Ya se está haciendo costumbre, ¿a poco no extrañaban mis retrasos de meses que traían como consecuencia que en una sola semana hiciera updates? Pues que va, ya me voy a acabar la saga de Hades. Estamos en el capítulo seis y hacen falta un mundo de Espectros de aparecer, hay mamá no sé ni cómo le voy a hacer. En fin, mejor a contestar reviews:
Diana de Acuario: T_T yo también me voy a medio dormir para contestarte tus reviews (dramatiza su dolor), es broma no te creas. De todas formas ya sabes que me da mucho gusto el recibir reviews de esta historia tan sádicamente larga. Qué bueno que te gustó la historia de los Jueces porque yo me quemé el coco con las fechas, ya que estaban datados entre los años 1,200 y 1,300 A. C. y perdía sentido con mi supuesta: "era del mito", pero al final parece ser que sí me salió el truquito. Es triste pero cierto, Saori ha muerto, en este capítulo prometo seguir explicando el por qué su muerte era necesaria, espero te agrade mi idea descabellada (El autor acaba de agregar otro giro inesperado a la trama)
dafloveaioros: Claro que posteo rápido, después de desaparecerme por 2 meses es lo menos que puedo hacer, ya casi me acabo la saga de Hades en dos patadas. No sé a qué te refieres con que no me agradaron tus palabras, ya sabes que me fascinan tus reviews. La friend zone es un enemigo muy acérrimo mío, sé que algún día saldré de ese círculo maligno pero ya no lo veo tan caro, según decía yo iba a tener mi propia familia a los 21, jajaja, que buen chiste. Ya verás que tú también encuentras a tu Milo en la vida real, hay que tener fe, por lo pronto te seguiré deleitando con la personalidad arrogante de los Escorpio usando a Milo como medio. El que Hades se vuelva a convertir en un dios de bondad no te lo puedo prometer, pero digamos que tengo planes para cierto dios que tomará un papel primordial en la saga de Hades, no te daré pistas todavía, pero para el final de este capítulo sabrás a quien me refiero. Lo de escribir más historias de esta pareja pues… no lo creo, se me van a agotar las ideas para ello, además de que debido a éxito de esta historia, pretendo escribir otra historia de Saint Seiya, pero esta vez los Dioses Guerreros de Asgard serán los protagonista, pues es mi mitología favorita, y pretendo darle a la historia un estilo más medieval. Pero claro que antes de iniciar con ese proyecto primero debo terminar este.
dafloveaioros: ¿Otra vez? Jajaja, en fin a contestar 0_0; señorita, ¿me estas tentando? Recuerda que te estas enfrentando a un Escorpio, y los Escorpio somos bastante arrogantes por no decir intimidantes. Y existe una compatibilidad muy alta entre Escorpios y Tauro. Si es un desafío mi señorita estoy dispuesto a aceptarlo (tranquilo matador)
Scorpio-26: Señorita Escorpiona pervertida, me sigue alagando con su presencia. Entiendo lo que dices de que es fácil de leer, tiendo a ser muy complicado y lo lamento, pero bueno, es que me vuelan un mundo de ideas por la cabeza, ni modo que las evite. Lástima que te caigan mal los Espectros, a mí en lo personal se me hicieron buenos personajes y con mucho potencial, igual que los Caballeros Dorados. Final feliz, jajaja, no creo ser capaz, pero veré que puedo hacer, la verdad cada vez mi estilo se parece a las novelas trágico-cómicas como Hamlet y otras estilo Shakespeare (aja, y tu nieve) chocolate o sabor café, ese es el dilema (lo hemos perdido)
cuatecatl88: Si decapité a Minos, y no, no es una venganza, de hecho pensé que sería un giro bastante inesperado que una muerte por fin no fuera de: "cayó muerto" mejor le di un toque un tanto más sádico y pretendo hacer lo propio con otros Espectros, aunque no me salga al final, jajajajaja. Y no, el matar a Minos no fue echar sal a la herida, pero Mu no es un personaje sencillo de describir en batalla, así que o era decapitar a Minos, o despedazarlo átomo a átomo con la Extinción de la Luz de las Estrellas.
Roygvid: Sip, hay un cuarto Juez, jajaja, la verdad pues creo que me tomé muy enserio lo de separarme de la saga original, ¿Qué tal? ¿Estoy haciendo un buen trabajo? ¿Ya le puedo pedir trabajo a Kuramada? (Ya me imagino tu primer día mandando llamar a Seiya y diciéndole: estas despedido), sería un sueño hecho realidad. Así pondría a Aioria de protagonista (¿Y Milo?) sería el segundo más poderoso, sería como el Vegeta de Goku, el Saske de Naruto, el Sasuke de Kenshin, el… (Si ya entendieron). Habrá más de los celos de Hera en el futuro por cierto, y no entendí el poema (Mente inocente dios mío)
KaguyaMoon: Jajaja, me encantó que fantasearas de Milo, jajajajaja. Y sí, el objetivo de la Atenea del mito es que la odiaran por ser una niña mimada, así que no te sientas mal por odiarla, pero ha cambiado. No sé de donde sacaste ese pedazo de mitología, la verdad no lo creería porque Hades solo tenía ojos para Perséfone (que lo odiaba con toda el alma) pero bueno, cualquier cosa puede pasar con los griegos. La rana recibirá su merecido, jajaja, pero no aún, se paciente. Y contestando a tus preguntas: Milo nunca fue en verdad el dios de la guerra si no que Ares lo usó de Avatar, para ser el dios de la guerra necesita reclamar su legítimo trono en el olimpo, pero ya te explicaré más de eso. Lo del triángulo amoroso, pues jajaja, no era mi intensión ero ya que me metiste esa idea en la cabeza no me queda más que usarla, así que es tu culpa, muajajajaja.
EDITADO: 18/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).
Saint Seiya: Guerras Doradas.
Saga de Hades - Infierno.
Capítulo 6: La Nueva Orden Dorada.
La Era del Mito, Atenas, Grecia. Templo del Patriarca. Año 1,640 A.C.
—Yo solo deseaba… que mi familia fuera prospera y justa —habló Sarpedón, quien fuera el último en pie, mientras observaba a los Jueces del Inframundo, quienes fueren sus hermanos, terminar con la vida de los últimos soldados Atenienses en pie. Atenas estaba en llamas, el Santuario manchado de sangre, y una espada dorada salía de la espalda del último de los Caballeros Dorados que hasta ese momento se había mantenido fiel a Sarpedón, pero que ahora moría, atravesado por su propia espada, que en estos momentos empuñaba Radamanthys de Wyvern—. ¿Qué han hecho? Han traído la ruina a Atenas.
—La ruina la has traído tú, hermano —habló Radamanthys, que entonces pateó al Caballero de Capricornio al suelo. La noche era iluminada tenuemente por las llamas, y el hedor a sangre quemada era insoportable, pero nada molestaba a Sarpedón más que el dolor de la traición—. Es hora de que mueras… hermano —y Radamanthys se preparó para ejecutar a Sarpedón, tras 10 años de guerra todo por fin terminaría, pero la espada que Radamanthys le robó al Caballero de Capricornio no bajó por completo.
—¡Alto Radamanthys! —se escuchó la voz de Hades, que en esos momentos caminaba sobre la tierra dentro del cuerpo de un joven de al menos unos 15 años, de cabellera larga y roja como la escarlata, y ojos color sangre—. No he terminado de negociar con Sarpedón —aclaró Hades, que en esos momentos flotó con la fuerza de su cosmos hasta posarse frente a Sarpedón—. ¿Cuantos años han pasado desde que me declaraste la guerra? —y Sarpedón enfureció—. Soy un dios, por ello no me percato del todo del paso del tiempo. Pero tú… cuando subiste al trono eras joven… y ahora una sombra de barba te mancha el rostro. ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuántas vidas se perdieron? —y Sarpedón lloró por la ira.
—¡10 años! —gritó Sarpedón—. Y creo que tú mejor que nadie sabes el número de muertes —y Sarpedón apunto a la Atenas en ruinas, y Hades asintió al ver la zona de desastre—. ¡Eres un maldito! —enfureció Sarpedón, que entonces se lanzó en contra de Hades, pero el rey del Inframundo bloqueó su avanzada con uno de sus dedos—. ¿Qué le has hecho a mi familia? —y los 3 Jueces miraron a Sarpedón con sonrisas malévolas en sus rostros.
—Pero Sarpedón… yo solo les he brindado lo que sus corazones han deseado —y Hades lanzó a Sarpedón de regreso a su trono, donde quedó tendido con debilidad—. Aún podemos hacer un trato, Sarpedón. Tus hermanos me han sido en extremo útiles. Y yo podría requerir de tus servicios —pero Sarpedón se mordió los labios iracundo—. Te concederé tu deseo, de una vida plena en compañía de tus hermanos, y a cambio, si llego a verme en la necesidad, me brindarás tus servicios. Tendré una Suplice reservada para ti cuando ese momento llegue. Hasta entonces, podrás disfrutar de las alegrías de una vida plena, y el descanso de una muerte gentil. ¿Qué me dices, Sarpedón? —y Sarpedón lo pensó, ya todo estaba perdido de todos modos, y de no aceptar, solo le esperaría la condena en la muerte.
—¿Volveré a vivir junto a mis queridos hermanos? —y Hades asintió con gentileza—. ¿Tendremos una vida plena los 4? ¿Reyes y gobernantes? ¿Seres justos? —y Hades lo miró fijamente, con sus ojos rojos penetrantes—. ¿Lo prometes, Hades? ¿Prometes que viviremos plenos los 4? —y Hades sonrió.
—Hades siempre cumple sus promesas —y Sarpedón se rindió, y Hades extendió su mano, y en esta se formó una espada oscura, misma que apuntó a Sarpedón, que tan solo lloró en su trono—. En el futuro cercano, cuando la tierra esté en paz, 4 reyes se alzarán —comenzó a decir Hades, y Sarpedón asintió—. Minos y Radamanthys, serán reyes de Creta, Aiacos gobernará en Egina. A ti, Sarpedón, te regalaré Licia, la que gobernarás como rey. Pero… ya que no te uniste a mí como lo hicieran tus hermanos y me levantaste el puño… no serás recordado como un rey de bondad… tirano, asesino, saqueador de reinos —y Sarpedón se sorprendió, y la espada de Hades le atravesó el cuerpo, y un chorro de sangre se disparó de su pecho mientras el valiente Patriarca fallecía.
