Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

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Lo único que se escuchaba en el auto era el ronroneo del motor. Parecía que eso era bastante agradable, porque ni Edward, ni Bella hablaron. Ella se miraba bastante contenta, Edward lo notaba, le bastaba con sólo mirarle su bello rostro iluminado con una gran sonrisa.

No pensó que ese auto le fuera a gustar bastante, sin embargo, sabía que ella necesitaba su espacio y, así como él tenía un auto deportivo, ella también tenía derecho de tener uno propio. Sí, sin duda era buena idea. Debía recordarse agradecer a Niklaus por la idea.

─Tomaré tu silencio como miles de gracias ─comentó Edward mirando el camino que ella estaba tomando. Hacia ningún lado.

─No puedo decirte los miles de gracias. Me encanta el auto. Creo que podría amarlo más que a ti.

Edward gruñó a modo de respuesta.

─Baja del auto, lo regresaré.

─Bah. Sobre mi cadáver ─contestó Bella con los ojos entrecerrados, mirándole de reojo durante un par de segundos─. Pero sabes que es mentira, ¿Cómo piensas que podría preferir al auto que a ti?

─Pero si tú lo has dicho…

─No, no es cierto.

Edward se le quedó mirando de manera fulminante.

─Sí es cierto.

─No puedo creer que estés peleando conmigo de esta manera.

─Pues créelo.

─Si sigues así, entonces… no podré disfrutarte esta noche porque estaré enfadada.

Edward carraspeó y volvió la mirada al frente, observando cómo las luces pasaban por encima de ellos.

─No hay necesidad de enfadarse, cariño. Todo está perfecto.

Ella asintió a modo de respuesta. Una vez que llegó a una calle completamente solitaria y que sabía que era en un solo sentido, se volvió para mirarle con una sonrisa emocionada y brillante. Edward sabía lo que esa mirada significaba.

─Deberías ponerte el cinturón de seguridad primero ─le advirtió él con una sonrisilla ladeada. Bella le hizo caso de inmediato y esperó a que él lo hiciera también.

─De acuerdo, probemos que tan bien corre este bebé ─ella apretó el volante con sus manos. Dos segundos después, el acelerador se escuchó por toda la calle y el auto salió disparado hacia el frente, logrando que Bella bailara en su lugar mientras estaba sentada.

Pasaron al menos veinte minutos recorriendo las calles de Londres. Por supuesto, Bella siendo Bella, encendió la radio y la colocó en su estación favorita. Cantaba bastante alto, logrando que Edward le mirara de manera burlona. ¡Él ni siquiera sabía que ella cantaba en español! Aunque debía admitir que se escuchaba bastante graciosa al intentar pronunciar la r.

Edward bajó la mirada para poder observar su reloj y se volvió a su novia.

─Cariño… creo que el restaurante cierra en dos horas. Perderemos la reservación.

Bella fue bajando la velocidad poco a poco, mirando a Edward de reojo.

─ ¿Tenemos una reservación?

─Claro. No pensabas que simplemente íbamos a salir de casa a dar vueltas en el auto, ¿o sí?

Bella entrecerró los ojos y detuvo el auto junto a la acera. Se le quedó mirando unos momentos y chasqueó la lengua.

─ ¿Qué pasaría si yo no hubiera aceptado a entrar a tu casa?

Edward, escuchando las palabras de Bella, imitó su gesto y chasqueó la lengua.

─Pues… primero, y lo más importante, Niklaus estaría decepcionado.

─Eso es jugar sucio ─le atacó Bella.

─No importa, es la realidad. Tampoco podríamos gritar ¡Feliz cumpleaños! Porque tú no estarías presente, obvio. Tampoco hubiera sentido celos del perro Jacob. No habría baile y más baile. Tampoco habría a quien darle el auto, así que probablemente se lo daría a Rose o Alice… y tendría que cancelar la reservación.

─Menos mal que acepté.

─Sí, menos mal que lo hiciste.

Sonriendo, Bella se puso en marcha de nuevo, volviendo al centro de la ciudad.

─ ¿A qué restaurante iremos, cariño?

─Sería mejor si te llevara yo, pero como sé que no soltarás ese volante por mucho tiempo, tendré que decirte ─Bella sonrió porque eso no era más que la pura verdad─. Gordon Ramsay.

─Bien. Será la primera vez que vaya ahí.

─Es un restaurante muy bueno ─comentó Edward, colocando su codo en el borde de la ventanilla y frotó su barbilla con el dedo pulgar─. Además, el dueño es amigo mío.

─Dime, amorcito, ¿por qué eso no me sorprende?

─A ti no te sorprenden muchas cosas.

Bella abrió la boca para objetar algo pero decidió callarse porque era más o menos cierto. En silencio y escuchando un poco la música de fondo, emprendió el camino hacia el restaurante que Edward le dijo.

Al llegar ahí, Bella se lamentó no haber llevado algún abrigo, pero como siempre, Edward llevaba refuerzos. Él sacó de alguna parte un abrigo bastante hermoso y era tan sólo cinco centímetros más largo que el vestido que ella llevaba. Amaba que Edward tuviera buenos gustos, y no sólo se refería a los gustos de mujeres, porque en eso era excelente, sino que también a lo que a la vestimenta se refería.

Edward dijo su nombre al recepcionista y los llevaron de inmediato donde era la zona privada. A Bella le gustaba la zona privada. Sonrió para sus adentros y le agradeció a Edward cuando arrastró la silla para que ella pudiera sentarse. Pidió al mesero una botella de vino y, cuando los dejaron solos, Edward sonrió en grande. Bella entrecerró los ojos en su dirección.

