Disclaimer: Todo aquello que reconozcan no es mío, la historia y algunos personajes son creación mía y está prohibida su reproducción total o parcial sin mi consentimiento.
Summary: Lo que hay en el pasado puede ser difícil de enfrentar, pero cuando alguien te ayuda ¿será posible lograrlo? —¿Eres feliz? —me preguntó y asentí sin dudarlo, siempre lo sería junto él—¿Y, tú? —regresé—No, no lo soy —contestó dejándome sorprendida.
LoO: esté capítulo está dedicado especialmente para ti, ¡Feliz Cumpleaños! Imagínate desde cuando estaba contemplado salir a la luz. ¡Tqm!
Capítulo 35. COMPROMISO
…
Dormité un poco en el mullido sofá que estaba en el lugar, no era incomodo pero por dios, no era una cama. No fui consciente de en qué momento Bella despertó, hasta que escuché que alguien susurraba mi nombre. Algo renuente abrí los ojos y me topé con unos orbes color chocolate que siempre me robaban el aliento al despertar.
—Hola, hermosa, ¿cómo estás? —Musité. Me levanté del incomodo sillón y me acerqué a ella besando su frente.
—Adolorida, ¿cómo está Sebastián? —Sonrió.
—Dormido aún. La enfermera me dijo que cuando despertara nos avisaría para que pudiéramos alimentarlo—Acaricié su rostro y Bella cerró los ojos.
—¿Demetri te dijo cuando saldríamos, amor? —Su voz aún ronca por recién despertar me hizo sonreír. Intentaba desperezarse pero no lo lograba del todo, entre el dolor por la costilla lesionada y la herida no podía hacerlo. Se acurrucó un poco hacia su lado derecho para dejarme un espacio a su lado en la cama. Iba contra mis instintos de protección pero quería sentirla. Las últimas veinticuatro horas habían sido muy difíciles para los dos.
Me recosté a su lado con cuidado, la abracé y coloqué mi cara en el hueco entre su cuello y hombro. Aspiré su olor a coco, me encantaba sentirla así, guardamos silencio. Ella recorrió con su mano mi torso ligeramente descubierto y yo me estremecí como siempre que ella me tocaba. No había nada sexual en ese gesto pero si había cariño, amor. Imprudentemente alcé la cara y enfrenté su mirada. Levanté su barbilla con mi mano y me acerqué lentamente, comencé a besarla de manera lenta, disfrutando de su calor de su piel. Era un beso inocente no tenía nada que ver con el sexo. Sólo se trataba de sentirme conectado a ella. Nos separamos lentamente y nos quedamos viendo. Acaricié su mejilla y besé la punta de su nariz.
—Te amo…—Susurró con una sonrisa en el rostro.
—También te amo, hermosa—Sonrió y negó con la cabeza.
—Estoy hecha un desastre—Rodó los ojos divertida—Pero me siento feliz. Es algo tan extraño Edward, el saber que somos padres, que ya es una realidad es… tengo miedo—Confesó al fin.
—Ya somos dos—Admití—Sé que estamos preparados amor, pero es atemorizante saber que una persona tan pequeñita, que no puede valerse por sí mismo dependerá sólo de nosotros—Bella asintió y posó su mano derecha en mi mejilla.
—Lo lograremos—Aseguró—Tu y yo juntos. Lo lograremos. Nadie podrá detenernos, este es el principio de todo lo hermoso que nos depara el destino—Se acercó a mí y me besó. Continuamos así un rato, besándonos y disfrutándonos el uno del otro. Hasta que un golpe ligero en la puerta nos hizo separarnos.
Una enfermera entró y me miró con desaprobación, pero eso no hizo que abandonara el regazo de mi mujer. Nadie me separaría de ella en mucho tiempo, no después del susto que me llevé. La mantendría siempre a mi lado hasta que pasará ese temor de verme sin ella y sin mi hijo. Le aplicó algún medicamento y nos dejó. Continuamos medio abrazados y platicando de cosas sin sentido.
Bella intentó moverse pero una ligera mueca salió a cambio, hacia un día que le habían hecho la cesárea y sería un proceso de recuperación un tanto lento.
—¿Te duele? —Pregunté lo obvio. Bella rodó los ojos un tanto incomoda.
—Sí—Admitió—Pero sé que pasara. Y cuando tenga a Sebastián en mis brazos ni siquiera recordare la molesta herida—Musitó con una gran sonrisa.