Los 4 hermanos volverían a nacer, a mediados de los años 1,300 y 1200 antes del calendario romano. 3 decían haber nacido de una reina de nombre Europa, el bastardo era conocido como hijo de Egima. Hades le cumplió sus promesas a los 4, más solo Sarpedón era incapaz de recordar su vida pasada, había sido obligado a olvidarlo, bebiendo de las aguas del rio Lete.
Radamanthys se convirtió en Rey de Creta, e instauró un código de leyes excelente, era un gobernante justo, pero letal a momento de condenar a los ingratos y pecadores. Más lo que Radamanthys no sospechaba, era que Hades aún tenía una promesa que cumplir.
Minos traicionó y desterró a Radamanthys. Por la mano de Hades, sus aliados y seguidores lo traicionaron y lo dejaron a su suerte. Minos se convirtió en rey, y Hades terminó con el contrato, lo que pasara en adelante, no sería su bendición.
Minos se deshizo de todos sus aliados. Sarpedón, no conforme con la riña entre Minos y Radamanthys, intentó razonar con su hermano Minos, más él también fue desterrado, y su corazón comenzó a ser invadido por la oscuridad.
Buscando el consuelo en Aiacos, y su apoyo, Sarpedón notó que su hermano bastardo no le brindaría su ayuda. Aiacos era rey de Egina, y un Juez justo, sus juicios eran legendarios, y siempre estaba ocupado. Pero no era esta la razón por la que Aiacos no le brindaba su apoyo. Si bien Aiacos era uno de los hijos favoritos de Zeus, Hera lo despreciaba, y envió plagas que destruían su reino. Aiacos no contaba con soldados suficientes para apoyar a su hermano en recobrar las tierras que le fueran arrebatadas.
Solo y sin ayuda, Sarpedón reunió un ejército de mercenarios, y conquistó la tierra de Licia. La ira lo cegaba, no era más el hermano bondadoso que solía ser. Con sus ejércitos, atacó Creta y Egima, ambos reinos sucumbieron a su poderío. Asesinó él mismo a sus 3 hermanos, los ejecutó juntos en Licia, ofreciendo sus almas a Hades, quien nuevamente los recibiría como sus Jueces.
Y sin embargo, Sarpedón no se convirtió en rey de Creta o Egina. El mismo día de la ejecución de sus 3 hermanos, el imperio Persa invadió su reino, y asesinó a sus ciudadanos. No tenía aliados que le ayudaran, no tenía reino que lo recordara, estaba solo, y al final, sucumbió ante el miedo y la desesperación.
Licia, Anatólia. Castillo Licio. Año 1,250 A.C.
—¡Alzó la voz a cualquier dios que desee brindarme su fuerza! ¡Salve a mi reinó y seré su fiel lacayo por la eternidad! —gritó el anciano rey Sarpedón, y su voz fue escuchada por Hades, que en ese momento llegó ante Sarpedón, como un hombre de miraba gentil, envuelto en una armadura Persa—. ¡Hades! —gritó Sarpedón iracundo, por alguna razón lo sabía.
—Eres muy perceptivo —habló el hombre—. Este es el cuerpo del ser más noble de esta era, a quien he obligado a conquistar imperios enteros. Pero es solo un cuerpo temporal, pronto iniciaremos la guerra más grande de todas, en un reino llamado Troya donde mis Espectros habitan, y este será un buen punto de reunión —y Sarpedón enfureció—. ¿Hiciste una promesa, lo recuerdas? Una vida plena, para ti y tus hermanos. Pero nadie negoció la muerte —y Sarpedón lo recordó todo, y cayó sobre sus rodillas—. Tenemos un arreglo, Sarpedón. Les di a ti y a tus hermanos una vida plena. Hades, siempre cumple sus promesas después de todo —y Sarpedón asintió—. Se mi sirviente, y te prometo que jamás volverás a sentir dolor. Conviértete en mi campeón, sirve en el reino de Hades como mi Juez más poderoso.
—¿A cambio te desharás de mis sentimientos? —y Hades asintió—. No más dolor… no más traición… no más sentimientos… incluso mis hermanos, no serán nada para mí… Hades… si puedes cumplirme esta promesa… me convertiré en tu guerrero más leal y poderoso —y Hades hundió su mano dentro del pecho de Sarpedón, y de su interior sacó una luz dorada, la cual aplastó sin problemas, liberando a Sarpedón de sus sentimientos, y dándole muerte.
—Ya te lo dije, Sarpedón. Hades siempre cumple sus promesas —agregó el dios del Inframundo—. Sarpedón, la Quimera rugirá con furia solo cuando Hades realmente requiera de su campeón. Tu poder será incluso comparable al de los dioses, podrías incluso… desafiarme… —y Hades sonrió—. Es por ello, que solo te liberaré cuando sea en extremo necesario. Tu poder… es muy peligroso.
Atenas, Grecia. Templo de Atenea. 02 de Agosto de 05 N.G.
—¿Son todos los que han sobrevivido? —preguntó Atenea, mientras observaba a un puñado de caballeros. Todos reunidos en el Templo de Atenea, y maravillados de presenciar por vez primera el cosmos divino de la diosa de la Sabiduría en la Guerra. Algunos caballeros estaban sumamente malheridos, otros no presentaban heridas de gravedad, al menos no superficiales, pero sus orgullos estaban maltrechos, tal era el caso de Ikki del Fénix, que se repugnaba por haber sido derrotado tan fácilmente por Aioros de Folo—. Generales —hizo una reverencia la diosa Atenea.
—Ikki del Fénix… General de Bronce —se presentó Ikki, tratando de recuperar su orgullo perdido—. Caballeros de Bronce, Ban de León Menor, Ennetsu de Horno, Ichi de Hidra, Isaac de Cisne, June de Andrómeda… —comenzó a decir Ikki, y los de Bronce comenzaron a acercarse conforme se mencionaban sus nombres—. Kiki de Escultor, Lepus de Liebre, Nachi de Lobo, Ohko de Dragón —y los últimos mencionados, tenían sus orgullos bien marcados por la sombra de la derrota—. Spartan de Máquina Neumática, Tetis de Pez volador, Shoko de Equuleus, Erda de Casiopea, Mii de Delfín y Xiaoling de Osa Menor —terminó Ikki con su lista—. 16 Caballeros de Bronce sobreviven de 48 —y Atenea asintió, y entonces observó a la generala de los Caballeros de Plata, que en esos momentos se encontraba recostada, con todos sus huesos rotos, en una camilla, incluso estar allí presente era un riesgo a su salud.
—Con el debido respeto, diosa Atenea —habló Marín, que en ese momento se aproximó a la diosa—. Si me lo permite, hablaré en el nombre de Natassia de Corona Boreal, Generala de Plata —y la diosa Atenea asintió con tristeza al ver el deplorable estado en que se encontraba Natassia, que apenas y se mantenía con vida—. Hebe de Cruz del Sur, Kanon de Altar —y Atenea observó al Caballero de Altar, que seguía lamentándose por la muerte de Saga, pero que hacía un gran esfuerzo por resistir la necesidad de soltar lágrima alguna. Se culpaba por no haber podido derrotar a los Jueces cuando tuvo la oportunidad—. Orfeo de Lira, Shaina de Ofiuco, Shiva de Pavorreal —continuó presentando, y Atenea asintió—. Desconocida de Paloma —presentó, lo que llamó la atención de Atenea, pero decidió no prestarle mucha importancia—. Y conmigo, Marín de Águila, humildemente a su servicio, somos 8 Caballeros de Plata de 28 —y Atenea nuevamente asintió, y miró a los Caballeros Dorados, ninguno osaba hablar. La confusión era latente en los corazones de todos. Shura, quien era el General Dorado, había muerto, y el antiguo General Dorado se rehusaba a volver a vestir su armadura, que le había sido entregada a Jabu nuevamente.
—No me mire mi señora… mi papel en esta guerra terminó… —pero Atenea observó a Milo con detenimiento, el antiguo Caballero de Escorpio tan solo vestía una túnica verde, y cargaba a su hija en sus brazos. Mu y Aioria estaban a su lado, ambos con miradas de preocupación. El trio había sido rehusado por sus colegas de Plata y Bronce, incluso Marín se negaba a dirigirle la palabra a Aioria—. Por Atenea, no hay remedio… Milo, ciudadano de Atenas, nacido en la isla de Milo. Si no le molesta haré los honores —y Atenea asintió—. Mu de Aries, Aioria de Leo, Jabu de Escorpio… —y Atenea bajó la mirada con tristeza—. Seiya de Sagitario, y Hyoga de Acuario… solo son 5 de 12 Caballeros Dorados —terminó Milo.
—Agradezco la mención —agregó Atenea—. 16 de Bronce… 8 de Plata… 5 de oro… solo 29 caballeros sobrevivientes de 88 —y Atenea bajó la mirada, pero en su rostro se dibujó la determinación de inmediato—. Caballeros de Atenea. Mi corazón llora por el sacrificio de quienes han dado su vida en esta guerra, y en las guerras anteriores a esta —confesó la diosa, que entonces tomó el rosario de 108 cuentas que le entregara Mu—. Frente a ustedes, el rosario de 108 cuentas, que sella a los Espectros del Inframundo, observen, 27 cuentas han cambiado de color, esta batalla no ha sido en vano, estos Espectros han sido derrotados, entre ellos los 3 Jueces del Inframundo, los guerreros más poderosos de Hades, todos muertos. El sacrificio de nuestros hermanos, aunque triste, ha traído frutos —y los caballeros comprendieron aquellas palabras—. Sepan que Camus de Nereida, Aioros de Folo, y Milo, el caballero que fue conocido como el Espectro del Alacrán Negro, no son traidores al Santuario, han dado muerte a algunos de los nuestros, pero es gracias a ellos que he resucitado como la diosa de la guerra verdadera, quien enfrentará a Hades por última vez, y traerá el fin definitivo a estas batallas legendarias —y aunque deseaban creerlo, muchos no podían hacerlo, habían perdido la confianza en los traidores—. Les ruego caballeros, bríndenme su fuerza una vez más, sé que han sufrido mucho, pero la guerra debe continuar, en el Hades.
—¿Cómo? —gritó Shiva de Pavorreal—. Nosotros somos solo 29, y los Espectros de Hades son 81 —continuó Shiva—. Solo quedan 5 Caballeros Dorados, sea o no Atenea, la verdad… ya hemos perdido toda nuestra esperanza —y Atenea se entristeció de escuchar esas palabras.
—¡Entonces no eres digno de vestir esa armadura! —gritó Aioria, que en ese momento caminó frente a Atenea—. ¡Somos los caballeros de la esperanza! ¡Y los Caballeros Dorados representamos desde la era del mito a la esperanza de Atenea! ¡Y les juro, que mientras uno siga en pie, Atenea no será derrotada! ¡Jamás perderemos la esperanza! —y Atenea se alegró, y al poco tiempo, Mu se reunió ante Atenea, de igual manera lo hizo Hyoga, seguido de Seiya, Jabu se quedó atrás—. ¿Jabu? —preguntó Aioria.
