Capítulo 36: Miedos mayores

Albus estaba nervioso. Una vez más, chequeó a través de la ventana el gran reloj que se hallaba colgando sobre la pared del andén 9 3/4. Comprobó que todavía faltaban treinta minutos para que el tren partiera. Había llegado más temprano de lo esperado.

—¿Sucede algo? —le preguntó repentinamente Rose, sacándolo de sus pensamientos. Albus giró a mirarla y fingió una sonrisa.

—No, nada —mintió. Rose alzó las cejas y sonrió divertida.

—Estás nervioso —le señaló ella, como si quisiera hacerle notar que su respuesta no coincidía con su actitud. Albus frunció los labios.

—¿Cómo crees que se lo tomarán? —soltó finalmente desplomándose sobre su asiento.

Él y Rose eran los únicos en todo el compartimiento. Los estudiantes pasaban frente al mismo y espiaban por la ventana, pero al verlos a ellos continuaban de largo. Todos sabían que el grupo de Albus Potter era lo suficientemente grande como para ocupar ese compartimiento ellos solos.

—¿A qué te refieres? ¿Al hecho de que nos has mentido y escondido información durante casi un año? ¿O al hecho de que la Rebelión de los Magos se convierte, repentinamente, en la mayor amenaza que jamás hemos vivido? —ironizó Weasley. Pero Albus empalideció ante el comentario.

—Yo no les he mentido, Rose… —intentó defenderse, preocupado. Rose rió, distendiendo el ambiente tenso que Potter estaba creando.

—Ninguno de ellos se enojará contigo, Albus… ¡Yo no me enojé! —le recordó ella.

—Pero yo soy tu primo favorito… Jamás podrías enojarte conmigo—bromeó Albus, sintiéndose repentinamente aliviado con el comentario de su prima. Rose le dio un golpe cariñoso en el hombro.

—Estás haciendo lo correcto, Al —le aseguró la pelirroja.

—¿Haciendo lo correcto con qué? —preguntó la voz de Scorpius desde la puerta del compartimiento. Ninguno de los dos lo había visto llegar.

—Le he contado sobre el Mago de Oz y su relación con los Guardianes Negros —le explicó Albus.

—Oh… Claro —fue toda la respuesta de Malfoy mientras que acomodaba su baúl dentro del reducido espacio del vagón.

—¿Perdón? ¿Él ya lo sabía? —inquirió Rose, entre sorprendida y enfadada.

—Yo fui quien lo ayudó de descifrarlo, Weasley —le respondió Scorpius con malicia. Rose enrojeció inmediatamente.

—¿Cómo pudiste compartirlo con él antes que conmigo, Albus? —exclamó indignada. Albus simplemente se encogió de hombros, sin saber qué responderle.

—No es nada personal, Weasley… Simplemente Albus necesitaba de alguien inteligente para poder atar los cabos sueltos… —volvió a provocarla Malfoy.

—¿Y se supone que ese eres tú? ¿El chico que todavía tiene dificultad para realizar un simple hechizo de levitación? —contraatacó la pelirroja.

—Por favor, no empiecen —se atajó Potter, quien ya podía ver la pelea que tendría lugar entre sus amigos—. No hay necesidad de competir entre ustedes dos, ambos son inteligentes y de mucha ayuda para resolver misterios—les dijo Albus, sintiéndose algo estúpido al decirlo. Era como querer conformar a dos niños pequeños de que su madre los quiere por igual. —Rose… Perdóname. Debí decírtelo antes —reconoció, sabiendo que no existía una buena excusa para su comportamiento.

—¡Claro que debiste! Porque entonces te habrías enterado de algunas cosas que yo sé —le espetó ella.

—¿Qué has averiguado?

Rose lo observó durante unos segundos con el ceño fruncido, como si estuviera vacilando al respecto. Finalmente, pareció darse por vencida. Con un suspiro, se dispuso a revolver en su bolso buscando algo.

—Planeaba mostrártelo cuando estuviéramos todos reunidos, y el resto del grupo supiera la historia completa… —murmuró Weasley por lo bajo mientras que chasqueaba la lengua—. Pero bueno… Aquí tienes—le dijo, mientras que sacaba del bolso una fotografía—. Después de la charla que tuvimos en Navidad me quedé pensando sobre las personas que estaban colaborando con el tío Harry para luchar contra el Mago... Algo me sonaba conocido. Y entonces recordó esta foto que mamá tiene guardada entre su caja de recuerdos.

Albus la tomó rápidamente. Era una foto vieja. Sus bordes estaban doblados, y la tinta parecía desgastada. Era mágica, así que los personajes en ella se movían, hablaban entre ellos, y cada tanto saludaban a la cámara, sonreían o hacían gestos.

Sintió que el corazón se detenía momentáneamente en su pecho al reconocerse a sí mismo en aquella foto. Tardó algunos segundos en comprender que no se trataba de una versión adolescente de sí mismo, sino que era una versión jóven de su padre. Repentinamente comprendía porqué todo el mundo se empecinaba en decirle que se parecía a Harry Potter. Tenían razón. Él era un calco de su padre a su edad.

No tardó en reconocer al resto de los integrantes de aquella foto. Allí estaba su madre Ginny, el tío Ron y la tía Hermione abrazados. Podía reconocer a casi todos sus tíos también allí. También estaban allí Luna y Neville, sus padrinos. Claro que se trataba de una versión más joven de cada uno…

Los adultos de aquella foto estaban representados por sus propios abuelos, y algunas personas inesperadas: el ministro de magia, Shackebolt Kingsley, la directora de Hogwarts, Minerva McGonagall, el querido guardabosques semigigante Hagrid, una versión de Andrómeda Tonks mucho más jóven, y algunas personas cuyos nombres Albus no llegaba a recordar, pero cuyas caras le resultaban sumamente conocidas.

—Es una foto encantadora, Weasley… ¿Pero qué tiene que ver tu familia y sus amigos con nuestra investigación? —le preguntó Malfoy. Había observado la foto por sobre el hombro de Albus, y en aquel momento miraba a Rose sin poder esconder su confusión. Ella sonrió altanera.

—Todo —respondió Weasley con una sonrisa—. Gira la foto, Al —le pidió a su primo. Albus obedeció. En uno de los márgenes de la foto podían leerse las siguientes palabras:

O.d.F.

3 de Junio 1998.

—Sigo sin comprender… —exclamó Scorpius, quien comenzaba a exasperarse.

Pero algo en el rostro de Albus había cambiado, y tanto Malfoy como Rose lo notaron. Potter volvió a girar la foto para observar con más detalle a los miembros de la foto. Rose tenía razón: prácticamente todas las personas que Albus sabía que estaban colaborando actualmente con su padre en la batalla contra el Mago se hallaban presentes en esa foto. Rotó una vez más la imagen, y su mirada viajó nuevamente hacia la fecha que estaba escrita en una esquina. 1998.

—Está fechada el mismo año que la caída de Voldemort—relacionó Potter.

—Está fechada exactamente un mes después —lo corrigió Rose.

—Nuestra familia y amigos… —repitió Albus las palabras que Malfoy había pronunciado segundos antes. Y entonces lo comprendió. —Son las mismas personas, Rose… Papá ha convocado a las mismas personas que veintiún años atrás lucharon contra Voldemort.

—Exacto —le reconoció Weasley.