No recibimos visitas en el transcurso de la mañana, para nuestra sorpresa Sebas era un niño bastante tranquilo. Bella no podía levantarse aún de la cama así que las enfermeras le dieron la mamila de la mañana. Por la tarde una vez que Demetri revisara a Bella podríamos ir a verlo y alimentarlo. Bella estaba ansiosa conforme pasaba el tiempo.
—Señores Cullen—Una enfermera no mayor de cincuenta años abrió la puerta sonriente. Bella se ruborizó un poco ante el apelativo y yo sonreí. Se escuchaba tan bien.
—¿Si? —Inquirí sin aclarar que no estábamos casados.
—El doctor, Demetri en unos minutos vendrá a revisar a la señora—Anunció—Me pidió que la fuera preparando para la revisión—Era un mujer bastante agradable, trató con mucho cuidado a Bella mientras preparaba todo para curarle la herida.
Demetri llegó muy sonriente. Me dio un fuerte abrazo, a Bella por su parte le dio un casto beso en la mejilla. Revisó la herida y la cuestiono sobre como se sentía. Decidió administrarle un poco más de medicamento para que no sufriera tanto dolor. De las costillas continuaba igual. Una vez que terminó de revisar que todo estuviera bien. Le indico que empezara a caminar de a poco, y dio su autorización de que fuera a ver a Sebastián. Bella le pidió a la enfermera que la ayudara a darse un baño. Mientras yo hablaba con Demetri.
—¿Seguro que Bella está bien? —Pregunte nervioso.
—Hermano, tú eres médico y sabes perfectamente que todo está bien—Habló suspicaz—Entiendo tu nerviosismo, pero tienes que controlarte. No es normal en ti—Objetó.
—Lo sé. Es que ha sido tan duro…—Confesé.
—Sí, pero ella y el bebé están bien. De acuerdo—Afirmó. Tan solo asentí. Me hizo participe sobre unos casos en los cuales deseaba que le ayudara, acepte sin miramientos a ayudarlo. Una vez que Bella fuera dada de alta nos quedaríamos en casa de Charlie.
Demetri se fue y espere a que Bella saliera de la ducha. Una vez fresca y con una bata nueva la ayude a caminar hasta la sala donde se encontraba Sebastián. Íbamos en un cómodo silencio. La enfermera permaneció detrás de nosotros. Una vez estando frente a la incubadora de nuestro hijo, Bella comenzó a llorar. El bebé estaba despierto con sus ojitos abiertos.
—¿Qué ocurre, amor? —inquirí preocupado.
—Es igual a Ethan… —musitó. La mire desconcertado, pero no dije nada. Sebastián aún era muy pequeño para ver similitudes con alguno de nosotros, sin embargo no dude en lo que Bella decía—Mira sus ojos son iguales a los de él…—empezó a señalar características físicas entre ellos. Y yo no pude más que sonreír.
Como Sebastián no podía ser sacado de la incubadora Bella tuvo que meter sus manos por un costado con un biberón lleno de leche materna-que previamente le ayudo a extraer una de las enfermeras-una vez que termino de comer tuvimos que dejarlo. Bella necesitaba descansar y nuestro hijo se había quedado dormido.
Después de despedirnos del bebé, regresamos a la habitación donde ya nos esperaban Charlie y Carmen. La recamara estaba abarrotada de flores con notas de felicitaciones, la mayoría eran de familia y el resto de amigos o colegas del hospital.
La incertidumbre y la preocupación ya no invadían nuestros rostros. Los padres de Bella estaban sonrientes, disfrutando del momento de felicidad de su hija.
Mas tarde llegaron Emmett y Rosalie, el necesitaba ver que su hermana estaba bien, Rose se quedaría hasta que Sebastián saliera de la clínica y estuviéramos instalados en casa de Charlie y Carmen. Emmett tenía que regresar a Paris al día siguiente, se despidió de nosotros con la promesa de regresar lo antes posible.
Casi al llegar la noche, Charlie y Carmen nos dejaron solos para que pudiéramos descansar. Prometieron volver al día siguiente. Una vez estando solos pregunte.
—¿Como te sentiste hoy? —Bella me miro impasible y sonrio.
—Bien—no agregó más.
Era extraño que permaneciéramos en silencio, pero creo que lo necesitabamos. Habian sucedido tantas cosas a nuestro alrededor que lo mejor era no decir nada. Solo nos observamos con anhelo en la mirada. En silencio la ayude a preparse para dormir. Una vez más me tocaría dormir en el sillón.
