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Paraíso Unipersonal

-Capítulo 36-

Disclaimer: Los personajes son propiedad de sus respectivos autores. No busco una ganancia comercial al usarlos, si no satisfacer un fin meramente ocioso.


Aires de fin de semana estaban ya muy cerca de rozar los pies del Santuario, sin embargo por aquellos lares no se respiraba un viento precisamente festivo, al contrario: los más perceptivos del zodiaco de a poco seguro comenzarían a sentir la pesadez que iría cubriendo el ambiente despacio, muy lentamente, hasta el desenlace final.

Aun así en el Templo de Piscis nada había cambiado. La relación entre la muchacha de cabellos rubios y el Santo de aquel signo no parecía haberse visto afectada por lo sucedido ese martes a la noche… Acontecimiento que, dicho sea de paso, ni de casualidad volvió a repetirse entre ambos. Era claro que había sido algo accidental, un brote puramente instintivo por parte de lo reprimido que Afrodita se había estado sintiendo por toda la confusión de los últimos años con respecto a su sexualidad. Por supuesto que él todavía se sentía bastante asqueado por haber besado a Corinne: considerando su personalidad compleja era la reacción más natural que podría haberle nacido, por eso, para intentar tolerar más su falta de autocontrol, su severidad terminó resonando en un aumento en las exigencias sobre el arreglo de su jardín. Sin embargo, a pesar de que continuase esclavizándola allí afuera, era innegable el hecho de que ya no la maltrataba tanto verbalmente… Esa era la manera en la que demostraba su agradecimiento.

A diferencia del pisciano, quien había comenzado a comportarse de una manera algo diferente era Corinne. Frente a él procuraba mantener su carácter habitual, pero era notorio que gran parte de su chispa inicial se había perdido ante la decepción y la sorpresa algo extraña que le trajo su curiosidad. Afrodita se había percatado de ello desde el primer momento pero guardó silencio, puesto que el desconcierto de la joven le parecía lógico incluso a alguien como él. Era difícil para la muchacha asimilar el real significado de esa cercanía erótica que compartieron, porque desde el primer día que llegó había estado más que segura de que el pez era completamente homosexual… Es decir, su aspecto daba algunos indicios pero la actitud que tenía frente a Death Mask lo desenmascaraba por completo, el desconcierto de ella aumentando a niveles sofocantes ante la actitud desvergonzada de Piscis: ¡tenía que plantarle semejante beso, el muy desgraciado!

Y paralelamente a ellos dos, otra persona que tampoco estaba pasando por un muy buen momento era el cangrejito de la cuarta casa. Disgustado por la manera patética en la que todo se había desenvuelto junto a Kaname y a Saori, el Guardián de Cáncer no había tenido mejor idea que pasarse esos días metido casi a la fuerza en el Templo de Piscis, buscando la compañía de su amigo. Por supuesto que Afrodita no paraba de actuar extraño junto a él, por lo que la confusión de Corinne ya estaba aumentando a niveles poco normales, en algunos momentos rozando la indignación: ahora que había confirmado con su propio cuerpo que el sueco no era totalmente gay se inclinaba a pensar en una probable bisexualidad… Pero era todo raro, y de convencerse nada podía sacar en limpio, antes no le había salido para nada bien y ya no estaba para más de esas sorpresas. A esas alturas lo único que la rubia precisaba saber era por qué diablos Afrodita negaba todo con tanto ahínco.

Aquel viernes por la tarde, una vez Máscara abandonó el doceavo Templo para irse a su sesión de entrenamiento, la joven se acercó hacia el dueño de casa, vistiendo la ropa que usualmente solía utilizar para trabajar entre la tierra del nuevo y mejorado jardín.

—¿Qué tal si seguimos? — inquirió ella, acercándose hacia la puerta.

Afrodita, quien hasta ese momento se encontraba sentado en una de las sillas de la cocina ojeando un libro de tortas, la miró de arriba hacia abajo con su tupé habitual.

—Hoy no.

—¡Qué raro! Usualmente no perderías una oportunidad de mandonearme…

—Para eso tengo todos los días querida… — le respondió él, poniéndose de pie. — Quiero que hablemos, vamos a la sala de estar.

—¿Eh? — musitó la muchacha, mirando con extrañez cómo el pisciano se acercaba por atrás y colocaba sus delicadas manos sobre sus anchos hombros. — ¿Qué haces?

—¿Estás sorda Orcorinne? — Afrodita comenzó a empujarla hacia adelante. — Te dije que vamos.

