Mi fantasía, Mi realidad

Declaimer: El Señor de los anillos no es mío, es de JRR TOLKIEN, quien nos revivió a la fantasía y a los sueños por siempre.

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Capitulo 36

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De ese día, habían pasado aproximadamente tres más donde Elrond mandó a llamar a todos lo que sabían sobre los escritos, menos a los del reino del Norte ya que aún no estaban seguros de le hechos, más bien, no querían que los niños fueran la atracción principal y los vieran como bichos raros. No hay más que decir que estas pequeñas sesiones eran ocultas, generalmente dos horas después de la cena para no levantar sospecha y que todos estaban descansando. Ariel fue llamada a una de esas reuniones para que pudiera hablar sobre como fue lo que vivieron en esos momentos y que experimentó al momentos de encontrarse delante de semejantes imágenes. Lord Elrond ya había puesto al tanto a los demás, pero no era lo mismo si la niña lo contaba.

En ese momento supieron como se debía de sentir Aarón, especialmente por ser el medio de conexión entre esta visión y las niñas. El rencor contra los Haradrim creció de una manera desbordante, pero no se podía hacer nada…aún. Así decidieron dejar pasar tiempo, aunque para las defensas y las investigaciones ya todo se estaba dando y "caminando sobre ruedas", pues los mensajes de invasiones seguían llegando, además de las masacres y captura de los niños y jóvenes de cada poblado u aldea.

Todo esto hizo dar alarma a gran escala, algunos guerreros debieron partir para ayudar a la gente y los reinos más desprotegidos, aunque se podría decir que ninguno de nuestros personajes principales abandonó Rivendell, esto de igual manera estaban pendientes de todo atentado, además que Gandalf no los dejó salir del hermoso refugio, no antes de aclarar la situación con los niños y para eso dieron una semana más para que los líderes de cada reino o refugió mandara las respectivas cartas a sus hombres a cargo con explicitas instrucciones ante los ataques.

Después de esa semana, algo ajetreada, en donde los niños veían ir y venir entre las clases a los elfos que no paraban de correr de un lugar a otro haciendo millones de actividades a la vez, los pequeños ya empezaron a sospechar que no todo estaba bien a las afueras de Rivendell. Además no ayudaban mucho el esconder la preocupación, ya que habían bastantes murmullos sobre, ataques, masacres, orcos, dragones, lo cual emocionó mucho a Aarón, le encantaba los dragones. Pero algo en especial llamó la atención de las dos niñas. El que estuvieran secuestrando a niños y no cualquier niño, si no que específicamente de una edad donde ellos encajaban perfectamente.

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-Bueno Ariel- dijo el mago al escuchar la parte final del relato- a ti no podemos ocultarte mucho ya que tu lógica es bastante acertada, atas muy bien las ideas y muy rápido- inquirió el mago paseándose por la habitación- pero quisiera saber ¿qué opinas sobre esto? Yo se que ha sido muy repentino he inesperado, especialmente por las condiciones en que ustedes llegaron a nosotros, esencialmente por lo que venían escapando y que ahora de repente les digan que su alma es de una vida del pasado de Arda que no nació, pero que es el resultado de un sentimiento entre dos seres muy diferentes, poderosos Maias y en cierta manera "enemigos".- Inquirió el mago, pero no dijo nada más. Lord Elrond le había comunicado al Istar que la pequeña no sabía nada sobre la relación que había entre esa alma, supuestamente reencarnada en ella, sus primos y los Silmarils, pero en cierta manera, era mejor que no lo supiera.

- En primer lugar Señor Gandalf ¿está seguro que el alma de esa criatura está en nosotros? Por que a pesar de todo y de los pocos poderes que hemos manifestado, no me he sentido como otra persona o fuera de lugar, siempre he sido yo, al igual que mis primos, por lo menos me han dicho eso. La única diferencia, la cual usted sabe bastante bien por que hemos estado practicando insistentemente, la cual no ha salido muy bien, aún, es el que debamos controlar más nuestras emociones o si no todo explota- a esto el mago sonrió al recordar como había quedado toda la sala principal, al momento en que los hobbits habían llegado disfrazados de orcos a una de las clases en la biblioteca, en que se aparecieron de improvisto con los trajes que Sam y Frodo habían utilizado para camuflarse entre el ejercito que partía a la guerra de las Tierras oscuras y que al momento de dar el susto, los niños estaban tan concentrados en mantener a flote con la mente unos libros… que cuando dieron la impresión y el susto, todos los dulces que había traído la Señora Nywë para que los niños comieran mientras estudiaban, más los pesados volúmenes con los que estaban practicando, salieron todos disparados a distintas partes del cuarto y fuera de este. Dejando todo, absolutamente todo. Las paredes, los libros, los escritorios, incluso al bibliotecario cubierto con pastel de limón, fresa e higo. Incluido a los gemelos que llegaban para un comunicado que le había mandado Lord Elrond a Gandalf.

Pero este se había quedado en estado shock al no entender al principio lo que había pasado, para luego ver a su alrededor y plantar de lleno la mirada en los hobbits. Al principio se enojó como un volcán con los medianos, pero después de un tenso silencio soltó la carcajada más grande que había expresado en su vida, al igual que todos los presentes.

Aunque la clase terminó ahí, ya que todo estaba cubierto de dulce. A la hora hicieron limpiar todo a Merry y a Pippin, donde los niños también se unieron, para la molestia de la Señora Nywë, por que según ella, lo pequeños se habían llevado el susto, no tenían por que ayudar, pero los niños insistieron, por que en cierta forma también ellos fueron los causante de hacer tremendo desastre al no controlar sus sentimientos y emociones. El mago miró divertido a la niña.

-Eso, lo controlaremos de a poco mi niña, aunque tendremos que comer después de las clases- a esto la pequeña soltó una pequeña risa- pero ante todo, el hecho que no sientas nada o algo fuera de lo normal, a parte de tus poderes, no significa que esté la posibilidad de tener esa alma o ¿Cómo sabré yo si no estoy hablando con ella en este momento? -Inquirió el mago con una ceja levantada. A esto Ariel tragó pesadamente saliva -¿quieres saber si está ahí?- Inquirió el mago con curiosidad. Ariel quedó algo descolocada.

-¿Se puede saber eso? -Indagó algo renuente y asombrada, el mago asintió con una sonrisa.

-¿Y bien? -Insistió Gandalf.

-¿Pero…no deberían estar mis primos aquí también?- Dijo la niña algo incomoda.

