¡HOLA! ¡ACA ESTOY OTRA VEZ! LOS EXTRAÑE MUCHO. Bueno volviendo a ser normal. Paso a dejar un capitulo. Espero que les guste y sino me putean (que lindo volver a escribir eso) Ya va quedando poquitito, eso creo. Les mando un beso y mil gracias por seguir conmigo. Se las/los quiere.

Descargo: Glee no es mio, si fuera mio yo también hubiera recortado la foto del cast como lo hizo Lea Michele.

NO SOY PARA TI

Capítulo 35: "¿El último reto?"

En algún centro de estética de Los Ángeles

- ¿Pueden creerlo? ¿Pueden creerlo? – Quinn repetía la misma pregunta una y otra vez tratando de llamar la atención de alguna de las mujeres que estaban junto a ella - ¿Pueden creerlo? – Repitió esta vez con un tono de burla. La empresaria tenía toda su cabeza empapelada en aluminio y la habían puesto bajo varios focos de color rojo que emitían calor. La novia de Rachel tenía una revista en sus manos cuyas hojas estaban sufriendo la furia de una Fabray porque Quinn las pasaba de un lado al otro sin importarle su contenido y mucho menos si su mano se quedaba con una página suelta. Judy estaba a su lado con la revista People en sus manos y tenía su cabeza en las mismas condiciones que su hija, la mujer parecía no prestarle atención a las quejas de Quinn y por el contrario se había quedado muy entusiasmada leyendo la noticia del nacimiento de la hija de Kim y Kanye. Del otro lado de Quinn estaba Santana. La latina era la otra mujer que la acompañaba en la misma fila de lámparas de calor, pero, al contrario de las mujeres Fabray, Santana solo tenía algunos mechones de pelo envueltos en aluminio y no estaba disfrutando de ningún chisme, sino que en una de sus manos tenía el contrato de compra y venta de la parte que pensaban adueñarse de Tiffany & Co y en otra un resaltador amarillo con el que resaltaba las partes más interesantes de lo que leía. Al parecer la latina estaba repasando punto por punto el escrito para que nada se les pasara por alto

- ¡AAAAAAAAAAAAA! – Quinn ahogó un grito de furia en la revista que tenía en sus manos que para nada le movió un pelo a las dos personas que tenían a su lado, pero si lo hizo con la rubia bailarina que tenía enfrente y que se estaba dejando esculpir sus uñas por una jovencita que estaba concentrada tratando de dejar las uñas de Brittany a la última moda sin que su tarea se viera afectada por lo que hablaban el resto de las mujeres que estaban en el salón, lo que era prácticamente imposible.

- Quinchi… - Brittany intentó pero Quinn la interrumpió sacando su cabeza de la revista.

- ¡Es que ni yo misma puedo creerlo! – Afirmó - Mi novia, la mujer que amo, la mujer con la cual voy a tener un hijo…

- ¡Alabado sea el señor! – Por un segundo Judy dejó de mirar la revista para hacer una plegaria hacia el cielo.

- …la mujer que me hace el amor de una manera increíble… - siguió Quinn

- ¡Alabado sea el rarón! – esta vez fue Santana la que dejó el contrato para elevar una oración por el miembro de Rachel

- …la mujer que me hace el ser más feliz de este planeta, logra que la deteste con tres estúpidas palabras… "es mi amiga"…"es mi amiga" – terminó haciéndole burla a la forma en que su novia se refería a Julian Tiffani

- Quinn… - Brittany le reprochó – Tu no detestas a Rachie – le recordó como si Quinn no lo supiera.

- No, no la detesto – le dio la razón – la amo con todo lo que pensé que nunca podría llegar amar a alguien – afirmó – Pero me desespera. Rachel Berry me saca de quicio… ¡AAAAAAAAA! – ahogó otro grito en la revista.

- No le hagas caso Britt Britt – se metió Santana – Quinn solo está celosa porque alguien quiere quitarle su rarón y llenarlo de diamantes – opinó – Cosa que yo no haría, a mí me gusta así en bruto, con todo su monstruoso tamaño resplandeciendo – agregó.

- Santana… - Quinn había hecho un rollo con su revista – Primero que nada que no estoy celosa y segundo que a ti no tiene por qué gustarte algo que no has visto y que no te pertenece ¿de acuerdo? – su voz no temblaba.

Santana soltó una carcajada seca y corta mientras pasaba la página del contrato – Por favor Q, no sigas mintiendo que por más que trates tu nariz no va a ser más grande que el pito de tu novia – la joven que le limaba las limas a Britt le pifió un poco a la forma circular que le estaba dando a la uña del dedo gordo – No estás celosa, estás MUY celosa, y no lo he visto en vivo y en directo pero con lo que he visto que alcanza para imaginarlo y soñarlo todas las noches – dijo muy segura.

- Santana…

- Además por la forma en que caminas y por cómo te quejas al sentarte hija mía… - Judy movía su cabeza de un lado hacia al otro - ¿No les parece que esos zapatos quedarían mejor en un verde furioso? – les mostró una página de la revista a las que todas les prestaron atención menos Quinn.

Quinn miró a su madre - ¿Qué pasa con mi forma de caminar y sentar madre? – La empresaria había tratado de ser lo más discreta posible pero al parecer había fallado.

- Bueno cariño… - para Judy era obvio – Digamos que sentarte despacito y diciendo "ay, ay, ay, ay"… – la mujer imitó tan bien a su hija que hizo reír a Santana y a Britt y hasta a la joven de la manicura - … no es una buena forma de disimular el tamaño del pene de tu pareja – concluyó

- ¡MAMA! – lo que menos quería era debatir el miembro de Rachel con su madre.

- ¿Es grande? – todas miraron a la metida joven que había frenado la tarea de limar las uñas de Britt para sacarse la curiosidad. De más está decir que lo primero que recibió fue una mirada de fuego por parte de la empresaria.

- Ese no es tu prob…

- Grande no es la palabra – interrumpió Santana – Es… es… GIGANTESCO… Es como si tuviera vida propia… Tendría que ser considerado como una de las maravilla del MUNDO - agregó señas a la explicación.

- Santana…

Judy soltó un resoplido y miró a la manicura – Créame señorita que jamás en mis años de vida y con toda mi experiencia vi algo igual – Judy soltó un suspiro y agregó – impactante realmente...