—¿Y qué quiere decir "OdF"? —preguntó Scorpius, señalando con el índice esas tres letras.

Por segunda vez, Albus sintió que el corazón se le detenía. ¿Era posible que algo tan grande se le hubiera pasado por alto? Tantos años escuchando las historias del pasado de sus padres y tíos, y ni siquiera lo había pensado. Levantó la mirada y se encontró con los ojos castaños de Rose que le daban la razón.

—La Orden del Fénix —respondieron al mismo tiempo Potter y Weasley.

Ahora, todo tenía sentido.


—Es… Imposible —exclamó Lysander, mientras que se desplomaba en uno de los sillones. Albus nunca lo había visto tan abatido en su vida—. ¿Mis padres…?

—Entonces… Todo lo que hemos vivido estos últimos años… Todo ha sido un plan del Mago —reconoció Elektra, igual de preocupada que su compañero. Albus simplemente asintió con la cabeza.

Había tardado cerca de una hora en contarles a sus amigos toda la historia. Se habían reunido en la Sala de Menester la tarde del domingo antes de empezar nuevamente las clases. James también se les había unido. Albus quería que, a partir de aquel momento, los siete dueños del Amuleto estuvieran juntos.

Ahora, tras haber contado todo lo que sabía sobre el Mago de Oz, los Guardianes Negros, y el reciente descubrimiento de la Orden del Fénix, Potter esperaba en silencio las reacciones.

Lysander parecía todavía en estado de shock. Permanecía paralizado en el sillón, con los codos apoyados sobre sus rodillas y la cabeza encerrada entre sus manos. Elektra lucía una expresión mezcla de confusión y temor. Para ella la historia había resultado muy difícil de seguir. Era la única que había crecido en el mundo muggle y desconocía muchas cosas. Albus había pasado un largo rato explicándole sobre qué era la Orden del Fénix. Le había contado que se trataba de una organización secreta que el mismísimo Albus Dumbledore había creado muchos años atrás para luchar contra Voldemort. Tanto él, como Rose y Lysander, conocían sobre la Orden porque la misma se encontraba presente en muchas de las historias y anécdotas que sus padres les habían relatado durante su infancia… La Orden del Fénix había estado presente durante prácticamente toda la adolescencia de Harry, Ron y Hermione.

Ahora, una nueva amenaza se alzaba frente a ellos. El mismo Harry Potter le había confesado a su hijo que no se estaban quedando de brazos cruzados ante ésta, sino que estaban trabajando para derrotar la Rebelión de los Magos. Albus había deducido que su familia, e incluso los amigos de la familia, estaban involucrados en la lucha contra la Rebelión. Pero había sido Rose, con aquella foto, quien terminó por desentrañar la última pieza de aquel complejo rompecabezas: Harry Potter estaba reclutando gente para formar nuevamente la Orden del Fénix. Al igual que veintiún años atrás y al igual que Dumbledore lo había hecho antes, Harry había reunido a su alrededor a las personas de confianza para luchar contra el Mago de Oz. La historia volvía a repetirse… Y las mismas personas respondían al llamado de justicia del Fénix.

Durante aquella hora, Hedda Le Blanc había sido la única del grupo que permaneció en absoluto silencio. No hizo ningún comentario ni pregunta. Pero cuando Potter terminó de relatar todo lo que sabía sobre la Rebelión, su mirada viajó instintivamente hacia su pálida amiga. Ella lo miraba con cierta frialdad, pero la expresión en su rostro le resultaba indescifrable.

—Hedda… ¿tú que piensas? —le preguntó finalmente Albus, no sin cierto temor por la posible reacción de su amiga. Le Blanc inspiró profundamente y reclinó su cabeza hacia atrás.

—Pienso que esta guerra ya está perdida —respondió de manera fatalista. Un silencio tenso se extendió entre los presentes, y para sorpresa de todos, fue James el primero en responder con una risa sarcástica.

—La Orden del Fénix ha derrotado no una, sino dos veces a Voldemort y sus mortífagos. ¿Qué te hace pensar que no podrán contra el Mago de Oz y su Rebelión? —le espetó el muchacho. Hedda fijó su mirada en él y le sonrió con compasión. Albus se sorprendió ante aquella sonrisa: era la primera vez que Hedda tenía un gesto gentil con James desde que se conocían.

—Para empezar, no fue la Orden del Fénix quien derrotó a Voldemort… Fue tu padre, las dos veces —lo corrigió Hedda gentilmente.

—Jamás lo hubiera conseguido sin la ayuda de la Orden —intervino Rose, quien conocía la historia de memoria. Hedda negó suavemente con la cabeza.

—De todas formas… No puede compararse con lo que nos enfrentamos ahora, Rose —insistió Hedda—. Estamos hablando de los Guardianes Negros. Estoy segura que ellos vienen planeando este ataque contra Inglaterra desde hace siglos… Y no creo que esto se trate simplemente de Inglaterra.

—Yo tampoco pienso que sea solo Inglaterra… —estuvo de acuerdo Albus. Todos los ojos se posaron entonces en él—. Es decir… ¡Piénsenlo bien! Cuando Primus nos transportó al Templo de Hades, no estaba solo allí… Había un hombre griego, ¿recuerdas, James? —le dijo Albus a su hermano. James simplemente gruñó. —Y para conseguir los Ojos del Cerbero, Primus tuvo que tener ayuda de alguien dentro del Ministerio de Magia de Italia… Eso quiere decir que el Mago de Oz tiene gente trabajando para él en muchos lugares de Europa, no solo en Inglaterra.

—Entonces estás diciéndonos que este es el fin. Que no tiene sentido pelear porque de todas formas el Mago de Oz y los Guardianes Negros nos derrotarán porque tienen gente que los apoya en todo Europa… ¿Intentas decirnos que nos demos por vencidos? —se enfureció James que su hermano.

—No —lo contradijo rápidamente Albus— Yo confío en papá —le espetó—. Creo que él es conciente de que nos estamos enfrentando a algo mucho más grande de lo que imaginábamos… Y por eso está reclutando más gente.

—Como Scarlet Raven —les recordó Rose.

—Y la Profesora Levington —exclamó Elektra, esperanzada.

—Y creo que también está reclutando a tu padre, Scorpius —confesó finalmente Albus mirando a su mejor amigo.

Scorpius había permanecido silencioso en un rincón hasta ese instante. Pero en cuanto escuchó las palabras de Albus, su mirada pareció iluminarse. Potter leyó la esperanza en aquellos ojos.

—¿Por qué lo dices? —quiso saber el rubio, no sin cierta desconfianza. Albus decidió que era el momento de contar algunas cosas más.

—Antes de venir a Hogwarts encontré por accidente el Pensadero de mi padre —confesó Albus.

—¿El qué? —inquirió Elektra, quien ya se había acostumbrado a no saber sobre cuestiones mágicas. Para su sorpresa, no era la única que parecía no saber lo que era un Pensadero. También Lysander, James y Hedda lucían expresiones de confusión.

—Un Pensadero es un recipiente donde un mago puede guardar sus recuerdos y pensamientos —explicó Rose, quien como siempre conocía las respuestas a todo.

—Mi padre también tiene uno… Pero nunca me deja ver lo que guarda allí —recordó Malfoy. Albus tenía un presentimiento de los recuerdos que Draco Malfoy debía de guardar en su Pensadero y de porqué no deseaba que su hijo lo viera.