Me dirigi al mullido sofá, sentia la mirada de Bella en mi espalda, al recostarme trabamos nuestras miradas el uno en el otro y así nos quedamos dormidos.
oOoOo
Los días pasaron más rápido de lo que pensamos, nuestra rutina no cambio mucho al del primer día que Bella pudo levantarse. Sebastián era nuestra prioridad. Cada día estaba más fuerte y sano. Y teníamos fe en que al cabo de una semana más, nos llevaríamos a Sebas con nosotros.
—¿Lista para dejar el hospital mañana? —inquirí mientras veíamos un poco de televisión. Aún era temprano para recibir visitas y había cierta tristeza entre nosotros. El tiempo de dejar a Sebastián en la clínica se acercaba.
—Sabes que no, pero sé que es lo mejor para el bebé—dijo tranquila. Asentí y me levante de mi lugar para estrechar su mano entre la mía. Besé sus nudillos ligeramente y sonreí. Ella me regreso la sonrisa.
Alguien tocando a la puerta nos saco de nuestra ensoñación. Tomé con mi mano libre el control de la mesita de a lado y apague el televisor.
Renuente a soltar la mano de Bella, me dirigí a la puerta. Al abrirla me lleve una desagradable sorpresa. La persona que estaba frene a mí me descolocó por completo. Ella no tenía por qué estar ahí, sin embargo lo estaba. Su rostro afligido hizo que algo se me removiera por dentro. No estaba seguro de que Bella quisiera verla.
—Hola, hijo—Musitó—Sé que no es el mejor momento, pero me gustaría hablar contigo y con Isabella. Y conocer a mi nieto—Admitió con una media sonrisa.
—No sé si...
—Hazla pasar amor—Bella habló a la distancia. Renuente abrí la puerta y dejé pasar a Elizabeth quien ya no era tan glamurosa como en antaño. Se veía un poco desaliñada. Mi padre en ningún momento le quitó su apoyo económico pero en todo ese tiempo algo había cambiado en ella dejando una mella enorme entre la Elizabeth de antes y la que tenía frente a mí.
Insegura entró a la habitación. Elizabeth recorrió con la mirada toda la habitación. Le ofrecí sentarse en el incomodo sillón que estaba al lado de la cama de Bella, y yo me senté junto a mi mujer en la cama. Elizabeth sólo nos observaba, no emitía sonido alguno y se notaba incomoda.
Por medio de sus gestos y acciones trate de averiguar que la hizo venir hasta el hospital, era obvio que no era bien recibida.
¿Qué hacía aquí?
—Edward me dijo lo que ocurrió a la salida del hotel—Comenzó—Y algunos medios comentaron el suceso por televisión—Habló incomoda. Suspiró—Jamás he sido buena para pedir disculpas—Guardó silencio—Por tu padre he estado al pendiente de tu vida, hijo. Sé que cometí un error imperdonable, que no actué como una madre para ti—Masculló. Se removió incomoda en su asiento, unió sus manos y empezó a removerlas con inquietud.
—¿Qué te trae por aquí, Elizabeth? —La apremié. Aún no podía decirle "mamá", me prometí a mi mismo no hacerlo. Se lo prometí a ella. Pero, ¿quién era yo para decidir quién era bueno o malo? Obviamente su actitud me dolió y mucho, sin embargo era absurdo en estos momentos. Como si hubieran pasado muchos años de lo que ocurrió con Anthony. La decepción que me causó Elizabeth ya no tenía sentido. Aunque ahí permanecía el recuerdo.
No podía perdonarla, eso era seguro, pero al menos podía intentar conocerla poco a poco y permitirle entrar a nuestra vida-no en este momento. Tanto Bella como Sebastián y yo, teníamos que conocerla. Yo jamás supe quién era la verdadera Elizabeth. Como todo el mundo tenía dos caras, en lo personal conocía a la mujer fría y superficial, que se casó enamorada de mi padre pero que el dinero cambió. Transformándose en una mujer que vivía de las apariencias y que se creía con el derecho de mandar en la vida de sus hijos por el solo hecho de ser la que les dio la vida. Lo que ella no sabía es que en eso no consistía el ser madre. Que para ganarse ese título tendría que haber sido una madre más cariñosa, que se preocupara por nosotros. Pero ella tenía otras prioridades.