- Mamá… - Algo estaba por explotar y nadie se daba cuenta

- Entre Sanny, los chicos del estudio y yo le hicimos un twitter por si quieres seguirlo – contó Britt a la emocionada mujer que ya estaba agarrando su celular – El usuario es elgranrarón y tiene más de quince mil seguidores ya - explicó

Judy soltó una carcajada mientras revisaba su cuenta de twitter en su Iphone – Escuchen esto… - dijo la mujer – elgranrarón dice "En Los Angeles buscando un lavadero de coches que me deje bañarme" – leyó con gracia

- Santana… - Quinn ya había visto a su amiga escribir el chiste en su celular.

El celular de su madre volvió a dar un aviso de notificación y esta vez a la carcajada de su madre se le unió la de Britt y la de la manicura que estaban mirando sus propios celulares - elgranrarón dice… - esta vez leía Brittany –… "Me paró la policía por exceso de equipaje, le dije que no traigo nada, que es solo mi peso, me dejaron seguir con la condición que circulara por el carril de carga pesada" – cuatro mujeres estallaron de risa

- ¡BASTA! – las risas se acabaron así como empezaron. Quinn había usado el cono que había hecho con la revista de megáfono para soltar su grito de silencio. Toda la peluquería sintió el grito pero al ver que era nada más y nada menos que Quinn Fabray nadie se animó a meterse.

- Quinnie…

- ¡Quinnie nada mamá! ¡Quinnie nada! – Se había enojado – Estoy aquí hace dos horas tratando de que alguien me entienda, de que mi madre, o mis dos mejores amigas, o inclusive una extraña –señaló a la manicura que corrió la cara rápido y siguió con la tarea que le tocaba - me ayuden a averiguar por qué mi archienemiga puede tener una masivo enamoramiento en mi novia, novia que a propósito, me iba a pedir matrimonio el día que ustedes dos interrumpieron todo… – No solo la cara de Judy y de las otras dos chicas se desfiguró sino también la de la manicura que a esta altura iba a dejar a Brittany sin uñas - … y que ahora no quiere casarse porque tiene la loca idea de que ella no me merece y encima le devolvió el anillo a la mujer cuya empresa he querido apoderarme desde joven y que de hecho lo voy a hacer este lunes – afirmó sin dudarlo - ¿Y tendría que estar feliz cierto? – Todas la miraron pero sabían que no era que les estaba dando el pie para contestar sino que más bien tenían que guardar el mayor silencio posible – Tendría que estar inmensamente feliz de que finalmente se va a concretar el famoso negocio por el cual nos mudamos a New York y por el cual conocí a la estúpida de mi novia ¿cierto? – Otra vez la pausa – Pero NOOOO – agitó su mano – Noooooo – repitió moviendo su dedo índice para los costados – No puedo estar feliz porque ahora lo único que tengo en mi cabeza es la cara de decepción que puso Rachel cuando se enteró de mis intenciones – esa cara la había perseguido desde que se separó de la morena - ¿Por qué carajo no me pude enamorar de alguien sin moral, de alguien sin escrúpulos como… como… - la empresaria giraba las hojas de la revista con velocidad - ¡Amanda Bynes! - les mostró la revista a todas y todas coincidieron en la elección - ¿Por qué carajo no me enamore de alguien que lo único que le importe es el dinero o la ostentosidad o el lujo? – Siguió – A Mark no le hubiera importado que me adueñara de la joyería ¿Cierto?...

- Probablemente ya hubiera abierto una cuenta corriente para el – agregó Santana

- ¡EXACTO! – Quinn estuvo de acuerdo - ¡A eso es lo que me refiero! O, o, o…. O tal vez alguien como Puck. Él hubiera sido perfecto. Probablemente fuera a visitarme todos los días para ver que vendedora puede levantarse o que negocio trucho puede levantar…

- Probablemente lideraría el mercado de joyas falsas – Opinó Judy que no se guardó su poca simpatía por el muchacho.

- ¡ESO ES LO QUE YO PIENSO! – Quinn no podía estar más de acuerdo y se paró de un salto para resaltar su punto. Caminaba de un lado al otro siendo seguida por la vista de su madre y de sus amigas – PERO NOOOOO… NOOOO… NO – Se puso un dedo en el pecho – ¿Qué tuvo que hacer Quinn Fabray? – Soltó una enorme carcajada que hizo que Santana y Brittany se miraran preocupadas - Yo, Quinn Fabray, tuve que venir a enamorarme de la mujer con el corazón más grande del planeta entero. Me enamoré de la persona con el alma más grande del mundo y con la moral más grande de la tierra… Y no quiero chistes sobre otras cosas grandes que tiene – advirtió antes de que Santana agarrara su celular o que hiciera algún comentario de los suyos – Me tuve que enamorar de una mujer a la que no le importa la plata, no le importan las apariencias, no le importan los negocios, ni el lujo, ni el status, ni nada que este puto mundo materialista ofrezca. Rachel no miente, no hace trampa, no engaña, no hace nada malo – dijo furiosa – Rachel solo quiere que Julian, su "amiga" – agregó las comillas con sus dedos – no se ponga triste porque su malvada novia le va a quitar su pasión, la misma pasión que ella pone en sus tatuajes, tatuajes que le dan dinero pero que a ella no le importa y que encima su malvada novia la estaba obligando a dejar de hacerlos. – Quinn se sacó todo lo que tenía adentro de un solo respiro de tal forma que cuando terminó le costó recuperar el ritmo normal de respiración.

Apenas se desplomó sobre la silla puso su cabeza entre sus manos mientras su madre acariciaba su espalda. El pequeño lugar donde estaban sentadas hizo un silencio absoluto, ni siquiera la manicura había podido seguir limando las uñas de Britt.

- Mami – Beth llegaba con su cabeza rubia llena de pequeños ruleros y un gran cobertor color bordó en su delantera que evitaba que se manchara su ropa o se llenara de pelos propios o ajenos.

Apenas Quinn escuchó la voz de su hija levantó la cabeza con una sonrisa enorme, nadie se sorprendió del cambio de actitud, al contrario, todas sabían lo que Beth causaba en Quinn – Dime tesoro – la empresaria la subió a sus piernas de inmediato.