-No necesariamente, pero te pediré algo un poco difícil para que ellos no se sientan incómodos con la sensación- dijo el mago yendo hacia uno de los estantes de la biblioteca.

-Gandalf- lo llamó Imrahil desde unos de los sitiales de la habitación- ¿esto no le dolerá, cierto? Digo ¿no le causará daño?

-No, no le hará daño, a lo mejor un poco de molestia, pero no daño- inquirió el mago a la vista de todos- pero debo pedirles que no interfieran. Lord Elrond por favor- dijo el mago, a lo que el medio-elfo se levantó acercándose y colocándose en frente de Ariel, la cual lo miró algo dudosa cuando el pelinegro le extendió la mano haciendo que esta se levantara de la silla y así, los dos quedasen en el centro rodeados por los demás que se habían levantado para ver mejor.- Aragorn, te voy a pedir que por ningún motivo sueltes la mano de Ariel- habló el mago colocando una mano en el hombro del guerrero, a lo que este asintió acercándose a las dos figuras que yacían en el centro de la habitación. El guerrero se hincó al frente de la pequeña con decisión pero con una mirada de dulzura a la vez, Ariel estaba algo dudosa.

- ¿Está seguro Señor Gandalf que esto funcionará? -Alzó la vista algo insegura, mientras miraba al mago pasar por su lado.

-Claro que sí, solo necesitaba esta pequeña "señal" para comprobar "la verdad".

-¿Verdad?- Preguntó Ariel mientras veía que el mago colocaba unas piedras alrededor suyo y de Aragorn.

-Sí, pues no he dudado nunca de las visiones de la Dama Blanca, menos de las mías,… hasta ahora- expresó el Istar terminando de colocar las extrañas piedras.

-¿Por qué hasta ahora? -Preguntó la chica mientras Elrond le pasaba una botella con una líquido transparente para que se lo tomara.

-Por que ustedes las bloquean, Ariel- dijo el mago sin más, a esto la niña alzó la ceja algo asombrada, luego miró a Lord Elrond que asintió y luego a Aragorn que solo le dio una tenue sonrisa. Ariel miró de nuevo al mago- ahora, quiero que te tomes ese brebaje, te ayudará a concentrarte mejor en lo que vamos a ser- la niña miró extrañada el contenido- no temas, será algo que practicamos en las clases- Ariel lo miró de nuevo algo dudosa, para luego ver el frasco y mirando de reojos a los que estaba presentes, se tomó el contenido de un sopetón, haciendo una mueca de desagrado.

-¡Guakala! Expresó con disgusto -¿Qué tiene esto?- preguntó la pequeña aún con el extraño sabor en su boca y haciendo gesto de escalofríos por la sensación del líquido, el mago sonrió.

-Vamos que no es tan malo, son extractos de raíces y otras plantas, puede que sea algo amarga, pero no es para tanto- dijo el mago con sorna. La niña hizo una mueca entrecerrando los ojos.

-Le reto a que se tome uno- dijo sin más cruzando los brazos sobre su pecho, a esto los guerreros sonrieron al ver alzadas las cejas del mago -¿a que no ha probado ninguno de sus brebajes?- Siguió Ariel alzando la botella- no creo que sea bueno que cocine- a esto las carcajadas se hicieron escuchar mientras el Istar le quitaba algo brusco la botella de las manos de la niña que solo ladeo un poco la cabeza.

-No me tientes Ariel- dijo el mago con sorna, a lo que la niña se encogió de hombros con cara de inocencia. Pero de un momento a otro un pequeño calor empezó a invadirla. Al principio no fue muy notorio, pero a medida que iba subiendo se hacía algo sofocante, tanto que empezó a marearse y si no es por el guerrero casi cae de bruces al suelo.

-Gandalf- dijo asustado Aragorn sosteniendo a Ariel que empezaba a respirar con dificultad.

-¿Qué le sucede? -Dijo ya serió Elladan por el estado de Ariel.

-Tranquilos, es una reacción al brebaje- el mago de a poco se acercó a ambas figuras colocándose detrás de Ariel- Aragorn has que se vaya sentando de a poco- a esto el guerrero asintió haciendo que la niña fuera bajando hasta que estuviera completamente sentada sobre sus piernas. -Ariel se que me escuchas, dime que sientes- a esto la niña se tambaleaba levemente en su lugar y su mirada estaba ida, como si estuviera drogada, levemente atontada.

-Calor- dijo de repente y mareada, a esto el mago asintió. Era buen indicio, eso significaba que el cuerpo de la pequeña había respondido bien al insumo, su respiración se empezó a calmar.

-Bien- dijo el mago -¿recuerdas lo que practicamos en clases? ¿El como llegar a un estado de calma y poner la mente en blanco? -Aclaró el Istar a lo que la niña asintió- bien- dijo de nuevo el mago-solo debes seguir mi voz, sabes eso muy bien- Ariel de nuevo asintió- entonces lo primero es que cierres tus ojos y dejes todas las tensiones y regularices tu respiración, tomate tu tiempo Ariel- la niña solo movió afirmativamente la cabeza para empezar a relajarse, el calor poco a poco fue disminuyendo y el mareo ya no era molesto, si no que placentero. Pasaron unos 5 minutos los cuales todos los guerreros miraban casi sin pestañar a la niña que parecía dormir sentada, el mago se hincó al lado de Ariel. – Ariel- dijo el mago a lo que la niña asintió tímidamente afirmándole al mago que ella seguía con él- quiero que saques toda imagen que tengas rondando tu cabeza, necesito que de a poco la vayas dejando en blanco- a esto la niña empezó a ser gesto de disgusto, moviendo tenuemente la cabeza un poco, al parecer los recuerdos no eran muy alentadores. Pasaron unos cinco minutos más donde Ariel parecía ya haber llegado a un estado completo de relajo y concentración, su respiración calmada y el aura que empezó a desprender rodeando el lugar se lo hacía saber al mago y a los presentes que estaba en completa tranquilidad.

-¿Gandalf? Que va hacerle o mejor dicho ¿ella va hacer algo? -Interrumpió Pippin que estaba bastante intrigado por la escena.

-Tranquilo Pip, solo despejaremos dudas ante todo- en ese momento Gandalf se levanta colocándole detrás de Ariel colocándole los dedos índice y medio en la sienes de la pequeña- Aragorn toma sus manos y no las sueltes por nada del mundo- espetó el Istar, a lo que el guerrero asintió colocándose en la misma postura que Ariel para tomar sus manos.

-Gandalf, sus manos están heladas- dijo asombrado el rey.