—Lo lamento… Aioria —confesó Jabu, y los Caballeros Dorados se sorprendieron—. Pero… la verdadera esperanza de Atenea es Milo —y Jabu se quitó su casco, y se lo entregó a Milo, que miró a su discípulo con detenimiento—. Usted aún no se ha rendido… ¿o sí, maestro? —y Milo observó su casco, luego a Jabu, y su discípulo embozó una sonrisa—. Yo le cuidaré a su hija hasta su regreso —y Milo lo pensó por unos instantes, antes de volver a posar su mano sobre el casco, y la Armadura Dorada de Escorpio brilló con intensidad, estalló en sus partes, y vistió a Milo de dorado nuevamente, que entonces le entregó a Shaula a Jabu.
—Milo de Escorpio, General Dorado, presentándose a sus servicios, diosa Atenea —y Atenea se alegró por la noticia—. Atenea, sus soldados han luchado valientemente, han hecho su voluntad y han prevalecido. Muchos habrán desertado pero fueron quienes no merecían sus armaduras… o quienes no estaban listos para la responsabilidad que vestirlas conlleva —y Milo recordó a los Caballeros del Zorro y Eridanus, que se interpusieron en su camino a pesar de no tener dominio en el cosmos—. Atenea… con el consentimiento de los presentes le sugiero brindarles un merecido descanso a sus valientes guerreros, y dejar el resto en manos de los Caballeros Dorados —y los caballeros comenzaron a quejarse—. Han hecho su parte en esta guerra, y el Santuario no puede quedarse desprotegido, los Atenienses deben estar seguros de que Hades no invadirá nuestras tierras y no encontrará defensores que los salven.
—General, entiendo sus motivaciones, pero solo quedan 5 Caballeros Dorados, y a pesar de su gran fuerza, dudaría de que sean capaces de derrotar a 81 Espectros, y al mismísimo Hades. Debo negar su ofrecimiento —confesó Atenea con preocupación—. Pero a decir verdad, dudo que muchos sean capaces de cruzar la puerta al Inframundo… se necesita del octavo sentido para poder cruzar la frontera entre el mundo de los vivos y el de los condenados.
—No podemos quedarnos a esperar que Hades nos haga la guerra, diosa Atenea —continuó Milo—. Las Armaduras Doradas poseen un cosmos propio, que alimenta al de los portadores con la fuerza de sus constelaciones. Propongo vestir a los más aptos de dorado, y desafiemos todos juntos las fronteras del octavo sentido —y Atenea se mostró sorprendida.
—¿Vestir a otros de dorado? ¿Te refieres a iniciar una nueva Orden Dorada? —y Milo asintió—. Lo comprendo… atacaremos con 12 entonces —aseguró la diosa—. Que traigan las 12 Armaduras Doradas frente a mí… caballeros, despójense de ellas —y los 5 Caballeros Dorados restantes obedecieron, y se quitaron sus armaduras. Kiki hizo traer el resto de las armaduras sin dueño, y todas fueron colocadas frente a la estatua de Atenea—. Vestir a los Caballeros de dorado no será suficiente. No serán capaces de abrir las puertas del octavo sentido con solo poseer el cosmos dorado, sabes bien que entrar en el Hades requirió de un sacrificio muy alto —y Milo asintió, y entonces se sobresaltó al ver a Atenea tomar una Daga Dorada en sus manos, una daga de la que se hablaba en los tiempos de leyenda—. Con mi sangre… vuelvan a la vida —Atenea se cortó los antebrazos, y comenzó a derramar su sangre en las 12 Armaduras Doradas.
—¡Diosa Atenea! —se sobresaltó Milo, que observó a Atenea bañar las 12 Armaduras Doradas con su sangre. Milo intentó detenerla, pero se vio aprisionado en los brazos de Aioria y Mu—. ¡Déjenme! ¡Ustedes bien saben la cantidad de sangre que se requiere para revivir una Armadura Dorada! —se quejó Milo.
—Milo… te agradezco tu preocupación… aunque es obvio que te preocupas más por el cuerpo de Saori que por mí que soy tu diosa —y Milo se sorprendió por aquella revelación—. Ahora que el cosmos y el cuerpo se han unido, Atenea es la única diosa verdadera de la Sabiduría en la Guerra. No te niego que bañar 12 Armaduras Doradas con mi sangre, no sea sinónimo de arriesgar mi nueva vida, pero si soy incapaz de confiar en los humanos con toda mi alma, entonces habrá valido igual que Saori hubiera conservado la posición de diosa de la guerra que el revivirme —y Milo guardó su silencio—. Esto que ahora estoy haciendo, es un milagro que a Saori le hubiera resultado imposible… —y Atenea comenzó a debilitarse, y a caer en su rodilla, Milo entonces se sacudió a Mu y a Aioria de encima, y corrió a atrapar a Atenea—. Por Zeus… Milo… haces muy difícil el que me mantenga imparcial… —aseguró Atenea, y Milo tomó su capa y la hizo girones, y le vendó a Atenea los antebrazos. La luz dorada entonces rodeó todo el templo de Atenea, y las 12 Armaduras Doradas volvieron a la vida, hermosas, y sin la necesidad de la intervención de Mu para volver a forjarlas—. Ahora… las armaduras elegirán a sus nuevos portadores —y así sucedió.
La Armadura de Aries estalló en sus partes, y vistió a Mu nuevamente. Su cosmos se elevó, era más fuerte que nunca, la sangre de Atenea le brindaba su calor, y su bendición. La de Tauro, hasta entonces sin dueño, estalló y se aproximó a Ohko, el Dragón se apartó de su cuerpo, y permitió que Ohko lo vistiera, el caballero estaba sumamente sorprendido, había sido elegido por la armadura. Para Kanon no fue sorpresa el que la Armadura de Géminis lo eligiera, pero el honor fue sumamente grato cuando la de Altar se desprendió de su cuerpo, y la de Géminis lo arropó con su poder. La Armadura de Cáncer se posó frente a Nachi, que compartió la misma sorpresa de Ohko. La armadura lo vistió, desprendiéndole la del Lobo a la fuerza, y el terrible poder de Hades se dejó sentir en su alma. Aioria fue vestido nuevamente por la de Leo, y se alegró de saberlo, pues había otro Leo que deseaba esa armadura para con ella invadir el Hades. La de Virgo se mantuvo flotando en el cielo, no se movía, tan solo aguardaba, sorpresivamente la de Libra adoptó el mismo comportamiento, no así la de Escorpio que se unió sin dudarlo a su dueño más preciado, Milo, que observó a Jabu asentir y permitirle de regreso su derecho. La Armadura de Sagitario vistió a Seiya, y el caballero la portó orgulloso, la de Capricornio no se movió, no eligió dueño, se mantuvo inmóvil. La Armadura de Acuario arropó a Hyoga, que se honró al ser elegido por la armadura, no ser asignado a ella. Por ultimo estalló la Armadura de Piscis, que arropó a una Caballero de Plata, Marín del Águila, y al descubrirlo, Aioria sintió una mezcla de orgullo y terror.
—No ha existido una Caballero Dorada en toda la historia del Santuario, Marín de Piscis —hablo Atenea, y Marín se observó su nueva armadura, incrédula de tal honor—. Ohko de Tauro, Kanon de Géminis, Nachi de Cáncer, Marín de Piscis… sean bienvenidos a la nueva Orden Dorada —y los 4 nuevos Caballeros Dorados, se arrodillaron frente a Atenea.
—Pero diosa Atenea —habló Mu sorprendido—. Hay 3 armaduras que no han elegido nuevos dueños… Virgo… Libra… y Capricornio… —interrumpió Mu, apuntando a las 3 armaduras, que tras no encontrar a sus dueños, comenzaron a volar en dirección al Noroeste—. ¿Qué significa? —preguntó Mu, y Atenea sonrió con calidez.
—Significa, que aún contamos con 3 aliados en el Hades —y los Caballeros Dorados comenzaron a tener esperanza—. Las puertas del octavo sentido, le son abiertas a quienes sacrifican sus vidas desinteresadamente… tal parece que se abrió para algunos… Shaka… Shiryu… Shura… —habló Atenea con orgullo.
—Más no para mi hermano Saga —se entristeció Kanon, y Atenea lo miró con un sentimiento de comprensión invadiéndola—. Saga… tú eras el más poderoso de todos… ¿cómo puede ser que no hayas abierto la puerta del octavo sentido? Yo… simplemente me niego a creerlo.
—Y sin embargo no es el momento de lamentaciones —interrumpió Milo, y Kanon se molestó—. No es el momento, debemos terminar con esta guerra, y esas armaduras parecen saber a donde hemos de dirigirnos ahora —y Atenea asintió—. El castillo Heinstein es nuestro siguiente objetivo, está en Alemania. Mu, ¿puedes llevarnos? —y Mu asintió.
—Han sido duras las batallas, pero gracias al cosmos de Atenea me siento en perfectas condiciones para llevarnos a todos hasta Alemania —aseguró Mu—. Me preocupa sin embargo la situación de nuestra diosa —confesó Mu.
—Descuida, Mu… estaré bien —confesó Atenea, que entonces se acercó a la estatua que había sido erguida en su nombre—. He residido dentro de la estatua de Atenea, y dentro he sellado mi armadura —y todos se sorprendieron ante tal revelación, y la estatua se desvaneció frente a los ojos de los Caballeros Dorados, y entró dentro del cuerpo de Atenea convertida en una luz blanquecina—. No poseo la fuerza para vestirla en estos momentos, pero ustedes mis Caballeros Dorados serán esa fuerza. Vayamos entonces al Hades —y Mu asintió y preparó su cosmos para el viaje, más en ese momento, una mano arropada en una armadura de color azul lo detuvo.
—Me temo que no puedo permitirlo —agregó Ikki, y los Caballeros Dorados todos se pusieron a la defensiva—. Bajen sus puños caballeros, no les tengo miedo, pero al mismo tiempo no soy su enemigo —e Ikki se posó frente a Atenea orgulloso—. Puede que Aioria haya reclamado nuevamente la Armadura de Leo, pero yo soy el Fénix… y no se me negará la oportunidad de viajar al Inframundo, y rescatar de sus garras a mi hermano, Shun. Voy con ustedes —y Atenea observó a Ikki con detenimiento—. Desencadenaré yo mismo el octavo sentido de ser necesario, voy por mi hermano, no vas a negarme mi… —más Atenea lo interrumpió.