La pequeña se acomodó en las piernas de Quinn y torciendo su cabeza muy a lo Rachel, lo que hizo el corazón de Quinn latir más fuerte, miró a su madre para luego preguntar - ¿Tu también… tu… tu… tu también te vas a hacel…

- Hacerrrr – la corrigió Quinn como siempre

La pequeña asintió rápidamente - ¿Tu también te vas a hacerrrrr ondas como yo? – preguntó enfocada en la cabeza envuelta de su madre.

Quinn asintió – No tantas como tu, pero alguna que otra si. – Le dijo sonriente – Yo me voy a cambiar el color de pelo. Voy a volver al que tenía antes – explicó

La pequeña abrió grande los ojitos - ¿El que tenías antes? – Judy se rio por la cara pensativa de su nieta - ¿Cómo el mío? – preguntó de vuelta la pequeña señalando su cabeza.

Quinn volvió a asentir – Si cariño, como el tuyo. Vuelvo a ser rubia como tu – agregó.

La pequeña sonrió contenta – ¿Tu clees, tu crrrees… – se corrigió antes de que la corrigieran -… crees que a mami Rach le va a gustal… gustarrr? – preguntó la pequeña señalando su propio cabello primero y después la cabeza de su madre.

La empresaria giró sus ojos y mientras Santana chistaba por la pregunta Judy sonreía. Beth siempre tan enamorada de su morena madre – Tesoro, a Rachel le gusta todo lo que nosotras nos hagamos – le afirmó no muy segura de como su novia iba a tomar su nuevo cambio de look después de haber visto cómo reaccionó al pelirrojo.

Beth soltó un suspiro dramático que hizo que las cinco mujeres presentes se derritieran. La pequeña se tiró sobre el pecho de Quinn y la empresaria aprovechó para abrazarla y acariciarle la espalda.

Después de unos segundos habló - ¿La tenemos bobita cielto? – Quinn dejó pasar el error en la palabra porque la risa le salió antes – A mami Rachie le gusta todo porrrque la tenemos bobita – completó la pequeña creando más risas a su alrededor

- Esta hermosura lo tiene más claro que tu hija – interrumpió Judy acariciando la mejilla de su nieta.

- Mami… - Beth se reincorporó rápidamente acordándose de porque había salido del salón de niños para buscar a su madre – Tengo un poco de hambrrre – se esforzó por decir.

Todas las adultas se miraron y giraron los ojos. Beth nunca decía que tenía hambre. Al igual que Rachel los ruidos de sus estómagos las delataban y prácticamente había que forzarlas a ambas para que comieran.

- Beth – Santana giró los ojos y le habló suave a la niña – ¿De verdad tienes hambre o Sophie te mando? – le preguntó sabiendo que al igual que su otra madre a la pequeña no se le daba muy bien la mentira.

- Eeeee… - Beth empezó a ponerse nerviosa tal cual Rachel lo hacía – Yo… yo tengo un poquito de hambrrrle y… Sophie… Sophie… a Sophie se le telminalon las galletas entonces… entonces ella me dijo que… que… pelo le plometí que no iba a decil que ella me mandaba – los nervios la hacían olvidarse de que tenía que corregir sus palabras.

- ¡O Dios! – Santana no necesitaba más – En serio Britt – la bailarina reía animada – Esa niña va a ser una bola gigante – le dijo – No se que vamos a hacer con ella, nos va a terminar comiendo a todos - exageró

- No seas mala Sanny – la calmó Britt

- Beth cariño – Judy habló – Dile a Sophie que en unos minutos terminamos aquí y nos vamos a comer lo que ustedes quieran – anunció.

La pequeña se bajó de su madre y corrió con una enorme sonrisa para el salón de niños.

- ¿Qué? – después de que se aseguró de que Beth estaba de vuelta sentada en su lugar, Quinn se encontró con la mirada de su madre sobre ella.

- La niña la tiene más clara que tu Quinnie – le afirmó la mujer – Tienes embobada a Rachel y lo sabes, no se qué te preocupa tanto – le dijo – En vez de estar disfrutando con tu madre y amiga del sábado de chicas llevas horas buscándole algún defecto a esa pobre chica cuando tu eres la celosa – justificó con razón Judy

- No es cierto…

- Si lo es – Judy la interrumpió sin dejar lugar a dudas – Y déjame decirte algo Quinn y ustedes dos que hoy tienen su primera cita también van a escuchar - San y Britt la miraron con atención – Si Rachel y tu piensan que por cada pelean que tengan o por cada mujer u hombre que se les insinúen lo mejor es alejarse de la otra, van por el camino equivocado – espetó – No es así como funciona una pareja...

- Rachel y yo no somos una pareja normal mamá – eso todo el mundo lo sabía

Judy asintió – Lo se hija mía – habló más suave esta vez – Pero son una pareja al fin y tal cual lo dice su significado las cosas se solucionan de a dos, se hablan de a dos, todo es de a dos. Tu padre y yo nos hemos manejado así siempre y nos ha dado muy buenos resultados asique en vez de estar refunfuñando por lo bajo y preocupándote de más y arruinando el día que por fin puedo sacarme de encima al pesado de tu padre…

- Creí que las cosas se hacían de a dos – le dijo Quinn burlonamente

- Que ame a tu padre con todo mi corazón no quiere decir que no necesite un respiro de vez en cuando Quinnie – le aclaró Judy que siguió con su revista como si nada.

- Aun así me preocupa la defensa constante de mi novia hacia esa tipa – Quinn se cruzó de brazos.

- ¿Te preocupa que la perra de las joyas te la quite o no te gusta que Rachel piense que estás destrozando la empresa de su amiga?– agregó Santana ofuscando aún más a su socia

- ¿Creen que Julian esté detrás de Rachel? – preguntó Brittany evitando una nueva discusión entre Santana y Quinn

Quinn giró los ojos – Estoy segura de eso – afirmó – La cara que tenía cuando la vio en el vestíbulo el día que fuimos a hablar con su padre, es la misma cara de estúpida que ponen todas las mujeres cuando miran a mi novia – agregó.

- Se la quería comer con condimento y todo – opinó la latina – Pero no te preocupes Quinn, con este contrato la tenemos agarrada de su brillante diamante – la cara que puso su socia no le gustó para nada - ¿Quinn? – La latina le apuntó con el dedo - No quiero ni pensar que vas a frenar esto por lo que dijo la rarita ¿me oyes? – se anticipó

- ¿Lo estás pensando Quinnie? – su madre también había visto la cara de su hija.

