Volvemos a los capítulos del domingo por la noche.

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Capítulo 35: La Muerte De Jiraiya: Los Planes Se Ponen En Marcha.


Si no me ves llorar, no pienses que es porque no me duele, simplemente no mostraré debilidad porque debo ser fuerte.


Naruto entró a su departamento con Kishasa en brazos y siendo seguido por Omoi, Sai y Gaara. Llevó a su compañera al cuarto del baño y le dejó ahí para que se aseara. Salió y comenzó a buscarle algo de ropa. Ese no era su día, toda estaba sucia, bueno, tomó unas bragas de ella y una camisa suya, con eso bastaría. Pasaron cinco, diez, quince minutos de silencio. No se escuchaba nada, ni llanto ni suspiros, nada. Naruto se preocupó y tocó la puerta del baño.

-Kish, voy a pasar – entró, encontrando a su compañera de Akatsuki dormida en la bañera con algunas lágrimas secas en sus mejillas. Suspiró y le sacó con cuidado. Con una toalla de por ahí le secó el cuerpo y el cabello antes de ponerle la ropa, ya había tenido que hacer eso en varias ocasiones, por lo cual no le importaba demasiado verla desnuda. Cuando terminó la cargó y puso en la cama, le arropó cuidando no despertarla.

-Cuídenla un momento – les pidió a sus acompañantes; hubieron asentimientos al tiempo que Naruto iba al baño para asearse y cambiarse pensando en qué diablos iba a pasar ahora. Todo era un desastre. Los planes se verían comprometidos.

Salió ya vestido y se sentó en el suelo, recargado contra la pared y viendo a Kishasa dormir. Gaara y Omoi estaban sentados a la mesa. El silencio se prolongó hasta que alguien llamó a la puerta. El rubio frunció el ceño, no era momento de visitas, aún no tenía en claro lo que haría. Sai abrió.

-Hola – de reojo Uzumaki vio entrar a Hinata, Sakura, Sasuke, Shikamaru y Kakashi.

-Naruto-kun, deja que Sakura-san revise tu-tu herida – murmuró Hinata. El chico le vio.

-¿Cuál herida? – Naruto alzó una ceja desde su lugar.

-No te hagas el tonto, Naruto, la herida que te hizo esa niña – Sakura se acercó a él.

-No estoy herido – dijo cerrando los ojos y cruzando sus brazos.

-No lo hagas problemático, vimos bien la sangre.

-¡Ya les dije que no estoy herido! – Casi se muerde la lengua, no quería despertar a su compañera, le vio y no notó movimiento, suspiró con alivio –, Kish me curó, ¿ven? – se puso en pie y alzó la camisa, dejando ver solo una diminuta línea rosácea.

-¿Cuándo? – Kakashi se quedó de pie en el umbral de la puerta.

-Cuando la besé ella me curó, ¿ya? – Naruto comenzaba a exasperarse, caminó hasta la cocina y se sirvió algo de agua. A diferencia de Kishasa, él no tenía la destreza para idear contraataques verbales en un ambiente como ese. Tenía que calmarse, ahora las cosas dependía de sus respuestas, dependían de él – ¿A que han venido? – dijo una vez hubo terminado de beber el líquido.

-Debemos hablar – contestó Kakashi.

-¿Sobre? – Naruto le miraba. Sabía a que venían, era normal dadas las circunstancias. Mantuvo la mente en calma. Akatsuki, no, la seguridad de Kishasa dependía de él.

-Sobre lo que pasó, eso fue…

-Fue un incidente que ustedes provocaron – Naruto vio a Sasuke, Sakura, Shikamaru, Sai y Kakashi de manera acusadora. Sí, ese sería un buen camino a tomar.

-¿Nosotros? – Sasuke apretó los puños.

-Sí, ustedes.

-¿Por qué dices eso, Naruto? – Sakura le miraba, triste.

-Porque ustedes fueron los que asesinaron a Hidan y Kakuzu – respondió mordaz. Seguía sin creer que aquello fuese posible, nunca había podido imaginar un esenario donde eso pasara.

-¿No fueron ellos los que dieron el primer paso matando a Azuma-sensei? – Shikamaru frunció el ceño. Aún mantenía un grado de estima por Uzumaki, pero era de su mentor de quien hablaban. Sabía que no podía culpar a otros por lo hecho por ese duo, sin embargo, Naruto bien pudo ayudarles a detenerles para redimirse. El rubio se limitó a ignorar el dolor y el sentimiento de traición que, por un instante, reflejaron los ojos de su excompañero. Él ya había definido su prioridad.

-Se suponía, Shikamaru, que ellos no se iban a encontrar con ustedes y, en caso de que se encontraran, bien pudieron darse a la fuga – Naruto se apoyó en la pared y cruzó sus brazos, con la mirada teñida de enfado.

-Ellos mataron a un amigo de Azuma, ¿crees que nos íbamos a quedar de brazos cruzados? – el contraataque de Nara no se hizo esperar.

-Pudieron hacerlo – Uzumaki mantuvo su semblante frío.

-Y la niña pudo abstenerse de enloquecer – Shikamaru le miraba desafiante. Podía intuir el plan del rubio.

-¿Crees que ella lo controla? – La mirada de Naruto se hizo más severa, eso le había molestado mucho –, ella no puede dominar emociones demasiado fuertes, una gran impresión le hace confundir y liberar a Shii.

-¿Shii? – Gaara alzó una ceja.