—Vine a pedirte disculpas…—Se aclaró la voz—A ambos…—Rectificó. Intentó esbozar una sonrisa—Fui una arpía contigo Isabella, y no lo merecías. Yo… —Su voz sonó débil. —No tenía idea de cuánto te amaba mi hijo en ese entonces—Bajó la mirada—Pero ahora que los tengo ante mí, me doy cuenta de cuán felices son, y de cuánto se aman. La forma en que se miran, en que Edward busca tu contacto. Es especial…—Bajó la mirada y continuó—Me atreví a venir porque necesito que me den la oportunidad de pertenecer a su vida, de conocer a mi nieto—Musitó.
—Elizabeth, a mí no tienes que pedirme perdón—Replicó Bella—Aunque te agradezco tus disculpas. Con el que tienes que hablar es con Edward—Sugirió—Puedes conocer a mi bebé, pero si Edward te pide que no formes parte de nuestra vida yo no puedo hacer otra cosa más que respetar su decisión—Informó. Elizabeth asintió y sonrió de manera sincera.
—Entiendo tu postura Isabella, y te agradezco que al menos me permitas conocer a mi nieto—Sonrió ligeramente. Por un momento sentí una punzada en el pecho, quería perdonar a Elizabeth, pero aún no estaba preparado para ello. Me causó mucho daño. Era un hombre maduro o al menos pretendía serlo. No quería vivir con rencores del pasado, pero lo que Elizabeth quiso hacer con mi vida no era fácil de olvidar.
—Lo que pasó entre nosotros, Elizabeth —musité—es bastante complicado. No puedo perdonarte del todo, pero no puedo privarte de conocer a mi hijo—contesté—Así como tampoco puedo prometerte que olvidare todo de un día para otro. Porque las cosas no son así—Intentó interrumpirme pero al ver que no callaría me dejo continuar—Me gustaría ser lo bastante noble para decirte: "Mamá todo ha quedado en el pasado. Te perdono" pero no puedo—Sonreí con tristeza—En cambio puedo prometerte que tratare de reconciliarme con esa parte de mí que no me permite perdonarte. Permitirte que poco a poco entres en nuestras vidas—Admití.
No era una promesa como tal, pero si un compromiso conmigo mismo. No era bueno vivir con rencores que podrían envenenar mi alma. Más sin embargo aun no estaba listo para ello. Necesitaba tiempo, y lo que era más importante descubrir si Elizabeth en verdad era sincera, y que intenciones tiene al acercarse tan de repente a nosotros.
—No esperaba menos de ti, hijo—Confesó—Es mucho más de lo que esperaba obtener de ti—Sollozó ligeramente. Estuve a punto de levantarme de mi lugar y consolarla, pero no pude. Era tan diferente a mi plática con Alice. Mientras ella lo había hecho por una razón bastante lógica. Por el bien de Bella. Elizabeth lo había hecho por motivos egoístas, que no tenían nada que ver con el amor por mí. No. Elizabeth lo hizo por interés, por dinero. Un dinero que tenía a manos llenas y que continua teniendo y no disfruta porque ésta sola.
La soledad muchas veces nos orilla a eso. A replantearnos las cosas y darnos cuenta en que estamos fallando. En que hicimos para alejar a todas las personas de nosotros. Sus motivos no podría saberlos a ciencia cierta en estos momentos. Y si el acercarse a nosotros tenía una doble intensión sin duda lo averiguaría. No la podía seguir juzgando por sus errores del pasado pero, más valía prevenir que lamentar.
Después de sus disculpas guardamos un incomodo silencio. Ninguno decía nada, sentí a Bella tensa a mi lado, pero si Elizabeth quería que creyéramos en ella tenía que esforzarse mucho. Elizabeth decidió romper el silencio.
—El nombre que eligieron para el bebé es hermoso—murmuró insegura—No es muy usual. Por un momento creí que le pondrías Anthony…—me tensé inmediatamente ¿por qué sacaba a colación ese nombre? Elizabeth al darse cuenta de lo que había dicho se puso blanca como una hoja de papel. Turbada enfrento mi mirada.
—Elizabeth…
—No lo digas, Edward—suplicó—En realidad no sé por qué dije semejante tontería—admitió—Les pido por favor, lo olviden—tan solo asentimos.
Luego de tan incomodo momento, la charla entre Bella y Elizabeth fluyo un poco. Se dedicaron a hablar sobre Sebastián. Yo preferí no decir nada y tan solo observar y ver algún indició que me indicara que Elizabeth no estaba siendo sincera. Pero para mi sorpresa se estaba esforzando mucho, incluso dándole consejos a Bella sobre cómo cuidar del bebé, y ofreciendo su ayuda para cuidarlo, y aunque era obvio que Bella no le daría semejante confianza pero, no la rechazo tampoco.
