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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL SENTIDO DE MI VIDA


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Capítulo XXXIII


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Me miré al espejo con una pequeña sonrisa llena de satisfacción, y volví a tocarme la pajarita para enderezarla un poco más. Llevaba haciéndolo desde hacía unos minutos, y ya no distinguía si era una acción necesaria o simplemente nerviosa y emocionada por lo que significaba ese día para mí.

Puse los ojos en blanco al darme cuenta de que mi cabello había vuelto a quedar algo despeinado. Indomable, demasiado. Así que opté por pasarme la mano y terminar despeinándome.

Me llené los pulmones de aire y, mirándome por última vez al espejo, me di el visto bueno. Nadie pensaría hacía tan solo dos años que vería a un Edward tan vivo y feliz. Apostaría todo lo que tenía a que si le hubiesen dicho a alguien que Edward Cullen cambiaría totalmente en cuestión de pocos meses, ese alguien, se hubiese reído abiertamente de esa afirmación.

Me giré encontrándome con la cama de la habitación deshecha y me rasqué la nuca volviendo a sonreír. En ese momento me había dado cuenta que debía haber hecho la cama desde hacía un buen rato, pero las ansias porque llegara la hora indicada en la que volviese a encontrarme con la mujer que llenaba en esos momentos mi corazón y en definitiva toda mi vida me impedía pensar con lógica. Ya había almorzado incluso…

Bella se había despedido de mí esa misma mañana muy pronto. A penas los primeros rayos del sol habían iluminado sus suaves mejillas y la punta de su nariz, cuando despertó encontrándome con los ojos clavados en su rostro, sumamente concentrado y deleitándome satisfactoriamente una vez más de lo que ya era mío y lo que, en a penas unas horas, a ojos de todo el mundo, proclamaría: que era mi esposa.

Le había costado quedarse dormida durante toda la noche y eso que se había tomado una tila doble con un par de valerianas. Yo, aunque estaba bastante nervioso, no lucía tan ansioso como ella. Imaginaba que se debía a la satisfacción de saber con seguridad que al día siguiente daríamos otro paso más en nuestra relación, uno muy importante, confirmando una vez más lo que teníamos los dos.

Ahora debía estar en casa de mi hermana con su madre y la mía, quedando preciosa para mí, o bueno quizás la mía debía estar aquí conmigo. Estaba seguro de que sería la envidia de muchísimos solteros socios de la empresa y ni que decir tenía lo que me divertiría ese día, luciendo con mi esposa. ¡Dios, no podía ser más dichoso!

Habían pasado seis meses desde que decidimos la fecha de la boda, después de que nos llegaran las últimas noticias de Tanya, Eleazar y Esteve, así que nos encontrábamos en el mes de mayo.

Parecía mentira. Bella ya tenía la nacionalidad española y su español mejoraba con el paso de los días, teniendo un nivel bastante aceptable.

No era consciente de que había pasado más de un año desde que conocía a Bella. Convivir con ella se me daba bien, y aunque en algunas ocasiones las discusiones eran inevitables, las reconciliaciones y la conversación del "después" para disculparnos y aceptar los pocos distintos puntos de vista que teníamos y algunas diferencias, eran lo mejor.

Pero sobretodo la "reconciliación". ¡Que Dios me perdonase! pero el sexo con ella era simplemente increíble y mejoraba con el paso del tiempo. Era maravilloso sentir como toda ella, su cuerpo, su alma, se fundía conmigo; me fascinaba corroborar cada vez más lo afortunado que era al tenerla a ella y el tener la certeza de que ella sentía lo mismo por mí en aquellos momentos en los que dejábamos la razón a parte para dedicarnos a actuar como nuestros instintos y sentimientos nos indicaban.

Simplemente era la mujer de mi vida, y no podía estar más seguro de ello.

Habíamos viajado a Arizona bastantes veces antes de la boda para ver a sus padres, algunas a regañadientes. Y no porque Bella no desease verlos, ya que el lazo afectivo cada día crecía más entre ellos, sino porque era demasiado terca. No aceptaba de buena gana que yo pagase los billetes y la estancia allí, y en ocasiones me veía obligado a aceptar algo por su parte.

"Somos una pareja, no me hagas sentir como una mantenida, por favor." Esas eran en gran parte sus palabras más utilizadas, y al final no podía negarme. Habíamos tenido bastantes discusiones fuertes a causa del tema económico, así que por último me había dado un poco por vencido. Solo un poco…

Entendía su punto de vista, pero deseaba consentirla en todo lo que ella necesitara. Para mí no suponía ningún esfuerzo, solo quería tratarla como a una reina.