—La cuestión es que me metí dentro del Pensadero por curiosidad… Y de repente me encontré con que estaba en el Juicio de Draco Malfoy —siguió su relato Albus. Scorpius se sonrojó al escuchar aquello, avergonzado. —Mi padre atestiguó a favor del tuyo —agregó Potter.

—Lo sé —confesó Malfoy, con la cabeza gacha.

—Después del encuentro con Scarlet Raven, sentí curiosidad nuevamente y pensé que el Pensadero podía darme algunas respuestas… No me equivoqué, porque fue allí donde me enteré de la historia de Raven. Pero en esa ocasión papá me descubrió… Y tuvimos una charla, donde además de hablar de Raven, hablamos de tu padre, Scor —Albus llegó finalmente al punto de su interés.

—¿Qué fue lo que hablaron? —preguntó Malfoy, entre molesto e interesado.

—Papá me dijo que no se arrepiente de haber atestiguado a favor de Draco Malfoy… Él no cree haberse equivocado con tu padre aquel día. Él cree en su inocencia —le dijo Albus, emocionado al respecto. Scorpius chasqueó la lengua.

—Talvez está equivocado —comentó desalentado.

—Talvez… Pero no creo. Yo pienso que mi padre está convencido de no haberse equivocado respecto a tu padre porque él se lo está demostrando... Creo que tu padre se ha unido a la Orden del Fénix —le confesó Albus su presentimiento. Scorpius frunció los labios, no del todo convencido, pero no dijo nada más al respecto.

—¿Y piensas que será suficiente gente para detener al Mago? —preguntó Elektra esperanzada.

—No lo sé… Esperemos que así sea —reconoció Potter, encogiéndose de hombros. Pudo ver por el rabillo del ojo que Hedda meneaba suavemente su cabeza de manera desalentadora.

—Yo no voy a quedarme aquí simplemente esperando —se quejó James.

—Yo tampoco —estuvo de acuerdo Lysander—. No sabiendo que mis padres están allí afuera arriesgando su pellejo.

—No hay mucho que podamos hacer al respecto… ¿O si? —dijo Ely, mirando nuevamente a Albus.

—Podemos entrenar… Prepararnos para la guerra que nos espera afuera —trató de incentivarlos James.

—La guerra estallará antes que nosotros salgamos de Hogwarts, Potter —le criticó Le Blanc, volviendo al tono de voz que acostumbraba a usar con él.

—Si la guerra estalla, también lo hará aquí adentro —reconoció Albus.

—¿Crees que el Mago podría atacar Hogwarts? —preguntó Rose, desconfiada de la idea.

—No sería la primera vez que atacan el castillo, ¿no? —les recordó James.

—Y no podemos confiar en la gente que está aquí adentro tampoco —agregó Malfoy, tras varios minutos de silencio—. Estoy seguro de que muchos de los estudiantes y sus familias apoyaran al Mago en cuánto la Rebelión estalle.

—Scorpius tiene razón… Habrá gente aquí dentro que intentarán lastimarnos si se enteran que nuestras familias pelean contra el Mago —estuvo de acuerdo James.

—Ya existe gente que quiere lastimarnos —les recordó Albus.

Repentinamente, Cardigan y sus seguidores volvieron a su mente. Durante las últimas semanas se había olvidado de esa enemistad y del peligro latente que Portus representaba para él y para sus amigos. Pero ahora, la enemistad entre ellos dos adquiría un nuevo valor, y con ello, un nuevo peligro. Albus sospechaba que, si la Rebelión estallaba, Cardigan se uniría al Mago. Y si así era, todos los estudiantes que estaba reclutando lo seguirían.

—Tenemos que detener a Cardigan cuanto antes —exclamó repentinamente en voz alta.

—¿Otra vez con eso, Albus? —exclamó Rose, algo exasperada.

—¡No lo entiendes! Cardigan será la primera persona en unirse a la Rebelión en cuanto ésta se haga pública… ¡Y arrastrará con él a un montón de alumnos! Debemos detenerlo antes de que eso suceda… Antes de que personas inocentes deban pagar por su odio hacia mi padre... Y hacia mí—le explicó Potter, preocupado. Comprobó que Rose cambiaba su actitud al escuchar su explicación. Ya no se trataba de una simple enemistad entre dos muchachos. Era mucho más que eso, y Weasley lo comprendía.

—Empezaremos por ahí entonces —sugirió Scorpius. Albus le agradeció con la mirada que lo estuviera apoyando en aquella decisión. Malfoy le devolvió una sonrisa amistosa.

—Al menos eso es mejor que quedarnos sin hacer absolutamente nada —aceptó James. El resto de los chicos asintieron con un gesto de cabeza. Solo Hedda permaneció estática, sin expresión alguna.

—Es tarde… Será mejor que volvamos a nuestras habitaciones. Mañana retomamos las clases —les recordó Albus.

—Es increíble que a pesar de todo lo que está sucediendo, el mundo sigue funcionando con completa normalidad, ¿no? —rió Elektra ante la ironía de la situación.

Albus y James se despidieron frente a la puerta de la Sala de Menesteres. El mayor de los Potter guió al resto de los chicos de Gryffindor de regreso a la Sala Común con la ayuda del Mapa del Merodeador. Albus, en cambio, utilizó la capa de invisibilidad para cubrirse junto con Scor y Hedda.

Los tres caminaron despacio y en silencio de regreso a las mazmorras. La capa apenas llegaba a cubrirlos a los tres, con lo cual debían ir con mucho cuidado para evitar que alguna parte de sus cuerpos quedara al descubierto.

Una vez dentro de la Sala Común de Slytherin, Hedda fue la primera en salirse de debajo de la capa. Albus notó que lucía tensa y preocupada.

—¿Estás bien? Casi no has opinado durante toda la charla… —le preguntó Potter.

—Ya dije todo lo que pensaba al respecto —le respondió ella, evitando mirarlo.

—¿Te refieres a tu comentario fatídico sobre que estamos perdidos y todos vamos a morir? —ironizó Scorpius.

—Eso no fue lo que dije —lo contradijo ella, cortante.

—Eso fue lo que nosotros interpretamos —la increpó Albus.

—No tienen idea a lo que nos estamos enfrentando… —susurró ella.

—¿Y tú sí lo sabes? —Albus comenzó a molestarse. Aquellas palabras parecieron golpear a Hedda en la cara, quien retrocedió algunos pasos.

—Claro que sí —le respondió tajante—. Ellos mataron a mis padres —le recordó.

—¡Justamente! ¿No deseas verlos pagar por lo que hicieron? —le preguntó Potter, tratando de tranquilizarse.

—¡Claro que lo deseo! —estalló Hedda, elevando su voz y adquiriendo repentinamente un aspecto salvaje. Esta vez fue Albus quien retrocedió.

—No podremos hacer esto sin ti, Hedda —habló nuevamente Scorpius, levantando una bandera de paz entre sus amigos. Hedda suspiró.

—Saben que nunca los dejaría solos —le respondió la pálida chica.

—Sí, lo sabemos —reconoció Potter con una sonrisa.


El lunes por la mañana Albus tardó bastante en levantarse de la cama. Había tenido sueños intranquilos durante toda la noche, en los cuales una guerra estallaba dentro de Hogwarts, y todo era un caos.