Nos hizo la promesa de que una vez que volviéramos a París iría seguido a visitarnos. Para ese momento tenía mis dudas de si la estaba juzgando duramente, pero la respuesta era obvia, tenía que dudar. De vez en cuando se dirigía a mí con preguntas sobre mi niñez que yo respondía al instante, eran recuerdos bonitos que tuve a su lado y que siempre atesore. Conforme pasaba el tiempo Elizabeth sonreía y se relajaba cada vez más. En determinado momento la enfermera nos informo que era la hora de darle la mamila a Sebastián.
Elizabeth me ayudo a levantar a Bella. Aunque no era necesario ya que yo podía solo pero la deje que participara. Nos permitieron entrar para poder dar de comer a mí campeón, y que Elizabeth lo conociera. Y aunque era algo incomodo ya que no podían sacar al bebé de la incubadora y teníamos que darle de comer con un cristal de por medio. Nos sentíamos unidos a él.
Elizabeth lloró un poco cuando lo vio. Según dijo era hermoso, una mezcla de ambos. Bella también lloró, pero por no poder abrazarlo. Estaba consciente que si queríamos que estuviera sano tenía que permanecer ahí.
Una semana después…
Los días subsecuentes al nacimiento de Sebastián fueron difíciles. Bella no era completamente feliz y yo… bueno, tampoco lo era del todo. Al día siguiente de la visita de Elizabeth partimos a casa, sin Sebastián, y fue un trago amargo que tuvimos que digerir conforme fue pasando el tiempo.
Todos trataban de darnos ánimos de una y mil formas. Pero no lo conseguían. Todo era silencio a nuestro alrededor. Estábamos en una burbuja donde no dejábamos entrar a nadie salvo el uno al otro. Llorábamos en la soledad de nuestra recamara por no poder disfrutar de ese tiempo con nuestro hijo. Era algo irracional de nuestra parte, porque sabíamos que él estaba vivo y cada día más fuerte, sin embargo necesitábamos tenerlo con nosotros para saber que era verdad, que todo estaba bien.
Lo veíamos a diario, las enfermeras nos permitían estar con él aun no fuera horario permitido. De algo servían las influencias ¿no?. Pero no era suficiente.
El día tan esperado llego. El pediatra que estaba a cargo de Sebastián nos informo que podíamos llevarlo con nosotros a casa, pero que aun tenía que estar en observación y no podríamos viajar con él para regresar a París por lo menos en tres meses. Ese era un detalle que no importaba, estaba de licencia indefinida en la clínica. No pensaba separarme de mis dos amores en mucho tiempo.
Un doctor bastante calificado me estaba supliendo en París, entendían mi situación y estaba seguro que el llevaría el lugar como debía de ser. Cuando Bella tuvo a Sebastián en sus brazos el alma me vino al cuerpo. Su sonrisa al sostenerlo me quito el aliento.
—Por fin vamos a casa, campeón—susurró Bella embelesada mientras Sebastián mantenía sus ojos abiertos observándola. Su pequeña manita sostenía mi dedo índice de la mano izquierda, mantuve a Bella aferrada a mí. Sonreí feliz.
—Gracias hermano—desvié la mirada para enfrentar a mi amigo que nos miraba sonriente.
—Ha sido un placer, hermano—dijo de vuelta.
—Dr. Ross, agradezco todas las atenciones que ha tenido con nosotros—Era el pediatra de Sebastián, en parte gracias a él la recuperación del bebé fue satisfactoria. Sería una lástima cuando regresáramos a París que dejara de tratar a nuestro hijo.
—Ha sido un placer atender a un bebé tan sano y fuerte y con tantas ganas de vivir, como Sebastián. Demostró en todo momento ser un luchador—agradecí el cumplido y sonreí.
Nos despedimos de todo el personal médico y nos dirigimos al auto, ansiábamos llegar a casa. Toda la familia estaría ahí esperándonos. Todos se morían por estrechar a Sebastián en sus brazos.
La alegría al llegar a casa fue completa, en ningún momento Sebastián se porto huraño con nadie de la familia. Y a una hora muy temprana abandonamos la pequeña reunión que organizo Carmen. A la que asistieron los miembros más cercanos, la semana siguiente organizaría una fiesta para presentar a su nieto.
—Dormirá con nosotros—aseguró Bella—Ya estuve lo bastante alejada de él, como para no disfrutar de su cercanía esta noche—continuó diciendo. Con movimientos algo torpes le cambió el pañal y le puso ropita cómoda y a la vez calientita para dormir.