-Lo sé, está en trance- dijo el mago- Ariel quiero que me escuches atentamente, necesito saber si en este momento estás en contacto con Haidée y Aarón ¿estás conectada con ellos?- A esto la niña asiente sin más.-Quiero que te desconectes algunos minutos, que los dejes solos. Rompe el lazo por unos minutos- a esto Ariel automáticamente recoge las manos, pero Aragorn no la deja.

-No puedo- dice la niña renuente a cortar el lazo- ellos me necesitan, no puedo dejarlos solos- terminó diciendo algo afligida y enojada al mismo tiempo.

-No les sucederá nada, están a salvo, lo sabes. En Rivendel no les pasará nada malo, están protegidos por los elfos y los humanos, déjalos Ariel, déjalos unos minutos- a esto Ariel negó temblorosamente la petición del mago, este miró a Elrond.

-Ariel- dijo el medio elfo cerca de la niña- prometo que los protegeré, no pasará nada malo, yo los cuidare por el rato que tu no estés con ellos- el medio elfo se hincó tomando una de las manos de la pequeña que tenía Aragorn- yo los cuidaré mientras no estás. -Ariel a esto dejó que la respiración se calmara de nuevo y moviendo la cabeza hacia donde había escuchado aquella voz levantó tenuemente la cara, aún con los ojos cerrados.

-¿Me lo promete? -Dijo algo asustada la niña.

-Lo prometo, nos les pasará nada, solo son unos minutos, nada más-dijo calmadamente el medio elfo, Ariel solo asintió bajando la cabeza. Un pequeño brillo plateado salió de su cuerpo, casi imperceptible, pero lo suficientemente brillante para que los elfos lo vieran. Solo duró unos segundos y desapareció como si nada hubiera pasado.

-Ya está- dijo la niña con desgano- ya no los siento y no me gusta- dijo sincera la pequeña.

-Lo sé Ariel, lo se, solo será unos minutos- espetó el mago moviendo la cabeza para que Lord Elrond dejara la mano de la niña y Aragorn la tomara de nuevo- ahora pequeña, quiero que busques dentro de ti algo que nunca has llegado a sentir, un sentimiento, un recuerdo, una luz que tengas en tu interior que nunca hayas visto o sentido.

-No entiendo- dijo la niña confundida, el mago miró a Glorfindel para que le pasara la caja que había sacado hace poco de uno de los estantes del despacho. El Eldar se la pasó con cuidado y apenas el mago la tocó Ariel se exalto corriéndose del lado del Istar. A esto todos miraron confundidos, el mago entrecerró los ojos y de a poco se movió para acercarse de nuevo a Ariel, pero al momento de dar el paso la niña se alejó de nuevo del mago caminando con sus rodillas que las había apoyado al primer acercamiento.

-¿Gandalf, que le sucede?- Preguntó extrañado Sam.

-Le molesta- dijo Imrahil mirando la expresión de la niña- le molesta lo que contiene el cofre.

-Ariel- dijo el mago -¿Qué sientes?- La pequeña no contestó solo bajo la cara con el ceño fruncido, el mago dio otro paso a lo que la niña de nuevo intentó zafarse del agarre de Aragorn el cual se lo impidió calmándola con palabras suaves, las cuales no hacían mucha mella. A esto el mago sonrió tenuemente.- Dime Ariel- insistió el mago curioso a lo que la niña alzó levemente la cara, aún con los ojos cerrados -¿qué hay dentro del cofre, qué sientes? -Dijo el mago dando otro paso.

-¡Quema! -Dijo de repente exaltada Ariel parándose y para el asombro de todos. Merry y Pippin se habían puesto la mano en el pecho por que estaban seguros que de un momento a otro se le iba a escapar.- Por favor Gandalf, por favor, aléjalo, aleja eso- dijo la niña con miedo tratando de soltarse del guerrero el cual no la soltaba, pero estaba preocupado.

-Aragorn- dijo el mago mirando seriamente al rey, este asintió.

-Le duele Gandalf, lo siento, me está traspasando sus sentimientos y emociones. Estas están descontroladas- el mago asintió.

-Solo una cosa más- dijo el Istar mirando a la temblorosa niña, mientras veía que el guerrero pasaba firmemente un brazo por la cintura de Ariel que intentaba a toda costa alejarse del mago, que de un momento a otro estaba arrodillado enfrente de la pequeña, dentro del circulo. A esto Ariel se aferró al guerrero al sentir que el Istar le colocaba el cofre a unos centímetros de su persona.-Dime Ariel ¿qué hay dentro de la caja, que ves? -Espetó el mago serio, a esto Ariel tragó saliva pesadamente tratando de controlar los espasmos y el dolor que le causaba el objeto, no quería alarmar a Aragorn, ya que en ese momento el estaba sutilmente "conectado" con ella, la niña calmó su respiración.

-Un brazalete- se escuchó un susurro- un brazalete de Mitrhil- a esto el mago sonrió abriendo la caja lentamente para el disgusto de la pequeña y el asombro de todos, Ariel se abrazó al guerrero escondiendo la cabeza en su cuello, temblando.

-Gandalf- dijo el guerrero abrazando firme a Ariel- le duele y mucho, trata de controlarse para no traspasarme la molestia, pero igual la siento- espetó el guerrero compungido por la maraña de sentimientos y sensaciones que estaba experimentando en ese momento.

-Eso es bueno, las clases entonces tan dando frutos, pero solo necesito saber algo más- en eso el mago se paró alejándose del círculo, haciendo que Ariel despegara tenuemente la cabeza de su refugio aún con los ojos cerrados.- Ariel, quiero que me especifiques como es el brazalete ¿y para que es? Para que fue hecho.- Inquirió el mago con seriedad mientras la niña trataba de normalizar su respiración, pero en ese pequeño instante algo sucedió, Ariel sin más se dejó caer en los brazos del guerrero que preocupado la sostuvo firme, más su angustia aumento al no sentir la respiración de la niña contra su cuello, sin más hizo que el cuerpo se hiciera hacia atrás, el cual cayó inerte en los antebrazos de Aragorn.

-¡Ariel…!-¡Ariel!- ¡ARIEL! -gritó el guerrero al no sentir el corazón de la niña bajo su mano -¡GANDALF! -Dijo angustiado el guerrero a lo que el mago inmediatamente se acercó asustado dejando la caja encima de la mesa, Elrond reaccionó de inmediato acercándose a la niña, los demás impresionados al ver que la pequeña no reaccionaba se acercaron a las figuras preocupados, pero se detuvieron al ver la mano alzada del Istar, deteniéndolos. Elrond examinaba pacientemente a la niña que ya empezaba a tomar un color blanco casi gris, el mago intentaba despertarla llamándola fervientemente, mientras colocaba sus manos en la frente de la pequeña.

