Nos dejamos caer contra el césped. Para la hora que era y el lugar en el que nos encontrábamos, todavía se podía sentir bastante calor, así que la humedad del pasto ayudó a tranquilizarme. Eso, y su compañía. Estaba contenta.

- Sí. La verdad, me fue mucho mejor de lo que me imaginaba.

- ¿Y qué era lo que te imaginabas?

- Ya no lo recuerdo. Cosas absurdas. – Primero solté una leve carcajada, tratando de conservarme optimista. No duró mucho. - ¿Sabes? Quiero mucho a mi familia, pero… no sé, llega una edad en la que parece que todo se derrumba y, no importa cuánto lo intentes, no puedes cubrir todas las grietas del pasado.

- ¿Una edad?

- Bueno… eh, mi nacimiento.

- Estás exagerando. – Se sentó, mirándome directo al rostro.

- Un poco. – Dije desviando la mirada, soltando un suspiro. - No, simplemente no sé expresarme. En resumen, la relación entre mi padre y yo nunca ha sido muy buena que digamos… - Hubo un breve silencio, como si hubiera adivinado que había algo más. – No es gran cosa, Sonic. Nos llevamos muy bien, nos queremos… es sólo que él nunca quiso una hija.

- Sí, estás exagerando. – Desvió su mirada y volvió a dejarse caer contra el césped, relajado. – A mis padres les pasó al revés.

Regresé a verlo, curiosa.

- Ellos querían tener dos hijos, pero los doctores le dijeron a mi madre que ella ni siquiera podría tener uno. En fin, aquí me tienes… Lástima que ellos querían niñas.

- Oh… - No supe cómo responder a eso. – No deberían hacerse esas ilusiones, deberían aceptar lo que la naturaleza les dio… - Negó con la cabeza y puso su mano sobre mi pelo.

- Y lo hacen, Miracle. Yo sé por qué estás pensando así. – Se hincó frente a mí, sin quitar su mano de mi cabeza, me sonreía. - Escucha, no puedes cambiar lo que eres, ni deberías, ¿sabes por qué? Porque eres bastante agradable, tal y como eres. Sé que tu padre está agradecido de tenerte como hija, ¿o acaso te ha dicho lo contrario? – No respondí. No lo había hecho. Se levantó y retrocedió un par de pasos, alzando el rostro. – ¿Lo ves? Lo reconoces, estoy seguro de que te adora. Además, es un bono que seas tan tierna.

- ¿Tierna? – Dije confundida.

- ¡Sí! La primera vez que nos conocimos, yo creí que tenías trece, catorce años. – Respondió soltando una pequeña carcajada.

No pude evitar sonrojarme un poco. Me apenaba que el erizo dijera cosas tan amables sobre mi persona. Me gustaba, pero seguía siendo vergonzoso. Era alguien demasiado amigable, bueno.

– Sobre todo si sumamos tu forma de pensar. – Antes de añadir, su sonrisa desapareció por unos instantes. - Todavía piensas como una niña.

Desvié la mirada, no estaba segura de qué quería decir con eso. Sé que puedo llegar a ser algo infantil… No estaba sintiendo lástima por mí, ¿o sí? No lo hacía. En fin, por alguna razón aquellas palabras rezumbarían en mi cabeza incluso días después.

- Y dime. – Interrumpí el silencio. – ¿Cómo te fue a ti en tu misión?

No era el mejor narrando, pero la verdad me dio mucho gusto escuchar su versión del día tal y como lo hizo. Tenía un humor y una manera de ser muy agradables. Ciertamente fue mucho más interesante que la mía.

- ¡Vaya! ¡Qué cosa tan extraña! Conozco a los de su tipo, y sujetos como él no leen ni aunque sus músculos dependieran de ello. – Puse una mano tras mi cabeza y, con cierta vergüenza, añadí. – Bueno, no es como que yo alguna vez haya tocado un libro.

- Ja ja, entiendo, tampoco soy fan de leer.