Mientras ella hacía las tareas antes dichas, me puse un pantalón de pijama para dormir. Y me recosté en mi lado de la cama. Bella le preparó una mamila para darle de comer antes de dormir, recostó a Sebastián a mi lado y me encomendó la tarea de alimentarlo mientras ella se cambiaba.
Una vez que termino de asearse para entrar a la cama, se recostó a mi lado. Tenía a Sebastián recostado en mi pecho y daba ligeros golpecitos en su espalda para sacarle el aire y evitar que le dieran cólicos que no nos permitieran dormir a ninguno de los tres.
Sebastián se relajo inmediatamente en mis brazos quedándose dormido. Lo recosté en medio de la cama. Bella me observaba en silencio. Una sonrisa adornaba su rostro.
—Te sienta bien el ser padre, Edward, jamás te imagine así…—la bese ligeramente poniendo cuidado en no aplastar a Sebastián. Me devolvió el beso de manera tímida. Sonreí en el momento que nos separamos.
—Gracias a ti, puedo disfrutar de esto—dije al fin—Sin ti, no sería lo mismo.
—Si tú no hubieras luchado hasta el final por nosotros, no habría sido posible, Edward, yo no luche hasta el final como tú, sin embargo aquí estamos disfrutando de este momento tan especial que atesorare en mi corazón por siempre—acarició mi rostro con sus manos levemente. Disfrute de su toque y cerré los ojos. No deseando que terminara ese momento la volví a besar.
—Tengo que revisar tu herida—dije cuando me separe de ella. Bella suspiró. Odiaba que le curara la herida, pero era necesario.
—Lo sé, por un momento creí que al ser la primera noche de Sebastián con nosotros no lo harías—confesó.
—Es necesario que lo haga y lo sabes—tan solo asintió y se recostó de espalda en la cama. Acerque el material de curación. La herida estaba cicatrizando bastante bien, en unas dos semanas más le retiraría los puntos y Bella podría retomar su vida normal. Aunque tardaría seis meses aproximadamente a retomar todas las actividades físicas a las que estaba acostumbrada. Prohibido cargar cosas pesadas.
La primera noche fue difícil. No estábamos acostumbrados a levantarnos a mitad de la madrugada para darle de comer. Pero era algo que nos causaba satisfacción. Solo despertó dos veces así que compartimos la responsabilidad las noches subsecuentes.
Aunque debo de confesar que ambos nos levantábamos, no nos gustaba estar alejados de él mucho tiempo. El temor de perderlo era muy grande.
El cuarto de Ethan fue acondicionado para Sebastián. Se compraron algunos muebles que se pusieron en un rincón de la recamara. Bella pasaba horas enteras ahí, meciéndose en la mecedora que compramos cierta tarde cuando aún no teníamos a nuestro campeón con nosotros.
Un mes después…
Nuestra rutina cambio considerablemente. Todos los días al medio día después de almorzar salíamos al jardín para asolear un poco al bebé. Necesitaba un poco de ese calor. Todos los días recibíamos visitas. Emmett y Rosalie se tuvieron que regresar a París una semana después de que saliera Sebastián de la clínica.
Charlie iba y venía cada semana de París. Carmen nos comunicó que permanecería a nuestro lado hasta que nosotros regresáramos a casa y retomáramos nuestra vida. Los lazos con mi familia se fueron uniendo cada día más. Se volvía a sentir esa camaradería de antaño. Mi relación con Jasper había mejorado mucho. Era una visita constante en casa, que siempre venía acompañado por sus padres y Christine que se veía sonriente todo el tiempo.
Elizabeth nos visitaba a diario-pesé a que yo le dije que no era necesario. Era una abuela amorosa. Empezó a entablar amistad con Carmen (quien al principio no estuvo de acuerdo en que se acercara demasiado a Sebastián). Bella trataba de llevarse bien con ella.
Elizabeth por su parte se esforzaba por dejar a un lado esa parte frívola que aún vivía en ella. Yo solía platicar con ella un rato cada día. Y aunque muchas veces no era agradable ya que aún existía el temor (por llamarlo de alguna manera) de que todo fuera una treta de Anthony para herirnos. Trataba de esforzarme al máximo en confiar.
—Me da gusto que Anthony no se saliera con la suya—Confesó Elizabeth. Sin querer ahondar en el tema tan solo asentí. Al darse cuenta que no diría más, continuó—Bella y Sebastián te esperan. Carmen y yo ayudamos a Bella a darle un baño al bebé mientras ella se daba una ducha—Me comunicó mientras me servía un vaso con agua.