La muchacha se aflojó, dejándose empujar por él, sin poder evitar levantar una ceja: aquello era muy pero muy raro, en especial la familiaridad con la que se había dirigido hacia su persona… ¡era un apodo! Una muestra de afecto sólo para ella.

Algunos pasos después la rubia procedió a apoyar sus cantos traseros sobre la mullida alfombra, cruzándose de piernas. Levantó la mirada, algo contenta, y agregó:

—¿"Orcorinne"? Nunca me habías llamado así...

—Si te molesta ten muy en claro que me importa tres rábanos. — sentenció Afrodita, tan conciliador como de costumbre. Mientras se recostaba en el sillón observó que ella no había osado tocar ninguno de esos caros asientos, acción que lo hizo sentir bien. — Veo que sabes cuál es tu lugar, Orcorinne.

—Pues ya me acostumbré… Espera, ¡otra vez me llamaste así! ¿Desde cuándo el Señor Afrodita de Piscis ha decidido rebajarse lo suficiente como para asignarle un apodo a un ser tan despreciable como esta campesina que se encuentra hablándole?

—Qué exagerada eres.

—¡JA! — se le escapó a ella, tapándose la boca enseguida. — Mira quién habla de exageración…

—¡Qué malagradecida! Pensé en ponerte ese apodo, creo que es digno de una mujer como tú… Ya sabes, porque te llamas Corinne pero eres igual de fea que el más hediondo de los orcos. — Piscis ladeó la cabeza, dedicándole una bellísima y tajante mirada burlona.

—Pues entonces asumo que te deben prender muchísimo los orcos, porque esa noche en el camarín estabas hecho un incendio… Y no nos olvidemos de Death Mask, que tampoco es muy bello que digamos, también tiene rasgos orquísticos…

Corinne observó con diversión cómo la expresión confiada del pisciano iba mutando hacia algo muy parecido a la salsa de tomate, el rojo vivo conquistando incluso la entereza de sus orejas. Y en un abrir y cerrar de ojos Afrodita reaccionó, tomando el almohadón que tenía más cerca y revoleándoselo con fuerza, acción ante la cual los brazos de la joven se movieron instintivamente hacia delante de su rostro para cubrirse.

—¡Si serás una cerda impertinente! — el pisciano gritó incómodo. — Mira Orcorinne, no debería decírtelo porque no vales un céntimo pero ya con estas actitudes incómodas me molestas incluso más que de cost-

—¡Y pues hombre no es para menos! ¡Si cada vez que aparece ese italiano de cara grasosa te transformas en el equivalente a una adolescente enamorada! ¡Vieses cómo se te pone el rostro y cómo te tiemblan las manos!

—¡Desde el primer momento te dejé en claro que no soy homosexual! Ahora si tú has elegido hacerte ilusiones al respecto ya no es mi problema, ¿es tan difícil que tu cerebro de simio lo entienda? — Afrodita tomó otro almohadón, el cual tuvo el mismo destino que el anterior. — Pero la manera en la que te comportas ahora me molesta, así que quería que hablemos de ello.

—¿De que eres gay? — insistió ella con timidez, escondiéndose atrás de aquel rectángulo relleno que él le había revoleado.

—Si vuelves a decirlo una sola vez más te despellejaré viva con las espinas de mis rosas, y déjame decirte que no va a gustarte.

Los ojos de Corinne se fueron abriendo violentamente al ver cómo una gigante rosa blanca se iba materializando sobre la palma del joven. En ese momento recordó la violencia con la que él la había enfrentado esa tarde en la que salieron del Depósito, dejando entrever una energía incluso más negativa que la usual… Sabía que hablaba en serio: Afrodita todavía guardaba mucho resentimiento y angustia por dentro, y era fácil que se le escape a la más mínima provocación por su parte, después de todo ella aún no era de su agrado.

—P-preferiría que sea sin violencia… — le pidió ella, asomando los ojitos por arriba del almohadón. — P-pero eso no tapa el hecho de que te estén pasando cosas con él…

—¡Mujer! Es que una cosa no quita la otra.

—¿Ah no? ¿Y entonces…? — Corinne lo miró con más entereza, ladeando un poco el rostro hacia él, receptiva. — ¿Por qué no me explicas así puedo entenderlo mejor?

—¿A ti? ¿Explicarte?

—¡Pues claro! Si tanto te molesta que me haga "ideas que no son", podrías hacerte un favor a ti mismo y poner en claro cómo son las cosas… Según tu criterio, por supuesto.

—Como si eso solucionase todo.

—Claro que no lo hace Afrodita, pero yo sé muy bien que necesitas hablar de eso… Es decir, comprendo que te cueste sincerarte contigo mismo y peor aún, La Orco-Corinne es quien recibirá esa información, pero créeme que hablo desde la experiencia.