Quinn sacudió la cabeza – No, no, claro que no – repitió – No hay nada más que quiera que aplastar a esa engreída mujer – afirmó tratando de no parecer insegura. La pronto por ser rubia no supo porque instintivamente se llevó las manos a su estómago apenas pensó en Rachel – Es solo que extraño a Rachel – confesó – Tal vez no debí dejar que papá se la llevara a jugar al golf y debí insistir para que viniera con nosotras…

- No creo que a la rari le interese mucho el shopping Q, a no ser que quiera comprarse un nuevo freezer para poner más cadáveres o algo así – las teorías de Santana nunca se acababan.

- Además – Judy saltó - ¿Quién te dijo que se iban a jugar al golf? – Judy había agarrado otra revista y la estaba ojeando desinteresadamente

- Bueno eso supuse que hace papá los sábados a la tarde con sus amigos cuando tu huyes de él – para Quinn era eso o juntarse en el club a discutir sobre cosas que solo a los hombres les interesaba

Judy soltó una carcajada que despertó la curiosidad de las tres chicas y más aún cuando la madura mujer siguió riendo y diciendo cosas por lo bajo – Mamá… - A Quinn algo le daba mala espina – Mamá… ¿Qué hace papá los sábados a la tarde mientras tu estas aquí o de shopping? – preguntó curiosa mientras erguía su espalda.

- Bueno Quinnie…

En algún lugar de Los Ángeles

- ¡Vamos Rachel anímate! – Russel le dio una palmada en la espalda a la chica tan fuerte que la morena casi se traga el sorbete con el que estaba tomando su gaseosa.

- ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! – no se tragó el sorbete pero si todo el líquido que tenía en la boca se fue por un conducto que no era el correcto.

- Bueno ya… ya… tampoco te pegué tan fuerte – Russel se disculpaba dándole palmadas más suaves para tratar de reanimarla.

- Además Russel tiene razón muchacha – uno de los cuatro amigos que acompañaban a Russel habló. Su nombre era Henry y era el único solterón del grupo – Tienes que animarte – aconsejó - ¡Mira! - señaló el lugar repleto de mujeres con poca ropa que pasan sirviendo cerca de ellos o que bailaban en las tarimas o en caños – Esto es el paraíso – dijo

- ¡SALUD! ¡POR EL PARAISO! – Otro de los hombres, al que Russel le había presentado a Rachel como Mario y que ya tenía a una de las chicas sentadas en su rodilla, levantó su cerveza para brindar y el resto lo imitaron.

Al contrario de los otros cinco hombres animados, Rachel no levantó su vaso, solo siguió mirando al piso. La tatuadora estaba sentada en si silla posición de indio con ambos brazos apoyados uno en la mesa y así aprovechaba a tomar su gaseosa acercando solo su cabeza al sorbete.

- Russel nos dijiste que a la novia de tu hija le gustaban las mujeres – dijo Henry mirando el poco entusiasmo de la chica por la belleza que la rodeaba.

- Y le gustan, pero antes de venir se peleó con mi Quinnie y eso la dejó toda apapuchada a la pobre. Es que cuando te agarran las mujeres Fabray no te recuperas fácilmente – hablaban como si la chica no estuviera presente.

- Jovencita – otro de los hombres habló – Déjame decirte algo de las mujeres…

- Aquí vamos de nuevo – al parecer el tipo ya tenía cansado a sus amigos con sus consejos, porque todos giraron los ojos al mismo tiempo que bebieron de sus cervezas.

- Jovencita… - el hombre no les dio importancia a los comentarios de sus amigos - …las mujeres son como las olas, detrás de otra siempre viene una mejor – finalizó

Russel giró los ojos – Mario eso lo dices porque tú te has divorciado cuatro veces ya y cada vez que lo haces te buscas una más joven que la otra… ¿Cuántos años tenía la última? El otro día me pareció que la vi saliendo de la universidad – Viejo verde el amigo de Russel

- Y estoy a punto de cambiarla de nuevo – los ojos del hombre estaban sobre la mujer que bailaba sobre una tarima cerca de su mesa solo con una fina tanga roja en su cola.

- Quinn no es una ola – la voz de Rachel por fin se hacía notar entre la música provocativa que sonaba y las risas del grupo. Pero cuando tuvo los cinco pares de ojos encima se puso nerviosa de vuelta – Quinn… Quinn es… es… Quinn es todo el océano entero para mí. Quinn es todos los mares del mundo y si encontraran agua en otros mundos también eso sería para mí – finalizó segura de lo que estaba diciendo

Cuatro hombres la miraban sorprendidos y uno orgulloso, obviamente este último era el padre de su novia

- ¡Aaaa! – el más viejo de la mesa suspiró – El amor joven, cuanto lo extraño – dijo sabiamente – Daría lo que fuera para poder volver el tiempo atrás y poder revivir la primera vez que mi Lidia y yo hicimos el amor en mi Dodge en el autocine – recordó

- Arthur por favor no empieces con…

- ¿Lidia es… es su mujer? – interrumpió Rachel

El hombre miró a la morena – Era. Lidia era mi mujer. Murió hace ya varios años, pero mi Lidia era todo para mi, después de ella nunca pude encontrar otra que me amara de la misma forma que ella lo hacía – agregó apoyando los codos sobre la mesa debatido.

- No, no, no Arthur, te prohíbo que te pongas así… necesitas otro baile… ¿Dónde se metió la pelirroja que tanto te gusta? – Mario chasqueaba sus dedos para tratar de hacer aparecer una bailarina.

- Eso es Quinn para mi – dijo la morena – Quinn es mi todo. Quinn, Beth y mi bebé son mi todo. – dijo antes de tomar un sorbo de su bebida para después volver a hablar – Pero ahora Quinn…está… está… está enojada conmigo y….y… la mayoría del tiempo está enojada conmigo por mi culpa porque…porque yo no se… yo no se… yo no se cómo comportarme para ella… ¡Soy una bruta! – enfatizó esto último con un golpe en su frente.

- ¡O Dios! Mi mujer me dice exactamente lo mismo – acotó otro de los hombres que tenía una prominente barriga y una reluciente calva y que al igual que el viudo estaba disfrutando de que una sexy bailarina se contorneara sobre sus piernas – Cinthia siempre me dice "Horacio… no sirves para nada, eres un inútil, ni siquiera sabes cómo tocar mis tetas" – el hombre imitó a su esposa.