-Es el nombre que le dimos a su yo…malvado – Naruto miró a su compañera. Si decir un poco de aquello les salvaba, él estaba más que dispuesto a cumplir con el castigo que después se le impondría.

-¿Ya le había pasado esto antes? – preguntó Hinata.

-Una vez desde que he estado en Akatsuki – Naruto no podía no responder las preguntas de la joven de ojos perlados, se recordó que era por su compañera –, pero Itachi-san dice que han sido más, y que no debe pasar.

-¿Por qué? Si usan su poder seguro obtienen muchas ventajas – dijo Omoi.

-Usar a Shii es malo – ahogo un suspiro, frustrado.

-¿Por? – Kakashi tomaba nota mental. Esa información les serviría de algo si la situación se tornaba más conflictiva.

-Shii no es racional, no reconoce, no siente, solo desea torturar y matar, hasta para los Akatsuki es peligroso – Naruto compartió un poco más de lo debido, le dieron ganas de morderse la lengua –, y para ella más – murmuró para sí. Con eso debería bastar para que les dejaran en paz.

-Me da miedo – dijo Omoi.

-Jah, ¿y a quien no? – Sakura sintió escalofríos.

-Em, Naruto-kun – Hinata le llamó con un tono de preocupación.

-¿Mh?

-C-creo que Kishasa-chan tiene fiebre – ella estaba al borde de la cama, tocándole la frente.

-¡¿Qué?! – De una zancada Naruto ya estaba con ella, haciéndola a un lado y tocando la frente de Kishasa – ¡Mierda, no!

-Naruto – él no hizo caso; fue a la cocina, llenó un balde con agua fría y humedeció un trapo en él, regresó y se lo puso en la frente a su amiga.

-Maldición, ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué a mí? ¡¿Por qué?! Deidara me mata si algo le pasa, y no quiero ni saber que me hace Itachi…o Pain – se estremeció ante tales ideas. Comenzó a rebuscar en uno de los cajones del pequeño mueble que tenía al lado, – aquí está – sacó un termómetro y se lo puso a Kishasa, minutos después lo revisó, – ¡Maldición! – se puso en pie y comenzó a buscar como loco algunas cosas en la mochila que habían llevado

-37.8º – anunció Hinata al resto.

-No es mucho – dijo la ninja médico.

-Claro, no es mucho – notaron el sarcasmo de Naruto – para las personas normales no es mucho, pero…

-¿Pero? – Sasuke animó al que aún consideraba su mejor amigo a hablar.

-La temperatura normal de Kish es de 34 grados a lo mucho, ella es fría por naturaleza – explicó sacando cosas y más cosas de la mochila.

-Entonces es malo – Omoi vio a la niña.

-¡Por supuesto que es malo! – Naruto estaba molesto, ¿por qué a él? ¿Por qué, kami-sama? – ¡Aquí está! – Sacó una pequeña caja de metal amarilla –, y pensar que le dije que no sería necesario traerlo – negó con la cabeza y volvió al lado de su compañera.

-¿Qué es eso? – Kakashi no perdía detalle. Naruto abrió la cajita y sacó una inyección y una ampolleta con un extraño líquido, luego volvió a cerrar la caja y la puso en el mueble de al lado. El rubio no contestó, solo introdujo la aguja en el frasco y comenzó a absorber el líquido verdoso. Menos mal que todos los Akatsuki se habían asegurado de que supiera hacer eso.

-Necesito… – murmuró cuando hubo llegado a la marca indicada, Hinata le pasó un algodón bañado en alcohol – gracias – le dijo sin ver y sin preguntar de donde lo había sacado, frotó el algodón en el brazo de la menor y le introdujo la aguja en el mismo, comenzó a inyectar el líquido, un leve quejido se escuchó, – ya casi…listo – Uzumaki sacó la aguja y la dejó en el mueble, luego le revisó los ojos, la boca y los oídos a la niña, tal y como los Akatsuki le enseñasen. En algo era útil, pero no era bonito lo que veía. Según sus conocimientos ella estaba mal, muy mal.

-¿Quieres que…?

-¡No! – Naruto no dejó que Sakura completase su frase – ni se te ocurra tocarla – advirtió con un mirar severo.

-Yo solo…

-Dije no y punto – su mirada mordaz silenció el sitio. Una cosa era compartir algo de información, y otro muy distinta dejar que esa niña la revisara alguien que no perteneciera a Akatsuki. El mantener toda la información concerniente a Kishasa sólo en su círculo de confianza era una de las máximas reglas de la organización criminal. Si infringía esa regla podía darse por muerto.

-Bueno, creo que no es momento para que Tsunade y Bee-san vengan, así que iré a informarles de esta situación – dijo Kakashi luego de otros minutos de silencio – Naruto, mañana vendremos a hablar de lo que pasó – informó.

-Ajá, como quieran – Naruto sólo estaba preocupado por una cosa, esperaba que la medicina especial hiciese efecto. Con disimulo, guardó todo lo de la caja y la metió de nuevo en la mochila, sin olvidar ponerle un pergamino de sellado. Eso también lo había hecho bien.

-Hinata y Sasuke se quedarán, Kazekage-dono, Omoi-kun, vayan a cambiarse y, si quieren, luego regresan – hubieron asentimientos por parte de los nombrados, aunque ninguno se quería ir así lo hicieron.