Piscis la miró sin entender.

—Es porque mi hermano era igual que tú hasta que salió del clos-

Sólo un milisegundo bastó para que la rosa del joven saliese disparada hacia ella, acariciándole y arrancándole un par de cabellos.

—¡YA! ¡NO SÉ QUÉ ME PASA CON DEATH MASK! ¿¡OK!?

—Bien, ahora podrías probar sin gritar…

—¡Tú calla, tanto que querías saber! — otra vez exclamó él, sin atreverse a mirarla. —Nunca JAMÁS en la vida me he sentido atraído por un hombre, así que cuando te digo que no soy homosexual sé que estoy en lo correcto. Pero con Ángelo es diferente y aún no sé por qué, no sé qué es lo que siento pero estoy seguro de que NO me gustan los hombres. Ya, ¿contenta? Ya lo sabes, ahora procura que se meta en tu estrecha cabeza a ver si no me insistes más.

La muchacha de cabellos rubios se mantuvo pensativa, su mentón reposando sobre el borde de aquel cojín. Afrodita la espió con disimulo, algo expectante por su reacción: ¿qué estaría meditando…?

—¿Sabes cómo se llama eso en mis pagos?

Para sorpresa del pisciano ella habló, dando pie a esa pregunta que quizás lo ayudaría a resolver esa interna que tanto lo tenía a mal traer.

—¿C-cómo? — inquirió, disimulando el interés como mejor le salía.

—Gay.

—¡BASTA! ¡Ya me tienes harto!

Acto seguido Afrodita se abalanzó sobre ella, tomando los cojines para comenzar una guerra que sabía que ganaría: le propinó unos cuantos golpes –leves pero igualmente contundentes–, dejándola prácticamente al borde de la falta de aire gracias a la rapidez de aquel ataque.

—¡Y-YA! — la muchacha logró tironear de uno de los cojines y comenzó a devolverle el gesto. —¡La realidad es así! ¡Si eres hombre y te gustan los hombres entonces eres homosexual! ¿¡Qué tiene de malo…!?

—¡CALLA!

—¡AY!

La ofensiva por parte del muchacho de cabellos celestes se volvió más violenta, dándole vuelta la cara a Corinne de un almohadonazo. Ella contraatacó pegándole de la misma manera, y en cuestión de pocos minutos la sala de estar se vio transformada en una pileta de plumas, unas cuantas danzando por el aire y provocándole al pisciano algunos estornudos.

—Ya, muy bien Afrodita, te creo te creo y cóoooomo… Pero también te gusta Death Mask, que ohhh casualidad tiene un… bueno no sé bien porque no se lo vi y espero jamás tener que hacerlo, eh, digámosle un "caramelo de carne", que le cuelga entre las piernas… — continuó ella, dejando la funda del cojín sobre el piso. — Pero tú insistes, ¿serás bisexual entonces?

Contrariamente a lo que ella pensaba que ocurriría a continuación, Afrodita se mantuvo inerte, sus hombros pesados bajando lo más que sus músculos se lo permitieron. El cambio de semblante era muy notorio y ella prosiguió por empujarlo un poco, casi de manera cariñosa, como para hacerlo reaccionar y volver a su carácter habitual, pero no hubo caso. Allí mismo, viendo lo opacos que lucían sus ojos, fue que entendió lo alarmante que todo esto estaba siendo para el Santo de Piscis: la falta de una "etiqueta" bajo la cual esconderse lo asustaba muchísimo, pero, irónicamente, también lo aterraba el hecho de asumirse de una manera determinada.

¿Era justo el querer encasillar a todos los humanos bajo ciertos parámetros? Corinne comprendió que había sido algo tonta al insistirle así, ella misma se reconocía como un espíritu libre, una mujer nómade que en ocasiones disfrutaba de ir en contra de los parámetros socialmente aceptables. Era probable que una vez más la nueva cercanía entre ambos la hubiese confundido, pero sólo esperaba que el daño no fuese irreparable.

—¿Afrodita…? — susurró ella, colocando la palma de su mano por sobre el hombro del joven. — ¿Estás bien?

Piscis se mantuvo en silencio.

—Mira, de corazón te lo digo… Nada de lo que te pasa, sea lo que tú sientas que sea, está mal… Ya para de castigarte así, sólo te haces daño a ti mismo y es injusto… No es necesario que lo grites a los cuatro vientos pero por lo menos asúmelo por tu bienestar, tus sentimientos por él son muy notorios.