- Eso es porque siempre que venimos aquí nunca nos dejan tocar – se quejó el más joven de los hombres que al igual que sus dos amigos tenía un par de pechos bailando en su cara. Los únicos que no tenían mujeres en sus piernas eran Russel y Rachel.

- Y por eso es que dejo que ella se deleite con jardineros musculosos o personal trainers que la entretienen, no me molesta, yo no estoy para esos trotes ya – dijo el barrigón mirando a Rachel por el costado de la bailarina

Rachel lo miro con su ceño fruncido – Yo… yo no podría… no podrá aguantar que Quinn miré a otro u otra – el solo hecho de pensarlo la hacía apretar sus puños fuertes y le llenaba el pecho de rabia - Rachel sacudió la cabeza para sacarse esos feos pensamientos y luego se levantó de hombros mientras seguía mirando a la mesa y a su gaseosa – Yo… yo… Golpee a unos de sus amigos… le di un fuerte golpe en la cara… creo que se llama Puck o algo así. Lo golpee porque bailaba con ella y la miraba… la miraba con cara de baboso…

- Detesto a ese tipo – agregó Russel levantando su mano para que Rachel le chocara los cinco.

Rachel asintió de acuerdo con el sentimiento y no dudó en hacer lo que la mano del hombre proponía – Y antes también había golpeado a…a… su ex novio – Russel sonrió y le dio una palmada de agradecimiento recordando el golpe de Rachel a Mark y volvió a poner la palma abierta para recibir el choque de Rachel. La morena entusiasmada por la aprobación de su suegro siguió – Y antes había amenazado a uno de sus amigos... a Kurt – levantó su mano para recibir el choque de Russel, pero nunca llegó.

- ¿Golpeaste a Kurt? ¿Por qué? Ese muchacho es incapaz de hacerle daño a alguien – le dijo Russel reprobando la actitud de Rachel

- Bueno yo… yo… porque… porque… pensé que… bueno eso no importa – Kurt no le caía mal a Russel y en la cara del hombre Rachel lo pudo ver asique salió del tema inmediatamente – Quinn dice que ella tiene muchos… muchos amigos y que me tengo que acostumbrar y esas cosas – Rachel agitó la cabeza – Yo no se cómo… como lo voy a hacer… No se como voy a aprender a comportarme para ella – soltó un suspiro abatido.

- Jovencita si quieres mi consejo ahí va… - otras vez todos sus amigos giraban los ojos – No dejes que las mujeres dictaminen tu vida – le dijo – SI ellas quieren azul tu dales rojo. Si quieren guerra dales paz. Si quieren que las cojas duro hazle el amor suavemente. A mi siempre me funciona – dijo

- No es cierto Mario, no te funciona – lo corrigió Arthur - Tu última mujer te dejó porque no sabías darle lo que ella quería. Se fue con el dueño de la inmobiliaria ese que le daba azul cuando ella quería, le daba guerra y se la cogía duro – Todos los hombres rieron, el tipo se creía un experto en mujeres y para nada lo era – Ahora contéstame una pregunta Rachel – Miró a la morena - ¿Amas a la señorita Fabray? – le preguntó

- La amo – Los ojos de Rachel se iluminaron con un brillo que solo pensar en Quinn le generaba – La amo mucho. La amo tanto que tengo miedo de no poder hacerla feliz – dijo con tanta pasión que hasta las bailarinas que estaban cerca se frenaron para mirarla.

- No seas tan dura contigo misma Rachel – la calmó Russel ignorando a sus amigos – Es difícil cumplirle todos los caprichos a mi hija, te lo dice alguien que lleva tratando con tres mujeres demandantes de por vida y dos de ellas llevan el apellido Fabray – Quinn y Frannie obviamente.

- ¡Pero yo quiero hacerlo! – aseguró la morena golpeándola mesa y parándose en su lugar de manera que en este momento estaba en el medio de dos bailarinas que se contorneaban enfrente de los hombres – Yo quiero… yo quiero… yo quiero darle todos sus caprichos. Es mi deber como su novia, como su futura mujer – dijo con su puño cerrado – Si Quinn quiere la luna, yo tengo que… tengo que conseguir los materiales, construir un cohete y traerle la luna. Si Quinn quiere que luche con gigantes, gladiadores, monstruos o bestias, tengo que… tengo que encontrar la forma de meterme en las historias que ella le lee a Beth para hacerlo. Si Quinn quiere que yo … que yo no le rompa la cara nunca más a ninguno de sus amigos mientras ella baila o mientras le miran la cola o… - cada cosa que pensaba le daba más rabia – o lo que sea… tengo que atarme o encadenarme a un caño como ese – señaló el caño de la bailarina y aguantármela. Tengo que comportarme como ella quiere que lo haga – apuntó severamente.

Russel miró a la morena con ternura – Pues déjame decirte que estando cerca de Julian Tiffany no vas a lograr que Quinn no se enoje contigo – le dijo el hombre haciendo que Rachel lo mirara pensativa.

La morena torció la cabeza y miró al hombre con su boca abierta – Pero… pero… Julian es mi amiga… Ella me ayudó mucho cuando… bueno cuando Quinn y yo estuvimos separadas. Me… Julian me sacó del hospital el día del callejón… – recordó avergonzada una de las tantas peleas que había tenido durante el mes que Quinn la dejó - …y… y… ella me dijo que… ella me dijo que no bajara los brazos que Quinn iba a darme otra oportunidad y ella… ella me prestó la ropa para venir a Los Ángeles – la morena levantó sus hombros – Julian es buena conmigo. Es mi amiga – concluyó - ¿Por qué… por qué Julian y Quinn no se quieren? – para la tatuadora dos maravillosas personas como Quinn y su amiga se tenían que querer, era un pecado sino lo hacían.

- Eso deberías charlarlo con mi hija, Rachel – Russel no quería meterse donde no lo llaman.

- Tal vez deberías ponerle la misma cara que tienes ahora a tu novia – le dijo uno de los hombres cuando vio como dos de las dos bailarinas no le estaban prestando mucha atención al baile por mirar y escuchar a la morena – Estas volviendo loca a estas mujeres - agregó

Rachel levantó la vista y apenas cayó en la cuenta que una mujer de pechos desnudo estaba sonriéndole la bajó de inmediato y se tapó los ojos con su mano. Esta vez su cara estaba completamente roja

- Vamos jovencita, mirar un poco no te va a hacer mal – le dijo uno de ellos

Rachel agitó la cabeza – Lo siento… pero… son chicas muy lindas pero yo solo quiero mirar a Quinn – les dijo

- Lo dice porque tu estás aquí Russel – dijo Mario – Aunque al otro chico… ¿Cómo se llamaba?..