Suspiré cogiendo las llaves cuando tocaron el portero, sabía de quien se trataba: Emmett, no podía ser nadie más. Él se encargaba de traer el coche alquilado y mi padre llevaría el suyo a la Iglesia para después irse con Esme en el de ella. Así que cerré la puerta cuando salí de casa y me encaminé hacia él, observando su sonrisa divertida.

-El gran, día, ¿no? - Dijo a modo de saludo, palmeándome el hombro y abrazándome.

-Desde luego va a ser un día inolvidable. - Contesté con una sincera sonrisa, dirigiéndome hacia su coche.

-Apuesto a que Bellita estará como un flan en casa de Alice. - Reí ante su comentario. - Tú pareces muy tranquilo…

-Aun no estoy seguro del por qué realmente. - Dije abriendo la puerta para sentarme en el asiento del copiloto. Rose se sentaba atrás con Kellan.

-Al final voy a terminar pensando que eres diferente a tu primo y a tu cuñado. - Comentó mi prima, dejando entrever una sonrisa. Yo me giré para sonreírle, debía habernos escuchado.

-Hola Rose. ¿Cómo está ese campeón? - Pregunté mirando la silla del bebé.

-¡Enorme! A veces me da por pensar que no es un bebé normal. - Yo reí.

-Es igualito a Emmett, Rose. Tiene su misma estructura, solo eso. - Apunté volviéndome al frente para dejar de observar las mejillas rosadas de Kellan, quien no dejaba de gorgojear.

Me sucedió algo extraño conforme me acercaba a la Hermita en la que iba a contraer matrimonio con Bella. Había estado pensando en una de las conversaciones que los dos habíamos tenido el día que elegimos la fecha de la boda…

-¿Entonces no te casaste con Tanya por la Iglesia? - Me había preguntado Bella, quien apoyaba su cabeza en mis rodillas, mientras yo le acariciaba el cabello.

-No… ¿Qué necesidad tenía yo de formar tanto revuelo para celebrar una unión que realmente me daba igual? Tanya también estuvo de acuerdo en realizarla en el juzgado. - Le expliqué.

-¿Tanya? - Preguntó asombrada. -¿Qué Tanya estuvo de acuerdo? - Después rió al final, como si no se lo creyera.

-Bueno, insistió, eso sí que es verdad. - Bella se irguió, quedando sentada con las piernas cruzadas al estilo indio.

-¿Te permitió celebrarla en el juzgado? - Volvió a preguntar perpleja.

-Sí, Bella, te lo estoy diciendo, ¿qué es lo que no entiendes? - Pregunté burlándome ya.

-Es solo que me parece increíble que alguien como ella consintiese que pasase algo así. - Me aclaró alcanzando una de mis manos para juguetear con ella. Yo arqueé mis cejas…

-Bueno… quizás se sintió algo acorralada… - Murmuré. Ella elevó una ceja y yo reí algo avergonzado. - Le dije que nos casábamos así o no había boda.

-¡Haber empezado por ahí! - Exclamó ella sacudiendo las manos en alto y dejando escapar una carcajada después.

-¿Y por qué me has preguntado eso?- Le dije curioso.

-No sé, quería saber… Y como desde un principio hablaste de que nos casáramos por la Iglesia… - Explicó mimosa.

-¿Te gusta la idea? - Me acerqué a ella con la clara intención de acortar la distancia que nos separaba

-¡Me encanta! - Gritó lanzándose a mis labios.

Y ahora, después de darme cuenta de que al girar la esquina llegaba al lugar en el que Bella y yo nos perteneceríamos frente a muchas personas, fui consciente de ese hecho, lo cual provocó que los nervios aflorasen en mí de golpe. ¡Dios! ¡Los tenía controlados! No podía pasarme esto a última hora…

Había algo que hacía poco había descubierto, y era que mis emociones, en algunas ocasiones, eran bastante imprevisibles, cuando se trataba a algo importante en referencia a Bella y a mí. ¡Dios!

Noté mi cuerpo tenso al salir del coche, e intenté llenar mis pulmones de aire antes de dar un paso hacia donde un montón de gente se arremolinaba fuera aun del templo, pero me quedé clavado en donde estaba, mis piernas me fallaban y no obedecían a la orden que les enviaba mi cerebro.

Escuché una carcajada burlona.

