Hellow!
dslaxus: pobres los dos (?) XD o.o son inolvidables pero los olvidó! XDD jajajajajajaja me quedé un buen rato mirando esa frase y pensando como era que son inolvidables (me hiciste pensar demasiado XD) de payaso? ummmm... ya, pero si apareces con la fiesta que va a haber mamoru te mata (?) XD ya verás jejejejeje no problem ;) de nuevo gracias por tu review *O*
Humana: deseo concedido (?) jajajajajajaja
05 de Febrero y 13 de Febrero
Por los Años III: la agencia extra de los Black
Recuperando los recuerdos: no puedo estar sin ti
De algún modo, Asami se sentía segura en ese lugar. La biblioteca de sus abuelos, siempre había sido el único lugar en que podía hacer que su mente se sintiera en paz. No podía ver la tele porque cualquier cosa le provocaba dolor de cabeza, así que finalmente, cogió un libro de la parte más baja de la biblioteca y se sentó al suelo. Aunque no se acordara de eso, sabía que ese era un hábito que había cogido de pequeña y que de nuevo, ese hábito, la hacía sentir sola. Al cabo de un rato de estar hojeando el libro, la puerta de la biblioteca se abrió. Ella ni siquiera levantó la cabeza. Sabía quién era. Sus padres habían decidido que durante una hora Hattori Mamoru y ella lo pasarían completamente a solas, sin que nadie les interrumpiera. Un acuerdo silencioso, pero un acuerdo al fin y al cabo. Pasó la página del libro sin leer nada de él. La presencia del chico la desconcertaba terriblemente. Lo veía de reojo moverse con familiaridad por el lugar, en silencio, mirando los lomos de cada libro. Asami levantó la vista unos segundos. El chico llevaba una camisa de color negro y unos pantalones tejanos que le hacían ver más adulto. Sus miradas se cruzaron unos segundos, y ella bajó de nuevo la mirada hacia el libro. Se sentía culpable al ver cada día esa mirada en el chico, pero seguía sin acordarse de la mayoría y no podía forzarse a sí misma.
Mamoru finalmente se sentó delante de ella, en la única silla que había en todo el lugar y se quedó mirándola con interés. Mamoru sonrió. Sabía que en esos momentos ella estaba incómoda y se estaba poniendo más nerviosa. La vio pasar la página del libro distraída. Sabía que no estaba leyendo el libro. Se puso serio y se sentó al suelo para llamar su atención. Se quedó mirando a un punto fijo detrás del oído de ella.
Asami levantó unos segundos la vista y la volvió a bajar rápidamente, sonrojándose levemente. ¿Qué pretendía ahora el chico? Parecía dispuesto a otra cosa que le hiciera recordar a Asami, pero ella realmente no sabía cómo actuar con él. Cada vez que le llamaba Hattori el brillo en sus ojos se apagaba un poco más, aunque estuviera sonriendo. Eso la mataba por dentro. Pero es que no podía. Simplemente no podía llamar de otro modo a alguien que no recordaba. Levantó la vista de nuevo mientras lo veía acercarse lentamente por el suelo. Ella se echó hacia atrás apoyando su espalda en los estantes. Sentía miedo de tenerlo tan cerca. Su cuerpo quería abrazarlo, pero su mente le privaba de cualquier cosa que estuviera relacionada con algo más que dar la mano formalmente. En esos momentos se sentía terriblemente acorralada. Mamoru no decía nada, simplemente estaba mirando hacia ella y ella intentaba evitar mirarlo mientras notaba su cara arder de vergüenza.
— ¿Qué haces? —Asami podía notar la respiración del chico cerca de la suya.