—No le hablarás a tu diosa de esa manera tan arrogante —respondió Atenea, y en ese momento, Milo tomó de la mano de Ikki, y lo apartó de Atenea, poniéndose él mismo en medio de ambos—. Yo… lo… lo lamento mucho Caballero del Fénix… no me es sencillo despojarme de las malas costumbres, le pido una disculpa de corazón —y Milo observó a Atenea con detenimiento—. Tu cosmos es alto como el de los Caballeros Dorados, no debe haber problema si se te permite acompañarnos, pero al igual que el resto requerirás de mi sangre como tu protección —y Atenea se quitó los vendajes que le había puesto Milo, y derramó más de su sangre, esta vez sobre la Armadura de Fénix.
—¡Diosa Atenea! ¡No es prudente que…! —más la diosa miró a Milo fijamente, y su autoridad reemplazó la imagen de su esposa en la mente de Milo, que se retrajo y permitió a Atenea manchar con su sangre la Armadura del Fénix, antes de perder el conocimiento, y que Milo la atrapara en sus brazos—. En su mismo nombre mi señorita Atenea… todas estas reencarnaciones en verdad la volvieron más humana —aseguró Milo, que entonces cargó a la diosa al estilo princesa—. Vámonos… Mu —habló Milo, y en ese momento, Mu elevó su cosmos, y el grupo comenzó a desaparecer—. ¡Cuida bien de mi hija, Jabu! —y Jabu asintió, y los Caballeros Dorados dejaron el Templo de Atenea.
Castillo Heinstein, Alemania.
Mu transportó a los 9 Caballeros Dorados y al Caballero del Fénix hasta las afueras del castillo Heinstein, donde su avanzada fue sorpresivamente interrumpida por un cosmos muy poderoso. Los 9 Caballeros Dorados y el Caballero del Fénix cayeron del cielo, y tuvieron que aterrizar con poca delicadeza en un puente que los separaba del castillo de Hades. Explosiones de energía de un verde intenso, escapaban por los interiores de los profundos acantilados, y los nuevos reclutas en las filas de Caballeros Dorados, se mantuvieron perplejos.
—Permíteme —habló Aioria, que en ese momento le extendió su mano a Marín, quien momentáneamente dudó en tomarla. Más no había forma de poder estar molesta con su esposo, por lo que le tomó la mano y le permitió ayudarla a levantarse—. ¿Qué ocurrió, Mu? Tus dotes de Muviano jamás te han flaqueado. Inclusive nos ayudaste antes a transportarnos al continente Lemuriano —y Mu asintió.
—No debería tener problema pero… siento el cosmos de Hades impidiéndome seguir adelante… se siente… como si una barrera me impidiera el transportarnos más cerca —y el grupo entonces vio a las Armaduras Doradas de Virgo, Libra y Capricornio, estrellarse en contra de una barrera, que les impedía el paso, por lo que terminaron sellándose a sí mismas dentro de sus respectivas Cajas de Pandora, y aterrizando frente al grupo—. Tal parece que tendremos que cargar a las armaduras el resto del camino —explicó Mu.
—No importa lo que deba hacerse mientras lleguemos ante Hades —prosiguió Milo. Ikki entonces levantó la Armadura de Virgo y la amarró a su espalda, esperanzado de que la misma lo guiaría ante su hermano Shun. Ohko tomó la de Libra por respeto a su compañero caído, y en parte compartiendo el mismo deseo de Ikki. La de Capricornio la tomó Kanon, si su hermano Saga tenía oportunidad alguna de haber sobrevivido, lo encontraría junto a sus hermanos de cosmos—. Hay que ir con cuidado, estos acantilados dan a Cocytos, el infierno congelado en el cual fui condenado.
—El infierno congelado al que hemos de mandarte de nuevo, Milo de Escorpio —habló un Espectro de Hades, de cabello blanco como la nieve, y Suplice muy similar a la de los Jueces del Inframundo, lo que significaba que era un Espectro de alto rango. Se encontraba posado sobre la cima de una de las torres del castillo Heinstein—. Mi nombre es Valentine de Harpía, Estrella Celeste de la Lamentación —continuó el Espectro—. Junto a mí se encuentran los Espectros Celestes, todos y cada uno alguna vez estuvimos al servicio del señor Radamanthys, fuimos sus fieles sirvientes, pero ahora el señor Radamanthys está muerto, y nosotros… queremos venganza —habló Valentine, y al menos otras 6 sombras aparecieron a su alrededor. 6 Espectros, de apariencia poderosa, todos elevando sus cosmos de un violeta intenso.
—Espera un momento, Valentine —se escuchó la voz reptante de Zelos de Rana, que en ese momento terminaba de trepar torpemente la cima de la muralla del castillo Henstein—. ¿Acaso no han escuchado la llamada de la señorita Perséfone? ¡Todos los Espectros beben reunirse bajo el mando del nuevo Juez del Inframundo, Sarpedón de Quimera, Estrella Celeste de la Firmeza, sin excepción! —replicó Zelos, y en ese momento Valentine se dio la vuelta y pateó el rostro de Zelos con fuerza, forzándolo a caer sobre su espalda, y a patalear tratando de incorporarse—. ¡La señorita Perséfone se enterará de esto! —se quejó Zelos.
—¡Ve y cuéntale entonces, gusano cobarde! —gritó Valentine—. Nosotros somos fieles seguidores del señor Radamanthys. Esté o no esté para guiarnos, nosotros seguiremos sus órdenes y defenderemos su castillo —y Zelos se incorporó y soltó una maldición entre dientes, mientras Valentine y los Espectros restantes miraban a los Caballeros Dorados—. Además este castillo guarda una sorpresa muy especial para ustedes. Escúchenme bien, Caballeros Dorados, para llegar a las puertas del Hades deberán cruzar los corredores de este castillo, y al igual que el Reloj de Cronos no permite a los Espectros el recorrer las 12 Casas a la velocidad de la luz, esta regla se aplica en este castillo por la barrera de Hades a todos quienes portan un cosmos alimentado por la diosa de la Sabiduría en la Guerra.
—¿Pretendes asustarnos con estas palabras? Somos Caballeros Dorados y hemos asesinado a los 3 Jueces del Inframundo —aclaró Milo. Y sin embargo, en un parpadeo, Valentine estaba frente a él y le impactó el rostro, lanzándolo al suelo con todo y la inconsciente diosa en sus brazos—. ¿Qué ocurrió? No pude ver su movimiento. ¿Pero cómo? Su cosmos no es tan grande.
—Te advertí que este castillo guardaba sorpresas muy especiales. ¡Espectros Celestes! ¡Acábenlos! —ordenó Valentine, y se lanzó para atacar nuevamente a Milo, que tuvo que saltar fuera del camino para evadir el golpe y proteger a la diosa—. ¿Dónde está tu fuerza, caballero? —se burló el Espectro.
—Ave Fénix —gritó Ikki, protegiendo a Milo, quien no se defendía por proteger a la diosa—. General, le demostraré que no he venido tan solo como un estorbo. Mi prioridad será mi hermano, pero aún estoy al servicio de Atenea. Yo seré tu oponente, Valentine de Harpía.
—La verdad no importa quién sea el oponente —agregó Valentine—. Se encuentran en el castillo de Hades, donde el cosmos de cualquier Espectro aumenta 10 veces, y el de cualquier Caballero de Atenea decrece 10 veces. ¡Devorador de la Vida! —conjuró su técnica Valentine, que levantó sus manos que se llenaron de relámpagos negros, mismos que lanzó en dirección a Ikki, quien se burló del débil ataque, pero por alguna razón no pudo evitarlo.
—¡Ikki! —gritó Milo preocupado por el Fénix, y entonces observó al resto de los Espectros correr a encuentro de los Caballeros Dorados, cada uno encontró a un oponente. Milo entonces notó que la piel de Atenea palidecía, estaba en extremo débil—. Aioria, Mu, conmigo, Atenea está muy débil para resistir la barrera de Hades, necesitamos salir de aquí. ¡Hay que confiar en los nuevos! —y tanto Mu como Aioria asintieron, y se reunieron con Milo—. ¡Ikki! ¡Quedas a cargo! ¡Depositaremos nuestra confianza en ti, General! —y el trio escapó, mientras las batallas se emparejaban entre 6 Espectros en contra de 5 dorados y uno de Bronce.
—¡No los dejen escapar! ¡Seremos una minoría pero poseemos el poder del Castillo de Hades! —gritó Valentine, y los Espectros intentaron darles persecución, más encontraron a Ikki en su camino—. ¡No fastidies! ¡Devorador de la Vida! —continuó Valentine, y esta vez Ikki logró evadirlo, y comenzó a lanzar sus propios ataques, que eran evadidos por Valentine con facilidad de igual manera.
—¿Qué clase de Caballeros Dorados son ustedes? —gritó un Espectro, de Suplice gris oscura y con cornamenta de toro, que en ese momento arremetió en contra de Ohko y lo derribó—. Aún con tu poder reducido deberías ser más fuerte. De cualquier forma, escuché que el Caballero de Tauro había sido asesinado por Camus de Nereida. ¿Quién eres entonces?
—Ohko de Tauro, y te confieso que esta es la primera vez que visto una Armadura Dorada. No soy siquiera sucesor de Aldebarán de Tauro, no me merezco su nombre —aceptó Ohko, pero su cosmos creció de todas maneras—. ¡Pero me volveré merecedor! ¡Y te aseguro que no seré ningún Caballero de Tauro defensivo! —y el cosmos de Ohko creció más y más, como intentando ignorar la restricción de ver su cosmos disminuido 10 veces—. ¡No he recibido las enseñanzas de Aldebarán de Tauro, pero su conocimiento está guardado en esta armadura, así que debo de ser capaz de desencadenar su poder! ¡Gran Cuerno! —y sorpresivamente, Ohko conjuró la técnica, aunque era errática y destructiva, y sus compañeros Caballeros Dorados tuvieron que evadirla también—. ¡Maldición! ¿Qué tan difícil puede ser domar al Toro? —se quejó Ohko.
—Al parecer bastante. ¡Permíteme que Gordon de Minotauro, Estrella Celeste de Prisión, te ponga a prueba! —y Gordon alzó su brazo, y su cosmos lo rodeó—. ¡Gran Hacha de Batalla! —gritó Gordon, y Ohko lo bloqueó con ambas manos, deteniendo su oscuro cosmos en forma de Hacha—. ¿Qué? ¿Me has detenido? —se quejó Gordon.