- Mark – dijo Russel de mala gana

- Ese. Aunque a ese no le importaba que tu estuvieras parece que a Rachel sí – dijo

Russel rió – No, ella es así – sacudió la cabeza de la morena – Y por eso me cae tan bien – le pegó una palmada en la espalda de manera que la mano de Rachel se movió de su cara – Anda muchacha mira un poco, aunque sea espía por tus dedos, no vas a engañar a Quinn por mirar – Rachel torció al cabeza y abrió los dedos de la mano que tapaban sus ojos para enfocarse en la bailarina que tenía más cercana.

De repente la chica bajó la mano y se quedó mirando fijamente el muslo de la mujer.

Russel y los demás se quedaron esperando la reacción – Aaaa, con que eres una chica de piernas…

- Mhhh… – Rachel carraspeó y miró a la chica que mientras bailaba miraba a la morena atentamente - Disculpe señorita… eee… usted… Usted nunca… Usted nunca ha pensado en hacerse un tatuaje en su muslo. Tiene un lienzo perfecto – le dijo nerviosa.

La bailarina giró y empezó a sacudir su cola enfrente del hombro – A decir verdad… - la chica respondió – siempre he querido hacerme una chica calendario, una bailarina exótica como yo – le dijo – Pero nunca he tenido la oportunidad… - la stripper se fijó en Rachel con más detalle - ¿Eres tatuadora? – preguntó

- Una de las mejores del país – Russel saltó por ella y se dio vuelta para levantar su camisa y mostrar lo que Rachel había hecho en su espalda

- ¿Eso lo hiciste tu? – le preguntó la chica señalando el dibujo del hombre

La morena se había quedado mirando con detalle pero asintió de todos modos – Tal vez… tendría… debería repasar la oreja del oso – se dijo para si misma.

- Por Dios Russel bájate la camisa que estás espantando a todas las chicas – le dijo el soltero

- Es increíble – la bailarina felicitó a una Rachel pensativa que no se podía perdonar el error que había cometido en la oreja del animal - ¿Crees que podrías hacerlo? Digo… en mi pierna como tu dijiste – Ante la propuesta la morena volvió a mirar su futuro lienzo y asintió con su cara de idea. Podía imaginarse el tatuaje a la perfección.

- Oye…. – Henry llamó la atención de Russel - ¿Crees que a tu hija le va a agradar la idea de esta jovencita tatuando strippers?

- Bueno…

De vuelta en el centro comercial

- ¡No puedo creerlo madre! ¡No puedo creerlo! ¡Esto es tú culpa! ¡Tú culpa y solo tuya! – Tres de las mayores estaban sentadas en un Mac Donald del lugar mientras las dos pequeñas jugaban en los laberintos y esas cosas. Mientras esperaban que Santana llegara a la mesa con la comida, Quinn seguía culpando a su madre de que su novia estuviera deleitándose de mujeres desnudas junto a su padre.

- Tu padre es el que lleva a tu futura esposa a las strippers y yo soy la culpable de todo – se defendió Judy

Quinn miró a su madre con furia y le mostró su mano - ¿Ves anillo aquí madre? ¿Lo ves?...

- No pero…

- ¡Exacto! No hay anillo y si lo hubiera te puedo asegurar que se lo haría tragar apenas la viera por haber ido con papá – le dijo enojada – Además, si es tu culpa. Es tu culpa porque se supone que no puedes dejar que papá vaya a esos lugares y mucho menos con MI novia y encima no me quieres decir donde carajo están para ir a buscarla – enfatizó.

Judy giró los ojos – Por favor Quinnie, como si yo supiera todos los lugares donde hay mujeres que bailan por dinero – le aclaró – Deja que Rachel se divierta un poco –agregó

- ¿Estás insinuando que conmigo se aburre? – nada la calmaba

- No, para nada – le aclaró – Solo digo, que a los hombres y en este caso a Rachel también, les hace bien salir a fraternizar con sus amigos y hablar de cosas que a nosotras no nos interesan como del tamaño del pecho de alguna mujer o la forma de la cola de otra. Y además ver esas mujeres les ayuda a levantar algunas cosas – apuntó con su dedo al cielo – No se si me entiendes – Quinn giró los ojos ante la poca sutileza de su madre

- Escuchen esto… - Santana llegaba con una bandeja llena de comida - elgranrarón dice "Estoy ¡PUM! Para arriba. De esta no me baja nadie" O Dios Mika es genial… - las tres tuvieron que aguantar la carcajada antes de que Quinn les tirara la bandeja por la cabeza.

- ¡COMIDA! – Sophie y Beth llegaron a aliviar tensiones

- ¿Me trajiste la hamburguesa doble? – preguntó la pequeña sentándose en la mesa

- Si – contestó su madre latina

- ¿Con las papás y gaseosa grande?

- También – respondió Santana mientras Britt se encargaba de limpiar con una toallita húmeda las manitos de la pequeña y de Beth – Y también los condimentos que pediste niña glotona – se burló Santana

- ¡Oye! La hermana…

- Si, si, si. Ya se que la hermana Ana dice que está en crecimiento – la interrumpió Santana – Vamos a ver que dice la hermana Ana cuando vea crecer el resumen de mi tarjeta por culpa de todas las cosas que te compraste hoy – la latina señaló una mesa que estaba llena de bolsas de compras.

Lejos de intimidarse Sophie se cruzó de brazos y miró sus uñas – Tu dijiste que podía comprarse lo que me gustara – le recordó

- SI pero nunca pensé que te gustaran tantos pares de zapatos…

- Sanny deja a la niña tranquila que la mitad de bolsas que están ahí son tuyas – apuntó Brittany

Sophie le sacó la lengua a su madre y se dedicó a comer.

- ¿Estás bien mamá? – Beth estaba sentada sobre su abuela mientras con su bracito estirado esperaba a que Quinn terminara de ponerle su insulina.

Quinn le sonrió – Siempre estoy bien cuando estoy contigo tesoro – le dijo besando el lugar donde había pinchado.