-Venga tío, tengo que ir a aparcar. No querrás empezar sin mí. - Se mofó mi primo.

-Ay, Emmett, déjalo, ya decía yo… Los hombres no lleváis muy bien eso de echaros la soga al cuello.- Bromeó Rose. Volví a respirar y comencé a caminar hacia donde mi padre me agitaba la mano mientras se acercaba a mi posición acompañado de Esme.

-¡Hijo! - Exclamó al llegar a mí, dándome una palmadita en el hombro. -Vaya, no tienes muy buen aspecto.

-¡Relájate! - Me aconsejó Esme.

-M-me he bloqueado ahora. - Dije casi ininteligiblemente, ya que mi mandíbula tensa me impedía hablar con claridad.

-No te estarás arrepintiendo, ¿no? - Me preguntó mi padre burlón. Pero esa pregunta me hizo reaccionar, y aunque seguía estando nervioso, tenía que controlarme si no quería que me diese algo al entrar a la Iglesia.

-¡En absoluto! Pero ya vamos dentro… parece que todo el mundo está fuera…

-Están esperando a la novia… así que tienes razón, mejor que vayas a esperarla dentro de una vez. - Me explicó Esme. - Anda, mi amor, ve con él, yo me quedó esperando a Rose para ver a Bella. - Mi padre se inclinó para besarla antes de acompañarme al interior.

Aun era extraño para mí ver a Carlisle comportarse con Esme de esa manera, pero ya me había acostumbrado un poco. Además el tener a Bella a mi lado siempre me ayudaba, tanto a la hora de darme consuelo, como a la hora de abrir mi mente a ciertas situaciones. Y no es que fueran situaciones vergonzantes, simplemente me costaba asimilarlas.

Miré mi reloj ansioso por décima vez al menos; el tiempo se me estaba haciendo eterno. ¡Parecía que hacía una hora que había saludado a los fotógrafos!

-Pareces ansioso, Edward. - Me dijo mi padre divertido, negando con la cabeza.

-Lo estoy… - Asumí frente a él antes de ver como Jasper entraba al lugar y se dirigía hacia mí. Después de que él apareciera, muchísima gente comenzó a entrar también, sentándose en los bancos. Mi corazón sin poder evitarlo comentó a latir desbocadamente.

-Ya ha llegado, Bella. - Me informó Jasper con una sonrisa. -Alice está ayudándola con el vestido y está dándole las instrucciones a Clare otra vez. - Yo asentí y me enderecé llenando mis pulmones una vez más de aire. Clare iba a ser la damita que tiraba las flores detrás de Bella y la que nos acercase los anillos. - Tranquilo. - Dijo dándome una palmadita en el hombro. -Bella está guapísima. - Me comentó guiñándome un ojo. No pude evitar sonreír ante eso, no lo dudaba.

Mi mirada se mantenía en todo momento en el lugar por el que Bella aparecería en breves. Escuché un bajo murmullo detrás de mi y después a mi padre decir algo como: "sí, ya todo está listo", antes de alejarse de mí.

No estaba pendiente de nadie, pero fue ineludible que me fijara en cómo Renee se sentaba en el primer banco. Solo pude sonreírle brevemente, antes de fijar mi vista una vez más al frente.

Entonces la música comenzó a sonar. La luz resplandeciente de la tarde dejó entrever de manera gradual, cada vez con más claridad dos siluetas. Mi mirada solo pudo discriminar al hombre con su traje de corbata, para centrarse en aquella otra figura delicada, y graciosa que se iba acercando con pasos pequeños y lentos hacia el interior, hasta que el fulgor se apagó para dejarme admirar la belleza más hermosa que alguna vez había visto acercarse hasta mí.

Tardé tiempo en reaccionar o simplemente tuve la sensación de que el tiempo iba más lento de lo normal. Como si aquella imagen frente a mí se moviese a cámara lenta, como si fuese una ensoñación, me fije en cada uno de los detalles que llamaban mi atención.

Su vestido relucía de color blanco inmaculado en conjunto con ella. La forma del corte tan habilidosa remarcaba de forma elegante sus curvas, sin ser para nada vulgar. Era sencillo, liso, de manguitas caídas, confeccionadas con encaje.

Mi mirada terminó centrándose en su rostro. Sus ojos grandes estaban iluminados sin apartarse de mi mirada. Estaban felices y satisfechos. Me miraba de una forma tan intensa que me hizo sentir como la única persona en aquel lugar, como el deseo más preciado que ella necesitaba. Y tuve que sonreírle, aun esperándola.