─ ¿Qué te traes entre manos?

─Cosas ─se limitó a responder él.

─No me gusta que te traigas cosas entre manos.

─Sólo pensaba en cómo voy a darte tu regalo una vez que lleguemos a casa.

Bella apretó los muslos de sólo pensar en eso. Sus entrañas se contrajeron, haciendo que un ligero calor se apoderara de su cuerpo. Le extrañaba tanto en ese aspecto.

─Mejor piensa en lo que te haré hacerme.

─Señorita Swan, usted habla demasiado.

Bella parpadeó. Joder, su voz se escuchaba tan sensual.

─Cállame, entonces.

─No ─negó Edward agitando ligeramente su cabeza, haciendo que su cabello se mirara un poco borroso─. Me gusta cuando hablas.

─ ¿En cualquier situación que nos implique unidos físicamente?

Fue turno de Edward tensar su cuerpo por las palabras y, para poder recomponerse, carraspeó.

─En cualquier situación.

Bella sonrió encantada ante el efecto.

─Perfecto. Ahora lo sé. Es un dato bastante interesante, mi amor.

Después de eso, Edward no agregó nada más sobre el tema. Llegó el camarero y, como buen hombre cotizado y lleno de dinero, Edward ordenó lo que querían comer con voz firme. El camarero casi salió corriendo de ahí en cuanto terminó.

─Entonces… ¿ya no me odias? ─comentó Edward, mirándole con la cabeza un poco baja.

─Nunca te he odiado.

─Sí. Por esa razón nos dejaste.

─ ¿Quieres arruinar la noche con esta conversación, Edward? Porque por mí no habrá problema.

Edward suspiró y negó con la cabeza.

─Tan sólo quiero una explicación.

─Ya te lo he dicho.

─Entonces… simplemente te fuiste porque decidiste que era demasiado en poco tiempo. Y porque tu madre te iluminó.

─Exacto. Además, sabes que soy de las mujeres que aman tener tiempo para ellas y para mimarse y embellecerse y no me digas que no lo necesito por que sí, lo necesito. Necesitaba mi tiempo y mi espacio, y ahora me voy a organizar.

─ ¿Dejarás de trabajar?

─Es algo que voy a pensar. Me la pasaré diseñando o algo. Pero dejé de ser tu agente hace un poco más de una semana.

─Sí… es un poco extraño. Me alegro de que hayas decidido dejar el trabajo, por la paz.

Bella hizo un gesto con la mano y tomó un poco de vino. Un poco no le haría mal a nadie. Ni siquiera a su pequeño o pequeña Jude.

Después de que les llevaran la comida, Bella se portó un poco más parlanchina de lo que había estado toda la noche, probablemente. Edward estaba encantado mientras le escuchaba hablar de aquella manera tan característica de ella. Siempre queriendo llevar el control de las cosas. Era algo que le fascinaba.

─Y entonces, fui a dar a la tienda de tatuajes.

El cobrizo alzó las cejas, completamente sorprendido por la noticia y la información proporcionada.

─Una tienda de tatuajes… vaya, no me lo esperaba ─confesó, claramente perplejo por eso.

─Sí, quiero hacerme un tatuaje en mi nuca. Pronto. Alice no me dejó hacérmelo porque está empeñada en que algo le va a pasar a mi bebito o bebita y eso no es cierto. El doctor me dijo que todo estaba bien.

Bella alzó su mano para poder llamar al camarero y pedirle una copa de helado de vainilla con banderillas de galleta. Edward respondió.

─Debiste hacerlo, después de todo, si no es dañino para el bebé.

Ella suspiró.

─Lo sé. Aunque tú, como mi regalo de cumpleaños, puedes darme un tatuaje.

─Amor, pero ya te he regalado cosas…

─Pero también quiero que me regales un tatuaje, ¿no puedes? ─Bella agitó las pestañas varias veces con un intento de convencimiento.

─Sabes que sí puede regalarte un tatuaje, amor.

─Entonces eso está bien. Podremos ir mañana, ¡Muero de ganas por eso!

Edward se le quedó mirando unos momentos mientras le daba un sorbo a su vino.

─ ¿En qué parte del cuerpo lo quieres?

─Si te asusta que piense que me lo puedo hacer en la panza debo decirte que no… Planeo hacerlo en mi nuca. Ahí se verá muy bien. Y cuando estemos en un lugar caluroso todo el mundo podrá verlo ─ella encogió ligeramente los hombros con una sonrisa─. Siempre llevo moño en lugares calurosos.

Era cierto. Edward amaba cuando Bella llevaba un moño, sobre todo un moño de color rojo brillante que hacía resaltar su cabellera color chocolate. No importaba si era en lugares calurosos o no. Le encantaba ver como dejaba su cuello al descubierto, completamente liso y suave. Hacía que su rostro se mirara más afinado y sus expresiones se notaban más. Era capaz de ir corriendo en esos momentos a un lugar de tatuajes para que se lo hiciera. Pero no, debía buscar uno muy bueno.

─Entonces iremos cuanto antes posible a hacerlo, ¿te parece?

─Me parece bien ─ella asintió y siguió comiendo el plato de frutas con un montón de duraznos alrededor. Le daba igual si era malo comer fruta en la noche. Ella iba a comerlo porque su bebé lo pedía.

Después de seguir hablando sobre su viaje a Dubái, Bella creyó que era necesario salir de ahí de una buena vez ya que se estaba haciendo un poco tarde. Edward le recordó que Niklaus estaba completamente dormido y con sus padres cuidándoles. A Bella se le cayó el alma a los pies. Era cierto, la casa estaba completamente llena. Había un montón de gente durmiendo en las habitaciones de huéspedes en esos momentos. No podría tener sexo desenfrenado con Edward por toda la casa como ella planeaba.