—¡Puede que no sea digno de la Armadura de Tauro aún! ¡Pero mi rival viste la armadura que le perteneció a mi maestro, y lo he combatido tantas veces, que he aprendido su estilo de batalla! —y Ohko recordó las incontables batallas contra Shiryu, y el cómo a pesar de que Ohko era más fuerte físicamente, siempre era derrotado, y no exactamente por su cosmos—. ¡Como combatiente soy mejor que tú! —Ohko dobló el hacha de Gordon y la rompió—. ¡Tratemos con una técnica que me sea más familiar! ¡Gran Embiste! —dio nombre Ohko a su técnica de propia creación, la cual era una copia del Dragón Ascendente, solo que lanzada por la fuerza del Toro, que se representó como una fuerza de cosmos que lanzaba a Gordon a los aires después de la envestida de un Toro, y Gordon cayó al suelo sorprendido—. Geki merecía esta armadura más que yo, pero me temo que me niego a dejarla en manos de cualquier otro. ¡Gran Cuerno!
—¿Cómo? ¡La barrera de Hades debió haberlos debilitado! —gritó Gordon, que esta vez fue golpeado por el Gran Cuerno, que había sido desatado de la forma correcta en esta ocasión—. ¡Aaaaarght! —gritó Gordon mientras su cuerpo se estrellaba en contra de una pared del castillo.
—No me siento más débil, el entumecimiento duró apenas unos instantes —pero a pesar de que su poder no decrecía en todo momento, la realidad era que el de los Espectros seguían siendo muy superiores. La barrera de Hades los fortalecía, y Gordon de Minotauro volvió a lanzarse contra Ohko, que resistió su embestida.
—¡Ohko! —gritó Nachi, que entonces evadió el golpe de uno de los Espectros, y se mantuvo al margen—. Diferente de Ohko yo sí recibí las enseñanzas del maestro Mephisto. Pero no significa que desee usarlas. Mi maestro, no era del todo un Caballero de nobleza.
—El sirviente de Hades, Mephisto de Cáncer —habló un Espectro de cabellera blanca y corta y ojos de un azul suave. Su Suplice era de un azul entre zafiro y gris—. Soy Sylphid de Basilisco, Estrella Celeste de la Victoria. Y soy un admirador del trabajo de tu maestro.
—Para mí el trabajo de mi maestro siempre fue una vergüenza. Me encargaré de regresarle a esta armadura su antigua gloria —explicó Nachi, que no podía evitar recordar los rostros de la Casa de Cáncer—. Aunque… no todo en mi maestro era horrible, mientras más tiempo pasaba, más bondadoso se convertía. Su último sacrificio es la prueba definitiva de ello —y el cosmos de Nachi se elevó—. ¡Maestro! ¡Usted siempre se arrepintió de que me comportara como un Vikingo! ¡Y yo siempre lo desprecié por ser un desalmado asesino! ¡Pero haré las paces con usted, y le daré algo de lo cual estar orgulloso! ¡Aprendí su última enseñanza! ¡Ondas Infernales! —y el Basilisco se sorprendió y evadió el destructivo ataque—. ¡Cuánta fuerza!
—Maldición… la Armadura de Cáncer parece no ser afectada del todo por la fuerza de Hades… todo lo contrario, al ser creada por nuestro señor Hades, la armadura se ha fortalecido —el cosmos de Nachi continuó incinerándose. Y Sylphid se preocupó por unos instantes, pero se mordió los labios y se mantuvo aguerrido, después de todo era un Espectro Celeste que alguna vez sirvió bajo el estandarte de Radamanthys de Wyvern—. ¡No voy a acobardarme! ¡Aleteo de Aniquilación! —gritó el Espectro, vientos se soltaron de sus manos, y Nachi los resistió con sus antebrazos cubriéndole el rostro—. ¿Cómo? ¡Nadie puede soportar mi ventisca!
—Un Vikingo puede… Sylphid —y Nachi rompió la ventisca con su cosmos—. Y yo soy el último de ellos —y un cosmos frio se dejó sentir por los alrededores del castillo Helstein—. Seré sincero a mis maestros, Mephisto el Caballero de Cáncer, y Fenrir el Lobo guerrero, y crearé mi propio estilo de batalla —los vientos congelados rodearon a Sylphid, que creía ver a lobos esconderse entre los mismos, la nieve comenzó a caer—. ¡Filbunwinter! —gritó Nachi en noruego, y su cuerpo desapareció, tragado por una ventisca que golpeó a Sylphid con fuerza.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué no se debilitan? —gritó otro Espectro, que en esos momentos intercambiaba poderosos puñetazos con Marín de Piscis, que al parecer tenía problemas para enunciar cualquier técnica de combate y se limitaba a evadir e impactar golpes—. ¡El castillo debería debilitarlos! —se quejó nuevamente el Espectro, y Marín le pateó el rostro con fuerza—. Maldita, no ridiculizarás a Queen de Alraune, Estrella Celeste del Mal. ¡Tijeras de la Flor Sangrienta! —conjuró Queen, y una guillotina formada de cosmos intentó decapitar a Marín, que en el momento justo logró evadir la mortífera tijera.
—Maestro Afrodita… jamás permitió que nadie se le acercase demasiado por las fragancias de las rosas de su templo —agregó Marín, mientras seguía evadiendo a Queen—. No creo ser capaz de conjurar sus técnicas de batalla, me falta mucho para siquiera pensar en ser un Caballero Dorado, las circunstancias de todas formas han decidido mover mi mano al servicio de su constelación. No lo defraudaré —y Marín cerró sus brazos en forma de cruz, y comenzó a reunir su cosmos—. Queen de Alraune, soy la primer Caballera Dorada, y no defraudaré a mi maestro. Incluso si sus técnicas en favor de la belleza no me favorecen encontraré la forma. ¡Rosas Demoniacas! —conjuró Marín con poca elegancia, después de todo era una guerrera con un maestro cuyas enseñanzas se basaban en movimientos extrañamente provenientes de danzas hermosas, Marín tendría que lidiar con un estilo menos agraciado.
Las rosas rodearon a Queen, y el Espectro fue golpeado por el polen, y sus pulmones comenzaron a llenarse del rosado polvo. Marín no estaba del todo acostumbrada tampoco, parte del veneno comenzaba a debilitarla y a entumirle el cuerpo, le faltaba mucho entrenamiento.
—Tu ataque es una espada de doble filo, mujer —agregó Queen, que comenzaba a toser por el veneno—. Eres inexperta, un peligro para ti misma —y sin embargo Marín continuó elevando su cosmos—. Morirás si sigues con este enfrentamiento.
—Los Caballeros Dorados… son la esperanza de Athena… al menos así me lo explicó Aioria —y Queen retrocedió, mientras el cosmos de Marín seguía creciendo—. No solo creo en esas palabras, sino que por fin puedo combatir al mismo nivel de mi esposo, sin que el muy arrogante se esté preocupando por mí. ¡Es tiempo de poner de mi parte! ¡Tormenta de Rosas! —gritó Marín, saltó, y cayó del cielo con su pierna en alto y con esta impactó y cuarteó el Suplice de Queen, quien comenzó a escupir sangre.
Kanon no era extraño al poder de los Caballeros Dorados, había sido un General de Poseidón, y después se le había condecorado con la Armadura de Altar, era quien poseía mejor dominio en el cosmos del grupo de 4 nuevos Caballeros Dorados, y sin embargo se dignaba a la tarea de observación en lugar del combate, buscaba entre los Caballeros Dorados a aliados potenciales a pesar de evitar con tranquilidad los ataques de un Espectro del Inframundo, de Suplice en forma de Lobo con colmillos de Plata saliéndole de las fauces que en su interior revelaban el rostro del Espectro de cabellera blanca.
—En lugar de inspeccionar los límites del cosmos de tus compañeros, te aconsejo preocuparte por los tuyos. ¡Infierno Aullador! —gritó el Espectro, de sus manos se desprendían flamas moradas, que Kanon disipaba con facilidad usando su cosmos y un movimiento de su mano que cortaba el viento y apagaba el fuego—. Puedo ver que eres más poderoso que tus compañeros.
—No lo suficiente… no logré salvar a mi hermano —confesó Kanon, y el Espectro se lanzó en contra de Kanon con su puño envuelto en flamas moradas, y sin embargo, Kanon atrapó su puño con la palma de su mano—. El poder de Saga era superior al mío… pero… por el bien de Atenea debo superar a mi hermano y volverme digno de su armadura. Un simple Espectro no me detendrá.
—¿Simple Espectro? —se quejó el insultado—. Soy Phlegyas de Liacón, Estrella Celeste del Crimen, y no soy un simple Espectro —y Kanon le aplastó la mano, rompiéndola al instante y liberando la sangre del Espectro—. ¡Aaaaah! ¡Miserable!
—No perderé el tiempo… he de volverme más fuerte que mi hermano por ser digno de su armadura, y tú serás el primer peldaño —y Kanon movió su mano en forma de triángulo—. ¡Triángulo Dorado! —gritó Kanon, y Phlegyas fue lanzado entre las dimensiones, permitiendo a Kanon observar el resto de las batallas, en especial las de Sagitario y Acuario, quienes se supone tenían mayor experiencia, y sin embargo en esos momentos veía a Hyoga ser impactado contra una de las paredes del castillo Heistein, visiblemente superado por su adversario, un Espectro vistiendo una Suplice como si fuese hecha de ramas, y de cabellera roja y larga.
—El poder de este Espectro es equiparable al de los Caballeros Dorados. ¿Qué clase de Espectros tenía Radamanthys bajo su mando? —se preguntó Hyoga, mientras la batalla campal entre Caballeros Dorados y Espectros Celestes seguía estallando a sus alrededores, y el Espectro se lanzó en su contra, usando lirios blancos como su arma, similar a como combatían los Caballeros de Piscis.
—¡Tormenta de Lirios! —gritó el Espectro, y Hyoga nuevamente lo evadió—. Disfruta de la vista todo lo que quieras, Caballero de Géminis —habló el Espectro, con su larga cabellera roja y despeinada cayéndole frente al rostro—. Serás la siguiente víctima de Luko de Dríades, Estrella Celeste de la Conducta, cuando termine con tu compañero —y Kanon de cruzó de brazos, indiferente ante las vacías amenazas de Luko, cuya Suplice de un negro profundo y que parecía presentar ramificaciones como de ramas de un árbol alrededor de brazos y piernas, brillaba con un extraño polen dorado—. Mi poder es muy superior al tuyo, caballero. Hades me ha atesorado entre sus Espectros más poderosos, no tienes siquiera oportunidad de compararte.