Él levantó la mano y ella cerró los ojos con fuerza. Se sentía terriblemente cansada, y su corazón agitado no la ayudaba a sentirse mejor. Porque tenía que admitirlo, Hattori Mamoru era alguien realmente guapo y tenerlo tan cerca la hacía poner completamente nerviosa. Pensando un: '¿por qué yo? ¿Por qué se fijó en mi?', abrió los ojos y se fijó en su terrible error. El chico estaba en una postura que la obligaba a levantar la vista. Si la seguía manteniendo abajo, solo veía la parte de arriba de los pantalones de él. Pero, no podía levantar la vista más que de su pecho. ¿Lo había hecho expresamente para hacerla poner más nerviosa? Los tres botones de más arriba de la camisa del chico estaban desabrochados haciendo que Asami viera su musculado cuerpo y de nuevo esa cicatriz en su torso. El colgante de una foto de ellos dos, junto al anillo de oro, relucía en su cuello. Intentó buscar alguna manera de huir de él, pero mantenía un brazo apoyado al suelo, al lado de ella y el otro, alzado al otro lado de su cabeza. Era imposible huir de allí si a su espalda tenía los estantes de la biblioteca y delante de ella el chico que le causaba tanta confusión. La respiración del chico soltaba aire en el oído de ella mientras su mano seguía levantada a su lado. El silencio del chico la hacía poner mucho más nerviosa que antes. Se acercó el libro a su cara, intentando cubrir el rubor de sus mejillas que empezaba a notar. De repente, el olor de libro viejo y el olor de él se mezclaron, parando el mundo de Asami.
Flashback
— Asami, ¿crees que está bien que entremos sin permiso aquí?
— Es la casa de mis abuelos, ¿cómo quieres que te repita que este es el único sitio al que podemos ir sin que nos regañen?
Asami estaba subida en una escalera, llevaba una falda naranja muy clara y un jersey de manga larga, sin hombros. Estaba buscando un libro con 9 años y sabía que en ese lugar lo iba a encontrar. Debajo de ella, la voz de Mamoru parecía preocupada. Finalmente encontró el libro que buscaba. Tiró de él con fuerza.
— Debería de haberlo buscado yo — Mamoru desvió la mirada avergonzado y ella lo miró mientras seguía tirando.
— ¿De qué hablas? —Asami lo vio enrojecer levemente y entonces se dio cuenta.
Se había subido a la escalera con una falda. Avergonzada se movió incómoda, mientras el peso del libro le indicaba que estaba fuera del estante, pero se movió demasiado y no pudo agarrase a nada. Soltó un pequeño chillido y cerró los ojos mientras se notaba cayendo de allí. Se cayó encima de algo blando, muy blando. Cuando volvió a abrir los ojos escuchó a Mamoru quejarse de dolor.
— Ay, pesas.
— Perdona, ¿estás bien, Mamoru-kun? —Asami se apartó de encima de él. Estaba claro que había intentado cogerla para evitar que se hiciera daño—. Lo siento mucho.
— No importa. Lo tienes, ¿verdad?
Mamoru la miró sonriendo y ella levantó el libro. Por unos segundos, el olor del chico y el del viejo libro, se juntaron en uno, provocando en ella una sensación de nostalgia. Sonrió con satisfacción.
Fin del Flashback
— Solo quería coger este libro —la voz del chico la devolvió a la realidad. Él se estaba apartando de ella y por unos segundos, su corazón consiguió ganar su sensata cabeza. Cogió la manga del chico con fuerza y él se detuvo para mirarla. Asami lo miraba asustada—. ¿Qué ocurre? —hacerlo hablar desesperadamente rápido y preocupado, fue la consecuencia que provocó que él se asustara.
— Quieto. Solo un segundo, por favor —él se quedó quieto observándola. Asami cerró los ojos, mientras dejaba el libro a un lado. Parecía estar a punto de llorar. Finalmente, al cabo de unos minutos, ella le soltó y él se arrodilló delante de ella, preocupado. Quizás había ido demasiado lejos—. Lo siento —susurró ella aún con los ojos cerrados.
— ¿Qué ocurre?
— Caí encima de ti. Llevabas un jersey verde que combinaba con tus ojos y unos pantalones oscuros. Tu olor…
— ¿Recordaste? —preguntó él con la voz un poco aliviada.
— Te llamaba Mamoru-kun —susurró ella después de afirmar con la cabeza.
— Entonces es un recuerdo de antes de que te fueras al extranjero —Mamoru sonrió tiernamente y ella lo miró.
— Perdona.
Mamoru se sentó a su lado, apoyándose en la estantería de un modo desenfadado. Levantó la rodilla y apoyó su brazo en él, moviendo el libro que había cogido sin interés en leerlo. Miró hacia ella. Había vuelto a cerrar los ojos. Él sabía el motivo por el que le había pedido perdón. Después de recordar, su pulso se aceleraba y eso la dejaba completamente exhausta. Dejó el libro al suelo y se quedó mirando al vacío. Al cabo de un rato, la cabeza de Asami cayó encima de su hombro. Él no pudo evitar rodearla con el brazo y besarla en la frente. Se estuvo un buen rato escuchando su lenta respiración. Finalmente, se levantó de allí. La dejó apoyada con la cabeza encima del libro y suspiró mirando el lugar con nostalgia, ya que él también recordaba aquél día. Finalmente salió de allí. Asami abrió los ojos unos segundos, medio adormida, viendo como el chico se alejaba de allí. Se sentía muy cansada pero no quería que se fuera de su lado.