-¡Ariel…!¡Gandalf su corazón no late, no late! -dijo angustiado el guerrero mientras acariciaba los cabellos de la niña.

-¿Qué le sucede Gandalf, por que está así, por que no respira?- Dijo Pippin con lágrimas en los ojos.

-…Gandalf…-dijo Frodo mirando el mago que hacía de todo su poder para traer de regreso a la niña. ¡POOOM! Se sintió en ese momento, la puerta del despacho se abrió de sopetón haciendo que todos los presentes se dieran vuelta encontrándose con las miradas de los otros dos niños. Pero su mirada no era miel o verde, era de un dorado intenso que acompañaba una agitada respiración de angustia. Así sin más las dos pequeñas figuras que eran acompañadas por la Dama Eve y Arwen entraron raudas pasando por entre medio de los adultos, antes que estos lo detuvieran.

-Haidée, Aarón- dijo Legolas asombrado al igual que los demás.

- ¡Esperen! -Grito Glorfindel al tratar de detenerlos, pero los pequeños lograron llegar donde su prima. Haidée no esperó mucho.

Pusta Mithrandir! -Gritó Haidée en elfico, mientras se interponía entre el mago y Ariel, al momento en que la niña se colocó a horcajadas sobre las caderas de Ariel que estaba recostada en las rodillas de Aragorn. En ese momento Gandalf retiró a Elrond y detuvo a los demás guerreros que querían sacar a los niños de la estancia, pero el mago al ver el resplandor en las manos de Haidée y los ojos dorados de Aarón alzó las manos en forma de detención.

-¡SAL DE AHÍ, SAL DEL CUERPO DE ARIEL! -gritó Haidée perfectamente en elfico, pero su voz se escuchaba extrañamente más profunda e impactante, sus pequeñas manos estaban en el estómago de Ariel el cual se movía de una manera extraña, como si tuviera algo dentro de ella pues la piel se veía levantada y verde. Aarón sin más se arrodilla al lado de su hermana y coloca las manos en el estómago de Ariel emitiendo la misma luz que ella. En eso Ariel empieza a respirar agitadamente abriendo los ojos de improviso, estos no eran azules-grisáceos o plateados…eran oscuros como la misma noche, un pozo sin fondo el cual ardía en odio y rencor. De un momento a otro un extraño viento inundó el lugar, cerrando las enormes puertas del despacho, azotando los muebles contra las paredes, mientras que los presentes se cubrían la cabeza con los brazos. Gandalf había retrocedido saliendo del círculo junto a Elrond que también se cubría, más Aragorn tubo que retroceder obligadamente ya que la extraña energía que emanó de Ariel lo empujo tirándolo a un extremo de la habitación siendo auxiliado por Glorfindel que miraba expectante la extraña imagen que se había formado de los tres niños.

El viento empezó a aminorar de a poco, al igual que la respiración de los presentes, de un momento a otro todo quedo en silencio. El despacho no había quedado en muy buenas condiciones, todo revuelto, tirado y roto los muebles se esparcían por toda la habitación junto a algunos libros y hojas que cubrían el suelo como una alfombra. Lo presentes se incorporaron algo dudosos y extrañados por los recientes acontecimientos, pero una aclamación de dolor los hizo volver fortuitamente los ojos hacia las pequeñas figuras.

-¡HAIDÉE!- Se escuchó por parte de Glorfindel al ver a la niña abrazada a su prima, tenía la cabeza apoyada en el hombro de Ariel mientras dejaba salir algunas lágrimas de sus ojos. A un costado estaba Aarón abrazado firmemente a la cintura de la pelinegra, la cual estaba mirando hacia el vacío aún con los ojos totalmente negros, pero lo que preocupaba más era que tenía toda la mano izquierda incrustada, atravesando el pequeño abdomen de su prima la cual no se movía de su posición dejando que la sangre fluyera libremente.

-Haidée- dijo casi susurrando Legolas, pero al momento de ponerse en marcha hacia la niña, junto con Glorfindel y los demás, las piedras que había colocado el mago alrededor empezaron a elevarse y a dar vueltas alrededor de las tres figuras.

-Un campo- dijo el Istar mirando las piedras dar vueltas que al momento empezaron a irradiar una extraña luz azulina- los están protegiendo- dijo el mago mirando la casi imperceptible muralla en forma de cono que envolvía a los niños.

-¡Mithrandir! -dijo Eve nerviosa llegando al lado de Legolas- se está desangrando, Haidée se está desangrando- dijo asustada la media elfa, mientras el Eldar la detenía para que no fuera hacia los niños. En ese momento de escuchó un susurro en el espeso ambiente, casi un suspiro.

-Ariel…Ariel sal de ahí- dijo en un susurro Haidée- se que estás ahí, no te escondas, no tienes por que tener miedo, todos sentimos igual…no te cierres- dijo la niña casi ahogándose con su propio aliento mientras intentaba mantenerse lúcida a falta de sangre. Sabía que estaba herida, no sentía sus piernas y el dolor iba desapareciendo de a poco, a medida que el frío se hacía presente- Ariel…no dejes- la niña tragó el sabor metálico de la sangre-…no dejes que te lleve, sabes que no somos de EL, Tío Hadar no hubiera querido que te rindieras, no por EL…no nos puedes dejar solos…no puedes… -a esto empezó a perder el conocimiento y los presentes estaban empezando a asustarse, sin más se apresuraron a tratar de entrar al circulo pero la energía los repelía.

-¡Haidée va a morir, si sigue así, va a morir!- Dijo Merry asustado siendo retenido por Eomer que lo tenía sujeto de los hombros, mirando la escena.

-No podemos acercarnos- dijo Elrond estirando el brazo para tocar la extraña pared de luz, que al momento del contacto esta dio una descarga al medio elfo que retiró rápidamente la mano, como si le quemara.