Cada vez sentía más la necesidad de acortar la distancia que nos separaba para poder contemplar de más cerca la belleza de su rostro, pero tuve que tener paciencia.

Mi sonrisa creció ipso-facto en cuanto Charlie me la entregó y sentí el tacto electrizante e inconfundible de la piel de su mano. Fría, sí, pero suya. Entrelacé nuestros dedos mirándola a los ojos, sin ser consciente de nada más en esos momentos, fijándome en lo preciosa que se encontraba.

Siempre lo había sido, para mí nunca dejaría de ser la mujer más hermosa de todas, pero ese día… con aquel brillo tan especial, con aquel maquillaje tan sencillo que remarcaba todos y cada uno de sus preciosos rasgos, me había dejado prácticamente sin palabras.

-Estamos aquí hoy reunidos… - El sacerdote comenzó a hablar, aunque dejé de escucharlo involuntariamente, distrayéndome con gran facilidad cada pocos segundos mirando a Bella, tratando de convencerme a mí mismo de que no era un sueño y de que estábamos los dos allí.

A veces ella correspondía a mis miradas, dejando entrever una hermosa sonrisa, que acompañada por aquel sonrojo constante que la acompañaba la hacía parecer más irreal. Era un ángel.

Repetí los votos sintiendo cada una de las palabras que salían de mis labios y mirando a Bella, asegurándole con ese gesto de la veracidad y la importancia que suponía aquel pequeño discurso. Ella hizo lo mismo después, mirándome de la misma forma, con su cada vez más controlado español.

La ceremonia no duró mucho más después de contestar el "sí, quiero" y de que nos pusiésemos el uno al otro los anillos, terminando en una animada celebración llena de aplausos cuando acuné el rostro de Bella para besarla frente a todos nuestros amigos y familiares.

Y la besé con tanta adoración como sentía en aquellos instantes. Era mía, más que antes y la iba a hacer la mujer más feliz de la Tierra.

Después de arreglar los últimos puntos sobre la ceremonia y recibir algunas felicitaciones, nos tocó salir de la Iglesia para ser rociados por arroz y pétalos de rosas, y por supuesto ser felicitados por más invitados.

-¡Felicidades primo! - Exclamó Mike.

-Gracias, Mike… - Le agradecí. En el mismo momento en el que Bella se lo agradecía y él se alejaba mi mano acarició la espalda de la que ya podía decir que era mi esposa, notando un tacto muy diferente al que había imaginado, así que no pude mirar y despejar mi duda.

Sonreí negando con la cabeza. Qué belleza. Su espalda estaba adornada con un encaje precioso, el cual enmarcaba la misma. Muchísimos botones pequeños trazaban su columna hasta el final de la cola. Mi primer pensamiento fue que quizás me desesperaría un poco cuando quisiese deshacerme de su vestido, pero no podía negar que estaba preciosa.

Entrelacé de nuevo nuestras manos y con la que me quedaba libre acaricié su mejilla.

-Estás preciosa, mi amor. -Le murmuré, notando como su sonrojo se acrecentaba por momentos.

-Tú también estás muy guapo.

-Bella… yo siempre estoy guapo… - Bromeé guiñándole el ojo. Ella sonrió y me dio un débil manotazo en el hombro.

Después de quedar con los fotógrafos para más tarde, despedirnos de nuestra familia, y deshacernos de Alice, a quienes veríamos en el banquete, conseguí raptar a Bella para mí solo.

-Por fin te tengo un ratito para mí. - Le dije alzando una ceja de lo más sugerente, acercando mis labios a los suyos. Pronto sentí sus ya previsibles reacciones.

-No tenemos tanto tiempo… Hemos quedado en media hora con los fotógrafos, y… - No dejé que acabara y atrapé su labio inferior con los míos, deleitándome con su dulce sabor.

-Te amo… - Susurré volviéndola a besar.

Nuestros labios danzaron entre ellos junto a nuestras lenguas, acariciándose tiernamente.

-No puedo creer que sea tu esposa… ¡Tu esposa! - Exclamó arrojando sus brazos a mi cuello y abrazándome con fuerza. - Te amo, Edward… Te amo… - Repetía dejando pequeños besos en mi cuello, haciéndome sonreír.

-Lo eres… - Dije separándome para volver a mirarla. - Dios, que hermosa estás… - Volví a decir mientras la alejaba de mi cuerpo para contemplar el suyo. - Me has dejado sin palabras. Mejor que en mis mejores sueños. - Le dije, volviendo a acercarme a ella para volver a besarla.