—Pues claro… Ángelo es mi único amigo. — finalmente el sueco abrió los labios, hablando con suavidad por primera vez en años. — Uno quiere a los amigos, eso no está mal… ¿o no?

Corinne no pudo evitar sonreír al escuchar esa respuesta tan inocente.

—Por supuesto que no está mal, Afrodita… De la misma manera en que también está muy bien si lo quieres un poquito más profundo, no le haces daño a nadie.

—¿Tú crees que no me hace daño el saberlo…?

—No debería, en lo absoluto.

Al sentir que la muchacha acariciaba su hombro gentilmente, el pisciano enterró una de sus manos entre las plumas, palpando la suavidad de aquellas estructuras tan livianas. Se sentían increíblemente efímeras, casi como si pudiese hacerlas desaparecer con sólo soplar a través de ellas…

Los remanentes de sus dudas aún seguían estando allí, cual anclas en el medio del océano de su pecho, atándolo al desconcierto. Se sentía completamente abrumado por el paso del tiempo, harto de flotar, de nadar en contra de la corriente de sus sentimientos y del qué dirán.

Ojalá alguien pudiese acompañarlo.

Ojalá alguien pudiese abrazarlo y alivianar sus cargas.

En ese sentido, quizás Corinne había aparecido en el momento más adecuado… Pero todavía no se sentía lo suficientemente listo como para dejarse ir junto a ella. Mientras tanto era más seguro para él continuar manteniendo algo de distancia, aunque supiese que hasta ahora eso fuese exactamente lo que lo había estado lastimando.

—Por todos los Dioses del Olimpo… — suspiró él, una mirada hacia la joven escabulléndosele entre los párpados entrecerrados. — Me siento un idiota hablando de estas cosas contigo.

—¿Tan así…? Sabes que estoy abierta a escucharte.

—Zeus mío, supongo que lo de la otra noche me ha dejado algo sensible…

—Pues… A mí también me ha hecho sentir así. — la muchacha admitió sin incomodidad, acercándose un poco a Piscis para mirarlo de cerca. — Pero, sea lo que sea que me digas, morirá aquí conmigo, en mi pecho… Hablo muy en serio Afrodita, jamás te juzgaré.

Él frunció el ceño, notablemente vulnerable.

—Ya, no me hables así.

—¿Así…? ¿Así cómo?

—C-como si fuésemos amigos. — musitó él con nervios.

—Bueeeno… — Corinne revoleó los ojos para luego regalarle una mirada cariñosa, seguida por una sonrisa. — Desde el primer día te fui honesta al respecto, me encantaría que mantengamos una relación de ese tipo.

—Los amigos no hacen lo que nosotros hicimos esa vez, no seas ilusa, siempre supimos que no iba a funcionar de esa manera.

—Eres muy negativo, ¿sabías? Yo estoy abierta a acercarme a ti.

—Pues, qué bueno por ti, pero te informo Orcorinne, que la amistad no concibe el concepto de unilateralidad...

—¿Quién dice eso? Simplemente sé que tarde o temprano te rendirás… — Corinne lo picó un poco en las costillas, riéndose. — Es sólo que también disfrutas siendo difícil.

—¿¡Q-qué dices!? ¡Estás confundida! — él se retrajo al instante, alejando las manos de la muchacha.

Aquella mujer de rubios cabellos aflojó un poco el rictus de sus ojos. Era muy evidente la incomodidad del pisciano, la cual se reflejaba con énfasis en su lenguaje corporal, colmado de vergüenza y un no sé qué bastante particular, incluso intenso: sus finas pero varoniles manos navegaban en el mar de plumas, evocando un tacto que le dé al menos un milímetro de falsa seguridad y autoridad.

—Pues… Tú también estabas confundido, ¿verdad…? Pero tal pareciera ser que he podido ayudarte, ¿o me equivoco?

Con el ceño completamente fruncido, el pisciano clavó en ella aquellos ojos tan poderosos, deslizando la transparencia de su alma a través de ella: el orgullo se vio hecho a un lado con la potencia que sólo la fuerza de la libertad podría brindarle.

—No. — dijo avergonzado, arrastrando la expresión de inferioridad.

—¿No qué?

Y al fin ella pudo saborear un ápice de victoria, exhibiéndola a través de su amplia sonrisa.

—¡AISH! Me refiero a que tienes razón, ¿¡ya!? — exclamó el pisciano, completamente sonrojado. — ¡Me has ayudado! Ya lo dije, ¿¡ahora qué más!? ¿¡Quieres un premio o qué diablos!?

—Pues, ¿ya has visto? Los amigos se ayudan y eso es lo que he hecho contigo… ¿Qué importa si ha sido con un beso? Aunque tú fuiste el que me lo dio, pero bueno, supongo que a la hora de la verdad es indiferente quién ha iniciado todo…

—¡Suficiente!