-Hay que hacer algo- dijo Aragorn viendo a Aarón que aún se mantenía como lapa a la cintura de Ariel, la cual no daba indicios de nada. Solo miraba hacia el frente, aún con la mano en el abdomen de Haidée. Pero en el momento en que el mago iba a relatar un hechizo las piedras se detuvieron y Ariel empezó a sacar la mano del abdomen de Haidée a lo que la niña se aferró más fuerte al cuello de su prima, en eso Ariel calló arrodillada con Haidée en los brazos mientras cerraba los ojos fuertemente…¡PAF! Se abrió la puerta de repente del despacho dejando entrar a dos blancas figuras. La Dama blanca entró a paso apresurado seguido de Celeborn que llevaba una extraña botella en sus manos. Galadriel no esperó mucho para llegar donde los niños, preocupada miró el charco de sangre que se había formado dentro del círculo que, extrañamente no salía de el, sin más la hermosa Eldar se apresuró a llegar al lado de los niños, pero al momento se dio cuenta de las extrañas piedras y la energía que bordeaba a las criaturas.

-¿Es de El, no?- Dijo suavemente la Eldar mientras se arrodillaba en frente de las tres figuras, los está tentando.

-Me temo que sí- dijo el mago tomando la misma posición de la elfa, pero en ese momento Ariel elevó la mirada y una siniestra sonrisa se formo en los pequeños labios de la niña, el mago entrecerró los ojos.

-¡Ul thrakat u-ûk, pushdug… dugul Golug agh tarkgles u burzum! (¡los traeré a todos, asquerosos… porquerías de elfos y humanos a la oscuridad!) -dijo la espeluznante voz en lengua de Mordor, hacía tiempo que no se escuchaban aquellas entonaciones, no después que Gandalf la había dicho por última vez en el Concilio del anillo único, a esto la habitación se puso extremadamente fría.

- ¿Man nályë? (¿Quién eres?)-Dijo fríamente Elrond al mirar los ojos de la criatura que solo empezó a reírse de manera estrafalaria que erizaba la piel al oírla, en eso se empezó a escuchar entre medio de la risa una palabras de la negra lengua.

- jajajajajaja…Durbatulûkgimbatul…Aghghâshbat burzum-ishi… thrakatulûk u ul burzum… krimp u ul burzum…

(Jajajajajaja…gobernarlos a todos…encontrarlos…y quemarlos en las tinieblas…traerlos a todos a la oscuridad…atar a la oscuridad…-) Había dicho la niña sin quitar los ojos del medio elfo que empezaba a ver las oscuridad, la fría oscuridad que adornaban aquellos ojos que alguna vez tuvieron un brillo de inocencia y calidez.

-¡Maldito, déjala, deja a la niña!- Exigió el Señor de Imladris bastante enojado- no tienes derecho a su alma, ella no debe sufrir más- espetó enojado el medio elfo mientras la niña mostraba una cínica sonrisa, en eso la mano ensangrentada de Ariel de un momento a otro fue a dar hacia la pared haciendo que algunos rayos salieran al contacto de la piel con la energía. Ariel no mostraba ningún indicio que le doliera, pero era evidente que se estaba quemando, así sin más la retiró pero la mantuvo en el aire…aún sonriendo, pero de un momento a otro la niña se movió tan rápido dejando caer un duro golpe contra la pared provocando un estremecimiento de esta, dejando asustando a los presentes por la repentina acción, más los elfos no se inmutaron, ellos ya habían visto esa reacción, hacía mucho tiempo. Gandalf que miraba tranquilamente la escena, llamó la atención de los más antiguos y haciendo un gesto con la cabeza, a esto Elrond, Galadriel, Celeborn y Gandalf rodearon a los niños colocando las manos susceptiblemente cerca de la pared de energía, sin tocarla, para empezar a decir una serie de frases que eran imperceptibles para los presentes, pero que se podía apreciar el poder que empezaba a emanar de las palmas de los "grandes Señores".

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-Era frío, demasiado frío. Había sido todo tan extraño.- Nos habíamos acostado ya hace una hora más o menos, la Dama Arwen y Eve nos habían acompañado a las habitaciones, yo extrañada por que no sabía nada de Ariel desde la cena, les pregunte ¿qué donde estaba ella? Ambas me miraron algo preocupadas, pero con un aspecto conciliador, respondiéndome que Ariel había ido al despacho de Lord Elrond, con los demás, por que tenían que hablar de algunos detalles que querían saber sobre lo que pasó con el Haradrim hacía ya unos tres meses -yo no me convencí del todo, pero sabía que ninguno de ellos le haría daño a mi prima, así que solo me limite a seguir leyendo el libro que me había dado el Señor Gandalf para la siguiente clase. Pero un pequeño impulso hizo que me fijara en mi hermano, estaba más que entretenido jugando con Eldarión, contando las entretenidas anécdotas de sus entrenamientos de la mañana. Sonreí al saber que Aarón podría llegar a ser feliz, aunque sea en otro mundo, un pequeño suspiro salio sin querer, para luego centrarme de nuevo en el enorme libro que tenía por tarea.

El tiempo pasó, habrán sido unas dos horas mas o menos y Ariel no llegaba, mi mirada empezó a centrarse en enorme puerta cada quince minutos, luego cada diez, para pasar a los cinco y así sucesivamente hasta que ya no podía despegar los ojos de la entrada.

-Haidée, ya es tarde- interrumpió mis pensamientos la cálida voz de la Dama Eve, la miré mientras me quitaba el grueso libro de las manos y me acomodaba la almohada para dormir.

-Ariel está tardando mucho- le dije con algo de inquietud- ¿a lo mejor me necesita para aclarar algunas cosas o detalles?- Dijo la niña esperanzada para que la dejaran partir hacia donde se encontraba su prima, a esto la media elfa sonrió haciendo que se recostara de nuevo en las mullidas sabanas. Arwen miró a la niña y a Eve, para luego pasar la vista hacia la otra cama donde ya hace una hora dormían los dos pequeños a pata suelta, sin más se levantó dejando el libro que estaba leyendo. Tapando y colocando las partes del cuerpo de los niños que sobresalían del colchón, para luego darle un beso de buenas noches a cada uno apagando la pequeña lamparita de aceite en el proceso, todo esto fue visto silenciosamente por la niña y la media elfa.

-Tranquila, pequeña- interrumpió el silencio la pelinegra dándose la vuelta encarando a ambas figuras- Ariel va estar bien, sabes que nada le pasará en la casa de mi padre- espetó la pelinegra sentándose al otro lado de enorme cama- todo va a estar bien, es mejor que descanses o sino Ariel te reprenderá por estar a estas horas despierta, recuerda que ella se toma el papel de "madre" muy apecho- dijo sonriente la reina a lo que Haidée desistió del intento de ir a ver a su prima, en eso la pelinegra tenía razón, Ariel era demasiado aprensiva cuando se trataba de ella y su hermano.

