Zelda abrió los ojos poco a poco y tuvo que llevarse una mano a la cara para ocultar parcialmente la luz del sol, que entraba a raudales por la ventana que tenía a su derecha. Se removió, incómoda y, cuando sus pupilas se adaptaron a la luz, observó el sitio en el que estaba. Frunció el ceño al ver que estaba tumbada sobre una camilla, con una sábana blanca por encima, y rodeada de una pequeña mesita blanca con ruedas y una cortina celeste. Tras la cortina podía vislumbrar una mesa alta y una vitrina, junto a las cuales había dos personas hablando, una más alta que la otra. Charlaban en voz demasiado baja, por lo que Zelda no podía oírlo.

Se enderezó un poco en la cama para ponerse bien la ropa, pero la cabeza empezó a darle vueltas. El movimiento alertó a las dos personas que estaban con ella en la enfermería. Una de ellas, la más alta, se adelantó a la otra y abrió la cortina con fuerza. Zelda sintió el suelo se alejaba más y más al ver a Link frente a ella.

-Eh, no hagas eso-la riñó Link con voz suave mientras se acercaba a ella con cautela-. Deberías quedarte tumbada-la ayudó a posicionarse con cuidado-. ¿Ves? Así no te mareas.

Zelda sintió el impulso de retirarse del contacto de Link, pero no tuvo fuerzas para hacerlo realidad. Sin embargo, el muchacho sí sintió el rechazo de ella y se apresuró a taparla con la sábana. Zelda se mordió el labio inferior y desvió la mirada hacia la persona que había entrado a su zona de la enfermería. Era una mujer bajita y regordeta, con los ojos oscuros y pelo rubio recogido en un moño alto.

-Veo que ya te has despertado-dijo la enfermera acercándose a ella y tomándole el pulso con una mano-. Pareces alterada. ¿Estás nerviosa por algo?

Zelda se ruborizó al instante.

-Yo… Pues…

-Tenemos una exposición la semana que viene-intervino Link, sacando a Zelda del apuro al ver que ella no era capaz de decir nada.

La enfermera frunció el ceño.

-¿La semana que viene?-se giró hacia Zelda- ¿Y ya estás nerviosa?-Zelda se encogió de hombros- Lo tuyo es grave, ¿eh? Si estás ahora así, cuando entres en la universidad no sé qué va a ser de ti… En fin-se sacó un pequeño cuaderno de uno de los bolsillos de su bata blanca y escribió algo rápido en él; arrancó la hoja y se la dio a Zelda-. Cuando te sientas capaz de levantarte, vete a casa. Hoy necesitas descansar. Parece que no has dormido en toda la noche, jovencita. Y tómate esto antes de dormir.

Zelda miró el papel y vio el nombre de un medicamento escrito en él. Dudó; no confiaba mucho en las medicinas que ayudaban a dormir, pero no dijo nada.

-Y tú-prosiguió hablando la enfermera, dirigiéndose a Link-, haz el favor de quedarte con ella hasta que pueda irse. Escribiré un informe sobre tus faltas a clase.

-Muchas gracias, Fanadi-respondió Link con simpleza, algo nervioso-. Pero no creo que yo deba…

-¡Tonterías!-le interrumpió Fanadi- Yo tengo cosas que hacer y no puedo dedicarme por entero a esta jovencita. Te quedas aquí y así me ayudas. ¿De acuerdo?

Link suspiró, evitando mirar a Zelda para no incomodarla aún más.

-Sí, vale…-aceptó el muchacho sin tener otra opción.

La enfermera pareció conforme con su respuesta y se marchó por donde había entrado. Pocos segundos después, Zelda y Link escucharon cómo se cerraba a espaldas de Fanadi la puerta de la enfermería. Se habían quedado solos.

Link se volvió hacia Zelda, vacilante, y le tendió una mano. Zelda le observó con el ceño fruncido.

-¿Qué quieres?

-¿Puedo ver la receta?-preguntó Link con tranquilidad, obviando el tono seco de la voz de Zelda.

-Oh. Claro…

Zelda le tendió el papel y sus dedos rozaron la mano de Link cuando él lo cogió.

-Perdón-musitó Link, rodando sus ojos hacia la receta-. Fanadi es buena enfermera. No tienes que preocuparte por esto.