— Ma-moru.
Cuando Mamoru entró en el comedor, los adultos estaban en completo silencio.
— Me voy ya —susurró en un hilo de voz y la mirada al suelo.
— Mamoru-kun, siéntate unos segundos —Shinichi se levantó para acercarse a él—. Quiero preguntarte algo.
— Claro —Mamoru se acercó a la mesa en dónde estaban Ran, Yukiko, Yusaku, Kogoro y Eri aún sentados, cogiendo él la silla que Shinichi había dejado vacía.
— ¿Sabes si antes de que Asami perdiera la memoria, sucedió algo en su cuerpo? —Shinichi frunció el ceño, intentando evitar mirar al chico que seguía con la mirada al suelo.
— ¿De qué hablas? —Mamoru levantó la mirada hacia él.
— Asami, tose sangre desde hace unos días, y fuimos al médico, pero todas las pruebas que le han hecho, parecen ser negativas. Ni siquiera tiene el cuello irritado, ¿sabes algo?
— Si es de antes de perder la memoria, no —respondió Mamoru—. Puesto que no me dijo nada.
— Está bien, gracias —Shinichi dio la vuelta y se dirigió hacia la biblioteca.
— Siempre de mal en peor —Yukiko miró a Eri con dolor en su mirada, haciendo que ella le devolviera la misma mirada y afirmara con la cabeza.
— Bueno, por el momento no parece suceder nada anormal en ella, aparte de eso —Ran se encogió de hombros—. Así que no nos precipitemos sacando conclusiones rápidas.
— ¿Quieres quedarte a cenar, Mamoru-kun? —Yukiko le sonrió.
— No, gracias —él se levantó con pesadez para salir de allí. Otro problema para añadir a su, ya preocupada, cabeza.
.
Otro día...
'Click'. Hacía demasiado rato que escuchaba a ese hombre abriendo y cerrando el mechero y le estaba molestando mucho. Cada vez que escuchaba ese pequeño sonido, su corazón se agitaba asustado y por su cuerpo recorría un escalofrío que la hacía encoger. Asami miró al escenario intentando distraerse, en donde su abuelo Yusaku estaba hablando y haciendo bromas a la gente. Pero le era imposible concentrarse en otra cosa. 'Click'. Su respiración empezaba a agitarse. Su padre la miró a su lado.
— ¿Ocurre algo, Asami?
Ella negó con la cabeza.
— Voy a tomar un poco el aire —se alejó a grandes zancadas hacia el balcón que daba al jardín. Así al menos perdería de vista ese ruido tan molesto.
— Ya voy yo —susurró Mamoru siguiéndola, después de ver la cara desconcertada de Shinichi.
— ¿Qué le ocurre? —preguntó Eri mientras todos los veían alejarse.
— No tengo ni idea —respondieron Yukiko y Ran a la vez.
Asami empujó el ventanal abierto y salió, llenando sus pulmones de aire limpio de humo de tabaco y olor a comida quemada. Se apoyó en la barandilla y observó la oscuridad de la noche. El vestido también era molesto para ella, nunca se sentía mejor con unos pantalones y un jersey grueso para no pasar frío. A esas horas soplaba fuerte el viento y le hacía coger frío.
— Kudo —Mamoru se acercó esforzándose por no asustarla. Asami se giró con tristeza. Cada vez que él la llamaba, fuera con su nombre o su apellido, sentía un vacío que no podía rellenar si no era viéndole sonreír—. ¿Qué ocurre?
— Nada, me siento agobiada con tanta gente —Asami suspiró mientras volvía a apoyarse en la barandilla.
Mamoru se apoyó de espaldas a la barandilla con una sonrisa, pero ella sabía que se estaba esforzando de nuevo. El chico la miró y ella desvió la mirada un poco ruborizada.
— ¿Qué? —Mamoru la conocía demasiado bien.
— No entiendo el motivo por el que te echo de menos —susurró la chica evitando mirarlo. Mamoru sonrió complacido y ella lo miró—. ¿Por qué me está pasando esto?