En el departamento solo quedaron una chica enferma, dos amigos distanciados y una joven preocupada. Sería una larga noche.

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-Jiraiya-senpai, que sorpresa – un hombre de cabellos naranjos le hablaba al sabio.

-Nunca pensé que tú fueras el líder de Akatsuki.

-Así como tampoco esperó ver a Uzumaki Naruto con nosotros.

-Sí, eso igual me sorprendió.

-Las sorpresas de la vida.

-Bueno, creo que ya no sólo podremos charlar, ¿o sí?

-No, claro que no.

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Una semana más en Konoha era mucho. Naruto estaba viendo a Hinata prepararles el desayuno y a Kishasa sentada en una silla hablando con ella, bueno, Hinata preguntaba y ella respondía con monosílabos o frases pequeñas; llevaba puestos unos pantalones que Hinata le prestó, pertenecientes a Hanabi, y una sudadera que Gaara le compró. Naruto sentía algo de lástima por Gaara, sin darse cuenta ya estaba sintiendo algo por su compañera, pobre chico, si supiera que el corazón de Kishasa solo le pertenecía a Itachi. Suspiró, molesto por preocuparse por otros.

Luego de tres interminables días, dos recaídas y delirios -que por fortuna no revelaron cosas innecesarias- Kishasa dejó de tener fiebre y pudo ponerse en pie por sus propios medios, aunque Naruto le notaba más pálida y débil, por no decir que decaída, pero bueno, solo esperaba que sus maestros no lo notasen demasiado o lo mataban. Suspiró una vez más, ¿cuánto tiempo tardaría en recuperarse las heridas en esta ocasión?

Otra cosa interesante en esos días fue la plática que sostuvo con Tsunade, al parecer nadie se enteró del incidente así que dijo que podían seguirse quedando igual que siempre (pero la verdad es que el jefe de la Raíz ANBU tramaba otras cosas). Por todos los cielos, ya deseaba volver a la guarida, a cualquiera, pero quería volver. El estar con Akatsuki era menos fatigante, mentalmente hablando. Un suspiro más.

-Naruto, el desayuno – llamó su compañera.

-Em, si, voy – se levantó de la cama, donde estaba recostado y fue a la mesa.

Comieron en silencio, al terminar Hinata levantó los platos y fue a lavarlos, Kish fue a la cama y se puso a jugar con la arcilla que Deidara le diese. Se notaba demasiado decaída. Naruto continuaba sentado a la mesa, detestaba ese brillo de dolor y tristeza en los ojos de su amiga. Nuevo suspiro.

-Kishasa-chan ya se ve mejor – Naruto alzó la vista, Hinata miraba a la niña jugar con dos muñecos de arcilla, no usaba nieve ya que él le había prohibido las cosas frías.

-Sí, mejor – suspiró.

-La-la quieres mucho, ¿verdad? – las mejillas de Hinata adquirieron un tono rosa.

-Es mi compañera – Naruto se levantó de la mesa y fue donde la mujercita.

-¿No piensas entrenar hoy? – ella le habló sin dejar de moldear arcilla.

-Aún no puedes salir – le dijo a modo de regaño.

-Yo creo que sí puedo, ya no tengo ni fiebre ni temblores, estoy bien – no le miraba.

-Sí, pero no me puedes ayudar a entrenar.

-¿Y quién dijo que te ayudaría? Solo voy contigo para que puedas practicar tus técnicas y yo pueda salir un poco, me aburre estar encerrada y lo sabes – un suspiro por parte de ambos. Uzumaki lo pensó, tal vez le haría bien salir un poco y distraerse. Algo de luz solar le podría devolver el color a su rostro.

-De acuerdo, iré a entrenar y te llevaré – le alzó la cara tomándola del mentón – pero solo un rato, ¿ok?

-Ok – Kish asintió bajando la mirada, ¿por qué no sonreía? Tocaron la puerta y Hinata abrió, dando paso a Omoi, Gaara y Sasuke.

-Hola – saludaron.

-Hmp – Naruto se paró – busco mis cosas y vamos – Kishasa asintió de nuevo, continuando con su "juego".

-Em, ¿c-cómo te encuentras? – el moreno vio a la niña.

-Bien – respondió alzándose de hombros y dándole a un pedazo de arcilla una forma de gato, en ningún momento alzó la vista, en ningún momento sonrió ni emitió sonido alguno. Omoi suspiró, antes pensaban que estaba así por su enfermedad y eso, pero esa tristeza era contagiosa. Se preguntó si era por ello que él ya no se sentía capaz de dañarla.

-Listo – Naruto volvió del cuarto de baño con sus cosas ninja puestas, al igual que sus brazos vendados.

-¿Saldrás? – Sasuke alzó una ceja.

-Saldremos – aclaró el rubio.

Kishasa se limitó a guardar la arcilla, bajar de la cama y ponerse sus cosas. Luego fue a la entrada y comenzó a ponerse sus sandalias ninja. Naruto y Hinata le imitaron.

-¿Ya puede salir? – Gaara intentaba no preocuparse por la jovencita pero, al igual que a Omoi y Hinata, le era imposible.

-Quiero dar una vuelta – contestó con voz sombría yendo a la puerta y abriéndola – no me pasará nada por ver a Naruto entrenar – dicho esto caminó. Un suspiro hizo a todos ver al rubio, parecía deprimido.

-Espera, Kish – dijo antes de salir tras ella.