Beth se acercó a su madre y besó su mejilla – Yo también extlaño… extrrraño a mami Rach – la pequeña le había adivinado el sentimiento.

- Quinnie… - Britt la llamó – Estoy segura de que Rachel no tiene ni una sola bailarina cerca, tranquila – la calmó

- Ojala Britt, ojalá – con un último suspiro empezó con su ensalada.

En el bar de strippers

En una abrir y cerrar de ojos, la morena estaba rodeada de mujeres que trabajaban en el local. Una por una de las chicas que habían decidido tatuarse con Rachel pasaba por ella para contarle lo que querían y en donde lo querían. Los cinco hombres que la habían acompañado miraban con sus codos apoyados sobre la mesa como Rachel tomaba medidas con un centímetro que le habían prestado y como explicaba emocionada lo que quería hacerle a cada uno de sus lienzos mientras las bailarinas la miraba y le prestaban atención emocionada.

- Que sea la última vez que la traes con nosotros Russel – le advirtió uno de sus amigos más ofuscados por la falta de atención de las strippers.

- No te preocupes, que por el mensaje que acabo de recibir de Judy no creo que Quinn quiera que salga conmigo nunca más… - la carcajada de Arthur lo agarró por sorpresa.

- ¿De qué te ríes? ¿Te parece gracioso que nos hayan dejado plantada mujeres a las que encima les pagamos por estar encima de nosotros? – preguntó Mario

Arthur siguió riendo y señaló a la morena – Pensar que hace una hora las miraba entre sus dedos y ahora las tiene agarrada por la cola – Miraron como Rachel dibujaba sobre un papel blanco usando como mesa la cola de una de las mujeres.

- Idiota – murmuraron todos.

- Aaaaa – suspiraron todos

- La juventud – agregó Arthur

Más tarde en la casa de los señores Fabray

Russel y Rachel entraron a la casa con toda la intención de cada uno ir en busca de su mujer. Russel porque quería aprovechar el momento en que su amigo estaba levantado sin necesidad de la pastillita y Rachel porque quería hablar inmediatamente con su novia. Lástima que Santana tenía otros planes

- ¡RARI! Menos mal que llegaste – parecía que la latina la estaba esperando porque apenas la vio entrar la agarró y la llevó para el cuarto de invitados que estaba usando de habitación

- Santana… necesito… quiero… Quinn… - Rachel quería decirle que necesitaba ir a ver a Quinn urgente

- Si, si, si… Entiendo que el rarón debe estar desesperado por Quinn pero lo mío es urgente – Santana entró a la habitación y dejó que Rachel se sentara en la cama

La morena torció su cabeza y frunció su ceño – No es por… no es eso… Quiero hablar con ella porque…

- ¡RARI! – Santana la cayó – Se que tu y Quinn tienen sus rariproblemas y necesitan sus raricharlas, pero ahora mismo yo necesito un rariconsejo porque sino voy a morirme y tu vas poder cumplir tu sueño de llevarme a uno de tus freezer ocultos – apenas vio que Rachel iba a abrir su boca – ¡No te atreves a negarlo! Se que tarde o temprano voy a descubrir que eres una psicópata asesina serial y nadie me lo va a sacar de la cabeza. Ahora… - yendo al grano Santana empezó a sacar cosas de las bolsas que había comprado mientras Rachel balanceaba sus pies desde su asiento

La latina agarró un vestido negro muy corto pero con mangas largas en una mano y un vestido azul corto también pero con mangas cortas en otro – Para mi cita con Britt esta noche… ¿Este o este? – cada palabra mostró un vestido

Rachel torció su cabeza y se enfocó en las dos prendas por un rato - ¿Tienes… tu… tu… tienes una cita con Britt? – Santana giró los ojos

- ¡RARI! – la retó – No te estás concentrando – le dijo - ¿Este o este? – estaba realmente desesperada

Rachel se volvió a enfocar en la ropa – Eee… eee… eee…

Santana volvió a girar los ojos – Ya se – dijo para después rápidamente sacarse el vestido de día que tenía puesto y quedarse solo con su pequeña tanga enfrente de la morena. Rachel no tuvo tiempo ni de taparse los ojos que Santana ya tenía puesto el vestido negro.

- Ahora sí… ¿Cuál vestido te la pone más dura? – las erecciones de Rachel eran como un rarirometro para la latina – Este… - giró sobre si misma mostrando el elegante vestido negro – O… - Esta vez Rachel si alcanzó a taparse los ojos antes de que Santana se sacara ese vestido y se pusiera el azul – O este… ¡RARI! ¡ABRE LOS OJOS POR EL AMOR DE DIOS! – El grito de Santana hizo que Rachel se despabilara - ¿Cuál te gusta más? – preguntó de nuevo la latina

- Eeeee… - Rachel aun no caía - ¿El negro? – respondió preguntando

- ¡Perfecto! ¡Lo mismo opino yo! – concluyó Santana volviendo a desnudarse pero esta vez se quedó así

Rachel se paró de la cama con sus ojos tapados y atinó a caminar hacia la salida - ¿A dónde vas rari? Todavía no terminamos – la frenó y la volvió a sentar en su lugar

- ¿Podrías ponerte… podrías ponerte… - por más que los pechos de Santana sean muy lindos a Rachel la incomodaban – Tus pechos son… son bonitos pero…

- ¡Deja de interrumpirme rari! – Santana quería pasar a lo siguiente. Rachel agachó su cabeza evitando mirar directo al pecho de la mujer y esperó a que Santana hablara – Bien, esto es lo que tengo pensado decirle a Brittany esta noche…

Más tarde en el jardín

- ¡RACHIE! – Beth fue la primera que vio salir a la morena al jardín y salió corriendo hacia ella.

Rachel pensó que Beth se iba a tirar sobre ella, pero la rubiecita se frenó muy cerca - ¿Te gusta mi pelo? – le preguntó sacudiendo sus pequeños rizos rubios – Me hice… me hice ondas con volumen – explicó recordando lo que le había dicho el peluquero.

La tatuadora se agachó al nivel de la pequeña – Estás… estás hermosa Titi – le dijo

- También… también tengo vestido nuevo – la pequeña empezó a girar en su lugar tal cual lo había hecho Santana hace un rato atrás – Y zapatos nuevos – se frenó y mostró sus pequeños zapatitos negros de hebilla.