— Porque tenía que ocurrir —Mamoru se giró y observó el jardín, mientras alguien salía a fuera con ellos—. Oye, no te preocupes, todo va a solucionarse pronto, ¿vale? Ya estás mejorando mucho.
— Pero no es suficiente —se quejó la chica—. Me siento sola —'click'. Asami se estremeció asustada, de nuevo. Él la miró con el ceño fruncido y ella bajó la mirada arrepentida.
— ¿Estás bien? —Mamoru estaba preocupado.
Ella estaba palideciendo cada vez más. 'Click'. La chica volvió a asustarse y finalmente se giró y observó el anciano de pelo grisáceo y mirada perdida.
— ¿Puede parar, por favor? Es molesto —se quejó mientras Mamoru observaba a los dos.
— Así no se le habla a un anciano —se quejó el hombre.
Asami iba a responder, pero Mamoru la giró hacia el jardín, de espaldas al hombre.
— Disculpe, no tenemos un buen día —Mamoru sonrió nerviosamente mientras miraba fijamente la mano del hombre y seguía aguantando firme los hombros de Asami.
— Lo que se tiene que oír a estas épocas —siguió quejándose el hombre. 'Click'. Notó a la chica estremecerse y la vio tapándose los oídos.
— Oye, ¿quieres…? —dijo el chico en un hilo de voz.
— Irme a casa, por favor —respondió ella con un susurro y aún más pálida—. Tengo que irme de aquí.
— Vamos —Mamoru la cogió de la mano y tiró de ella hacia dentro. Se acercaron a los padres de Asami y el chico habló con rapidez. Asami observó detrás. El hombre les había seguido. 'Click'
— ¡¿Es que me está siguiendo?! —gritó la chica por encima de las risas de la gente.
La gente de su alrededor la miraron sin saber lo que decía, mientras Heiji le daba las llaves del coche a Mamoru.
— ¿Pretendes que me quede a fuera con el frío que hace? —preguntó el anciano sonriendo con autosuficiencia—. ¿Cómo tratas a los mayores, jovencita?
Mamoru cogió a la chica por los hombros y la apartó de allí.
— Vamos, vamos. Disculpe, señor —Mamoru la empujó lentamente por entre la gente—. No te pongas tan nerviosa —'Click'. Mamoru sabía que les estaba siguiendo, pero tampoco podían entender el motivo. La chica se desesperó entre sus manos—. Cuánto más rápido lleguemos a tu casa más rápido te alejaras de este ruido —dijo él en un hilo de voz.
Salieron de la sala y Mamoru cogió la mano de la chica tirando de ella hacia las escaleras. Eran tres pisos pero, tal y como estaba ella no podía subir al ascensor, y de hecho a él no le importaban mucho las escaleras. El ruido se escuchó una última vez a lo lejos y Asami, un poco aliviada, dejó que el chico tirara de su mano con delicadeza. Observaba la espalda del chico con tristeza. Tenía muchas ganas de que la abrazara, porque ella sabía que solo así se tranquilizaría, pero también sabía que eso solo la confundiría más aún y seguramente le provocaría más dolor al chico. Así que bajó la mirada reprimiendo con todos sus esfuerzos esas terribles ansias. En cuanto llegaron abajo del todo, Mamoru se paró al vestíbulo y se giró a mirarla con una sonrisa.
— ¿Estás bien? —ella afirmó con la cabeza lentamente. El chico sabía que eso no era algo bueno. No podía leer su mente, pero podía entender su sufrimiento—. Todo va a salir bien.
— ¿Cómo quieres que salga bien? —dijo Asami con la voz rota—. Tengo miedo a un ruido y ni siquiera puedo entender el motivo.
— No hagas sobresfuerzos. Así solo conseguirás hacerte más daño —Mamoru le soltó la mano. Asami sintió unas ganas terribles de llorar por ese motivo. ¿Qué pasaba con ella? El chico se quitó la chaqueta del traje que llevaba y se la puso en los hombros—. Vamos, te acompaño a casa.
— Pero… —Asami iba a quejarse porque el chico fuera tan galán, pero él no le dejó hacerlo.