—No me subestimes, Luko. Admito que tu poder es equiparable al de los Caballeros Dorados y que este castillo te brinda una fuerza aún más grande —y Hyoga comenzó a congelar los alrededores con su cosmos, hasta que Luko se percató de que las paredes y el suelo del castillo Helstein se llenaban de hielo—. Pero mi maestro no entrenó a ningún debilucho. En nombre de Milo de Escorpio, te demostraré la extensión del poder de los caballeros que son fieles hasta el final a sus convicciones —agregó Hyoga, y de un movimiento de sus brazos se arrancó a sí mismo de la pared en la que había quedado incrustado, y lanzó puñetazos de hielo al aire, antes de terminar de congelar los alrededores y conjurar su técnica—. ¡Ataque de Trueno Aurora! —gritó Hyoga, y los hielos congelaron la Suplice y el cuerpo de Luko, que en ese instante estalló en trozos de cristal al morir—. Siguen siendo Espectros… más no me cabe duda de que la diferencia de poder entre Celestes y Terrestres es abismal —habló Hyoga a Kanon, que se dignó a observar la batalla entre Seiya y otro Espectro, gigante y corpulento—. Kanon, tu hermano fue Saga por ello estoy seguro del poder que puedes llegar a tener, además de que fuimos enemigos en la guerra anterior. Estoy seguro de que pudiste sentirlo, nuestros cosmos estaban muy débiles, y de pronto, estallaron y recuperaron su fuerza. Incluso quienes no tienen dominio al nivel del séptimo sentido lograron superarse —y Hyoga apuntó a las batallas, los nuevos dorados combatían fervientemente.
—Hyoga… como Caballero de Altar, se me fueron confiados secretos que no deben caer en oídos de enemigos —aclaró Kanon—. Pero te lo confiaré solo a ti… la sangre de Atenea… es capaz de despertar el cosmos dormido de cualquier caballero. Todos han sido bendecidos con la capacidad de despertar el séptimo sentido gracias a la sangre de Atenea, y si sus cosmos y su voluntad son suficientemente altos… alcanzarán un sentido más allá del séptimo —y Hyoga se quedó perplejo—. Te confío este secreto… ya que sé que tu madurez me ayudará a preservar el Santuario cuando todo esto haya terminado. Si incluso la misma Atenea supiera lo importante que es su sangre, que incluso ha sido capaz de superar el cosmos de Hades que nos había estado debilitando, ¿qué le impediría derramarla en las armaduras de los 88? ¿Tienes idea de que podría pasar? 88 caballeros, con el poder de los Caballeros Dorados… y de lealtad cuestionable —aseguró Kanon—. El Santuario ya ha sufrido 2 depuraciones, en la Atlántida y en esta guerra. Imagina si los 88 tuvieran un cosmos dorado. Atenea, jamás debe usar su sangre a no ser que sea su último recurso.
—Por Dios… Atenea… no tenía idea de que su sangre fuera tan importante —y Kanon asintió, y ambos observaron las batallas que seguían llevándose a cabo a sus alrededores—. Kanon… el que me confíes este secreto… significa que vas a… —y Kanon colocó su mano frente al rostro de Hyoga, haciéndolo callar.
—Significa que debo elegir entre convertirme en el Caballero de Géminis o el Patriarca del Santuario, y en ambos casos, necesitaré a un confidente, o a un Patriarca —y Hyoga se sobresaltó—. En tu caso, un confidente, estratega de guerra. Limítate a la labor de liderazgo. No confío en muchos. Tú sin embargo, eres la viva imagen de Camus con la lealtad de Milo de Escorpio. ¿Quién mejor para velar por el bienestar del Santuario? —y Hyoga asintió, agradecido por la confianza de Kanon.
—¡Destructor de Hombres! —gritó un Espectro gigante que intentaba asesinar a Seiya, quien evadía todos sus ataques con gracia, batiendo sus alas para impulsarse a mayor velocidad, y tras cada ataque que era evadido, impactaba con fuerza la Suplice del gigante, agujerándola con impactos similares a cráteres—. ¡Insecto! ¡Serás aplastado por Castro de Trauco, Estrella Celeste de la Retirada! —y el gigante lanzó un puñetazo, que Seiya evadió nuevamente y como respuesta lanzó un golpe, que le tumbó el casco al guerrero, revelando una cara arrugada por la edad y cabello blanco y escaso que dejaba ver una pelona poco evidente.
—Cielos, en verdad que eres muy feo —agregó Seiya, enfureciendo al Espectro, que elevó su cosmos y golpeó a Seiya con fuerza en su rostro, derribándolo momentáneamente, luego tomándolo de la pierna, alzándolo, y azotándolo contra el suelo, donde se creó un cráter muy profundo—. Pero a pesar de ser grande, lento y feo… eres muy fuerte… —confesó Seiya, poniéndose de pie con brazos temblorosos, solo para que el Espectro lo tomara de la cabeza y lo alzara, lo colocara sobre su espalda con el rostro mirando al cielo, y comenzara a partirle la espalda con sus brazos—. No sabía que me querías tanto… —bromeó Seiya, y entonces elevó su cosmos, y de pronto el Espectro no pudo seguir hiriendo la espalda de Seiya.
—¿Tratas de comparar tu fuerza a la mía pequeñín? —y Seiya hizo estallar su cosmos, lanzando al Espectro fuera de su camino. Entonces Seiya reunió la energía es su puño, y desencadenó el ataque que le enseñara Aioros.
—¡Trueno Atómico! —y el Espectro fue perforado por los meteoros de Seiya, y cayó muerto—. ¿Se encuentran todos bien? —preguntó Seiya, y en ese momento, un meteoro en llamas cayó frente a él, y en su interior eran visibles las siluetas de Ikki del Fénix y Valentine de Harpía—. ¡Ikki! ¿Te encuentras bien? —se preocupó Seiya, más cuando las llamas se disiparon, Ikki se encontraba posado orgullosamente sobre el cuerpo quemado y malherido de Valentine, que no podía creer haber sido ridiculizado a este nivel—. Es increíble —confesó Seiya, mientras Ikki caminaba frente al grupo, y observaba que todos los Caballeros Dorados habían terminado también con sus oponentes.
—No hay tiempo que perder —confesó Ikki—. No le confiaría la seguridad de Atenea a nadie, ni siquiera a Milo de Escorpio. Si ya terminaron de jugar con sus oponentes será mejor que se preparen. Todos nos vamos al infierno —y Hyoga y Seiya miraron a Ikki con cierto desprecio, Kanon por su parte se mostró sorprendido, e inclusive desafiado, por lo que fue el primero en seguir a Ikki a los interiores del castillo.
Interiores del Castillo Heinstein.
—¡Señorita Pandora! ¡Señorita Pandora! —se escucharon los gritos de Cheshire, que llegó ante Pandora, quien en esos momentos dormía con sus brazos sobre la mesa a forma de almohada para su frente justo en el lugar dónde el Espectro la había dejado—. ¡Los Caballeros Dorados han derrotado al resto de las tropas del señor Radamanthys! ¡Hay que huir señora Pandora! ¡No queda tiempo! —Cheshire intentó ayudar a Pandora a levantarse, más la joven le arrebató su mano—. ¿Señorita Pandora?
—No tiene importancia… Cheshire… me equivoqué… —agregó Pandora con tristeza—. Shura ha muerto… Radamanthys ha muerto… los Espectros que le eran fieles y me servían han muerto… también murieron Aiacos y Minos, y soy culpable de sus muertes por suplicarles su auxilio, envié a los 3 Jueces del Inframundo a su muerte… si regreso al Hades mi hermano tendrá mi cabeza por mis faltas… Perséfone se ha convertido en su principal consorte después de todo, ya no me queda nada… ni la paz de la vida… ni la seguridad de la muerte por que Cheshire… yo… jamás me lo perdonaría si pierdo al fruto de mi única felicidad… —y Pandora se frotó el vientre, y Cheshire la miró incrédulo, más entonces se sobresaltó—. No me queda nada… yo… soy una inútil… —confesó Pandora.
—¡No diga eso mi señorita Pandora! ¡Yo estoy seguro de que aún hay Espectros que le serán fieles a pesar de sus faltas! —habló Cheshire, y de pronto escuchó una risa malévola—. ¡Zelos! —gritó Cheshire, y el portador de la risa se sobresaltó al ser descubierto—. ¿A dónde piensas que vas? ¡Los Caballeros Dorados están por llegar y necesitamos ganar tiempo para que el señor Hades reforme a sus ejércitos bajo el mando de la Quimera! —y Pandora cerró sus manos con tristeza, y volvió a recostarse en la mesa—. Hay que quedarnos a proteger a la señorita Pandora de todos modos —y Zelos soltó una carcajada.
—¿Acabas de escuchar lo que acabas de decir, mocoso? —agregó Zelos con su usual sonrisa burlona—. A tu señorita Pandora ya no le queda nada, somos los últimos Espectros que quedaban al servicio del señor Radamanthys, y te recuerdo que ahora todos los Espectros perteneces a la división de la Quimera, a Pandora ya no se le debe lealtad. No es más que una consejera sin trono, destronada por Perséfone, la esposa del señor Hades.
—A Perséfone nunca le han preocupado los Espectros como a la señorita Pandora que siempre nos ha cuidado —aseguró Cheshire—. Perséfone será la esposa de nuestro señor Hades, pero los Espectros de la división Wyvern le somos fieles a la señorita Pandora y al señor Radamanthys, sellados o no en las cuentas tarde o temprano volveremos a estar bajo las órdenes del señor Radamanthys.
—No lo entiendes porque moriste un niño cuando se te entregó la Suplice que vistes —se burló Zelos—. Los 3 Jueces han pasado a la historia. La Quimera solo se ha levantado como un Juez en 2 Guerras Santas, y en la primera era un ser incompleto pero ahora que su lealtad es incondicional, de lana sirven los otros 3 Jueces si la Quimera es quien manda. El señor Hades no volverá a confiar en los 3 Jueces que ya fueron derrotados, te aconsejo que prestes tu lealtad a la Quimera, pero igual no me interesa mucho —y Zelos se rio a carcajadas con una risa nasal muy sobresaliente y molesta, y que hervía la sangre de Cheshire.
—¡Los Espectros del Wyvern le juramos lealtad a la señorita Pandora como al señor Radamanthys! —se quejó Cheshire, y Pandora lo observó de reojo—. Vele con el chisme a la señora Perséfone si quieres, de todos modos los Caballeros Dorados nos van a alcanzar, bajo el estandarte del Wyvern o la Quimera no me importa, igual el enemigo es el mismo, pero solo hay una señorita Pandora —y Pandora se impresionó—. Igual ya estoy muerto de todos modos.