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-Muchacho, resiste – la rana Pa miraba a Jiraiya cayendo al suelo víctima de los ataques de Pain. Ya tenía el mensaje que debía darle a la Hokage, sin embargo…

-Parece que este es tu fin – el peli naranja dio el golpe final, haciendo que el hombre se hundiera en el agua – y ahora tú – vio a la rana.

-No – Pa logró irse antes de que le matasen. Debía entregar ese mensaje a toda costa.

-…creo que un buen título para mi siguiente novela sería "Las Aventuras del Gran Uzumaki Naruto" – pensó el sabio mientras moría, recordando unos rostros sonrientes. No se arrepentía de lo hecho.

-Pain.

-¿Qué sucede, Konan?

-¿Ya es hora? – interrogó la mujer, a sabiendas de que la muerte del sabio crearía un gran revuelo en Konoha.

-Aún no, pero pronto. En menos de dos semanas… – el poseedor del rinnegan vio a la mujer de cabellos azulados –…en menos de dos semanas, acabaremos con Konoha.

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-Naruto-kun entrena muy duro, ¿verdad? – Hinata estaba con la espalda apoyada en un árbol, sobre cuya rama Kishasa estaba sentada, la vio para preguntar. Naruto estaba practicando técnicas con shurikens y el modo sabio combinando también taijutsu.

-Sí, siempre – por alguna razón la menor ya no sonreía y, cuando lo hacía, su sonrisa era triste.

-Pobrecita, debe extrañarlos mucho – Hinata le miraba con compasión.

-¿Qué le pasa a esa niña? – los chicos estaban unos metros más lejos, Sasuke de brazos cruzados y recargado en un árbol, Gaara de pie y Omoi sentado.

-Supongo que está muy triste por las muertes de sus maestros, yo también estaría triste si se muriera Bee-sama – respondió Omoi.

-Ah, sí, debe ser eso – Sasuke vio al pelirrojo – Gaara, estás más callado de lo normal, ¿a qué se debe?

-Me preocupa mi aldea, debo volver en tres días – dijo sin mucho interés.

-¿Te preocupas por tu aldea o por ella? – señaló a Kishasa, quien estaba sobre el árbol haciendo origami y recortando papeles usando pequeñas dagas de chackra. Gaara desvió la mirada.

-Hmp – Sasuke sonrió ante la ausencia de respuesta. En esos casos entendía porque Naruto y su molesta compañía habían fastidiado tanto a Neji, era divertido.

-Iré a ver si no quiere algo – Omoi se levantó, yendo con ella ya que, pese a todo, le caía bien – em, Kishasa-san, ¿no quieres algo? Una manta para el frio, un té caliente, una bufanda, un dulce, ir a casa, ¿nada? – La niña no respondió, se dedicó a sacar varios papeles –, ¿Kishasa-san? – de pronto ella le lanzó una mariposa de papel, él la desdobló y leyó su contenido –"No, gracias, Omoi-san, estoy bien" – una gota de sudor se posó en su cabeza, eso era nuevo –, bueno, si necesitas algo no dudes en pedírmelo – sonrió nervioso y amistoso. Esta vez una paloma de papel descendió –, "Lo tendré en cuenta, gracias" – volvió a leer. Suspiró viendo a Hinata, ella le sonrió dándole ánimos y él se retiró – actúa extraño.

-¿Cómo quieres que actúe? – Sasuke alzó una ceja.

-No sé, ¿cómo antes? – Contestó dudoso – digo, que vuelva a ser alegre, linda y…

-Molesta – terminó por él el Uchiha.

-Bueno, si era un poquito molesta, pero…

-Era mejor que verla llena de tristeza – completó Gaara, Omoi asintió, un poco sorprendido porque el Kazekage terminara su frase.

-¿Te duele verla así? – Sasuke no podía creer ese giro de eventos.

-Su tristeza es contagiosa – aclaró Gaara.

-Lo es – convino Omoi.

-Ajá.

-¡Hey! ¿Por qué esas caras? – Kankurou se acercaba, preocupado al ver el semblante de su hermano menor. Karui, Kiba y Temari le seguían.

-¡Vamos! Deberían de estar más animados. No hemos sido molestados desde que los Akatsuki fueron vencidos – Gaara negó ante el comentario imprudente de Kiba, Hinata suspiró mirando a la chica sobre el árbol tensarse.

-¿Quieren omitir el decir esas cosas? – pidió el kage.

-¿Eh? ¿Por? – las miradas fueron a la niña, que observaba de reojo a los recién llegados con algo de odio, dolor y…tristeza.

-Em, Kishasa-chan, ¿todo bien? – Hinata intentó sonar amable. Kish solo se dedicó a crear un avión de papel que le mandó a Omoi. Él lo recibió, leyendo su contenido y…

-Em, Karui.

-¿Qué? – le hizo un gesto para que se acercara. Ella fue a su lado y leyó también el contenido del papel.

-¿Eh? ¿Por qué lo haría? – un nuevo avión se acercó. Los jóvenes leyeron de nueva cuenta el contenido, Karuis hizo una mueca extraña, miró a su compañero y luego a la menor, lanzó un bufido:

-De acuerdo – ella se puso tras de Kiba, antes de que pudieran preguntar ella ya le había dado un buen golpe en la cabeza.

-¡Auch! ¡¿Eso porque?! – se quejó, sobando el lugar afectado. Esa chica tenía la mano pesada.