-Deberíamos salir… No querrás quedarte sin fotos… - Yo suspiré desganado pero no, no quería quedarme sin fotos para poder recordar incluso mejor nuestra boda en un futuro.

-Está bien… aunque ganas no me faltan para raptarte y llevarte a casa para deshacerme de todos esos botoncitos que llevas en la espalda y hacerte mía otra vez… - Ella puso los ojos en blanco.

-Pensaba que me veías hermosa con este vestido. - Yo alcé una ceja sonriendo.

-Y lo estás, no sabes cuánto. Pero nada supera tu desnudez… - Ella frunció los labios sonrojándose de nuevo.

-¡Adulador, vámonos! - Exclamó tirándome de la mano. Yo empecé a reír.

-¿Dónde vas, Bella? - Le pregunté sonriendo, mientras la seguía.

-¿Cómo que a dónde? ¡Pues al coche! - Siguió diciendo.

-No es por ahí, cariño. - Ella se detuvo y me miró esperando a que yo le indicase hacia donde debíamos caminar, pero al mirarme con aquella sonrisa llena de felicidad que era incapaz de borrar de mi rostro me correspondió de la misma forma.

-Vamos a llegar tarde. - Yo me encogí de hombros.

-Que nos esperen, soy Edward Cullen, y me acabo de casar con la mujer de mi vida.

-Eres… - Comenzó con una sonrisa, negando con la cabeza.

-Un idiota enamorado, eso soy. ¡Me tienes idiotizado! Podrías hacer conmigo lo que quisieras… - Le dije mirándola y al mismo tiempo acariciando su mejilla. Ella puso los ojos en blanco divertida.

-Sí, sí… ¡de todo menos convencerte para que nos vayamos! - Exclamó riendo al final. Yo reí con ella.

-Está bien, está bien, esposa mía… ¡Vayamos a encontrarnos con esos fotógrafos!

Y eso hicimos. El día acompañaba a nuestra felicidad, luciendo un sol luminoso y agradecido… Fuimos al casco antiguo de Ronda, en la que nos hicimos unas fotos en las que bien sabía que íbamos a salir maravillosos. Tardamos más de lo que me hubiese imaginado, pero el tiempo se me pasaba demasiado rápido.

-Esta va a ser una foto preciosa. - Nos dijo sin dejar de mirar la imagen que nos acababa de sacar a través de la cámara.

Se estaba poniendo el sol y las luces naranjas nos rodeaban por uno de los caminos que bajaban de Puente Nuevo, desde los cuales se podía decir que nos encontrábamos dentro de la enorme grieta natural, y más al fondo se podía ver el sol esconderse.

-La última. Esta luz, verdaderamente es romántica. Bien, no os mováis de ahí. ¿Qué os sugiere éste lugar, con ésta magia, esta luz, este olor…? Confío en vosotros, chicos. Me voy a estar callado.

Nos había estado diciendo en todo momento cómo debíamos ponernos para posar en las fotos, parecía que a éste hombre se le habían cruzado un poco los cables, pero bueno, suponía que no nos costaba nada intentarlo, a fin de cuentas, era la última.

Miré a Bella, quien casi no había apartado en ningún momento sus manos sobre mí. Esa nueva luz le otorgaba un nuevo matiz al color de su piel, haciéndola parecer más amelocotonada. Así que no pude evitar elevar una de mis manos, para con el dorso de mi dedo índice acariciar una de sus mejillas mientras me fijaba en el brillo tímido y satisfactorio de sus ojos.

Mi otra mano se movió hacía su cintura, mientras sentía la suya alojarse en el pliegue de mi brazo. Me importó poco que un flash nos interrumpiera, y a ella parecía que también pues no podía apartar sus ojos de los míos.

Sonreí, al igual que ella mirando sus labios e ignorando de nuevo las luces de la cámara, me acerqué a ella poco a poco, disfrutando de cómo cada vez la lejanía entre nosotros se reducía, hasta el punto en el que nuestros labios se unieron en un beso dulce que hormigueó en mis labios y envió sensaciones electrizantes por todo mi cuerpo, para finalmente alojarlas en mi estómago.

Era un beso tierno, sin ningún tipo de intención más que la de sentir aquellos labios que me volvían loco, pero algo sí era cierto, eran tan adictivos y sabían tan bien, que había olvidado que el equipo estaba presente aún.