- Es que requiere de tanta concentración, estarse quieto frente a un gran muro de texto, blah blah blah. – Hice un gesto ridículo, sacando la lengua y atropellando mis palabras al imitar alguna clase de texto histórico. - ¿No podrían decirlo de una manera más interesante? Me gusta más la acción. –Dije después de dejarme caer una vez más contra el césped.

- Así se habla. – Asintió, con los ojos cerrados. – Pero le hace bien a ese cabeza hueca, y respeto mucho a quienes leen. Conozco gente realmente brillante, ¿pero sabes algo? Tengo la ligera sospecha de que él lee más bien para impresionar a alguien.

- ¿Ah, sí? ¿A quién? ¿A su profesor de filosofía?

- A mi ex novia. Ella… no brillaba por su inteligencia, pero es una gran persona y es talentosa en varias cosas. A mucha gente le gusta ella.

La verdad no me gusta tocar temas como este, la gente se pone intensa cuando se habla de amor, pero si lo traen a la conversación, ni modo, quieren hablar de ello. Por eso fue que me atreví a preguntar.

- No me digas que tu ex novia era como la chica popular del colegio. ¿Acaso tú eres el chico popular en tu escuela?

- Podríamos decir que sí, pero no de la buena manera, ja ja.

- Rayos, entiendo el sentimiento. – Reí con él.

- En realidad, me hice conocido cuando nos volvimos novios, podrás imaginarte en qué clase de leyenda me convertí cuando terminé con ella. Ahora me han de odiar más que antes.

- Y ese equidna… uh, Knuckles, me imagino que era parte de ese grupo de la gente que te odia.

- ¿Qué si es parte? ¡El fundó el grupo! ¡Hasta le puso nombre! ¡"Muerte a Sonic"!

- Ja ja, ¿qué? Bueno, ahora todo tiene sentido. Él, tú, ella… están locos.

- Un poco, un poco, ja ja. Aunque, ¿sabes? Te confieso que… creo que sí estoy enloqueciendo, je je.

- Oh… … … ¿Acaso es por ella?

- ¿Amy? Bueno, no exactamente. En general, todo este tema del amor… Es… desagradablemente confuso…

- Supongo que entiendo… - No lo hacía. - ¿Se puede saber cómo es que terminaron?

- Ah, no fue gran cosa. Crees que alguien te gusta, quieres ser su novio, la conoces y te das cuenta de que en realidad no te gusta. – Y, en efecto, su tono de voz sugería un honesto desinterés. - … No me mires así, no jugué con ella. ¿Y te digo algo? No puedes sólo ocultar tantos conflictos y desentendidos con un el amor lo supera todo. Prefiero sólo ser amigos, no me gustaría que me conociera lo suficiente como para odiarme.

Hubo un largo silencio antes de que me atreviera a añadir algo más.

– Es absurdo, porque, ¿sabes? Yo creo que tú eres bastante genial, y entre más te conozco, sólo me caes mejor.

- Qué amable, Miracle. – Regresó a verme, esta vez su sonrisa era distinta, más suave, inocente. – Ojalá todos pudiéramos sobrellevar los defectos de los otros y sólo disfrutáramos de sus virtudes. El mundo sería más divertido así, ¿no crees?

- Bueno… – Pero si siempre dejamos pasar lo malo, si tratamos de perdonar lo imperdonable… Si nos tomáramos más tiempo para conocer a la gente... - ¿Sabes? No eres al único a quien odian a lo tonto.

- ¿Ah, sí?

- Shadow… A él no le importa, ¿pero me creerías que a mí sí? - Dije sentándome, con la mirada algo perdida, algo triste, abrazando mis piernas, no sabía si por el miedo que siempre me daba al pensar en él o si acaso empezaba a helar. – Sólo digo que es molesto ver que tanta gente lo deteste, aunque… no sé, pero a veces se siente como si él se esforzara por ganarse ese odio…

- No te muevas de aquí, ya vuelvo.

No sabía cuánto tiempo había pasado, si tardó o si fui yo quien se perdió, pero cuando abrí los ojos, vi una fogata frente a mí. Él se sentó al otro lado de ésta.

