CAPÍTULO XXXVI: LA CENA
-Tu habitación está por allí- señaló Mako al ver que Raleigh no cogía el camino correcto
-Pensaba que íbamos a la tuya, pero si lo prefieres así, no hay problema- contestó Raleigh
-Se supone que cada uno tiene que ir a la suya y descansar- replicó Mako
-Puedo descansar… después.
-Si intentas excitarme diciendo que te vas a dormir en cuanto terminemos, siento decirte que no lo estás consiguiendo-respondió Mako.
-No debería preocuparte tanto lo que voy a hacer después. Es el antes lo que debería captar tu atención.
-Te escucho- dijo Mako cruzándose de brazos.
-Bueno….-empezó a decir Raleigh- para empezar salvo que quieras hacer el amor en este pasillo…
-Mako descruzó los brazos se acercó a él y le empujó suavemente contra la pared. Luego empezó a bajarse lentamente la cremallera de la cazadora que llevaba puesta. Los ojos de Raleigh siguieron el recorrido de la misma.
-¡No lo decía en serio!-exclamó Raleigh
-¿No?, bueno, en ese caso nos vemos mañana a las 7- respondió Mako subiéndose rápidamente la cremallera.
¡-¿Qué?!- exclamó Raleigh atónito.
Mako al verle la cara no puedo evitar echarse a reír.
-No ha tenido gracia- dijo Raleigh haciéndose el digno
-Sí, que la ha tenido- respondió Mako, intentando contener la risa- tendrías que haberte visto la cara. ¿De verdad creías que lo íbamos a hacer aquí mismo?
-Bueno, después de lo de esta mañana…
-Raleigh, no es lo mismo, estábamos en una habitación, con puerta.
-Una puerta que no estaba cerrada con llave…- comentó Raleigh
-Ups, ya sabía yo que se me olvidaba algo- respondió Mako
Raleigh sonrió.
-Vamos a mi habitación- dijo Raleigh tomando a Mako de la mano y empezando a andar
-Creía que íbamos a la mía- contestó Mako señalando en la dirección opuesta.
-La mía está más cerca- respondió Raleigh acelerando el paso.
-No tardaron en llegar a la habitación en cuestión. Entraron y en seguida Raleigh cerró la puerta con llave.
-Hay cosas que no quiero que nadie más vea- dijo Raleigh a modo de explicación.
-¿Cómo qué? – preguntó Mako.
-Pues por ejemplo, a ti, desnuda- respondió Raleigh
-¿Sabes que a veces voy a playas nudistas, verdad?- contestó Mako.
-No es lo mismo- respondió Raleigh tomándola en sus brazos.
No, definitivamente no era lo mismo- pensó Raleigh mientras intentaba recuperar la respiración tras hacer el amor. Sin duda, cualquiera que viera a Mako en la playa podría apreciar la belleza de sus formas, pero aquello no era nada comparado con el maravilloso espectáculo al que acababa de asistir. No era sólo un cuerpo desnudo lo que había visto, era toda ella. Y eso era algo que no estaba dispuesto a compartir con nadie más. Podían llamarle egoísta porque lo era.
-¿Todo bien?- preguntó Mako.
-Sí, todo bien- respondió Raleigh.- estaba pensando en lo mucho que me gusta verte mientras que hacemos el amor.
-A mí también me gusta verte- dijo Mako.
-Deberíamos vernos más a menudo- contesto Raleigh.
-Estoy de acuerdo- respondió Mako, colocándose encima de él, que deslizó sus manos por sus muslos, sus caderas, su cintura, hasta llegar a sus pechos justo cuando sonó la puerta.
-No pienso quitar las manos de aquí- dijo Raleigh
-Pues te va a ser un poco difícil abrir la puerta.
-¿Quién dice que haya que abrir?- preguntó Raleigh
-Podría ser importante.
-¿Más importante que esto?- replicó Raleigh mirando apreciativamente aquello que tenía entre sus manos.
La puerta volvió a sonar.
-Raleigh…
-Está bien- dijo Raleigh con fastidio
Se pusieron algo de ropa rápidamente y Raleigh fue finalmente a abrir la puerta. Habló brevemente con la persona que estaba al otro lado de la puerta.
-Herc nos envía la cena- dijo a Mako levantando unas bolsas para que las viera, antes de soltarlas encima de la mesa.
-¿No vas a mirar lo que es?- preguntó Mako.
-Luego- respondió Raleigh desnudándose rápidamente y subiéndose a la cama de un salto.
-Eres muy rápido- dijo Mako entre risas.
-Y tú muy lenta. Vamos,- hizo un gesto para que regresara la cama- la cena se enfría.
-Tal vez sería mejor cenar primero-contestó Mako.
-Doscientos cuarenta y ocho- dijo Raleigh
-¿Doscientos cuarenta y ocho, qué? , preguntó Mako.
-Doscientos cuarenta y ocho días- contestó Raleigh- desde la primera que nosotros…no pienso dejar que vuelva a ocurrir.
Mako corrió a sus brazos que la rodearon fuertemente.
Ninguno de los dos se volvió a acordar de la cena hasta un buen rato después, cuando ya hacía rato que se había enfriado.