Una vez en el auto, Edward, quien iba conduciendo, se dio cuenta de que algo ocurría con Bella. Había estado bastante parlante toda la cena ya hora, de repente guardaba silencio. En una señal de alto se volvió hacia a ella y le miró intrigado.

─ ¿Qué es lo que te ocurre? ─preguntó de manera suave, llevando una mano a su muslo y le acarició con sus dedos en un suave roce.

Ella negó con la cabeza, volviendo la vista a la ventanilla. Edward supo que algo iba realmente mal.

─ ¿Bella, cariño? ─alzó la mano y le apartó los cabellos del cuello para poder acariciarle esa parte de su cuerpo─. ¿Qué es lo que sucede? ¿Estás llorando?

Bella sollozó y contestó con voz aguda.

─No… no lloro.

Sin saber qué hacer, Edward se volvió por completo hacia a ella y le tomó el rostro con sus manos para que pudiera mirarle. Sus ojos color chocolate estaban rojos y llenos de lágrimas.

─ ¿Qué es lo que va mal, nena? ¿He dicho algo malo? ─ella negó con la cabeza pero le sostuvo la mirada y se limpió la nariz con su dorso─. ¿Entonces qué ocurre? ¿Por qué lloras?

─Es que… la casa está llena de muchas personas, y… y yo quería tener sexo contigo en todas las superficies posibles pero eso no va a suceder porque hay mucha gente ahí. ¡Están tus abuelos ahí!

Edward le miró boquiabierto. Nunca se imaginó que estuviera llorando por eso. Una genuina sonrisa se posó en sus perfectos labios de besador.

─ ¿Desde cuándo te importa quiénes estén en casa, cariño? Además, no necesitamos exactamente estar en casa para que pueda hacerte el amor.

Bella le miró haciendo un puchero.

─ ¿No?

─No. Hay muchos lugares donde podemos hacerlo.

─ ¿Cómo cuál?

Edward encogió los hombros y le volvió a acariciar la mejilla a Bella con su pulgar, removiendo una lágrima que se le escapaba.

─Bueno… podemos estrenar el auto.

Bella abrió mucho los ojos y sus mejillas se volvieron rojas. ¡Qué tonta era! ¡Claro que podían hacer eso! Después, frunció el ceño y varias lágrimas cayeron de nuevo por sus mejillas. Aturdido, Edward se acercó un poco más a ella.

─ ¿Por qué lloras, amor? ¿No te gusta la idea? Si no quieres no lo hacemos aquí. Podemos ir a un hotel…

Bella negó con la cabeza y se lanzó a sus brazos, rodeándole el cuello con sus brazos cubiertos por el abrigo mientras sollozaba.

─Es que a mí no se me ocurrió eso.

Edward rodó los ojos, aprovechando que ella no lo estaba mirando pero sonrió mientras le acariciaba lo largo de su espalda.

─Te regalo mi idea si quieres.

─Sí, regálamela.

─Es toda tuya, preciosa ─le dio un beso en el cuello y dejó que se apartara, con la sonrisa aun en sus labios.

Una vez que Bella se tranquilizó, Edward se puso en marcha de nuevo, logrando que Bella frunciera el ceño. Pero ella quería tener sexo con él… quería mostrarle que lo extrañaba tanto que de sólo pensar en él sus bragas estaban empapadas.

─ ¿A dónde me llevas? ─Al ver que Edward no le contestaba le fulminó con la mirada─. ¿Dónde me llevas?

─Shh… ─Edward alzó la mano para poder colocársela en los labios y dejar claro que no quería que volviera a hablar. Siguió conduciendo hacia los lugares solitarios de Londres y, una vez que se vio envuelto de un montón de árboles se volvió hacia a ella─. Bien, aquí.

Bella miró alrededor un poco anonada. Se quedó en silencio cuando Edward bajó del auto con tanta naturalidad que le espantó. Ella quedó sentada en su lugar y dejó que el cobrizo le abriera la puerta para después sentirle casi sobre ella, de modo que él tenía que agacharse bastante para eso ya que era un auto muy bajo.

─ ¿Qué estás haciendo?

Edward le tomó de las manos y le jaló hasta el exterior, donde Bella sintió el aire fresco alrededor, pero definitivamente algo le decía que frío era lo que menos debía sentir en esos momentos.

─Voy a tener sexo contigo, cariño.

Bella bufó mirando alrededor.

─ ¿Vas a follarme como un loco aquí, en medio de todos estos árboles?

─No… voy a follarte como un loco ahí ─Edward señaló con la barbilla el capó del auto que era bastante amplio. Encogió los hombros al ver la ceja levantada de Bella─. Es una fantasía sexual.

─Tienes suerte de que me haya puesto tacones altos y ropa interior que combina porque lo vas a amar. ¿Hace cuánto que no te hago un baile caliente?

─Mucho tiempo ─el cobrizo tragó pesado mientras le miraba─. ¿Vas a darme un baile?

─Oh, claro que sí. Pero luego. Y tú, después, vas a hacer lo que yo te ordene. ─Le miró fijamente con los ojos entrecerrados─. Todo. Lo. Que. Te. Ordene.

─Esas palabras prometen mucho…

─No sabes cuánto, cariño ─sonrió ella de lado y se le quedó mirando mientras le jalaba hacia el capó del auto. Tomó una gran respiración que le puso la piel de gallina y miró alrededor─. ¿Estás seguro que aquí nadie nos verá?