Volvió a cogerla de la mano y tiró de ella hacia la puerta de salida. Mamoru sintió un pequeño pinchazo en su barriga, ya que la última mirada de la chica había sido demasiado dolorosa. Quería ayudarla, pero no tenía en sus manos los métodos para hacerlo, en esos momentos en que ella tanto le necesitaba. Tenía ganas de abrazarla y decirle que todo iba a salir bien, pero eso solo les haría más daño a los dos. Bajaron las escaleras de la entrada y se fueron andando hacia la verja de entrada, en donde un montón de periodistas esperaban impacientes a la conclusión de la fiesta. Mamoru chasqueó la lengua y se detuvo unos segundos para mirarla.
— ¿Te ves capaz de pasar por el medio de ellos? —preguntó.
Asami afirmó con la cabeza lentamente de nuevo.
— Pero no me sueltes —susurró en un hilo de voz, que ella no quería que sonara tan a suplica como realmente había parecido.
Mamoru notó que su corazón se detenía unos segundos. Sonrió ampliamente hacia ella y afirmó con la cabeza.
— No voy a soltarte —ella desvió la mirada medio ruborizada y él la observó por unos segundos más. Parecía nerviosa y por alguna razón, Mamoru se sintió aliviado por eso—. Vamos.
El chico tiró de su mano de nuevo y se dirigieron hacia la verja. Los periodistas empezaron a tomar fotos y prepararon sus cámaras de video y micrófonos o grabadoras. Un guarda de seguridad les abrió la verja y Mamoru inclinó su cabeza para darle las gracias. Todas las personas empezaban a empujarse entre ellas para tener la exclusiva. Mamoru sabía que ninguno de ellos quería saber nada acerca de la fiesta, sino el motivo por el que él y Asami se habían separado en esos últimos meses. Y aunque Akira y Chieko ya les habían dicho el estado de Asami, ellos seguían insistiendo en saber el motivo de su enfermedad. Notó la mano de la chica que apretó con fuerza la suya. Él avanzó ignorando las preguntas y siguió tirando de ella y abriendo paso entre los periodistas. Sabía que Asami no aguantaría mucho esto, así que tiró con fuerza de ella para acercarla hacia él y la rodeó con un brazo por la espalda para protegerla de todo. Siguió avanzando sin decir nada, mientras veía a Asami palidecer a cada pregunta. Se detuvo mientras abrazaba a la chica con las dos manos.
— Por favor, ya dejen esto —se quejó—. Les pedimos que no hicieran esto cuando Asami estuviera. La vais a enfermar más —intentó avanzar, pero la chica no podía moverse. Se quedó con las manos a sus oídos intentando cubrir el sonido de todas esas preguntas que los periodistas seguían haciendo. Estaba temblando. Mamoru puso sus labios al oído de la chica para intentar que nadie les escuchara—. Tenemos que irnos. Si te quedas quieta será peor —ella negó con la cabeza levemente. Estaba demasiado aterrada para seguir. Él apretó uno de sus brazos para abrazarla con más fuerza mientras con el otro intentaba abrirse paso de nuevo. Tiró de ella con lentitud y finalmente fueron saliendo del montón de periodistas que seguían haciendo preguntas, para llegar al coche de Heiji, un poco más a la derecha de la verja y adentrándose al parquin. Abrió la puerta del copiloto y esperó a que la chica entrara para cerrar la puerta. Se giró para mirar a los periodistas que seguían esperando sus respuestas—. Sois realmente unos irrespetuosos. ¿Quién os ha dicho que hayamos cortado? —preguntó Mamoru respondiendo a sus preguntas con un tono de odio en su voz—. La situación es muy complicada para todos y no creo que pueda responderos ahora mismo acerca de esta situación. Por otro lado, no voy a responder acerca de la enfermedad de Asami, y mucho menos mientras sigáis atormentándola de esta manera. Os estamos pidiendo solo que esperéis a que ella se recupere, no os estamos pidiendo que nunca jamás volváis a saber de ella. Si queréis hacer preguntas de ella, hacédnoslas a nosotros, pero cuando ella no esté presente. ¿Acaso Shinichi-ojichan no lo ha dejado suficientemente claro? —observó a la mujer que llevaba micro que le había hecho la pregunta—. ¿Qué más? Sí, acabo de salir del coma, pero eso no significa que Asami esté enferma debido a eso. Ah y sí, Asami ha tenido que dejar la grabación por su enfermedad y yo he tenido que alejarme de los casos por el accidente que tuve, que me provocó ese estado de coma. ¿Última pregunta?
— ¿Por qué no podéis decirnos la enfermedad que sufre Asami-chan? —preguntó un hombre de pelo oscuro y mirada penetrante—. Sus fans están impacientes por saberlo.