-Hmp – Karui cruzó sus brazos, yendo de nuevo con su compañero de equipo mientras Temari iba donde Hinata, dispuesta no verse envuelta en ello, Kankuro permaneció al lado de su hermano.

-Por esto – Sasuke le quitó los papeles a Omoi y los leyó en voz alta – "Omoi-san, pídale a Karui-san que golpee al perro que se cree hombre" – rio por la ocurrencia; Gaara esbozó una media sonrisa.

-¡¿Cómo me llamo?! – el castaño miró al lector Uchiha, enfadado – y tú – señaló a la chica morena – ¿por qué lo hiciste? Pudiste negarte – Sasuke leyó el segundo papel:

- "Hazlo, por favor". Aquí hay una carita triste – muestró el dibujo.

-Ash, maldita mocosa, ni porque te maten a tus maestros aprendes a respetar o ser menos malcriada – dijo Kiba sin pensar, estaba muy molesto.

Eso fue el colmo, Kishasa no lo soportó más, si seguía oyendo sus estúpidos comentarios terminaría matando a muchos y sus planes se frustrarían todavía más; se paró de la rama y bajó de un salto.

-¿A dónde vas? – Karui le vio.

-Quiero estar sola – dijo con una voz tan apagada y fría que nadie pudo poner objeción alguna. Se marchó en dirección al otro lado del campo, pasando por el frente de Naruto, quien le vio con intriga antes de asentir y suspirar; le dejaría marchar por esa vez.

-No te tardes – fue lo único que pidió y se tuvo que conformar con el asentimiento que ella le dedicó.

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-N-No lo puedo creer – Tsunade se dejó caer en su silla – Jiraiya – sus ojos se cristalizaron un poco.

-…así fue todo, Jiraiya ha muerto, pero nos ha dejado información, el cuerpo de ese ninja y el de esa marioneta, porque él me dijo que contra los que peleamos no son el Pain real – comentaba la rana con tristeza.

-Jiraiya – suspiró la rubia.

-Tsunade-sama, ¿qué hacemos? – su asistente le veía, preocupada. Tsunade intentó relajarse y tranquilizarse un poco.

-Ordena al equipo de Inoichi que indague en la mente del ninja y que el equipo médico proceda con la autopsia del cuerpo de Pain, tú liderarás la autopsia – Shizune asintió y fue a hacer lo pedido.

-Bueno, me marcho, sólo venía a informarte de los acontecimientos.

-Sí, gracias.

-Disculpa, Tsunade, pero ¿le dirás a Naruto lo de su…padrino? – Pa le miraba a los ojos.

-Supongo que sí, deja, yo me encargo.

-Bueno, me voy – dicho esto la rana desapareció, Tsunade se puso en pie y miró por el ventanal.

-Naruto, ¿cómo, como tomarás esta noticia? – suspiró, debía ir a buscarlo y ya sabía dónde estaba. Se levantó de su asiento y caminó unos pasos, justo antes de abrir la puerta un recuerdo llegó a su mente:

Flash Back

Estaban dos jóvenes junto a su sensei, Sarutobi, uno de ellos con el cabello corto y blanco, quien le regala una sonrisa:

-Hola, soy Jiraiya, puedes darme tu carta de amor después.

End Flash Back

-Idiota – susurró con algunas lágrimas saliendo de sus ojos.

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-…Entiendo, no se preocupe, Pain-sama, proseguiré con el plan no importa que Naruto decida dejarnos – Kishasa se encontraba sentada al pie de un árbol, abrazando sus piernas y con la cabeza entre las rodillas. Parecía llorar.

-Sí, pero recuerda que si él hace eso…

-…Debemos capturarlo junto con el hachibi para extraerles sus biju.

-Así es, cuento contigo.

-Sí. Disculpe, ¿cómo está? – el hombre sabía a qué se refería.

-Bien, no te preocupes, tú solo cumple con tu deber.

-Bueno, hasta la próxima – Kishasa suspiró con cansancio antes de dar media vuelta e ir donde su compañero, ya se había tardado unos 20 minutos, seguro que estaba preocupado.

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-Naruto – Tsunade llegó al campo de entrenamiento justo cuando Kishasa volvía. El joven rubio se detuvo un momento al ver a su compañera – Naruto – llamó de nueva cuenta la mujer.

-¿Qué quieres? – Naruto le vio luego de que Kishasa estuviese de pie a su lado.

La chiquilla ya sabía a qué había venido esa mujer. Se molestó internamente, al menos esperaba que pasase un poco más de tiempo antes de que él se enterara ó que ella fuese quien le informara. Últimamente nada salía como ella quería.

-Naruto, tengo algo que decirte – Tsunade no quería hacerlo en público, pero esa era la única manera de que él lo supiera lo más pronto posible y sin que terminaran en pelea –, es sobre Jiraiya – sus ojos mostraban algo de dolor.

-¿Qué pasa con el viejo ese? – Naruto alzó una ceja, intrigado.

-¡Naruto, más respeto! – Tsunade apretó los puños, aguantando su frustración.

-No quiero – sonrió ladino – ya, di lo que tengas que decir.

-Jiraiya está muerto – un viento helado sopló, dejando sin habla a los presentes. Kishasa vio la confusión en la mente de Naruto, pero su semblante continuó sin cambio alguno. Itachi había hecho un gran trabajo.

-¿Jiraiya-san ha muerto? – Hinata veía al chico, preocupada. La Quinta asintió con algo de tristeza.