-¡Magnífico! - Exclamó dejando escapar una breve risa, consiguiendo que me alejara de Bella. Le sonreí a ella. -Desde luego que derrocháis amor. Creo que es uno de los mejores reportajes que he hecho.

Bella sonrió tímidamente antes de pasar su brazo por mi espalda y caminar junto a mí hasta ellos, para despedirnos e irnos directamente al banquete.

El recibimiento lleno de aplausos hizo avergonzar de nuevo a Bella, quien casi escondía su rostro en mi pecho. Siendo un canalla, lo reconozco, pero un canalla pletórico y verdaderamente hasta las trancas, me incliné buscando sus labios para besarla frente a todos.

Bella frunció los labios, en un gesto más vergonzoso aún, en cuanto la miré a los ojos con diversión, y por ello volví a atraparlos. Podía escuchar la risa de algunos y los aplausos. ¡Qué felicidad!

Después de la cena y de cortar la tarta, por supuesto nos tocó salir para abrir la pista de baile. El Danubio azul de Johann Strauss, inundó todo el comedor mientras Bella y yo girábamos en un círculo grande, rodeados por todos nuestros invitados. Habíamos ensayado antes, por supuesto. Bailar un vals no era algo que hubiésemos practicado mucho antes, por no decir nada, así que en algunas ocasiones me olvidaba de los pasos y entre risas, los dos bailábamos como mejor podíamos.

Pero en un determinado momento alguien tocó mi espalda y me giré para encontrarme con Charlie, quien casi me exigía con la mirada que le prestara a su hija para bailar. Con una sonrisa se la cedí, no sin antes dejar un beso en su mano para acercarme hasta mi hermana Alice para sacarla a bailar, quien dejó en los brazos de Esme a Julia.

-Felicidades otra vez, Edward. Estás guapísimo. - Me dijo mi hermana más alto de lo normal, a causa de la música.

-Siempre lo he sido… - Ella rió divertida.

-Cierto… Pero estás tan feliz. No sabes cómo me alegro de verte así. En serio, hermano. - Me dijo casi emocionada. -He soñado con verte así desde… - tragó saliva. - …desde hace mucho. - La vi haciendo pucheros, estaba a punto de ponerse a llorar.

-Shh… - Puse uno de mis dedos en sus labios, los cuales temblaban. - No vayas a llorar… ¡Tu hermano se ha casado! Y te puedo asegurar que me siento el hombre más feliz del mundo, así que nada de dramas, hermanita. - Alice me sonrió y me abrazó dejando un beso en mi cuello, junto en el momento en el que el vals terminó y otro tipo de música más movidita comenzó a sonar.

-Espero verte ese brillo en los ojos por mucho más tiempo. - Dijo mi hermana mirándome de nuevo a los ojos y dándome un apretón en las manos.

-Pues entonces te vas a hartar de verme así… ¡porque no va a desaparecer! - Ella rió. - Bueno… voy a reclamar a mi esposa. - Dije guiñándole el ojo.

Estuvimos bailando un poco más. Bella se había quitado los zapatos, incapaz de tenerlos por más tiempo en sus pies. Ya estaba despeinada, y sus ojos lucían cansados, pero no por ello dejó de disfrutar y divertirse con nuestra celebración.

-Mmm… ¿nos vamos ya? - Pregunté perezoso sobre el cuello de Bella mientras nos movíamos al compás de una balada.

-Deberíamos esperar a que todo el mundo terminara de irse. - Dijo ella en tono desapasionado; desde luego estaba seguro de que tenía tantas ganas como yo de pisar nuestra casa.

-Emmett está muy a gusto, míralo… - Me separé de su cuello para señalarle la dirección con mi cabeza. Emmett estaba claro que había tomado más de la cuenta, y estaba abrazado a Rose, quien estaba seguro que por la cara que tenía ella, estaba tratando de convencerlo para que se fueran ya.

-Creo que tu padre tenía que haberse negado a llevarse a los niños…-Comentó divertida, girando el cuello hacia otra dirección, provocando que yo también mirara hacía allá para ver a mi hermana colgada del cuello de Jasper, muy acaramelados.

-Pues a mi me da igual. La verdad Mike tampoco sé que hace aquí… Nosotros nos vamos. Tú también estás cansada y… - Me acerqué a su oído, estrechándola más a mi cuerpo por la cintura. -No sabes las ganas que tengo de quitarte éste vestido, ya lo has lucido suficiente…

Sin tiempo a dejarla que dijera algo, acorté la distancia que nos separaba y la besé con un hambre atroz. ¡Dios, como la deseaba! Nuestro abrazo se hizo más íntimo, hasta el grado en el que no pude evitar presionar mi endurecido miembro contra su vientre.