—Tan solo eres un crio, no importa cuántos milenios hayas reencarnado —se burló Zelos, y Cheshire se cruzó de brazos y soltó aire con desprecio ante el Espectro de la Rana, que de pronto se preocupó y comenzó a correr en dirección a los pisos inferiores sumamente asustado. Cheshire entonces comprendió que los Caballeros Dorados estaban por llegar, y todo su valor se esfumó, pero en lugar de correr en dirección a los pisos inferiores, se arrepintió y corrió junto a Pandora.
—¡Señorita Pandora! ¡Ya vámonos señorita! ¡Los Caballeros Dorados! —y de pronto, los pasos se escucharon más cerca que nunca, los Caballeros Dorados habían llegado, y Cheshire se sobresaltó, y tembloroso, se escondió atrás de Pandora—. Ya llegaron… señorita Pandora… —habló Cheshire con nerviosismo, y la antigua regente de los Espectros del Inframundo mantuvo su silencio—. ¡No se acerquen a la señorita Pandora! —se armó de valor Cheshire.
—Fuera de nuestro camino, insecto —habló Milo, que aún cargaba a la débil diosa Atenea, que comenzaba a respirar pesadamente, aparentemente víctima de una fiebre—. ¿Mu, las diosas pueden enfermar? —preguntó Milo, ignorando por completo a Cheshire y a Pandora, y en su lugar posando su atención en Atenea, cuyo rostro golpeaba en contra del pecho de Milo con debilidad. En todo momento Milo veía a su esposa, y su corazón le dolía.
—Le preguntas a la persona equivocada —respondió Mu—. Pero recordando el como Saori solía caminar descalza por los templos de Acuario y Piscis, cubiertos ya sea de hielo o de rosas venenosas, pienso que es muy poco probable.
—Y sin embargo Atenea arde en fiebre —respondió Aioria, que se había quitado el guante para sentir la temperatura de la diosa—. Ha perdido mucha sangre. Si los dioses sangran y pueden morir, entonces pueden enfermar también —concluyó Aioria, y Milo se preocupó—. Tal parece que ni los dioses son inmunes a las enfermedades, pero, si Saori jamás ha enfermado, por qué razón enfermaría ahora Atenea.
—¿Después de un parto y después de dar su sangre por resucitar las Armaduras Doradas? Es un milagro siquiera el que Atenea siga con vida —agregó Pandora, y el trio de Caballeros Dorados la miró con desprecio—. La han llamado Atenea… entonces lo que comentaron las hadas que te seguían, Milo, es cierto… mataste a Athena.
—Por resucitar a Atenea, Pandora —habló Milo entre dientes, su voz estaba llena del cólera de que le recordaran su pecado—. No eres más inocente que yo. Cuando me enteré de tu verdadera identidad juré que te mataría. Pero… no le quitaré la vida a un inocente —habló Milo, y tanto Aioria como Mu lo observaron con curiosidad.
—¿Te enteras de mi embarazo pero no del de tu propia esposa en las guerras pasadas? —preguntó Pandora, aparentemente divertida—. En verdad que no cuidabas bien de tu esposa, Milo de Escorpio. Si vas a matarme, mátame ya… nos estarías ahorrando sufrimiento a mí y al bebé que cargo en mi vientre —y Milo colocó a Atenea en los brazos de Aioria, y entonces tomó con agresividad a Pandora por el cuello, sorprendiendo a la mujer, y a Cheshire que a pesar de querer proteger a Pandora, se moría del miedo al estar rodeado de Caballeros Dorados—. Termina con esto de una buena vez… ya no me queda nada por qué vivir. Hades no me necesita, y me he alejado de su visión… la muerte… estoy harta de la muerte… pero la muerte al menos será mi propia salvación.
—Dije que te mataría —aseguró Milo, que entonces le apuntó su aguja en el vientre—. Pero no voy a matarlo a él o ella… morirás a su debido tiempo, Pandora —refutó Milo, y Pandora enfureció—. Se lo debo a Shura… y te aseguro que me arrancará la cabeza en cuanto se entere de que asesiné a su primogénito. Todavía tienes que decirle.
—Shura está muerto —y Milo le propinó una sonrisa malévola, y extendió los brazos como modelando frente a ella—. El… el octavo… sentido… —y los ojos de Pandora se llenaron de lágrimas—. Shura está… —y Pandora se tapó la boca y lloró desconsoladamente.
—Vivo, Pandora —y Pandora suspiro aliviada—. Te voy a dar una única oportunidad de redimirte —comenzó Milo—. Atenea te brindará su protección, tan solo debes ayudarme con un encargo. El Muro de los Lamentos —y Pandora se sobresaltó—. Ayúdame a cruzarlo —y Aioria miró a Mu como buscando su explicación.
—El Muro de los Lamentos es una muralla que rodea gran parte del Inframundo, atrás de los cuales se encuentran los Campos Elíseos —comenzó la explicación Mu—. Los Campos Elíseos, es el lugar a donde llegan las almas de los héroes de guerra y los dioses, un lugar para las almas de bondad. Cuando Cronos fue derrotado, Zeus le dio la oportunidad de convertirse en el regente de los Campos Elíseos, más cuando se negó, Hades se apropió de este paraíso. Se dice incluso que Hades irguió el Muro de los Lamentos cuando le declaró la guerra a Atenea, desde entonces las almas no encuentran el descanso eterno, todas son condenadas al infierno —y Aioria se sorprendió por tal revelación.
—¿Todas las almas son condenadas al infierno? —preguntó Aioria, y Mu asintió—. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿No deberían las almas de los justos y nobles ser enviadas a los Campos Elíseos? —y Mu cerró los ojos tratando de explicárselo a Aioria.
—Muy pocos conocen ese secreto… yo lo descubrí cuando invadí Giudecca y llegué ante el Muro de los Lamentos —agregó Milo—. No lo comprendí en un principio, estuve a punto de perder toda esperanza, mi mente se debilitó, incluso mi alma. ¿Qué importaba vencer a Hades si al final todos estábamos condenados a ser torturados en su reino? —y Aioria se cubrió el rostro con su mano, pensando en que no tenía otra opción que el ser juzgado por toda su afrenta a los dioses—. Eso hizo la guerra mucho más importante de lo que ya era —continuó Milo—. No se trata solo de derrotar a Hades por el bien de la paz en la tierra, esto va más allá de eso, se trata de conquistar el Inframundo, destruir el Muro de los Lamentos, e instaurar un nuevo gobierno, uno en el que no solo exista paz en vida, pero también en la muerte. En cuyo caso contrario, Hades, sin importar cuantas guerras pierda, seguirá siendo el vencedor. Tarde o temprano destruirá nuestras almas.
—Es una locura —agregó Pandora—. Hades es la salvación. Si se está en paz con Hades, las torturas de la muerte pueden ser toleradas —trató de explicar Pandora, pero entonces entristeció—. ¿Cómo pretendes instaurar un nuevo gobierno? —preguntó Pandora—. Esto no es como en el mundo mortal donde puedes cortar una cabeza para reemplazarla por otra, estamos hablando de dioses. Necesitarías reemplazar a Hades en su trono con algún otro dios. ¿Pretendes sentar a Atenea en ese trono? ¿Por ello la has resucitado? —preguntó Pandora, tratando de anclarse a la esperanza que Milo parecía dibujar.
—A Atenea la necesitamos en la tierra —aseguró Milo—. Lo que pretendo, el plan que Aioros me sugirió, va más lejos que solo vencer a Hades —y Pandora intentó comprenderlo, y Cheshire se mantuvo a la expectativa—. Dime, Espectro —comenzó Milo—. ¿Qué ocurre cuando son sellados los Espectros en las 108 cuentas? —y Cheshire se molestó, pero lo pensó.
—Nosotros… nosotros… bueno… —comenzó Cheshire—. Todo es oscuro… por mucho tiempo… no somos más que sombras… no pensamos… no hacemos nada, hasta que el sello se rompe —y Milo asintió—. ¿Y eso qué? ¡Ustedes nos mandan a esas cuentas!
—Y lo seguiremos haciendo, blandengue —aseguró Milo, apuntando su aguja al rostro de Cheshire, que se estremeció y se tropezó con la mesa, que le cayó encima—. Como lo veo solo hay 2 resultados en esta guerra. El primero y más común es que los Caballeros de Atenea logramos derrotar a los Espectros, y los sellamos en las 108 cuentas. Nosotros por otro lado, somos torturados por la eternidad por Hades, no importa si vencemos, de todos modos estamos muertos, y Hades es el rey de los muertos. Incluso Athena, su alma mortal, llegará el día en que será castigada por Hades, ¿o me equivoco? —y Cheshire miró a Pandora, que en cambio miró a Milo—. En esta guerra, no combatimos por derrotar a Hades solamente… hay que recuperar los Campos Elíseos, tener un santuario seguro donde Hades no pueda torturar a los muertos. En cuyo caso contrario, los Espectros seguirán viviendo únicamente la duración de cada Guerra Santa… y los Caballeros de Atenea, seguiremos siendo torturados por la eternidad. Claro, que esto solo será mientras Hades no gane la guerra… y si gana… Pandora. ¿Qué pasará entonces? Oscuridad eterna y sufrimiento, Hades no puede ser tocado por la luz del sol, por eso utiliza contenedores para su alma —miró Milo a Atenea, y Pandora se imaginó ese mundo, y se entristeció—. ¿Es eso justo?
—Si Hades vence lo hará justo —se interpuso Pandora mientras se mordía los labios iracunda—. Pero yo ya no seré parte de esa justicia —y Pandora se cruzó de brazos, y comenzó a frotarse el vientre—. ¿Qué quieres que haga?
—Dime cómo derribar el Muro de los Lamentos, y te juro en el nombre de Atenea que haré todo lo que esté en mi poder por salvar tu vida en esta guerra, y tal vez, te perdone tras el nacimiento de tu bebé —y Pandora lo pensó—. En cuanto al dios que se sentará en el trono de Hades. Solo te diré que no resucité a Atenea por una ventaja militar, Pandora. Así como solo los dioses pueden entrar a los Campos Elíseos… hay un lugar específico en el Inframundo al que los mortales no pueden acceder… y pretendo entrar para sacar a un dios de su interior.
—¿El Tártaros? —y tanto Mu como Aioria observaron a Milo curiosos—. Esta debe ser… la blasfemia más grande jamás pensada. Quien entra en el Tártaros no tiene derecho a los Campos Elíseos. ¿Sabes lo que estas pidiéndome? ¿Qué importa el que los Campos Elíseos vuelvan a servir como lugar de descanso de las almas de los humanos? Si entras allí, ni tú ni Atenea tendrán el derecho de pisar esas tierras. ¡Solo existe un solo dios que podría existir tanto en el Tártaros como en los Campos Elíseos y ese es…! —y Pandora abrió sus ojos sorprendida—. No osarías… Milo de Escorpio… lo que planes forzará la mano de Zeus a entrar en guerra. Hasta ahora te ha soportado todas tus blasfemias, pero este pecado sería.