-¿Cómo? – indagó Sasuke.

-Murió a manos del líder de Akatsuki – vieron a los jóvenes integrantes de ese grupo, a Naruto con compasión y a la menor con enfado. Quizá eso haría al rubio recapacitar.

-¿A manos del líder? – Gaara habló.

-Sí, Jiraiya fue a buscar información sobre Akatsuki, pero se encontró con el líder y pelearon, él no pudo con ese sujeto y falleció, – Tsunade miraba a Naruto, quien continuaba con el gesto impasible –, fui informada por la rana Pa y yo, yo quería decírtelo lo más pronto posible, Naruto – de nuevo concentraron su atención en el ojiazul, quien cerró los ojos y habló:

-¿Es todo? – hubo sorpresa en los presentes, se suponía que ese señor fue su maestro, algo así como su familia, ¿cómo le podía ser tan indiferente su muerte?

-Naruto…

-Si es todo, me voy, Kish ya ha estado mucho tiempo fuera del departamento – abrió los ojos, viendo a la Hokage; ella suspiró. No esperaba esa reacción.

-Sí, es todo.

-En ese caso… – tomó la mano de su compañera – vamos, Kish – ella solo se dejó guiar. Podía ver la confusión en la mente de su camarada, aunque por fuera no mostrase nada por dentro era una mar de ideas sin sentido. ¿Por qué? ¿Hace cuánto? ¿Qué debía sentir? Debía lidiar con ello después.

-Naruto – suspiraron los que le conocían.

-¿Es todo lo que paso, Tsunade-sama? – Temari habló.

-No, también Jiraiya consiguió dejarnos algunas pistas, pero eso lo discutiremos más tarde en privado – el Kazekage y los shinobi asintieron.

-En ese caso, em, voy a seguirlos – Omoi se despidió.

-Voy contigo – Karui fue tras él.

-Temari ve, por favor. Kankurou, ven con nosotros – pidió Gaara antes de irse con Tsunade a su edificio.

-Ah, ya que – la rubia tomó el camino indicado, junto con Hinata.

-Les acompaño – Sasuke fue con los kage al igual que Kiba, quien pidió permiso para ir.

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Naruto, cargando a su compañera en la espalda, se adelantó a todos y llegó más rápido a su departamento, depositó a Kishasa en la cama, le quitó sus cosas y él mismo se quitó las suyas. Todo con la mirada perdida en la nada.

-Me daré un baño – anunció con la voz algo ronca, haciendo esfuerzos por mantener la mente en blanco.

-Sabes que ante mí no debes fingir, – escuchó la voz de su amiga cuando tocaba el pomo de la puerta – puedes llorar si quieres. Sé que te duele – susurró.

-¿Por qué no me lo habías dicho? – desvió el tema de conversación dentro de su mente.

-Me entere apenas minutos antes que tú, te lo iba a decir cuando la Hokage llegó – respondió mirando al suelo, Naruto le vio de reojo. No quería dudar de ella.

-¿Entonces es cierto? – Kishasa suspiró antes de contestar:

-Sí, Pain-sama me lo acaba de informar, él asesino a tu maestro, pero lo hizo para que Akatsuki… – intentó defender.

-No me importa porque lo hizo. No me importa lo ocurrido – dijo con voz fría en su mente, pero ella sabía que mentía. Ella lo sabía todo.

-Naruto-nii…

-Me bañaré – se metió en el cuarto de baño en el momento en que Temari, Omoi, Karui y Hinata llegaban a la casa.

-¿Y Naruto? – preguntó la rubia.

-Se va a dar una ducha – señaló Kishasa extrayendo de su bolsa ninja su cartera – Omoi-san – el moreno le vio – ¿puedes ir a una tienda y comprar una de esas paletas heladas dobles? – tendió el dinero.

-¿Eh? Pero, ¿no estás enferma?

-No es para mí, ¿puedes o voy yo? – su mirada seguía siendo triste. Omoi suspiró, derrotado.

-Bueno – tomó el dinero y salió. Kishasa suspiró y se recostó sobre el marco de la ventana, usando sus brazos como almohada.

-Naruto-nii, lo siento.

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Naruto estaba en la ducha. Su cuerpo era bañado por el agua tibia que caía sin cesar. Su mente era un caos. Dos palabras retumbaban en su cerebro: muerte y Jiraiya. ¿Cómo unirlas en una oración? Era cierto, debió cortar aquellos lazos cuando entró en Akatsuki, pero, contra sus órdenes, aun los tenía y…

Cerró las llaves del agua y tomó una toalla, se secó con ella. Podía escuchar las voces de algunos en su departamento. No deseaba salir del cuarto de baño. Suspiró. Tomó su ropa y se puso su bóxer y pantalón. Cuando se iba a poner la camisa se topó con su reflejo en el espejo.

¿Ese era él?

¿En serio era él?

¿Ese era el Naruto de ahora?

¿Un chico con la mirada sombría y los gestos duros?

¿Ese era su rostro?

¿Ese era su yo del presente?

Acercó la mano a su rostro, sus gestos fueron fielmente copiados por su reflejo. Se tocó. Sí, ahí estaban sus marcas de nacimiento con forma de bigotes. Sí, esos eran sus ojos azules. Sí, era su boca. Su nariz. Sus muecas. Sí, ese era él, pero tampoco era él. Él no era tan frío. Ni tan indiferente. Ni tan serio. Ni tan…malo. No. Él no era como hacía ver a casi todos a su alrededor.

