Capítulo 36:

Castle llegó a la comisaría y los chicos le estuvieron contando lo que habían descubierto. Habían matado a un abogado, que estaba defendiendo a un miembro de una familia de la mafia. El tipo que lo había hecho desde una ventana, fue disparado por otro miembro de la familia que iba con el abogado. Lo hirieron en el hombro, y lo cogieron cuando intentaba escapar dejando un reguero de sangre.

El disparo que le dieron al francotirador, fue más aparatoso que grave, así que después de estar diez días en el hospital, bajo vigilancia, fue dado de alta y llevado a los calabozos de la comisaría. Querían interrogarlo antes de llevarlo a prisión.

Lo estuvieron interrogando hasta el cansancio, y el tío no soltaba prenda, pero ellos insistieron tanto que hubo un momento que el prisionero bajó la guardia y sin darse cuenta les preguntó molesto si el acoso al que lo estaban sometiendo tenía algo que ver con la muerte de Dick Coonan, porque él sabía que lo había matado una poli en esa comisaría, pero él no tenía nada que ver con lo que este había hecho.

Esto los puso en alerta y se emplearon en investigar a fondo la vida del asesino. En eso estaban cuando llamaron a Castle para que les echara una mano, ellos tenían además otros casos que resolver y la ayuda del escritor les vendría muy bien.

Estuvieron trabajando bastante, estaban totalmente absortos, era ya bastante tarde cuando a Rick le sonó el móvil. Era un mensaje de Kate que decía: "¿Vas a tardar mucho?, te echo de menos. Por cierto, la gran ballena blanca necesita helado". Rick sonrió, cada vez que se miraba al espejo, Kate decía que parecía una gran ballena y él la abrazaba diciéndole que era una ballena preciosa. Como vieron que no les daría tiempo a terminar y como él quería volver junto a ella, lo dejaron por ese día, y Rick les prometió que volvería otro rato al día siguiente y siempre que pudiera.

Parecía que la investigación iría para largo y Rick no le quería decir todavía nada a Kate, así que habló con su madre, y con Jim Becket, para comentarles lo que pasaba. La idea era que Kate no estuviera sola mientras él ayudaba en comisaría. De sobra sabía que si su mujer se enteraba de que tenían nuevas pistas sobre el caso de su madre, sabiendo lo cabezota que era, se metería en toda la investigación aunque estuviera casi a punto de dar a luz. Sabía positivamente que ocultarle a ella esa información le traería problemas en su matrimonio, pero estaba dispuesto a arriesgarse. Lo que no estaba dispuesto era a poner en peligro la vida de ella o la del bebé.

Lo que Rick no podía ni imaginar es que Kate estaba bastante mosqueada. Aunque él quisiera disimularlo, no podía evitar estar más nervioso, y algo distante. Recibía llamadas telefónicas que no quería que ella escuchase, salía a menudo con excusas absurdas y cuando ella le preguntaba preocupada si le pasaba algo, él siempre le decía que no, y que no se preocupase, cosa que cada vez le preocupaba más.

En conclusión, Kate estaba empezando a estar cada vez más enfadada y se le ocurrió la idea de que Rick se veía con otra, por eso estaba así de raro.

Por su parte él seguía yendo a la comisaría casi a diario. Tenían allí en los calabozos al francotirador, este después de meter la pata, se echó para atrás y no quiso hablar más, ellos siguieron insistiendo. Decía que prefería ir a la cárcel, a que pensaran que era un chivato. El tío estaba aterrado, al final le metieron tanto miedo en el cuerpo que lograron convencerle, diciéndole que tenía dos opciones, ir a la cárcel y que allí se encargaran de él, ya que ellos correrían la voz de que había colaborado con la policía, o ayudarles y entonces lo mandarían a una prisión de alta seguridad donde lo mantendrían aislado además de someterlo a un cambio de identidad. El prisionero accedió y empezó a dar información, vino a decir que había ocupado el sitio de Dick Coonan y después de que este fuera disparado por Becket, él se encargaba de los trabajos sucios de alguien muy importante. No sabía quién era la cabeza pensante, pero empezó a largar nombres de gente implicada y por ahí la investigación empezó a dar bastantes frutos.