Zelda no respondió. Miró hacia la ventana y dejó la vista puesta en los árboles del exterior. El otoño estaba a punto de llegar y las primeras hojas de los árboles caducos comenzaban a perder el verde intenso del verano y lo cambiaban por tonos dorados y bronces. Zelda sintió que esas hojas reflejaban a la perfección cómo se sentía ella.

Aquella mañana, cuando se había despertado, se había dicho a sí misma que no hablaría con Link más allá de los estrictamente necesario para la clase de Historia. Por desgracia para ella, se había desmayado en medio del pasillo y, curiosamente, había sido Link quien la había llevado a la enfermería. Era demasiada coincidencia y no sabía bien qué pensar respecto a ello.

Por su parte, Link no podía apartar los ojos de la chica. Cuando abrió los ojos esa mañana, jamás se habría imaginado que estaría cuidando de Zelda después de que se hubiera desmayado. Y, menos aún, que hubiese sido él quien la hubiese recogido. Había sido suerte, casualidad o el destino, pero algo le había llevado a pasar por la taquilla de Zelda para verla. Justo en ese momento, Zelda había doblado las rodillas y había perdido la visión. Y, lo peor, era que Shad estaba presente. No se había agachado a cogerla siquiera salvo cuando él se había acerado. Le había visto observar la escena desde lejos y había sentido cómo se acercaba a ellos cuando él ya tenía a Zelda en sus brazos.

Apretó los puños casi sin darse cuenta. ¿En qué demonios estaba pensando Shad? Si realmente sintiera algo especial por Zelda habría sido él quien la habría recogido antes de caer al suelo, en lugar de esperar a que otro lo hiciera para luego llevarse el mérito cuando ella despertara. ¿A qué estaba jugando? Zelda había estado a punto de dar con la cabeza contra las taquillas, por el amor de las diosas. Link cada vez tenía más claro que Shad solo estaba jugando a algo muy sucio. Se estaba vengando de él y estaba usando a Zelda para ello. ¿Cómo era posible que ella no se diera cuenta? La respuesta era muy sencilla: le había visto besándose con Ilia en la fiesta. Ya no confiaba en él. Todo lo que le dijera sobre Shad serían absurdeces que Zelda no tendría en cuenta.

Sin embargo, se dijo, tenía que intentarlo. No se rendiría tan fácilmente con Zelda. Ni hablar.

-Zelda-la llamó con renovada confianza.

Ella se giró instintivamente al escuchar su nombre, pero al ver quién la llamaba deseó hacerse la sorda.

-¿Qué?

-¿Por qué te has desmayado? ¿No has desayunado esta mañana?

-No demasiado-admitió Zelda con sequedad-. Y no es algo que te incumba.

-Lo cierto es que sí me importa-repuso Link, sentándose junto a ella en un pequeño banquito con ruedas-. Has estado a punto de acabar mucho peor que en una camilla de la enfermería. ¿Desde cuándo no comes?

Zelda le fulminó con la mirada.

-Ni te lo voy a decir ni te importa. Déjame tranquila.

Link frunció el ceño y apretó los dientes. Si tenía que ponerse borde, eso es lo que haría.

-¿Así consigues todo lo que quieres en tu casa? ¿Exigiendo y ordenando?

Zelda abrió la boca, sorprendida.

-¿De qué demonios estás hablando? No tienes idea de nada-espetó Zelda, sintiendo que la sangre comenzaba a hervirle.

-¿Ah, no? Crees que lo sabes todo pero no es así. Te fías de lo que un imbécil que se ha reído de ti te cuenta, pero no de alguien que siempre ha cuidado de ti.

-¿Te refieres a Shad? Me equivoqué con él. Estaba claro que había hecho un juicio erróneo sobre él y sobre ti. Había intercambiado las personalidades, pero es mejor darse cuenta tarde que nunca.

-¿Tan segura estás de lo que dices? Me apuesto lo que quieras a que Shad no te tendería la mano si estuvieras en problemas.

Zelda ahogó una risa sarcástica.

-Y ahora me dirás que fuiste tú quien me recogió del suelo.

-No llegué a recogerte del suelo porque te cogí antes de que llegaras-la declaración de Link fue como una bofetada sin mano que dejó aturdida a Zelda-. Y el gilipollas de Shad estaba mirando, cruzado de brazos, hasta que intervine yo. ¿Ese es el imbécil en quién confías?

Zelda hizo un gesto con la mano.

-Estás mintiendo…

-Pregúntale a Midna, entonces-le animó Link, dolido-. Parece que de ella sí te fías.