- Y dime, Miracle, me quedé pensando… ¿Tú tienes novio?

- No, realmente no me interesa involucrarme así con quien sea.

- ¿Cómo así?

- Bueno, no sé, simplemente no lo he pensado mucho que digamos. Esa, la posibilidad de tener novio.

-¿Pero te ha gustado alguien alguna vez, no?

- No… en realidad, no… - Pero él notó algo en mi respuesta. No mentía, sólo no estaba del todo segura. Sé que me ha gustado gente, una que otra persona, pero, entre más me gustan a mí, sé que cada vez menos les gusto yo. O agradar. Pero eso no era algo que quisiera que él supiera.

- Oye…

- ¿Mande?

- ¿Estás segura de que no te gusta Shadow?

- ¿Shadow? – Incliné mi cabeza, mirándolo con duda.

- ¿Por qué esa manera de reaccionar? – Rio. - ¿O qué? ¿Acaso se te hace feo?

- No, no, para nada… Perdón pero, ¿por qué la pregunta?

- Dejémoslo en simple curiosidad. – Y, como si algo le impidiera hablar, pasaron unos segundos antes de que añadiera. – Es sólo que siempre los veo juntos, siempre que habla de algo, es sobre ti.

- ¿De verdad? – Pregunté con gran asombro. Eso no me lo esperaba.

- Si. Bueno, no siempre son cosas buenas…

- Eso lo explica todo. – Eso sí me lo esperaba.

- Sí, pero, no lo sé. Sé me hace que es de esos sujetos que dicen una cosa y sienten otra. No sé, llámame loco, pero hay gente que traduce su cariño en odio, algo así para que los demás no sospechen, pero lo hacen más obvio.

Reí.

- Si te escuchara decir estas cosas, nos condenarías a ti y a mí.

- Sí, ja ja, pensé exactamente en lo mismo. – Acompañó mi carcajada. – Pero no deja de ser cierto. Lo creo, en verdad lo creo. Es más, yo creo que le molestaría porque sabe que es cierto… Aunque, en realidad, me hizo más sentido que hubiera algo entre tú y él por ti que por él.

- Pues ya ves que no, erizo. – Respondí con cierto aire de indignación. Una parte de mí no soportaba la idea en general. Otra parte de mi lo dejaba pasar porque, bueno, Sonic me caía bien, y no quería ser desagradable con él.

- Finalmente, creo que él tiene algo por una chica de Downhood… - Tanto su tono como su semblante habían cambiado. - Eso explicaría por qué se va tan seguido a esa ciudad, ¿no crees?

Hubo un largo silencio, no estaba segura del por qué. ¿En serio habría ido a Downhood, en momentos como estos, sólo por una chica? Realmente no me importaba, supongo que cuando tienes... bueno… tu tiempo contado, lo único que quieres hacer es aprovechar cada segundo, pero… no sé, ahora que éramos un equipo, ahora que éramos amigos… bueno, eso era lo que creía.

- Si te soy sincera, ni siquiera estoy realmente segura de qué es lo que pienso de Shadow. No sé, a veces no lo soporto, pero me agrada muchísimo. – Reí recordándolo, podía ser tan ridículo y molesto a veces, pero eso me divertía mucho. – Es un amargado, pero me hace reír, no sé, no sé cómo alguien tan amargado puede ser tan agradable. En fin, si le gusta alguien, no podemos detenerlo, ¿o sí? Y, si te soy sincera, no tienes idea de qué humor tan excelente me pondría que se encontrara a alguien que por fin lo hiciera sonreír. – Concluí alegre, con humor. No me lo esperaba, y realmente no lo creía, pero si era cierto, ya era hora.

- Supongo…

Volvimos a callarnos. Pasaron unos segundos antes de que respondiera, y todavía otros más hasta que alguien se atreviera a pronunciar palabra.

Esa fui yo.

- ¿Sabes? Yo pensaba lo mismo con respecto a ustedes dos.

- ¿Cómo? – Preguntó, confundido, regresándome a ver.