Un par de semanas después de la llamada de Esposito, estaba en la casa con Lanie y Martha. Ese día estaba especialmente irritable, habían llamado a Rick por la mañana y se marchó muy nervioso y preocupado, dándole una excusa absurda. Al poco rato llegó Martha y un poco más tarde Lanie. Era ya por la tarde y su marido no había aparecido aun por casa, eso la tenía desquiciada, no quería decir nada de él delante de su madre, pero estaba tan angustiada y nerviosa, que solo podía pensar que se él había hartado de ella, porque estaba hecha una vaca y se había buscado a otra mejor que ella. Kate nunca había sido una mujer insegura, pero sus hormonas no la estaba ayudando en absoluto.

Lo que ella no podía saber, aunque su suegra y su amiga si, era que por fin habían dado con el que estaba detrás de todo, o con el dragón como le dijo en esa ocasión Gary McAllister. Gracias a toda la información que obtuvieron por parte del francotirador y a todo lo que ya tenían que había sido recopilado por ella y después de muchos días de ardua investigación, descubrieron que el dragón era Stephen Thompson, juez federal de la Corte Suprema, que se hizo famoso como el juez federal más joven de la historia, que fue nombrado por el presidente Ronald Reagan en 1988, con solo 39 años.

Se comunicaron con el FBI, al ser un juez federal, y estos le confirmaron todo, ellos llevaban ya varios años detrás de Thompson por diferentes delitos de corrupción, pero era un hombre procedente de una importante familia de la política norteamericana, además de tener mucha influencia y mucho dinero, por lo que era muy poderoso. Es por esto que había sido bastante escurridizo y difícil de coger. Gracias a lo que ellos tenían junto con la información que les había aportado los compañeros de la NYPD, pudieron detenerlo con multitud de cargos, ni sus mejores abogados podrían liberarlo de la cárcel.

Ni los chicos, ni Castle participarían en la detención, el juez estaba en Washington D.C., solo estaban en la comisaría esperando. Rick estaba muy nervioso, estaba loco por confesarle todo a Kate, aunque esta le tirara los trastos a la cabeza, no soportaba ocultarle eso por más tiempo.

Por fin ya casi de noche, recibieron un comunicado del FBI, diciéndoles que lo habían detenido y que cuando le leyeron todos los cargos por los que se le imputaba, entre ellos el asesinato de Johanna Becket y sus compañeros abogados, este sonrió con prepotencia y viendo que no tenía nada que hacer, dijo que siempre supo que la hija poli de la abogada acabaría trayéndole problemas y que, qué lástima no haber acabado con ella lo mismo que hizo con su madre.

A Castle se le erizó el vello cuando supo lo cerca que había estado Kate de morir y se dijo para sí mismo, que aunque ella no volviera a hablarle en la vida, él ya se daba por satisfecho al saber que estaba a salvo.

En la casa, Kate estaba bastante alterada, además estaba asustada, porque no se encontraba bien y no quería decirle nada ni a Lanie ni a Martha, solo deseaba que Rick estuviera con ella. Lo había telefoneado varias veces, pero siempre le salía el buzón de voz.

-¡No me lo puedo creer! – gritó exasperada – ni siquiera me coge el teléfono.

-Hija, será que está reunido y lo tiene en silencio – dijo Martha conciliadora.

-¿Reunido?, reunido con quien si puede saberse, son más de las seis de la tarde, y se fue a las diez de la mañana.

-Tranquila amiga – le dijo Lanie – ya verás como todo tiene una explicación.

-Si, seguro que la explicación tiene nombre de conejita del playboy, como Mitzy, Penny, Cloey, o yo que sé.

-¿Estás insinuando que Richard tiene una aventura con otra? – preguntó Martha muy seria – mira que puedes arrepentirte de lo que dices.

Kate se sentó llorosa al lado de su suegra.

-Lo siento Martha, ya no sé ni lo que digo, pero es todo tan raro, que no sé qué pensar.

-Te entiendo perfectamente hija, mejor de lo que crees, yo también he estado embarazada y sé lo mal que se puede llegar a sentir una.