Recién había llegado de la clínica, Demetri necesitaba mi opinión sobre un caso nuevo y fui a ayudarle.
—Gracias—musité una vez que termine con el agua—Tú y Carmen han sido de gran ayuda para nosotros—admití. Con renuencia y por primera vez en meses me acerque a Elizabeth y le di un beso en la mejilla. Se sorprendió y sonrío nerviosa.
—Sé que aún es difícil para ti, aceptarme—dijo triste—Pero te agradezco la oportunidad de dejarme estar aquí. Pesé a que no lo merezco.
—Tal vez en algún futuro, Elizabeth, las cosas sean mejor de lo que fueron antes—admití. Era lo más cercano a una promesa que podía darle.
Asintió con la cabeza y me alentó a ir con mi familia. Al salir de la cocina me tope con Carmen quien me sonrió como siempre, siguió su camino para reunirse con Elizabeth.
Ascendí las escaleras sin prisas. Era el momento indicado para hacer lo que desde hacía meses me rondaba por la mente. Este era el instante que buscaba para hacerlo. Nadie sabía cuáles eran mis planes. Había estado tan preocupado por Bella y Sebastián que olvide lo que tenía planeado hacer una vez que regresáramos a París tras recibir mi premio. Y justo esta mañana lo recordé al toparme con esa cajita que había comprado para Bella hacía unos meses.
Entre con sigiló a la recamara. Bella estaba recostada casi en medio de la cama sobre su lado izquierdo y Sebastián estaba su lado recostado sobre su pancita dormido. Ella le acariciaba la espalda con ternura mientras él hacia ruiditos mientras dormía. El semblante lleno de paz de Bella hizo que un nudo se formara en mi garganta. Ella se veía hermosa. Con su cabello arreglado en ondas y su rostro fresco, lleno de paz. Llevaba un camisón blanco de seda, me acerque lentamente hasta posarme frente a ella, me puse de cuclillas y enfrente su mirada color chocolate. Ella sonrió.
—Hola, amor, no te escuche entrar—Susurró.
—Esa era la idea, preciosa—Admití.
Jamás perdió la risa del rostro, posé una mano en su mejilla derecha. Bella cerró los ojos levemente y suspiró. Empecé un recorrido desde su mejilla hasta sus labios con la punta de los dedos, para luego seguir el camino hasta su mandíbula, fui recorriendo lentamente el camino hasta su cuello, para luego llegar a su hombro, e ir bajando lentamente hasta tomar su mano entre la mía. Ella abrió los ojos sorprendida por mi caricia que la hizo estremecer un poco. Saqué del bolso de mí pantalón una pequeña cajita cuadrada de color negro. Se la extendí a Bella para que la tomara. Se levanto lentamente hasta quedar sentada y me invito a subir a la cama. Con mucho cuidado recorrió a Sebastián para que pudiera sentarme. La abrió y descubrió que adentro había un carrete de hilo. Alzó la mirada y me miró desconcertada.
—Gracias…—Murmuró—Supongo…—Completó incomoda.
—Te amo—Dije primero que nada—Esto…—Saque el carrete de hilo de la caja e hice un nudo en la punta. Tomé su mano izquierda y amarré el hilo en su dedo anular—¿Sabes? Mi vida a tu lado es perfecta. No podría pedir nada más, siempre me haces sentir amado, y me has dado un hijo maravilloso—Comencé a hablar nervioso—Esté hilo representa el lazo que tu y yo tenemos. Y no me gustaría que jamás se rompiera—Musité. —Estiré la madeja de hilo hacía mí y, lentamente fue descendiendo un anillo de oro blanco con una tira de cuatro diamantes juntos en hilera. Para nada ostentoso. El aire se quedo estancado en la garganta de Bella y con la mano derecha se tapo la boca.
—Edward…—Susurró pasmada.
—La primera vez que tuve que hacer esto, fue… desagradable, yo no amaba a la mujer y me limite a entregarle la joya y que ella misma se la pusiera—Espeté incomodo al recordar cuando tuve que proponerle matrimonio a Victoria—Sabía que no me casaría con ella, pero tenía que cumplir con el hecho de darle un anillo de compromiso. Algo que me prometí que solo le daría a la mujer con la cual compartiría toda mi vida—Musité.
—Edward…esto es…—Bella intentó interrumpirme.
