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Un gran escándalo se había montado en la cocina con la llamada de Gates, pero en cuanto el escritor entró por la puerta, todos se callaron. Todos menos Kate:

- ¿Quién era?

- Nada importante – Contestó algo nervioso.

- Entonces ¿Por qué has preguntado que qué estaba pasando? – Le dijo cada vez más enfadada.

- Era Gates ¿vale? – Esperaba que Beckett se creyera eso, pues era la única esperanza que tenía.

- ¿Gates?

- Si Gates, me llamaba para contármelo. Me dijo que tuviera vigiladas a mi madre y Alexis, pero luego la dije que estábamos aquí también y me dijo que tuviéramos cuidado todos.

- ¿Qué os parece si nos vamos a dormir, y hablamos de esto mañana cuando todos estemos más espabilados? – Comentó Aarón, con el fin de calmar un poco las cosas, o si no Kate explotaría.

Tras la petición de Aarón, volvieron a la cama a dormir, pero durante las primeras horas, nadie pegó ojo.

Frente a él, a tan solo 5 metros podía ver como se desangraba. Como la vida de su hermano se perdía frente a sus ojos. Sus ojos llenos de lágrimas y desesperación, por no poder hacer nada. Intenta moverse, pero le es imposible. Aun así, lo sigue intentando mientras grita su nombre.

Él tirado en el suelo, levanta una mano y se la coloca encima de una de las tres apuñaladas que ha recibido. Su viste se empieza a nublar, hasta volverse negra y a los pocos segundos, pierde el conocimiento y con él la vida, pero antes diciendo en un susurro "Kate".

Cuando el hombre que se encontraba tirado en el suelo se deja llevar al cielo, la detective nota como sus piernas se liberan de aquella presión que la impedían moverse, y sin perder un segundo más se acerca a su hermano que yacía muerto en el suelo. Se agacha a su lado y le coge de la nuca con delicadeza. Le levanta la cabeza un poco y le toma el pulso en la muñeca. Nada. No nota nada. Esta muerto.

Lagrimas empiezan a recorrer su rostro sin control alguno, mientras su mente se preguntaba por qué no habían parado de investigar cómo les dijeron. Si lo hubieran hecho, ahora no estarían así. O más bien, no estaría así pues él ya había abandonado la vida.

También recordó a Castle, si no se hubiera enfadado con él cuando supo que había hecho un trato con su vida, ahora no estaría sola. Él estaría a su lado, apoyándola y transmitiéndola algo de paz y tranquilidad. Pero no. Tuvo que ser una estúpida y enfadarse con él, cuando sabía de sobra que había hecho aquel trato para salvar su vida. Para protegerla, porque la quería. Tuvo que romper con él decirle que desapareciera de su vida. Que la olvidase, y que ella haría lo mismo. Cuanto se arrepentía de aquellas palabras. Pero el arrepentimiento en estos momentos, era inútil. Tomo una estúpida decisión y ahora no podía corregirlo.

Cuando las lágrimas le dejaron ver más allá de su hermano, reconoció el sitio al instante. El maldito callejón dónde su madre su madre fue asesinada hace muchos años y, donde ahora, su hermano también había muerto. Le tenía completamente memorizado. Cada piedra, cada raja en la pared. Cada marca en el arcén. Lo tenía todo aprendido de memoria. Y más ahora, cuando no era uno, sino dos familiares muertos en aquel lugar.

Hecho un vistazo a su alrededor. No había nadie. Solo ella y su hermano en sus brazos. Al verle muerto, sobre un charco enorme de sangre y recordar que Castle había desaparecido de su vida como ella misma le pidió, Comprendió que ya nada la hacía mantenerse con vida y tomó una decisión.

Se levantó y se desabrochó el reloj de muñeca de su padre y se le colocó a su difunto hermano. Le dio un beso en la frente y tras decirle "Te quiero", se marchó por las calles de Nueva York, a disfrutar de sus últimas horas de vida.