—¿Aunque sabes qué…? Últimamente he sentido que no me valoras lo suficiente. — ella acotó, mirándose un poco las uñas cortas de las manos. — Bah, qué últimamente… Nunca lo has hecho.

Al escuchar la suerte de "reclamo" que ella proclamaba, Piscis no pudo evitar que se le escape una risita.

—Orcorinne, eres una ridícula… Guarda tu dignidad, ¿quieres?

—Soy más valiosa de lo que crees, Afrodita.

—Pfft. — otra vez resonaron los labios del joven, conteniéndose. — ¿Qué puedes darme tú que yo no tenga?

—Uff, qué lástima que no puedas ver más allá de las apariencias… Pero bueno, supongo que no te interesa contar con una fotógrafa profesional para retratar todas tus creaciones artísticas.

—¿Tú? ¿Fotógrafa?

—Pues claro que sí, ¿si no por qué habría de ir por el mundo cargando semejante equipo?

Afrodita volvió a guardar silencio, repasando en su mente las palabras de la muchacha. Ahora que lo pensaba, lo que ella decía era cierto… Salvo que fuese alguien muy fanático del rubro, ¿quién llevaría semejante cantidad de equipo de un lugar a otro?

—Qué pena Afrodita, supongo que de plano te quedarás sin cámara, porque no pienso regresártela. — ella suspiró. — Ayy… Con lo mucho que me gustaban tus obras… Eres increíble en el arte de la caracterización y es un desperdicio que de ahora en más nada quede reproducido para la posteridad. — y a continuación procedió a volver a empujarlo un poco, guiñándole un ojo. — De todas maneras estoy disponible… Ya sabes, si vuelves a necesitar ayuda con lo otro, después de todo soy tu amiga.

Por algunos instantes aquel leve toque se sintió algo diferente, pero no en el buen sentido. Armándose de valor clavó su mirada en aquella mujer de indomable cabellera dorada, dejando entrever toda su desconfianza: ¿Acaso realmente ella pensaba que podía generarle algo a él, con ese aspecto masculinizado que no le atraía en lo absoluto…? Sí era cierto que con algunos toques la cosa podría darse vuelta pero así no quería jugar, porque había estado preso de sus propias prohibiciones durante demasiado tiempo, y lamentablemente no era más que una desventaja para él. Sin embargo estaba seguro… Si él se ponía serio, Corinne jamás podría seguir sus pasos; era la primera vez que alguien se le ofrecía tan fácilmente y de una manera tan estúpida, ¿tenía idea de lo que estaba insinuando?

De hecho, aquella era una sinceridad temeraria y avasallante. Como mínimo lo asustaba, se sentía desprotegido y vulnerable ante una persona que no tenía reparos en mostrarse tal como era. Corinne ostentaba desde el inicio un espíritu en extremo libre, abierto de par en par a cualquier experiencia que la vida le ofreciese, aparentemente sin un ápice de prejuicios. Tragó duro. Más allá del maltrato no sabía cómo manejarla, en especial al comenzar a abrirse las puertas de su propia cárcel interior…

—Entonces, ¿qué dices? — insistió ella, mostrando toda su seguridad. — ¿Te hará sentir mejor si continuamos?

๑۩۩๑

Y así, sin nada más que agregar, otra noche típica pasaba para el Santo de Acuario. Aquellos pasadizos subterráneos ya eran cosa de todos los días para él, lo que tampoco hacía de dicha tarea algo menos molesto, al contrario: ya estaba hartándose de mantener siempre la misma rutina, era cansador y la humedad del lugar le provocaba escozor.

Camus sólo había visitado una vez a Saga, pero dicha acción no era casualidad. Para garantizar la seguridad del mayor de los geminianos, el Caballero francés se había embarcado diariamente, en diversos horarios –y cuando sus tareas se lo permitían–, a la vigilancia del Recinto del Patriarca… pero desde el interior del mismo. Aprovechando todos los túneles que tenía a disposición para llevar a cabo su cometido el joven acuariano se escabulló una vez más hacia la derecha, rodeando la salida que lo llevaría directo a los pies del gemelo, para dirigirse con precaución a la bloqueada apertura que ese mismo pasillo le brindaba.

Por suerte para él, al comenzar semejante empresa no tardó en toparse con la mejor ubicación que semejante inmenso lugar podría proveerle: una suerte de almacén se abría paso, aunque estrecho, a uno de los costados del pasillo que conectaba con la escalera hacia las celdas. Y para su ventaja, lo único que dividía dicho depósito del corredor era una gruesa cortina de terciopelo rojo.