-Edward… - Susurró sorprendida, pero con un deje de reclamo. Yo sonreí.

-No puedo esperar más, mi amor… Vámonos… Por favor… - Ella simplemente sonrió mordiéndose el labio. -Estaba casi seguro de que tenía tantas ganas como yo de que estuviésemos solos.

-Esta bien, pero hablas tú…

-¡Sí, señora! - Exclamé, dirigiéndonos a ellos.

Cuando al fin, después de una larga despedida, nos pudimos deshacer de Emmett y Alice, con ayuda de Jasper y Rose, ya que sus parejas estaban bastante achispaditos, nos pudimos ir para dirigirnos a casa. Me sentía muy cansado y no veía otra cosa más que la cama en mi mente, bueno, a decir verdad, veía la cama para descansar, pero antes con otras intenciones. No iba a dejar pasar el momento de celebrar íntimamente nuestro matrimonio cómo Dios manda. Bella también parecía cansada, y no era para menos…

Además tenía que contar con que al día siguiente viajábamos a Viti Levu para pasar nuestra luna de miel, así que era consciente de que esa noche tampoco podíamos entretenernos mucho… Quería que ella descansara… Aunque también podía hacerlo en el avión… Esa idea me gustó bastante más.

La cogí en brazos entre risas cuando llegamos a nuestro hogar, besándola mientras buscaba con una mano el interruptor de la luz.

-Por fin, por fin… - Susurraba yo sobre sus labios, los cuales devoraban los míos sin piedad. La dejé en el suelo, y la dirigí de espaldas hacia las escaleras, en las cuales casi nos caemos los dos.

Así que cogiéndola de nuevo en brazos comencé a subirlas, sin dejar de besarla. Las risas nerviosas y felices estaban presentes cada vez que nos separábamos.

La dejé en el suelo cuando subimos al primer piso y la seguí hasta nuestra habitación, con las manos clavadas en su cadera, mientras mis labios vagaban por su cuello de seda.

-No quería decírtelo antes, pero yo también me moría por volver… - Confesó divertida mientras me quitaba la chaqueta.

-Lo sabía… - Dije con una pequeña sonrisa. - Te mueres por mis huesitos. - Dije mientras me quitaba el chaleco y Bella me desabotonaba la camisa.

-Es muy fácil morirme por tus huesitos.

Y así, con movimientos frenéticos, necesitados de amor y llenos de necesidad el uno por el otro, terminamos deshaciéndonos de nuestras prendas para quedar desnudos. Tenía que admitir que me costó bastante quitar todos los botoncitos que adoraban la espalda de Bella, pero nada que me impidiese detenerme.

La besé adorándola como la adoraba y sentí su adoración por mí en cada caricia, en cada beso, en cada gemido y en cada susurro. Decir que no fue especial era mentir.

Todas las veces que hacíamos el amor eran especiales, pero aquella noche, haciéndola mía con aquel grado de ternura tan sumamente agradable, mientras la miraba a aquellos ojos tan transparentes que gritaban su propia felicidad, mientras besaba aquellos labios que repetían una y otra vez que me amaba, mientras sentía el calor de su cuerpo calentar el mío, y rodearme por completo, para convertirnos una vez más en una sola persona, pensé que estaba besando el cielo con ella en mis brazos.

-Te amo… - Dijo ella abrazándome con fuerza, cuando aun ninguno de los dos controlaba su propia respiración y yo mantenía mi cabeza hundida en su cuello, aspirando su dulce aroma.

-Princesa… - Jadeé, sintiendo mi corazón incontrolado, besando la piel de su cuello, disfrutando de cómo sus brazos me apretaban más contra ella y cómo una de mis manos se enredaban en su cabello y la otra seguía afirmada en su cintura.

Era uno de mis momentos favoritos. Quedar así, sobre ella, cuando aun nuestras respiraciones estaban por las nubes; sintiendo como nuestros cuerpos luchaban por buscar el aire que necesitaban. Sudorosos y despeinados; aun con claros signos en el rostro del orgasmo que nos acababa de azotar con fuerza. Aun sintiéndome uno con ella.