─No… A menos que alguien quiera venir aquí a hacer lo mismo que nosotros.

─Mmm… pues espero que no porque es mi cumpleaños y voy a disfrutar un regalo de veintiún centímetros y un buen, buen grosor. Nadie más que yo y ese regalo mío va a poder disfrutar esta noche.

Edward se quedó sin palabras y con la boca ligeramente abierta. Vaya, que se le había soltado la lengua.

─Ahora, mi amor, ven aquí ─Bella movió su dedo índice para hacerle entender que se acercara. Una vez que tuvo su cuerpo pegado al de él le sonrió─. ¿Vas a dejarme jugar contigo? ─Edward asintió en silencio─. Y yo voy a jugar contigo tanto como a ti te gusta…

Después de eso, Edward decidió que Bella había estado hablando suficiente en esos momentos. Le besó con fuerza, tomando sus caderas con cierta gentileza y le dirigió donde había planeado tomarla. Las luces delanteras estaban encendidas de modo que, si alguien decidía acercarse lo suficiente, iban a saber lo bien que la estaban pasando.

Las manos de Edward, ávidas por querer seguir tocando su piel, se deslizaron por debajo de su vestido que, victoriosamente, no estaba muy ajustado a sus piernas, por lo que logró arremolinarlo sobre el bulto en su vientre. Deslizó las palmas directo a las redondas nalgas de Bella, las cuales ni estaban cubiertas porque llevaba tanga. Edward gimió y en respuesta, Bella soltó una suave risa.

─Siempre vas preparada, ¿no? ─murmuró él contra su mandíbula perfectamente fina. A Bella se le puso la piel de gallina por su aliento caliente y la temperatura fría del exterior.

─Siempre debo ir preparada ─dijo en un gemido al sentir cómo Edward le hacía a un lado la tanga por la parte trasera y le acariciaba su sexo con su dedo corazón.

─Y siempre tan húmeda… ─gimió Edward introduciendo un dedo en ella tan suavemente y a modo de tortura que hizo a Bella soltar un gemido bastante agudo y tomarle de los hombros. Ella se empujó sobre él, sintiendo su erección en su vientre abultado también─. Y quiero probarte.

Bella abrió mucho los ojos y se le quedó mirando.

─ ¿Aquí? ¿Justo aquí?

─No, quiero besarte aquí ─introdujo un dedo más en su interior, escuchando a Bella jadear.

Bella decidió no aportar nada más a eso porque estaba ya cegada por la lujuria, de manera que se quedó en su lugar muy quieta, sintiendo el capó del auto detrás de ella. Estaba frío, pero no parecía importarle. Edward se deslizó por su cuerpo hacia abajo, asegurándose perfectamente de frotar cada parte de su cuerpo con la suya y repasar con su boca en la piel expuesta.

Una vez que Edward se situó perfectamente entre las piernas de Bella, se colocó de cuclillas y agachó la cabeza para besar la parte de sus muslos expuesta ya que el vestido había sido removido y ahora estaba arremolinado ahí arriba.

La respiración de Bella se atascó en cuanto sintió el aliento de Edward justo frente a su sexo. Entonces él, como buen amante que era, le apartó con suavidad la finísima tela que cubría la parte favorita del cuerpo de Bella… en el ámbito sexual. Tomando una respiración profunda, inhaló el aroma dulzón que desprendía Bella en esa parte de su cuerpo. Sin poder contenerse más, debido a la gran erección que tenía, asomó su larga y sonrosada lengua para acariciarle muy sutilmente su ingle, moviéndose poco a poco, tomando centímetro a centímetro de su sexo con la lengua hasta llegar a sus vellos púbicos, los cuales, tironeó con sus labios, logrando así, que Bella gimiera un tanto alto sin tener mucho contacto aun.

Las delicadas manos de Bella no eran tan delicadas a la hora de tironear los cabellos cobrizos de Edward, ni tampoco empujando su cabeza más a su centro, incitándole que siguiera con aquello que estaba haciendo tan bien. La manera en que él estaba practicando le hacía perder el sentido. Necesitaba su liberación pronto. Sintiendo cómo Edward separaba los pliegues de su hinchado sexo, contuvo la respiración, notando el frío aire en esa parte sensible de su anatomía. Inmediatamente, la lengua de él fue a posarse en el botón hinchado y sensible de color rosa. Al sentir su contacto, Bella dio un suave respingo, apretando los ojos con fuerza.

─Ahí, amor… ─gimió ella, apretando los cabellos cobrizos de él hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Escuchó el sonido además de sentir del chupete de Edward, causando así, un gritó─. ¡Oh, Edward! Sí… chupa ─gimió aún más alto, tensando sus piernas a cada lado de Edward─. Ahí, más rápido ─chilló ella con los dientes y ojos apretados. A pesar de la fuerza que estaban haciendo sus ojos, podía sentir perfectamente las lágrimas del placer en las comisuras de éstos.

Edward se apresuró a mover su lengua de lado a lado, notando como el clítoris de Bella se movía con muy poco empuje, estando erguido de manera orgullosa por la excitación. El cobrizo sintió que su cabeza era sutilmente empujada más hacia adelante y, claramente, sintió las cosquillas que le hacían los vellos púbicos de Bella en su nariz, empapados.

Un par de lengüetadas más, Bella se corrió, gritando el nombre de Edward, alargando la letra a, seguido de un montón de incoherencias. Después de unos segundos, aflojó el agarre alrededor de los cabellos de Edward. Sintió cómo él le daba una última lamida a sus labios hinchados, haciéndole estremecer y después cómo se ponía de pie, yendo a darle un beso en la comisura de su boca.