—Muy poco comparado con lo que significa que miles de millones de almas por toda la eternidad llegaran al paraíso en lugar de al Hades —y tanto Mu como Aioria parecieron perder el hilo de la conversación, Cheshire estaba igualmente confundido, aunque ello era algo natural—. No me importa mi alma, y Atenea ahora es una diosa completa, tendrá vida eterna mientras lo desee. Aquí quien sale perjudicado siempre soy yo, pero eso no me importa —aseguró Milo, que entonces sintió una gentil mano posarse en su mejilla.
—¿Qué pasa si a mí sí me importa? —habló Atenea, y Milo la miró sorprendido, y extendió sus brazos para que Aioria se la entregara—. Todos los Escorpio son iguales. Unos suicidas sin corazón. Siempre haciendo lo que les viene en gana sin importarles la opinión de su diosa. Milo, ¿por qué siempre eres tan impulsivo? —y Milo se negó a verle el rostro, pretendía ignorar a la diosa cuanto pudiera—. Pero tienes razón… Pandora… tú bien sabes que si estas batallas continúan, tanto Caballeros como Espectros seguirán sufriendo en un ciclo interminable… por fin lo comprendo… no solo hay que derrotar a Hades… esto es conquista —y Pandora se mordió los labios con molestia—. Paz en muerte… Pandora.
—¿Paz en muerte? —preguntó Pandora—. ¿Y si fallas? —y Milo rio de forma arrogante—. Miserable… no me importa tu orgullo… pero… de todas formas… si Hades gana o no, nuestras almas siempre serán castigadas… ya lo comprendo —y Pandora observó al grupo con determinación—. Los ayudaré —y Cheshire se sobresaltó—. No tienes que acompañarme si no quieres —le dijo Pandora a Cheshire, y el Espectro no supo qué decir—. Hay una forma… pero, significaría la destrucción completa del Inframundo. Hades tendría que morir primero para que eso fuera posible, y su reemplazo tendría que ser suficientemente fuerte.
—Créeme, lo es, ya tuve el placer de comprobarlo —y todos miraron a Milo—. Se enfrentó él solo a 3 dioses que lo dieron todo por detenerlo. El dios de los Ríos, el dios del Intelecto, y el dios del Ébano… y les dio una paliza —y de pronto, Mu y Aioria lo comprendieron.
—¿Cronos? —gritaron los dos al unísono, sumamente impresionados por el descabellado plan de Milo—. Ahora entiendo… Cronos, es el rey legítimo de los Campos Elíseos. Él podría sin duda reconstruir el Inframundo con su poder, pero, ya ha perdido su Dunamis, además de que no sabemos si sea sensato resucitar al dios primordial —aseguró Mu.
—Y pensando siquiera de que sea posible —comenzó Aioria—. No nos tomamos las molestias de mandarlo al Tártaros para volverlo a sacar de allí. Cronos intentó hacerle la guerra a los dioses Olímpicos. Nos enfrentaríamos a la ira de Zeus si Cronos llegase a renacer.
—Aioria. ¿Es que acaso no lo ves? —preguntó Milo—. Ya estamos en guerra con los dioses Olímpicos. Ares, Poseidón, Hades —habló Milo, y por fin lo comprendieron—. Al derrotar a los Titanes les devolvimos su pureza de ser. Los verdaderos malignos son los Olímpicos. Te puedo asegurar de que después de Hades, Zeus nos hará la guerra con o sin Cronos sentado en el trono de los Campos Elíseos.
—Parece que olvidas que Atenea es una diosa Olímpica —agregó Aioria, intentando comprenderlo—. ¿Hacer la guerra a los Olímpicos no es lo mismo que hacerle la guerra a Atenea? —y la diosa asintió—. ¿Desertarías del Olimpo? Atenea, lentamente nos estamos acercando a cumplir la profecía de Metis. ¿Te convertirás en la diosa que de muerte incluso a Zeus? —se preocupó Aioria.
—Para eso… hace falta mucho tiempo, Aioria —aseguró Atenea—. ¿Contamos con tu apoyo entonces, Pandora? —preguntó Atenea—. ¿Nos ayudarás a derribar el Muro de los Lamentos? —y Pandora asintió—. ¿Cómo podemos derribarlo?
—Primero, Hades debe morir —y mientras más escuchaba, más se horrorizaba Cheshire—. Después, el Inframundo deberá ser destruido, todo menos los Campos Elíseos. El cuerpo de Urano deberá caer, el muro será su soporte antes de despedazarse contra el Inframundo. Todo será borrado entonces, el infierno dejará de existir y deberá de ser recreado, Cronos deberá recrear el Inframundo a su imagen, y convertirse en el nuevo gobernante supremo de los infiernos —y el trio lo comprendió—. Pero ese no es el principal problema. El Tártaros… solo los dioses pueden entrar.
—No olvides que soy el dios de la Brutalidad en la Guerra —aseguró Milo—. Deja que yo me preocupe por entrar en el Tártaros —y Pandora asintió—. ¿Dónde está la puerta del Tártaros? No la encontré por más que busqué en el Inframundo. ¿Dónde es que debo buscar?
—En el lugar más peligroso del Inframundo —comenzó Pandora—. El Sexto Infierno… el mundo humano —y de pronto los caballeros escucharon un estremecer, y vieron a Zelos de Rana correr por los pasillos del castillo—. ¡Zelos! —gritó Pandora.
—¡La señorita Perséfone se enterará de esta traición! ¡Seguramente seré recompensado! ¡Muajajajaja! —y Milo comprendió lo que significaría el que Zelos le revelara esta información a Hades, y comenzó a lanzarle sus agujas, las cuales el Espectro evadió entre risas malévolas.
—Hay que detenerlo, si Hades se entera levantará sus defensas en el Sexto Infierno —aseguró Pandora, y los 3 Caballeros Dorados siguieron a Zelos a los pisos inferiores, entraron por unas puertas metálicas gigantes y observaron las flamas verdes del Inframundo desafiar a los mortales. Zelos saltó al interior de estas flamas, pero Milo se detuvo al instante.
—¡Alto! —gritó Milo—. Este es el punto de no regreso. Para llegar al Inframundo hace falta estar muerto o alcanzar el octavo sentido. Si sus cosmos no son suficientemente altos, morirán al saltar en estas llamas —y Milo observó a Mu y a Aioria—. ¿Están listos? —preguntó, no sin cierta preocupación—. Ya no hay vuelta atrás después de esto.
—Si tú vas, yo voy —aseguró Aioria—. El último en el Hades es un cerebro de Escorpio —y sorpresivamente para Milo, que estuvo a punto de quejarse, ambos observaron a Mu saltar a las flamas verdes.
—Me temo que primero muerto que tener las tendencias suicidas de Milo —gritó Mu, mientras las flamas lo arropaban, y un grito de dolor ahogado lo seguía, no había forma de saber si había sobrevivido, de hecho, a los ojos de Milo y Aioria, Mu había sido desintegrado.
—Me lleva Hades… Mu… se hizo pedazos frente a nuestros ojos… —se estremeció Aioria, pero de pronto recobró el valor—. Llegaremos… Milo… una vez en el Inframundo, Mu y yo nos encargaremos de mantener los ojos de Hades en nosotros, pero primero alcanzaremos a esa rana boba —y Milo asintió, mientras Aioria le tendía la mano a Milo—. Te veré en el otro lado… ¿verdad? —y Milo asintió, y con algo de dificultad pues estaba cargando a Atenea, Milo compartió un apretón de manos con el de Leo—. Nos vemos cerebro de insecto —y Aioria saltó, e igual que Mu, su cuerpo se quemó por las llamas.
—¿Está lista, diosa Atenea? —preguntó Milo, y la diosa lo miró con cierta preocupación—. Una vez en el Inframundo, nos dirigiremos al Tártaros en cuanto podamos… de todos los lugares tenía que ser el Sexto Infierno —y Atenea suspiró en señal de preocupación.
—Para entrar en el Tártaros… deberás convertirte en un dios primero… —y Milo bajó la mirada, comprendiendo lo precario en su situación—. Eso hará todo más sencillo —y Atenea tomó a Milo de la cara, y le plantó un beso al caballero, que en ese momento se sobresaltó, y observó a su diosa con curiosidad—. Con este beso… yo sello mi promesa… de que volverás a ver a Saori Kido… —y Milo no lo comprendió—. No pierdas la esperanza… Milo de Escorpio… —y Atenea miró las flamas verdes que se elevaban furiosas—. Vamos —y Milo sacudió su cabeza, ahuyentando los pensamientos confusos y concentrándose en su misión—. Te juro que te devolveré a tu amada —susurró Atenea, y Milo se negó a seguir con las confusiones, y en su lugar saltó al fuego, y sus cuerpos desaparecieron, tragados por las llamas del Inframundo.
Recuento de Espectros:
Espectros Celestes:
Gordon de Minotauro, Estrella Celeste de la Prisión.
Luko de Dríades, Estrella Celeste de Conducta.
Phlegyas de Licaón, Estrella Celeste del Crimen.
Queen de Alraune, Estrella Celeste del Mal.
Castro de Trauco, Estrella Celeste de la Retirada (Creación del autor).
Sylphid de Basilisco, Estrella Celeste de la Victoria.
Valentine de Harpía, Estrella Celeste de la Lamentación
Resultado de Espectros Celestes: 16/36
Resultado de Espectros Terrestres: 25/72
Resultado Final: 41/108
¡Malditos Espectros son un buen! ¡Ya nomás me faltan 4 capítulos! ¿Cómo le voy a hacer si ni la mitad llevo?
NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):
1 – Cuando Hades como un soldado Persa se presenta ante Sarpedón en Licia, le comenta que pronto iniciará la más grande guerra de todas, la Guerra de Troya.
2 – Cuando Cheshire intenta lograr que Pandora huya del Castillo Heinstein y descubre la presencia de Zelos, Cheshire le dice que su lealtad pertenece a Radamanthys y a la señorita Pandora y que debería de quedarse a luchar, a lo que Zelos responde que ahora todos los ejércitos de Hades pertenecen a Sarpedón de la Quimera, y que la Quimera solo se ha levantado en 2 Guerras Santas de las cuales en la primera era un ser incompleto, pero que ahora que la lealtad de Sarpedón era incondicional, Hades no volvería a confiar en sus otros 3 Jueces.