Cansado, se vistió a duras penas y bajó desayunar. Para cuando llegó al Gran Salón, solo le quedaban quince minutos para ingerir su desayuno antes de la primera clase del día: Encantamientos.

Como era de esperarse, Albus encontró muy difícil concentrarse durante aquella clase, y no consiguió realizar exitosamente el hechizo que Flitwick les explicaba. El profesor pareció sorprenderse al respecto, pues hacia el final de la clase le preguntó si se encontraba bien. Potter le mintió, diciéndole que se había sentido enfermo durante la noche y que estaba cansado. Hedda y Scorpius no le creyeron, pero mantuvieron silencio, pues presentían lo que se escondía detrás de aquel cansancio y distracción por parte de su amigo.

Sin embargo, la clase siguiente exigió que Albus recuperara toda su atención. Aritmancia era una materia complicada, que requería de mucho esfuerzo por parte del estudiante para comprenderla, y más esfuerzo aún para resolverla con éxito. Como era costumbre, Scorpius fue quien más se lució de los tres chicos. Albus se consoló a sí mismo con que a pesar de lo atareada que estaba su mente, al menos había logrado resolver los ejercicios a medias.

Pero la verdadera sorpresa del día llegó hacia la tarde, con la materia favorita de Potter: Defensa contra las Artes Oscuras.

Albus se reencontró con sus amigos de Gryffindor en al puerta del Aula del tercer piso. Todos los alumnos aguardaban afuera, sentados en el suelo, susurrando por lo bajo. No había señales del profesor Thomas White por ningún lado.

—¿Qué sucede? —preguntó Albus, confundido, mientras que se sentaba junto a Elektra.

—El profesor White no ha llegado aún —le respondió Cameron, en un susurro.

—Todavía faltan unos minutos para que empiece la clase —comentó Scorpius, alzando las cejas. Rose chasqueó la lengua mientras que meneaba su cabeza en desacuerdo.

—Él siempre llega antes que nosotros… Y nos espera dentro del aula —indicó la pelirroja, preocupada—. Pero ahora la puerta del salón está cerrada… ¿Y si el profesor White no ha regresado de sus vacaciones? ¿Y si ha renunciado al puesto? —preguntó Rose inquieta. Esta vez fue el turno de Malfoy de bufar en desacuerdo.

—¿Y cuál sería el problema si eso sucede? No sería la primera vez que nos cambian el profesor de Defensas… —comentó.

—¡Cállate! White es el mejor profesor que hemos tenido —lo defendió Weasley.

—Y también el más atractivo, ¿no, Rose? —se burló de ella Lysander. Rose enrojeció hasta adquirir el color de su cabello.

—Yo… ¡él es muy talentoso! —exclamó Rose, nerviosa.

—Sí, claro… —siguió burlándose Scamander. Rose le dio un golpe en el hombro, haciéndolo callar.

Malfoy frunció levemente el entrecejo, pero antes de que pudiera decir algo, la puerta del aula se abrió, y el rostro apuesto de Thomas White se asomó por la misma. Lucía las mismas gafas oscuras de siempre, y la sonrisa amigable seguía dibujada en sus labios como el primer día.

—¡Buenos días, alumnos! Me alegra tenerlos de regreso. Lamento hacerlos esperar aquí afuera, pero tengo una sorpresa esperándolos en el aula y quería terminar de prepararla —les habló White, visiblemente emocionado.

—¿Ya podemos pasar, profesor? —preguntó Dorotea Pickott, la muchacha de aspecto gitano perteneciente a la casa de Slytherin.

—Sí… Pero lo harán de a uno por vez —le respondió Thomas, acentuando su sonrisa. Un susurro comenzó a correr entre los alumnos. —La clase de hoy es, posiblemente, una de las más esperadas de tercer año… —continuó el profesor.

—¡El Boggart! —exclamó repentinamente Rose, incapaz de contenerse cuando sabía algo.

—Exacto… El Boggart —coincidió Thomas. Un nuevo murmullo se extendió entre la pequeña multitud.

Albus sintió que algo dentro de él se retorcía. ¿El boggart? No estaba listo para eso. Al menos no ese día… No después de todo lo que había averiguado durante sus vacaciones de Navidad. No después de aquel espantoso sueño que había tenido la noche anterior. El Boggart… El mayor miedo de cada uno se personificaría delante de ellos. Albus sintió un nuevo retorcijón. Comenzaba a darse cuenta que durante los últimos años había acumulado demasiados temores… Pero no sabía cuál era su mayor temor.

—Los iré llamando por orden alfabético para que se enfrenten a Boggart, y una vez que lo hagan, saldrán por la puerta trasera de la clase para no cruzarse con aquellos que todavía no se lo han enfrentado —el profesor terminó de explicar cómo sería la metodología de la clase. —Wendy… Tú vienes primera —llamó a una muchacha que vestía el uniforme de Gryffindor.

La chica se incorporó rápidamente del piso y lanzó una mirada ansiosa hacia sus amigas. Con pasos seguros, caminó hacia el interior del aula. El Profesor White cerró la puerta detrás de ellos, y un silencio absoluto se instaló en el pasillo. No se podía oír absolutamente nada de lo que sucedía dentro del aula. Pero diez minutos más tarde, la puerta volvió a abrirse, y un sonriente White llamó a la siguiente en la lista: Elektra Cameron.

A diferencia de Wendy, Elektra lucía insegura y temerosa, y caminaba con pasos torpes y temblorosos, como si fuera a desplomarse en cualquier momento. Antes de que la puerta se cerrara, Ely le lanzó una última mirada a Albus en pedido de ayuda. Potter sintió el impulso de ponerse de pie y entrar con ella al aula. No quería dejarla sola enfrentando su mayor temor. Elektra volvía a despertar en él su instinto protector. Pero se contuvo, y no hizo nada más que esperar.

Cinco minutos más tarde, la puerta volvía a abrirse y Thomas llamaba la siguiente estudiante: Portus Cardigan. Albus sintió un odio injustificado brotar dentro de él mientras que observaba a Cardigan con sus aires de superioridad ingresar al aula.

Los alumnos fueron pasando uno a uno. Hedda fue la siguiente del grupo de Albus en cruzar la puerta. De todos sus amigos, Hedda era la única de la cual Albus crecía conocer el mayor temor.

Para cuando le llegó el turno a Albus, Scorpius ya había cruzado también la puerta, y sólo quedaban Lysander y Rose de su grupo.

—Suerte —le susurró Scamander mientras que Albus se ponía de pie preparándose para entrar.

La puerta del aula se abrió y nuevamente Tom se asomó con su imborrable sonrisa. A pesar de que era ciego, sus ojos parecieron posarse en Albus, como si supiera exactamente dónde se encontraba. Sin embargo, aquello no le resultó sorprendente a Potter.

—¿Listo, Albus? —preguntó al susodicho.

—Listo —respondió Potter mientras que entraba en la sala, aunque dudaba estar verdaderamente listo.

El aula se encontraba vacía, a excepción de un gran baúl que yacía cerrado en medio del salón. Albus se quedó allí de pie, esperando a las instrucciones. Thomas caminó hacia el baúl, y se paró exactamente detrás de éste.

—Dentro de éste baúl está el boggart, Albus. Cuando yo lo abra, éste adquirirá la forma de tu mayor temor… ¿Sabes acaso cuál es ese? —le preguntó Tom en su clásico tono didáctico.