— Quién tiene que saber acerca de esto ya lo sabe —suspiró Mamoru—. Lo siento mucho por los fans de Asami, pero si quieren que se recupere es mejor que nadie lo sepa. Algunos de los fans de ella ya lo saben y les hemos pedido que no lo digan por precaución. Parece ser que han cumplido con su palabra, inesperadamente. Hay alguien que le quiere mucho daño a ella y que se supiera de esto solo empeoraría las cosas. Eso es todo.
Mamoru se giró y avanzó con lentitud hacia la puerta del conductor mientras escuchaba a los periodistas estallar en más gritos de preguntas. El chico entró en el coche y suspiró largamente. Miró a Asami.
— ¿Por qué has hecho esto? —preguntó la chica aún con los oídos tapados.
— No lo sé —Mamoru se puso el cinturón de seguridad mientras ponía las llaves al contacto.
— Digo… protegerme de esa manera —la voz de la chica se cortó unos segundos y Mamoru la miró sorprendida mientras las preguntas de los periodistas seguían escuchándose de afuera.
— ¿Cómo que por qué te he protegido? —Mamoru sonrió ampliamente soltando un pequeño soplido parecido más a una tímida risa—. No necesito un motivo para eso, ¿oh sí? —Asami lo miró desconcertada—. ¿Crees que debo de tener un motivo para protegerte? —Mamoru rodó los ojos y apoyó la cabeza al volante.
— Ah, e-esto… yo-yo-yo… —Asami tartamudeó nerviosa, poniendo sus manos delante. Se quedó quieta sin tocar al chico. De nuevo lo había entristecido preguntando cosas absurdas. Movió las manos sin saber qué hacer hasta que escuchó la risa del chico—. ¿Qué? —el chico se apoyó al respaldo del asiento riendo con los ojos cerrados. Ella siguió mirándolo—. ¿Qué hace tanta gracia?
— Perdona, perdona —Mamoru se frotó los ojos unos segundos y la miró—. ¿Me preguntaste esto en serio? —ella desvió la mirada medio ruborizada—. Oye, no necesito un motivo para protegerte. Sigues siendo mi mejor… —dudó un poco de su respuesta. Sabía que tenía que controlar sus palabras—, amiga.
— No querías decir amiga —Asami se puso el cinturón de seguridad y miró por la ventana en donde los flashes de las cámaras seguían activados—. ¿Qué pasa contigo?
— Eres mi deseo, Asami —Mamoru suspiró sin mirarla, e intentando cubrir sus labios con su mano, para que nadie pudiera leerle los labios—. Y eso no va a cambiar por muy pocos recuerdos que tengas de mí —Asami lo miró asustada. Él no la miraba mientras encendía el coche—. Pero cada vez que te digo algo así te asustas, como si eso fuera algo imposible para ti —la miró sonriendo tristemente—. Te quiero Asami, aunque no pueda estar contigo yo no puedo reprimir mis ansias de verte sonriendo. No puedo dejar de pensar en lo que pasó para que tú terminaras así y tengo unas ganas terribles de abrazarte y decirte que nada de esto está sucediendo, pero… —miró hacia delante preparado para empezar a conducir, pero se esperó unos segundos—. Esto está sucediendo y vamos a tener que lidiar contra esto —Asami se quitó el cinturón y lo abrazó con fuerza—. ¿Qué haces?
— Lo siento—la chica susurró en medio de un sollozo—. No puedo.
Mamoru le acarició la cabeza. Eso sería primera página al día siguiente en las revistas del corazón.
— ¿Qué ocurre?
— Tengo muchas ganas de estar contigo, pero… —otro sollozo—. Pero yo no-no puedo entenderlo.
— Eso es porque aunque tu cabeza no me recuerda, si lo hace tu corazón, Asami —el chico susurró en su oído deseando que eso fuera la verdad, por encima de todo—. Deberíamos de irnos —notó que afirmaba con la cabeza y ella se apartó, asegurándose de que los de afuera no le veían la cara—. Maldita sea —se quejó con un tono de voz que a ella le costó oír. Sentía que se había contenido durante demasiado tiempo y ahora ella le salía con esas.
