorar.
Antes de que pudiera pensar las cosas, dio cuatro pasos y abrazó al más bajito, apretándolo con fuerza.
—Perdón, perdón Shouyou, te quiero. Perdón—murmuró, mientras el otro lloraba ahogadamente en su hombro, rodeándole el cuello con los brazos—No es...no era yo. Lo lamento muchísimo Shou, no llores. Nunca quise que terminemos, ni hacerte sentir mal. Te extraño demasiado. Estas semanas fueron horribles.
El pelirrojo hipeaba del llanto, asintiendo con la cabeza sin poder pronunciar una palabra. No entendía demasiado, pero cada vez se apegaba más a Kageyama, apretando con más y más fuerza.
Luego de unos minutos, se calmó lo suficiente como para preguntar qué había pasado, aún sin soltarse del abrazo.
Tobio tenía la voz temblorosa y lo abrazaba con mucha fuerza, temiendo que se fuera.
—Mi mamá dijo que me sacaría de la escuela si me veía contigo, me quitó el celular y te borró de mis contactos...así que el mensaje es suyo. No te hablé porque supe que habías llorado...y, no supe que hacer.
La respiración de Shouyou se calmó bastante, procesando todo lo que el otro había dicho.
—¿Qué vamos a hacer, Tobio?—susurró, aún con la cabeza escondida entre el hombro y cuello de Kageyama.
—No lo sé, Shouyou...pero, estaremos juntos.
El más bajito se separó un poco y lo miró a los ojos.
—¿Lo estaremos?
Tobio sólo asintió, respiró hondo, alzó a Hinata, y lo besó.
¡Hola! ¿Cómo están?
ESPERO QUE EMOCIONADOS COMO YO POR LA NUEVA TEMPORADA DE HAIKYUU PORQUE DIOS SANTO Y LA VIRGEN.
En fin. Espero que les haya gustado ésto. Tienen mucho aún de lo que hablar, y muchos problemas a los que enfrentarse, pero ya saben...si están juntos, todo se puede.
Espero que tengan una linda semana.