—Eso creo…—le respondió Albus, mientras que en su mente aparecían cientos de temores. El Mago de Oz… La Rebelión… La muerte de sus seres queridos…

—Es importante que intentes deducirlo de antemano, Al —le sugirió el profesor.

—Es que no tengo un único miedo, profesor —le confesó Potter. White le sonrió de manera condescendiente.

—Nadie tiene un único miedo, Albus. Pero todos tenemos un miedo capaz de paralizarnos, capaz de provocar en nosotros cosas inimaginables —le explicó.

—¿Usted podrá ver la forma que adquiera mi Boggart? —preguntó repentinamente Albus.

—No… Yo puedo ver la energía propia del Boggart… Pero no puedo ver la forma que adquiere para ti. Es por eso que elegí hacer la clase de manera individual, sin el resto de la clase presente. De esta forma, solo el alumno conocerá la forma de su Boggart —le respondió gentilmente Thomas—. Ahora, piensa en una forma de convertir tu Boggart en algo gracioso… Y cuando yo lo libere, mantén ese pensamiento dentro de tu mente y pronuncia el hechizo "Ridikkulus". ¿Has comprendido? —le preguntó.

—Eso espero —respondió Albus con una risa nerviosa mientras que alzaba su varita, preparándose para realizar el hechizo.

—Entonces… Vamos —le indicó Tom, y acto siguiente movió su varita y abrió el baúl.

Albus estaba preparado para encontrarse con cualquier cosa, pero nunca se había esperado que su Boggart tomara aquella forma.

Frente a él se encontraba una replica exacta de él mismo. Una copia idéntica de Albus Severus Potter. Era como estar mirándose a un espejo. Aquello lo desconcertó de tal forma que se olvidó por completo de lo que debía hacer. La mano que sostenía la varita lentamente comenzó a caer al costado de su cuerpo.

Confundido e intrigado, Albus dio un paso hacia el Boggart. Se sorprendió al comprobar que su réplica lo imitaba, y por un instante sintió que verdaderamente estaba ante un espejismo. Pero al observarlo con mayor detalle comenzó a notar algunas diferencias.

Su Boggart no vestía el uniforme de Hogwarts. Vestía ropa común y corriente. Y algo en la expresión de ese Boggart lo desconcertaba. Tenía aspecto abandonado, como quien hace tiempo que no se peina ni se baña. Y su mirada lucía perdida, como si su vida careciera de sentido alguno. Algo en aquella expresión le resultó conocido.

—¡Albus, debes atacar a tu Boggart! —le recordó repentinamente la voz de Thomas White.

Todavía confundido, Albus volvió a alzar su varita. Y entonces, el Boggart pareció reaccionar, porque sacó su propia varita del bolsillo del pantalón que llevaba puesto, y apuntó con ésta a Potter. Ambas réplicas se miraron la una a la otra. Albus sabía que debía formular el hechizo que su profesor le había indicado, pero algo lo retenía. Algo lo hacía esperar. Aquel Boggart no tenía sentido… ¿Acaso su mayor miedo era a estar sucio y despeinado?

Pero entonces, sucedió lo que faltaba para terminar de revelar todo aquello. El Boggart abrió la boca, y Albus escuchó su propia voz saliendo de aquellos labios y pronunciando un conocido hechizo.

Expelliarmus—exclamó el Boggart apuntándole con la varita y tomándolo desprevenido. Albus cerró los ojos, esperando el golpe. Pero éste nunca llegó. —¡Expelliarmus! —volvió a pronunciar su réplica, quien parecía estar perdiendo la paciencia. De nuevo, nada sucedió. Albus se animó entonces a abrir los ojos. Y lo vio.

No podía hacer magia.

Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda mientras que recordaba aquel mes que había vivido durante el verano sin magia. La desesperación y frustración que había sentido. El enojo hacia la gente que podía hacer magia. La sensación de estar perdiendo lo más valioso que tenía, lo que lo convertía en una persona especial. Y ese terror que había sentido ante la idea de que la magia jamás regresara a él… Ese miedo irrefrenable ante la idea de que debería continuar su vida como un muggle.

Las palabras de Thomas White resonaron repentinamente en su mente: Todos tenemos un miedo capaz de paralizarnos, capaz de provocar en nosotros cosas inimaginables.

Frente a él, el Boggart parecía percibir que algo dentro de Albus estaba cambiando, pues la imagen se volvía cada vez peor. Su réplica continuaba gritando hechizos frente a él sin que saliera de su varita siquiera una chispa, y Albus podía leer la desesperación y el desconsuelo en el rostro de su réplica. Pero como si aquello fuera poco, una nueva figura había aparecido en escena. Nuevamente, Albus reconoció a aquella persona al instante: Era su padre.

Sin siquiera decir una palabra, Harry Potter caminó hacia la réplica de Albus y le arrebató con brutalidad la varita de la mano.

—Ya no necesitas esto, Albus —le habló Harry Potter a la copia de Albus, mientras rompía la varita en varios trozos y los tiraba al suelo.

—Papá… —lo llamó el Boggart, acongojado.

—Será mejor que te vayas… Ya no perteneces a éste mundo —le sugirió Harry, y Albus pudo leer la decepción y la vergüenza en aquella mirada.

—¡NO! —gritó repentinamente el verdadero Albus Potter, mientras que apuntaba enfurecido hacia la imagen de su padre y su propia imagen. —Ridikkulus —pronunció. Pero nada sucedió. La imagen de su padre mirándolo decepcionado continuaba frente a él, mientras que su propia imagen se arrastraba en el suelo intentando juntar todos los trozos de su varita mágica. —¡Basta! —gritó nuevamente Albus, colérico. Por el rabillo del ojo pudo ver que Thomas White se acercaba a él y al Boggart.

Y súbitamente, todo se volvió oscuridad. La imagen de sí mismo y de su padre es esfumaron, así como todo lo que había a su alrededor. Ya no podía ver el salón donde se impartían las clases de Defensa, ni siquiera la puerta por la cual había entrado. Thomas White no estaba en ningún lugar a la vista.

—¡Profesor! —lo llamó Albus, sin comprender lo que acaba de pasar.

—Tranquilo, Albus. Aquí estoy —le respondió la voz de Thomas a pocos metros de distancia.

—No puedo ver nada —le confesó Potter.

—Lo sé… —le respondió éste —. Ridikkulus —pronunció el hechizo el profesor.

Todo volvió rápidamente a la normalidad. Albus se encontraba de regreso en el aula, en el exacto lugar donde había estado de pie antes de que todo se volviera negro. Frente a él, Thomas White se hallaba sosteniendo en su mano lo que parecía ser una canica negra. Con una expresión de desagrado, Thomas arrojó la canica dentro del baúl y lo cerró rapidamente.

—Lo siento mucho, Albus. ¿Te encuentras bien? —le preguntó Thomas, preocupado. Por primera vez, Albus vio que la sonrisa se había desdibujado de sus labios.

—Sí, estoy bien. ¿Qué sucedió? ¿Por qué todo se oscureció de repente? —preguntó Potter confundido. White sonrió con amargura.

—Conociste mi mayor miedo, Albus —le respondió el profesor. Albus comprendió entonces que el profesor había intervenido al comprobar que él no había logrado derrotar al Boggart.