-Venga, vamos a dormir- dijo Eve tapándola con la blanca cobija- verás que mañana podrás preguntarle todo lo que tú quieras a Ariel y saldrás de dudas por la preocupación que tienes en tus ojitos en este momento- dijo la pelirroja dándole un beso en la frente- duerme pequeña- expresó suavemente Eve mientras Haidée se dejaba llevar por la tranquilidad que emanaba la mujer.

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Oscuridad, lo primero que se venía a la mente. Una profunda oscuridad. No podía conciliar el sueño, se movía de un lado a otro, -sabía que las dos mujeres estaban en la pequeña salita de estar de la pieza y la parte donde estaban las camas estaba a oscuras.- Vacío, solo vacío, hacía poco sentía una pequeña calidez, se sentía acompañada, segura, pero de un momento a otro todo se fue diluyendo, todo se fue volviendo frío, frágil. Algo no estaba bien. Haidée dejó de moverse en la cama y se quedó mirando el techo, un dolor intenso le oprimía el pecho, ya no la sentía, no podía sentir esa calidez, la suavidad, el amor que siempre llevaba consigo al pensar en Ariel (¬¬ no sean mal pensados que son primas y se quieren) -de repente se cortó, ya no sentía nada, no podía encontrarla, todo estaba tan…solo…no podía ser…no podía ser que ella…-En ese momento Haidée siente que alguien está a su lado, una calidez que ya conoce al igual que el peculiar aroma a bosque, como su padre.

-…Aarón…-dice la niña abriendo lentamente los ojos para encontrarse con los ojos ¡dorados! De su hermano- la niña sin más se levantó bruscamente mirando a su alrededor. Todo estaba en calma, había sido un sueño, la habitación estaba oscura, Haidée soltó un leve suspiro por la impresión, posó una mano en el pecho tratando de calmar su corazón, pero en el momento que esta hizo contacto con el camisón…otra mano más pequeña envolvió la suya exaltándola por el repentino contacto, pero se tapó la boca para no gritar al ver los ojos verdes de su hermano que gritaban por ayuda y desesperación.

-¿Aarón? .Dijo la niña después de tranquilizarse un poco, el niño respiraba entrecortadamente.

-…Ariel….dijo el chico con decisión, a esto Haidée solo escuchar el nombre de su prima sus ojos empezaron a tomar un color ámbar.

-…Vamos…

Habían salido sigilosamente de la habitación, ni siquiera se preocuparon por colocarse zapatos o alguna otra prenda que los abrigara del frío ambiente del otoño. Salieron de la habitación como una sombra, las clases de escape y camuflaje empezaban a ser útiles- Pensó la niña mientras salían hacia el enorme patio dejando atrás un sentimiento de angustia- ambas figuras se perdieron entre los pasillos del castillo, sin saber que eran observados por un par de ojos tan fríos como el viento que azotaba esa noche.

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-¿Crees que todo salga bien?- Preguntó de repente la pelirroja que estaba haciendo una cobija para la cama de los niños- digo, por lo que Mithrandir va intentar hacer- expresó algo preocupada la mujer que tenuemente miraba contra la luz de la lamparita de mesa a su amiga que estaba seria leyendo un libro.

-Tranquila, Gandalf no haría nada que pudiera dañar a los niños, menos a Ariel, sabes bien que ella es la que llena mejor sus expectativas, aunque la niña lo contradiga muchas veces- a esto Eve sonrió, sabía que Ariel era una cajita de sorpresas- por lo demás creo que es necesario para despejar dudas, de cualquier manera hay que prepararse para cualquier cosa que venga- dijo la media elfa preocupada mirando hacia la pieza.

-¿Qué sucede? -Pregunto Eve al extraño semblante de la reina, sin más Arwen se levanto con cautela del mullido sillón, yendo hacia la habitación continua, seguida por Eve.

-Algo no está bien- dijo la pelinegra acercándose a las camas. Pudo ver entre sombras que estas estaban abiertas, vacías, sin más se apresuró a prender la luz y para recalcar lo que sus ojos entre la oscuridad habían visto, no estaban. Los niños no estaba, solo su hijo Eldarion aún dormía donde debía estar Aarón, a su lado, Eve miró preocupada a la reina.

-El despacho- dijo la pelirroja. La pelinegra no dijo más, tapó rápidamente a su hijo y apagó la lamparita. Mientras menos supiera Eldarion, mejor- no era momento de dar explicaciones- pensó la mujer. Así sin más ambas salieron de la habitación, pero antes la reina de Gondor encargó a algunos guardias de su padre que vigilaran la habitación de los niños, pues no iba a dejar a Eldarion sin protección, los guardias asintieron y sin más obstáculos ambas corrieron hacia el despacho- esto no iba nada bien- pensó Eve.

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Habían salido de la habitación hace unos minutos, la noche estaba fría y no era precisamente por el otoño, hace rato que las punzadas en el pecho se hacían cada vez mas persistentes y el vacío de no poder sentir a su prima no era para nada agradable. Los dos niños apresuraban el paso hacia el despacho del Señor de Imladris.

-¿Por qué tenia que doler tanto, por que no podían sentirla?- esto no estaba del todo bien, menos si Ariel no aparecía, si no podía sentirla- Haidée movió la cabeza de una lado a otro despejando las insufribles posibilidades que Ariel estuviera en peligro.

-¿Hermana? -Interrumpió el niño tomando la mano de Haidée- ya no siento a Ariel, ella desapareció no lo entiendo- el niño empezó a derramar lagrimas después de sus palabras, la niña apretó mas la mano de su hermano apurando el paso.

-Tranquilo Aarón, llegaremos, llegaremos con Ariel y nada ni nadie podrá separarnos de ella- dijo la niña con apremio, pero en ese instante paro en seco, como si una barrera le impidiera seguir con su trayecto, un calor se empezó a extender desde su pecho hacia todo su cuerpo y todo parecía haberse vuelto de fuego. Quemaba, eso era, quemaba, todo a su alrededor, quemaba, incluso el frió piso, el mismo viento. La niña miro a su hermano y este estaba con los ojos firmemente cerrados y el sudor adornaba su frente- también lo sentía, sentía en intenso calor- esto estaba fuera de lo que nunca en su corta vida habían experimentado, pero en ese momento, en que justo llegaba lo insoportable, lo escucho, su voz, su inconfundible voz.