Empezó andando sin rumbo fijo, hasta encontrarse frente a "Starbucks". Sonrió a ver el logotipo. Un exquisito café en un vaso de cartón. Le hizo recordar a Castle y a sus cafés diarios acompañados por una de sus increíbles e inolvidables sonrisas. "El destino" pensó para sí misma y entró en la tienda.

Estaba llena de gente. Desde ancianos hasta parejas con enanos revoloteando a su alrededor. Se imaginó a ella, dada de la mano del escritor con dos pequeñas preciosidades. Uno de ellos, con ojos azules. El mismo azul que tanto la enamoraban y que ya no volvería a ver nunca.

Cuando le tocó el turno, se pidió el café. Con un toque de vainilla, igualito al que le traía el escritor. Después de dejar un billete en la mesa, sin preocuparse por la vuelta, pues no la necesitaría, se marchó de allí con el vaso entre las manos. Era pleno invierno, y un aire congelador envolvía todas y cada una de las calles de la gran ciudad. Siguió caminando hasta acabar en el parque. Un caso le vino a la memoria. Un duelo, en el que dos hombres luchaban por una dama. Al final, y tras varios días de investigación, encontraron al asesino, que mató al hombre por venganza. Recordó una pregunta que Castle le hizo durante el caso. "¿Cuándo sabes que estás enamorado?" Y ella le respondió "Cuando entiendes las canciones" Que bien las entendía ella desde que le vio por primera vez en una firma de libros que hizo el escritor al publicar una de sus nuevas novelas.

Siguió andando hasta parar en los columpios donde hacía algo menos de un año, había mantenido una conversación con Castle. La primera vez que hablaron después de que ella le pidiera tiempo tras recibir el balazo en el corazón. Él estaba muy enfadado pero aun así la perdonó. La perdonó ante todo. Cosa que ella no hizo al saber que había hecho un trato por su vida.

Unas horas más tarde, decidió que había llegado su hora, pues prefería no sentir nada a seguir sufriendo recordando dolorosos momentos del pasado y puso rumbo a su apartamento. Cada lugar al que iba, le recordaba al escritor. Aquel hombre que entró un día en su vida y que nunca la abandonó hasta hace unos días. Aquel hombre que le salvó la vida innumerables veces. Estaba harta de sufrir.

Llegó a su casa y sacó las llaves. Abrió la puerta y entro dentro, sin cerrar la puerta pues la era indiferente. Abandonaría la vida en breve y no le importaría quien entrara en su casa. Ya no sería suya. Fue a la cocina, y colgó del techo una cuerda lo suficientemente fuerte como para aguantar su peso. La anudó y se acercó a la encimera. Cogió un bolígrafo y un papel y se puso a escribir.

"Querido Rick

Si estás leyendo esto es porque ya me han encontrado. Sí, me he suicidado. Mi hermano ha muerto y tu habías desaparecido de mi vida, tal y como yo te pedí y de lo que ahora me arrepiento enormemente, así que nada me hacía querer seguir en este mundo.

Sé que he sido una mujer insufrible, y realmente cabezota, pero muchas gracias por darme una oportunidad de ser feliz. Gracias por esperar esos cuatro años. Y nunca rendirte. Gracias por estar a mi lado en todos y cada uno de los días en los que yo te he necesitado. Gracias por quererme y por enseñarme lo que es amar. Gracias por hacerme feliz durante un tiempo. Gracias.

Espero que algún día logres perdonarme por separarte de mi vida, cuando lo que estabas haciendo era protegerme.

Te quiero. Kate"

Dejó la nota en la mesa, cerca de la cuerda sujeta del techo y acercó una silla. Se subió en ella y se desenganchó el collar con el anillo del anillo de su madre del cuello y se lo puso en la muñeca, enredado un par de veces. Respiró hondo y metió la cabeza en el círculo que había quedado en la cuerda tras hacerla un nudo. "Enseguida nos volveremos a ver hermano" Dijo y pegó una patada a la silla quedando completamente colgada del cuello por una soga, abandonando la vida en pocos segundos.