La chica se puso el cinturón de nuevo y emprendieron el viaje hacia la casa Kudo. En cuanto el vehículo se paró, Asami bajó deprisa de allí. Mamoru se bajó con tranquilidad y la observó apoyado en el coche. Ella estaba aún más nerviosa que antes. Abrió la puerta de la casa y terminó tropezando con los zapatos al entrar.
— Oye, Kudo —Mamoru sonrió viéndola y se acercó con lentitud, cerrando la puerta cuando entró. Ella se giró para mirarlo—. ¿En serio estarás bien? ¿Puedes cuidar de ti sola? —le ofreció la mano para ayudarla y ella se la cogió.
Mamoru tiró de ella y finalmente dejó ceder a sus emociones. La abrazó de lado, aún cogiéndola de la mano. Asami se quedó quieta, necesitaba ese abrazo y al parecer él también. Cerró los ojos mientras los recuerdos atacaban de nuevo su mente, uno tras otro, como agujas afiladas penetrando en el fondo de su cerebro.
Flashback
Todos habían venido a cenar a la nueva casa de Asami, celebrando lo que al parecer Akira y Tetsuya señalaron como la mejor parte de la vida de un humano, la independencia. En cuanto habían terminado la cena, se quedaron un buen rato haciendo juegos y hablando y riendo, hasta muy tarde, esperando que parara de llover, pero la lluvia no cesaba. Finalmente, cuando se fueron, Mamoru se quedó sentado en el suelo, mostrando pereza. Ninguno de los demás se dio cuenta, o simplemente ignoraron ese hecho. En cuanto la chica estaba por cerrar la puerta, él se levantó y se acercó a ella con lentitud. La besó en la mejilla y la abrazó con fuerza por la espalda.
— Mamoru, ¿qué haces? —la chica sonrió tímidamente—. ¿Quieres quedarte hoy aquí? —la chica lo miró directamente a esos ojos brillantes y verdes que tanto le gustaban. Él afirmó con la cabeza y sonrió tiernamente. Tiró de ella hacia el comedor y puso una música acústica en su teléfono, dejándolo encima de la mesa. Asami lo dejó hacer. El chico volvió a abrazarla y empezó a moverse al ritmo de la música. Ella lo rodeó con los brazos también, cerró los ojos y escondió su cara entre su cuello. Se sentía tan bien entre sus brazos. Podía pasar cualquier cosa en ese momento, sabía que estaría en un lugar seguro mientras esos brazos fuertes y cálidos la rodeaban. Quizás no podía volar, no podía cogerla de la mano y llevarla volando a cualquier sitio que ella quisiera, pero en esos momentos ella se sentía como si estuviera volando. Quizás no podía leerle la mente, como si ella fuera un cartel y que le dijera todo lo que ella quisiera oír, pero es que no necesitaba más que dos palabras para estar satisfecha, tres si contaba su nombre en esa frase. Pero aún así, aunque Mamoru no tuviera súper poderes, ella sentía que ese era su héroe personal. Con todo lo que habían pasado juntos no merecía otra categoría más baja que su príncipe de caballo blanco, su caballero con armadura andante o su héroe con poderes para protegerla. La luz se apagó de golpe, pero a ninguno de los dos les importó. Siguieron girando abrazados al sonido de la música escuchando sus respiraciones lentas y la lluvia cayendo al jardín con lentitud. En ese momento, Asami sintió que pocas veces podría ser más feliz que en ese momento.
Fin del Flashback
— Mamoru —el susurro de la chica fue casi imperceptible por él. De repente las piernas de la chica se sintieron más pesadas. Él la cogió con más fuerza y la miró preocupado. Los ojos de ella estaban cerrados y sacaban pequeñas lágrimas.
— Asami, ¿estás bien? —el chico le tomó el pulso, seguía tranquilo y normal—. ¿Asami? —se había desmayado. El chico chasqueó la lengua. No se sentía con fuerzas suficientes para llevarla a su habitación. Así que, la cogió por los brazos y tiró de ella para subirla a su espalda. La llevó en el sofá del comedor y la tumbó con cuidado allí. Le secó las lágrimas y se apoyó al sofá, apoyando su cabeza al lado de la chica. ¿Qué pasaba con ella? ¿Por qué se desmayaba con tanta facilidad desde que había pasado todo eso? En cuanto Yoh, Ran y Shinichi volvieron, él se fue de allí. Manteniendo su máximo silencio, se subió al coche y volvió a su casa.
Hasta aquí el capítulo ;)
Próximo capítulo: 'Juntos a la feria'.