- Pues… eso, parece que te odia, pero yo sé que él te estima demasiado, más de lo que le gustaría admitir.

- Ja ja, y ahora soy yo quien no sabe de dónde te sacas eso. Ya sé que él sólo me usa para lo que sea que esté buscando.

- Claro que no. Lo creas o no, después de convivir tanto tiempo con él, llegas a conocerlo. Además… - Sugerí con cierta picardía. – Yo sé un pequeño secreto.

- Ajá…

- Y… te involucra a ti. – Añadí regresándolo a ver, con una gran sonrisa, mis ojos cerrados.

- Ahora tú estás siendo la rara. – Dijo alzando un poco la voz, retrocediendo, alejándose de mí.

- Claro que no, tú eres el que está actuando extraño. – Dije al percatarme de su exaltación, se mostraba incluso nervioso… - No debería, pero bueno, te lo diré. – Volví a sonreír de oreja a oreja, pero parecía como si, de cierta manera, él todavía se encontrara ajeno a mis palabras.

- Incluso si él necesitara de gente, todos sabemos que él no quiere eso. – Interrumpió, retrocediendo todavía más, apartándose. - Simplemente prefiere estar solo. Incluso siendo una herramienta para él, soy más un estorbo que una ayuda.

– ¿Y esos monólogos de dónde te los sacas? Cálmate. – Negué con la cabeza, optando por ignorar sus sandeces. Un momento parecía un sujeto normal, y al siguiente estaba más loco que todos. - Cuando huiste de la base de Eggman, él estaba totalmente preocupado por ti. Él decidió ir a buscarte inmediatamente. – Dije poniéndole la mayor emoción posible. Pensé que decírselo ayudaría a tranquilizarlo. Fue el efecto contrario.

- Pensé que habías sido tú.

- Deja de balbucear. – Reí. – No, claro que me preocupé por ti, pero estaba a solas con el erizo, ¡no podía pensar realmente en nada que no fuera él!

- Y apuesto a que eso era lo que querías.

Algo se veía distinto en él, pero el cambio había sido tan sutil que me di cuenta cuando ya era tarde. Seguí hablando sin chistar, realmente envuelta en el chisme.

- ¿Qué dices? ¡No, no! ¡Me mal entiendes! – Solté otra pequeña carcajada, asumiendo que bromeaba. No lo hacía. – Sonic… Shadow me da miedo, es como una pesadilla hecha realidad. No importa cuánto lo conozcas, cuánto te convenzas de que es un buen tipo, él se encuentra envuelto por un aura poderosa, un aura que emana una desconfianza e inseguridad indescriptibles, lo sabes.

No hubo respuesta, aunque por un breve instante mis palabras lo hicieron reaccionar, lo pude ver en su mirada. Pero, como dije, fue sólo por un breve instante. Una vez más su rostro se vio envuelto en amargura. Finalmente, me torné seria, tan seria como puede tornarse alguien confundido.

– Él no me gusta, ¿entiendes? Sí, bueno, me agrada, me agrada más de lo que creería que podría agradarme un amargado. Y ahora sé que le importo, pero las cosas no cambian… ¿Pero por qué rayos te estás clavando tanto en el tema? ¿O…? ¡Háblame desde el inicio! Estoy totalmente perdida, ¿de qué se trata todo esto? ¿Qué quieres saber? ¿A qué quieres llegar? ¿Qué sabes de él? O, ¿qué sabes de mí? ... ¿Quién e-?

Callé de súbito. Sentí una mano contra mi cuello, apretaba muy fuerte.

- Haces muchas preguntas.

Estaba desesperada. Su mirada, su semblante, sus ojos eran completamente distintos, peor que los suyos, peor que los de ellos. Fríos, completamente muertos.

Completamente rojos.

Su mirada, fija, llena de odio y a su vez tan ausente, era aquella mirada que ya tan bien conocía. Pero que de alguna manera había ignorado hasta ahora.

- ¿So… Sonic?

De repente, me sonrió.

Malicia.

- Si en verdad le importaras, ¿por qué te dejaría a solas conmigo?