─No tienes idea de lo delicioso que es tu sabor ─murmuró Edward con la voz hipnotizada y seductora.

Bella estaba a punto de tener otro orgasmo con sólo escucharle.

Edward le tomó la delgada mano a Bella y se la colocó en la entrepierna, haciendo que Bella ni siquiera entrara en el letargo y cansancio de su sueño. Estaba tan duro como una roca.

─Nota lo duro que me tienes, cariño. Y eso es sólo por probarte y saborearte.

Antes de que ella pudiera siquiera pensar algo, le tomó de los antebrazos y le volteó, de manera que ella ahora estuviera mirando hacia el auto. Con un suave empujón, hizo que ella se reclinara sobre el capó del auto.

─Apoya los antebrazos en la superficie ─ordenó.

Cegada por la excitación, lo hizo sin pensarlo. Escuchó el sonido de la bragueta de Edward y, de inmediato, sintió su glorioso miembro abrirse paso en su interior con una firme y limpia embestida. Gritó al sentirle por completo dentro de ella por lo grande que estaba, apretando los puños hasta enterrar las uñas en la palma de su mano.

Oh, cuanto lo había extrañado…

Siendo gentil por unos segundos, Edward dejó que Bella volviera a acostumbrarse a su tamaño, una vez que supo que era así y gracias a la súplica de Bella, comenzó a moverse con unos movimientos firmes, empujando sus caderas hacia delante, notando la estrechez de ella.

─Oh… Edward, así. Sigue así ─suplicó ella, con la voz entrecortada por cada empuje que sentía.

─ ¿Te gusta así, preciosa? ─gruñó él, apretando apenas un poco el agarre en las caderas de ella.

─Sí…

─ ¿Te gusta que te folle duro? ─cuestionó, haciendo sus embestidas cada vez más fuertes, arrebatándole varios jadeos.

─Sí… me encanta. Más, Edward. Más, por favor ─gimió Bella alto, sintiéndose justo al borde.

Edward gruñó nuevamente en contestación sin dejar de mover sus caderas. Sin detenerse en ningún momento. Le penetró con fuerza, logrando que se le escaparan a él también varios jadeos y unos cuantos gemidos. Le dio un firme azote en sus deliciosas nalgas y eso fue todo para ella. Se corrió con fuerza nuevamente, con el cuerpo tembloroso y los ojos apretados. Un par de embestidas más, y le siguió él, sintiendo la calidez de su leche en su interior.

El cobrizo cayó sobre ella, sintiendo su pecho sudoroso contra la espalda de ella cubierta aun por el suave vestido de color rojo. Sintiendo el frío en la palma de sus manos, supo que tenía que moverse de ahí antes de que ella protestara. Dándole un beso en el hombro, con un suave movimiento, salió de su interior, logrando así, hacerle jadear.

─Me siento una adolescente tonta ─murmuró Bella, dándose la vuelta al momento en el que él se comenzaba a colocarse bien los pantalones.

─Mmm… este delicioso cuerpo que acabo de probar no parece exactamente de una adolescente ─dijo Edward, tomando a Bella de la cintura para poder acercarse a ella y dejarle un beso en el cuello.

Sonriendo, Bella le colocó las manos en el pecho y lo apartó suavemente. Se agachó y sacó su tanga son sutileza.

─Pues disfrútame porque me acabo ─dijo ella haciendo un guiño, con una sonrisa tomó la mano de Edward y colocó la prenda ahí─. Para que recuerdes el momento.

Negando con una sonrisa, Edward guardó la prenda interior en su bolsillo del pantalón.

─Nunca voy a olvidarlo.

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Una vez que llegaron a casa, lo primero que notaron era el olor a limpio y la oscuridad tanto como el silencio. Paz y tranquilidad para Bella. Necesitaba descansar al estar tan agotada por todas las actividades de ese día. Sobre todo aquella última actividad.

Al llegar a la habitación principal, Edward se acercó a Bella, dándole un suave beso en su hombro.

─Mientras tomas la ducha iré a ver cómo está el enano ─le dijo él. Bella dijo que sí con un suave movimiento de cabeza y fue en dirección al cuarto de baño.

Ya en la habitación colorida de Niklaus, Edward notó el pequeño bulto con cabeza rubia, hecho un ovillo en su enorme cama. Se miraba tan tranquilo ahí acostado. Se acercó a él en silencio, despojándose de toda su ropa excepto la interior, sintiéndose sucio, lo suficiente como para no tener que acostarse con su hijo. Se metió debajo de las mantas con él y estiró un brazo para poder acariciar sus cabellos revueltos. Llevaba las mejillas sonrojadas por no utilizar calcetines en esa noche de otoño. Le colocó una manta encima y lo observó durante un largo rato después de haberle puesto los calcetines del capitán América.

Cuando creyó que iba a quedarse dormido, se dio cuenta de que ya tenía a Niklaus pegado a su pecho. Oh, su enano. No podía evitarse en ningún momento. Bajando la cabeza, le dio un suave beso en sus cabellos. No podía quedarse ahí toda la noche, necesitaba darse una ducha.

Dándole un último beso en su nariz, se salió de la cama y fue directo a la habitación, donde encontró a Bella con una bata de baño sobre su cuerpo, tendida en la cama y abrazando su almohada, completamente muerta… Se alivió al ver que rascó su nariz después de treinta segundos.

Él era el único tonto que su alma, cuerpo y mente estaban despiertos a esa hora de la noche en esa casa.