-Es que Rick, se va a cada poco, le llaman por teléfono y se va a otro sitio para que no lo escuche, lo llamo y no me contesta, ¿que quieres que piense?

-Hija, esa es una acusación muy seria, ¿acaso ya no confías en Richard?

-Claro que confío, sé que me quiere, y no he tenido dudas en todo este tiempo, he sido completamente feliz, pero en estas últimas semanas, ha cambiado tanto, que no puedo dejar de pensar que ya no me quiere, estoy loca, ¿verdad?

-Como una auténtica cabra – respondió Lanie que asistía apurada a la crisis de celos de su amiga, y apenada por no poderle decir la verdad, ya que lo había prometido, tanto a Javier como a Castle – tu chico escritor está loco por ti, gorda y todo, se le llena la boca de orgullo cada vez que te nombra a ti y a vuestro bebé.

-Sigue confiando, verás como todo tiene una explicación – le dijo Martha – conozco a Richard lo suficiente para saber que te adora, eres lo mejor que le ha pasado, y sé también que no tiene ninguna amante, pero si algún día me enterara que te engaña con otra…

-Ya me encargaría yo de caparlo – interrumpió Lanie.

-Y yo te ayudaría – siguió Martha.

-Gracias a las dos, muchas gracias, esperemos que no haga falta deshacernos del pequeño Ricky – dijo seria Kate.

-¿Cómo has dicho? – preguntó Martha que no estaba muy segura de haber oído lo que en verdad había oído.

-¿Pequeño Ricky? – preguntó Lanie con una carcajada.

-¡Huy! – dijo ella apurada – se me ha escapado, por favor no vayáis a decirle nada a Rick, que me va a matar.

-Descuida hija, descuida – dijo una sonriente Martha – si mi hijo se enterara que conozco esa parte de vuestra intimidad, seguro que me repudiaba como madre, jajaja.

-Pues yo no sé si voy a poder callarme – dijo Lanie que seguía riendo.

-Vamos Lanie, no me dirás que Javier no le ha puesto nombre a su cosa.

Martha asistía interesada a la conversación de las dos amigas.

-En mis tiempos no se le ponía nombre, al menos que yo supiera. ¡Ay! Que antigua estoy.

Lanie sonrió:

-Yo guardo el secreto del chico escritor si tú guardas el de Javi.

-Prometido – dijo Kate.

-Lo llama su pequeño comando.

-¿Comando? – preguntó Martha.

-Si, su comando o su soldado de operaciones especiales.

-Jajaja – rió Kate – eso es mejor que pequeño Ricky.

Estaban tan divertidas, que no oyeron el sonido de la llave en la puerta, ni vieron a un agotado Rick que se acercaba a ellas.

-Vaya, me alegro de veros tan felices, ¿se puede saber de que os reís?

-¡Hola hijo!, ¿Qué tal todo?

-Bien, muy bien – contestó Rick – ya todo ha terminado.

-¿El que ha terminado? – preguntó Kate curiosa.

-Ahora te lo contaré todo, estaba loco por poder decírtelo.

Viendo la conversación que se avecinaba, las dos mujeres optaron por irse.

-Muchas gracias por cuidar de ella – les dijo Rick – Lanie, Javier te espera abajo, y me ha dicho que ellos te llevarán a tu casa mamá.

-Claro hijo, muchas gracias – y se despidió de él con un beso.

Luego se acercó a besar a Kate y le dijo flojito:

-No seas muy dura con él, verás cómo tenía sus razones.

Cuando se hubieron ido, Rick tomó a Kate de la mano, y la invitó a sentarse junto a él en el sofá.

-¿Qué es lo que pasa Rick?, ¿Qué ha terminado?

-Verás Kate, tengo algo muy importante que decirte.

-¿Me vas a dejar? – preguntó ella nerviosa – ¿has conocido a alguien?

-¿Qué? – dijo extrañado – pero ¿de dónde has sacado esa idea?

-No sé Rick, dímelo tú.

-No te entiendo Kate, ¿Qué he hecho para que pienses que quiero dejarte? O que estoy con alguien – preguntó confuso.