Rachel sonrió y agarró la manito de la pequeña – A ver la modelo como da una vueltita – dijo haciendo girar a la pequeña

- Por fin apareciste – las risas de ambas fueron interrumpidas por el frio tono de Quinn – Papá llegó hace rato y ya está con mamá vaya a saber haciendo que cosa – giró los ojos la empresaria sin querer pensar donde y exactamente que estaban haciendo sus padres.

- Lo siento… lo… - petrificada se quedó Rachel cuando se incorporó para enfrentar a su novia.

- ¡MAMI! – Sophie le gritaba a Britt desde la pileta – TENÍAS RAZON. RACHI SE QUEDO ESTUPIDA MIRANDO A QUINN – explicó la lanita

Santana salía al jardín y agarraba la mano de Beth – Ven pequeña, no quiero que se te pegue lo raro – ambas se fueron con Britt y Sophie a la pileta.

- Quinn... estás… estás…

La rubia se tuvo que morder el labio para evitar que la sonrisa se le saliera. La reacción de Rachel era monumental - ¿Dónde estabas? – le preguntó con su careta puesta

Rachel se concentró en los ojos de Quinn - ¿Avestrucito? – preguntó sintiendo la necesidad de esconderse en el cuello de su novia.

Quinn levantó su cejas – Nada de avestrucito ni de nada – le dijo – Contéstame la pregunta – insistió

Rachel agachó la cabeza y con una de sus manos se rascó el cuello – Tu papá… y… tu papá y sus amigos me llevaron a un lugar de esos… de esos que las chicas bailan como baila Britt pero… pero con poca ropa – era un decir porque en realidad estaban casi desnudas – Y cuando llegamos… cuando… cuando… Santana me… me… - Rachel no sabía como explicar lo que había pasado en ese momento, fue todo muy rápido – Tiene una cita con Britt – dijo mirando a Quinn con una sonrisa y esperando a que la empresaria le respondiera con otra pero no fue el caso, Quinn seguía con la misma mirada dura de antes. La morena volvió a agachar la cabeza

- ¿Eran lindas? – de repente preguntó haciendo que Rachel la mirara confundida.

- ¿Lindas? – preguntó la morena

- Las chicas que bailaban ¿eran lindas? – preguntó de nuevo

Rachel torció su cabeza y abrió la boca tratando de recordar a las mujeres con las que había estado hablando sobre tatuajes, pero lo único que se le venía a la mente eran las ideas que tenía para cada una – Había una muy alta que… era morocha creo… y quiere… quiere todo una rama de rosas con flores marchitas y con muchas pero muchas espinas. Quiere que vaya desde acá – se tocó debajo de su axila – Hasta acá – Lledó a su muslo derecho muy entusiasmada, tenía muchas ganas de empezar con ese dibujo – Me llamó la atención lo de las flores marchitas…Y otra que… otra quería un búho… - puso cara de nada – He hecho mucho y nunca… nunca me gustó hacerlos… lo quiere justo arriba del pecho porque…

- ¡BERRY! – Definitivamente volver al Berry no era nada bueno - ¡ERES DESESPERANTE! – La actual rubia dio media vuelta y volvió a la pileta con sus amigas dejando a la morena sola con sus pensamientos. Rachel no entendía que Quinn lo único que quería era que la morena le prestara atención a ella y solo ella. Quinn quería que Rachel le dijera que ninguna de las chicas era bonita y que no había mujer como ella. Lo que menos necesitaba Quinn era que Rachel le hablara con pasión acerca de otras mujeres.

Quinn llegó justo cuando Santana le estaba explicando a su hija que esta noche se tenía que quedar con Quinn y Rachel

- ¡YAYYYYY PIJAMADA! – festejó Sophie abrazando a Beth

- Se supone que nos tienes que extrañar y llorar para que no nos vayamos – le dijo Santana mientras la latina veía de lado como Rachel se sentaba cabizbaja en una de las reposeras y miraba de reojo a Quinn. Menos mal que Beth no demoró en subirse en ella para darle un poco de cariño.

- ¡Un segundo! – Parece que Sophie había reaccionado - ¿Va a haber comida cierto? – le preguntó a Quinn

Santana giró los ojos

- Por supuesto que va a… - el sonido de que alguien llamaba a la puerta de entrada la interrumpió

- ¡YO VOY! – Judy salía de la casa de la pileta toda despeinada y arreglándose la ropa - ¡YO VOY! – insistió la mujer que pasó a las chicas y entró a la casa corriendo.

- ¡MAMA! – Reaccionó Quinn para después ver salir a su padre en casi el mismo estado - ¡PAPA! – Otro grito más - ¡O DIOS! – era el día de que Quinn se la pasara agarrándose la cabeza.

- Bien ahí viejito – lo felicitó Santana.

Russel se tiró en una de las reposeras y solo sonrió

- ¿Qué estaban haciendo los abuelitos ahí mami? – le preguntó Beth a Rachel

La morena abrió los ojos enormes – Bueno… eeee… bueno… eeee… cuando… cuando dos personas sienten cosas…

- ¡RACHEL! – la frenó Quinn – NO VAMOS A TENER LA CHARLA CON NUESTRA HIJA AHORA – La morena se escondió detrás de Beth.

- ¿Están hablando de la charla que explica cómo se hacen los bebes? – Sophie habló – Porque yo aun no me creo lo que nos contó la hermana Ana acerca de la cigüeña – agregó

- ¡RARI! ¿VES LO QUE EMPEZASTE? – todo el mundo la retaba

Antes de que Quinn pudiera hablar para salvar la situación Judy volvió al jardín – Rachel, Quinn necesito que vengan conmigo de inmediato y SOLAS – la morena y Quinn se miraron y sin demora siguieron a la señora Fabray hacia la casa.

La primera que entró después de Judy fue Quinn - ¿Hermana Ana? – Se había dado de lleno con la monja - ¿Jane? ¿Shelby? – estaba todo el mundo en la sala de la casa Fabray parece - ¿Qué demonios hacen aquí… ¡O Dios!... - No pudo terminar la pregunta porque una pequeña de casi tres años muy parecida a su novia la miraba con enormes ojos marrones, la cabeza torcida, y con un conejo en su brazo - ¡RACHEEEEEL! – tenía la sensación de que ese no iba a ser el último reto del día.