Zelda no respondió. No quería creer las palabras de Link, estaba harta de que jugaran con su juicio. El único punto de apoyo real que tenía era Midna, pero teniendo en cuenta que le caía mejor Link que Shad, estaba segura de que se decantaría por defender al rubio antes que al moreno.

Link suspiró y se echó el pelo hacia atrás con un gesto que a Zelda le llegó al corazón. Un gesto habitual en él cuando se frustraba por algo. Por un instante, Zelda pensó que si tanto le alteraba a Link el asunto era porque llevaba razón en algo, aunque no tenía claro en qué. Zelda se mordió el labio inferior y cerró los ojos, agotada. Le dolía la cabeza.

-¿Es verdad que tú me has traído aquí?-murmuró Zelda con timidez.

Link rodó los ojos hacia ella, sorprendido.

-Sí-respondió con sencillez-. Puedes preguntarle a Fanadi si quieres.

-¿A quién?-se extrañó Zelda, abriendo los ojos y mirándole directamente.

-La enfermera. Se llama Fanadi.

-Parece que conoces a todo el mundo…

Link se encogió de hombros, desganado.

-Llevo mucho tiempo viviendo aquí-dijo como toda explicación.

Zelda asintió levemente con la cabeza. Dudó un segundo antes de volver a hablar.

-Gracias por traerme-musitó, avergonzada.

Link la observó un momento. ¿A qué venía ese cambio de actitud tan repentino?

-De nada.

-No puedo volver a confiar en ti, Link-prosiguió Zelda, sintiendo que si no lo decía ahora, no sería capaz de soltarlo nunca-. Me siento traicionada y humillada. Me has puesto en evidencia delante de todo el instituto, sabiendo que odio ser el centro de atención, que nunca antes había estado con nadie y que me cuesta mucho trabajo confiar en los demás. Necesito que lo entiendas.

-Te dije una vez que si me veías tan rastrero como para estar contigo y con Ilia al mismo tiempo. Me dijiste que no. ¿Por qué ha cambiado eso ahora? Te dije que Shad e Ilia estaban muy raros, que estaban tramando algo. ¿No se te ha ocurrido que esto era lo que buscaban precisamente? Que tú y yo nos peleáramos y estuviéramos mal.

-Eso es demasiado retorcido, Link…-negó Zelda, odiando pensar que Shad estaba riéndose de nuevo de ella en su cara- No tenemos pruebas de ello.

-¿Y si las consiguiera?-inquirió Link, esperanzado.

-¿Cómo?

-¿Y si te demostrara que todo es un sucio juego de ellos dos? ¿Volverías conmigo? ¿Volverías a confiar en mí?

Zelda se mordió el labio inferior y se llevó un dedo a la boca.

-Yo…

-Por favor-sorprendiendo a Zelda de todas las formas posibles, Link se arrodilló frente a ella y le cogió la mano que tenía libre; de nuevo, la corriente eléctrica les atravesó de parte a parte-. Dame una oportunidad para demostrarte que no soy quien crees que soy. Puedo asegurarte que jamás me he reído de ti ni he tenido intención de hacerte daño. ¿Por qué los demás lo ven y tú no?

-Tal vez, porque los demás no sienten lo que yo siento por ti-confesó Zelda en voz baja, hipnotizada por el momento y por la súplica de Link.

Los ojos del muchacho brillaron al escucharla.

-Tú… Tú aún…

Zelda asintió levemente con la cabeza. Link sintió que se le escapaba todo el aire de los pulmones y, sin pensar en lo que hacía, se inclinó hacia ella y estampó sus labios sobre los de Zelda. La chica no se movió ni un milímetro, anonadada. Sin embargo, algo dentro de ella tiró hacia afuera y le hizo cerrar los ojos y responder al beso. Hacía días que no sentía la boca de Link sobre ella ni sus brazos alrededor de su cuerpo. En aquel momento, Zelda olvidó todo por lo que estaba enfadada y dolida con Link y él no hizo ningún esfuerzo para recordárselo.

Link se sentó en el colchón de la camilla y se cernió sobre Zelda. Puso ambas manos alrededor de su cara y la acarició con las yemas de sus dedos, recordando su suave tacto y lo que le hacía sentir en esos instantes. Disfrutó del sabor de los labios de Zelda, dibujó cada centímetro con su lengua hasta que ella le dio permiso para entrar en su boca y explorarla a fondo. Jugó y saboreó a la chica a la que amaba sin ser consciente del lugar en el que estaban. Visto que ella no parecía tener ningún reparo, Link se atrevió a morderle con suavidad el labio inferior y se estremeció de placer al escuchar a Zelda proferir un pequeño gemido, fruto de la sorpresa y de la electricidad del mordisco.