—¿Su mayor miedo es la oscuridad? —inquirió Potter, más confundido que antes. Recordó la canica negra que el profesor había arrojado dentro del baúl: aquella era la forma "cómica" que el boggart había adquirido ante el hechizo.

—¿Irónico, no? —se burló de sí mismo White—. Pero déjame decir en mi defensa que no es cualquier oscuridad… Verdaderamente no puedo ver cuando mi Boggart se transforma —le explicó Tom.

—¿Ni siquiera puede ver la magia? —insistió Albus en el tema. Había llegado a acostumbrarse a la extraña y asombrosa naturaleza de Thomas. Su sorprendente capacidad de por ver aquello que nadie podía: la energía vital.

—No… Nada. No puedo ver absolutamente nada —respondió con completa sinceridad. Un silencio se hizo entre ambos. Albus se removió incómodo en el lugar dónde se encontraba de pie.

—Lamento que haya tenido que intervenir, profesor… —le dijo Albus—. Ni siquiera fui capaz de detener al Boggart yo solo.

—No hay nada de qué disculparse, Al —lo corrigió White—. El Boggart puede parecer una criatura simple de derrotar, pues un hechizo básico como el Ridikkulus es capaz de desarmarlo… Pero el hechizo no es el verdadero problema. El verdadero desafío son nuestros miedos, Albus—le explicó.

—Pero seguramente todos mis compañeros lo consiguieron… —se quejó Potter.

—No es fácil enfrentarnos a nuestros mayores temores… Algunos temen a cosas concretas, como un animal o una persona. Y eso muchas veces hace más fácil al mago poder imaginarse una forma de "ridiculizarlo" —le habló Thomas seriamente—. Pero otras veces, los temores son menos concretos… Son emociones, son recuerdos o situaciones… Más difíciles de representar, y más difíciles de combatir con la risa —hizo una pausa antes de continuar—. Supongo que eso fue lo que te sucedió a ti.

—Sí, eso creo… —aceptó Albus, aunque por dentro seguía sintiendo cierta amargura, mezcla de lo que acababa de ver y de no haber sido capaz de derrotar su temor.

—Algunas personas derrotan su Boggart en el primer encuentro… Y a otros les toma varios enfrentamientos hasta que logran conquistar su temor… Como yo —le confesó Tom. Albus lo miró intensamente.

—Gracias, profesor —le dijo con completa sinceridad.

—Ve a descansar… Nos vemos la próxima clase —le dijo recuperando su típica sonrisa. Albus se puso de pie para irse, pero Thomas lo retuvo tomándolo por la muñeca. —Y sea lo que sea que viste… No dejes que te gane —le aconsejó.

—Lo haré —le respondió Albus.

Mientras que cruzaba la puerta trasera de la clase, aquella respuesta se convirtió dentro de él en una promesa personal. Aquel día se juró a sí mismo que no permitiría que ese miedo lo venciera. No estaba dispuesto a perder su magia nunca más. Él era un mago, y ese era su único camino.


Sé que hace mucho tiempo esperaban este capítulo, así que espero que haya estado a la altura de las expectativas. Siempre pensé que una criatura como el Boggart era demasiado "peligrosa" como para exponer a chicos de trece años. Es decir... Nuestros mayores temores! Es terrible.

Supongo que con Albus es complicado... Él mismo reconoce que hay muchas cosas a las que teme (más de las que debería a su edad). Pero como dijo White... Siempre hay un temor que supera a todos los temores. Un Miedo Mayor. El de Albus Potter es perder su magia. Dejar de ser un mago. Perder aquello que lo hace único y especial. ¿Sorprendente? Personalmente no lo creo... Es algo que yo considero bastante "esperable" por parte de Albus.

Sobre el concurso... ¡Fue divertido! Me encantó leer las respuestas que dio cada uno, y algunos estuvieron muy cerca. Quien estuvo MAS cerca fue Selene Potter. Así que ¡felicitaciones Selene! Sos la Ganadora y tenes UNA pregunta para hacerme sobre lo que desees.

Como siempre, voy a responder reviews.

jjaacckkyy: Te gustó el personaje que relata la historia de Grindelwald? Pues, tenía ganas de que el personaje tuviera algo "especial". Siempre pensé que Grindelwald debió ser un hombre muy inteligente, que lejos de rodearse de gente estúpida se rodeó de personas igual de poderosas que él. La razón por la que me lo imagino así es porque inicialmente buscó aliarse con Dumbledore para llevar a cabo su plan para cambiar el mundo. Y sobre la "habilidad" de Domador... Amo los dragones. Si existieran, yo querría tener uno de mascota jaja. No leí los libros de Eragon, pero sí vi la película, y es posible que haya infuenciado inconcientemente en el personaje. Sobre tu propuesta del "miedo mayor": Ser traicionado por alguien. Es un buen temor, pero no el mayor temor de Albus. Él confía 100% en sus amigos, en los que comparten el Amuleto con él. Y no teme, ni siquiera se imagina, que alguno de ellos pueda llegar a traicionarlo.

Alfy-Malfoy : Sí, pensé en que Zaira le enviara un regalo para Navidad... Pero habría sido estirar mucho la idea de los regalos (también tendría que haber nombrado los regalos de sus padres y sus tíos). Además, Zaira ya le ha hecho un Gran regalo una vez, jajaja. Sobre el mayor miedo de Albus... Tú dijiste "El convertirse en uan persona que no le importe los demás", y pusiste como ejemplo cuando él habló "mal" de los muggles... Sí, podría ser, pero no el mayor de sus miedos. Creo que Albus no teme verdaderamente a eso... él verdaderamente piensa lo que dijo sobre los muggles, y no lo dice de forma despectiva ni menospreciando a los muggles, sino que es su forma de pensar. Pero sí creo que Albus podría temer al lastimar a la gente que quiere con sus pensamientos o decisiones.

Heart of Melon : Que bueno que te haya gustado el fragmento del libro de Grindelwald! Tenía mis dudas al respecto de cómo escribirlo, pero terminé por decidirme en hacerlo en primera persona, desde la mirada del Domador. Coincido con vos en que Albus es una gran incógnita dentro de esta historia... Nunca se sabe para dónde va a disparar. Y creo, como bien señalaste, que este libro puede ser una arma de doble filo. Jajaja, sí, sabía que el regalo de Elektra iba a causar un impacto positivo en los lectores, fundamentalmente porque es el regalo más "sentimental" de todos (aunque cada uno tiene su toque personal). Sobre el Miedo que propusiste, si bien no fue el ganador, sí es uno de los varios miedos que Albus tiene. Él se sabe una persona ambiciosa, y por momentos cae a la realidad de que a veces esa ambición lo arrastra por caminos incorrectos... Y eso le da miedo. Y sí, él siente una extraña mezcla de admiración y miedo hacia el Mago... Habría que ver cuál de las dos cosas termina pesando más.