-…HAIDEE…AARON…no puedo ver…todo esta oscuro…no puedo ver…

En ese instante los ojos de los dos hermanos se cerraron, parando su loca carrera justo en frente de la enorme puerta del despacho, su respiración agitada y el corazón latiendo a mil por hora, delataban su estado de ansiedad y furia. En ese instante ambas mujeres que los estaba cuidando estaba por llegar a su lado, en un repentino arranque, Haidée abrió los ojos bruscamente al igual que Aarón y una ráfaga de viento empezó a remeter contra todo el espacio que había alrededor, Haidée colocó expresión seria mirando la enorme puerta para enfocar el poder hacia ella abriéndola de golpe. Nadie los detendría ahora.

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Se había acordado de todo ante de llegar con Ariel, cuando la enorme puerta se abrió y sintió esa pesada energía recorriendo cada rincón de la habitación, pero lo que más la asustó, fue que casi no podía sentir a Ariel, no podía ver su aura y tampoco podía sentir su corazón. Esto la asustó de sobremanera, no prestó atención a los que estaban presentes mirándola a ella y su hermano algo extrañados y asombrados por su presencia.

Algo extraño empezó a recorrer dentro de su cuerpo, una extraña sensación de protección y calor, pero mas que nada parecía que algo empezaba a crecer dentro de si, no era algo, era alguien, pero no la asustó, fue todo lo contrario.

Le ilteera vorite na nwalya… estelio titta Serelinya…

(…No hay nada de que preocuparse…confía pequeña hermana…)

Y ese fue el detonante para que Haidée apretase más la mano de Aarón y entraran sin ningún prejuicio hacia el despacho ante las atentas miradas de todos, sin dar a oportunidad de detenerla. Se acercó rápidamente a Ariel junto con Aarón que rodeo a la niña colocándose a un costado del guerrero que tenía la cabeza de Ariel en sus piernas entre las dos niñas. Haidée se había dado cuenta de las piedras que rodeaban a su prima, también se había percatado de la atmósfera que rodeaba el cofre encima de la mesa, era la misma del broche, la niña miró a su hermano y este asintió, de un momento a otro Haidée subió la blusa de su prima y pudo ver el extraño ser a través de la piel, ese maldito intentaba apoderarse del cuerpo de Ariel y ella no lo permitiría. Sin decir más concentro ese calor en sus manos, a lo que Aarón imitando las acciones de su hermana hizo el mismo gesto, pues también se fijo en el extraño ser que se movía en el estómago de su prima, el cual los presentes no tenían ni idea de lo que habían provocado al a ver expuesto a Ariel a ese objeto.

No duró casi nada, solo unos segundos para que Ariel volviera a respirar y se sentara de improviso asustando a todos los presentes, Haidée se dio cuenta que no era su prima, era EL. Maldito sea por lo que iba hacer, de un momento a otro un fuerte viento empezó a azotar toda la habitación, Haidée se abrazó fuertemente a su prima, al igual que Aarón, que se había sujetado a la cintura de esta. Todo empezó a dar vueltas, podían escuchar los quejidos y exclamaciones de los presente, incluso el duro golpe que se llegó a dar el rey de Gondor cuando Ariel despidió una fuerte descarga de luz dejando todo en confusión y des balanceado, hasta que el silencio se dejó caer como una sombra en la oscuridad la cual vigila silenciosa y ansiosa a la vez.- Esto ya no tenía vuelta atrás- pensó, a lo que Aarón apretó más fuerte el abrazo… Haidée sonrió tenuemente, sin más se agarró firme al cuello de su prima sintiendo como esta le atravesaba el abdomen como si fuera mantequilla.

-No se iba dejar vencer, EL no se la podía quitar- pensó Haidée aferrándose más a la pelinegra, escuchó claramente como Glorfindel la había llamado con voz desesperada y podía sentir la preocupación de los demás, pero en ese instante sintió una extraña energía cubrirla, no solo a ella, si no que también a su hermano y su prima. La niña abrió tenuemente los ojos viendo como las piedras giraban alrededor de ellos- no estaba sol- se dijo para si. Pero el dolor volvió a ser mella en su cuerpo haciendo que cerrara los ojos con fuerza- no debía ceder, aún no- se dijo a si misma.

-¡Hermana! -Grito el niño mentalmente, a esto Haidée sacó una mano del cuello de Ariel tomó la de Aarón que la sujetó con fuerza.

-No te rindas,… resiste,… yo te avisaré- dijo casi atragantándose con las palabras. A esto tenuemente Haidée intentó comunicarse con Ariel, sabía que estaba dentro, sabía que aún no era tarde, menos para su prima. Así sin más no se dio cuenta para cuando había soltado algunas frases por la boca…

-Ariel…Ariel sal de ahí- dijo en un susurro Haidée- se que estás ahí, no te escondas, no tienes por que tener miedo, todos sentimos igual…no te cierres- dijo la niña casi ahogándose con su propio aliento mientras intentaba mantenerse lúcida a falta de sangre, sabía que estaba herida, no sentía sus piernas y el dolor iba desapareciendo de a poco, a medida que el frío se hacía presente- Ariel…no dejes- la niña tragó el sabor metálico de la sangre…-no dejes que te lleve, sabes que no somos de EL, Tío Hadar no hubiera querido que te rindieras, no por EL…no nos puedes dejar solos…no puedes… -la niña paró de improviso al sentirse mareada y sin fuerzas. - ¡Maldición, no puedes fallarme ahora, Haidée no desmayes! -Se dijo tratando de mantenerse lúcida.

Podía escuchar claramente los gritos de los presentes, el no saber que hacer, incluso el extraño ruido que hacía la energía que los había envuelto al tocarla, sabía que ellos trataban de entrar, pero la pared no los dejaba, las piedras no los dejaba acercarse. Apretó más el abrazo hacia su prima, escuchando los lejanos reclamos de los que estaban presentes en el despacho y aquellos que intentaban hacer algo, pero la pared se los impedía. Ella tampoco podía concentrarse bien, la cabeza le daba vueltas por la falta de sangre, además que las energías negativas intentaban a toda costa meterse a su cuerpo, que ya poca fuerza le quedaba para repelerlas. En ese instante sintió un fuerte energía que entraba a la habitación, apreció unos pasos apresurados y una presencia acogedora, no pudo abrir los ojos, pero sabía de quien se trataba.

-…Dama Galadriel… -dijo la niña en su mente, a lo que la Eldar escuchó claramente, tratando de entrar a la mente de la niña, pero la barrera era demasiado fuerte, tenía que usar otros métodos o los perderían, pero en ese instante la extraña atmósfera se puso más densa, casi escalofriante al sentir como una risa demasiado sombría se hacía presente en el lugar la que llamó a todos la atención, al ver que Ariel empezaba a quitar la mano del abdomen de Haidée, la cual suspiro y al mismo tiempo se aguantó las ganas de gritar por el intenso dolor.