Él sentía.

Él sonreía.

Él pensaba aun como un idiota.

Él seguía teniendo sus momentos de bufón.

Él seguía siendo Naruto.

A él le dolían muchas cosas y…

Él lloraba.

Sí, lloraba, como estaba haciendo ahora, como su reflejo le mostraba.

Sí, ese era él. Un chico que no sabía mucho del mundo, un jinchuuriki que fue rechazado, un joven que hirió sin saberlo, un hombre confundido y frustrado.

Cielos.

¡Estaba tan jodidamente confundido y frustrado!

Un ruido hizo eco por el lugar.

Su mano se estrelló contra el espejo del baño, rompiéndolo, quebrando esa imagen que mostraba de Uzumaki Naruto. Esa imagen que era y no la suya. Esa que no sabía si quería o no ver.

El rubio cerró los ojos, aun con la mano derecha, sangrante, en el vidrio partido, bajó la cabeza. ¿Quién era él? ¿Quién jodidos era él? ¿Un asesino? ¿Un jinchuuriki? ¿Un shinobi de Konoha o uno de Akatsuki? ¿El amigo de esos jóvenes que peleaban por él? ¿El amigo de Itachi? ¿El compañero de Kishasa? ¿El frío ninja que cumplía las ordenes al pie de la letra? ¿El hiperactivo cabeza hueca? ¿El alumno de Iruka? ¿Un miembro del Equipo 7? ¿Un huérfano más en el mundo? ¿El pupilo idiota del fallecido Jiraiya? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?

¡¿QUIÉN MALDITA SEA ERA ÉL?!

Tocaron a la puerta: -¡Naruto-kun! ¿Todo bien? – esa voz, esa suave voz. Era de ella, era de Hinata. Abrió sus ojos y miró la puerta del baño.

-Sí, estoy bien – su voz sonaba algo ronca. Intentó corregirla.

-¿Seguro?

-Si – respondió ya con la voz algo mejor.

-Bueno, si-si necesitas algo, solo d-dilo.

-Sí – escuchó como los de afuera reanudaban su plática. Suspiró y vio de nuevo su reflejo distorsionado por el espejo fragmentado.

Irónico, así es como estaba él en ese momento, con cientos de divisiones que le impedían ver quien era, que deseaba, que quería y…a quienes quería.

-Ero-sannin – suspiró cerrando los ojos y sentándose en la tapa del retrete apoyando sus codos en las rodillas y hundiendo su rostro entre sus morenas manos, manchándose con un poco de sangre – ero-sannin, no pude, no pude decirte lo mucho que te extrañé mientras estuve en Akatsuki, ni que te consideraba como un padre o un abuelo…ero-sannin, yo… – las lágrimas se filtraban entre sus manos – lo siento – murmuró con tristeza – lo siento, soy un idiota – continuó con su silencioso llanto, nadie le interrumpiría. Lo sabía, Kishasa debía estar atenta a aquello y le protegería, y él solo deseaba…desahogarse.

Desahogarse por la muerte de su maestro.

Desahogarse por todo.

Desahogarse por su bien mismo.

Y así lo hizo.

Lloro como hace meses no lo hacía.

Lloró para liberar su atormentada alma.

Lloró para aclarar su mente y corazón.

Lloró, sólo…lloró.

.

.

.

La pequeña porción de la luna se mostraba con timidez entre las nubes que cubrían el cielo. Naruto estaba sentado en el balcón de su apartamento, con la espalda contra la pared y una mano ya curada. Miraba al cielo, miraba a la nada. Todo lo que había vivido hacia apenas unas horas le tenía emocionalmente cansado. Suspiró. Como desearía tener a ese viejo al lado suyo para confiarle todos sus problemas. El viento soplaba con ligereza, meciendo sus rubios cabellos. Hacía algo de calor. La noche era tan tranquila. De pronto, escuchó la puerta del balcón correrse y una sombra se le acercó, quedando de pie a su lado.

-Linda noche – era Kishasa con las manos a la espalda.

-Sí, ¿qué haces despierta?

-Yo casi no duermo algunos días al mes, lo sabes, la pregunta es: ¿qué haces tú despierto? – no se miraban, no era necesario. No para ellos.

-Necesitaba…aire fresco – respondió, dudoso.

-No, Naruto, no intentes engañarme ni engañarte a ti mismo, tú lo que necesitabas era pensar, ¿verdad? – un suspiró se le escapó al joven. Jamás podría contra ella, lo conocía más que él mismo en ese momento.

-Si ya lo sabes, ¿para qué preguntas?

-Para ver si me eres sincero – hubo un momento de silencio – ¿lo extrañas?

-¿Mh?

-Al sabio invocador de sapos, ¿lo extrañas? – repitió su pregunta, aun sabiendo la respuesta.

-¿Quieres la verdad o la mentira?

-La verdad – otro suspiro.

-Sí, lo extraño.

-¿Culpas a Pain-sama de su muerte?

-La verdad…si – ahora ambos suspiraron. Eso era incómodo.

-Lo siento.

-¿Por qué te disculpas? – le vio de reojo, estaba un poco más detrás de él.

-Por su muerte.

-No es tu culpa.

-No, pero es de uno de mis maestros, es de la organización, es de mi familia – ella sonrió de manera melancólica.

-No hay problema – se creó otro momento de silencio.

-Naruto.

-Dime.