Clara: Siempre que imagino a Grindelwald lo pienso como un enemigo inteligente. Como alguien malvado, pero con una gran capacidad para hacer cosas grandiosas (y terroríficas también). JKR dejó entreveer en el séptimo libro que Gellert había estado muy interesado en tener una amistad con Dumbledore porque lo consideraba "su igual", un mago que estaba a su altura, alguien tan brillante como él... Alguien con quien podría llevar a cabo su plan. Creo que, aunque no consiguió la ayuda de Dumbledore, Grindelwald no se detuvo allí... Siguió buscando gente especial, como él y como Dumbledore. Y el Mago, siendo su fiel seguidor, está haciendo lo mismo... El Camaleón, Naomi, Duncan Ford... Todos ellos son "especiales". Sobre la posibilidad de que el Mago quiera reclutar a Albus... Pues Albus tendría que tener algo "especial" para que así fuera... ¿crees que lo tiene? El objetivo del Mago de Oz va más allá de revelar el mundo mágico ante los muggles... él quiere controlar los dos mundos. Veo que tú también consideraste el regalo de Elektra como el más emocional... Y posiblemente estés en lo cierto. Pero ella es así... Es demasiado pura y sentimental para hacer otro tipo de regalo. Sobre tu propuesta del miedo: Fracasar. Es una muy interesante, y teniendo en cuenta la personalidad de Albus, es un miedo muy probable. Sin embargo, no es su mayor miedo... Lo siento!

adrisstbdt: A mí también me pasa que siento que Grindelwald salió muy poco en la serie de JKR, y tengo ganas de saber más de él! Posiblemente esa sea la razón por la cual gran parte de esta historia girará en base a él y a su "ideología". Sobre el Domador de Dragones... él tendrá el papel de guiar a Albus Potter a través de la brillante pero complicada mente de Grindelwald. Creo que por el momento ese es un papel sumamente importante, jaja. Sobre el perro de Lily... Pues, yo recibí de regalo un perro como ese cuando tenía la edad de ella. Fue un increíble compañero, y esta fue mi manera de darle homenaje. Todavía no está nada dicho con respecto a Tessa y Albus... Ni siquiera se han dado un beso! No deberías adelantarte a la historia, jaja, talvez nunca estén juntos! Sobre el Miedo que propusiste: Albus como Mago Oscuro. Una propuesta interesante... Aunque ese no es el mayor miedo de Albus (pero sí parece serlo de muchos lectores jaja). Albus es demasiado arrogante como para reconocer que a veces sus decisiones o pensamientos son "oscuros". Él está demasiado convencido de que está en lo correcto, y solo cae en la realidad cuando otra persona se lo hace notar... Como Elektra o su propio padre.

Seibert: ¡Que bueno que te haya llegado mi respuesta! Estaré esperando tu próximo mail con las preguntas y análisis sobre mi historia (dentro de poco podremos hacer un libro solo de esos análisis, jaja). Sobre la amistad de Albus y Hedda... Hedda no coincide en todos los aspectos con Albus (seguramente lo habrás notado en este capítulo, donde el pensamiento extremo de ella chocó fuertemente contra Albus), pero él es quien mejor la entiende, justamente porque él no es extremista como ella. Y los une un sentimiento de justicia parecido, y también algo torcido. Y por supuesto... La amistad. Hedda es una amiga fiel. Sobre las conclusiones que Albus saca tras leer el libro sobre Grindelwald... Tienen un fundamento cierto, pero están trazados sobre una línea torcida. Que la gente sea poco tolerante ante lo desconocido es comprensible... Es incluso humano. Pero eso no es justificativo para aniquilarlos. Sobre los regalos... Puedes quedarte tranquila que fue Tessa quien le envió el libro de La Magia. Al menos en esta ocasión no estoy tenidendoles una trampa! Jaja. Sobre el Concurso: Decepcionar a Harry Potter. Es una propuesta interesante, y en cierta forma se vio reflejada también el Boggart. Pero ese sería un miedo "secundario" a otro miedo mayor. Albus cree que su padre se sentiría decepcionado si él no fuera un mago... De hecho, puede incluso llegar a pensar que su padre se sentirá decepcionado si él no logra ser tan bueno como el mismísimo Harry Potter. Pero el miedo raíz de todo, es la magia. Albus teme perder aquello que más valora: su magia, y por ende, teme todo lo que cree que sucederé cuando la pierda. En este capítulo, el Boggart con forma de Harry Potter representa en realidad el sentimiento que Albus tiene sobre su pérdida de magia: La sensación de que sin la magia ya no pertenece al mundo mágico, ni a su familia...

silvers draco: Sí, lo que hice en los otros capítulos fue una especie de "resumen" de todo lo que sucedido en estos dos años en Hogwarts. La idea es poder aclarar las cosas para que se entienda mejor todo lo que va a suceder a continuación. Sobre el último capítulo... Gracias por las palabras. Me alegra que te guste el enfoque que le di al fragmento del libro. Me pareció que si lo escribía en primera persona podría reflejar mejor los sentimientos del Domador, y así poder vincularlo con mayor facilidad a los sentimientos del propio Albus.

Albuslytherin: ¿Así que quieres saber la forma del patronus de Albus? Lo siento, para eso tendrás que esperar un poco más... Sé que Harry consiguió hacerlo en su tercer año, pero fue bajo circunstancias muy "especiales". Sí, es verdad, el regalo de Elektra fue "tierno", pero ella es así. Elektra es el tipo de persona que suele regalar cosas que tienen un significado, un valor agregado... Algo sentimental. Ella es transparente y tierna. Sobre los errores de falta de espacios... ¡No sé que sucedió! Jajaja, porque yo no escribo de esa forma. Creo que la configuración se vio alterada cuando cargué el capítulo a la página .. Pero bueno, veré de arreglarlo! Gracias por avisar! Sobre tu Boggart: Albus como asesino. Lo siento, pero no lo es. Claro que es un miedo comprensible por parte del lector... Pero hay que ponerse en el lugar de Albus, en su mente. Él no se considera una persona de mal, él cree que sus decisiones siempre son correctas, por lo cual no se imagina a sí mismo transitando un camino de "oscuridad". Él no se ve a sí mismo como un asesino... Ni siquiera con respecto a Primus. Tras la charla con Hedda él se convenció a sí mismo de que no había nada que pudiera hacer por Icarus en el Templo, y que de todos modo, él se lo merecía. Después cambiaste la respuesta hacia: "Que Albus se convierta en un seguidor de el Mago". Albus siente cierta admiración hacia el Mago de Oz, ya que lo ve como un digno adversario... Alguien inteligente, alguien ambicioso... Alguien como él. Y eso le genera cierta confusión, que provoca que por momentos tenga sueños como aquel sueño donde se imaginó vestido como un Rebelde. Pero ese no es su mayor temor... Como dije en otro review, Albus es demasiado orgullo y altanero como para pensar que se equivoca. Él cree estar siempre en lo correcto... Siempre tomando la decisión correcta. Solo se da cuenta de sus errores cuando otra persona (alguien a quién él aprecia) se lo señala. Albus no puede tener a tomar el camino de la oscuridad simplemente porque él cree que todo lo que hace es en nombre del "Bien"... incluso aunque a veces se equivoque.