-¿Te das cuenta? - Pregunté alzando la cabeza para encontrarme con su mirada chocolate, cuando al fin nuestras respiraciones se habían tranquilizado y había salido de ella. - Es la primera vez que hacemos el amor estando casados.

-Te encanta… - Dijo ella con una breve risa al final. Yo me tumbé a su lado, quedando frente a ella.

-No puedo evitarlo, ya no te presentare como mi novia… sino como mi esposa. Además tienes un anillo el cual proclama que me perteneces a mí… solo a mí. - Musité acercándome a ella para besarla en los labios, mientras buscaba su mano para acariciar su anillo entre mis dedos.

-Te recuerdo que tú tienes uno igual… - Susurró entre besos. Mi mano aterrizó en su cintura, acariciándola.

-Y no sabes lo encantado que estoy por llevarlo. - Le aseguré con una sonrisa.

Nos quedamos mirando un rato a los ojos, fascinado por todas las emociones que eran capaz de mostrarme. Me sentía tan afortunado… Suspiré cansado, la verdad era que necesitábamos dormir los dos, pero antes…

-Gracias… - Susurré, llevando mi mano a su mejilla. - Gracias por aparecer en mi vida. No sabes lo agradecido que te estoy y te estaré. No puedes hacerte una idea. Cuando pensaba que todo estaba realmente perdido desde hacía tanto tiempo… un rayito de luz, que fuiste tú… - Dije sonriendo mientras acariciaba la punta de su nariz . - se coló en mi vida, y entonces todo cobró sentido para mí.

-Aun no sé cómo estoy aquí ahora contigo, como tu esposa… si hacia dos años estaba allí, con mi abuela, cerrada en mí misma… Yo también te debo mucho. - Contestó acariciando con su pulgar mis labios.

-Algo me dice que el destino nos quería juntos porque ambos nos necesitábamos y nos vamos a necesitar siempre.

-Eso es lo que yo llevo creyendo desde hace bastante tiempo. Y nunca vamos a separarnos…

-Nunca, princesa. - Me acerqué hasta sus labios. - Eres… el sentido de mi vida. - Ella me miró con ojos emocionados.

-Te amo… - Dijo ella.

-Te amo…- Dije yo.


*FIN*


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Y con todo el dolor de mi corazón, se acabó... :( Aish! por fin mis chicos han podido arreglarlo todo y casarse... Bueno siempre es dificil deshacerse de una historia, más si le has dedicado tanto tiempo y has sido testigo de que a lectoras tan maravillosas como todas vosotras (tanto las silenciosas como las no silenciosas) la habéis acogido tan bien y os ha gustado tanto, pero todo tiene un fin... y aquí llega este...

De todas formas... ya más de una me ha pedido cosas como algún epílogo, outtake... y bueno, no prometo que sea de inmediato, porque la verdad es que no tengo escrito nada y algo así no sale de un día para otro, como los capítulos... así que os pido un poco de paciencia... :) En fin...

Gracias a todas, en especial a:

saraes, Sarah-Crish-Cullen, valinight, Elyta, Iare, crismery, Cullen Vigo, Aliena Cullen, Milhoja, SsiL, Black Cullen, nany87, Paaameeelaaa, NuRySh, Jos WeasleyC, Patchmila Cullen Mellark, Denisse-Pattinson-Cullen, EdithCullen71283, joli cullen, bellaliz, Sky Lestrange, Yeya Cullen, CaroBereCullen, ludgardita, codigo twilight, cutita2, liduvina, Nurymisu, kelly hale cullen, Nishali Black Cullen, ObsessionTwilight16, BABYBOO27, Samy Cullen Black, IgotYOUunderMYloveSPELL, linda-swan, Carolina Cullen Swan, MnM9, fabi91, anita cullen, Chayley Costa, Maya Cullen Masen, Lightning Cullen, janalez, alexpattinson, indacea, MaxiPau, ISACOBO, ImPoly, jupy, Clacanward, Desi 81, lokaxtv, dioda, AnithaPattzCullenPacker, imtwilighter, Rommita Cullen, TinaCullenSwan, lady blue vampire, anyreth, madaswan, etzelita, Nayuri80, sory78, MarcelaMaciel, LiiQanLu, Areli Pattirson, Victoria, nini18, nena crazucullen, Bastet02, numafu, vale55, valepotter, Krystel01, lupita Cullen, Roxcio, yolanda dorado.

Bueno, aunque esta historia haya acabado, prometo que pronto me pondré a trabajar en otra ;)

Un besito chicaaas y hasta prontooo!