—Supongo que con esta noche ya será más que suficiente… — pensó para sí mismo, procurando que su cosmos aún continúe totalmente apagado. — Casi se ha cumplido una semana.

Acomodado con precaución por detrás de las pesadas cortinas, el acuariano se mantuvo alerta. Ese lugar era seguro casi al cien por ciento, allí guardaban todas las cosas que se iban rompiendo a lo largo del tiempo y sabía que era difícil que en algún momento alguien lo revisase.

Tal como había estimado desde esa única vez en la que se había hecho presente en la celda de Géminis mayor, enseguida debería estar por aparecer el Guarda de Plata de turno para traerle la escueta cena del día. Y mientras iniciaba una cuenta regresiva por dentro de su cabeza, un sonoro repiqueteo de pies lo hizo sonreír: como siempre, sus cálculos eran correctos.

Se asomó con mucho disimulo, corriendo sólo unos milímetros de aquella tela, y haciendo gala de su milimétrica visión pudo reconocer la silueta del Caballero Misty de Lagarto acercándose con rapidez, rítmicamente, cargando una bandeja con dos vasos y dos platos metálicos, coronados por dos pedazos de pan duro.

—El horario es el de siempre… Diez de la noche. — otra vez resonó en su mente.

Camus esperó y tal como en las ocasiones anteriores, alrededor de diez minutos después el guarda volvió a aparecer escaleras arriba, adentrándose en el pasillo para volver a sus deberes habituales: todo había terminado, ya no necesitaba más información que confirmase su teoría.

Con una enorme sensación de alivio el joven francés emprendió el retorno a casa. Como había hecho hasta ahora volvió a colocar la baldosa enorme por sobre su cabeza y bajó lo más rápido que pudo en dirección a su hogar, guiándose por las marcas de hielo que iba dejando a lo largo del pasadizo. Ahora que la primera parte de todo había concluido, era vital que se contacte una vez más con Shaka para informarle sobre sus conclusiones.

Al mismo tiempo, en los remanentes del Templo de Virgo el protector de dicha casa introducía sus delicados pies dentro de aquella tina repleta de agua caliente. Su desnudez era reluciente, casi rozando la divinidad que tiempo atrás supo profesar, y con gran ahínco recorrió el largo de su cabellera con la yema de sus dedos, esparciendo el producto acondicionador que protegía la abundante melena. Y mientras aquella loción hacía efecto, el joven recogió su pelo hacia arriba, formando un rodete, protegiéndolo por un tiempo del contacto con el agua.

Ahora sí, habiendo terminado con lo más tedioso de su rutina de baño, Shaka sumergió su cuerpo, cubriéndolo lentamente de agua al mismo tiempo en que un sentido gemido brotaba de sus labios. Afirmó sus nalgas al fondo de la tina, apoyando la totalidad de su espalda hacia atrás, contra el respaldo de la misma… y cerró los ojos. Quería pensar, aunque ya no le quedasen muchas fuerzas. En esos meses todo había tomado tintes más caóticos que de costumbre, pero en particular, las últimas semanas habían sido de una terrible relevancia, terminando con medio Templo destruido y Saga preso: era inevitable que su cabeza se llene de pensamientos, más allá de las dudas normales que su condición humana le traía. La voz que lo conectaba con el más allá no paraba de resonar ni un segundo en su interior, esa misma que tan bien conocía, llenándolo de sabiduría para enfrentar lo que inevitablemente vendría en el futuro cercano.

En esta situación tan compleja, contar con una certeza sobre la realidad de las cosas le daba la posibilidad de influir positivamente para evitar más problemas, empero, Shaka entendía muy bien que eso sólo no era garantía de nada: no lidiaba con personajes de cuentos si no que los actores principales de todo este circo eran seres humanos y eso traía a colación un sinfín de posibilidades… En especial cuando se trataba de personas llenas de inseguridades, prejuicios, resentimientos y tristeza, todas condiciones propias del tipo de vida que llevaban desde niños.

Shaka de Virgo aceptaba su labor. Si tenía que ser guía, así estaba bien.

Quizás esa fuese su misión… El designio de un ser superior, atado a una presencia terrenal.

—Ahh… — suspiró por enésima vez, liberando a su mente de toda duda. Tenía que admitir que últimamente eso le costaba más trabajo, pero así estaba bien, cada tanto podía darse esa libertad.

"Shaka"

Sin darle tiempo a más, en ese momento la voz de Acuario se expandió a través de su cabeza. El muchacho se reincorporó, reconociendo un poco sus ansias: era la llamada que más había estado esperando.