Nico: Que bueno volver a verte por acá! Gracias por responder a mí pregunta y por tomártelo tan bien. Temía haberte ofendido. No sabía que existiera algo como lo que me explicaste del soft lector. Creo que eso es maravilloso... Y me alegra que puedas seguir mi historia gracias a ese software. Creo que de los muchos géneros que existen, posiblemente el misterio/suspenso sea en el cual yo me siento más cómoda. No digo que siempre lo hago bien, pero al menos hago el esfuerzo! Jajaja. Gracias por el review y ojalá te siga leyendo por acá.

maddie. sophie: ¿Así que estás por Roma? ¡Qué envidia! Yo todavía estudiando y trabajando... No sabes cómo ansío irme de vacaciones. Respondiendo a tu review: El Domador, sí es un personaje interesante. Como he dicho en otro review, todo lo que puedo decir por el momento sobre el Domador de Dragones es que él se encargará de guiar a Albus, a través de su libro, por el complicado mundo de Gellert Grindelwald. Lily y su cachorro... Adoro los perros, y el perro de Lily representa a mi primer perro, que recibí a una edad parecida a la de ella. Sobre el regalo de Rose... Albus es un muchacho sediento de conocimientos, así que no tardará en leer ese libro sobre Patronus... Pero no esperes su patronus en este libro! ¿Sigue en pie esa competencia entre Elektra y Tessa? Jaja. Sobre el Concurso: propusiste como mayor temor de Albus que las personas que él ama salgan lastimadas. Como seguramente leíste... Esa era una de las posibilidades que Albus pensó antes de enfrentarse al Boggart. Pero no fue su mayor miedo. Sobre los errores ortográficos y demás... Pido disculpas. Estoy trabajando sin betas por el momento porque sino tardo mucho en actualizar... Y a veces se me escapan algunas cosas, jaja.

Frieek Gaunt: Siempre hago todo lo posible por actualizar rápido, como habrás notado. Y además, ¡últimamente mis capítulos son mucho más largos! Éste es bastante extenso. Espero que lo hayas disfrutado. Sobre el Boggart de Albus: el temor a convertirse en un Mago Oscuro. Como dije en otro review, si bien es una posibilidad, eso es algo que está presente más en la mente de los lectores que del propio Albus. Él es demasiado arrogante como para creer que se está equivocando. Todo lo que Albus hace, él está convencido que es lo correcto. Solo cae en cuenta de sus errores cuando alguien querido se lo señala... Como cuando Elektra le dijo que se equivocaba sobre los muggles, o cuando tiene esas charlas con Harry quien le señala que se ha equivocado respecto a algo. Así que si bien por momento Albus experimenta ese temor a "equivocarse" y tomar el mal camino, ese no es su mayor miedo, ya que la mayoría del tiempo está convencido de que él tiene la razón.

Malfoy-son: Veo que no te ha gustado mucho el capítulo anterior. Lamento que no haya estado a la altura de tus expectativas, y espero que este capítulo te haya parecido de mejor calidad! Espero ansiosa tu opinión al respecto. Sobre la competencia del Boggart de Albus: el temor a convertirse en un Mago Oscuro. Como dije en otro review, si bien es una posibilidad, eso es algo que está presente más en la mente de los lectores que del propio Albus. Su arrogancia no le permite reconocer cuando se equivoca. Todo lo que Albus hace, él está convencido que es lo correcto. Solo cae en cuenta de sus errores cuando alguien querido se lo señala... Como cuando Ely o su padre. Así que si bien por momento Albus experimenta ese temor a "equivocarse" y tomar el mal camino, ese no es su mayor miedo, ya que la mayoría del tiempo está convencido de que él tiene la razón... Que está transitando el camino del bien (incluso cuando se equivoca). Prometo que en el próximo concurso, quien gane recibirá una aparición (posiblemente fugaz) en la saga! ¿Te parece? Jaja.

Diane Potter: No te preocupes, yo entiendo que a veces uno está muy ocupado y no tiene tiempo para dejar reviews. Espero que te haya ido bien en tus exámenes. ¿Así que los regalos que más te gustaron fueron los de Rose y Ely? Pues parece que eso fue de común acuerdo... Todos opinaron sobre los mismo regalos! Yo vivo en Argentina, así que acá estamos viviendo unos días por demás calurosos (es primavera-verano!).

kate vlack evans: Veo que te sumaste al concurso! Sobre tu Boggart: perder a sus amigos y familia. Sin duda fue una de las cosas que Albus pensó como posible Boggart, pero la realidad es que mi Albus teme aún más perder su magia que cualquier otra pérdida. Triste, pero cierto.

Manuel Canabal: Sobre tu apuesta al mayor miedo de Albus: Perder a sus amigos. Lo siento, sin duda es uno de los muchos temores que Albus tiene en esta épocas pre-guerra, pero no es su mayor miedo. Aún más que cualquier pérdida, Albus teme perder su magia, porque siente que sin ella su vida pierde completamente el sentido y el rumbo. Él nació para ser mago... Y si no es mago, entonces no puede ser él.

pipa: Creo que es el primer review que dejas, así que te doy formalmente la bienvenida a la historia y me alegro de que la hayas disfrutado. ¿Así que te leiste las tres partes en siete días? A eso llamo leer rápido! Jaja. Qué bueno que te guste la incorporación de Grindelwald a la historia... Personalmente, me quedé con ganas de saber más de él en la saga de JKR, así que a falta de información, decidí crearla yo misma! Jaja. Sobre la posibilidad de alguien bisexual o gay en la historia... Si bien considero que el mundo mágico sería el lugar más tolerante con respecto a lo que es elección sexual, personalmente yo no me siento cómoda escribiendo sobre ello... La verdad es que no sé mucho sobre parejas gay, y no quiero escribir sobre algo que desconosco y podría equivocarme. ¡Ya de por sí no soy buena para escribir sobre parejas heterosexuales! Pero bueno... Quién te dice que talvez un día me anime a escribir algo! Jaja.

Selene Potter: ¡Felicitaciones! Has ganado el concurso del Boggart. Podes hacerme la pregunta que desees... Pero solo podrás hacer una, así que eligí con cuidado. Si bien tu respuesta no fue "exactamente" la correcta, sí fue la que más se acercó al boggart de Albus. La idea de ser excluído es en gran parte el fundamento para su temor a perder la magia (claro que no es el único). Como dije en algún otro review, Albus siente que es su magia la que lo convierte en alguien especial, único. Es la magia la que traza su camino... él está destinado a ser un mago, y de hecho, él cree que será un GRAN mago. La simple idea de perder la magia para él es como perder su propia identidad. Y con la magia, como tú señalaste, vienen muchas sensación (frustración, enojo) y entre ellas la sensación de exclusión que tiene Albus: la idea de que ya no pertenecerá al mundo mágico, ni a su familia, ni a su grupo de amigos. Nuevamente, felicitaciones, porque lo pensaste muy bien, desde el punto de vista del propio Albus.

Iara Nishii: ¡Te doy la bienvenida a la historia! Y Gracias por el review, siempre me alegra recibir comentarios de nuevos lectores. ¿Así que deseas una pelirroja para Albus? Mmmm. Será todo muy complicado, ya que también me han pedido una pelirroja para James, jaja. Pero bueno... La realidad es que ya he decidod las parejas para cada uno de los Potter... Así que solo resta esperar a conocerlas, jajaja. Podes quedarte tranquila que no me he tomado a mal tu comentario, sino todo lo contrario. Me gusta que mis lectores se sientan libres de poder decirme no solo halagos, sino también sugerencias, críticas, comentarios de cualquier tipo. Solo así voy a poder mejorar como escritora :)

Gracias a todos los que participaron en la competencia. Fueron todos muy creativos y estuvieron todos muy acertados en sus sugerencias, ya que la mayoría de las propuestas son miedos de Albus... Aunque no su MAYOR MIEDO. Pensaré otra competencia para más adelante, si les divierte!

Saludos,

G.