No podía controlar lo que hacía. Dejó de besarle la boca para bajar por la mandíbula y llegar hasta el lóbulo de la oreja. Zelda se dejó hacer, sin ser capaz de luchar contra lo que Link le estaba haciendo sentir. Dejó que él chupara, besara y mordisqueara en el hueco bajo su oreja. Dejó que vagara por su cuello y se atreviera a llegar a su escote mientras sus manos la sujetaban por la cintura y le dibujaban el torso por encima de la sábana blanca.

-Link…-suspiró Zelda al sentir la boca de él recorriendo su cuello por entero.

-Te quiero-murmuró Link junto a su oído mientras depositaba suaves besos sobre su piel.

Zelda esbozó una sonrisa al escucharle, absorta en Link y en lo que estaba ocurriendo. Era increíble que en aquella enfermería… «Un momento», dijo una vocecita dentro de ella, alertándola. Zelda abrió los ojos por completo y miró a su alrededor.

-¡Para!-gritó Zelda, asustando a Link, que se enderezó y miró a su alrededor, con el flequillo alborotado sobre sus ojos y el pulso acelerado.

-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué…?

-No podemos…-Zelda desvió la mirada y se tocó inconscientemente los labios, hinchados por los besos y mordiscos de Link- Estamos en una enfermería, no podemos…

-Ah…-suspiró Link, tranquilizándose- Ya… Sí, tienes razón. Lo siento. Me he dejado llevar…

-También yo-admitió Zelda, volviendo poco a poco a la realidad y sintiendo que su enfado con Link había disminuido considerablemente. ¿Cómo lo había hecho?

Hubo un silencio en que Zelda consiguió enderezarse sobre la cama y calmar los latidos de su corazón. Después de aquello, no podía pedirle a Link que la dejara tranquila de una vez por todas. De hecho, no se sentía capaz de hacerlo después de haber sentido de nuevo su boca sobre ella. Había dejado que Link fuera un poco más lejos, tocándola y besándola con más audacia. Por un momento, había revivido lo que ocurrió en el lago del bosque de Farone.

-Zelda-dijo Link, captando su atención-. ¿De verdad vas a ir con Shad a la fiesta de Nayru?

La princesa desvió la mirada y asintió un poco.

-Le prometí que iría con él. No puedo dejarle plantado ahora-explicó Zelda-. Si realmente quiere hacernos daño, ignorarle ahora sería peor. ¿No crees?

-¿Entonces, me crees?

-Te doy el beneficio de la duda-Link empezó a sonreír-. Pero eso no quita lo que me hiciste en la fiesta.

-Te compensaré por ello-le aseguró Link, tomándole de las manos y depositando un beso sobre ellas-. Fue Ilia la que se lanzó, no yo. Estaba intentando quitármela cuando tú nos viste…

-Sea como fuere-le interrumpió Zelda, nerviosa-, no puedo quitarme esa imagen de la cabeza… Necesito tiempo para superar eso…

-Lo entiendo… No quieres volver conmigo todavía.

-¡Sí que quiero!-confesó Zelda, aunque se arrepintió de que haberlo soltado sin pensar- Pero no estoy lista todavía… No sé si realmente todo es una jugarreta de ellos dos o no. Quiero averiguar qué está pasando aquí antes de tomar ninguna decisión y elegir con quién me quedo.

Link frunció el ceño.

-Ni que fuéramos vestidos de fiesta…

Zelda rio un poco y negó.

-No, pero es la única forma de hablar que tengo para que tanto tú como Shad me entendáis.

-Genial…

-Así que, dado que tú te vas a esforzar para demostrarme que estoy equivocada-Zelda sacó las piernas de la cama y se puso en pie con cuidado-, yo haré lo mismo. Si realmente ha ocurrido lo que tú me has dicho, le arrancaré la confesión a Shad. Si para la fiesta de Nayru no he visto nada que me haga pensar que ha hecho algo malo… Bueno…

-Lo verás-le aseguró Link con una sonrisa mientras quedaba muy cerca de ella-. Te estaré esperando, Zelda. Pase lo que pase.