-¿Estás seguro de querer hacer lo que vamos a hacer? – sabía a qué se refería, hizo una mueca antes de responder:

-¿La verdad o una mentira?

-Verdad.

-No lo sé – suspiró – no lo sé – lanzó en un murmullo. Esta vez Kishasa suspiró.

-Naruto – él le miró de reojo, interrogante, – quiero que lo que te voy a decir lo tengas presente a la hora de tu elección – el rubio alzó una ceja, la menor miraba las nubes pasar, tal vez en un futuro se arrepentiría de sus palabras, – la decisión que tomes, la debes tomar con él corazón. Tienes que ser sincero contigo mismo a la hora de elegir entre los dos caminos que se te ponen delante y, no importa cual elijas, recuerda que, una vez tomado el sendero, no hay vuelta atrás – el ojiazul estaba desconcertado por las palabras de su compañera, no entendía muy bien a qué punto quería llegar.

-Kish que…

-Naruto, tus amigos creen que te perdieron, Pain-sama cree que te perdemos, pero Itachi-san y yo pensamos que el verdadero Naruto siempre ha estado presente, muy dentro de ti, que ese es el Naruto que no se ha perdido. De hecho, yo sí conozco al verdadero Naruto – giró su rostro y le dedicó una sonrisa como no había visto en un tiempo: sincera, con algo de tristeza, pero sincera.

-¿Por qué me dices esto?

-Ni yo sé – se alzó de hombros con gesto despreocupado. Esa noche ella quería volver a ser Kishasa de Akatsuki, la niña alegre y cariñosa que estaba ahí para su familia. Sería así esa noche. Solo por él, por su compañero y amigo. Aunque fuese solo un momento, sería esa chica.

-Que gracioso, tú siempre sabes todo – le dedicó una sonrisa de medio lado.

-Bueno, no todo; y a veces es bueno no saberlo todo, – suspiró un poco antes de dar unos pasos y ponerse delante suyo –, te tengo un regalo – le sonrió aun con las manos a la espalda e inclinándose un poco hacia él.

-¿Un regalo? – alzó una de su rubias cejas.

-Sip – se paró derecha y sacó de detrás suyo la paleta que le encargase a Omoi, la dividió y le dio un trozo al chico – toma – Naruto miró el postre un momento, antes de sonreír con melancolía –, sé que Jiraiya-san te daba algunas y que es un gesto que se te quedó muy presente y, aunque yo no soy ese señor, pensé que te animaría un poco – su sonrisa era dulce. Naruto cerró los ojos antes de tomar el presente y sonreír con más ánimos.

-Gracias, pero… – su gesto cambió a uno acusador –…tú no deberías de comerla, acabas de salir de la fiebre – Kishasa se sentó a su lado, apoyando su cabeza en el hombro de su amigo.

-Lo sé, y no me importa, ya estoy bien – cerró los ojos, Naruto pensaba que la fiebre se debió a que se había resfriado por dormirse en la bañera; pero no era así, para nada era así –, si me enfermo, diré que fue mi culpa – se llevó la paleta a la boca y degustó el sabor a mora azul – y habrá valido la pena enfermarme – rió. Naruto suspiró antes de imitarla. Así era ella. Le permitiría esto por esta vez, ya que le agradaba ese momento. Pasó su brazo libre por los hombros de la jovencita, apegándola otro poco a su cuerpo.

-Gracias, Kish – pensó viendo a la luna. ¿Qué sería de él sin ella? – Gracias, ero-sannin – cerró los ojos para recordar y dejar que la suave briza le aclarara sus pensamientos y dudas – gracias.

.

.

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-Es hora – susurró un pelinegro caminando bajo la luz de la luna en cierta dirección – pronto nos veremos, ototo.

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Ahora Jiraiya también ha muerto y saben un poco más sobre los Akatsuki, y, bueno, ya verán como se dan los siguientes acontecimientos.

Espero que este capítulo fuera de su agrado.

Ahora, un anuncio:

Como hace tiempo mencioné en mi biografía, hay nuevos fanfics en lo que he estado trabajando, estos no pertenecen al fandom de Naruto, pero son ideas que han rondado por mi mente, unas desde hace ya mucho y otras de manera reciente. Sé que es algo injusto para los que han leído mis primeras historias desde hace un tiempo y esperan las continuaciones con impaciencia (o eso creo), pero es algo que he querido plasmar también. Debido a eso, es posible que atrase un poco más las continuaciones de Ángel Guardián y, es probable, de este fanfic también. Igual se iban a atrasar porque se están realizando ciertas actividades en la Universidad que están consumiendo más del tiempo libre del que pensaba.

Siento los inconvenientes que esto podría llegar a causar, pero quería explicar un poco por si llego a desaparecer en algunas ocasiones.

Gracias por leer.

Hasta pronto.

~o~o~o

AcidESP: no podía hacerlo, no sin meterse en más problemas. Nuevo capítulo, ojalá lo disfrutaras.

ichimaruuu: Naruto lleva las cosas a su ritmo y, bueno, verás lo que ocurre y si tus predicciones son correctas o no.

Call me Tris: creo que ahora querrás arrojarme una roca o algo, ya que las actualizaciones podrían demorarse. Hay cosas que nos son necesarias de poner, pero otras que si.

Sofitkm: cada lugar, cada grupo, tiene su forma de estar unidos. Kishasa es...un misterio aún, pronto sabrás más de ella y su "poder."