Haidée sabía perfectamente que no le quedaba mucho tiempo, había escuchado y no solo eso, había entendido todo lo que había dicho ese sujeto a través de los labios de Ariel. Ahora estaba más enojada que antes, también sintió la frustración y el enojo de su hermano cuando le apretó la mano para confirmarle que estaba listo para lo que fuera, así sin más antes que la Dama Blanca, Elrond, Gandalf y Celeborn empezaran a rodearlos, Haidée se concentró haciendo que Aarón sintiera la respuesta que hace ya más de dos horas estaba esperando. Por que habían pasado dos horas o eso creía el chico, pero parecía que fueran siglos, que al instante que su hermana abandonó su mano empezó a actuar.

-Dartho! (¡Esperen!)- dijo de repente Haidée exaltando a todos los presentes, esto le había costado mucho pronunciar ya que estaba demasiado exhausta. Sin más apretó más a Ariel dejando imposibilitados los brazos de esta, donde al mismo tiempo se concentro en su "centro"- como le había dicho miles de veces Gandalf y Elrond. Sintió la energía recorrer cada una de sus células hasta que se sintió completa de nuevo, se sentía acompañada, alguien la abrazaba y le daba aliento para seguir- esta vez, no fallaría- se dijo para si misma la niña, empezando a concentrar todo ese calor en el cuerpo de Ariel- tenía que encontrarla- se repetía mentalmente Haidée- tenía que encontrarla- empezó a transmitir todas las emociones y sensaciones que habían vivido juntos, los recuerdos de cuando eran niños, los abrazos de sus padres, las idas a la hacienda de la abuela, los dulces de Nani, las lágrimas, las sonrisas, las promesas…siempre juntos…siempre como uno solo…solo uno…

Ese fue el detonante para Haidée, que al abrir los ojos de nuevo estos relampaguearon como dos soles al amanecer. Esto hizo que Ariel quedara con la cabeza hacia atrás y un espeluznante chillido saliera de su boca, como los gritos de los Nazgul, este molestaba sin compasión y trastornaba al oírlo, todos los presentes se taparon las orejas a la exclamación de la niña que intentaba de todas formas liberar sus brazos, tratando de alejarse de la criatura que la sostenía firmemente, si dejar un espacio para que pudiera soltarse de su agarre para pararse y escapar. Cada vez que intentaba Ariel de sostenerse con sus pies Haidée y Aarón tiraban hacia abajo con fuerza, los niños lo la dejarían escapar, no si esa cosa estaba dentro del cuerpo de su prima. Aarón también había hecho lo mismo que su hermana, había encontrado su centro y este había explotado dejando que los rodeara a los tres, acompañando la energía de su hermana, donde al parecer quemaban a la criatura que poseía a la pelinegra.

En un acto extraño, a Haidée colocó su cabeza justo en el hombreo de su prima acercándose a su oreja, ladeo levemente la cabeza posando su dorada mirada en los ojos azules de la Eldar, a lo que esta entendió definitivamente haciendo que los demás que estaban formando el círculo empezaran con el extraño ritual. En ese momento Haidée habló directamente al corazón de Aarón, el cual solo asintió.

-A la cuenta de tres- había dicho Haidée en su cabeza, Aarón solo asintió aferrándose más a Ariel…1… Haidée se concentró más extendiendo su energía por todo el círculo, lo que hizo hacer girar las piedras con mayor velocidad facilitándole las cosas a la Dama Blanca para poder hacer una abertura en la pared de energía…2…Aarón se empezó a levantar de a poco mientras Ariel intentaba zafarse del apretado brazo de la castaña chillando más fuerte y haciendo que los espectadores se taparan más los oídos al insoportable sonido, eso si sin dejar de mirar la escena. La Dama Blanca, Elrond, Gandalf y Celeborn, no se inmutaban, estaban más que concentrados en tratar de abrir una abertura. En ese instante la respiración de ambos chicos estaba totalmente acelerada al igual que la angustia de sus amigos, Frodo miraba atento, con dolor en el estado que estaban los tres, no comprendía muy bien como es que al ser tan pequeños, se metían en tantos líos, o mejor dicho esto iban hacia ellos. Al contrario del Hobbits, los elfos miraban maravillados las auras de Haidée y Aarón, doradas como el mismo Anar contrastaban con la energía oscura que rodeaba en esos momentos a Ariel. Era tan deslumbrante y cálida que los invitaba a seguirla y refugiarse en ella, pero en esos momentos, esta combatía con un mal que no entendían del todo, aún no podían asimilar como esa presencia, tan parecida a la de Saurón pudo haber entrado a los terrenos de Rivendel, especialmente en ese lugar, donde estaban ellos.

No había otra forma, era la única solución en ese momento, si no actuaban de inmediato tal vez Ariel no regresaría de la oscuridad en que estaba prisionera. Haidée solo se limitó a buscar la conciencia de su prima la cual intentaba a toda costa salir del encarcelamiento, pero era demasiado profundo, su mente estaba oscura, solo por dolor, por miedo, por la angustia que aún la carcomía, se sentía culpable, culpable de todo lo que había acontecido con su familia, el no poder hacer nada por salvarlos, por protegerlos. Se sentía sola, tan sola y eso la hacia perderse en ella misma, esto complicaría más los papeles de Haidée para poder despertarla, pero no se rendiría, no de esa forma, había prometido a sus padres y a sus tíos que se cuidarían unos con otros y ella aunque era solo un año menor que Ariel, no era la excepción para tomar el mando si fuese necesario. Ariel no estaba en condiciones de reprochar nada en este momento, por que en realidad ella "no estaba" en esos instantes, así que sin más Haidée se acomodó mejor para no darle oportunidad al cuerpo de su prima para escapar colocándose a hurtadillas sobre Ariel, haciendo uso de lo poco y nada de fuerza que le quedaba, acorraló los pies de la pelinegra entre los suyos y entrelazo los dedos de sus ensangrentadas manos por detrás de la espalda de la niña, cerró los ojos firmemente y grito ¡…3…!

"……………"

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"Como resplandece…

Hasta que mundos lejanos me llevan los sueños…

Quita tu corazón conserva aún la luz de las estrellas

Y lleva encerrado el recuerdo…

Has mecido mis sueños hasta hoy

Ahora que tu voz me llama

Ahora que estoy dispuesto a buscarlos…"

HADA :)

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