—Te escucho, Camus… ¿Cómo has estado?

Desde la comodidad de su hogar, el joven Santo de la onceava casa se enfrascaba en aquella conversación, recostado sobre su cama.

—Como siempre. — le respondió el francés, aflojando sus músculos. Sonaba indiferente, pero era algo común en él.

—Suenas cansado.

—Quizás. Sólo quiero que este ida y vuelta se termine de una buena vez.

—Imagino lo tedioso que debe ser el camino hacia allí arriba…

—Ya sabes la respuesta a eso. — Camus acotó rápidamente, sin demostrar mucha paciencia al respecto. — Yendo al grano Shaka, he sacado algunas conclusiones.

—Soy todo oídos.

—Dejando un margen de media hora por delante y por detrás, Saga recibe alimento solamente dos veces por día: la primera a las doce del mediodía, y la última a las doce de la noche. Según lo que he podido apreciar desde otros escondites, allí abajo no hay ningún guardia constantemente… es decir que sólo hacen acto de presencia al momento de comer.

—Ya veo, entonces las cosas no son tan malas.

—Cómo se nota que ni te has acercado… Si tan solo pudieras oler la pestilencia, no dirías lo mismo. — acotó molesto. — Pero más allá de esos detalles, hay dos cosas que me están preocupando.

—Cuéntame más.

—En primera instancia no he logrado encontrar absolutamente ningún patrón para las visitas de Saori, por lo que hay que ser muy precavidos si vamos a visitar a Saga, podríamos toparnos con ella en cualquier momento.

—¿Y la segunda? — Shaka inquirió, sin sorprenderse por lo que su compañero de armas le confirmaba.

—Estoy convencido de que él no está solo allí abajo… Hay otro preso más junto a él, pero no pude descubrir su identidad.

El Caballero de Virgo se mantuvo en silencio por algunos segundos, pero luego prosiguió:

—Bueno… La verdad es que eso no me sorprendería. — musitó, ladeando la cabeza. — Sólo podemos seguir siendo cuidadosos… ¿Algo más, Camus?

—Eso es todo.

—Ya veo. Por cierto, creo que estás de acuerdo conmigo en que ha pasado suficiente tiempo de estudio y análisis, por lo que te sugiero que pronto volvamos a retomar el contacto con Saga… Sus condiciones de vida no son las mejores allí abajo, por lo que entenderás que el hecho de que desaparezcamos sólo será en detrimento a su pobre salud mental.

—Supongo.

—¿Por qué no hablas con Kanon para coordinar la visita? Ya es tiempo de que vea a su hermano mayor, él también tiene que sanar.

Acuario suspiró con pesar, entendiendo lo que se avecinaba: lo que menos quería, especialmente en esa época complicada en la que su tolerancia se había visto disminuida, era estar en el medio de una discusión o problema de esos gemelos conflictivos.

—¿No puedes encargarte tú de eso?

—Sí, podría… Pero Kanon y yo no somos cercanos, es contigo con quien comparte un vínculo más fuerte.

—Dudo mucho que sea así.

—Además de eso… — Shaka continuó, ignorándolo. — Estoy seguro de que Milo apreciará saber más sobre la situación actual de Saga.

—¿Milo…? — Camus frunció el ceño, confundido.

—¿Te sorprende que lo haya mencionado?

—Sabes muy bien que el escorpión no tiene nada que ver en esto.

—Lo sé, pero Camus, piensa… ¿No has notado que tu amigo se ha estado comportando algo diferente?

Al oír las palabras de Virgo, el Guardián de Acuario recordó súbitamente aquella noche de terror. Escorpio había acudido a él como de costumbre, pero esa vez estaba particularmente sacudido y a su criterio no era para menos… Había presenciado algo grave. Él reconocía que Milo estaba escondiéndole algo pero lo atribuyó a la complejidad del momento y luego de esa ocasión, sumido en su propia molestia, no le había prestado especial importancia al accionar o sentir de su amigo.

—Pues claro Shaka, Milo lo ha visto todo, está algo afectado pero luego se le pasará. — le respondió con ligereza, intentando desechar la semilla de la duda que Shaka había sembrado en su interior. — Es un tonto simplón, pero es fuerte.

—Claro que lo es, pero si me permites darte un consejo, no lo dejes de lado. Entiendo que has estado abocado al análisis de toda la situación de Saga, pero como sabrás muy bien, por más fortaleza que el escorpión pueda aparentar, en el fondo es muy sensible.

—Milo estará bien. — sentenció el francés. — Luego hablaré con Kanon.