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A la mañana siguiente, Alice no estaba en casa y Edward descubrió que Cara e Isobel se encontraban en el jardín junto con su hermana Rosalie, jugando como si fueran las seis de la tarde y no las ocho de la mañana. Que energía las de esas niñas. Jasper tampoco se encontraba en ninguna parte y algo le decía que no estaba precisamente en casa. Niklaus seguía en cama (la cama de ellos) junto con Bella ya que había decidido que esa era más cómoda.

Él había despertado porque se suponía que era el anfitrión y pues… eran sus invitados, pero al parecer, su madre Elizabeth se estaba haciendo del desayuno que era para casi mil gentes, sabiendo la manera que comía cada uno. Era bueno que ella supiera que probablemente algunos de ahí comían como si no hubiera mañana.

─Hola, corazón ─le saludó su mamá con una sonrisa cuando le miró aparecer en la cocina. Ella llevaba unos jeans oscuros y una de esas blusas de mujer adulta con un montón de piedras brillantes alrededor del cuello. Para ser un día nublado en Londres, ella vestía muy ligero.

Edward llevaba pantalones ligeros que le caían sensualmente por sus caderas sin darse cuenta, y una camiseta de color azul oscuro. Si por él fuera tan sólo llevaría unos pantaloncillos, pero tenían visita y su madre estaba ahí.

─Hola, mamá, ¿cuál es el plan para hoy? ─preguntó al momento en el que recibía muy gustoso el pequeño plato de comida tan sólo para él.

─Pues… Carmen y su bebé están aquí ─los ojos de Elizabeth brillaron─ ¿Has visto los ojos de esa hermosa niña? Por Dios… son tan bonitos. Le he dicho que se la lleve para no asfixiarla con mis abrazos.

Edward rodó los ojos al imaginar a la pobre Amber con sus ojos violetas bastantes abiertos mirando aterrada a Elizabeth quien la abrazaba y besaba todo el tiempo.

─Carlisle y Esme vienen en unos momentos, ellos salieron de compras.

─ ¿Tan temprano? ─preguntó Edward, incrédulo. Probablemente a Carlisle no le gustaba estar con mucha gente.

─Sí ─contestó su madre, sin dejar de dar vueltas en la cocina─. El señor Charlie fue con ellos… creo que no le agrada mucho estar aquí… ─se encogió de hombros sólo una vez para dar a entender que no diría nada más de él. Edward lo agradeció en silencio.

─ ¿Qué hay del abuelo y la abuela?

Elizabeth chasqueó la lengua haciendo un gesto con la mano.

─Esos señores siguen durmiendo. Al parecer, la fiesta fue mucho para ellos ─Edward y Elizabeth rieron al recordar a sus abuelos bailando y bailando sin detenerse─. Pero eso es bueno, no miraba a tu abuela reír tanto desde hace muchos años.

─A mí me alegra de que les haya gustado la fiesta.

─Fue bastante hermosa, hijo. Ya hacía falta algo como eso.

La plática de inmediato se vio interrumpida por el enorme Emmett, quien estaba llegando con su hijo Aaron a la cocina, con los ojos bastante mirones, observando lo que había de comer.

─Hola, Elizabeth ─fue a darle un beso a su suegra en la mejillas y un abrazo de los que sabía que le gustaban.

─Hola, hijo ─respondió ella con una feliz sonrisa. Su mirada azul de viajó rápido a Aaron, quien esperaba paciente detrás de su padre─. ¡Hola, mi amor! ¿Cómo estás? ¿Tienes hambre? ─al tener una respuesta afirmativa, Elizabeth sonrió y le dio una ligera nalgada cariñosa─. He preparado lo que más te gusta, pero tendrás que esperar a que todos estén en la mesa.

─Chico magazine ─saludó Emmett, yéndose a poner al lado de Edward, en uno de esos cómodos taburetes que sólo podían costar mucho cada uno─. El plan es este: Nos vamos a… Maui, en Hawái.

Edward se le quedó mirando, esperando que dijera que realmente estaba bromeando justo en esos momentos.

─ ¿No te agrada la idea? ─inquirió el grandulón de ojos azules. En ese lugar había muchos ojos azules.

Que si no le agradaba la idea… ¡Pero si era un completo disparate! Así que era por eso que su madre se mostraba bastante atenta y amigable esa mañana, cuando normalmente era una mujer gruñona por las mañanas. Así que era por eso que su padre no estaba ahí para poder presenciar la noticia. Al igual que Carlisle y Esme. Uff.

─Yo… ─carraspeó Edward y dirigió la mirada a su sobrino Aaron, quien lo miraba con sus ojos brillantes y emocionados─. Tengo que pedir permiso aún. El entrenador no coopera mucho, lo sabes, Emmett.

Emmett le dio una palmada en el hombro un tanto fuerte, pero no algo que el cobrizo no pudiera suportar después de tantos años con él.

─Nada de qué preocuparse, cuñado… He hablado con el entrenador y dijo que estaba bien. Últimamente has estado asistiendo a todos los entrenamientos y, ciertamente, necesitas un descanso. Ha decidido dártelo… ¿y qué mejor que con toda tu familia?

Aaron asomó la cabeza con una sonrisa maliciosa.

─ ¡Incluso podrías llevar a Niklaus si es que queda espacio!

Elizabeth le envió una mala mirada a su nieto al igual que Emmett. Edward estaba tan acostumbrado a ese tipo de insultos o comentarios por parte de ambos niños que no le prestó atención.

─ ¿Cuándo nos vamos entonces? ─cedió el cobrizo, comiendo la última porción de comida que estaba en su plato.

─En cuanto tú arregles el vuelo ─dijo su madre.