—Y tú eres esa mujer, mi amor, contigo quiero pasar el resto de mi vida. Isabella Swan ¿Me harías el honor de ser mi esposa? ¿Quieres casarte conmigo? —La miré expectante.
Se quedo callada con una expresión ilegible en el rostro. Retiré el hilo de su dedo y coloqué bien el anillo, espere su respuesta. Bella esbozó una sonrisa lenta y se arrodillo lentamente en la cama. Se inclino ligeramente poniendo cuidado de no incomodar a Sebastián y tomó mi rostro entre sus manos.
—Sí, Edward, acepto ser tu esposa—Estrecho sus labios contra los míos—Te amo tanto, que si jamás me lo hubieras pedido no habría habido problema, porque sé que tú eres tanto mío como yo soy de ti—Susurró quedito. Con mucho cuidado la estreche entre mis brazos.
—Te amo…—Susurré en su oído.
Nuestro momento fue interrumpido por el tímido llanto de nuestro hijo. Lo tomé en mis brazos y lo pegue a mi pecho. Se tranquilizo inmediatamente y se volvió a quedar dormido. Sonreí y desvié la mirada hacia Bella, quien nos observaba con una sonrisa en el rostro.
En ese momento tuve la certeza de que todas las decisiones que tome fueron las correctas. Jamás me arrepentiría de haber quedado prendado de esos ojos color chocolate llenos de tristeza. Con satisfacción podía ver que esa nube de dolor había abandonado sus ojos y que ahora lo único que reflejaban eran felicidad, amor, cariño y entrega.
Isabella Swan; era la mujer que amaba y por la que daría mi vida…
¡Hola!
¡Dios! No encuentro donde esconder la cara de la vergüenza que tengo. (Si encuentran algún error garrafal en mi ortografía, perdonarme. Que esta vez mi Beta no tuvo oportunidad de betearme, que es uno de los muchos motivos por los cuales no publique antes).
Sí, he tardado mucho… más que otras veces, las que me han seguido desde el principio saben que yo no solía tardar tanto, pero han ocurrido tantas cosas a mi alrededor que simplemente no encontraba el ánimo e inspiración para escribir.
Pero ya tome conciencia y dije: Isela, ponte las pilas y saca ese capítulo. Tú odias cuando te hacen esperar, no las hagas esperar a ellas. Y aquí me tienen, con el rabo entre las patas, pidiéndoles una disculpa =D
Espero el capítulo les gustara, la parte de los Pov de Edward terminó con esté capítulo. El próximo será narrado por Bella y es, si mis cálculos no fallan el final de la historia. Obviamente tendrá su respectivo epílogo así que solo estamos a dos capítulos del gran final-que espero les guste.
Ha sido un camino bastante largo, muchas gracias a todas por su paciencia, espero contar con su riview. Y gracias a todas por agregarme a sus alertas, favoritos.
Stephany: Jamás espere recibir un riview como el tuyo, sinceramente espero que al día de hoy te encuentres excelente. Muchas veces la vida no es fácil, pero hay que salir adelante pesé a la adversidad. No encontré otra forma de comunicarme contigo más que por aquí, si sientes la necesidad de hablar conmigo que comentemos la historia ya sabes donde encontrarme.
Dianny: Lo hice de nuevo, lo sé, pero que bueno que te gusto el cap anterior =D ojala que la espera de este capítulo valiera igual la pena. Y en el próximo capítulo sabremos que ocurrirá con James, Victoria y Anthony.
Para aquellas que quieran ponerse en contacto conmigo mi correo es:
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Una cosa más (dios está nota de autor está siendo kilométrica) entre a un concurso el DanceSong-Fic-Contest tal vez alguna ya lo saben pero las que no, las invito a leer el OneShot con el que entre al concurso, se llama:
Memorias.
Summary: —Gracias—Musitó ella en su oído. Él la miró desconcertado y dijo: — ¿Por qué? —Ella sonrió y volvió a susurrar—Por hacerme feliz—Besó su mejilla y se retiró para mirarlo a los ojos—Si pudiera escoger mi vida otra vez, pediría vivirla a tu lado…—Él la estrecho entre sus brazos.
La dirección en la cual pueden votar es: h t t p : / / www . fanfiction . net / u / 2883792 / #
Tienen hasta el día 30 de Septiembre. (Las direcciones anteriores van sin espacios)
Bueno, ahora si las dejo, no les quito más su tiempo. Aaaa y las que leen TOA pronto publicaré, les pido un poco más de paciencia.
Besitos
Chapis…