-De verdad ¿no lo sabes?, llevas dos semanas que casi ni te veo, estás extrañísimo, serio, preocupado, incluso te has enfadado un par de veces conmigo sin motivo aparente, cuando te llamo al teléfono, ni me contestas… de verdad crees que no tengo motivos para sospechar que te pasa algo.

-¡Oh cariño! – le dijo mientras la abrazaba dándose cuenta de lo mal que tenía que haberlo pasado, y lamentándose de su torpeza por no haberse percatado – lo siento, lo siento mucho, pero no es nada de lo que crees, tu eres mi vida, nunca podría dejarte, te quiero muchísimo Kate, mucho.

Ella suspiró aliviada, aunque seguía un poco mosqueada porque sabía que había pasado algo.

-Entonces, ¿Qué ha pasado?, cuéntamelo todo Rick.

-Verás Kate, hace un par de semanas recibí una llamada de Esposito…

Rick le va contando todo lo ocurrido durante las últimas semanas, siente que ella se pone tensa en sus brazos, a medida que avanza en su historia, hasta que llega un momento que se gira hacia él y levantándose con dificultad, le grita indignada:

-Pero, ¿cómo has podido ocultarme algo así?, es que acaso no sabes lo importante que es esto para mí.

-Claro que sé lo importante que es para ti, ¿Por qué crees que he estado todo este tiempo ayudando a los chicos?, si no hubiera sido importante, se habrían encargado ellos solos.

-Tendrías que habérmelo dicho, yo tendría que haber estado ahí ayudando.

-No estábamos seguros de sí era una pista fiable, no queríamos que te ilusionaras con algo que a lo peor no era nada, no quería verte sufrir otro desengaño, y menos estando como estás. Kate no soporto verte sufrir, lo siento si me he pasado y no he confiado en ti, pero cuando el agente del FBI nos comentó que Thompson te había nombrado directamente, lamentándose de no haberte matado, me alegré de que no hubieras estado allí.

-Lo hubiera soportado, yo tenía que ayudar en eso, yo era quien tenía que descubrir al asesino de mi madre, se lo debía.

-Y has sido tú, Kate, hemos utilizado toda la información que tenías, si no hubiera sido por eso, no lo habríamos conseguido, ha sido gracias a tu investigación, lo del francotirador fue una casualidad.

-¿Y quién lo sabía?

-Pues tu padre, mi madre, Lanie…

-Por eso siempre había alguien aquí conmigo, ¿no?

-Kate lo siento, lo siento mucho, ya sé que está hecho y probablemente mis disculpas no te sirvan de consuelo, pero…

-No quiero verte – dijo ella sin mirarlo – necesito estar sola, vete de aquí.

-¿Me estás echando? – preguntó él dolido y sorprendido a la vez.

-¡Dios, que tonta!, ¿cómo voy a echarte si esta es tu casa?, seré yo quien me vaya – y se dirigió hacia la escalera.

Él se acercó a ella y la detuvo.

-¡Espera! – le dijo – no tienes por qué marcharte, ahora esta también es tu casa, me iré yo – y dejándola perpleja se dirigió a la escalera – subo por algo de ropa y me voy, pero llama a alguien para que se quede contigo, no te quedes sola.

-¿Y a quién llamo?, todo el mundo me ha traicionado – dijo ofendida.

-Si te consuela saberlo, Lanie nunca estuvo de acuerdo en ocultártelo – dijo – tuvo que prometernos a Javier y a mí, que no te diría nada, llámala a ella, seguro que no le importa venir – y subió a la planta de arriba.

Kate se encontraba fatal, entendía a Rick, probablemente ella hubiese hecho lo mismo para protegerlo, pero se sentía tan traicionada, sentía tanta pena de sí misma.

De repente, sintió un gran dolor en el vientre que la hizo retorcerse y la dejó sin respiración. Se recuperó un poco, y empezó a jadear, al rato otra vez ese dolor, pero más fuerte. Se asustó, le dolía mucho, tanto que gritó:

-¡Riiiiiick!

CONTINUARÁ…