─O en cuanto hables con Bella…

Todos en la habitación volvieron la vista a Rosalie, quien estaba sosteniendo a Amber en sus brazos mientras ésta bebía tranquilamente de su biberón. Aaron sintió una punzada de celos en esos momentos. La rubia vestía bastante a la moda para una mujer de treinta y dos años… pero acompañada de una bebé se veía mucho mejor.

─ ¿Dónde está ella, por cierto? ─siguió la rubia, meciendo de un lado a otro a Amber─. Estoy segura de que querrá participar en esto… ¡Oh! ¡Y Alice también! aunque no la he visto después de que ustedes se fueron…

Elizabeth se hizo notar, golpeando varias veces la cacerola donde estaba cocinando con una pala de cocina para quitar el exceso de comida.

─ ¿Debemos hablarlo con Bella? Quiero decir… podemos irnos, ¿no? Por eso estábamos esperando a Edward.

Elizabeth estaba aún en proceso de aceptar a Bella por completo a pesar de que le iba a dar un nuevo nieto. Aceptaba que ella era una buena persona al igual que era una buena madre, sin embargo, aún tenía que asimilar algunas cosas.

─Mamá ─siguió Rosalie─, Bella es parte de la familia ahora y una muy importante. Llega algunas veces a ser el mando, así que se debe hablar con ella también.

Sin agregar nada más, dando un golpe final en el traste que utilizaba, Elizabeth se volteó, dándoles la espalda y siguió cocinando.

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Edward salió al patio a jugar con Aaron, Cara e Isobel… y Emmett. Era una mañana bastante tranquila. A la media hora de la interrupción de Rosalie en la cocina, llegaron Carlisle, Esme y Charlie, quienes dijeron que les parecía bastante bien el viaje. Charlie aún no estaba lo suficientemente convencido, pues no sabría exactamente quién era la persona con la que estaría en todo el viaje ya que él era ajeno a la familia. Necesitaba a su esposa caprichuda con él.

Niklaus y Bella, duchados y perfumados, bajaron las escaleras, alzando la nariz al sentir el olor a comida proviniendo de la cocina. Bella supo que la comida no estaba nada mal, pero algo le decía que Greta no había participado esa mañana.

El enano pasó de largo a su abuela Elizabeth y corrió a abrazar al abuelo Charlie, a quien le dijo emocionado que se alegraba de que siguiera en su casa.

Una vez que la mayoría se reunió, junto con Jacob, Sam y Emily ─ a excepción de Jasper y Alice─, se habló nuevamente de los planes de viaje que Esme, Rosalie y Elizabeth estaban haciendo de ir a una isla y pasar ahí al menos tres días de vacaciones debido a que nunca habían tenido unas vacaciones con una familia tan grande como era ahora.

Como era de esperarse, poco a poco algunos se fueron excusando.

Jacob se disculpó generalmente con todos, diciendo que tenía trabajo pendiente al día siguiente y no podría participar en las vacaciones familiares. Por otro lado, él mismo se dirigió a Bella en privado, haciendo la observación de que las vacaciones eran en familia y él, aunque ella le consideraba parte de la familia, no lo era. Además de que su trabajo no le permitía faltar tanto rato. Sin embargo, le prometía que iría a visitarle nuevamente en un tiempo no muy lejano porque tenía que pasar mucho tiempo con ella. También le dijo, que una buena sugerencia de nombre para su bebé era Jacob o William, como él.

Más tarde, Sam y Emily, amigos de Bella, se disculparon porque ellos ya tenían un boleto de avión de regreso a Seattle esa misma tarde y se irían junto con su pequeña sentimentalista y emocional Claire, quien no quería apartarse de las nuevas amigas Cara e Isobel.

Edward, tomando la libertad que poseía a la hora de hablar sobre Cara, decidió que haría lo mismo con Isobel. Ellas les acompañarían mientras Jasper dijera que sí. Niklaus, claro, se sentía el niño más afortunado del mundo por llevar a sus amigas y a su primo Aaron el odioso con él.

Una vez que Emmett y Aaron fueron a dejar a Emily, Sam y Claire al aeropuerto, Charlie se acercó a Bella con el teléfono en su mano, enviándole una mirada que Bella supo identificar después de tantos años.

─ ¿Mamá?

Un suspiro se escuchó al otro lado de la línea por parte de Renée. Bella sonrió ligeramente. Caminó con paso lento hacia el pequeño gimnasio que estaba ahí en casa, en la planta baja y cerró la puerta.

Bella sabía que su mamá se sentía mal por haberle hablado de esa manera. Siempre habían tenido sus diferencias y a pesar de eso, Bella siguió siendo una buena hija y Renée una buena madre. Jamás habían durado tanto tiempo sin cruzar palabra. Necesitaba escuchar a su mamá. Le necesitaba con ella.

─Hola, cariño ─saludó Renée, sonriendo para sí misma ahora un poco más amplio─. Feliz cumpleaños atrasado…

─Te has tardado millones de años, mamá.

─Pues lo siento… te recuerdo que no tenemos el mismo horario, hija.

Ambas chasquearon la lengua al mismo tiempo. A ninguna de los dos se les daba eso de ser tan emotivas o emocionales después de una pelea.

─Bueno… si tú dices. Gracias ─contestó Bella con una sonrisa ladeada, enrollando uno de sus mechones de su pelo en su dedo índice─. Te extraño y te quiero aquí conmigo.

Renée suspiró.

─Lamento no haber ido. Fue un arranque muy infantil, lo sé. Ya me dijeron que han hecho carnitas con esa extraña salsa inglesa inventada por los indios… Quiero.