La llamada se vio cortada tajantemente, producto de una decisión egoísta que el acuariano había tomado: detestaba que se involucrasen con sus propios sentimientos. Así pareciese indiferente la mayor parte del tiempo, Camus era extremadamente protector de sus vínculos sentimentales.

Shaka no quería sonreír, pero aun así la mueca cubrió a la fuerza su rostro. Su compañero de armas había reaccionado de una manera drástica y quizás hasta incluso infantiloide, pero lo conocía y entendía lo mucho que a él le molestaban ese tipo de intromisiones, en especial si las interpretaba como críticas a su accionar o manera de relacionarse, porque se consideraba un ser en esencia analítico… Pero en ese momento sintió viable y por sobre todas las cosas correcto el involucrarse, puesto que estaba realmente preocupado por Milo y Aioria. Podía presentir que el monstruo de la incomodidad en ellos iba in crescendo, considerando que los dos eran en extremo justicieros y orgullosos de sus valores, de su trabajo, de su vocación como guerreros; por lo que haber presenciado el horror de esa noche había sido más que una puñalada para ambos… era la significancia espantosa que tenía el saber que todo podría haber sido una mentira, el entender que su vida entera se desvanecía junto con la pérdida de sus anhelos, de ese empujón que los sacaba adelante.

En esas condiciones, Shaka entendía muy bien que podía comenzar a hacer "trabajo fino" con Camus, aunque al acuariano no le gustase ni un poquito; pero con Leo las cosas estaban mostrando ser muy diferentes. Era cierto que Aioria y Milo eran muy cercanos, pero lamentablemente para el leonino, el pasar de los años había terminado por marcar una distancia bastante injustificada entre ambos hermanos de sangre. ¿Cómo entender el deterioro de aquella relación? Si nada había sucedido entre ambos y superficialmente todo se veía bien. Nadie cuestionaba el cariño que ambos se tenían, en especial el león, quien adoraba a su hermano y desde niño había intentado llamar su atención copiosamente, incluso llegando a emularlo y volviéndose un Caballero Dorado tal como Sagitario lo había hecho años antes. El amor de hermanos estaba allí pero también se perdía: para amargura del menor, Aioros nunca había demostrado honrarlo.

Además de eso, según lo que se rumoreaba en el Santuario, las cosas tampoco parecían estar yendo muy bien para el Santo de Sagitario… Se lo veía constantemente deprimido, retraído y en muchas ocasiones rabioso, exhibiendo una ira enorme en sus entrenamientos. Las malas lenguas decían incluso que se había peleado con su único amigo, Shura de Capricornio, por un problema de polleras. Shaka mismo se la pasaba ignorando todos esos chismes, no le interesaban para nada, pero en estos momentos estaban probando ser una fuente de información interesante –aunque para nada confirmada–, así que si era realmente cierto lo que se decía, Aioros no sería en lo absoluto la persona en la que Aioria podría apoyarse para sobrellevar este momento tan complejo.

Pero no todo era tan terrible: había una última opción… Una opción que implicaba que Virgo se extienda un poco más allá, algo más lejos de los límites del Santuario, pisando una tierra que normalmente le sería prohibida tocar.

Era cuestión de esperar el momento más propicio para hacerlo.


¡Hola! Perdón por la demora, pero quería asegurarme de algunas cosillas con respecto este capi... Estamos en uno de los momentos más complejos de esta historia y necesitaba que quede exactamente como debía estar, para que luego pueda fluir todo sin problemas. Este capítulo va dedicado a todos ustedes, mis bellos lectores, en agradecimiento por su inmensa paciencia y por el cariño que siempre me hacen llegar. Repito como loro, pero si no fuera por ustedes, muchas cosas en mi vida serían diferentes.

Y hablando de eso, en mi página de facebook (pueden buscarla como mitsuryoukufanfics) subí el precioso fanart que la linda de Eville de Capricornio (Eville ThrashART en fb, HadesThrash en DA) realizó para mi :'D Retrató la escena del capítulo catorce en la que Kanon seduce a nuestra mejor amiga (?) Kaname, con el desenlace chancho en "Azúcar" que ya todos conocemos... Además de eso suelo postear sobre el estado de las historias, fechas de actualización (en casos como este que me he demorado) y de vez en cuando comparto curiosidades sobre la trama principal, proyectos futuros y algunos bocetos que realizo sobre las muchachas de este fic. No soy buena dibujando hombres pero estaré practicando para traerles, llegado el momento, algunas lindas ilustraciones sobre el epílogo de "Cocoon" :')

Sin nada más que agregar, les dejo un abrazo inmenso y muchos cariños.

¡Nos leemos prontito!