─ ¡Pues qué bueno que no comiste! ─le dijo Bella, fingiendo estar feliz por ese simple hecho. De pronto, recordó los planeas que estaban haciendo con la familia─. Amm… Elizabeth y Rosalie están haciendo un viaje, a Hawái. Va toda la familia, incluso Carmen y Eleazar… y quería saber si tú también quieres asistir. Mi papá no está muy cómodo sin ti.

Renée sonrió como una boba y adolescente enamorada al escuchar aquello de Charlie.

─Mi pobre viejito… ─dijo ella fingiendo estar verdaderamente triste─. ¿Tengo que viajar a Londres? Porque va a tomar un tiempo.

─No tengo idea de cuándo nos vamos nosotros.

Bella alzó la mirada hacia la puerta de la habitación en donde se encontraba y vio, ahí de pie, a su pequeño de cabellos rubios revueltos. El niño le miró con una sonrisa deslumbrante y caminó con paso apresurado donde estaba ella para poder abrazarle, con los ojos cerrados. Mientras aquello sucedía, Renée volvió a hablar.

─Bueno, entonces creo que será mejor llegar allá, ¿te parece? Tu padre no estará tan mal con Eleazar y Carmen ahí.

─Y se lleva bastante bien con Carlisle y el papá de Edward… no para de hablar. ─Bella le acomodó los cabellos a Niklaus tanto como podía hacerlo y después le acarició la nuca, yendo a sentarse en una cómoda silla que estaba ahí cerca.

─Entonces no será tan malo. Llegaré allá en cuanto pueda.

─Te mandaré la información del hotel y todo lo que necesitas saber, mamá.

─Y una vez más… discúlpame por ser tan orgullosa

Sonriendo, Bella negó para sí misma y acomodó a Niklaus en su regazo tanto como podía con una sola mano.

─No hay problema… de alguien tenía que sacarlo.

─Sí, supongo que sí ─Renée carraspeó─. Hablamos después, amor. Salúdame a la familia.

─Lo haré… te amo.

─Te amo también, hija.

Sin más, Bella colgó la llamada y bajó la mirada a Niklaus, quien estaba sonriendo de manera maliciosa, de esa manera que Bella sabía que estaba a punto de pedir algo.

─ ¿Qué sucede?

─Quiero entrar a la piscina, mami ─dijo Niklaus con su dulce voz, con esa cara de niño bueno pero que era todo lo contrario.

─No puedes entrar, amor. Está fresco allá afuera, el agua debe estar helada… ¿No quieres hacer otra cosa? ─le acarició la mejilla, tranquilizando al niño.

─ ¡Teta! ─dijo con cierto entusiasmo, haciendo sonreír a Bella. Ésta negó con la cabeza un par de veces.

─Ya has tomado esta mañana. Recuerda que en el transcurso del día no puede haber teta.

Con un puchero, Niklaus escondió su rostro en el pecho de Bella, apretando los ojos por sentirse un poco frustrado por aquella negación. Tomando una gran respiración, apartó su rostro de ahí después de un rato y le volvió a mirar a los ojos.

─Vamos a jugar Cierto o Falso en el iPad ─dijo con los ojos azules brillándoles por la emoción.

Bella sabía que a su pequeño sabelotodo le gustaba jugar ese tipo de aplicaciones porque le enseñaba demasiado. Y vaya que se enojaba cuando no sabía la respuesta correcta. Se enojaba y, después de que Bella le tranquilizara, volvía a la partida. La verdad era que no jugaban más de veinte preguntas en una hora o dos horas, ya que, cuando había una pregunta que le causaba a Niklaus curiosidad, le pedía a su madre que le explicara la historia detrás de la respuesta.

El pequeño genio de mamá.

─Bien… juguemos Cierto o Falso, Klaus ─le besó la cabeza y dejó que se bajara de sus piernas para poder dirigirse a una habitación privada mientras que ella le enviaba una mirada a su padre con un asentimiento. No estaba segura de que entendiera lo que quería decía pero eso parecía que era suficiente para Charlie.

El buen humor de Bella iba a ser muy difícil de quitar en esos momentos. Iba a ser bastante difícil… sobre todo por aquel regalo de cumpleaños la noche anterior.


Por fin... capítulo. Lo sé, me odian, pero aquí está. No sabría explicar el motivo por el cual no había subido capítulo. Tal vez era porque no tenía tiempo, porque no sabía organizarme o no sabía como seguir... o simplemente no quería. Pero aquí está.

¿Qué tal les ha parecido? ¿El lemmon? Sé que no es mucho pero es todo lo que salió :( ¿El viaje? ¿Renée? ¿Elizabeth?

Gracias a: marieisahale, AleLupis, briis, Nadiia16, Mia1903, Acqua Cullen Potter, Mofalva, Yoliki, Isabele Grey Day, Karlie7, alejandra1987, jupy, karenava, Melania, Beastyle, Emm Masen Maccarty, Manligrez, SabiaAtenea, diana, MONELITA CULLEN, Danny Fer D' Rathbone, Tecupi, paula, anamart05, miop, Brenda-Cullen-Ivashcov, patymdn, Alejandra P, maferpatts, yesvan, alemale1415, Sandy Liss, Annaniicolle, megankvdw, PRISGPE, Cullen-21-gladys, EmDreams Hunter, hildiux, la bella anonima, Marie Mars, AndyCullen's01, TwilightWendyCub, liduvina, CoposdeHielo, In My Paradise, Mon de Cullen, pera l.t, Andy, veritob, Kabum, Nyx-88, Tata XOXO, patri cullen, diana, sofia-1550, yoo, Edidi, , Ingrid Pixie Cullen, Vircobrina, Fran Cullen Masen, Cris Pattinson, lizzie.

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¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?